Lo sé, he tardado mucho en publicar un nuevo capítulo, pero tengo poco tiempo y me ha sido imposible. Como siempre disculparme y agradeceros que preguntéis por el fic y me mostréis lo que opináis de él, es increíble ver cuantos comentarios dejáis por esta historia.

Solo me queda deciros, que este es el penúltimo capítulo y que por lo tanto, el próximo capítulo será el final del fic y que prometo no tardar en publicarlo. Ya estoy dándole vueltas a otra historia. Si os apetece seguir leyéndome, lo subiré, pero esta vez, procuraré escribir la mayoría de los capítulos antes de empezar a publicarla. No quiero que esperéis como lo habéis hecho con este fic.

Un besazo a todos y muchísimas gracias.


CAPÍTULO 56

Lo mejor de mi vida

Quinn pensaba en lo curiosos que podían llegar a ser los aeropuertos mientras se encontraba parada en mitad de uno. Era un sitio donde la alegría y la tristeza se repartían del mismo modo que las despedidas y las bienvenidas. Gente que dejaba atrás su vida para empezar una nueva, gente que simplemente marchaba con ganas de conocer nuevos lugares y gente que volvía a su lugar, algunas con sonrisas y otras con decepciones a sus espaldas, pero todas y cada una de esas personas se centraban en ese lugar, el aeropuerto.

Justo en el aeropuerto de Los Angeles era donde Quinn acababa de aterrizar hacia escasos veinte minutos después de poco más de una semana en Miami, donde había tenido que ir para rodar algunas escenas de su nueva película.

No le gustaba estar lejos de casa, pero eran gajes del oficio. Un par de meses atrás Rachel había terminado el rodaje de una película mientras ella había comenzado el suyo hacia un mes. Ambas procuraban no cruzar sus agendas para poder estar al menos una de ellas pendiente a Emma, la cual, hacía unos meses había cumplido los tres años, y no tener que utilizar una niñera constantemente, y por ahora, lo estaban consiguiendo y no les iba mal.

A penas eran las siete y media de la mañana y después de volar durante la noche, lo que más quería la rubia era volver a casa, pero debía aguantar en aquel aeropuerto hasta las ocho. Un vuelo procedente de Nueva York protagonizaría una de aquellas bienvenidas de las que hemos comentado.

FLASHBACK

Había llegado el momento de empezar nuevos retos en la vida de Beth y el principio de todo aquello era poniendo rumbo a su nuevo destino. La universidad de Yale la esperaba para hacer de ella una futura arquitecta, tal y como siempre había deseado.

Podría haber estudiado en Los Angeles, pero quería valerse por sí misma, quería valorar su vida hasta aquel momento y no había mejor ocasión que estudiando en la misma universidad donde Quinn había estado por unos meses, sola y sin ayuda, o al menos casi sin ninguna ayuda, a pesar de la sensación de miedo que se apoderaba de ella al verse lejos de los suyos.

-¿Segura que lo has cogido todo? ¿No se te olvida nada? – preguntó Quinn, sentándose junto a su hija en uno de los bancos del aeropuerto, dispuesta a esperar junto a ella hasta que la llamaran para embarcar.

Beth no había querido que la acompañaran a instalarse en New Haven, prefería despedirse allí de ellas, pensando que verse en un nuevo sitio sola, después de tenerlas allí unos días, sería más duro. Necesitaba aclimatarse a su vida primero.

Se había despedido de Rachel y Emma en casa, dejando a Rachel con lágrimas en los ojos y a Emma envuelta en llanto porque no quería que su hermana se fuera.

-No me pongas más nerviosa, lo llevo todo, Quinn. De todas formas, si se me olvida algo, digo yo que no será mucho esfuerzo mandármelo, ¿o sí? – bromeó con media sonrisa.

