º Flowers º

(Flores)

Autora: Juny S. Tao

Fecha de Término: 02 de Julio de 2007

Contenido: Yaoi

Parejas: HorokeuxRen, HaoxLyserg, YohxAnna

Advertencias: Lemon… a la mitad. :3 (Para más información leer las primeras notas y las notas finales de autora, pliz u.u) Además, tiene un largo de 44 hojas, espero no me odien por eso. o.ó

Summary: Como cualquier persona, Horokeu y Ren son un par de sujetos inspirados en sus propios asuntos. Se conocen¿y qué? Sólo buscan ser algo especial en cierto lugar especial, además, a ambos le gustan las flores. 'Aunque no lo creas, me encantan las flores' 'A mi también'…

¡ÚLTIMO CAPÍTULO! xD Si, por fin está hecho y la inspiración aún me dura para poder hacer, no sé… ¿un epílogo? Ja, ja. Estoy casi segura que lo querrás, ya que el lemon que todos esperábamos (bueno, ustedes en realidad) quedó a la mitad por motivos que verán correctos en cuento lleguen a esa parte. ñ.ñ

Por cierto, agradecería lean las notas finales, de verdad. Hay una mini-encuesta allí. :3

«ғlowerѕ»

Capítulo VI: Escuchando Positivo

-No creí que tú también vendrías.-

Anna sonrió de lado.

-Ren no conoce el departamento, así que guardó su orgullo unos minutos para rogarme que lo trajera.- Relató mientras su novio de cortos cabellos castaños sonreí en tono divertido. Annita le contestó aquella sonrisa con otra de las suyas y, sin más, se acercó a él para abrazarlo un poco más. –No sé porqué, pero la neurosis temporal de Ren me ha puesto un poco… no sé, triste, melancólica o algo de eso.-

Yoh acarició su espalda por unos instantes antes de ubicar su mano en la base de la misma permanentemente. La chica se acomodó mejor en su hombro. De pronto, soltó un suspiro.

-Dime porqué siento que hay algo que no sé.-

-…-

Anna mordió lo que tenía más cerca de sus blancos dientes: la oreja descubierta del muchacho. Este contrajo el músculo de su cuello ante el vil contacto pero se relajó al sentir que la no tan grave magulladura era curada por la suave y húmeda lengua de la chica. Sonrió y la apretó más contra sí.

-Ay, Anna.- Comentó en un suspiro. –Me gustas mucho y cada vez más, lo sabes.-

-Aja, lo sé.- Sonrisa de su parte. –Pero también sé que te excitó, o ¿me equivoco?- Y rió sin esperar respuesta del aludido. Este se sonrojo un poco ante las palabras desenfadadas de la muchacha. –De acuerdo, me callo.-

-Si, mejor.- Y besó su mejilla. Ambos se separaron. –Oye…-

-Dime que me quieres.-

Yoh elevó una ceja ante la petición sin sentido de la rubia. Anna sabía que él la quería, siempre se lo decía. Pero lo extraño allí era el tema del puchero y el batido de pestañas. Se quedó callado al ver aquella actitud un tanto ñoña de su novia, la cual criticaba tales ejemplos de estupidez todo el tiempo.

Fue que tuvo que parpadear confundido. Anna arrugó las cejas en son de pena.

-¿Qué te pasa?- Preguntó dolida. Yoh perdió el habla sin saber porqué. -¿No me vas a complacer?-

-…-

Si, estaba en estado de catatónico. ¡¿Qué le pasaba a su novia¡¿Había cambiado a ser una más del montón¡A él le gustaba que fuera gruñona, directa, cruel, burlona y, sobretodo, original!

Por Dios... Y él que pensaba que lo mandona se le veía sexy.

-Anna, dime que estás jugando.- Pronunció con miedo y los ojos bien abiertos. Tomó de las manos a la sujeta de largos cabellos rubios y, sin perder la expresión, besó su anillo de piedra onix. Ella parpadeó.

-¿Jugando?- Preguntó extrañada, pero sonrió tiernamente al instante. –Ja, ja. Pervertido…- Pausa para golpear la punta de su naríz. –Dime¿a qué quieres que 'juguemos'?- E hizo las comillas reglamentarias.

Yoh, pues, se recostó en la pared. Observando como el cambio había acabado con su poca sensibilidad y su mente abierta. Era un artista que pasaba por su etapa minimalista y que aspiraba a tener su propia escuela de arte. Pero eso no quería decir que aquella etapa por la que pasaba fuera a traerle una novia con el cerebro con las mismas características. Moriría en el acto si es que Anna le preguntara qué color de barniz de uñas queda mejor con sus ojos. ¡Ella no era así!

Bien, respiraría hondo, cerraría los ojos y se daría cuenta que nada de esto estaba pasando. Y lo dijo para estar seguro.

-Annita, cerraré los ojos y, al abrirlos, serás la misma chica antipática que tanto amo¿de acuerdo?- Pausa para respirar hondo y empezar la cuenta regresiva. –Cinco, cuatro, tre—

-¡¿Cómo que antipática, eh?!- Pausa para propinarle un golpe directo en el otro brazo. Yoh tuvo que soltar su primer brazo herido por obligación a tener que cuidar del otro.

Annita…- Murmuró entre dientes, aguantando el punzante dolor que le había provocado la fuerte mano de su novia. Pero era feliz, sip. –Espera… Espera un segundo.- Le dijo, conciente de que la niña rubia no se quedaría quieta a verlo sufrir a un nivel moderado, aquello debía pasar al nivel exagerado. Pensar en que eso pasaría lo ponía de vuelta a la realidad, feliz como siempre.

-Bien, no te romperé los dedos, tranquilo.- Declaró con las cejas rectas y la mirada seria. Se cruzó de brazos y, por fin, soltó su sonrisa de lado. Si, aquella que la hacía ver tan astuta. Yoh sonrió aún más al ver esto. –Por lo menos, ahora estoy segura que decías la verdad cuando dijiste que no te gustaban las ñoñas.-

-No, no me gustan las ñoñas.- Afirmó, sobando por última vez su brazo izquierdo. -¿Porqué hiciste eso? Me asustaste…-

-No lo sé, fue divertido.- Le contestó al tiempo que colocaba una expresión que apuntaba a la sobredosis de ternura que empezaba a experimentar Anna, y eso implicaba el puchero que formaba en sus labios para recibir un besito corto. El muchacho frente a ella se lo concedió y la abrazó, sintiendo, de nuevo, que ella era la muchacha perfecta para él. –De acuerdo, aún siento que hay algo.-

Yoh suspiró. Aún no podía creer lo perceptiva que podía ser Anna.

Miedo.

-¡Bien!- Habló. Se separaron. –Hay algo que no te dije.- Fue allí que Anna elevó una ceja. Ya, quería adivinar e Yoh, como siempre, la dejaría.

-¿Estás casado?-

-No.-

-¿Tienes un hijo no reconocido?-

-Claro que no.-

-¿Te acostaste con otra u otro y no me lo dijiste?-

-¡No!- Exclamó de inmediato. –No te engañaría.-

-Ah, que bueno; pero te abría perdonado si es que la o el implicado estaba bueno.- Sonrisa suya. El muchacho de cabellera castaña rodó los ojos. –De acuerdo, mejor dime de qué se trata. Será aburrido adivinar, ya que presiento que no es nada inmoral.-

Yoh rió ante lo dicho. Si, Anna era la perfecta novia, de verdad.

-Bueno, si bien no es nada inmoral, es algo que creo que te molestará oír.-

La rubia lo observó por unos segundos antes de parpadear.

-¿Vas a dejarme?- Preguntó con cara inexpresiva, sin parpadear ni mover un músculo siquiera.

Ambos estaban en la habitación del chico desde hace apenas unos minutos y, ahora, Yoh la llevaba a tomar asiento al sofá pequeño que tenía en su ligeramente ordenada habitación. Habían lienzos, frascos de pintura, hojas y cualquier implemento de artista que se les ocurra, pero ni un solo rastro de ropa sucia tirada. En fin, lo importante era lo que el Asakura menor debía decir.

-Vamos, dime¿vas a dejarme o no? No tengo todo tu día.-

-Por Dios, Anna.- Habló con voz cansina el muchacho. Tomó las mejillas planas de la muchacha y la atrajo hacia él para besarla de manera profunda, esperando que aquel contacto se prolongara por lo menos a un par de minutos estirados.

Terminaron por tenderse sobre el pequeño sofá en el que estaban, él sobre ella, besándose sin detenerse a sentir el aire escapar por agujeros perdidos. Duraron un poco más antes de abrir los ojos y respirar largamente sobre el rostro del otro. Fue entonces que Yoh le habló.

-Te amo¿bien? Y en lo que a mí respecta no pretendo dejarte.-

-…- Anna le respondió aquellas palabras con un abrazo muy fuerte. –Te creeré, pero si eso sucediera me convertiría en una ñoña que llora como si el mundo fuera a acabarse.-

-No te preocupes, sabes que no me gustan las ñoñas.- La muchacha aflojó el agarre para verlo sonreír y para que él viera que una lágrima había escapado por entre sus pestañas. –No llores, no voy a dejarte nunca.-

-Yo no lloro, Yoh.-

El sonrió. Ciertamente, ella no lloraba.

-Es cierto.-

-Dime que es lo que no me has dicho.-

El respiró hondo antes de hablar.

-Tomaré un viaje de tres semanas al sur del país; tenemos un proyecto que desarrollar.-

-…-

-¿Qué?-

-¿Lo ves? Vas a dejarme.-

«ғlowerѕ»

No podríamos decir que era un día común y corriente porque, si se tratara de uno de ellos, hubiera amanecido con un sol resplandeciente, nubes esparcidas por todo el firmamento y el cantar de los pajarillos en el ambiente, como si fuera música de fondo. Sin embargo, esa nueva mañana, así como la de ayer, se había tomado la molestia de testear los ánimos en la casa Usui antes de aparecer. Ciertamente, era un amanecer flojo, frío, casi palpable; porque, cuando se trata de uno con lindas características, se siente casi etéreo, y Horokeu Usui fue uno de los primeros en sentirlo así.

Las típicas mañanas en las que se levantaba con rapidez para darse un baño no eran iguales a la de ese día. El muchacho suspiró con pena al notar que su ánimo no mejoraría; ya se había levantado de la cama después de casi unas tres horas de divagar en silencio y el verse al espejo casi lo hace llorar. Su imagen era, realmente, deprimente.

Olvidó que había encendido la televisión para distraer su aturdida mente de todo lo que había pasado hace dos noches, pero ni siquiera funcionó el hecho de tener una moderada colección de videos. Suspiró por tercera vez desde que salió de su baño personal en el que había logrado opacar un poco su falta de horas de sueño con ayuda del agua fría de la regadera.

