º Flowers º
(Flores)
Autora: Juny S. Tao
Fecha de Término: 02 de Junio de 2007
Contenido: Yaoi
Parejas: HorokeuxRen, HaoxLyserg, YohxAnna
Advertencia: Será el penúltimo capítulo, no el último. ñ.ñ (como si akello fuera una advertencia…)
Summary: Como cualquier persona, Horokeu y Ren son un par de sujetos inspirados en sus propios asuntos. Se conocen, ¿y qué? Sólo buscan ser algo especial en cierto lugar especial, además, a ambos le gustan las flores. 'Aunque no lo creas, me encantan las flores' 'A mi también'…
«ғlowerѕ»
Capítulo V: Irreversible
La historia de mi vida había sido aburrida hasta que conocí a mi novio, Horo Horo, y había sido estupenda hasta que descubrí que Pilika Usui, su hermana, podía ser bastante resentida. Mucho, muy resentida.
Suspiro resignado al verme envuelto en otra más de sus inquebrantables burbujas de insultos matinales. Me miraba de reojo desde el patético circulito de reunión que celebraba junto a sus amigas y juntas cuchicheaban acerca de mi situación. Por Dios, si me preguntaran qué tipo de animal podría ser la sujeta en cuestión, no dudaría ni un segundo en compararla con una gran y asquerosa viuda negra. No es viuda, no es negra, pero su actitud es horrible como ninguna.
-Ren.-
-¿Qué?- Pregunté con aburrición al mismo tiempo que veía por la ventana. No sé si lo mencioné pero, por lo menos, la práctica de esta mañana está bastante interesante. –Anna, ¿sabías que el nuevo capitán del equipo es irlandés?-
-Ajap. Se llama Torrence.- Y no hice más que voltear a verla. Ella masticaba decentemente un pedazo de goma de mascar frente a mí. Estaba cruzada de piernas, mostrando sus grandes regalos del cielo. Si será zorra… -¿Qué?-
-Siéntate bien, mujer, ¿es que quieres que todos aquí nos enteremos de lo lindas que son tus pantaletas?-
Entonces, ella hizo una mueca extraña, era…. Carajo, ¡esa era mi mueca! ¬.¬ Usurpadora de expresiones. Ahora podía verla hacer el guiño característico de la perrada próxima.
-Y, ¿quién dijo que traía?-
-Zorra.-
-Pues ya.- E hizo un gran globo con su goma de mascar morada. Supuse que era de uva porque mi nariz logró captar el ligero pero consistente aroma artificial. –Oye, la niña esa no se cansa.- Sonrisa de su parte divertida. –No adivinarás como te llaman ahora.-
Yo rodé los ojos. O sea, se dice mi amiga y en lo primero que anda metida es en la actualización de los apodos denigrantes que el grupo de malditas me anda adjudicando. Pero como es ella, no importa, es más, me divierte.
-¿Cómo?-
-…-
-Habla, ¿no?-
-No, no te lo diré.- Y se giró con una expresión divertida. Seguía mascando su chicle de una manera…. Asco, acaba de sacarlo y enredarlo en su dedo. Asco, se lo metió a la boca otra vez. ¿Dije alguna vez que la mujer podía ser asquerosa? -¿Qué?- Me vio y yo portaba mi cara de peste.
-Eso debería preguntar yo.- Esta vez yo hice otra de las muecas que inventé para situaciones absurdas como esta. Anna Kyoyama si que estaba pasando por algo…
Y no, no soy ninguna clase de chismoso, solo quiero saber. u.u
Fue en ese segundo en que yo achiqué los ojos y fue en ese mismo segundo en que las sonsas de las amigas de Pilika dejaron de existir en este universo. Observaba a mi mejor amiga Anna, quien parecía bastante feliz, digo, más de lo normal. ¿De cuándo acá ella soltaba risillas escondidas? ¡¿Desde cuándo?!
No sé, pero siento que me perdí de algo ¬.¬, y esa sonrisita morbosa que porta esconde algo bastante gordo.
-¿Qué hiciste, pedazo de idiota?- Le solté, asustándole por un segundo. Ella se estabilizó y volteó a verme. Entonces, me hizo una especie de radiografía con la mirada. Yo parpadeó confundido ante la mirada ajena a las circunstancias y ese gemido reprimido. -¡Anna! ¡¿Qué haces?!-
-Oye, Ren…-
-…-
Oh, claro. Ahora entiendo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó, yo no hice más que meterme a su cuarto de un salto. Como siempre, me trepaba por la enredadera que pasaba cerca de su ventana y le tocaba para que me abriera. Hoy estaba de tan mal humor que lo único que hice fue abrir la ventana por mi propia cuenta, asustándola. -¡Son las tres de la mañana, Ren!-
-¿Y?- Le dije con cara de pocos amigos. Anna elevó una ceja y se levantó para encender la luz mayor. –Estoy cansado, ¿si?-
-¿Por qué no estás en tu casa?-
Entonces la miré con cara de circunstancia. En verdad, a veces podía sentir sus mala maneras golpearme el rostro de manera vulgar, pero luego la miraba y sabía que era de la especie que vivía a la ofensiva.
Suspiré derrotado y me tiré a su cama con toda la frescura del mundo en esa oscura noche donde no había más que lluvia, lluvia y más lluvia fresca. Estaba cansado, aún usaba el uniforme de la escuela y la corbata me estorbaba aunque estuviera a punto de correrse por completo de mi cuello.
-Anna…-
-Si, ya sé.- Habló con voz tranquila. De pronto, sentí unos pasos acercarse. Era ella vistiendo una camiseta ceñida y unas bragas negras. Típico pijama suyo, ¿cuántas veces lo había visto y cuántas veces me había rozado? Una más que la otra, obvio.
Anna no era una de las chicas púdicas dueñas y defensoras de su virginidad. Si no mal recuerdo, nuestra primera vez fue…ermm…si, nuestra primera vez. Entiéndanlo literalmente porque eso es lo que quise decir. Teníamos como quince años y ambos habíamos bebido como ebrios acostumbrados en un pub en el centro de la ciudad. No teníamos credenciales, entramos clandestinamente como se acostumbra ahora y, dos horas después, despertamos casi totalmente desnudos en un cuarto de hotel bastante lejos de algo conocido como civilización.
