º Flowers º
(Flores)
Autora: Juny S. Tao
Fecha de Término: 08 de Mayo de 2007
Contenido: Yaoi
Parejas: HorokeuxRen, HaoxLyserg, YohxAnna
Advertencia: Ninguna por ahora
Summary: Como cualquier persona, Horokeu y Ren son un par de sujetos inspirados en sus propios asuntos. Se conocen, ¿y qué? Sólo buscan ser algo especial en cierto lugar especial, además, a ambos le gustan las flores. 'Aunque no lo creas, me encantan las flores' 'A mi también'…
Dedicación Especial: Pues si. Va dedicada a mi nueva amiga Kaniza (o FanGlobe x3), kien ha sido muy linda conmigo desde que la conocí hace un par de semanas maso, maso. XD GRACIAS X TODO!!!! Kisses n.ñ
Nota: Ah! Olvidé mencionar que los párrafos en cursiva son escenas del pasado, solo para aclarar. Creo que olvidé mencionarlo en el capítulo anterior. n.ñ
«ғlowerѕ»
Capítulo III: Por Quién y Para Quién
-Oye, Ren.-
-¿Qué quieres, Anna?- Solo le hablé con voz común pero no tenía la menor intención de hacerle caso. Seguí escribiendo los datos importantes de la mañana desde mi singular lugar. -¿No ves que estoy tratando de copiar eso?-
-Ah, bueno.-
¡De acuerdo! Debía ser algo importante para que concluyera la conversación de manera tan canchera.
-Ya, ¿qué sucede?- Y la miré con aburrimiento. Ella sonrió con burla.
Aquí vamos de nuevo.
-Tu novia por fin se dignó a llegar a la hora popular.- Habló, mirándome y con la misma sonrisa burlona. Yo elevé una ceja al no entender nada. Ella rodó los ojos. –Me refiero a Pilika, idiota.-
-Ah.- Contesté, restándole la nula importancia que tenía el asunto y continué con lo que estaba haciendo. Anna no me dijo nada de nada. -La sujeta me tiene sin cuidado.-
-Si, claro.-
-Es verdad. No me interesa, por mí que no regrese nunca.- Hablé sin levantar la vista de mi cuaderno casi vacío. Supuse que Anna no diría nada más, además, después de haberme dado por mi lado de la manera conocida, no creo que se atreva a contradecirme. Pero aún le había comentado lo peor.
-¡Hola, Rency!-
Levanté la mirada por sobre mis anteojos sin marco. Ah, cierto, nunca comenté que soy algo corto de vista, pero ya lo hice. En fin. Sucedía que aquella vocecilla recién escuchada sólo podía pertenecer al ente viviente más… más… más escabroso que había visto en mi vida. La señorita popularidad, por que eso era lo único que tenía de bueno, me saludaba efusivamente, abusando de su agilidad muscular. Pobre, cualquiera pensaría que uno de sus brazos saldría volando en cualquier momento. Por mi parte, bajé la mirada sin gesto alguno.
Bien, no pude evitar sonreír por eso. Amo ignorarla. Ja.
-Ren, ¿soy yo o acabas de sonreír?- Escuché la voz de Anna y, esta vez, si voltee a verla a la cara. Mostré mi cara de poker de inmediato. ¿Qué había dicho? ¿Yo? ¿Saludando al moco feliz?
-¿Qué dijiste? ¿Estás loca, mujer?-
-Acabas de sonreírle.-
-Me burlaba de ella de manera personal.-
-Ajá.-
-¡Pues es verdad!-
-Pues díselo a ella y a sus asistentas que no dejan de mirarte y cuchichear.-
-…-
-…-
Debía decirle la verdad de una vez. Desde hace un par de días, es decir, desde mi primera cita con Horokeu, o, mejor dicho, desde que uno de los mencionó la existencia de la niña peliazul, las cosas han estado un poco… complicadas y, si le sumamos el hecho de que la sujeta esta le pidió a su hermano que me convenciera de salir conmigo, pues…
Dios, mi vida es un asco. ¿De todos los personajes con hermanas debía de gustarme el que tenía la peor?
Gracias, eso se llama tener la mejor suerte del mundo.
-Anna, Pilika es hermana de Horokeu.- Acoté después de suspirar en forma de derrota. Dejé de escribir en mi cuaderno y empecé a jugar con el lapicero entre mis dedos. Luego, giré a ver a mi amiga y ella solo parpadeaba.
-¿Ah?-
-Eso: Pilika es hermana de Horokeu.- Ella abrió un poco los labios. Si, yo tampoco puedo creerlo. Patético. -¿Qué te parece?-
Ella sonrió antes de soltar una exhalación como comienzo de su risa.
-Patético.- Dijimos al mismo tiempo. Sonreímos.
-Maldita tu suerte, Ren.-
-Gracias, pero ya había sacado esa conclusión.-
Ella rió ocultando parte de su rostro.
-Lo sé.- Pausa para chasquear mi legua. -No todo podía ser perfecto.-
-¿Fue él quién te lo dijo?-
-No exactamente.- Supe que Anna no había entendido porque esa ceja levantada y esa mueca eran horribles. Ella, normalmente, cuida sus expresiones. –Me comentó que su hermana tenía mi edad y, después de analizarlo por unos segundos, llegó a la conclusión de que estaba en mi clase.-
-Dijiste algo idiota como 'A mí no me agrada' o algo por el estilo, ¿verdad?-
Diablos, ¿debía ser tan cruel conmigo? ¬.¬ Ya ni siquiera sé porqué le cuento mis problemas, me hace sentir más estúpido de lo que ya me siento.