-No, supongo que podemos mandarte lo que sea. Beth, sé que soy una pesada, pero por favor, si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírmelo y si es algo urgente, tienes a Kurt a un tren de distancia. Sé que no lo conoces mucho, pero puedes contar con él para lo que quieras, me ha dicho que te lo diga.

-Está bien, gracias. – agradeció finalmente con una sonrisa tranquilizadora. Ver a su madre preocupada por ella, actuando como una madre normal y corriente, la estaba emocionando. – Si llego a saber que se monta este drama porque me voy me hubiera quedado aquí.

-No, tú tienes que hacer tu vida, como hemos hecho todos. Sé que te convertirás en la mejor arquitecta, con grandes proyectos. – dijo la rubia con media sonrisa, cogiendo la mano de su hija. – No sé si dejaré que Emma crezca… - dijo tras un silencio, soltando un suspiro. – Creo que las preocupaciones son mayores con hijos grandes, a Emma todavía la puedo proteger, en cuanto cumplís cierta edad, os volvéis independientes… - asegura con una sonrisa triste, desviando la mirada. – Otra vez tengo que dejarte ir…

-Esta vez es diferente. – dijo la chica, dejando un apretón en la mano de su madre. – Me tienes para siempre, lo sabes. – dijo consiguiendo sacar una sonrisa sincera en Quinn, que la mira agradecida.

-Cuando tuviste que venir a casa, asegurabas que en cuanto cumplieras los dieciocho te irías y no volveríamos a verte, es agradable ver que ya los has cumplido y sigues aquí. Me alegro que hayas cambiado de opinión.

-Os lo habéis ganado… Tú y Rachel, bueno y Emma, por supuesto, ella la que más. – rio junto a su madre.

-No sé si te va a gustar, pero me gustaría que te llevaras esto. – dijo la rubia sacando algo de su bolso y entregándoselo a Beth. – Para que lleves a tu familia contigo siempre. – dijo viendo los ojos humedecidos de su hija, que observaba detalladamente aquel portarretratos dividido en dos. En una foto salía el matrimonio junto a Beth y Emma y en la otra, se podía ver a una Beth algo más joven junto a Shelby.

-Gracias. – fue todo lo que pudo decir con un nudo en la garganta antes de abrazarse a Quinn, que con una sonrisa tranquila le acariciaba la espalda, segura de que aquella aventura de su hija sería un éxito.

FIN FLASHBACK

Sin ninguna duda aquella aventura estaba siendo todo un éxito para Beth. Estaba en su segundo año de carrera y después de terminar los primeros exámenes del curso y una juerga con sus amigas en Nueva York para celebrarlo, había puesto rumbo a Los Angeles para visitar a la familia, a su madre, a la misma que la esperaba impaciente y con una sonrisa reluciente desde que la había visto salir por la puerta.

-Dios, que ganas tenía de verte, cariño… - dijo Quinn, achuchando a su hija en un abrazo en cuanto la tuvo a su altura.

-Me vas a ahogar, Quinn… - se quejó de forma graciosa, recibiendo un beso de su madre con una sonrisa. – No has podido echarme tanto de menos, vinisteis a visitarme hace dos meses.

-Demasiado tiempo. – dijo de forma exagerada Quinn, haciendo reír a la chica, pero la sonrisa se borró de su rostro al ver cómo había algunos fotógrafos esperando por ellas a la salida del aeropuerto.

-Que pesados… Si hay algo que no echo de menos en la universidad es esto. – le dijo a su madre, que resignada a esos inconvenientes de su vida, se lo tomaba con filosofía.

-Bueno, al menos ya no sacan portadas diciendo que soy lo peor del mundo. – dijo encogiéndose de hombros.

-¡Y lo que costó que eso pasara! – exclamó. – Tuvimos que salir Rachel y yo a defenderte y aun así no se quedaron tranquilos hasta que no te acompañé a una alfombra roja.

-Te encantó acompañarme aquel día. – dijo llegando hasta el coche que la producción de la película le había facilitado para llevarla a su casa.