Esperen, debo reírme por eso. Anna sufrió de un ataque de histeria y yo no salí del baño hasta darme cuenta que ya no saldría más por mi garganta. Asco.
Ok, más risas.
-¿De qué te ríes, baboso?- Preguntó con fastidio. Yo giré mi rostro nuevamente mientras me quitaba la corbata. Sonreí al verla sacar una toalla de su armario. Me la arrojó en cuanto estuvo cerca. –Sécate o arruinarás mi cama.-
-Si, si.- Obedecí a regañadientes: tenía razón. –Anna.-
-Ay, ¿qué?- Me volvió a hablar y entonces supe que estaba bastante estresada y yo no estaba siendo de gran ayuda por lo visto. Suspiré y la miré con cara casi aprensiva. –Me peleé con Yoh, ¿bien?- Pausa para que se arrojara entre sus cojines rojos y negros. –Hablamos hace un rato y me dijo que se había inscrito a un viaje de la universidad.-
Y he ahí su mueca de muchacha engreída.
-Y, ¿cuál es el problema?-
-No regresará hasta dentro de tres semanas, Ren.- Comentó con cara de odio, y odio para mí especialmente. Bajó la mirada sin decirle nada con exactitud, pero la comprendía aunque aún no me hubiera pasado aquello. Horokeu también tiene clases especiales que necesitan ese tipo de recursos, pero aún no sucedía.
Y recordé lo que me había pasado hace menos de dos horas.
Finalmente, suspiré derrotado.
-Bien, estamos jodidos, sujeta.-
-Mucho, muy jodidos.- Lo afirmó moviendo la cabeza un poco, mirando a la nada. Sin embargo, se detuvo y me miró extrañada. –Espera, ¿porqué estás tú jodido?-
Yo solté una sonrisita que mostraba lo patético que era. Sip, lo que había pasado no le pasaba a cualquiera, le pasaba solo a los idiotas como yo que no saben trancar puertas.
-Pilika nos vio.- Y rodé los ojos, recordando su expresión de horror.
-¿Qué?- Ja, ja. Divertida su expresión para un momento tan miserable. Pero no quería matarla, en sí, la adoraba. Anna era única para acentuar situaciones fatales. -¡No jodas!- Y se acomodó más cerca de mí. –Los vio a ti y a Horokeu hacie—
Y calló muerta, figurativamente, claro. No aguantó la risa y calló sobre los almohadones no sabiendo exactamente si las carcajadas le quitaban el aire o solo era su frenético movimiento de piernas.
Loca. ¬.¬
-¡Si!- Exclamé. Ella es desesperante, ¿saben? Aún no aprendía a burlarse con moderación y eso me daba ganas de llorar. –Nos vio en medio de su cama, estando yo siendo sometido y sin ropa.- Hablé, molesto, si, porque la mocosa había sido más entrometida de lo normal y había visto lo que, obviamente, no le muestro a cualquiera. Pero lo que de verdad me frustraba era el hecho de que… -Dios, esto me perseguirá durante días…-
-Ja, ja, ja. Moriré…- Canturrió divertida. Yo la miré. –Ahora debe pensar que eres una completa--
-Zorra.- Completé entre dientes. Ella asintió levantándose de nuevo. La vi acercarse a mí nuevamente y empezar con unos relajantes masajes en parte de mi espalda. Yo cerré los ojos, al instante, dejándome consentir por un par de manos que conocía por el derecho y al revés. Aún llevaba puesto sus anillos y su fila interminable de pulseras, las cuales soltaban ciertos sonidos incongruentes con el momento. –Yo… no quería que viera mi ropa interior.- Hablé.
Sip, no sé qué rayos había dicho pero no importa. Ahora la único que quiero hacer es… no, esperen, no quiero dormir. ¡Estoy molesto!
Y volví a hablar.
-Estúpida niña fresa…-
Entonces, sentí un tirón que me llevó mi cabeza hasta los cojines. Abrí los ojos para toparme con nada más y nada menos que la mirada deseosa de mi mejor amiga. Ahora se colocaba sobre mis caderas, se deshacía de su camiseta y me mostraba sus bien formados pechos blancos.
Mierda.
Justo lo que necesitaba. No, lo digo en serio. Este día ha sido asqueroso en su totalidad y lo único que lo arreglaría sería una sesión de furioso sexo. Suspiré sin miedo alguno, solo esperé a que la muchacha se arrimara más y nuestros labios hicieron contacto. Pude escucharla hablar muy vagamente.
-Esperemos que el susto no te lo haya dejado muerto, gato.-
Yo reí, nada más. No podía molestarme con ella; la mujer estaba demente, de verdad, y eso era genial.
«ғlowerѕ»
-¿Pilika no ha llegado todavía?-
-No.-
Horokeu elevó una ceja, extrañado por aquella contestación. ¿Qué le sucedía a Tamao? Su rostro se mostraba pétreo y casi llegaba al punto de dar miedo. Bien, quizá era mejor no decir nada.
-…-
-Dijo que se quedaría en casa de Kiyomi hasta terminado el fin de semana.- Y fue allí cuando lo encaró de mala gana. Llevaba ambas manos en las caderas y había arrojado sin cuidado alguno el último ramo de rosas que había armado. El chico no entendió. –Horo Horo, ¿porqué no me lo dijiste?-
-¿A qué te refieres?-
-Pues…- No podía decirlo tan abiertamente, ¡era vergonzoso! Personalmente, la chica de cabellos rosas no había conocido, jamás, a un hombre con las preferencias que muchas personas calificarían de inmorales y depravadas. Y, aunque ella no fuera de esas personas, le daba algo de pena hablar de ello porque era algo nuevo en su caso.
