Hola a todos!

Parecía que no iba a volver, pero aquí estoy. Siento muchísimo haber tardado tanto, no era mi intención dejaros esperando por la historia. Gracias a todos los que habéis pedido por la actualización tanto en Twitter como por aquí (siempre os leo y procuro contestar) y los reviews que dejáis en cada capítulo. Sois geniales y solo os lo puedo agradecer intentando no defraudar con la historia a la que por cierto, le queda poquito.

Un besazo y mil gracias por la espera.


CAPÍTULO 55

La mejor defensa

Aquel día la casa del matrimonio empezaba a ser de locos, o concretamente de una loca, Rachel Berry. Aquella noche las chicas acudirían a una entrega de premios, la primera salida a un evento de la morena tras tener a Emma y estaba de los nervios.

Quinn estaba nominada a uno de esos premios que daba el público juvenil y la organización del evento había reservado habitación en un hotel cercano al lugar de la entrega de premios para que los invitados pudieran arreglarse sin necesidad de desplazarse mucho y además, ofreciéndoles la posibilidad de quedarse a dormir aquella noche tras la fiesta que se ofrecería en el mismo hotel por parte de un patrocinador.

En un principio Quinn y Rachel pensaron en no acudir a aquella fiesta y mucho menos dormir en el hotel. Pero sus amigos y Beth habían insistido en que se merecían un pequeño descanso en su vida como madres, una noche para ellas, y a Quinn aquella idea le apetecía y mucho, pues seguía sin encontrar ese momento de intimidad junto a la morena. Se había esforzado en convencer a Rachel de que era una buena idea, que realmente necesitaban estar fuera unas horas ellas solas, aunque fuera para mirarse a los ojos y sonreír y la morena no pudo negarse a las insistencias de madre e hija, la cual, se había ofrecido para cuidar de su hermana durante esa noche.

Así que en ese momento, minutos antes de ir a aquel exclusivo hotel donde una troupe de maquilladores, peluqueros y estilistas se pusieran manos a la obra con el matrimonio, Rachel se encontraba dando vueltas por toda la casa, dando órdenes a Beth de todo lo que debía hacer y de lo que no.

-Es importante que le des el biberón a las horas que le toca, ni antes ni después porque luego pasan días hasta que se vuelve a adaptar a las tomas. Para dormir, le pones el peluche que le regalaste del elefantito rosa, es el que más le gusta y si no lo tiene al lado llora, y por supuesto, el chupete… - iba diciendo la morena por el pasillo con Beth detrás.

-Rachel, vivo contigo, sé lo que necesita Emma, no te preocupes… - dijo cansada de escucharla.

-Estate tranquila, Rach, dejamos a esta pequeña princesa en buenas manos. – dijo Quinn sonriendo cuando las dos entraron a la habitación del matrimonio donde la rubia terminaba de secar a Emma después de bañarla.

Bañar a su hija era su momento preferido del día. Emma, con sus dos meses y medio, empezaba a prestar atención durante más tiempo a lo que se le decía y mientras su madre le extendía crema por su cuerpo, sonrió a las palabras que le dedicaba, dejando algún que otro beso por su cuerpo que parecían hacerle cosquillas, mostrando el principio de lo que pronto se convertiría en su primer diente en la encía de abajo.

Aquella imagen derretía a sus madres, consiguiendo por un segundo, que Rachel callara para sonreír, contagiada por su hija y el infinito amor que la mirada de Quinn hacia el bebé le transmitía.

-Sé que está en buenas manos, pero ¿y si pasa algo? Quizás no deberíamos ir, Quinn, bueno, yo no debería ir, tu sí. – dijo volviendo a entrar en estado de histeria, logrando que Quinn y Beth pusieran los ojos en blanco.

-Rachel, vamos a estar bien, no va a pasar nada, ¿verdad, pequeñaja? – dijo Beth cogiendo a su hermana en brazos, después de que Quinn terminara de ponerle su pijama.