Sin más suspiré ante su pregunta tan, asquerosamente, acertada.
-Si.-
-Genial, Ren, eres más fuerte que tu histeria innata.-
-Cállate, maldita ¬o¬.- Ella rió y se le levantó de su sitio, alegando que debía ir al baño. Yo me crucé de brazos y me giré hacia la ventana. Las nubes estaban moviéndose más que otros días y el sol parecía bastante tranquilo, no hacía calor.
Sorbí por la nariz por segunda o tercera vez en la mañana mientras mis ojos se alternaban entre el campo de béisbol de la escuela y el cielo. Esa mañana la práctica estaba muy lenta, cada vez más aburrida. Entonces, en esos instantes, lo comprendí. Vi al bateador golpear el piso antes de asestarle a la pelota con fuerza y eso me dijo parte de lo que iba a pasar. Me hizo darme cuenta hacia donde estaba yendo todo esto… ¡y con solo una semana de haber sucedido!
Gruñí por lo bajo.
-Mierda…-
-No adivinarás.-
-Puta madre, Anna, es muy temprano.- Renegué. Ella se mofó al instante.
-Oh, mil disculpas, bello durmiente.- Pausa para respirar. –Dije que no adivinarás.-
-No soy sordo, maldición. ¿Qué sucedió?-
-Pero, oye, no fuiste a la escuela.-
-Ah, no, no fui.- Escuché un ligero bufido que me hizo sonreír. Anna parecía haberse fastidiado.
-Bien, estúpido, escucha.-
Se los dije.
-¿Qué?-
-Encontré a tu príncipe azul.- Yo abrí los ojos. ¿Acaso se refería a…? –Aja, literalmente hablando, niñito.- Yo tragué saliva antes de incorporarme en mi cama. Observé mi reloj de muñeca y realicé que era… bueno, tarde. Las diez de la mañana, casi diez y media.
-¿Dónde mierda estás?-
-Con Yoh… y Horokeu Usui, 21 años, facultad de Ingeniería.- No sé porqué pero sentí algo detenerse dentro de mí. No, no el corazón, algo un poco más profundo. Respiré. –Oye, está bien guapo.-
-Gracias, pero ¿qué haces allí?-
-Ay, vine a buscar a mi novio y por esas casualidades que tiene la vida me encontré a tu chico de las flores.- Ella rió al terminar de decir lo que dijo. No me molestó que lo dijera con su tan agridulce sátira, me gustaba como sonaba.
-¿Le dijiste quién eras?-
-Novia del hermano de su amigo y…-
-¿Hao?-
-¿Cómo sabes de ese pendejo?- No dije nada porque sabía que lo recordaría con rapidez. Ese día comimos helados. –Ah, cierto, los helados.-
-Aja, si, bueno. ¿Qué más?-
-Obvio, le dije que te conocía y se sonrojó todo. Ja, ja.-
-Que lindo.- Comenté dentro de mi sueño y, aunque sonó a sarcasmo, no lo fue. Horokeu en verdad es lindo, mucho. -¿Qué mas? Vamos, habla.-
-Tranquilo que con lo que le dije no te pedirá que se casen, Ren, créeme.-
¿Pretende que me ría? No, ¿verdad? Porque nunca antes tuve tantas ganas de golpear a alguien. Suspiré con fastidio.
-Ja-ja-ja, muy payasa, ¿verdad?- Ella soltó la carcajada.
-Mucho, Señorito Ansiedad.- La completo con eso, lo juro. –En realidad, le dije que… Oh, espera.- Pausa para mí, ¡debía terminar de hablar, demonios! -¿Rency?-
¿Ah?
-¿Ah?- Bastante acertado.
-Soy Horokeu.-
¿Ah?
-¿Ah?- Lo dije: bastante acertado.
«ғlowerѕ»
-Salgamos.- Habló con pesadez mientras jugaba con una pelotita antiestrés, la cual hacía rebotar contra una de las paredes de la habitación en la que estaba. -¡Me aburro, Yoh!-
-Pero si hace un rato dijiste que querías…-
-Si, bueno.- Se le adelantó la muchacha. Dejó la pelota a un lado y se levantó de la cama mostrando que tan solo llevaba su camiseta y sus bragas. –Eso fue antes, pero ahora estoy aburrida.-
El chico rodó los ojos mientras sonreía: Anna podía ser bastante terca, pero eso le divertía. Yoh era un sujeto que se caracterizaba por ser dueño de la paciencia que solo un párroco suele tener. Por eso, su rubia novia siempre le preguntaba si se había arrepentido de serlo y ahora lo ocultaba. No sé, quizá le daba vergüenza.
-¿Quieres hacer algo en especial, linda?- Le preguntó curioso mientras se acercaba a ella y la abrazaba por la cintura. Annita se dejó hacer, apretándose contra el pecho del muchacho castaño. –Vamos, dime.-
-Uhm, no sé…- Empezó. –Hagamos algo diverti---
-¡AHHHHHHHHHGGG!-
Parpadeos múltiples. ¿Qué diablos había sido eso? Si, claro, un tremendo grito de dolor, pero ¿por qué?