-Tamao, ¿te sientes bien?-
-No mucho…-
-Creo que será mejor que te val—
-Espera.- Lo detuvo. Iba a acercársele para tomarla de los brazos, pero ella se alejó; retrocedió un par de pasos hasta llegar a chocar con el borde de la mesa. –Tenemos que aclarar algunas cosas de una vez, ¿si?-
-Bueno.- Asintió el peliazul. Se giró en busca de una silla y, después de jalarla, se sentó en ella con tranquilidad, observando como Tamao no hacía más que evitar su mirada. -¿Qué sucede?-
-Pues…- Pausa para tragar saliva y, con el poco valor que tenía desde niña, lo vio de frente, tan rápido que logró sorprenderlo un poco. –Pilika…ella…-
-…-
-Ella me contó lo que sucedió ayer en casa.-
Fue allí que Horokeu mostró algo bastante tierno: el sonrojo que solo una colegiala puede mostrar con gracia. No se movió ni un ápice de su lugar, solo logró atinar a mover los labios tratando de formular alguna frase que no lo dejara tan mal parado. Por lo visto, su querida y muy curiosa hermanita no solo se había desquitado con Ren esa noche sino que, también, le había divulgado el muy interesante incidente a la chica rosada.
Por un carajo…
Horo Horo no podía creerlo, de verdad. Nunca imaginó que Pilika fuera a hacer tal cosa; comprendía que estaba enojada y que toda la rabia que le provocaron aquellas escenas debía ser canalizada de alguna manera pero ¡eso no implicaba el contarle los detalles a cada persona que se cruzara!
Genial, ahora era él quien necesitaba canalizar su ira.
-¿Qué fue lo que te contó exactamente?- Preguntó después de soltar un largo suspiro. Pasó una mano por su rostro, demostrando derrota. –Sabes que Pilika puede ser bastante exagerada, Tamy.-
-Si.-
-¿Entonces?- Volvió a hablar. Tamao le había empezado a responder con monosílabos y aquello no era buena señal, así que se acercó a ella. Tamao no dejó que la tocara. –Tamao…-
-Te burlaste de mí…- El sujeto arrugó las cejas. ¡Eso no era verdad! Jamás hubiera pensado algo como eso, pero tal parecía que la chica estaba segura de lo que decía y esa situación lo hacía sentir como un perro. –Sabías que yo no estaba enterada de tus preferencias y aún así…- Pausa para que ella soltara un fuerte gemido de pena. Algunas lágrimas corrieron libres por sus mejillas con mucha facilidad hasta quedar varadas en su barbilla y cuello. Tamao Tamamura llevó una de sus manos a su rostro tratando, inútilmente, de acallar un poco los sollozos que su recién iniciado llanto le provocaban.
Quería irse de allí, ¡no quería ver nunca más a Horokeu!
Por su parte, el muchacho de 21 años no dijo nada ante lo que veía. Si bien la chica podía ser calificada como una de las más lloronas del medio, esta vez tenía todo el derecho de hacerlo, tan fuerte y húmedo como quisiera. Ciertamente, no se callaría y Horo Horo lo sabía, así que no hizo más que hacer lo primero que se te viene a la mente cuando ves a alguien conocido llorando de manera tan indefensa.
-Tamao…-
Ella se resistió al contacto, pero segundos después ya no dijo nada, es más, lloró con mayor firmeza entre los brazos del peliazul, el cual, según ella, se había burlado vilmente de su inocente personita.
Y no, no es sarcasmo, es verdad. Tamao Tamamura tenía nada más que 19 años y entraría a la universidad en los meses que venían. Era amiga de la familia desde que tenía sentido del tiempo, ya que su madre fue compañera de escuela de la madre de los Usui. Crecieron juntos, jugaron juntos, comieron muchas veces juntos y, hasta ahora, los soñaba juntos para toda la eternidad; solo que, para su desgracia, no contó con el pequeño detalle de que su gran amor pudiera preferir a los chicos.
Si, bueno, ella lo dice esa manera; nunca sería capaz de decir esa palabra que comienza con 'g' y termina con 'ay'.
Es linda. n.ñ
-¿Te sientes mejor?- Le cuestionó el chico al momento de apartarla. Ella, con la cabeza gacha, limpió sus lágrimas con la manga de su chaqueta y, finalmente, sonrió con cierta vergüenza. –Me alegro.- Sonrisa suya. –Tamao, de verdad, no sabes cuanto lo--
-Oye.-
-…-
-No importa, está bien.- Pausa para que le sonriera nuevamente. –Pero, ¿qué hay de Pilika?- Horo se sintió sudar frió al momento. ¿Pilika? Si, bien, su hermana lo odiaba con toda su alma y sería un verdadero milagro del cielo que, al menos, lo mirara una de estas mañanas. Ya le informaron que no regresaría a casa hasta dentro de cuatro días y era preocupante.
Suspiró ante ese pensamiento. La verdad, estaba asustado.
-Te soy sincero: no sé que rayos hacer con ella.-
Tamao rió un poco al ver la cara de miseria de su amigo.
-Estaba bastante molesta cuando fue a mi casa.- Horokeu la miró con atención. –Dijo cosas bastante feas de—
-¿De mí?- Preguntó con preocupación. Ella negó con una sonrisa.
-De Ren. Dijo que no entendía como un sujeto como él se hubiera fijado en ti y no en ella.-
-Diré que eso me dolió.- Y mostró un puchero bastante fuera de lugar. La chica rió. –Pero, de todas maneras, yo no sabía que a ella le gustaba, yo ya salía con Ren para ese entonces.- Dijo al final, haciendo algunos ademanes y mirando al suelo de vez en cuando. Si debía aclarar las cosas, debía ser sincero con todo. Nadie sabía desde cuando salían juntos, es más, ni siquiera sabían que salían.
Tamao chasqueó la lengua.
-Entiendo.-
«ғlowerѕ»
-¿Jugo?-
-No.-
-¿Patatas fritas?-
-Engordan.-
La muchacha que ofrecía los tantos snacks prefirió quedarse callada. Su querida amiguita de escuela echaba fuego por la boca cual dragón desde ayer en la noche, si, desde que vieron tal escena caliente.
Ja, ja. Si le dijera que jamás olvidará tal delicia…
Nop, definitivamente, la mataría y etiquetaría como moco socialmente inaceptable. u.u Y Pilika era capaz de eso y más.
