Notas: ¡Segundo capitulo! Intentaré hacer una entrega cada 15 días si el tiempo me permite. ¡Dadle a favorito si les ha gustado y dejen su reviews para ayudarme a mejorar! ¡Gracias!
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Stiles
Comenzaba el día en lo que creía sería una cruz más en el calendario, insustancial, otra vuelta de la tierra de la cual no estaría al tanto solo testigo de los fenómenos que la convierten en una realidad. Fue inevitable pensar el cómo la humanidad había sido tan tonta de considerar hereje a Copérnico cuando la evidencia yacía frente a sus ojos con la claridad del sol y la siguiente e inevitable llegada de la noche. Dos simples puntos que esperaban ser unidos. Casi desnudo como estaba, somnoliento pero consiente buscó ejemplo en su entorno, sabiendo hacia dónde mirar. Su pizarra estaba repleta de fotografías, recortes, notas, y extractos de internet. No demoró demasiado en notar lo obvio, un dúo de nexos que no podía encontrar enterrados en un laberinto rojo que dejaba más hilo suspendido, formando líneas, que arrullado en la madeja. Nadie dijo el que trabajo policial fuera fácil y se resolviera con una buena velada de descanso.
La luz es mínima, apenas se filtra entre las rendijas de la persiana, alboreando un desastre de hojas, fotocopias, libros y prendas por doquier en lo que autodenominaba entropía ordenada. Todo en su sitio, o al menos allí donde podía encontrarlo. Un movimiento sutil rasca la retaguardia sobre la única prenda que le viste soltando un bostezo que daba cabida al puño si lo intentara. Cada acción era parte del ritual de su despertar, y en su guía se incorporaba sobre la punta de los pies, estirando el cuerpo hasta ser un fino palo moteado de lunares. Arrastró con pena su ser en dirección al baño, poco a poco encendiendo los motores. Los sonidos típicos indicaban que su padre estaba despierto, posiblemente deslizándose dentro del uniforme de Sheriff. Salir era un contraste de tonos opuestos a su habitación, el pequeño cuarto de azulejos estaba impecable, sin duda bajo mucha mano de su padre. El agua fue un sacrificio necesario, temblando a la caricia helada del cristalino líquido.
Salió con el cepillo en la boca soltando sonidos inteligibles a modo de saludo al sheriff. Un arco de agua quedó salpicado en el espejo cuando volvía y quitaba el elemento para enjuagar la boca. Le llegaban ecos de los gritos de su progenitor que pedía, en un conteo perdido de números, que separase bien la ropa para lavar. Cuando presentable, bajó a paso apurado para engullir el desayuno como haría una boa hambrienta, incluyendo la receta diaria de pastillas. Lo normal y típico para un primer estadio que finalizaba con su mochila al hombro y las llaves del jeep en su mano.
-Vamos, vamos, vamos – un ruego puesto en palabras, contando los giros de arranque como un médico al aplicar descargas a desvanecido paciente. Suspiró de alivio cuando el motor permaneció encendido a pesar de la cortina de humo que se alzaba frente a sus ojos. La derecha despejo los vapores mientras tocía en búsqueda de aire puro. Una victoria es victoria sin importar las condiciones. Llegar a la casa de Scott no tomaba demasiado, Beacon Hills con cada año se le hacía más un pañuelo. Mucho tenía que ver que había aprendido a esconderse en cada recoveco y arrojado en la otra mitad a mano o garra de cuanto ser sobrenatural pisaba el pueblo.
-Hey Stiles- el golpe de su mochila contra la de su amigo cuando este la envío volando hacia atrás comió sus palabras, mirándolo tenso remarcando con la mirada una cosa y la otra.
-¡Vas a romper algo!- aclaró en necesidad de ser escuchado a lo que el lobo adolescente no pudo responder con menos que una sonrisa.
-Como si tuvieras algo frágil allí- la sencillez de su tono fue insultante, obligando a Stiles a negar con la cabeza en absoluta privación imbuida en pura indignación.
-¡Pero podría!- McCall rodó los ojos. Quizás tenía razón, él era el primero en revolear sus pertenencias pero eso no daba a derecho por defecto. Pero a fin de cuentas era una exageración sabía que le estaba tomando el pelo solo para verlo reaccionar y hacer un mundo de las pequeñeces – Algún día despertaras en una cama llena de pulgas, recuerda mis palabras. – un intento de amenaza que solo hizo quebrar en risas a su acompañante y confinarse a sí mismo a una nube negra de malhumor lo que duraba el trayecto hasta la secundaria.
El entorno se vio envuelto de una heterogénea mezcla de vida, color, sonidos y grupos que conformaban el conocido recinto escolar. Como si pelear con fuerzas sobrenaturales no fuera poco, debía afrontar al terrible destino de un examen de cálculo en plena mañana, y no todos pueden ser Lydia Martin. De mal en peor ni los años le acostumbraban al particular tono del entrenador cada vez que le gritaba, porque siempre encontraba razón para decirle algo entre exclamación y orden. Stiles era un chico muy normal, de extremidades un poco largas que requieren de un empujón más de fuerza para el movimiento, cansándolo más rápido ¡La genética no era su culpa!