-Mentira.

-Que mentirosa eres… Pero si te pasaste la noche tartamudeando a todo actor que se te acercaba. – dijo rompiendo a reír.

-Yo no tartamudeaba, solo que no estaba acostumbrada a ver tanta estrella junta. – explicó todo lo dignamente que pudo.

-¿Y ahora estás acostumbrada? – preguntó alzando su ceja.

-Decidí acostumbrarme, es lo mínimo que puedes hacer si tienes a dos actrices mundialmente conocidas cerca de ti.

-Claro… - dijo sin dejar de sonreír.

-¿Qué tal te ha ido esta semana en Miami? – cambió de tema mientras el coche se ponía en marcha.

-Bien, un poco agobiante porque había mucho trabajo que hacer en poco tiempo, pero lo hemos conseguido.

-¿Y Rachel y Emma? No he hablado con ellas desde que terminé los exámenes la semana pasada.

-Uff, pues menos mal que no llamaste ayer. Rachel estaba enfadadísima porque Emma hizo una trastada.

-¿Qué hizo? – preguntó divertida.

-Rachel la dejó pintando en su habitación, la llamaron por teléfono y tuvo que mirar unos papeles, así que no se fijó en la niña, que no se le ocurrió nada mejor que ir hasta la sala donde pinto y está el piano y demás cosas y pintar la pared "para hacer lo que hace mami" – dijo Quinn negando con la cabeza mientras intentaba no reír. – Rachel me echó una bronca por teléfono que todavía me duelen los oídos y a Emma la había castigado sin ver película por la tarde.

-¿Y porque te regañó a ti?

-Porque dice que incito a Emma a que haga estas cosas dejándola entrar y pintar conmigo cuando me pongo con algún cuadro. – dijo haciendo reír a Beth, que veía la cara de circunstancia de su madre.

-Mi hermana es un trasto.

-Sí, no lo sabes tú bien, es un terremoto que habla por los codos y todo lo pregunta y encima ahora hace travesuras…

-Es la mejor de la familia después de mí.

-Vaya dos hijas me han tocado… - dijo negando dramáticamente con la cabeza mientras recibía un golpe en el hombro por parte de Beth, haciéndola reír.

Entre risas llegaron a casa, agradeciendo al chofer el haberlas llevado y sin más, entraron dentro, intentando no hacer ruido por si todavía dormían madre e hija. El ruido en la cocina y el gritito de felicidad de la morena al verlas les indicó que al menos la madre estaba despierta.

-¡Beth, que alegría tenerte aquí! Que ganas teníamos de verte, cariño.

-Y yo a vosotras. – sonrió abrazando a la morena. - ¿Y Emma?

-Todavía está durmiendo. Estaba nerviosísima porque tú venías y le costó mucho dormirse anoche. Ya verás cómo se pone cuando te vea.

-Oye, ¿para mí no hay saludo, ni un beso? – preguntó la rubia a su mujer con cara de pena.

-Tú no te merece nada, pintar la pared de esa habitación es lo único que te toca. – dijo acercándose hasta ella con el ceño fruncido, pero sin oponerse a ser rodeada por los brazos de su mujer mientras dejaba un beso en su cuello.

-A sus órdenes, mi capitana. – dijo con una sonrisa, besando su mejilla, logrando sacar la sonrisa en Rachel.

-Imbécil.

-Esta imbécil te ha echado de menos.

-Y yo a ti… Eres la imbécil que quiero… - dijo encogiéndose de hombros, posando sus labios en los de Quinn.

-Bueno, llevo cinco minutos y ya he tenido suficiente amor, voy a por Emma.

-No, déjame despertarla a mí. – le pidió Quinn a su hija, recibiendo un asentimiento de cabeza y poniendo rumbo hacia el segundo piso. Beth y Rachel sabían que había algo especial en los despertares de Quinn con Emma. La rubia disfrutaba de ese momento siempre que volvía de algún viaje y se podía decir que a Emma le gustaba ser despertada por su madre por la energía y felicidad que gastaba esas mañanas.