-Mi amor, Beth tiene nuestros números, el de Brody, el de Santana y tiene a Lindsey a cinco minutos si la necesita. Van a estar bien y tú y yo también. – dijo acercándose a ella, rodeando su cintura con sus brazos y dejando un beso en su mejilla.

-Claro que sí, ya verás lo bien que se lo pasa Emma en la fiesta que voy a montar con mis amigos para celebrar el fin de clases. Su primera borrachera.

-¿Qué? – dijo la morena angustiada, abriendo los ojos de par en par.

-¿En serio le vas a hacer caso a mi hija? Lo hace para ponerte más nerviosa, parece mentira que no la conozcas ya. – dijo fulminando a Beth con su mirada mientras ella reía.

-Que sí, Rachel, que nos vamos a portar bien. Coge el bolso, a tu mujer y vete ya a esos premios. Déjame pasar una noche de hermanas con mi pequeñaja. – dijo guiñándole un ojo.

Rachel lo sabía, no tenía ninguna duda, Emma estaba en las mejores manos. Beth adoraba a su hermana y la pequeña daba muestras de tener una persona favorita entre todo el mundo y esa era Beth.

Tan solo le preocupaba que Emma no durmiera esa noche y pusiera a Beth en una situación difícil pasándose la noche llorando. Pero la pequeña ya no protestaba tanto durante las noches, despertando tan solo cuando le tocaba comer la mayoría de ellas y además, la adolescente le aseguró que no le importaba pasar una noche mala si se daba el caso.

Así que prácticamente sacada a rastras por Beth de su casa y con Quinn de la mano, el matrimonio puso rumbo a esos premios donde volverían a hacer una aparición pública conjunta, la primera desde que nació Emma y desde que se supo todo lo de Beth, provocando rumores totalmente falsos de crisis matrimonial entre ellas.

Tuvieron el tiempo justo de llegar al hotel, dejar los bolsos en la habitación y ponerse en manos las personas que las harían brillar sobre la alfombra roja, o al menos, para verse irresistibles la una a la otra.

-Vaya… estás preciosa. No sé si voy a resistir toda la noche viendo ese escote, espero que no miren más de la cuenta o tendré que pegarme con muchos. – dijo Quinn acercándose con una sonrisa a su esposa una vez estuvieron las dos listas para coger el coche que las llevaría al lugar del evento.

-No digas tonterías, a tu lado no tengo nada que hacer, eres tú la que está deslumbrante. Espero que no esté Olivia Wilde invitada a los premios. – dijo haciendo que Quinn soltara una carcajada antes de besarla tiernamente en los labios.

Las chicas subieron al coche y no tardaron más de cinco minutos en llegar, esperando pacientemente su turno para salir del coche y posar y hablar para los cientos de fotógrafos, periodistas y fans que las esperaban.

Quinn observaba pensativa el aluvión de flashes a través del cristal del coche. La morena la estuvo mirando unos segundos, sabiendo que estaba nerviosa. No solo su mirada se lo decía, si no el continuo movimiento de sus manos sobre sus piernas, quitando una arruga imaginaria en su vestido.

-Hey, llevamos muchos años en esto para que estés nerviosa, ¿no? Ya has ganado un Oscar, no tienes que preocuparte por el discurso que vayas a dar si ganas este premio. – dijo poniendo una de sus manos entre las suyas tiernamente, mirándola con una sonrisa.

-Últimamente mis alfombras rojas están llenas de preguntas incomodas que se quedan sin respuesta por mi parte y según me ha dicho mi agente hoy será igual. Ni siquiera sé porque he venido, solo para aguantar que me llamen mala madre y hoy que estás tú se incluirá la pregunta de cuando me dejarás después de haberte ocultado que tengo una hija. No voy a ganar el premio, lo da la gente, el público y en estos meses me he convertido en la persona odiada de América. – dijo tras un suspiro.

-Cállales la boca hoy, Quinn, actúa, no dejes que sigan ofendiéndote.