-Debo hablar con Pilika, pero…- Se dijo, al tiempo que se colocaba una camiseta encima. Detuvo sus acciones al terminar de concretar la idea que tenía en la cabeza. La gestó como un problema que podía tener solución, pero, ahora que veía que los contras venían en una lista mayor que los pros, se asustó un poco. –Santo cielo…- Y cubrió su rostro cansado con sus manos, llegando hasta su cama sin siquiera proponérselo. Cayó en medio de esta, sobre sus almohadas, y cerró los ojos.

Aún era moderadamente temprano. Serían las ocho de la mañana y él no tenía otra obligación que no fuera ir a la florería. Nada de clases hasta la tarde. Su madre salía temprano al trabajo mientras que la pequeña Pilika salía casi a las ocho. Si, tenía un estúpido permiso especial que le permitía llegar un par de horas después de la hora reglamentaria. Pensó que era injusto e innecesario, pero de verdad era de gran ayuda en el establecimiento si lo pensaba con profundidad.

Bueno, eso no importaba ahora; además, ella ni siquiera estaba en casa. Rayos, quería, de verdad, arreglar las cosas con su hermanita; llegar a un acuerdo que fuera justo y dejara a las dos partes satisfechas; sin embargo, viendo y sintiendo la magnitud del problema, sería difícil encontrar una solución que implicara el hecho de que Ren se quedara con él.

Se dio vuelta en la cama hasta quedar boca abajo, se acomodó hasta que su cabeza quedara escondida entre sus almohadas.

De pronto, escuchó que alguien tocaba la puerta de su habitación. Se extrañó, ya que su madre se iba antes a las seis de la mañana siempre.

-Está abierto.- Habló, levantándose para ver el rostro de quien lo buscaba. Se quedó mudo y tieso al ver a la niña de cabellos azules entrar y cerrar la puerta de su habitación. Vestía ropa común y traía los cabellos sueltos. –…-

-No pude dormir nada de nada.- Dijo ni bien se acercó hasta la cama de Horokeu. Tomó asiento en el borde y se cruzó de piernas. –Incluso hoy me la pasé llorando hasta que quedar seca¿sabes?-

Él no podía decir nada. No era necesario escuchar sus explicaciones, aún se notaban en su blanco rostro la evidencia de su profuso llanto: los ojos rojos, hinchados, las mejillas rojas y los labios secos, algo cuarteados por acción de sus dientes. El muchacho tragó saliva porque, el verla así, le hizo sentir como si hubieran sido sus propias manos quienes hicieron tales estragos en ella.

-Pero hace unos minutos estuve pensando y me di cuenta que necesitaba una explicación.- Y, por fin, después de mantener su mirada oculta tras su cerquillo despeinado, elevó su vista a lo que parecía ser la cara decaída de su hermano mayor. Al parecer, tampoco la estaba pasando de lo mejor. Lo vio suspirar de repente.

-…Es verdad.- Le dijo. Esta asintió. –Tampoco pude dormir y, lo que es peor, ni siquiera pude desahogarme como tú lo hiciste.-

-Como si lo necesitaras.-

-¡Claro que lo necesitaba!- Exclamó ante la mirada indignada de su hermana. Se acercó un poco más a ella, pero esta se levantó y quedó recostada en el armario que se mantenía cerrado. –Pilika, aunque no me creas, me siento muy mal por lo que pasó.-

-Claro que te creo.- Le dijo, lo cual confundió al chico. -¡¿Cómo no vas a sentirte mal después de que los descubrí, eh¡Era obvio que no pretendían ser vistos!- Gritó y, junto con sus gritos, una solitaria lágrima caminó despacio por su mejilla. Ella no la sintió.

-De acuerdo, pero no grites.- El peliazul se sostuvo la cabeza unos instantes antes de expeler un bufido. Le dolía la cabeza y los gritos de la chica no estaban ayudando para nada a detenerla. Terminaría aquello de una vez. –Escucha, Pilika, ambos tenemos parte de culpa y--

-No, los tres. Recuerda que era a Ren a quien pretendías comerte.- Comentó con bastante hostilidad en la voz. Apretó los dientes al ver, de nuevo, aquella imagen aparecer en su mente en cuanto cerró los ojos durante un par de segundos. Horokeu frunció el ceño ante sus palabras. –Dios mío…- Pronunció entre dientes, arrugando las cejas. -¡Y es que aún no puedo creerlo, hermano!- Y su rabieta se hizo presente.

-¡Ya basta¿si?!- Exclamó él. -¡Estás dolida, lo entiendo, pero te estás tomando las cosas muy a pecho!-

-¡No es cierto, hermano¡¿Ustedes se burlaron de mí y dices que me tomo las cosas muy a—

-¡No nos burlamos de ti, Pilika¡Entiéndelo!- Ella se detuvo ante el grito casi desesperado de su hermano y cerró la boca antes de poder soltar una sílaba más. Horo Horo se acercó a ella y la tomó de los hombros con firmeza. –No te dije nada porque sabía cuál sería tu reacción.- Pausa para moverla un poco, obligándola a levantar el rostro. –¡Madura de una buena vez y comprende que ese chico no era para ti!-

Ella arrugó su expresión y apretó los ojos, tratando de detener la nueva carga de lágrimas que venían en camino. Sintió sus labios temblar y, sin quererlo, emitió un gemido de pena.

-Si lo era…- Prorrumpió con voz quebrada, incapaz de alzar la voz estando en tal contexto. El muchacho que la tenía presa aflojó un poco la presión en sus manos y se dedicó a ser un poco más tierno con su hermana. Entonces, ella prosiguió con su miserable discurso. –Ren Tao me gusta desde que entramos a preparatoria, hermano, ya no sé cuántas cosas hice para que se fijara en mí…- Pausa para sorber por la nariz. –Pero nunca¡nunca es su maldita vida me sonrió siquiera¡Lo odiaba por no hacerme caso, pero lo amaba al mismo tiempo!- Horokeu soltó por un segundo sus hombros al escucharla gritar aquella primera frase. De repente, ella sonrió de manera melancólica. –Lo único que lograba con sus desaires era obligarme a que me gustaba cada día más…-

Horo Horo se quedó quieto, escuchándola hablar en medio de todos sus sollozos de niña inmadura. Entendió muy bien a qué se refería, él mismo había pasado por lo mismo pero no había sido por mucho. Se había fijado en ese muchacho de ojos claros mucho antes de siquiera intercambiar un saludo con su persona. Por primera vez en su entera existencia, había sentido lo que las alocadas muchachas de su curso llaman mariposas en el estómago. Si, su mente se había confabulado con su corazón e intestinos para hacerlo sentir mareado y agitado, además de sentir unas cosquillas irrefrenables, todo al mismo tiempo. Sin embargo, esos absurdos síntomas quedaron en el olvido en cuanto Ren le había demostrado que también le gustaba al salir él mismo a recibir las flores para su madre y, luego, quedarse conversando con él un tiempo considerable.

Suspiró resignado a tener que acallar con mimos el sufrimiento de su hermana. Ya no era cuestión de conseguir su perdón, era cuestión de que sintiera, al abrazarla, que él estaba arrepentido.

-¡Ren, espera!-

-No, será mejor que me valla.-

Sin embargo, la muchacha de cabellos largos se adelantó a sus pasos comunes y quedó frente a él, cortándole el camino. Ren se detuvo y, con ambas manos en los bolsillos, le habló.

-Pilika, no voy a decirte nada de lo que quieres oír.- Empezó. Su voz era simple y clara; nada la trababa en su garganta. –Ya te dije que tu hermano puede hacer lo que se le dé la gana sin tener que pedirte permiso.- Pausa para sentir que la chica empezaba a llorar con más fuerza de nuevo. El chico rodó los ojos antes de poder seguir con su camino, pero, al avanzar con el primer paso, ella lo haló del brazo con mucha fuerza, logrando que cayera en medio del pasadizo.

-¡¿Cómo puedes decirme eso, idiota?!- Le gritó. -¡¿Cómo siquiera tienes cara para decirme todo eso?!-

-¡Yo no necesito de ninguna cara para decirte la verdad¡Yo jamás tuve ninguna obligación contigo, Pilika Usui!-

-Pero me invitaste a salir esta tarde¿ya lo olvidaste?- El aludido bufó con fuerza y se acomodó en el pequeño lugar del piso en el que se encontraba. Ella lo miraba con dolor y sus cejas caídas le decían que estaba entrando en la conocida etapa de la depresión por abandono. -¡Dime que no lo hiciste porque sentías algo por mí!-

-¡Claro que no lo hice por eso¡Tu no me gustas, niña, jamás me gustaste!-

-¿…Qué?-

Por su parte, Kiyomi veía toda la escena de gritos contra gritos desde unos metros atrás junto al hermano de su mejor amiga, quien ya iba por el tercer intento de querer ir hasta ellos. Por supuesto, ella no lo dejó ir. Aquellos dos debían aclarar las cosas de una buena vez.

-Como lo oyes.- Y, por fin, se levantó del piso de un salto. –No te invité a esa cita porque me gustases¡lo hice para vengarme por obligar a MI NOVIO a salir con tu amiga!- Exclamó auto señalándose. La chica retrocedió unos pasos. -¡¿Por qué lo obligaste¡El no es ningún muñeco con el que puedes hacer y deshacer!-

-¡Yo no lo obligué!- Le respondió ella con algo de inseguridad después de mirar de reojo a su hermano. –Lo hizo para ayudarme…- Ren respiró hondo mientras ella hablaba.

-Claro que lo hiciste.- Dijo Ren, haciendo una mueca de desagrado. De verdad, hablar con Pilika le ponía los nervios de punta. ¡Ya quería largarse! –Él es muy bueno contigo, tanto que me desespera.- Pausa para mirar de reojo, también, el muchacho en cuestión. –Pero¿sabes qué? Acepto que tape todas tus niñerías porque lo amo¿escuchaste¡Lo amo y NO quiero perderlo!-

Pilika se sobresaltó al oír eso último. Ren no había dudado en apuntarla varias veces, incluso empujarla un poco, y mucho menos había dudado en gritar sus sentimientos por su hermano frente a su cara después de que los vio a punto de acostarse. Él permanecía firme, serio, decidido en hacer que cada una de las letras que salía de su garganta entrara por sus oídos y se quedaran dentro de su cabeza, atormentándola, con el único objetivo de que entendiera, de una vez por todas, que Ren Tao se quedaría con el único Usui al que verdaderamente quería y ese era su hermano mayor, no ella.

Valla suerte, si, suerte que llegó tarde o, mejor dicho, nunca llegó. Ahora si podía decirse la persona más miserable del planeta, pero también la más mortificada de todas, ya que se obligaba a sufrir sabiendo, perfectamente, que todo aquello no tendría un bonito final.