-Pilika, creo que deberías calmarte un poco.- Aconsejó al momento en que se sentó al lado de la peliazul, la cual veía televisión con cara de "tócame y te cortaré las manos". Indudablemente, quería matar a alguien y ese alguien era el chico con quien soñaba noche tras noche y babeaba día tras día.
La muchacha que le habló logró apoderarse del control remoto y apagar el aparato. Debían hablar.
-¡Kiyomi!- Se quejó al instante. Gruñó y, después de arrebatarle el control de las manos, encendió la TV. –Estoy viendo eso…-
-Pily, debemos hablar.- Le dijo con seriedad. La aludida la vio de reojo, sabiendo a lo que se refería. –No te la puedes pasar huyendo de los problemas que te caen.-
Entonces, Pilika Usui fue a poner toda su atención en ella. Kiyomi, que era así como se llamaba su amiga de cabellos negros, se alegró internamente al ver que estaba funcionando la plática al mejor estilo de madre e hija drogadicta.
-¿Tratas de decir que no quieres que me quede aquí?- La muchacha parpadeó. -¡Porque puedo irme si eso es lo qu—
-¡NO!-
Y Pilika se detuvo en medio del aire, mirando con los ojos bien abiertos la nueva faceta histérica de su mejor amiga. Este la tenía agarrada del brazo con fuerza, ayudando a que no se moviera ni un centímetro más. La peliazul no hizo más que volver su trasero a la posición anterior.
Ambas suspiraron.
-Pilika…-
-No, no quiero hablar de eso.- Dijo, por fin, relegando su mal humor a tercer lugar. En esos momentos, podía sentir sus ganas de llorar y de romper cosas conjugadas en su contra, obligándola a que se arrojara al pecho de su amiga y se escondiera como un conejo asustado. Ya no quería hablar del tema, estaba harta… -Estoy harta de todo.-
-Lo sé.- La apoyó la chica, quien le acariciaba los cabellos sueltos. –Pero debes aclarar tus ideas y darte cuenta de las cosas que no están bien.-
-Nada está bien ahora.- Su voz se escuchó rota: ya estaba empezando con los lloriqueos nuevamente, así como sucedió ayer por la noche.
Hoy, en la escuela, había guardado toda la pena al fondo, muy al fondo de su mente para sacar a relucir toda la rabia acumulada desde el primer segundo en que vio las manos de su hermano mayor acariciando con placer y fogosidad la piel pálida del muchacho de ojos dorados. Su corazón latía con fuerza cada vez que los veía, ¡ahí!, en sus recuerdos y sus manos no hacían otra cosa que convertirse en furiosos puños y sus labios no dejaban de soltar injurias varias acerca del muchacho en cuestión.
Rió al ver como todo, absolutamente todo el salón miraba a Ren Tao de manera extraña, ya fuera con desagrado o depravado deseo. Y, mientras esto ocurría, la chica peliazul buscaba más excusas, más palabras junto con algunas de sus amigas porristas para seguir pisoteando con ganas la dignidad del chico con descendencia China.
Lo odiaba, ¡lo odiaba tanto!
-Lo odio, Kiyomi, ¡lo odio como no tienes idea!- Rabió conciente de que sus palabras no tenían ni tinta de verdad. La implicada tan solo sonrió de lado, esperando porque su amiga, sola, se diera cuenta de lo que expresaba su garganta. –No, espera. No lo odio.- Y se levantó del pecho cálido de la pelinegra con los ojos bien abiertos, clavados en cierto punto inexistente del ambiente.
-¿Entonces…?-
-¡Amiga!- Exclamó de la nada, estando ambas sentadas en medio de la cama de su amiga de ojos y cabellos negros. –Vallamos a mi casa; acabo de recordar que mi madre cerrará el negocio tarde porque tienen dos bodas que preparar.- Comentó con una sonrisa mientras que, con la ayuda de la otra, cerraba todas las revistas que estaban ojeando. -¿Te quedas a dormir?-
-Si, claro, como siempre.-
-Genial.- Pilika sonrió en respuesta. Bajó de la cama y guardó su móvil y algunas cosas más en su bolso de la escuela. –Llamaré a mi-- No, no lo llamaré; lo asustaremos al llegar.- Su amiga rió junto con ella al saber de que se trataba ese "lo asustaremos". Si bien Horokeu la conocía, no estaba feliz al tener que interrumpir su espacio personal de chico universitario. Aunque debía admitir que aquella faceta le quedaba de lo mejor.
-Oye, le diré a mamá y nos vamos.-
-Bien.- Contestó, saliendo de la habitación detrás de ella para esperar abajo. Sabía que aún debía preparar una mochila con algunas cosas para poder quedarse.
Kiyomi Sanada, quien era su amiga desde que entró a preparatoria y se convirtieron en porristas aclamadas, bajó a los pocos minutos hasta la sala de su casa que era donde se encontraba esperándola su siempre fiel amiga peliazul. Su madre era bastante flexible y no había tardado en decirle que si en cuanto al permiso para quedarse en casa ajena; la joven mujer se estaba preparando para salir en una cita: tenía nuevo novio, y era mejor que su única hija se quedara con alguien más que sola.
Y Pilika Usui era la indicada, así que ambas partieron hacia la casa de la muchacha Usui con ánimos de tomar un par de cervezas light y comer hasta atragantarse, pensando fielmente en que el hermano mayor de la dueña de casa solo estaría presente en cuestión, ya que difícilmente iba a verificar el estado en el que estaban. Oía sus gritos en toda la casa y eso era suficiente.
En fin.
Después de unos veinte minutos de caminata amena, llegaron a la casa de dos pisos de la familia Usui. Algunas luces se veían encendidas, y una de ellas era la de la habitación de Horo Horo.
-Sip, mi hermano no salió.- Habló Pilika, sacando la llave de la puerta y, después de encontrarla, abriendo la misma con sumo cuidado. No quería hacer bulla ni nada perturbador. Y ya estaba adentro. –Vamos.-
-Espera, iré al baño de aquí que ya no me aguanto.-
-De acuerdo.- Le contestó sin más mientras sostenía su mochila y la de su amiga, y ella corría con rapidez al baño del primer piso. Pilika prendió la luz y, de pronto, lo pensó.