-Nunca he hablado de mi vida y menos de algo tan importante como esto. Prefiero callarme, no tengo argumentos para defenderme. – dijo con una sonrisa triste.

-Tienes la verdad.

Rachel iba a seguir hablando pero había llegado el momento de trabajar, de salir del coche con dos grandes sonrisas para que el mundo entero las juzgara. No había ni rastro de la inseguridad que la rubia había mostrado en el coche. Sabía mantener el tipo en esas ocasiones e ir de la mano de la morena la tranquilizaba, le daba ese pequeño empujón para pasar el momento.

Posaron juntas, sonriendo, hablando entre ellas y riéndose, sobre todo Quinn tras los intentos de su mujer por animarla y sacarle una sonrisa sincera, de esas que le regalaba a ella exclusivamente, y por supuesto lo consiguió.

No pudo evitar pararse con los periodistas que esperaban ansiosos poder realizar sus preguntas, una mirada a su representante desde lejos le bastó para saber que debía acercarse a ellos al menos para escucharlos y en un principio no fue mal, Rachel atendía a unos medios y ella a otros y los temas que trataban eran los premios y sus proyectos más cercanos.

Quinn se volvió a encontrar con su mujer, dedicándole una gran sonrisa pensando que se había librado del tema espinoso para ella, pensando que quizás empezaban a dejar de darle importancia, pero cometió el fallo de pararse de nuevo, de la mano de Rachel y entonces todos saltaron a por ellas, temiendo incluso Quinn que la valla que las separaba de ellos se cayera contra ellas. Un poco impactada, rodeó a Rachel por la cintura en un intento de protegerla mientras escuchaba como todos preguntaban lo mismo entre gritos.

-¿Es verdad que tu hija, la adolescente que ha aparecido, va a denunciarte por abandono?

-No voy a comentar nada, gracias. – dijo con el ceño fruncido pero obligándose a sonreír, a pesar de que todo el mundo podía ver lo forzada que era.

-¿Te ha perdonado tu mujer por engañarla, escondiéndole que tenías una hija? Parece que lo está intentando, ya vemos que venís juntas, pero ¿Cómo llevas que Rachel no tolere el que tengas una hija secreta?

-No insistáis, no voy a…

-Deberíais tener un poco de respeto por una profesional como Quinn y sobre todo a su persona. – la cortó Rachel, evitando el tirón que la rubia le daba para alejarse de la zona.

-Rach, no lo hagas… - le susurró.

-No, quiero hacerlo, tengo que hacerlo, porque no puedo más con esta injusticia. – dijo mirando a los periodistas, que se mantenían deseosos de conseguir las primeras palabras del matrimonio respecto al tema después de meses. – Vosotros tenéis la suerte de que Quinn sea respetuosa y educada y nunca haya entrado a comentar nada de su vida. No lo ha hecho antes y no lo está haciendo ahora, a pesar del daño y las mentiras. Yo tengo la suerte de estar casada con la persona más maravillosa que existe. Este mundo, el de nuestra profesión, está lleno de gente falsa… Las mentiras te rodean… Es muy necesario, al menos para mí, saber que existe un archipiélago muy reducido de personas que siempre te dirán la verdad, vale mucho… y Quinn pertenece a ese archipiélago al que me refiero. Saber que puedes confiar en la persona que tienes al lado, que nunca te mentirá, que siempre te dirá la verdad cuando se lo pidas, no tiene precio… Te hace sentir fuerte, muy poderoso… y yo en ese sentido soy la mujer con más poder del mundo. – dijo seria, sin mirar a nadie en concreto y sintiendo la mirada emocionada de Quinn tras ella, notando como se aferraba a su mano casi con desesperación en un intento de agradecerle sus palabras. – Quinn jamás me ha ocultado que tuviera una hija, no ha tenido que hacerlo, porque yo viví con ella su embarazo en el instituto y viví lo duro que fue para ella el tener que separarse de su hija. Ahora, las circunstancias han querido que podamos acercarnos a la hija de Quinn y no podemos estar más contentas y felices. Yo no voy a separarme de mi mujer, porque haya aparecido una adolescente como dice todo el mundo, yo he permanecido y voy a permanecer a su lado para convertirnos en la familia que somos junto a nuestras hijas, porque acabo de ser madre hace apenas dos meses y sé lo que duele un hijo. Te aseguro que yo no me llevo mal con Beth, os aseguro que todo lo contrario, que la quiero como mía propia, sin distinciones. Dicho esto - dijo tomando aire tras el discurso - , os pediría que terminaran las mentiras y la campaña de desprestigio hacia mi mujer, porque ella seguramente no quiera hacerlo, pero yo misma empezaré a denunciar a todo aquel que se atreva a lanzar una ofensa más contra ella. Estoy dispuesta a enfrentarme al mundo entero si hace falta.