-Claro, algo como eso hacía falta.- Acotó con ironía la chica. Su novio no hizo más que volver a rodar los ojos y suspirar: Hao debía estar haciendo algo estúpido otra vez. –Oye, yo también voy.- Yoh se detuvo. –Si Hao se cortó una mano, debo verlo sufrir.-
-Ja. Retorcido sentido de la diversión el tuyo.-
-No importa.- Dijo sin interés mientras se ponía sus pantalones.
«ғlowerѕ»
-¿Ya le dijiste?-
-No, aún no.-
-¿Cuándo pretendes hacerlo?-
-En realidad, no pretendía hacerlo hasta después de tu sucio chantaje emocional.-
La aludida muchacha abrió la boca en signo de indignación. ¿Qué había dicho el muy neanderthal de su hermano? ¡¿Que ELLA lo había chantajeado?! ¡¿Emocionalmente?! Bueno, quizá no comprendía del todo aquello de las emociones pero con la palabra bastaba. ¡Eso era un insulto!
-¡Oye, yo no te he chantajeado!-
-Y, ¿qué hay de lo de Tamao?- La muchacha cerró la boca. No podía contradecirlo con nada, su mente estaba blanca. –Aquí, en China o donde quieras se llama chantaje, Pilika Usui.-
-Bueno, pero yo no le veo así.- Se justificó su hermana, trabándose con sus propias palabras. –Es más como… ¡como una pequeña ayudita!- Exclamó con una sonrisa no muy convincente.
-¿Para quién exactamente?- Preguntó Horo Horo con una ceja levantada, alegando que él no era ningún tonto para creer tal mentira.
-Pues, para todos los implicados u.û.-
El chico suspiró, era simplemente imposible hacerle entender a la pequeña Pilika que todo aquello que hacía era para su propio beneficio. Si salía con Tamao, ella quedaría como la mejor de las amigas mientras que él era tan sólo el objeto clave; y, si la ayudaba con Ren, tendría una cita perfecta con el niño perfecto mientras que él quedaba con el mejor de los imbésiles. Pero eso no era lo peor de todo, no. Lo peor de toda aquella revolución armada por su hermana era que, si no lo hacía, se odiaría para toda la vida.
Yo no podía dejar de reírme ante lo que Horo Horo estaba diciéndome. Dios, ¿qué le pasaba?
-Oye, ¿qué te pasa?- Le pregunté con apuro. Mi risa aún no se iba para nada. -¿Estás loco?-
-No, Ren, solo soy su hermano mayor.-
-Duh, lo sé. ¿Y eso qué tiene que ver?-
-No me gusta verla triste…-
Yo hice una mueca ante lo dicho. Agradezco que todavía no existan los teléfonos al estilo de los Supersónicos.
-Dios, no digas que Jun también es así.- Hablé ya un poco más calmado, pero aquello no impedía que sacara a flote mi tinte sarcástico. –No seas tonto, Horokeu, por favor.-
-Intento no serlo, pero ella parece estar muy enamorada de ti, Ren.-
Yo bufé. Maldita sea, ¿acaso ya no existe gente egoísta en el mundo? A veces, creo que solo Anna y yo pertenecemos a esa especie. Pero yo ya estaba al borde la histeria.
-¿Sabes qué? Esperemos el día en que los hermanos mayores de las demás idiotas que me persiguen se hagan mis amigos; ese día, ¡te lo juro!, dejaré que seas tú el único triunfador, ¿estamos?- Y no hice más que cortarle de frente, sin siquiera avisarle ni nada. Se lo merecía por ser tan estúpido, tan buen hermano, tan… ¡ARG! ¡TAN LINDO CON TODO EL ASQUEROSO MUNDO!
No pude evitar golpear mi cama con mis puños. De pronto, el timbre del teléfono. Era él. Bueno, le contesté porque aún había cosas que decirle.
-¿Dejarás de comportarte como el hermano sacrificado?-
-…-
-¿Podrías pensar, ¡POR UN MALDITO SEGUNDO!, en lo que sientes por mí?-
-Ren…-
-¡Cállate!- Le grité. No había terminado. Apreté los ojos al sentir que, sin querer o sin imaginarlo siquiera, quería llorar. -¡PIENSA EN LO QUE SIENTO POR TI, MALDITO IDIOTA, PIENSA EN COMO PUEDO ESTAR SINTIENDOME! ¡¿PODRÍAS PENSAR EN MI TAMBIÉN?!-
-…Lo sient--
-¡TU HERMANA NO ES CENTRO DEL UNIVERSO, CARAJO, NO LO ES!- Sip, bien, ya estaba llorando. La última frase que salió con fuerza de mi garganta jaló unas cuantas notas agudas que me delataron ante el chico que tanto me gustaba. Y, luego, le volví a colgar el teléfono. Él necesitaba pensar en lo que haría y yo necesitaba secarme la cara.
Suspiro mental.
Si, bueno, ya era el mejor de los imbésiles.
«ғlowerѕ»
No puedo creer lo que voy a decir ahora, pero… me estoy divirtiendo. Aja, yo, Ren Tao, me estoy divirtiendo. ¿Qué que estoy haciendo? Pues en una maldita cita triple con mi novio –Ja! Si, ya formalizamos-, mi mejor amiga, el novio de esta, el hermano del sujeto antes mencionado y el niño más adorable que había visto.