Además de sentir el peso monumental en la mochila de Kiyomi. ¿Qué tanto había traído, ah? Maldita sujeta vanidosa.
Usui dejó ambas mochilas a un lado de la puerta y sacó su móvil que permanecía en uno de sus bolsillos. Entró a la agenda y buscó el número de Ren Tao, el niño que amaba y que, para su desgracia, la había dejado más que vestida y alborotada. Sip, nunca regresó al café en que estaban tomando sus helados ni tampoco la llamó para arreglar ese tema.
Rayos.
-Ren, a veces si que eres un idiota…- Habló en voz baja, afirmándose aquella idea en su cabeza. Sonrió con engreimiento al tiempo que oía ese vacío de la línea llenarse con el pitido de la llam—
De pronto, oyó algo sonar al mismo ritmo que el tono de timbrado. Aquello la sacó de la realidad, olvidándose por completo que podían contestarle de un momento a otro.
-¿Qué…?-
Caminó, atenta al sonido y, de repente, vio una lucecita poco nítida surgir de un lado de la escalera. Se acercó de inmediato hasta ella y se fijo en que tanto la mochila olvidada como el móvil sonando eran de Ren. Pero, ¿qué hacían las cosas de SU chico tiradas en el inicio de las escaleras de su casa?
¡Exacto! ¡Nada que ver! Ni siquiera sabía que Ren Tao había pisado el interior de su casa, es más, ¡ni siquiera sabía que la conocía!
Esto estaba mal, mal, mucho, muy mal. Nada cuadraba, nada; y el que Ren haya salido corriendo de la heladería tampoco le decía mucho. A menos que…
-Exacto: revise tu registro de llamadas.- Y rió de manera macabra, subterránea, ocultando algo que ni siquiera ella entendía. –Veamos.- Entró y revisó lo que el móvil le decía. –Te llamó Anna…Anna…tu hermana…- Pausa para bufar. –Otra vez la zorra de la rubia y...-
'Horokeu U. 4:34 p.m.'
Mierda…
¡Mierda y más mierda!
-Pily, ¿vam-- ¡Hey! ¿A dónde vas?- La llamó su amiga, quien recién llegaba del baño de visitas y ahora la veía subir los escalones de dos en dos sin mirar atrás y con el móvil en la mano. No supo porqué, pero optó por seguirla hasta al segundo piso donde se encontraban las habitaciones de toda la familia. Kiyomi fue quien encendió la luz del corredor, porque Pilika ya conocía el camino y, al parecer, lo único que le importaba ahora era…
-¡Pilika! ¿Qué ha-- ¡PUTA MADRE!- Gritó. Si, gritó su palabrota sin temor a represalias morales, y es que lo que acababa de ver, gracias a que Pilika había abierta la puerta de la habitación de su hermano, era…era…
Mi Dios…
-¡¿Qué es esto?!- Exclamó a los ocupantes de la habitación y, ciertamente, de la cama. La chica se las había olido y ahora ya los había descubierto in fraganti: Horokeu usando solo unos jeans sobre un Ren que estaba casi desnudo. No podía creer que… no, esperen. ¡¿Esas eran las manos de SU hermano dentro de la ropa interior de SU casi novio?! –No, esto… esto está mal, ¡MAL!- Terminó, mostrando, por fin, que ya había llegado a la línea de la neurosis y que el hecho de halar un poco sus cabellos era normal para la situación en sí.
Pilika retrocedió unos pasos, chocando su espalda con el pecho de su amiga Kiyomi, la cual estaba tan petrificada como una estatua nueva de mármol. No abrió la boca para decir nada, no la miró, solo atinó a sentir unas cuántas lágrimas correr por su rostro, quedando algunas en la comisura de sus labios. Lamió los mismos para secarlos.
-Pilika, mejor vámonos.- Le aconsejó su amiga mientras la tomaba de los hombros, pero esta se quitó de mala gana y no dio un paso más dentro del lugar, quedó varada en la puerta como si la retuvieran allí.
Por su parte, los individuos que recién empezaban a disfrutar de su primer momento de verdadera intimidad se vieron en estado de parálisis general. Sus manos seguían unidas a la piel del contrario, mientras que sus labios no se separaron de los lugares en que repartían besos según correspondía. Y, justo en ese momento, la loca de la hermanita menor llega a molestar.
Otra vez: puta madre…
Horokeu, aunque sintió su cara desintegrarse de la vergüenza, tuvo la fuerza suficiente para sobreponerse al momento, retirar sus manos de ciertas zonas sensibles y levantarse para llegar hasta la puerta. Las muchachas retrocedieron, ya que seguían paradotas allí.
-¡¿Qué haces aquí, eh?! ¡¿Qué no te enseñaron a tocar, mierda?!- Le gritó al rostro, haciéndola salir por completo del lugar, cerrando la puerta tras de si. Kiyomi se sobresaltó al escuchar tal grito, y es que el peliazul no era de las personas que gritaran así. Pilika emitió un gimoteo al ver a su hermano y, sin más, lo empujó con fuerza.
-¡¿Cómo pudiste, hermano?! ¡¿Por qué?!- Y más llanto. La muchacha si que había sufrido de un potente shock al verlos allí y ahora se desquitaba con lo más cercano para destapar todos sus sentidos. -¡¿Qué hacías con Ren ahí?!- Ella lo volvió a empujar, logrando esta vez que quedara recostado en la puerta de la habitación.
-Pilika…- Kiyomi no sabía que rayos pintaba allí, pero por lo menos quería intentar ayudar. Sostuvo a su amiga del brazo mientras le susurraba algunas cosas al oído que pensó podrían tranquilizarla y sacarla de ese estado de desequilibrado. Pilika respiró profundo antes de soltar un gruñido brutal.