Y sin más, regalándoles media sonrisa a aquellos que la habían escuchado, dio media vuelta y prácticamente arrastró a su mujer dentro del recinto sin decir una palabra. Entraron en uno de los baños y la morena agradeció que no hubiera nadie porque en ese momento sopesaba la idea de lanzarle un vaso de agua a la cara a su mujer.

La rubia no reaccionaba, tenía la mirada perdida y no parecía que fuese a dejar el estado de shock en el que se encontraba pronto, pero Rachel tenía la cura perfecta.

-Quinn, mi amor… - susurró, posando sus labios delicadamente en su mejilla mientras acariciaba su cara. Y entonces encontró ese par de ojos verdes que tanto amaba y que le preguntaban si todo había sido producto de su imaginación. - ¿Estás bien? Me estás empezando a preocupar…

-Estoy…bien, creo… - dijo con el ceño fruncido, viendo la cara de preocupación de su mujer a unos centímetros de la suya, estudiando su reacción. – Lo que has hecho, lo que has dicho... ha sido…

-Lo sé, puede que haya sido un poco borde, pero no he dicho ninguna mentira, todos esos imb… - no pudo defenderse más, porque la boca de Quinn lo impedía, atreviéndose a darle un beso lleno de intensidad, de puro agradecimiento, de amor, de pasión, de eterno orgullo, en fin, uno de esos besos que te dejan sin respiración. – Vaya… no esperaba esto… - dijo algo ida tras aquel impresionante beso.

-Gracias, no puedo decirte otra cosa… No me merezco la mujer que tengo… - dijo emocionada, mordiéndose el labio inferior, aguantando las lágrimas que luchaban por salir.

-Solo he hecho lo que tú no hubieras dudado en hacer. Si esto hubiera sido al revés, hace tiempo que hubieras salido a defenderme como una leona. Eres el motor de nuestra familia, cariño, todo mi mundo dejaría de tener sentido sin ti a mi lado.

Quinn no dijo nada, tan solo sonrió compungida, embriagada por las emociones a flor de piel y volvió a besar a su mujer, pero esta vez fueron interrumpidas, sabiendo que era la señal para que ocuparan sus puestos en aquella entrega de premios de la que la rubia se sentía ya una autentica ganadora por la mujer que tenía al lado.

No ganó su premio, pero poco le importó, se limitó a disfrutar de la presencia de Rachel en el escenario mientras entregaba uno de los premios.

-Beth, ¿pasa algo? – preguntó la morena preocupada al escuchar su móvil sonar justo después de entregar el premio. Se encontraba detrás del escenario a punto de volver junto a Quinn. - ¿Estáis bien Emma y tú?

-Sí, Rachel, tranquila, todo bien, como te he dicho. Emma ya ha tomado el biberón, la he cambiado y se ha quedado dormida en mis brazos mientras veíamos la gala. No te preocupes.

-Vale, me había asustado, lo siento. – dijo serenándose, pero algo confundida. - Entonces, ¿qué pasa?