En silencio, entró a la habitación de su hija donde el sol empezaba a colarse entre las cortinas. Una sonrisa automática se dibujó en ella al verla dormir. Era un pequeño retrato de Rachel y aquello la convertía en una pequeña debilidad más por ella.

Con cuidado se recostó en la cama a la espalda de su hija y después de dejar un beso en su cabeza, pasó uno de sus dedos desde su frente hasta su nariz durante unos minutos, tan solo mirándola, viendo en sus ojos como se iba despertando a pesar de mantenerlos cerrados.

-¿Se ha despertado ya la niña de mis ojos? – preguntó en un susurro, acercándose a su oreja. De forma graciosa, Emma negó con la cabeza aun con los ojos cerrados. - ¿Y la niña más guapa de Los Angeles, se ha despertado? – volvió a recibir la misma respuesta, con la única diferencia de una pequeña sonrisa que empezaba a escaparse en la carita de Emma. – Vaya… No quería hacerlo, pero tendré que sacar mi arma más peligrosa para que mi hija me dé un beso… - advirtió a la niña, que preparada para lo que venía abrió los ojos en el momento en que su madre comenzaba a atacarla con cosquillas en su menudo cuerpo.

La carcajada de Emma salió en segundos, muerta de risa con las manos de su madre y los besos que iba dejando por su cuello.

-Para, mami, para, ya me he despertado. – le pidió como pudo.

-¿Estás segura de que estás despierta? – dijo parando un momento, mirándola con una sonrisa genuina. – Porque yo creo que mi peque está un poquito dormida todavía.

-No, mami, de verdad, ya estoy muy despierta, mira. – dijo señalándose los ojos mientras los abría de par en par en un gesto gracioso, consiguiendo hacer reír a su madre.

-Y si estás despierta, ¿Cómo es que no me has dado un beso?

-Porque no me has dejado. – dijo cogiendo a su madre por el cuello, tirando de ella para tumbarla encima de ella y llenarla de besos.

-Te he echado de menos, ¿sabes? Se me han hecho los días súper largos sin verte.

-¿Y sin ver a mamá también se te han hecho largos? – preguntó curiosa.

-También.

-Pues mamá está enfadada… - dijo torciendo la boca. Quinn intentó no reír.

-¿Ah, sí?

-Sí. Conmigo y contigo.

-¿Conmigo? Pero si yo no he hecho nada.

-Es que… pinté un poco la pared de la habitación donde pintamos y…

-Y tú sabes que eso no se hace. – la niña solo asintió mirándose las manos. – Si quieres pintar algo que no sea una hoja, tienes que preguntar primero, ¿está bien?

-Sí.

-Bien, pues ahora, vamos a bajar, le vas a dar un beso a mamá para pedirle perdón y… - dijo dejando la frase en el aire.

-¿Y qué? – preguntó ansiosa.

-Y hay alguien que está loca por verte.

-¡Beth! – dijo bajando de la cama de un salto. Cuando Quinn quiso darse cuenta, la niña ya estaba en el piso de abajo.

Corriendo hasta su hermana, pegó un pequeño salto para que Beth la cogiera en brazos en el aire y se fundieran en un abrazo.

-¿Cómo está mi pequeñaja? – preguntó la mayor de las hermanas llenando de besos la cabeza de Emma.

-Bien, quería que vinieras ya. – le aseguró.

-Pues ya he venido. – dijo riendo.

-¿Y vamos a ir al parque? Tú dijiste que íbamos al parque.

-¿Por qué no dejas respirar a tu hermana que acaba de llegar, Emma? – interrumpió Rachel la escena. La niña al verla, le pidió a su hermana que se acercara hasta su madre y con un dedo en su boca, dudando un poco por la mirada de enfado que mantenía su madre dejo un beso en su mejilla.