-Pilika, vamos a hablar de esto después.- Pausa para señalar a su habitación. –Espérame en tu habitac—
-¡NO! ¡Yo no quiero hablar contigo de nada, ¿oíste?! ¡DE NADA!- El muchacho víctima de los gritos abrió los ojos grandemente, pero no le respondió. Sabía que su hermana estaba destrozada y él tenía parte de culpa.
No, no tenía toda la culpa. Todos allí sabían que Ren no quería nada con la pequeña Pilika, ella era la única que se hacía ilusiones bobas, basadas en un simple y absurdo concepto escolar.
Pero le dolía verla así, con el rostro completamente rojo, húmedo por las lágrimas y arrugado por la furia; pero ya no podía seguir esperando a que a ella se le fueran las ganas de tener a Ren para que él pudiera, recién, intentar dar el primer paso. No, ya había sido muy tarde para pensar en eso.
-Pilika…- Intentó de nuevo pero ella gimió de dolor otra vez. Kiyomi la jalaba hacia su habitación con pocos resultados, ya que la chica se resistía. –Escucha, lo siento mucho pero no…-
-El no tiene porqué esperar a que tú le digas con quién salir.- Todos quedaron en silencio ante aquellas palabras. Ren había salido de la habitación ya vestido y con ganas de expresar su manera de pensar y, además, defender al bonachón de su novio. La hermana los vio y ¿qué? Demonios, a veces sentía que se ahogaban en un vaso con agua. Volteó a ver a Horokeu. –Me voy.-
«ғlowerѕ»
Ya habían pasado casi un par de horas desde la media noche. El frío que llegaba con un poco de arena y olor a mar se había intensificado, además de disminuir unos tantos grados más desde que llegaron. No había luna alguna, hace tan solo unos días que había pasado el último cuarto menguante y era seguro que ya mañana verían otro lado de la luna. Pero ahora el cielo era hermoso como estaba.
Hao suspiró haciéndose notar. Su acompañante se removió entre sus brazos sin causar mucho alboroto.
-¿Qué sucede?- Le preguntó sin verlo.
-Uhm…- Pausa para sonreír. –Nada.-
Entonces, le dieron ganas de acercarse más a él, sintiendo con más claridad como era que sus cabellos verdosos le rozaban el rostro. Instaló sus labios en su mejilla, la cual empezó a besar con una lentitud casi desesperante. Lyserg rió al tiempo que sentía como ese par de brazos que lo abrazaban lo apretaban más que antes.
-Ya…- Le reclamó, contrayendo los músculos de su cuello. Aquellas caricias habían provocado cosquillas exactas que lo hicieron reír un poco. Sin embargo, el aludido no se detuvo en su labor. –Hao, ya.- Volvió a decir, pero lo único que consiguió con su falta de autoridad fue tener al pelilargo sobre él, en el asiento trasero de su auto descapotable, presionándolo con su propio cuerpo.
Ambos habían decidido ir a dar un paseo por la playa esa misma noche, ya que ambos salían de clases bastante tarde. No se habían visto desde hacía muchos días por causa del viaje que tuvo que realizar Lyserg con su clase de la universidad. Había regresado justo ayer y Hao no se le había despegado desde entonces. Perdió algunas clases, pero todo estaba bien, ¡lo valía!; quizá había sido un pesado, pero era lo que había y, al parecer, al muchacho de cabellos verdes no le molestaba en absoluto. Además, durante toda la ausencia del inglés, Hao Asakura se autoproclamó en depresión crónica, de verdad.
-Hao…- Le llamó sin mucha fuerza, viendo como aquella cabecita castaña se inmiscuía entre sus cabellos y cuello nuevamente. Sonrió de repente ante un ronroneo expelido por su novio. –Oye, que lindo.- Y rió un poco ante su comentario.
Fue allí que Hao se incorporó, mirando fijamente los ojos verdosos de su acompañante. Parecía que brillaban un tanto y la combinación que hacía con esa sonrisita de lado era realmente digna de ver. Fueron tres segundos exactos en los que se miraron sin interrupción alguna, estando el Asakura sumido en medio de sus pensamientos, hasta que el más pequeño de los dos se levantó de golpe para capturar los labios del pelilargo, aburrido de ser nada más que pieza de observación.
Al separarse, Lyserg lamió con delicadeza los labios entreabiertos de su novio, el cual no había dicho nada hasta el momento. Lo quedó mirando nuevamente, en silencio, como hace apenas unos segundos. El aludido lo notó y elevó una ceja al momento de alejarse.
-Explícate.- Dijo, sentándose bastante cerca. Tomó una de las manos de Hao y la entrelazó con la suya, esperando que aquel calor que le trasmitía fuera de alguna ayuda o, simplemente, le gustara. –Amor, ¿qué sucede?- Esta vez, su voz había bajado de tono, denotando así que le preocupaba su estado de eterno mutismo.
-Yo…- Pausa para chasquear la lengua. –No lo sé, solo me quedé pensando.- Y, para completar esto, rascó la parte trasera de su cabeza con su mano libre. Lyserg, por su lado, se acercó al cuello ajeno y lo besó cortas y repetidas veces. Hao sonrió ante aquello. -¿Sabes? Pensaba en Horo Horo y Ren.-
-¿Ah?-
-Si. Sucede que al verlos ayer sentí una cosa…-
-¿Ah?-
-¡Oye, oye! ¡Tranquilo que arruinarás el timbre, Ren!-
Yo volteé a verla después de dejar el pobre botón en paz. Mi amiga rubia respiraba algo rápido y no era para menos: la había traído prácticamente arrastrando hasta acá y debo decir que soy un poco tosco cuando estoy algo desesperado.
Si, algo. ¬¬
-¡Bien! Pero entiende mi situación.-
-¡Pues te recuerdo que no sé porqué rayos hemos venido hasta aq-- Pausa para que la puerta se abriera con velocidad normal, dejando ver a un asustado Yoh. Al parecer, era la primera vez que le sucedía que un sujeto extraño viniera a atacar su timbre sin razón alguna.
Al diablo, qué importa.
-¿Todo bien?- Ambos asentimos sin decir nada. Hubo un ligero silencio entre que nosotros respirábamos y la puerta se abría por completo. –Pasen, chicos.- Yo avancé al momento que se hizo a un lado. Sabía que Anna se quedaría besuqueándose con el castaño mientras yo buscaba a mi motivo con patas. Estaba bastante ansioso por todo eso y, la verdad, lo único que quería era verlo.