-He estado viendo la alfombra roja antes de que empezara la gala…

-Oh, Beth, ¿te ha molestado que dijera que te considero como mi hija? – preguntó con temor ante el tono serio de la adolescente. – Lo siento, no quería que te molestara, me ha salido casi sin pensar, pero es que al final, es lo que siento y yo pues me he dejado llevar y…

-Rachel, para, respira. – dijo riéndose al otro lado del teléfono. – No estoy enfadada porque hayas dicho eso, al contrario, te lo agradezco. Sé que me quieres y… bueno, me ha sorprendido escucharte decir eso, pero no me molesta, de algún modo, me gusta… Todo lo que has dicho ha sido muy bonito. - dijo casi en un susurro, sin poder ver a Rachel sonreír al otro lado de la línea. Tras unos segundos de silencio, Beth se recompuso. – Te llamaba para pedirte algo.

-Claro, dime, ¿que necesitas?

-El número del representante de Quinn, o de su publicista o de su abogado, me da igual. Me gustaría hacer una cosa. – dijo poniendo a Rachel en alerta.

-Beth…

Sentada en las butacas y con la gala a punto de terminar, Quinn esperaba pacientemente por su morena, la cual debería haber vuelto hacía bastante rato. Estaba a un segundo de levantarse para ir a buscarla cuando la vio llegar hasta ella.

-¿Dónde te has metido? Iba a ir a buscarte pensando que te había pasado algo.

-Perdona, es que me he entretenido hablando ahí detrás con algunos compañeros que no veía hacía tiempo. – dijo sin mirarla y de forma breve, sin dar muchas explicaciones. Al ver que Quinn no se convencía con la respuesta, la miró y le sonrió, cortando el tema de raíz. - ¿Alguna sorpresa en los premios que han dado? No creo que le quede mucho a esto.

Llevaba razón, tan solo unos minutos después la gala daba por finalizada y ellas se dirigían de vuelta al hotel donde les esperaba aquella fiesta a la que a decir verdad, ninguna tenía ganas de acudir.

Pero debían cumplir con los compromisos y tras saludar a algunos compañeros de la profesión y sonreír a lo que algunos productores sin gracia les contaban, acudieron a la pista de baile donde muchas parejas se entretenían bailando al ritmo lento de la música, quizás, huyendo unos segundos de tanta sonrisa forzada como les pasaba a ellas.

-Sigues pensando en las chicas, eh… - dijo Quinn en el oído de su mujer con media sonrisa. Era ella quien llevaba la voz cantante en ese baile, manteniendo a Rachel pegada a ella con sus brazos alrededor de su cintura. – He llamado hace un rato y estaban bien, Emma dormida y Beth me ha dicho que iba a hacer algo antes de acostarse, no me ha quedado muy claro.

-Supongo que debo acostumbrarme a estar lejos de Emma, pero es que me está costando demasiado. No quiero convertirme en una madre pesada y agobiante.

-No lo harás. Es normal que te sientas así, a mí también me pasa aunque no me queje, pero sé que es algo por lo que tenemos que pasar.

-Nos estamos convirtiendo en unas viejas aburridas, Quinn. Míranos, en una fiesta y preocupadas porque no estamos pasando la noche con nuestro bebé, que está perfectamente con su hermana. – dijo riendo, sacando una nueva sonrisa en la rubia que al escucharla bostezar rio con más ganas.

-Desde luego tu sí que estás hecha una abuela. Menos mal que no hay fotógrafos en la pista, porque si no, mañana, tus cuerdas vocales hubieran sido la portada de todas las revistas. – bromeó, ganándose un golpe en el brazo de Rachel.

-¡Oye! - se quejó. – No te rías de mí.

-No lo hago. – dijo posando sus labios en su cabeza, para luego mantener su mejilla en ese mismo sitio unos minutos, volviendo a bailar en silencio, disfrutando de ese momento. – Estás cansada, ¿quieres que nos vayamos?

-Te lo agradecería…

-¿Vamos a casa? Así estarás más tranquila. – le ofreció separándose unos centímetros de ella para mirarla a la cara.