-Perdón, mamá… No voy a pintar más en la pared, ¿vale? – dijo poniéndole ojitos a su madre, a la que sin remedio se le ablandó el corazón con aquel despliegue de encanto de su hija. Quinn por detrás reía al ver como su hija con solo tres años era una autentica reina en el chantaje emocional.

-Más te vale. – le contestó Rachel dándole un beso.

-¿Ya no estás enfadada? – preguntó con una sonrisa.

-No, ya no estoy enfadada.

-¿Entonces puedo ir al parque con Beth?

-Beth está cansada cariño. – dijo Quinn entrando en la cocina.

-No os preocupéis, estoy bien, he dormido en el avión. Vengo preparada para una mañana de parque.

-Bueno, pero primero tienes que desayunar. – le advirtió la morena a la niña.

-¿Y después parque?

-Y después parque… - dijo poniendo los ojos en blanco.

-¡Bien!

Las cuatro desayunaron centrando su atención en las historias de la niña, historias que a veces ni ella misma entendía con su media lengua y en lo que Beth iba contando sobre su estancia en la universidad, dejando tranquila a ambas, haciéndoles saber que seguía desenvolviéndose bien y sin problemas.

Con Emma y Beth fuera para disfrutar de su mañana de parque, Quinn aprovechó para dormir un par de horas después de pasar la noche en el avión. A ella no se le daba tan bien como a Beth ignorar los ruidos de un avión.

Al despertar sabía que le tocaba pintar la pared de aquella habitación si no quería tener a Rachel recordándole constantemente que aquello era su culpa. Pero cuando ya le había dado a la mitad del dibujo, cuando solo quedaba dibujado lo que parecían cuatro siluetas que Quinn intuyó eran Rachel y ella y sus hijas, se le ocurrió una idea.

Era algo que quería tener en aquel espacio que desde el principio estaba dedicado al arte. No iba a deshacerse del arte de su hija bajo ningún concepto.

Cuando Rachel entró y vio a la rubia terminando de poner un cuadro en la pared a la altura del dibujo de su hija sonrió, pero disimuló.

-¿Encima la vas a premiar?

-Oh, no es un premio. Esto lo hago por nosotras. – dijo girándose hacia su mujer, observando cómo había quedado su idea, que no era otra que encuadrar el dibujo como si fuese un cuadro.

-¿Por nosotras?

-Sí. ¿Qué pasa si el día de mañana Emma es una artista mundialmente reconocida? Que este dibujo costará millones y nosotras nos haremos ricas vendiendo este trozo de pared. – explicó haciendo reír a Rachel.

-Cariño, no necesitamos más dinero del que tenemos…

-No sabemos qué puede pasar en un futuro… - dijo encogiéndose de hombros.

-No puedo creer que estés orgullosa de que tu hija haya pintado en la pared.

-Le gusta pintar y a mí me gusta que le guste. Es pequeña y ya le he dicho que no puede volver a hacerlo, pero sí, para que negarlo, Emma me tiene loca… - dijo sonriéndole de medio lado a la morena.

-Estoy muy enfadada con ese dibujo, pero te quiero con locura… - dijo rodeando su cuello con sus brazos.

-Me encanta que me lo recuerdes. – dijo besando sus labios. – Quedarme en este matrimonio queriéndote yo sola sería triste…

-Mucho… - sonrió la morena sobre sus labios, volviendo a besarlos. - ¿Qué tal si tenemos una comida romántica tú y yo solas?

-¿Y Beth y Emma?

-Comerán fuera, en una de esas hamburgueserías que tan poco me gustan y a ellas les encanta.

-Entonces… comemos solas… - dijo la rubia arrastrando a su mujer hasta sentarla en el piano, viendo como Rachel asentía, mirándola de forma intensa. - ¿Y qué te parece si empezamos por el postre? – dijo besando a la morena, que con gusto recibía los besos de la rubia por todo su cuerpo, llevándose la una a la otra a tocar el cielo desde aquel piano al que le había tocado ser testigo de la pasión de las dos mujeres.