Respiró con fuerza, mucha fuerza, haciendo que sus dientes se apretaran entre sí y su ceño doliera. Emitió un agudo grito antes de levantar una de sus manos y propinarle una imponente cachetada al muchacho de ojos dorados. Este giró el rostro al verse sorprendido por el golpe, pero lo regresó a su sitio en cuanto terminó. Observó de reojo a la chica peliazul antes de sonreírle de lado.

-¡Lárgate, Ren, lárgate de aquí!- Le gritó apuntando hacia las escaleras de casa. Este se quedó quieto. -¡No quiero volver a verte en lo que me resta de vida¿entendiste¡Ni a ti ni a la zorra de tu amiga¡Lárgate!- Y no se calló hasta que sintió los brazos de su amiga empujarla hasta su habitación, la cual estaba abierta y no se encontraba lejos de su punto de encuentro con Ren. Kiyomi logró hacerla entrar allí en medio de intensos sollozos que se oyeron incluso con la puerta cerrada.

Un poco balanceado silencio se hizo presente en aquel corredor. Ren elevó una de sus manos para frotar el lugar del golpe al mismo tiempo que el mayor de ellos se acercaba hasta él. Lo abrazó contra su pecho sin pensarlo dos veces, siendo Ren quien se dejase hacer. Se sentía cansado y molesto, muy molesto; sin embargo, los brazos y las recientes caricias en su espalda aminoraban esa presión que sentían en medio de su pecho.

-Te acompañaré a tu casa.-

-No te preocupes.- Le dijo al mismo tiempo que se separaba de él. –Además, quiero estar solo un rato; me duele la cabeza y no quiero hablar con nadie.- Horo Horo mostró su preocupación al utilizar ambas manos para acunar el rostro de su novio y, así, verlo de frente. Este lo vio a los ojos y, sin más, besó sus labios de manera corta y bastante superficial, solo tocando el exterior. –Nos vemos.-

-De acuerdo, vete con cuidado.- Ren le sonrió antes de empezar a bajar las escaleras. En pocos segundos, ya estaba en el primer piso mientras su novio lo veía desde la baranda. –Oye.- Le llamó. –Te amo¿bien?-

-Bien.- Otra sonrisa. –Sabes que yo también.-

Pilika esperaba por lo que demandaba; una mueca chueca y la mirada fija en la figura de su hermano. Este se andaba moviendo desde hacía más de diez minutos alrededor del cuarto sin tener la menor intensión de detener su mirada en la de su hermana. Esta bufó de manera fuerte.

-Estoy esperando.-

Horokeu se detuvo.

-Pilika¿porqu--

-¡Sólo dime como fue!-

El joven de 21 años parpadeó al verse callado nuevamente, ya había perdido la cuenta de cuántas veces su hermana había osado a levantar la voz sobre la suya, logrando cerrarle la boca. Se detuvo un minuto en sus pensamientos para poder verla: ya había descruzado los brazos mas su postura seguía siendo recta. Apretaba los puños a cada lado de su cuerpo mientras que sus ojos incluían algo más brillo a la escena. ¿Lloraría? Quizá.

Se dejó vencer por aquello. Relajó los hombros al mismo tiempo que pasaba una mano cansada por sobre su rostro.

-Bien.- Empezó. -Ren y yo salimos desde hace más de un mes¿de acuerdo? No tiene nada de extraordinario.- Le habló mientras la rodeaba como si eso le ayudara a hilar mejor sus frases. –Él aceptó salir conmigo cuando se lo pedí y, desde ese entonces, es m—

-Tu novio, lo sé; el sujeto me lo gritó en la cara.-

-…-

-¿Hablaste con él ayer?-

-Oy—

-¿Salieron?- Horokeu elevó una ceja al escuchar la pregunta. –Dime.- Esto último si que había sonado a una buena orden. ¿Qué le pasaba? Ni siquiera su madre le buscaba tal información. Bien, quizá esto ayudó un poco, ya que el sentimiento de culpa que lo obligaba a sentirse como el victimario empezaba a esfumarse, ahora se sentía como la más pobre de las víctimas.

-Pilika, eso no viene al caso.-

Era cierto que le había dicho que podía preguntar lo que quisiera, pero Pilika ya estaba cruzando la raya de lo permitido. ¡Preguntaba cosas tan irrelevantes al problema que…!

En fin. Él respiró con los ojos cerrados.

–Hermano, te hice una pregunta.- Volvió a intentar, esperando que la concentración de su hermano fuera solo para responderle.

Pero se equivocó.

-Si, pero ya fue suficiente.- Ella no dijo nada. –Estas son cosas personales y…-

-Pero dijiste que podía preg—

-¡Si, pero ya fue suficiente!-

«ғlowerѕ»

-¿Tienes hambre?-

-No mucha.-

-Hoy me toca hacer la cena.-

Yo la observé neutro por unos segundos. Annita parecía hablar como siempre lo hacía pero lo que parecía extraño era que esta era una de las conversaciones con menos sentido que había comenzado desde que llegamos a la escuela.

Bien, si ella había dicho eso último para que me asombrara, pues bien, me "asombraré".

Entonces, amplié mi muy mínima expresión a una de total asombro. Ella tan solo atinó a jalarme la oreja como suele hacerlo.

-No te burles¿si?- Yo hice un puchero. ¡Me dolió! A veces, Anna es demasiado ruda conmigo. –Necesito llenar este estúpido vacío con conversaciones sin sentido¿entiendes a lo que me refiero?- Ella arregló un poco su cabello al pasar por un ventanal en el que pudo reflejarse completa. Yo no dije nada, seguía ocupado escuchándola y mimando mi oreja dañada.

Pasé algunos mechones de mi cabello detrás de mi oreja y, fue allí, que hablé con respecto al dichoso tema. Debía hacer algo, ya que la mujer esta no parecía cruzar la línea del perdón y su maldita depresión estaba a punto de reventarme la paciencia.

Pasé un brazo por sobre sus hombros como el buen amigo que era.

-Anna, ya córtala.- Sonrisa mía. Ella me vio de reojo. –Me parece que exageras un poco; sé que Yoh no te dijo nada porque sabía que te pondrías pesada.- Entonces, su mirada se achicó peligrosamente. Pero no, ella no me asusta. –Además¿desde cuándo te resistas a tirarte a un tipo? Por Dios…-

De acuerdo, quizá no debí decir eso por la dureza que implicaba; pero para suerte mía o, simplemente, conociendo el carácter de Anna, ella rió ante lo que dije. Me abrazó por la cintura bastante fuerte.

Suspiró de manera relajante.

-Pregúntame porqué no te golpeo.- Yo iba a abrir la boca pero como siempre me calló. –No, déjalo así que me sé la frase de memoria.-

-De acuerdo.-

-Oye, Ren.- Yo emití un sonido instándola a que continuara. –Pilika nunca llegó a clases.-

-Ah, eso.-

-¿Cómo que 'Ah, eso'?-

-¿Qué tiene una simple exclamación?-

-Que suena a 'recordé que pasó algo y no se lo conté a mi mejor amiga'.- Habló, acelerando sus palabras hasta que estas lograran hacer que su cabeza se moviera un poco. Ja, ja. Me mata cuando hace eso. –Vamos, sé que hay algo.- Y ella tuvo que golpearme en las costillas. ¿Por qué le gustará tanto golpearme? ¬u¬

Ja, ja. Sonó demasiado… ermm…

-¡Oye, eso me dolió!-

Ah, qué importa.

-Si no hablas te dolerá más abajo.- Bien¿qué iba a decir? Exacto: nada. –Ren¿sucedió algo con la loca de tu cuñada?- Preguntó, deteniéndose y, como consecuencia, tuve que detenerme. Desvié la mirada ante la suya… ¡Es que era demasiado demandante!

No pude evitar pasar una mano por entre mis cabellos como siempre que me siento obligado a hacer algo que no deseo. Suspiré como técnica de relajación rápida y la miré. Mi rubia amiga si que estaba dispuesta a sacarme hasta la última gota de verdad que tuviera dentro.

-Mira, no es que haya sucedido algo.-

-¿Entonces?-

-Bueno, no es importante tampoco…-

-Ren, empiezas a parecerte a mi hermano con todas esas evasivas.-

¿Hermano?

-¡Tú no tienes hermanos!- Le recriminé de inmediato. O sea, yo dormía casi el 40 de la semana en su casa y jamás vi a ningún hermano. Ella rodó los ojos con hartazgo.

-Claro que no lo tengo.- Dijo. Era obvio. –Pero, si lo tuviera, sé que sería un mimado de mierda.- Explicó haciendo un par de ademanes frente a mi cara llena de rasgos escépticos.

Cuando terminó de hablar, asentí con algo de ironía.

-Ya, seguro.- Ella se cruzó de brazos. –Yo creo que lo que necesitas es un cachorrito…- Sonrisa tierna de mi parte; bastante falsa claro. Dios, debía abrazarla al decir esto, ya que debía sostenerme en algo para no soltar la carcajada. Anna se mostró confundida al verme hacer eso, incluyendo las caricias complacientes en su cabeza. –Pobrecita, necesitas amor, mucho amor…-

-¡Vete al demonio, Ren!- Y me empujó al tiempo que me mandaba a visitar a su más cercano aficionado. Siempre pensé que, si Anna tenía algún fan, ese era el mismo demonio, y es que ella tenía técnicas geniales. Bueno, yo reí ante la cara de odio que puso; quería matarme por andar burlándome de ella. -¡¿Qué carajos te pasa, idiota?!- Volvió a gritar. Yo me acerqué para abrazarla. Supuse, y sucedió, que me rechazaría, me empujaría y, si podía, me golpearía.

-¡Ya, ya, solo bromeaba!- Le dijo en tono divertido. ¿Qué? Esto fue demasiado divertido. Me miró con el ceño fruncido, sip, pero nada que un beso corto no pudiera remediar. Deshice su puchero con éxito.

Obvio, lo celebré removiendo sus cabellos como cual niña chiquita.

-¡Ya, bestia, deja la joda!-

-Bueno u.u.-

Si, bueno. No tenía más nada que hacer allí así que... 9.9

-¡Hey, hey¿Adónde diablos vas?-

- ¬u¬ -

Maldita aburrición, si no tuviera porqué vivir juro que me cortaría el cuello con el primer objeto punzo cortante que se me atraviese.

Suspiré en medio de mi letargo estado ocioso y cerré los ojos, acomodándome nuevamente entre las almohadas de mi cama. Había apagado mi reproductor de música hace un rato y el silencio del lugar si que se sentía medio pesado.

Mi día, como bien dije hace un rato…

Si no lo dije pues me vale, ahora lo estoy diciendo.

Había sido una pesadilla. Esa mañana no me sentía para nada bien y lo que menos necesitaba era un dolor de cabeza con patas y cabellos azules. Desperté en la cama de mi mejor amiga, arropado debajo de todas sus sábanas limpias. Estaba desnudo y cansado, sentía unas ganas terribles de no despegar mi cabeza de la almohada. Anna, por su parte, ya estaba lista y tan solo le faltaba colocarse las medias y zapatos correspondientes.