Llegué hasta la sala con solo tres zancadas y, para mi desgracia, solo observé una cabeza castaña y otra verdosa. Ambas voltearon a verme al instante que puse un pie en la alfombra negra que tapizaba ese pequeño espacio del departamento.
-¡Vaaalla!- Soltó Hao de repente. Yo fruncí el ceño ante su actitud de chico irónico. –Pero si es Ren, "el ansioso".- Dibujó con sus labios y dedos, ya que aquellas comillas, aunque convenientes, no me parecían para nada cómicas. Y, bueno, risas, muchas risas brotaron de su garganta como espuma de cerveza de máquina.
Aja, bien, se estaba divirtiendo a costa de mi mala regulación de nervios y, siendo sincero, no me molestaba…tanto como para ir a sacarle los ojos con el par de pulgares que me dio la Madre Naturaleza.
Sorbí por la nariz como técnica de relajación.
-Siempre metiendo el dedo en sopa ajena, ¿verdad, Hao?- Solté, sarcástico como suelo ser en situaciones de medida tensión. Me pareció elegante de parte de Lyserg que no participara en nuestra "madura" riña, ya que, particularmente, me hubiera destruido en su lugar. Pero bueno, que importa.
Ahora, ¿dónde mierda está el cabeza de—
-Ren.-
Ah, ahí está. Tan lindo y sonriente como siempre.
Yo me giré a verlo, descruzando los brazos y suavizando la expresión de odio que Hao me había obligado a portar. En fin, dejando ese asunto de lado, puedo decir, ahora, que nunca antes en mi existencialista vida tuve tantas ganas de abrazar a alguien, de sentirlo cerca y que me apretara contra él aunque aquello me cortara la respiración. Pero era de verse, y sentirse, que su manera de abrazarme era, definitivamente, única: sosteniendo mi cabeza, apuntando con eso a que yo era más pequeño, y rodeando mi cintura, jugando con sus dedos con el borde de uno de los bolsillos de mis pantalones.
Demonios, era, indiscutiblemente, un muy sutil afrodisíaco, uno bastante amoroso. Cerré los ojos al sentir como sus dedos se enredaban en mi cabello…
-No sé porqué, pero siento como si no te hubiera visto en días, Ren.-
Yo sorbí por la nariz sin motivo alguno.
-Yo también, yo también.-
«ғlowerѕ»
-Oye, no me dijiste porque se regresaron antes del viaje.-
-Claro que lo hice.-
-Bueno, pero no entraste en detalles, ¿me explico?-
Lyserg miró de reojo como era que el conductor de turno, el cuál era su novio, empezaba con las preguntas de rutina que no gritan otra cosa que "¡Si, soy un celoso de mierda, ¿qué esperabas?!" o algo que iba por ese rumbo. Permaneció en esa posición durante unos segundos más, esperando ansioso a que Haito se dignara a verlo, aunque fuera un instante, mostrándole aquella mirada tranquila que siempre tiene. A veces, eso lo hacía sentir como si estuviera con alguien de entera confianza, alguien que no necesitaba saber de más para entender.
Respiró hondo y arrojó el lote de aire caliente al vacío. Quien lo acompañaba por fin lo observó. Suerte que les tocó luz roja, por lo cual logró parar y girarse por completo a ver al verdecito.
-Bueno, cuéntame.-
El aludido lo miró de inmediato y vio esa sonrisita tierna que no había visto desde que jugó Poker con su primo de 10 años. Entonces, tuvo que enarcar una ceja y preguntarse si es que aquella curvatura de labios le quería decir algo, así como la de su primito le decía "Ja! Perderás y aún te esfuerzas, idiota…".
-¿Hay algo que quieras decirme?- Le preguntó. Hao parpadeó ante la pregunta hecha y, la verdad, no entendía esa repentina actitud. ¿Estaría enojado?
-Uhm, nopo.-
-¿Seguro?-
Hao rió un poco, su niño ya parecía Horokeu con toda esa inseguridad sin pies ni cabeza. Fue allí que besó su frente como darle mayor peso a su respuesta, la cual era simple y sincera.
-Si, estoy seguro.-
-Bueno, pero aún siento que me ocultas algo.-
-Aich, como eres pesado.- Le dijo y, además, puso primera y arrancó el auto. La luz ya había cambiado y quería evitarse la bocina de algún conductor apuradito. –Ya te dije que no es nada, solo soy… algo chismoso.- Y sonrió como suele hacerlo cuando no tiene mayor culpa.
En sí, Hao no veía la razón por la cual Lyserg se sentía uno de los más desentendidos en este tema, él sólo quería saber detalles divertidos, molestos, interesantes, de esos que hacen de los viajes algo especial. Nada más. No era como si fuera el novio posesivo que huele hasta el último rincón del cuerpo de su pareja para saber si le miente o algo así.
De acuerdo, debía reír porque la imagen de él oliendo a su novio SI era bastante divertida.
-¿Qué es lo gracioso?-
-Ah, nada, nada.- Contestó restándole importancia al asunto. –Oye, tengo hambre…- Canturreó en tono quejoso. Lyserg rodó los ojos. -¿Mc Donalds?- Preguntó con una sonrisa enorme en el rostro esperando a que la respuesta que esperaba fuera la misma que su pregunta.
Por su parte, el joven inglés sonrió de lado y asintió sin mayor problema. ¿Qué? Mencionen a alguien que no le guste ir a Mc Donalds. Exacto, ese alguien no existe. Ahora, ¿quién le ha quitado lo divertido a coleccionar los muñequitos de aquella cajita infeliz? ¿Lo ven? Nadie; y Hao era de aquellos que no temía comentar que su colección era la más grande del estado.