Bien, tampoco sé porqué dije eso. Pero ya lo dije y era la más pura verdad.
Lyserg Diethel, si es que ese era su nombre exacto, parecía ser la personificación de lo que normalmente la gente diría 'O sea, ¿es una chica o un chico?' Para ser sincero, siempre pensé que era una pregunta idiota salida de labios de gente idiota que no sabe diferenciar rasgos generales, en especial, aquello que se tiene entre las piernas. Fui muy injusto al decir aquello porque, para empezar, jamás me había pasado y ahora que finalmente me sucedió pude comprobar que puede ser una pregunta bastante parecida a 'Oye, ¿qué hora es?'
No digo que me guste ni mucho menos, pero el chico es bastante atrayente. Es inglés, ya nos lo había dicho, con rasgos finos y el cabello ligeramente largo de un color verdoso, el cual combinaba con sus ojos verde esmeralda. Bueno, era un poco más bajo que Horokeu, de cuerpo delgado y rostro adorable, muy dulce para ser, se los dije, un chico.
Incluso cuando llegamos hasta el lugar de encuentro, Anna me susurró 'Mira su cabello, ¡es perfecto!' Y déjenme decirles que Anna haciendo cumplidos y sintiendo envidia es un hecho tan frecuente como la aparición del cometa Halley. Lo digo porque lo sé.
-Oye, ¿te sientes bien?- Sentí que me hablaban, pero no contesté. –Rency.-
-¿Qué?- Y recién allí me giré a ver a quien me hablaba. Era Horo Horo.
-Te quedaste en nada, ¿qué te pasa?- Me preguntó al tiempo que acariciaba parte de mi rostro. Yo sonreí y negué con la cabeza.
-Estoy bien.-
-Bien.-
-¿Ya decidieron que vamos a ver?-
-Bueno, en realidad, la mayoría de nosotros estamos bien con lo que sea, pero Hao y--
-Anna. Si, ella es demasiado terca.- Comenté haciendo una mueca de aburrimiento ante los hechos. Busqué con la mirada a ambos mencionados hasta que los vi discutiendo dramáticamente frente a la boletería. Al lado de ellos, Yoh y Lyserg morían de risa al igual que mi querido noviecito.
Yo rodé los ojos, fastidiado.
-No sé porqué pero presiento que viene un…-
-¡AUUCH, ANNA!-
-…golpe.- Y miré con una ceja levantada a Horokeu. -¿Qué nadie le dijo acerca de los peligros que implica el discutir con Anna?-
Pero claro, él solo rió divertido.
-Ven, vamos de una vez.-
-Si, empiezo a aburrirme.-
-¡Ren!-
-Ay, ¿qué? ¬.¬ No me grites…-
-Explícame porqué te llame.-
-Porque eres un maldito marica llorón que necesita de su mejor amiga.-
-Estúpida…- Y sorbí por la nariz. Sentí los dedos de Anna sobre mis cabellos por décima vez. Hace menos de 15 minutos que había llegado y mi estado ya no era taaan deplorable como cuando llegó. Literalmente, me lancé sobre ella en cuanto pisó mi habitación y la abracé tan fuerte como en mi vida había abrazado a alguien.
En fin, ella era la única que me comprendía.
-Te contaré lo que sucedió.- Anna no dijo nada en ese momento. –Necesito sentirme miserable.-
-Ren…-
-Cállate, déjame hablar.- Y volví a sorber por la nariz con pena, recordando nuevamente todo lo que había sucedido hace una media hora o más. Lágrimas volvieron a mis ojos y seguí mojando la falda de Anna, sobre la cual sostenía mi cabeza. No entendía todavía porqué abrazaba una de sus piernas. En fin.
-Bueno, ¿qué sucedió?- Había preguntado ya cuatro veces eso a pedido mío. -¿Te peleaste con Horokeu Usui?- Yo asentí.
-Es un completo estúpido, Anna, pareciera que su estúpida hermana fuera todo en su pequeño estúpido mundo.-
-Pero qué estúpido…-
-¿Estás siendo sarcástica?-
-Eh… ¿no?-
-Genial, es lo que necesito.-
Ahora veo a ese par de ignorantes discutir por la soda a comprar. De verdad, de sólo imaginarlo me da risa: Yoh dice: ¿Pepsi o Coca Cola? y Hao: ¡Da lo mismo!, entonces Anna: ¡No, claro que no da lo mismo! ¿Te has preguntado si una tiene más gas que la otra o si es más dulce? No, ¿Verdad? ¡Pues no!
Ja, ja, bola de idiotas.
Oigan, mi imitación mental de Anna es genial. o.o
«ғlowerѕ»
-Hao.-
-¿Qué sucede, Yoh?-
-Llévate el auto, me iré caminando con Anna.-
Hao se sorprendió.