-No, claro que no. Has dicho que están bien, ¿no? Pues ya está. Esta noche era para nosotras, así que vamos a esa habitación de una vez. – dijo guiñándole el ojo de forma sugerente, saliendo de aquella sala mientras dejaba a una Quinn embobada en mitad de la pista de baile.

No tardó en seguirla, como una desesperada que busca a su otra mitad, encontrándola esperando el ascensor, subiendo con ella hasta la habitación en que las habían alojado.

Siguieron sin hablar. Tan solo se miraban. Rachel apoyándose en la cama para deshacerse de sus incomodos tacones. Quinn haciendo lo mismo pero sin necesidad de apoyarse en ningún sitio y sin perderla de vista.

La morena se volvió a acercar a ella con una sonrisa, cogiendo sus manos en una suave caricia. Quinn la giró, dejándola de espaldas a ella, facilitándole el trabajo para poder bajar el cierre de su vestido. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Rachel cuando sintió los suaves labios de la rubia en su nuca al tiempo que sus manos subían por su vientre, pasaban por sus pechos, entreteniéndose algo más en esa zona del camino para volver a darle la vuelta y dejarla frente a ella con total libertad para deshacerse del vestido que llevaba.

La morena sonrió cuando vio el suspiro lleno de anticipación de su mujer. Mordiéndose el labio, acercó sus labios hasta los de ella y los besó. Un beso lento, pausado, con tiempo para saborearse la una a la otra.

-No hace falta que lo hagamos… - dijo Quinn casi sin voz cuando Rachel la ayudaba bajar su vestido para quedar en igualdad de condiciones.

-¿El qué?

-Esto, que hagamos el amor. Sé que estás cansada y yo… no quiero presionarte. – dijo con los ojos cerrados ante un nuevo beso de la morena.

-No me presionas. Es algo que queremos las dos. Llevamos mucho tiempo sin tocarnos. – dijo pasando su lengua por el labio inferior de Quinn, que sentía como le temblaban las piernas. – Llevamos meses conteniéndonos… Estoy loca por hacer el amor contigo, cariño…

-Vale, solo me estaba asegurando de no parecer muy desesperada. – dijo mirándola a los ojos, aguantando la sonrisa que Rachel reprodujo en una carcajada. – Ven aquí. – dijo pegándola a ella, rodeando su cintura y besándola con desesperación.

La ternura dejaba paso a la pasión y a las ganas, las caricias se volvieron fieras y los besos necesarios para recorrer sus cuerpos sin dejar ni un centímetro al descubierto.

Pasaban los años y ellas seguían fascinadas con el cuerpo de la otra, seguras de que todavía no habían descubierto todo de la otra. Cada sonido salido de lo más profundo de sus gargantas se convertía en una melodía jamás oída. Seguían bailando con sus cuerpos tumbados en la cama, acercándose al clímax, al momento álgido y seguían besándose y susurrándose palabras de amor tras aquella batalla donde las dos salían ganadoras.

No fue el único combate cuerpo a cuerpo de esa noche, tuvieron un par más hasta que el cansancio las venció en esa guerra.

Rachel sonreía a la mañana siguiente, acariciando la espalda de su mujer donde había dejado marcadas sus uñas sin contemplación.

-Mmhm… ¿Todavía tienes fuerza para más? – preguntó una soñolienta Quinn al sentir los besos que Rachel repartía por su espalda.

-Pensaba que sabías que cuando se trata de ti, nunca tengo suficiente. – dijo poniendo sus piernas a cada lado de Quinn para poder quedar sentada a la altura de su cintura.

-Pues entonces tengo que apuntarme al gimnasio, porque me he despertado con agujetas del ejercicio de anoche. – dijo haciendo reír a Rachel que se acercó a darle un beso. – Buenos días.

-Buenos días, chica guapa. – dijo apartando un mechón rebelde de la frente de Quinn, quedándose ahí para acariciar su pelo.