Salvado a plena tarde por un anuncio que interrumpió un adelantado entrenamiento, informando el retorno de las clases de geografía al horario. Perfecto, podría echarse allí sobre su pupitre, cerrar los ojos y dejarse fluir en un mar de desinterés hasta que terminara la clase.
Inmerso en un mundo de figuras fuertes, de torsos amplios y espaldas para rivalizar con las puertas no hizo caso a la voz que irrumpía el silencio de la realidad. De todas las particulares del pequeño humano integrante de la manada, aquél era el secreto que guardaba con más recelo, de una inclinación particular que no se permitía aceptar a conciencia, aflorando solo en la debilidad de su estado y un caldo de hormonas típico para alguien de su edad. Entreabrió los ojos, las líneas de aquella abultada musculatura se escondían tras telas que solo en sus más salvajes fantasías se atrevería a imaginar. Algo en él quería tocar y frotó así sus ojos forzando a la ilusión volver a la existencia. ¿Por qué aquel sujeto no desaparecía? La realización le cayó como un bote de lava hirviendo.
-¡Que mier…!- perdía el balance, la pata inferior derecha de su asiento se doblaba sobre sí misma para lanzarlo a un corto precipicio. El golpe le robó el aire. Por un segundo esperó que Lydia gritara como solo ella podía, aunque no necesitaba de una banshee para saber su destino. Estaba muerto, hecho hilachas como el tocino de cada mañana ¿Cuán terrible era perecer aun portando su virginidad?
Lo siguiente que supo fue que una fuerza descomunal lo dejó de pie, atontado y con su norte perdido, envuelto en un aroma masculino que no era el propio. Sonrió algo tonto, le gustaba, era lo que imaginaba cuando… ¡Momento! Un choque de realización le devolvió el sentido, de pie frente a un aula que le miraba como si le hubiese crecido una segunda cabeza.
-Lo siento profesor Hale- Y las palabras le sonaron tan raras como la situación en la que se había metido solito. Un ínfimo vistazo. Sí, Derek le mataba una infinidad de veces tras esos preciosos ojos. Bendita era su suerte ¿Qué estaba pensando el director al contratar de profesor al sujeto con la habilidad pedagógica de una patata? Scott arrimaba un nuevo pupitre, apartando el otro al fondo de la habitación.
La vena del cuello de Derek se marcaba ¿Cuántos centímetros cúbicos de sangre fluían para darle tal superficie? Le volvía a mirar, luego al sitio vacío. Oh ¡Oh! Stiles casi vuelve a caer en un intento de sentarse, considerando que se había salvado de un golpe por cuestión de segundos. Aquél enorme moreno retrocedía, abriendo el libro de texto y señalando el capítulo. El córtex central de su cerebro avisaba que había sido una crisis evitada.
¿Quién diría que tan ácido lobo era bueno explicando? De quitar la tensión que provocaba en cada uno de los presentes con esos aires intimidantes, la mayoría parecía estar prestando atención con debido interés. Tenía información de primera mano de particularidades geográficas en todo el condado, llevando a la inevitable pregunta de ¿Cómo rayos sabe eso siendo tan joven? Sin duda la sangre de la familia del hombre lobo fluía aún con sus dejes de secretos y misticismo.
El tono grave lo envolvía, haciéndole espiralar en una sensación con destino directo a la perdición, encontrando que no tenía manera de quitarle los ojos de encima; convertido en un pequeño barco a merced de una tempestad de cabello moreno y pura fibra muscular.
-Stiles, no te duermas, la baba…- su mejor amigo lo pescó con un hilo que pendía de su boca, ignorante e inocentes de las razones tras esa reacción naturalmente fisiológica. Desesperación a flor de piel en un intento de ocultarlo a ojos curiosos.
-Quizás si no fuera tan aburrido- fue su frase salvavidas, intentando colar aquello a un Scott que le miraba con una extrañeza poco típica.
-Pues yo creo que está muy interesante- A buenas y primeras no comprendió porque el tono del adolescente iba en diminuendo hasta casi tragarse la última palabra, pero una sombra amenazante le dio la primicia acongojándolo en el lugar. Sin espacio a disculpas, de un segundo a otro era arrastrado junto a Scott para que un empujón les dejara fuera tras un portazo- Es tu culpa- apresuró a decir antes de ser el objetivo de la misma frase.
-¿Quien piensa que es ese lobo amargado? Seguro puedo demandarlo por abuso… - un puchero evidente, tan infantil como las ideas que abandonaban sus labios. No podía creer que le tocaría una hora de detención con Derek Hale. Al menos Scott estaría con él.
Scott estaría ¿Verdad?