-¿Hasta su casa?- Yoh asintió. -¡Pero eso está lejísimos de aquí!-
-¡Duh! Existe lo que se llama colectivo, ignorante.-
-Valla, que amable te dejó la peliculita ¬.¬.-
-Ah, pues ya ves.-
«ғlowerѕ»
Otro día, otro suceso, otro error de su parte, y todo porque le hizo caso a Pilika. Horokeu Usui parecía tener el peor problema del mundo y aquello no sólo se lo podía atribuir a la su hermana, quien inició todo este juego, sino a él mismo por haber hecho lo que no debía y, también, por haber olvidado lo que había hablado con Ren. Habían pasado más de cinco días desde aquello y tan solo dos desde que salieron al cine con los demás muchachos.
Acababa de terminar de lavarse los dientes. Dios, habían sido la sesión más larga que había tenido incluso había vertido pasta dental en el cepillo tres veces. Definitivamente, necesitaba pensar.
-No puedo pensar en nada más.- Y respiró cerrando los ojos. Exhaló por la nariz. -Lo hecho, hecho está y ya no puedo hacer nada para cambiarlo.-
Pero, ¿y si la cancelaba? Podía hacerse el enfermo o podía tan solo desaparecer y nunca llegar. Pero no, él no era ese tipo de sujetos tan pendejos como para burlarse de una linda chica como lo era Tamao, además, ella era su amiga también.
Entonces, ¿qué hacer?
El muchacho cubrió su rostro con las manos y tan solo quedó sentado en medio del baño. No quería pensar más, empezaba a cansarse y en menos de veinte minutos debía pasar a buscar a Tamao para empezar con aquella cita que tanto había deseado la muchacha.
Suspiró cansado, ¡de verdad, ya no quería hacerlo! El pensar tantas veces en ello había hecho que se convenciera del gran error que estaba por cometer. Dios santo, Ren lo mataría y lo mandaría al demonio si se enteraba de lo que estaba haciendo.
Ayer pensó en comentarle a su novio –Si, esa palabra lo tenía en las nubes.- acerca de lo que planeaba hacer al día siguiente en la tarde. Conversaron durante unos cuarenta minutos y, sin más, cortaron la comunicación con buenos deseos para las siguientes horas del día. Sin embargo, el necesitaba más que eso.
-¿Salimos mañana?-
-No.-
-¿Cómo dices?- Ren si que no le había agradado esa contestación. Horokeu suspiró antes de responderle.
-Solo bromeo, pero la verdad es que no podré.-
-¿Por qué? ¿Tienes trabajo?-
-No, claro que no.- Le dijo con sinceridad, pero, al instante, algo se trabó en su garganta. –Yo…bueno, yo tengo que sa--…quiero decir, tengo que salir para la casa de Hao porque tenemos que terminar una asignación.-
-Ah, qué divertido.- Exclamó con el mayor de los sarcasmos. El aludido rió divertido. -¿Qué harán?-
-Es una especie de prueba, casi terminamos el curso de Mecánica de Fluidos.-
-Suena asqueroso.-
-Es asqueroso.- Esta vez, fue el chico Tao quien rió. A Horo Horo le encantaba oírlo reír, se veía hermoso cuando lo hacía. Entonces, suspiró por segunda vez, recordando lo que le estaba ocultando. 'Debo decírselo, será lo mejor', pensó mientras Ren decía alguna cosa que no escuchó bien. –Ren.-
-Dime.-
-Yo…tengo algo que decirte, pero…-
-¿Pero qué?- Entonces, una pausa. –¿Estás con otra?-
-…!-
De pronto, Ren Tao profirió una de las más grandes risas que Horokeu le había escuchado soltar. Lo hacía con ganas ante el teléfono mientras el otro pensaba, nervioso, lo suspicaz que podía ser el chico con el que salía. Pero con aquella risa… si, era obvio que lo había dicho al azar. Era broma, pero una muy acertada.
-Bueno, dime.-
-…-
-Oye, te estoy hablando.-
-Si, escucha.- Ren soltó un 'Aja' común. –Yo… te quiero, Ren.-
-…-
-¿Rency?-
Ren hizo notar que le había encantado que le dijera eso. Además, su voz sonaba sincera y bastante calmada. No sabría decir si ya lo amaba. Entonces, declaró con una sonido alegre.
-Genial.-
Debía irse de una vez, empezaba a hacérsele tarde y llegar a la casa de Tamao le tomaría algo de tiempo. Entonces, tomó sus llaves y salió al estacionamiento en busca de su motocicleta. Al bajar, se chocó su hermana. Iba distraído, como siempre, pero este momento lo ameritaba, así que no se disculpo.
-Je, je. ¿Ya te vas?-
-Si, ya me voy.- Contestó con poca gracia. Pilika lo notó y lo único que hizo fue zarandearlo del brazo para hacerlo despertar. -¿Qué te pasa, Pilika?-
-¡No irás con esa cara!- Le reclamó con fuerza. –No estás yendo a un seminario aburrido ni mucho menos, ¡es una cita con Tamao, idiota!-
-Gracias por recordármelo, pero YA lo sé.- Y se soltó de su agarre. Ahora llevaba el ceño fruncido. –Y no estoy tan feliz como debería.- Pilika elevó una ceja. -¡Tuve que cancelar una cita con MI novio para salir con otra! ¡¿Eso te parece motivo para estar feliz?!- Terminó gritando, como si la pobre peliazul fuera la culpable de sus desgracias.
¡Un segundo! ¡Era la única culpable de sus desgracias!