-¿Por qué has dormido con la camiseta puesta y la ropa interior? Me hubieras ahorrado tiempo, que podría invertir en besos… - dijo incorporándose para empezar a besar su cuello.

Entre risas volvían al juego de la noche anterior, a las respiraciones agitadas y las palabras entrecortadas por el placer, pero el sonido del móvil de Quinn, vibrando sobre la mesita al lado de la cama las despistó.

-Espera un segundo. – pidió Quinn apartándose de la morena. En cualquier otro momento no lo hubiera mirado, pero podría tratarse de Beth y Emma y prefirió asegurarse de que todo estaba bien, al igual que Rachel, que todavía sentada sobre la rubia, la observaba tocar su cara con el ceño fruncido.

Y no era para menos. La rubia tenía el móvil lleno de mensajes y se preocupó, por lo que se centró en los mensajes de Brody y Santana que eran los que podían decirle si pasaba algo.

"Bien por Beth. Que orgulloso estoy de ti y tu familia. Te quiero. Brody."

"Tu hija cada vez se parece más a mí. Qué forma de expresarse, que forma de dejar a todo el mundo en su sitio. Entre ella y Rachel han callado a todos los sinvergüenzas que se hacen llamar periodistas en este país. Dale la enhorabuena de mi parte a Beth, esta tarde me pasaré a verla. Santana."

De repente Quinn estaba pálida, con los ojos queriéndose salir de su sitio y revisando nuevamente los mensajes, asegurándose de que había leído bien.

-Cariño, ¿ha pasado algo? Te has puesto pálida. – le dijo Rachel preocupada.

-Pon la tele, Rachel, algún canal de estos donde hablen de los famosos, de cotilleo.

-¿Qué? ¿Por qué? – preguntó confusa, buscando el mando para encender la televisión. - ¿Qué ha pasado?

-Espero que por nada del mundo lo que creo… - dijo con un hilo de voz, muy pendiente de lo que se empezaba a hablar.

Y allí estaba, lo que temía. Según comentaban los colaboradores de ese programa, había llegado a todos los medios un comunicado por parte de Beth.

-No puedo creer que haya hecho esto… - dijo negando con la cabeza, antes de ver como reproducían el comunicado en ese momento.

Me llamo Beth Corcoran y últimamente se ha estado hablando mucho de mí en los medios, demasiado podría decir. Es la primera vez que me pronuncio y será la última, no quiero tener nada que ver con este mundo. Decido escribir este comunicado y hacerlo llegar a todos los interesados en la verdad, porque estoy en el límite de escuchar mentiras sobre mi vida y mi familia.

Desde que salió la noticia de que soy hija de Quinn Fabray, todo ha sido un circo en el que no habéis dudado en poner en duda la persona de Quinn, de cuestionarla como madre y como mujer. Bien, pues hoy quiero aclarar que Quinn Fabray no es mala madre, todo lo contrario, es una madre excelente, con una capacidad para querer y proteger que espero tener el día que tenga hijos. Si no fuera así, dudo mucho que Rachel hubiera decidido tener una hija junto a ella.

Han sido meses difíciles, sobre todo al principio y por mí, porque no es del agrado de nadie saber que es adoptado, pero el tiempo me ha servido para serenarme, para conocer a mi madre y no a la actriz, para comprenderla y darme cuenta de que lo único que necesitaba era sentarme y tener una conversación con ella, porque es a mí a quien debía darle explicaciones, no al resto del mundo que tan pronto juzga.

Hace poco tiempo que tuvimos esa conversación, hace poco tiempo que sé que la decisión de Quinn no fue fácil para ella, si no, lo más difícil que ha tenido que hacer, pero hace bastante tiempo que puedo decir que estoy orgullosa de ser hija de Quinn Fabray y ya es hora de que lo sepa todo el mundo.