La tarde pasó, dejando que Emma y Beth volvieran y la mayor pudiera descansar un poco, lo que las visitas de los más cercanos la dejaron. Lindsey, Santana junto a Brittany o Brody con su mujer no quisieron dejar pasar la ocasión de saludar a Beth, que un tanto abrumada, recibía el calor de los suyos.

Todos tuvieron consideración y dejaron la casa temprano, sabiendo que Quinn y Beth estarían cansadas de sus viajes, así que después de cenar, las chicas no tuvieron más remedio que aceptar ver nuevamente la película favorita de Emma, que no era otra que Frozen.

Rachel y Beth estaban en un sofá con el móvil y algún libro sin prestarle atención a la película, aburridas de tanto verla. En cambio, Quinn y Emma estaban embobadas con la película. La mayor estaba cerca de aprenderse los diálogos, pero le encantaba aquel momento de estar tumbada en el sofá acunando a su hija entre sus brazos, al menos en los momentos que la dejaba, porque la niña no dudaba en ponerse en pie en encima del sofá para interpretar con algunas palabras sueltas los temas que más le gustaban, haciendo las delicias de su hermana mayor, que la grababa para guardarla en su móvil.

-Mami, te quiero. – le dijo a Quinn con la película casi terminada y ella medio durmiéndose, levantando su mano para acariciar la barbilla de su madre a su espalda.

-Y yo a ti, mi vida. – dijo dejando un beso en su frente.

-¿Y a Beth también la quieres? – preguntó dejando a las tres adultas en silencio por la pregunta.

-Claro que sí, a las dos os quiero con locura, y a mamá también. – dijo sin romper el tono suave y cariñoso de la conversación. - ¿Por qué lo preguntas? – preguntó la rubia, pero la niña tan solo se encogió de hombros. Empezaban a estar acostumbradas a aquellas preguntas sin motivos que la niña había empezado a hacer desde que hacía medio año, comenzó a hilar frases con más sentido y con muchísimo más vocabulario.

-Y tú, Beth, ¿quieres a mami? – preguntó, esta vez con un silencio mucho más pronunciado en el tiempo que el anterior.

-Emma, deja ya las preguntas y a la cama. – dijo Quinn viendo que su hija mayor no contestaba.

-Oye, Emma. – llamó Beth a su hermana, levantándose para acercarse al sofá donde esta estaba con su madre. – Por supuesto que quiero a mamá, ya te he dicho esta mañana que ella y Rachel son las mejores. – dijo mirando de reojo a su madre, que con una sonrisa agradecía las palabras. Beth no era dada a decir aquellas palabras, de hecho, estaba segura de que no le había dicho te quiero desde que todo quedó aclarado entre ellas. – Y ahora, tu y yo, nos vamos a ir a la cama, ratoncilla. Hoy duermo contigo que me da un poco de miedo.

-Vale, yo te cuido. – dijo la niña seria, haciendo reír al resto.

-Vamos, dales un beso a las mamis. – dijo inclinando a Emma que estaba ya en sus brazos hacia Quinn y luego hacia Rachel, dejando ella misma un beso también en ambas – Hasta mañana, mamis, os queremos.

-Que descanséis.

-Buenas noches. – dijeron Rachel y Quinn despidiéndose de sus hijas, viéndolas desaparecer por las escaleras.

-No te podrás quejar de cuanto te quieren tus hijas. – dijo Rachel con una sonrisa mientras se tumbaba en el sofá que Beth le había dejado entero para ella.

-La verdad es que no, no tengo queja ninguna de mi familia… - dijo sonriéndole, mirándola a los ojos como lo había estado haciendo desde el primer día. – Sois lo mejor de mi vida, Rach.

-Y tú de la nuestra, nunca lo olvides.