-Encima de todo, le mentí.- Horokeu apretó los ojos al decir aquello. No iba a llorar ni mucho menos, pero se sentía horrible. El de verdad quería a Ren y ahora… esto solo era una mancha en su historial como pareja. Pero aún podía evitarlo. –No, Pilika, no lo haré.-
-¡¿Qué?!- Horokeu pretendía subir las escaleras nuevamente, pero su hermana se lo impidió jalándolo de la chaqueta que llevaba puesta. Su hermano volteó a verla. -¡No puedes hacerle eso a Tamao, hermano! ¡Eso sería muy cruel!- Exclamó con profunda vehemencia mientras ajustaba las cejas en son de pena. El chico respiró hondo, pero no dijo nada. –Sal con ella, ¡solo esta vez!-
-…-
«ғlowerѕ»
-Oye, dame del tuyo.-
-Ya te dije que no.-
-Da-me-del-tu-yo.-
Anna parpadeó. Luego, formó una sonrisita burlona.
-Uhh, que miedo.- Risas suyas. –No seas tarado, ¿si? Ya te comiste dos, cerdo.- Me reprochó, dándole una prominente lamida frente a mi rostro, el cual, sépanlo, no se encuentra para nada feliz. Digo esto porque, como sabrán, Horokeu Usui, mi novio desde hace una semana, me plantó como bien se planta un árbol en medio del parque. Maldito.
-¿Cerdo? Ja. Por lo menos seguiré siendo bonito.- Y elevé mis cejas sugestivamente. Anna me quedó mirando con una ceja levantada. -¿Qué te pasa?-
-¿Bonito?-
-Si, ¿y qué?-
-¡¿Bonito?!- Y empezó a reir. Rodé los ojos en son de aburrimiento. Dios, esto se vuelve cada vez más y más frecuente. –Bonito tus calzones, Ren, empiezas a sonar como una chica.-
Entonces, la asesiné con la mirada y otra vez.
-Imbésil.-
-Ja, ja. ¡En fin!- Habló. Bueno, aunque no sea extraño el sarcasmo en la conversación y las burlas constantes, Anna estaba más abierta de lo normal. Incluso, empezaba a usar colores más llamativos, pero su estilo de zorra seguía igual que siempre. Risas de mi parte; si ella se burlaba de mi refinado vocabulario, yo debí burlarme de alguien también.
¿Vieron como la quiero?
-¿Ya me darás?- Pregunté bajo. Ella hizo una mueca bastante torcida, pero graciosa. Entonces, me extendió su cono de helado de fresa.
-Arg, toma.- Yo medio que sonreí. Entonces, empecé a comer. -Métetelo por donde más te guste, Rency,- Pausa para que yo le sacara el dedo medio. Ella sonrió ante eso. –Iré a comprar otro.-
-¡Que sea de fresa!-
-¡No te lo daré!- Y desapareció entre el pequeño tumulto de gente que se empezaba a formar en la heladería. Eran como las cinco de la tarde y ya llevábamos aquí más de dos horas conversando, riendo y etiz cosas más.
Después de salir de la escuela, pasamos por casa de Anna para cambiarnos, ya que allí tengo dos mudas de ropa siempre, así como sucede con la suya y con mi casa. En fin. Le comenté que había sido rechazado para una cita común por Usui y ella, después de dejarme en ridículo, se ofreció a llevarme a la heladería del centro, lugar donde vamos pocas veces.
Di una lamida más a mi helado y traté de divisar la figura de mi mejor amiga. No la vi, así que me propuse distraerme con la pileta en que se veía a través de la ventana de la heladería.
«ғlowerѕ»
-Me da dos de fresa, por favor.-
-¿Con algún tipo de grageas en especial?-
-Si. Chocolate y de colores.-
-De acuerdo.- Y la muchacha que la atendía se retiró después de recibir el monto exacto que implicaba ese par de helados pedidos. La rubia se movió de donde estaba para darle paso al siguiente cliente y, por azares del destino o porque simplemente la empujaron sin querer, volteó a ver las mesas de parejas, es decir, aquellas mesitas pequeñas con solo dos sillas. Eso la detuvo por completo.
-Oh, por Dios.- Susurró sin mover la mirada. Por defecto, le hubiera gritado su vida al sujeto extraño que osó a empujarla, pero aquello que ahora observaba se llevaba el premio mayor de su atención. –Ren se va a morir…- Comentó con una sonrisa maliciosa. Sacó su móvil de su bolsillo trasero y enfocó la escena de la manera más discreta posible. –No le harás daño a Rency, claro que no.- Y ¡Flash! Había sido rápido. –Claro que no.-
-Me plantó.-
-¿Cómo dices?- Preguntó distraída la muchacha rubia. Ella copiaba unos cuadros importantes de la pizarra. Ren, por su parte, no hacía nada de nada, como siempre.
-Que me plantó, sorda, eso.- Su voz se podía notar dolida, pero lo ocultaba muy bien con su siempre fiel tino indiferente. Anna sonrió antes de voltear y dejar su bolígrafo púrpura. Ya había oído bien esta vez.
-¿Usui te plantó, dices?- Sonrisa de lado. –Pero qué genial novio te has conseguido, mi amor, qué tierno de su parte.- ¿Se estaba burlando o simplemente le hacía notar que aquello era una mala señal? Ren suspiró abrumado contra su voluntad de parecer insensible antes la situación.