Recuerdo que me miró con sorna, esperando a que moviera mi perezoso trasero de su colchón de dos plazas. No le dije nada ante su frase de 'Muévete de una maldita vez, uke desvalido', tan solo le saqué el dedo medio con todas las fuerzas que tenía a las seis de la mañana.

En fin, terminé levantándome, bañándome y poniéndome un uniforme limpio. Si, ya dije que algo de mi guardarropa queda en casa de Anna.

-Esto es un asco.- Me giré un poco y quedé observando el reloj de mi mesita de noche. Aún eran las seis de la tarde y ni siquiera con la excusa de 'ya es hora de dormir' puedo hacer algo como eso: dormir. Si bien tengo muchas cosas que hacer como los deberes, ordenar mi habitación, llevar mi ropa hasta la lavadora y encenderla, comer; nada de aquello me parece lo suficiente divertido como para desperdiciar unos cuantos minutos haciéndolo.

No, tampoco puedo molestar a Anna. Todo el día intentó ocultar su fastidio por causa de su pelea con Yoh y, siendo sincero, me llegaba verla arrojar cosas sin sentido alguno. Le aconsejé, no, la obligué a que pensara en lo que debía hacer con respecto a su novio y, si podía, se alejara de mí por el momento. Sucede que me colmó la paciencia el saber que se habría propuesto comportarse como una completa ninfómana conmigo. Estaba enojada y, cuando ella se siente presionada como resultado de su ánimo, hace cosas absurdas como, por ejemplo, acosarme y enviarme notas bastante subiditas de tono.

Me hizo gracia el 90 por ciento del tiempo, pero en cuanto realicé que pretendía joderme en el armario de limpieza mientras soñaba con que era Yoh, pues no hice más que cachetearla con decencia para que despertara. Ya había llegado muy lejos, así que lo que debía hacer era hablar con el Asakura, arreglar su situación y finalmente "liberar tenciones".

Y, bien, ahora me arrepiento porque me siento la persona más tensionada del planeta y alrededores gracias al 'super' día que tuve gracias a la loca de mi mejor amiga y a la resentida de mi cuñada.

-Y ni siquiera Horokeu me ha llamado…- Era cierto que no esperaba verlo hoy sabiendo el gran problema que representaba Pilika para él, pero sus mensajitos no me llenaban como esperaba. No me había llamado tampoco, lo cual era pe—

Genial, otro mensaje diciendo cuantas ganas tiene de verme, que me ama y etiz. Carajo¡¿qué no se da cuenta que me estoy putrefactando aquí¡Arg¡Sus mensajitos rosas no me excitan como lo hacen sus manos, demonios!

-A ver…- Abrí el mensaje, pensando en mi novio, pero en cuanto lo leí, quedé mudo. –Ya, como si me asustaras, niña.- Y nada, borré el mensaje porque la verdad me importaba un estupendo comino su tan ñoña amenaza. ¡Ja! Pilika Usui si que era ingenua¿cree que me va a intimidar con su 'no te perdonaré nunca por lo que me hiciste, te vas a arrepentir, Ren Tao'? Ay, por favor, mejores cosas me han dicho y, ciertamente, no había sido ella. Incluso, si hubiera usado la frase 'lo pagarás con sangre', no me habría movido ni un nervio.

-Y eso fue lo que sucedió.-

-Qué estúpido.- Comentó mi amiga con una ceja enarcada. Yo afirmé aquello asintiendo con la cabeza. Por cierto, ya había demorado mucho y ya era hora de salir de la escuela. –En fin, creo que iré a hablar con Yoh antes de que me explote la cabeza.-

-Pero ahora de verdad.- Ella me miró. –Porque eso de timbrarle y colgarle al segundo me parece de lo más infantil.- Ella se sonrojó de inmediato en cuanto dije esto. Si, bien, digamos que Anna tampoco ha descubierto la fórmula para ser inmune a la ñoñéz que nos rodea día a día. -Debes ir y hablar con él cara a cara.-

-Debo.- Soltó con algo de inseguridad. Creo que el verbo que pronuncié sonó bastante a ordenanza. Yo apreté sus mejillas.

-Si, debes.-

Y, aunque dudó un poco, cayó derrotada. Arregló su cabello una vez más y suspiró. Yo ya había liberado su rostro.

-De acuerdo, hablaré con el idiota.- Dijo rodando los ojos.

-Así me gust— Me callé. Sip, me callé porque lo que estaba viendo no tiene explicación alguna. Anna se dio cuenta de mi estado porque, además de sentir un tirón, hizo una muy conveniente exclamación.

-Entonces, dime.-

-¿Qué cosa?-

-Ay, Ren.- Y fue allí que me apretó contra su pecho por un par de segundos. Yo me dejé hacer, pero no quise detener el paso en cuanto él lo quiso hacerlo. -¡Rency¿adónde vas?!- Me llamó algo divertido, alcanzándome los metros que había avanzado sin él. Ciertamente, me estaba comportando extraño, demasiado para una salida común.

Dejé que me tomara del brazo y me hiciera girar para así verlo a los ojos. Se veía bastante feliz, sonreía de oreja a oreja.

-¿Me vas a decir porqué me fuiste a buscar de repente?-

-¿Es que debe haber una razón para todo?-

-En circunstancias como estas, pues eso creo.-

-¿Qué si te digo que lo hice porque se me vino en gana? Eres mi novio y quería verte.-

-Te diría que eres un mentiroso porque se que quieres decirme algo.-

Y, mientras él seguía con su dulce sonrisa, yo fruncía un poco el ceño. Hice que me soltara el brazo que traía sosteniendo desde que comenzó esa conversación de evasivas que aún manteníamos. Todo gracias a mí y a mi muy infantil miedo a…

-No hay nada que decir, Horokeu.- Le solté con voz baja, pero no rozando en el susurro. No quería asustarlo, mi actitud cambiaba cada cinco segundos y mi capacidad para enfrentarlo con la verdad se había perdido desde que me preguntó qué era lo que debía decirle. Entonces, recordé a Anna, quien parecía tener un problema bastante parecido al mío, solo que a ella le resultaba mucho más fácil el decir aquello que mi lengua y dientes no me dejaban decir.

Bien, suficiente análisis por ahora.

Formé una pequeña sonrisa, lo cual provocó que una de sus manos me jalara con fuerza hacia él y así poder besarme. No sé si fueron las ganas que tenía de hacerlo o mi inestabilidad en esos momentos, pero este beso lo sentí diferente, era… más perfecto que los otros. Él sabía hacerlo de manera deliciosa, si, casi adivinando lo que yo quería. Cerré los ojos como en cualquiera de nuestros besos, sintiendo el roce de nuestras narices frías. Me desesperó un poco el que fuera bastante dulce en un principio, enredando sus manos a mi cintura con lentitud como si quisiera rozar cada centímetro mío. Suspiré contra sus labios en cuanto encontré un espacio libre.

Entonces, pensé en lo que pretendía decirle.

-Oye…- Hablé, aún sintiendo su respiración contra mi rostro. La diferencia de estaturas me gustaba, sentía que podía ser mimado. Eso me gustaba. –Yo… si tengo algo que decirte.-

-Lo sé.- Contestó a lo que había dicho.

No sé porqué, pero aquella seguridad que me trasmitía me dio infundió algo de miedo; tenía en la garganta aquellas palabras listas para soltarlas. No sabía si es que era el momento adecuado para decirlas o si solo estaba confundido y aquella era una manera para saber qué era lo que estaba sintiendo realmente. Tal vez, si las decía ahora, arruinaba todo esto, todo. Nunca me había visto en esta situación y, aunque quise preguntarle a Annita acerca de ello, dudé en que me dijera algo que me dejara satisfecho. Ninguno de los dos se había estado tan colado por alguien hasta ahora.

-Si, hasta ahora.-

-¿Cómo dices?-

Su pregunta me regresó a la realidad. Negué con la cabeza.

Al parecer, me había quedado varado en el limbo, pensando en posibles conclusiones. Bien, en ese corto periodo de pensamiento individual no logré encontrar una solución al mi problema de sentimientos encontrados así que, para evitar sembrar sospechas, dejaré que la atracción que mi lindo novio ejerce sobre mí haga lo suyo. Si, eso es exactamente a lo que me refiero.

Me acomodé entre sus brazos nuevamente, logrando que mis manos llegaran hasta su cuello, reconfortándolo antes de que se me ocurriera besarlo. Él me respondió, claro, pero a lo que yo deseaba llegar era algo mucho más que besos en medio de la playa a estas horas de la tarde. Sabía que yo debía dar el primer golpe para llegar al siguiente nivel, pero, antes de que eso sucediera, sus brazos me soltaron y me alejaron de él.

Respiré viéndolo a los ojos, mostrando molestia por lo que hizo.

-¿Qué te pasa?-

-No¿qué te pasa a ti?-

Yo elevé una ceja, confundido.

-¿A mí? Nada.-

-Tenías algo que decirme.-

-…No.-

Horokeu bufó de manera cansina. Valla, pensé que él era una de aquellas personas con paciencia infinita. Sin embargo, al verlo agachar la cabeza me di cuenta que estaba equivocado. Se estaba hartando ante mis sutiles huidas.

-Ren¿qué te pasa?-

Bien, suficiente peleas y enredos emocionales había tenido conmigo mismo como para empezar una con él, no habiendo motivo alguno. Resoplé en respuesta a su seriedad, y digo esto porque, al ver sus ojos negros, no vi brillo alguno. Si, ese brillo tan especial y encantador que veía cada vez que me cruzaba con él. Hice un puchero como inicios de una futura desesperación.

-Dime qué es lo quieres, Rency.- Me habló, esta vez, con voz baja. Yo aparté la mirada por unos segundos, pero, luego, la regresé al frente al sentirme apresado entre sus brazos. Me había abrazado y eran justamente esas muestras de aprecio las que me hacía recordar todo el tiempo que había estado esperando para decirle cuanto lo amaba. Cerré los ojos y le correspondí el gesto. –Desde que llegaste al apartamento, te he sentido… no sé, algo nervioso.- Y me alejó, nuevamente, para verme a la cara. –Si hay algo que quieras dec—

Entonces, se me ocurrió. Así nada más, su actitud me trasmitió la idea que podía estar cruzando su cabeza en esos instantes. Me dio algo de risa el solo imaginar que creía que yo, Ren Tao, podía llegar a hacerle eso.

-No, no es nada de lo que estas imaginando, Horo Horo.- Le dije de inmediato, cortando cualquier cosa que fuera a decir. –No quiero terminar contigo, si fue eso lo que pensaste.- Terminé acariciando su mejilla como técnica tranquilizante.

Y, sip, acerté, porque no había ni pronunciado la última sílaba y ya estaba sonriendo de nuevo. Sus grandes ojos oscuros me veían otra vez con aquella extraña luminiscencia que me hacía sentir demasiado exclusivo.