En poco tiempo hará un año en que mi madre adoptiva murió. Ha sido un año doloroso, donde los sentimientos contradictorios me mataban, pero hoy estoy aquí, pudiendo decir que no he ganado una madre, sino dos, porque por mucho que os empeñéis en hacerla mi enemiga, Rachel se ha portado conmigo como una amiga y como una madre cuando lo he necesitado, haciendo de nexo de unión en muchos momentos. Además, me han hecho el mejor regalo que podía pedir, tengo una hermana a la que adoro y mi casa, nuestra casa, es la de una familia feliz, la de una familia normal, como la de cualquiera de los que estén leyendo esto.

No tengo nada más que decir. Esta es la verdad.

Beth Corcoran Fabray Berry

-Dios… - dijo sin poder reprimir las lágrimas, tras unos segundos de silencio, asimilando lo dicho por su hija. - ¿Tu sabías esto? – preguntó mirando a Rachel, que no pudo aguantarle la mirada y asintió. - ¿Por qué dejas que se exponga a los medios?

-Intenté que no lo hiciera, pero quería el número de tu manager para poder defenderte y había poco que yo le pudiera decir para que no lo hiciera, Quinn. Beth estaba decidida y ya es mayor, el año que viene será mayor de edad, es normal que si ve una injusticia quiera pronunciarse y más si es algo referente a su familia.

-Ya, pero…

-¿Ha dicho algo malo? – le preguntó antes de que siguiera quejándose por algo que en realidad le había emocionado. Quinn negó con la cabeza. – Pues ya está, Quinn. Beth ha mandado un comunicado precioso que igual que nos ha emocionado a nosotras, emocionará a la gente y les hará cuestionarse si es todo tan malo como lo pintan.

-Vamos a casa, por favor, necesito hablar con Beth… - dijo levantándose de la cama, buscando su ropa en la habitación.

-Está bien… - suspiró la morena, resignada a la reacción de la rubia.

El trayecto hasta la casa lo hicieron en silencio. No era uno incomodo, era un silencio que Quinn necesitaba para poner su mente en orden y Rachel lo sabía y por supuesto lo respetaba.

En cuanto entraron por la puerta Beth supo que su madre ya estaba enterada de su comunicado a los medios y como no entendió muy bien la cara de Quinn, si esta estaba enfadada o no, decidió defenderse con su hermana en brazos cuando la rubia se acercó a ella dispuesta a hablar.

-Antes de que digas nada. No creo que tengas que enfadarte por lo que he hecho.

-No estoy enfadada, Beth, pero no quiero que te expongas a los medios, no quiero que por mi culpa sufras, ¿puedes entenderme? - dijo dando un largo suspiro mientras Rachel le acariciaba la espalda, disimulando las ganas locas que tenía de abalanzarse a por Emma.

-Perfectamente, pero ¿puedes entenderme tu a mí, a nosotras? – preguntó señalando a Rachel también. – Estamos hartas de que te traten mal y tú no hagas nada y… está bien, no pasa nada, porque para eso estamos, para defender a la familia, para defenderte de todo y todos. – explicó con el ceño fruncido, aquel gesto que utilizaba cuando hablaba de algo importante para ella. Quinn no dijo nada, tan solo se acercó a ella seria y sin previo aviso la envolvió en un abrazo que acompañó de un sonoro beso, encerrando a Emma entre los dos cuerpos.

-Gracias, no puedo decirte otra cosa más que gracias por las cosas que has dicho en ese comunicado, igual que a Rachel. Sois mi vida y… - dijo antes de sentir como la morena se unía al abrazo colectivo.

-Os quiero. – dijo la morena, sacando la sonrisa idéntica de madre e hija.

-¿Sabéis que? Hace tiempo que no actualizo mi Twitter, ¿Qué os parece si me defiendo con un Selfie? – preguntó la rubia con una sonrisa misteriosa.

Minutos después, el Twitter de Quinn Fabray se actualizaba con una foto del matrimonio con Beth en medio de las dos sosteniendo a Emma. Una foto familiar preciosa que iba acompañada de su único alegato en toda aquella polémica.

"Mi mejor defensa y mi mayor verdad"