-Si, y me dolió.- Comentó extrañado. Anna sonrió ante aquello, Ren era bastante difícil de afectar.
-Claro, tú lo quieres.- El aludido asintió aún dentro de su mutismo. Sin embargo, la rubia rodó los ojos, derrotada, conocía las tretas de Rency. –Está bien, carajo, te invitaré los helados que quieras.- Ren sonrió con orgullo ante la rápida resolución a su favor.
-Llama al Asakura y cancela todas sus citas; hoy duermes conmigo.-
-Ja, si claro.-
-Anna, acabo de ser rechazado por primera vez.-
-¿Y eso a mí qué?-
-Debes apoyarme como mi mejor amiga que eres.- Ella elevó una ceja esperando por un argumento más pesado. –Primero son los amigos, luego los ligues.-
-…-
-¿Nunca oíste de ello?-
-¡Bueno!- Ren sonrió triunfante. Anna sacó su móvil y comenzó con el tecleo de un mensaje de texto. –Justo hoy que iríamos a la playa.-
-Lástima.-
-Señorita, su pedido.- Anna no despegó su vista de la pantalla del móvil hasta haber terminado con su labor, pero escuchó muy bien lo que decían. Entonces, se giró a su tiempo para ver quien era la persona que la llamaba: la dependienta sonreía justo como su muy patético delantal rosa afirmaba. Pues, Anna también le sonrió y le recibió el par de conos. –Muchas gracias.-
-No, gracias a ti.- Y emprendió paso hacia cierto par de sillas ocupadas. No pudo evitar sonreír ante la sola idea de sorprender in fraganti al muy mentiroso del nuevo novio de Ren Tao.
Y ella que lo había dado de sincero y tierno. La descripción que Ren le había facilitado había sido bastante increíble, pero por la cara de idiota realizado que portaba, esa noche en su casa mientras se lo contaba, era muy difícil no creerle. Incluso la primera impresión en la universidad, cuando se lo encontró por coincidencia, había sido la misma: transparente por todos y cada uno de sus ángulos.
Pero caritas vemos…
Diablos, que sensación, un paso más y Horokeu Usui no sabría que hacer. Tenía la certeza de que era un poco torpe.
-Buenas tardes, Horo Horo.- Y como la rubia predijo, el sujeto no hizo más que soltar las manos blancas que sostenía en medio de la mesa y levantarse de su asiento. Anna quería morir de risa allí mismo: el chico casi cae al suelo. -¿Estás bien?-
-¡¿A-anna?!-
-La misma, aunque más delgada.- Aseguró con media sonrisa. -¿Qué haces aquí?-
-¡Na-na-nada!- Balbuceó mientras se sentaba nuevamente. Anna lo vio tragar saliva. Oh, valla que estaba nervioso, no, estaba asustado. La muchacha de diecisiete años portaba una expresión incierta, difícil de descifrar. -¿Qué haces tú aquí?- Preguntó tratando de parecer tranquilo. En esos momentos, en lo único que pensaba el peliazul era en su futuro con Ren. ¡Estaba seguro que Anna le comentaría esto! ¡Lo sabía!
-Pues disfrutando de unos helados.- Le respondió elevando los dos conos que llevaba. Tuve que lamer ambos al ver que empezaban a gotear. –Lo siento, debo irme antes de que me ensucie toda, toda.- Le dijo. Pero antes de que siquiera diera un paso hacia atrás, el muchacho la detuvo.
-No, espera.- Anna no entendió. –Ella es—
-Tu amiga, lo sé.- Se le adelantó con seguridad, lo cual lo hizo parpadear. –Serías incapaz de mentirle, ¿verdad?-
-…-
-Entonces, como te dije, debo irme.- Y, así, sin decir más, se dio la vuelta y retornó a la mesa que compartía con su mejor amigo, la cual quedaba bastante lejos de donde estaba. Gracias al cielo, sino no estaba muy segura de lo que Ren haría.
Sonrisa suya. Aunque lo haya encontrado con una muchacha extraña, además de muy bonita, al reciente novio de su conocido, no podía descartar la idea de que no pasaba nada de nada y que era una muy simple salida de amigos. Pero…
-Si, creo que te daré este helado también, Rency.-
«ғlowerѕ»
-¿Le dijiste?-
-Aún lo pienso, Pil—
-¡Nada!- Y le tendió su propio celular lleno de calcomanías. -¡Llámala de mi móvil, así será una sorpresa!- El aludido elevó una ceja, no estaba muy convencido de ello, pero su hermana si y sus efusivos asentimientos empezaban a asustarlo. -¡Vamos, hermano!-
-Está bien…-
-¿Estás bien, Horo?- El muchacho asintió. –Si quieres podemos…-
-No, no, estoy bien.- Comentó con una sonrisa. La muchacha de cabellos rosas le sonrió de vuelta. –Está bien si no quedamos aquí.-
Bueno, y la verdad era que allí se sentía seguro del todo. ¿Qué sucedía si salía y ahora sí se encontraba cara a cara con Ren mientras llevaba de la mano a Tamao? No, no quería ni imaginárselo. Ren Tao era capaz de matarlo ahí mismo, sin remordimiento alguno; terminaría con él como quién dice 'Hace calor, ¿no?'.
Agitó su cabeza para despejar esos feos pensamientos.