Si, me entró ese pendejo miedo otra vez, pero debía pensar inteligentemente y aprovechar aquel malentendido a mi favor.

-Per—

-Cállate y escúchame.-

Y, aunque su obediencia fue inmediata, no me detuve a agradecerlo. Lo halé de la camiseta que llevaba para acercarlo a mis labios otra vez. Quería que el contacto entre nuestros labios fuera directo, profundo desde el primer instante, casi primitivo y demandante. Quería que nuestras lenguas se encontraran y se pelearan por la supremacía en ese corto encuentro que, obviamente, se repetiría muchas veces más en un tiempo bastante cercano. No lo dejé apartarse, quizá le faltaba el aire, pero yo también tenía cierto nivel de fuerza y lo utilizaría para doblegarlo, obligarlo a quedarse pegado a mí un poco más.

Nuestros primeros respiros fueron amplios. Supongo que me excedí un poco, pero no dejaría que una tonta actividad básica me arruinara el momento; debía decírselo ahora. Lo abracé del cuello y, luego de besar parte de su oreja, hablé.

-Sucede que tengo unas enormes ganas de…- Pausa para ocuparme del lóbulo de su oreja. -…acostarme contigo.- Una de mis manos corrió hasta su abdomen, elevando su camiseta. Fue rápido y seguro.

Él se paralizó, y pude notarlo al sentir como contraía los músculos de su estómago.

-¿…Qué dices?-

Sonreí al escucharlo hablar de manera tan nerviosa. Me gustaba que se pusera así, era lindo verlo avergonzado. Pero, en estos momentos, no sabía que carajos era la ternura; lo único que estaba logrando captar era la excitación que me estaba embargando. Mi mano siguió con su itinerario, acariciando con la yema de los dedos esa suave piel que expelía cierto grado de calor que se sentía demasiado bien. Yo no detuve aquella acción pero, aún así, debía asegurarme de que lo dicho sería acatado.

¿Vas a complacerme…?-

-¿Qué hacen aquí?-

Si, no tengo ganas de poner en práctica los modales impartidos por mi madre y Jun.

-Queremos hablar contigo, Ren.-

-Ah.- Pilika se veía bastante normal, sin rastros de bestialidad alguna. Al verla, lo primero que recordé fue la magnífica cachetada que me estampó. No es que me importara el que lo haya hecho, pero aún me dolía un tanto. -¿Sobre qué?- Y miré a mi novio, quien rascó la parte trasera de su cabeza. Si, hacía eso cuando estaba nervioso.

-¡Bien!- Anna logró que le pusiéramos atención. Juro que por un momento olvidé que andaba con ella. –Me voy.- Dijo, elevando una mano, despidiéndose. Yo asentí ante la acción. –Ren, estamos hablando.- Y, sin más, empezó a alejarse a paso lento, deteniéndose en el paradero de la esquina. Volví mi mirada al par de hermanos que, según decían, querían hablar conmigo.

-Es extraño que estés aquí¿sabes? Antes de ayer querías asesinarnos.-

Pilika frunció el ceño ante mis palabras. Horokeu intervino de inmediato al ver que mis intenciones iban más allá de aquella simple ofensa. Se acercó a mí con un par de pasos y me tomó de los hombros con paciencia. No puedo mentir, de verdad. En cuanto sentí su tacto sobre mí, me sentí un poco más aliviado. Elevé el rostro y le sonreí.

-Oye, te extrañé.- Y acaricié un poco su mejilla. Observé de reojo a su hermana, quien nos veía fijamente. -¿No vas a besarme?- Le pregunté. Él se tensó antes de ver a la muchacha entrometida.

Ja. Crueldad innecesaria, lo sé, pero en realidad me jodía el que estuviera allí fueran sus intenciones buenas o malas. Obviamente, Horokeu evitaría tales muestras de afecto frente a ella, pero, como dije, me interesaba un estupendo comino.

-Ren, esto es más importante.-

¿Ah?

-Pues no me interesa.- Le dije. –Si no me vas a besar, entonces me vo--

-No, no, no. Tú te quedas y escuchas.- Digo¿tenía que ser tan brusco y jalarme del brazo de esa manera? Si que me dolió. En fin, supongo que son dos contra uno, así que deberé escuchar razones por parte de la chica. Horokeu me haló del brazo y me detuvo frente a ella, quien me observaba con cierta molestia. –Pilika y yo hemos hablado¿sabes?-

-Qué bueno.- Comenté con sarcasmo. Pilika rodó los ojos al instante mientras yo me cruzaba de brazos.

-Ren, ella quiere disculparse.-

-Ren.- Pausa para tropezar. Risas de mi parte. -¡Espera, chico!-

Yo obedecí, claro, no quería ser un maleducado estando en casa ajena, pero ya que ando sobre la espalda de mi muy atractivo novio eso es lo último que debería estar pensando. Así que proseguí con lo que hacía.

-…Me haces cosquillas.-

-¿Y eso no es bueno?- Pregunté mientras emitía un gemidito de sincera diversión. Me bajé de su espalda una vez que estuvimos casi en medio del recibidor. Eché una mirada rápida en cuanto quedé en tierra; me di una vuelta completa para así poder contemplar el lugar donde pasaba más de la mitad de su día a día. No era enorme, pero bastante acorde con mi casa. Sip: hogareñas, colores claros, cómodos sillones, flores… Eso si tuve que tenerlo en mente desde antes, es extraño que no haya podido sentir ese rico aroma en el ambiente que, muy posiblemente, me hará estornudar en cualquier instante.

Dejé mi mochila por allí, por algún lugar inexacto debajo de las escaleras. Luego, me giré en busca del chico de casa.

-¿Hoto…?- Llamé. Sonreí a escucharme decir aquello. Estúpido Hao y sus estúpidos motes para con Horokeu. No recuerdo cuando fue la primera vez que lo oí pero sé cuándo fue la primera vez que vi aquella expresión en su rostro, si, la misma que anda portando ahora. –Ja, ja. Lo siento, no pude evitarlo.-

-Incluso eso copiaste de Hao.-

-¿Qué?-

-La excusa idiota del "no pude evitarlo".- Pausa para ver nuevamente su sonrisa. –Si que es un fastidio…-

-Ese sujeto es un fastidio.-

Horo rió ante esto. Sabía que yo no pasaba al Asakura ni siquiera con sonda y, si bien Hao no era una de mis personas favoritas, era una de las que más celoso me sentía.

Digo es guapo, divertido, vive solo, su novio es lindo, su cabello es envidiable y tiene un auto¿tengo que decir más…?

¡ARG¡Claro que no estoy celoso por eso! Sería demasiado inmaduro si empezara a sentirme disminuido por un tipo promedio con una especial suerte en cuanto a la belleza natural. Pero, aún así, no soy idiota¿saben? Me he dado cuenta de que la muy "amistosa" relación que tiene con mi novio es producto de una un poco más estrecha que, supongo, no funcionó. Pues bien, sé que no debería estar preocupado por el pasado en la secundaria de Horokeu pero a veces siento que el sujeto Asakura tiene algo más que yo…

-¿Qué te sucede?- Una de sus manos revolvió mis cabellos. Yo sonreí por tal caricia suya que me obligó a dejar de pensar profundo.

Suelo agradecer al destino por enviarme un persona con actitudes tan afectivas; yo de por sí apesto para esas cosas. Desde que aprendí a moverme en el mundo de las relaciones interpersonales, lo primero que me viene a la mente es la palabra 'sexual' o, simplemente, 'deseo' en su defecto. No sé pero… es la primera vez que siento que de eso casi no hay necesidad. Sin embargo…

Le tengo muchas ganas…

-Hum… Nada, nada.-

-Te quedaste pensando demasiado.- Yo parpadeé. -¿No será que--

-Cállate, claro que quiero.-

Ja, ja. Está, mucho, muy nervioso.

Tomé su rostro entre mis manos y besé sus labios para que no volviera a soltar otra de sus preguntas como consecuencia de su inseguridad. No diré que no me causa gracia el que, de pronto, se ande portando como el peor de los expertos en esto, pero la verdad es que se me hace de lo más adorable. Estoy acostumbrado a que estas cosas nunca sucedan. Me han abordado muchos chicos… bueno, no demasiados, pero el caso es que la mayoría de ellos eran los típicos sujetos que saben lo que hacen. Saben dónde besar, dónde tocar, qué decir y cuándo decirlo; no son desagradables, pero el momento con ellos es corto y superficial. Nunca me tocó alguno que se la viviera preguntándome si es que estaba seguro de lo que hacía o me diera opciones por si tenía dudas o alguna intención de cambiar de opinión. Ninguno cruzó la línea de la simple preocupación para pasar a ser dulce; ninguno tuvo la amabilidad de mostrar algo más que ganas de joder; ninguno era tan cariñoso como lo era este sujeto que me jalaba escaleras arriba sin que opusiera alguna resistencia…

Dios¿en qué estaba pensando¿Cuál era ese estúpido concepto que tenía? No puedo creer que nunca me interesé en hallar más de lo que a simple vista se me ofrecía. Soy…

-…un idiota.-

Sin embargo, no quiero armar un muy asquerosamente empalagoso shoujo en medio de las escaleras de su casa, así que era mejor dejar las cosas como estaban e ir directo al punto, que era a lo que estaba acostumbrado. Si, quería que fuera especial, pero para poder hacer que la vela se consuma lentamente debemos encenderla antes de que se apague el cerillo¿verdad?

Ah, ni al caso. No sé ni siquiera que diablos acabo de decir.

-Entonces, como te cansaste de lloriquear por todos los rincones¿decidiste venir a pedir disculpas¿Es eso?-

-No seas tan duro con ella, Ren.- Yo observé de reojo a Horo Horo. –Si pensaras un poco en su posición, te darías cuenta que tuvo derecho a enfadarse.-

-Eso no me interesa; el punto es que nunca pensó en lo que tú podrías estar sintiendo.- Si, en realidad, poco me importaba lo que ella pensara o dejara de pensar acerca de mí, yo estaba molesto por la forma tan fría en que veía su relación con su hermano. Era un pequeña idiota inmadura que aún no superaba la etapa del "mío" ni la de "todos hacen lo que quiero por mi bonita cara". –Veamos, en el hipotético caso que yo me hubiera fijado en ella y no en ti¿le hubiera importado siquiera un tanto el que tu podrías estar sintiéndote de lo peor?-

-…-

-¡Claro que me hubiera importado!- Nosotros volteamos a verla. Yo elevé una ceja ante su respuesta, ya que aún no lograba convencerme. –Yo quiero a mi hermano y lo que tú dices no es cie—

-Pilika, hace dos días decías odiarlo¿qué te pasa?- Ella frunció un poco el ceño. -¿Sabes? No sé si decir que esto ya no tiene importancia o solo dejarte con la palabra en la boca.-

De pronto, sentí un jalón en mi brazo derecho. Volteé a ver porqué mi novio había hecho eso, pero pude entender un poco en cuanto vi aquel par de cejas arrugadas apuntando contra mi rostro. Yo no dije nada al ver eso, pero su repentino abrazo me comunicó que no era necesario decir nada más. Solo me dejé abrazar por él, envolviendo mis brazos en su cintura y recargando mi cabeza en su hombro. Lo escuché hablar sobre mi oído.