-Bien, vallamos.- Dijo Lyserg mientras acariciaba un poco la rodilla de su novio. Este sonrió nuevamente. –Por cierto, ¿cuántos muñecos te faltan?-
-Solo dos; obligué a Horokeu y Yoh a comprarse la cajita la semana pasada.- Pausa para oír la ligera risa de Lyserg. –Aunque en realidad compramos tres cada uno. ¿Sabes? Esas cosas te hacen realmente infeliz.-
-Ja, ja. Lo sé, las odio.-
-Pero la comprarás por mí.-
-Siempre lo hago, ¿no?-
-Eso demuestra que me amas.- Comentó. Lyserg sonrió sin decir nada. –Mueres de hambre para hacerme feliz. Eres tan tierno, Ly.- Canturreó nuevamente. Risas de su contraparte.
-Si, bien, lo que sea.- Y, sin esperar a que el castaño dijera algo, se acercó a él para besar su mejilla y, seguidamente, su cuello. Se encargó de este unos cuantos segundos hasta que percibió las brillantes luces del establecimiento al cual entrarían. El conductor apagó el motor y, antes de siquiera poder tocar el seguro de la puerta, sintió un fuerte jaló en su cuello que lo llevó a quedar pegado a los suaves labios de su adorable muchachito. Este apretó sus manos en su cuello mientras lo obligaba a arrimarse más hacia él y, así, provocarlo sin querer queriendo para que sus manos, por fin, se inmiscuyeran hasta debajo de su chaqueta y camiseta.
Como siempre, el aire desapareció de sus pulmones y se separaron. Ambos vieron al otro lamer sus labios para descartar los rastros de saliva producto del profundo beso compartido.
-Pidamos para llevar…- Pausa para lamer con determinación ese par de labios cerrados que tenía frente a él. El dueño de estos tan solo movió sus manos hasta los cabellos verdosos ajenos. -¿Si?-
-Lo que quieras.- Contestó. El otro sonrió y aflojó su agarre. –Vallamos a casa.- Y se separaron. Hao desaseguró las puertas y ambos bajaron para entrar al restaurante abierto las veinticuatro horas del día.
-Oye, ¿Yoh salió con Annita?-
-No lo sé, pero supongo que si.-
De pronto, escuchó a su novio soltar un murmullo. Volteo a ver cuál era la expresión a adivinar ahora.
-¿Qué?-
-Nada, nada.- Sonrisa de su parte. –Pensaba en que…- Y abrazó a un confundido pero sonriente Asakura. -Bueno, si no está, igual es mejor así, ¿no?-
-Entonces, ¿quieres estar seguro?-
-Tal vez.-
De acuerdo, aquella miradita deseosa que presentaba cierto brillo singular era algo que no podía dejar pasar así no más. No eran muy seguidos los momentos en que Lyserg pasaba de jovencito responsable y adorable de 19 años a muchacho decidido y con ansias de comerse a la cosa excitante que tenía por novio.
Y fue por eso que Haito Asakura tornó su expresión de sano deleite a una de dudosas intenciones. Su cerquillo quedaba genial con ese guiño extraño.
Ja, ja. Maldito narcisista de mierda…
-Bien, llamaré.- Dijo y, al instante, sacó su móvil para marcar el número de su hermano. Este no tardó en contestar. -¡Hermanito!- Saludó animoso, pero su cara cambió al instante. -¿Qué te pasa?- Y enarcó una ceja. Genial, estaba de mal humor y eso era raro. Yoh JAMÁS se enoja porque es… ermm… ¡Yoh! -¿Por qué?-
Lyserg lo observó con intriga pintada en la cara. Si bien le preocupaba el gemelo de su novio, también pensaba en que su noche 'especial' sería arruinada. Hizo una mueca, pero no grosera, una mueca de derrota.
-Ah, bien, comprendo.- Pausa para asentir y chasquear la lengua en señal de resignación. –En McDonalds, ¿quieres algo?- Hao asintió de nuevo y, finalmente, sonrió. –De acuerdo, maldito glotón. Si, adiós.-
-¿Qué sucedió?-
Hao suspiró al mismo tiempo que guardaba su móvil. Lyserg apretó el abrazo cariñosamente.
-¿En resumen?- Asentimiento. –Volvió a discutir con Anna, la pesada. Quiso arreglar la discusión que tuvieron ayer sobre su viaje de curso y ella lo mandó al diablo.- Lyserg abrió un poco la boca como queriendo decir algo, pero no salió nada de su garganta. Hao afirmó la idea sintiendo nuevamente.
-No sé, pero esta situación se me hace bastante conocida…-
- ¬.¬ -
-¡Bueno, está bien!- Dijo el peliverde, observando su reloj luego de eso. –Son casi las dos de la mañana y quizá sea bueno que le hagamos compañía.-
-Cierto, muy cierto.-
«ғlowerѕ»
Autora.
A ver, si, ya sé que debo ir primero con una explicación lógica y que les complazca. Jaja Bien, si dije que este sería el último capítulo fue porque pensé que lo sería, pero pasaron cosas en mi mente que me hicieron ver que este no era el indicado, ¿por qué? Pues porque aún faltan cosas por decir, aclarar y describir. No recuerdo muy bien quién fue la que dijo que no creía que este fuera el último capi porque era obvio que faltaban cosas y dudaba que lograra suceder. Entonces, me dije: "Veamos, amo el HHxR y este fic se centra en ellos; pero amo el HxL y SOLO HAY TRES LINEAS! TOT" Carajo, debía corregir aquello, así que incluí una escena akí y otra allá. Era claro que faltaba la actuación de Hao, así que ya ven.
Quiero disculparme por las que están a punto de formar una comitiva bizarra para venir a buscarme y degollarme en el acto. TuT Perdón, pero así están las cosas y a ver qué les parecio. n.ñ
Y para las que querían más xD pues, ¿qué les digo? Habrá más de lo esperado, pero no falta mucho para el final, lo juro. ¡Esta vez si es un capítulo más! xD
¡Ah! Y solo porque si (jaja…) Tengo un blog que al menos sé que Omi-chan lee y Sofi y…weno, dudo que tenga cosas muy interesantes, pero ahí está xD
http://junysta0. pasar a leer "For my Eighteen"! jeje
¡GRACIAS X LEERME!
Flowers © Juny S. Tao