-¿Quién era ella?- Horo Horo elevó la mirada. –Te pusiste muy nervioso en cuanto la viste.-
-Claro que no.-
-Claro que sí; casi te caes de la silla cuando te saludó.- Una sonrisa divertida afloró de sus labios teñidos de brillo labial. Entonces, continuó luego de sorber un poco de su batido. –Creo que ella representa un problema o algo parecido.-
-Sólo es una amiga.-
-Salías con ella, ¿verdad?-
-No, Tamao, claro que no.- Exclamó haciendo ademanes negativos. Tamao se silencio al verlo desesperado por terminar aquella conversación. –Ella es una amiga de Pilika, estudian juntas, ¿de acuerdo?- Habló de corrido. Era verdad que estaba alterado.
-De acuerdo, demos por terminado el caso.-
-Gracias.- Fue entonces que se fijó en que su copa estaba vacía. –Iré por otro batido, ahora vuelvo.-
«ғlowerѕ»
-¿Qué harías si…?-
-Si, ¿qué?- Y seguí cambiando de canal. Ya era bastante tarde y la programación a esta hora era una completa basura, además, queríamos saltarnos los canales "prohibidos". Entonces, decidí dejarlo en el canal del tiempo. Volteé a ver a mi mejor amiga rubia. -¿Qué decías?-
-Ya, nada. Olvídalo.-
-No, dime.-
Ella bufó al verse en aprietos. Obvio, siempre lo hace antes de gritarme que me calle y deje de joderla.
-¡No me jodas, Ren, te dije que lo olvides!- Exclamó con molestia. Yo sonreí de lado. Les dije que era una loca impulsiva, pero, bueno, tiene sus buenos ratos como hace cinco segundos: ella estaba muy tranquilita haciéndome cariñitos amistosos en el cabello. Es tan relajante…
-Bien, como quieras.-
-Gracias.-
-…-
-Oye.-
-¿Hn…?-
-Londres se congelará en menos de tres días, puedo apostar.- Comentó Anna al ver lo que estaba anunciando en el canal internacional del tiempo.
Desde hace un par de años, salía el mismo sujeto americano prediciendo las siguientes tormentas o huracanes de la semana y Anna, tan detallista como es, predijo que él sería el único en sus fantasías durante todo el tiempo que durara en la TV. Yo me reí como loco, obviamente, pero parece que aún sucede. Según ella, tiene una barbilla muy sensual.
-Qué aburrido.- Dije mientras la chica se tendía boca abajo en mi cama, mucho más cerca de la televisión para observar mejor al tío del tiempo americano. Yo me recosté entre algunas almohadas y, al girar mi mirada hacia mi mesa de noche, divisé el móvil de mi amiga. Lo tomé sin pedir permiso siquiera. Sería divertido el leer los mensajillos obscenos que, posiblemente, el Asakura le mandaba.
-Dios, es tan sexy…-
-Ajá.- Yo seguía revisando su bandeja. Pero me di cuenta bastante tarde que el niño con el que salía era un completo santurrón, quizá jodían y todo lo demás, pero les puede asegurar que mis mensajes son mucho más sugerentes que los suyos. Qué asco, nunca más será divertido inmiscuirme en la vida privada de Annita Kyoyama.
-Ojala pudiera hacer llover solo sobre mí para que me investigue toda, toda.-
-Si, si, como dig—
-¿Ah?- No pude fijarme en su expresión porque lo más importante aquí era lo que acababa de descubrir. Siendo tan curioso como soy, me dispuse a buscar alguna imagen que pudiera hacerme reír. Hace unos días hallé una donde estaban Anna y el sujeto Asakura besándose de manera asquerosa, pero ahora… No tenía ni la más mínima idea de lo que podía estar haciendo esta aquí.
-¿Qué es esto?-
-¿Qué cosa?-
-¡Esto!- Exclamé ofuscado. Entonces, le pasé el móvil. Ella rodó los ojos. ¡Claro! La había descubierto. -¿Hay algo que quieras decirme, maldita Annita?- Ella sonrió.
-Ja, rimaste, Ren.-
-¡Anna!- Le grité. -¡¿Dónde sacaste esta fotografía?! ¡Rápido!-
Ella parpadeó.
-Esta tarde, heladería.-
-Ah.-
-¿Dónde dijiste que estaba tu noviecito?-
-Con Hao haciendo un trabajo de Mecánica de Fluidos.-
-Qué asco, yo hubiera preferido joder contigo.-
-Qué linda eres, Anna.-
-Lo sé.- Entonces, ella miró hacia atrás. Yo no entendí. -¿Qué harías si…?-
-Si, ¿qué?-
-No, nada, olvídalo.-
-Como quieras.- Le dije despreocupado. La verdad que no me importaba que no me dijera ahora, sabía que lo haría después. Solo era cuestión de esperar. ¡Ah! Se terminó mi cono. –Oye, dame del tuyo.-
-Claro.- Y me lo dio sin oponer resistencia. Eso era digno de un minuto de silencio mientras me lo termino.
-…-
«ғlowerѕ»
Autora.
Sin time xa esto… . Resta decir q el fic va viento en popa y tendrá tan solo un par de caps más. n.n
¡Recuerden pasar a leer "For my Eighteen"! jeje
¡GRACIAS X LEERME!
Flowers © Juny S. Tao