-Rency, gracias por pensar en mí, nunca nadie había hecho eso por mí.- Yo sonreí ante sus palabras. No era mentira que él había sido víctima de los arranques de celos de su hermana, yo solo había salido herido al estar presente, nada más. –Te amo y sé que tu a mi, pero te pido que, por esta vez, dejes que las cosas corran solas¿si?-

-Pe—

-Hazlo por mí.-

-…-

Me di cuenta de que ya habíamos llegado al segundo piso y que ambos nos habíamos detenido a un lado de la baranda. Elevé mi mirada hasta que pude hallar la suya, la cual me observaba fijamente con ese típico brillo que suele haber en sus llevaderos ojos negros. Suspiré al sentir sus manos subir hasta los primeros botones de mi camisa, empezando desde abajo y chocando sin querer con la piel de mi abdomen. Se acercó de un solo paso hasta acabar con la poca distancia que había entre nosotros; mi nariz chocó contra su barbilla mientras que sus manos proseguían con la labor anterior.

Tuve que respirar de manera pesada al realizar que el nivel de calidez entre nuestros cuerpos era mayor que hace unos momentos y que los roces ahora dolían. Si, dolían porque la situación era bochornosa y el tiempo pasaba demasiado lento, era casi desesperante. Pude ver que los botones dejaron de servir de un momento a otro y ahora era mi cuello y cintura quienes resentían las caricias impartidas. Sus manos corrían a velocidad media a lo largo de mi cintura y parte de mi espalda al tiempo que mi cuello era atacado de ligeros y húmedos besos, muy ricos, muy ruidosos.

Un resuello placentero escapó de mis labios al verme parte central de todo aquel espectáculo; cerré los ojos, pensando con fascinación en que yo era el único que sentía todo aquello y, segundos después, eso me obligó a tensarme. No entendí como es que mis piernas perdieron parte de su sensibilidad y mis brazos no hacían más que caer cansados a cada lado de mi cuerpo. Lo único que se movía era mi palpitante corazón y mis agitados pulmones, además de mis labios que era por donde salía cada gemido quedo producido sin mi consentimiento.

Y, de pronto, se detuvo.

-¿Qué…?- Pregunté. Quería saber porqué se había detenido si todo iba tan bien. Abrí los ojos para chocarme contra su cuello. Aspiré profundo y olí otra vez aquel delicioso aroma tan suyo. Me pegué más a su cuerpo, si, así como estábamos. –No quiero que te detengas, todo está bien…-

-Sé que lo está.-

-Entonces¿qué—

-Vamos a mi habitación.-

Se apartó un poco de mi y caminó, tomándome de la mano, hasta una de las puerta más alejadas al ventanal ubicado en el final del pasillo. Desde allí se podía observar como era que el reloj no se había detenido y con rapidez había llegado a las siete de la noche. El cielo estaba oscuro y, por consiguiente, el ambiente dentro de casa también. Yo me dejé llevar hasta dentro de aquella habitación que desconocía por completo hasta ese instante pero que, al sentirme envuelto en tan limpio ambiente, tomé como el faltante. Observé a mi alrededor y pude comprender que la mayoría de las cosas allí tenían un lugar específico y no llevaban un sentido complicado, todo se veía tan… simple y ligero, si, nada exagerado. Sin embargo, mi visión se vio interrumpida por cierta venda cálida que osó a arrastrarme unos pasos hacia atrás.

Reí al verme acorralado y ciego, a completa merced de las manos cómplices que me habían llevado hasta una mullida superficie que supuse sería la única cama presente. No entendí del todo porqué me había cubierto los ojos de manera tan entusiasta si no había mayor espectáculo que ver. Éramos sólo nosotros dos a punto de hacer lo que cualquier otra pareja estaría dispuesta a hacer en situaciones que lo ameritan.

Dejé de reír cuando sentí que me soltaba un poco. Retiró su mano de mis ojos y, así, pude ver la gran sonrisa con la que me miraba tan de cerca. Me acomodé antes de decir nada.

-¿Porqué hiciste eso?- Sonrisa de mi parte. –Ah, igual y fue divertido.-

-Sé que tienes un sentido bastante retorcido de la diversión, mi Rency.-

Yo parpadeé ante lo que dijo, es decir, acaba de llamarme…

Risas mías.

-Es cierto, quizá no soy muy… normal, per—

-Me gusta como eres así que te callas.-

De acuerdo, me besó y me calló por segunda vez¿eso quiere decir que nuestra relación se hace cada vez más cercana? Ja, ja. No sé qué, pero algo acaba de sucederle al sujeto y, la verdad, me encanta lo que le hizo. Lo abracé por el cuello de manera inesperada, haciéndolo caer por completo sobre mí. Me acomodé de manera que quedara entre mis piernas.

-¿Ren…?-

-Te amo, Horokeu.-

-Entonces¿todo está bien?-

-…Si.-

-Bien¿de lo que se dice bien, bien?-

-Si, Pilika, ya te dije que sí.-

-Pero no me dijiste qu—

-¡CON UN DEMONIO, TODO ESTÁ BIEN, NIÑA!-

Pausa para escuchar el golpe de la cuchara de helado al caerse. Parpadeos de la chica frente a mí.

-¿Qué?-

-Fue un poco… ermm… inesperado.-

-¡Pues no me dejaba en paz!- Exclamé de inmediato, a lo que mi novio no hizo más que rodar los ojos en son de 'si, rayos, mi vida gira en torno a eso'. Yo bufé al ver nada de comprensión en el ambiente. Pilika sonrió con algo de timidez al verme con tal cara, pero, diablos, ya me había hecho reventar.

Debo decir que no había pasado ni un segundo en silencio desde que le solté las palabras 'De acuerdo, supongo que no importa' en la cara. Bueno, supongo también que está feliz, ya que se ofreció a pagar todo el helado que podamos comer incluso si sobrepasaba sus límites y debía usar su cuenta universitaria, y, aunque tuve todas las intenciones de hacerla cumplir, un apretón por parte de mi linda pareja me hizo desistir de mi decisión. De verdad, Horokeu es un verdadero fastidio…

-¿Me amas¿Dijiste que me amas?-

-…-

Bien, jodió mi poco autocontrol. No puedo creer que no pensé en este escenario en donde él me preguntaba acerca de las difíciles palabras que acababa de soltar en vez de lanzarse sobre mis labios y besarme como agradecimiento o, simplemente, como respuesta a lo dicho. De verdad, este muchacho tiene cosas inesperadas que me hacen actuar como un estúpido descerebrado, como… si, ahora mismo acabo de apartar la cara después de haberme sonrojado hasta las patillas.

Tengo miedo.

-Oye, Ren, dímelo de nuevo.- Habló. Escuché en su voz una mezcla de seguridad con desesperación, de verdad quería oírlo. Sus manos soltaron cualquier parte de mi cuerpo que hayan estado manoseando para pasar a tomarme del rostro y, así, obligarme a verlo de manera absoluta. Yo ni siquiera parpadeé al verme atacado por ese par de temblorosas orbes negras que casi me rogaban por la verdad.

¿Acaso dudaba de lo que había dicho? Creo que fue lo bastante claro y sincero como para que lo entendiera.

-Dímelo…- Pausa para besarme en los labios superficialmente. -…de nuevo. Por favor.-

-…No puedo.-

Ya. Bravo, Ren, y ni siquiera tienes idea de porqué.

-¿Qué?- Preguntó deteniéndose frente a mí, sin moverse. Yo tragué saliva y traté de desviar la mirada, pero me fue imposible: Horo tenía atrapado mi rostro entre sus dos grandes manos como si fueran un par de vigas de seguridad. No, no podía moverme. –¿Por qué no pue—

-¡No, no puedo!- Le grité. ¡Si, le grité porque ya me empezaba a frustrar tanto su insistencia hacia mi débil sentido de la expresión como mi poca confianza en estas cosas¡Es simple y no puede entenderlo, es más, ni siquiera yo puedo!

-…-

-De acuerdo, no debí gritar.-

-¿Por qué…?- Yo observé su mirada. Ahora no era cuestión de acostarnos, sino cuestión de… -¿Por qué no puedes decirme lo que sientes, Ren?-

No pude evitar sentirme mal por eso, incluso me sentí peor de lo que el significado de la palabra "mal" puede implicar. El corazón se me encogió en un segundo hasta hacerme doler y obligarme a abrazarme, otra vez, a su pecho tal como lo había hecho antes de decirle aquellas malditas palabras. Sorbí por la nariz en cuanto lo sentí abrazarme también, sin embargo, ya no era la misma comodidad que se sintió en un principio, no.

Mi culpa.

-Oye…-

-¿Se puede saber qué hace ella aquí?-

-No, pero yo la llamé.-

-¡¿Para qué?!- Aich, niña¿tienes que hacer todo gritando? Qué fastidio. -¿No se supone que esta es una reunión en donde conversamos acerca de nue—

-A ver, a ver, Pilika.- Empezó mi gran amiga. Yo sonreí al ver, después de un par de días de absoluta depresión, como era que utilizaba su mano con perfecta manicura para callar de una sola a la escandalosa y nada llevadera de mi cuñada. Porque, al menos, ya había aceptado ser eso. –Este es un lugar público¿si? Puedo venir si eso me place.-

-Pues te comento que estás interrumpiendo nuestra reu—

-¡Lo que sea!- Habló fuerte Anna, fastidiada de tanto reclamo. Esta plegó su falda un poco y se sentó a mi lado mientras veía con una sonrisa a Horokeu, quien se sentaba a mi otro lado. –Lo único que debías entender es que tu hermano es gay; Ren es gay; por obra del destino o, simplemente, del inepto tamaño de esta comunidad se gustaron y ahora están juntos para desgracia tuya. Punto.- Ja, ja, ja. Annita es simplemente genial, de verdad que no sé que diablos haría sin su existencia revoloteando en momentos críticos como estos. Había sido tan gentil en explicarle cada uno de los puntos principales de la situación y hacérselos comer por si no le entraban como información normal.

Anna es, simplemente, la heroína de la historia.

Por su parte, mi querido Hoto no hizo más que caer de frente a la mesa. Si bien se sentía un poco mal por el maltrato innecesario hacia su hermana, debía reconocer que Anna le había hecho un favor hasta a él mismo, lográndola hacer callar. Yo acaricié sus cabellos como apoyo casi moral.

-¿Viniste con Yoh?- Le pregunté de un momento a otro. Ella se giró a verme y asintió con una sonrisa. Yo solté mi consecuente burla del día ante la cara de… bueno, parecía un conejo a punto de recibir el primer huevo de pascua. -¿Qué te pasa ahora?-

-Adivina.-

Yo rodé los ojos ante su contenida emoción.

-Oh, mierda.- Declaré. –Sabes que odio las adivinanzas.-

-Pasa que eres malo para ellas.- Se burló mi novio, quien recibió una miradita para nada agradable de mi parte. Este se hizo el desentendido. –Además¿qué importa si no adivinas? Ese es el punto de la diversión.-

-Horokeu, en serio, odio las adivinanzas.-

-A mí me gustan.-

-A mí también, Ren.- ¿Alguien habló? Ah, si, la niña del asiento de enfrente. Creo que yo no soy el… ¡Bien! Soy el único que la ignora hasta el momento, aunque supongo que Anna también me ayudará en la campaña. -Yoh es el hermano de Hao¿verdad?- Horokeu asintió. –Y¿por qué no está Hao aquí?-

-Porque acabo de mandarlo al demonio por tocarme el trasero, por eso.-

-¡¿Ah?!-

-¿Por qué no dejamos aquello para después?-

-Porque es horrible pesar que estás haciendo el "amor" con la persona con la que luego discutirás acerca de sus sentimientos.-

De acuerdo, aquella cara que apuntaba a la pura circunstancia miserable me estaba haciendo sentir realmente mal. No sólo había acabado con la flama que habíamos encendido en medio del pasillo hace unos diez minutos, sino que ahora lo había arrastrado a sentarse al borde de la cama mientras se sostenía la cabeza con pesar. En serio, debo hacer algo si no quiero que mi "primera vez", la de verdad, sea adjudicada como patética, mezquina o, en su defecto, forzada. Si, y Anna sería la primera en burlarse de esto incluso hasta que la muerte la alcance.

Bueno, debo decir algo antes de que las cosas empiecen a expeler olor la tragedia.

-Oye, no quiero que esto se complique tanto.- Hablé en tono de arrepentimiento, lo cual ayudó a que Horokeu me mirara. –Debo decir que…- Pausa para rascar la parte trasera de mi cabeza. Si, bien, estoy a punto de romperme los dedos por lo nervioso que estoy. -Bueno, para ser sincero, esta es la primera vez que yo—

-¿Es la primera vez que te sientes de verdad enamorado?-

-…- En serio, gracias al cielo, si es que hay alguien por ahí, por mandarme a alguien tan perceptivo para estas cosas. Yo, simplemente, apesto; ni siquiera estoy seguro de haber podido decir todo eso yo solo y en una sola frase, pero, al parecer, mi novio trabaja bien al estar bajo mucha presión, como ahora. Mientras, yo me sentía arder hasta las orejas al estar siendo testigo de cosas que, realmente, me estaban pasando, estaba sintiendo con fuerza y que no podía enfrentar ni expresar con facilidad, terminando en una muy embarazosa posición.

Traté de suspirar pero me fue imposible, al menos, hasta que una de las manos de Horokeu tocó parte de mi rostro.

-Oye, respira.- Sonrisa de su parte. Yo enrojecí un poco más, estoy seguro. –En realidad, no es tan malo que tengas problemas para expresarte; creo, incluso, que ese síntoma es bueno, ya que consideras la posibilidad de arruinar el momento y eso quiere decir que—

-Lo consideras importante. Si, comprendido.-

-Exacto.-

Hn…

No, no tengo nada que decir. Mi mente está en blanco y mis ojos se pasean por la habitación buscando refugio inútil en la distracción. Debo decir, si, ahora si, que las cosas son mucho más fáciles cuando alguien te las enseña, es… realmente un fastidio aprenderlas por ti mismo.

-Bien, debo agradecerte por hacerme ver como un estúpido retrasado.- Risas de su parte. La mano que se había posado en mi mejilla como señal de apoyo, ahora, se encontraba caminando con lentitud hacia mi cuello y… -Entonces¿puedo decir que ya resolvimos nuestras "diferencias"?- Comillas sobre mi cabeza. Una de las cejas de mi novio se elevó con escepticismo innecesario. Yo fruncí el ceño. -¿No es así como se les llama a las peleas de parejas¿"Resolver diferencias"?-

-Nosotros no estábamos peleando, Rency.-

-Lo estábamos.- Aseguré con una mirada enmarcada.

-Claro que no, sólo fue una conv—

-Cállate.- Le espeté de inmediato antes de acercarme con ligereza y besar sus labios por un par de segundos. Si bien yo cerré los ojos, sé que él no lo hizo y, así como estaba, me correspondió el contacto. –Dije que estábamos peleando y, ahora que ya arreglamos nuestras diferencias, pasaremos a reconocer tu… paciencia conmigo.- Me acerqué a sus labios, nuevamente, avanzando con mis manos, al mismo tiempo, hasta llegar al borde su camiseta. Me dediqué a recargar mi peso sobre su cuerpo para, así, lograr hacerlo caer sobre las almohadas de su cama. Me sonrió al tiempo que me separé de él, obligado a ubicarme sobre él a horcajadas y a sentir que, físicamente, la discusión no había causado mayor efecto.

Era como si nada hubiera interrumpido…

-Llámalo ahora.-

-Estás loca, Pilika.-

-¿Por qué?-

-¡Por qué es un idiota!-

-Es mi hermano, Anna.-

-Y mi mejor amigo.-

-Aich, bien, pónganse todos contra mí para defender a Hao.- Comentó con hartazgo. La chica me miró y, obviamente, sentí su punzante mirada. –Ren, has algo.- Y, como si sus manos estuvieran en mi cuello, su orden causó cierta presión en mi persona. -¡Ren!-

-Anna, llámalo de una vez.- Le dije, restándole la importancia que aquella pelea no merecía. Al parecer, mi querida y muy bella amiga rubia ya estaba sintiendo con fuerza la influencia que te ataca cuando eres partícipe de una reunión con amigos que, bueno, te consideran uno de ellos. Nosotros… nunca tuvimos algo así. –Además, seguro y viene con Lyserg.-

Ella parpadeó.

-Oh, Lyserg.-

-¿Qué tiene Lyserg?- Preguntó, de pronto, un Yoh que acaba de regresar del sanitario. Yo reí con ironía. De verdad¿el tipo era ciego o, sencillamente, idiota? Digo, hablábamos de Lyserg Diethel, novio del baboso con suerte de Hao.

-Yoh, es Lyserg.- Le afirmó su novia, quien ya portaba cara de indignación. La comprendo. -¿Cómo puedes ser tan ciego, eh? El sujeto tiene el cabello más perfecto que he visto en mi vida.-

-Es cierto.-

-¿Quién es Lyserg?- Todos no pudimos evitar mirar a la niña peliazul a un lado de Yoh.

Ah, cierto, Pilika. Tengo que golpearme la cabeza y decir que no entiendo porqué, siempre, me olvido de su presencia.

¡Rayos!

Nótese el sarcasmo, por favor.

-¡Hermano!- Lloriqueó ella. Horkeu soltó una sonrisita. Diablos, eso quiere decir que todavía la aguanta. -¿Quién rayos es Lyserg?-

-Es un niño de la facultad de arquitectura que sale con Hao desde un par de meses casi.- Ella comprendió mientras tomaba su malteada. –Según opiniones varias…-

-Las nuestras.- Habló Anna, señalándonos.

-Está demasiado "lindo".-

-¿Por qué las comillas?- Pregunté con una ceja levantada. Él me observó. –Lyserg Diethel es lindo, sin comillas; tiene ese atractivo…- No recordaba las exactas palabras que pronuncié cuando lo conocí. Había sido casi una experiencia religiosa. Ja, ja. De verdad. -¿Cómo lo llamamos?- Me giré a ver a Anna al tiempo que bebía mi propia malteada.

-El chico posee el atractivo adorable. Su rostro es realmente hermoso, tiene unos ojazos grandes color esmeralda, no muy alto y su cabello es…-

-Perfecto.- Prenunciamos todos, sin excepción alguna. Reímos al hacer esto con tal armonía, si hasta parecía preparado. Ja, ja. Pobre Pilika, ahora se siente perdida.

-¿Aún no quieres decirlo?-

-…No.- Le respondí al tiempo que deslizaba mi mano desde su pecho hasta el cinto de sus pantalones. Era cierto que aún no había tenido la oportunidad de ver que era lo que, ahora, me pertenecía por el momento, pero la espera valió la pena. No pensé que siendo un chico que tan solo se pasea en moto, estudia y tiene una especie de hobbie que involucra a las flores de cierta manera tuviera tan linda anatomía. Largo cuello bastante apetecible, fuertes brazos sin llegar a ser musculosos, pectorales sólidos y ligeros cuadraditos en la zona abdominal. –Lindo…- Si, no pude evitar soltar el adjetivo más sutil que rondaba por mi cabeza en esos instantes, y es que era eso: lindo.

-¿Qué?- Preguntó con diversión al escucharme. Debo haber parecido bastante entretenido y poco conciente de lo que hablaba, ya que su rostro, el cual ya había dejado de besar para pasar a su cuello, me demostraba que no había entendido muy bien la indirecta.

En fin, no es importante.

Mis pantalones oscuros ya se encontraban desabrochados y lo único que hacía falta era que las manos que jugaban en mi espalda bajaran a hacer su trabajo en mi aburrido trasero. Demonios¿es que tengo que decirle que me toque BIEN? Realmente, esto si me hace pensar en lo nuevo de la experiencia. La rapidez de la desesperación no estaba y aquí lo único que había er--

-Si, creo que también estabas pensando en lo mismo.-

Si, si¡claro que estaba pensando lo mismo! Genial cosa esa de poder leer las mentes, de verdad, aunque no sé si realmente posea la habilidad, pero el punto aquí es que acaba de sacar a relucir su verdadera rudeza. No sentí el momento en que me tomó de los hombros y me tumbó con fuerza contra el colchón para iniciar un proceso de análisis corporal junto a una extraña risa demencial.

Demencial… Que bella palabra, es tan… excitante, de verdad.

Sonreí antes de corresponderle el demandante nuevo beso que comenzó mientras que sus manos viajaron con habilidad hasta mis pantalones, específicamente, hacia mi trasero. Introdujo una de sus manos dentro de los mismos, apretando lo primero que halló y, finalmente, trazando aquella línea cubierta por mis boxers. Yo me crispé al sentirlo tocar allí, se sentía delicadas cosquillas que no rozaban la diversión, sino el placer. Solté una especie de ronroneo contra su oído al tiempo que lo abrazaba con más fuerza, pegando nuestros rostros hasta que casi sintieran la combustión ajena…

Dios, esta estaba tan bien…

-Hmn...- Ese murmullo me sedó un poco más, no sé que me dictó a repagarme más a su cuerpo, no sé, era casi necesario en ese instante. –Eres un lindo gatito, Rency… un lindo gatito…- Comentó con voz grave, si¡si! Hablamos de la voz en que se ven las puntas de la lujuria y el deseo, aquella que te hace sentir lo suficiente sumiso como para permitir todo.

Mientras yo me concentraba en lamer y morder parte de su oreja no perforaba, pude sentir la tela de mis pantalones deslizarse hasta abajo sin ayuda alguna, dejando que sus manos se pasearan por los alrededores de mis delgados muslos. Suspiré pesadamente al sentirlo presionar sus caderas contra las mías, ayudándose de la posición perfecta de sus manos en mis nalgas. Ahora si empecé con los gemidos. En serio, era casi inevitable el que me callara teniendo su oído contra mis labios mojados y su miembro presionando contra el mío de una manera poco regular, poco suave. Era deliciosa la manera en que las paredes de tela obligaban a que el calor aumentara desmedidamente, y sabía que pronto sería demasiado bochornoso, inaguantable.

Presioné en medio del hueco de su hombro, lo cual le hizo perder un poco el equilibrio. Creo que me sobrepasé con la fuerza, pero no puedo controlar cosas que no son importantes en esos instantes; para lo único que tengo cabeza es para sentir sus caricias en partes de mi cuerpo que, usualmente, siento dormidas.

Era tan diferente a otras veces aunque la temática fuera casi la misma.

Bajé una de mis manos dispuesto a hallar la faja de sus jeans, desabrocharla y hallar lo que por ley debo disfrutar y estimular. Si bien las cosas habían mejorado de manera estatal, era cierto que podía hacerlo mucho mejor. Ya tenía en mente, al menos, mis próximos cinco movimientos que me llevarían a establecer la supremacía psicológica en la relación, porque debo decir que… bueno, prefiero estar abajo que arriba, es mucho más placentero.

Carajo, jodidos pantalones del demonio…

-¿Qué clase de jeans usas, eh?- Pregunté entre balbuceos. Me tomó de la barbilla para besarme, nuevamente, siendo yo el primero en introducir mi lengua en la marcha, instándolo a que la acariciara con la suya. Fue bastante obvio que ya empezaba a frustrarme el botón maldito de sus jeans, en serio, si no los abría AHORA, juro que los rasgo con los dientes si era necesario. –¡Por la puta madre!- Exclamé con rabia, empujándolo hacia los pies de la cama y sentándome sobre él. Agitado como estaba, seguí peleando con el botón hasta que logré abrirlo. -¡JA, JA!- Palmé sobre su estómago como baile victorioso. Mi novio rió ante mi demencial momentánea.

-¡Bien, bien!- Exclamó para que dejara de golpearlo. Ja, qué divertido. -Les ganaste, amor, les ganaste.- Habló al tiempo que me detenía de las muñecas y me besaba de manera profunda otra vez. Me obligó a recostarme de nueva cuenta sin detener el contacto entre nuestros labios, sin embargo, soltó mis muñecas y aprovechó para ocuparse, como hace minutos, en la última prenda que me cubría, mientras que yo mismo me resistía a dejarlo apartarse de mi enredando ambos brazos en su cuello.

Increíble. Habíamos pasado del romanticismo a la diversión, luego, al drama de las diferencias, llegando hasta la monotonía típica del sexo y, finalmente, a nuestra manera, la cual parecía tener de todo y eso si que me gustaba y mucho. El chico parecía ser del tipo que sufre de arranques inesperados, casi como Anna, pero no tan perverso ni tan superficial. Estaba consiente de que este sujeto me amaba y el que estuviera hurgando entre mi ropa interior para intentar masturbarme era lo que lo completaba.

Ah, por cierto.

-Te amo¿si? Escúchalo bien porque no pretendo repetirlo.-

-De acuerdo, podré continuar con eso.-

Risas de ambos. Lo acerqué para besarlo y encerrarlo entre mis brazos nuevamente, teniéndolo, mucho, muy pegado a mí.

De pronto, algo me hizo detener el lengüetazo que pretendía imprimir en el cuello de mi novio y ese mismo algo obligó a que sus dedos sólo se pegaran como imanes a la piel de mis caderas. Nada se movía.

Entonces…

-¡¿QUÉ ES ESTO?!- Nosotros parpadeamos por defecto. -No, esto… esto está mal¡MAL!-

Ah, demonios. La hermana tenía que tener de entrometida lo que tenía de bonita y eso era mucho, créanme.

-No pensé que llegaras tan rápido.-

-Ah, estábamos en casa de Lyserg.- Si, ya había llegado para desgracia del 20 por cierto de los presentes y para la fortuna del 60 por cierto. Al 20 por cierto restante, realmente, no le importa. –Son poco más de 10 minutos hasta aquí.- Habló para terminar ante la frase de su hermano.

-Mucho más cerca que el departamento.-

-Si, de hecho que si.-

-Entonces¿ya eres feliz?- Preguntó mi rubia amiga a la pequeña peliazul que, por cosas del destino, tenía la misma edad que nosotros. Esta asintió con una gran sonrisa fingida hacia la cara de molestia que portaba Anna, quien para estos momentos, era obligada a ocupar las piernas de su novio por falta de asientos en nuestra mesa de seis. Además…

-¡Uhh, linda Pilika!- Exclamó Hao. A mí me dieron nauseas, grandes. –Hace mucho que no te veía¿cómo has estado?-

-Eres un entrometido.- Le espeté. ¿Qué? No quería que le contara el escándalo desde su punto de vista, ya que, obviamente, él ya sabía del problema. -¿Por qué no simplemente te atragantas con una rosquilla y listo? Toma, come.-

-Tan hostil como siempre, Rency.-

-Ren para ti.-

-Hao, ya basta.- Habló el, hasta ahora, callado inglés del grupo. Valla, si que en las noches se veía más lindo de lo normal. Tenía ese aire tan… inocente. De verdad, Hao no merecía tener tanta suerte junta.

Fue allí que vi a Pilika estirar uno de sus brazos blancos para jalar a Lyserg hasta su lado, dejando que Hao ocupara el asiento vacío a un lado de Horokeu. Bueno, por lo menos, no tendré que verlo d--

-¿Lyserg?-

-Lyserg Diethel, mucho gusto.- Sonrisa de su parte. Nosotros parpadeamos, aunque, obviamente, siempre hay un par de pesados que no captan el brillo que desprende sin espontaneidad alguna: Yoh y Horokeu. Ah, pero por parte mejor porque así sé que sólo me mira a mí.

¡No es egoísmo! Es practicidad y se callan.

-Pilika Usui.- Y batió sus pestañas. Algunos rodamos los ojos al conocer que eso no era más que burdo coqueteo. –Entonces¿sales con Hao porque…?-

El peliverde elevó una ceja ante la pregunta.

-Porque me gusta… supongo.-

-¡¿Supones?!- ¡Ja, ja, ja, ja¡Y esa risa no fue solo mía, lo juro! -¡¿Cómo que supones?!- Pobre Haito, le pagan con su propia moneda de antipatía. En realidad, mucho se jacta de ser un dios y todo, pero…

¡De acuerdo, sí está bien! Pero solo bien, nada más. Si algo más sale de mi boca, será por causa del azúcar.

-Entonces, no te importaría salir conmigo algún día¿verdad?-

-Hn, supongo que no.-

-¡No supongas!- Le gritó Hao desde el otro lado de la mesa, asustando a más de uno. Horokeu le dio unas cuantas palmaditas como parte del proceso de resignación. Ja, ja. En serio, pobre. -¡Y deja de sonreírle!- Manotazo a la mesa.

-De acuerdo, de acuerdo, me callaré. Pero antes…- Habló la chica, mientras hacía hacia atrás su largo cabello y sacaba su móvil rosa. -¿Me das tu número, príncipe Lyserg?-

-¿Ah?-

…Ya, no sé si es la típica forma en que etiqueta a sus conquistas, pero espero, de verdad espero, que a mí no me haya tocado ninguno de esos motes idiotas.

-¿Principe… Lyserg?-

-Ja, ja. Es lindo.- Pilika asintió desde su lado de la mesa antes de iniciar una pelea con Hao por causa de la propiedad original del chico de cabellos verdes. Por mi parte, yo suspiré. –Además¿no era que te gustaba que te dijera gatito?-

Mirada general.

Silencio.

-…- Sonrojo estatal para el muy miserable narrador de esta historia que está apunto de ser víctima de risas y ataques burlescos por parte de los presentes.

Anna, por supuesto, no dudó en soltar la carcajada de la ridiculización que yo mismo tuve la estúpida idea de enseñarle. Pilika, por su parte, mostró esos ojos de adoración brutal ante lo dicho y, no sé porqué, pero presiento que unas orejas y una cola postizas vienen con el paquete de—

-¿Estás bien, mi gatito?-

-¡CÁLLATE!-

FIN.

«ғlowerѕ»

Autora.

Uff! No saben lo feliz (además de aliviada) que estoy por haber terminado este fic, no soy de aquellas personas que terminan un fic y este, creo, es uno de los primeros 5 que he terminado satisfactoriamente.

Espero les haya gustado, quizá quedó largo, pero, estando la escena del HHxR, debía pasar, era algo obvio. Además, soy sincera y debo decir que hasta hoy no tenía ningún final para la historia, de verdad, estaba atascada. Pero al parecer un buen desayuno y una "siesta" de casi 10 horas me devolvieron a la vida, además, el café está conmigo. Juaz! XD

Bueno, a lo que iba con lo de la ENCUESTA bendita.

Como vieron, el lemon correspondiente está a la mitad y, la vdd, que yo SI quiero hacer un lemon como se debE, con todo y todo. ¿Por qué no hice otro en la historia? (1) Escena fuera de lugar; díganme si creen que hay un lugar en este fic en donde pude haber metido un lemon. (2) Muchas hojas. xD So, la pregunta es:

¿HE DE HACER UN EPÍLOGO QUE SE CENTRE EN UN LEMON DE LA PAREJA HHXR?

(Ahí esta, bien grande xa que no lo pasen así no más x3)

Ya sabes, sus reviews son amor y me hace feliz ñ.ñ, así que dejn uno con su muy humilde opinión.

Y, ya que estoy aquí, debo disculparme con los lectores de "FOR MY 18". Sip, me ando tardando un maldito culo en actualizar, pero créanme que esta semana habrá un capítulo nuevo. Además, ando remasterizando un fic llamado "THEIR FAMILY SECRET", el cual es un HaoxLyserg que escribí el año pasado, si quieren leer algo de eso pásense a mi LJ ( junysta0(punto)livejournal(punto)com ).

En fin, se me cuidan y nos estaremos leyendo pronto. :3

¡GRACIAS X LEERME!

Flowers © Juny S. Tao