Nota: Y ya vamos por el tercero, un poco más del punto de vista de Derek, comenzando a hilar poco su relación con Stiles. ¡Espero lo disfruten, espero sus comentarios!

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Derek

Desde el profundo corazón del bosque autóctono, sitio donde la luz apenas besa el suelo en trémulos rayos hasta las alturas de Sierra Nevada, Derek Hale conocía muy bien la geografía del estado de California. Entre sus aventuras contaba la escalada con su tío Peter, si ese Peter, una excursión a conocer los límites del cuerpo físico y la exposición al frío en su extremo. La temperatura tiene dimensiones muy distintas para un hombre de su naturaleza. Una media homeostática muy por encima del común; genética de otro nivel en un sumario llamado licantropía. Sin embargo, como bien había aprendido en las alturas la hipotermia aún es posible, calando hasta el hueso en una reacción capaz de gatillar desesperación animal. Con el recuerdo a flor de piel ponía a tela de juicio las intenciones de su tío bajo nueva perspectiva ¿Era esa sonrisa que recordaba una de orgullo al logro o puro sadismo de verle sufrir? Esperaba no mancillar más el recuerdo con una respuesta.

De allí hacia el sur donde el verde predomina en tierra fértil. Entre esos extensos kilómetros de cosechas, bosques, ríos y lagunas se encuentra Beacon Hills. Pequeño, demasiado para el mundo de atrocidades que le rodea. Detalles que no tuvo el placer de compartir con la clase, aunque con gusto entregaría el salario del día para ver un poco de espanto en sus rostros a la realización de la gran mentira de todos los siglos: la existencia de lo sobrenatural. Hale favorecía la práctica, el conocimiento de primera mano, el instinto primal que la sociedad moderna adormece. La estupefacción y la incapacidad de actuar no son más que el engendro que crea una generación donde todo está preparado, pre engullido para su degustación. Tenía en frente una jaula llena de canarios, y al parecer uno que otro gallo.

Stilinski parecía absorto incluso a sus propias palabras y Mc Call bajaba la guardia en un intento por tener su atención. Mal, terriblemente mal. Una mecha corta llamada paciencia que no tarda en extinguirse, dando sitio a la reacción que el común conoce como explosión. Sinopsis rápida de cables neuronales que se cruzan y activan la molestia con órdenes claras y concisas de cerrar una mano y otra en los cuellos de sus camisetas y tirar. Les arrojó con tanta facilidad que uno cuestionaría si realmente había echado a dos jóvenes adultos de su aula o un dúo de costales de papas. La excusa perfecta para recuperar toda atención.

Continúa su relato hacia el oeste a lo largo de una línea costal que abarca las playas más famosas del estado hasta pequeñas joyas que un ignorante jamás sabría. Nota el brillo en algunas miradas cuando habla de los cimientos de Los Ángeles o San Francisco. A esas alturas no podía culparles por querer dejar lo que literalmente era un pueblo de mala muerte. Suena la campana. No le importaba sobrevivir el primer día, sabía que lo haría y las bajas habían sido mínimas agregaría hasta…necesarias.

Por reglamento tenían una hora de detención. Le caía tan en gracia como podía imaginar al dúo adolescente.

-¡Hale!- el gritó le erizo los vellos de la nuca. Demasiado volumen y carga para oídos sensibles ¿Es que el hombre no sabía hablar como una persona normal? Era el entrenador, caminando en su dirección como una avalancha que no tenía miedo de llevarse a alguien por delante que, para la suerte de uno y que otro desafortunado alumno, significó tener que abrazarse a sus casilleros por salvación. El gesto de alzar una única ceja le dio freno en seco, obligando a tragar otro grito frente al aire intimidante del nuevo profesor de geografía

-Mc Call. Necesito a Mc Call- curioso sonaba a pedido. Derek mostraba aún esa mueca inmutable, facciones perfectas pero en falta de gracia con tanta amargura que llevaba encima. La sequía de una falta de respuestas inquietó más al hombre cuya hiperactividad podía rivalizar con la de muchos de sus alumnos- ¡Tenemos una importante práctica puedes quedarte con Stilinski!- El impacto había cedido, recobrando los tonos que tanto molestaban al oído. ¿Y Stiles? Usado como una moneda de intercambio, un chivo expiatorio por el capitán del equipo. Buena estrategia pero no iba a ceder sus fichas por mero capricho, no si podía sacar retribución al respecto.

- Llévate a Scott, pero me debes cubrir una hora de detención cuando diga- remarcó tanto las palabras finales como haría un ejecutor al pasar sentencia paladeando con gusto el titubeo de aquél adulto que aceptó a las condiciones tras pocos segundos de considerarlo. Iba a ser una hora bien cobrada, cuando llegara.

Un paso tras el otro, miradas entre susto y hambre como si fuera cerbero el que caminaba por esos pasillos, porque así se sentía, un enorme perro de tres cabezas a quien todo alumno no podía al menos evitar echar un vistazo con personales motivos. La marcha se detiene, aquella parejita esperando fuera del aula de detenciones con aproximaciones totalmente opuestas. Inspiró, sutil, buscando escapar a los sentidos de Scott mientras intentaba dar con el aroma particular de cada uno. –Ustedes- El lobo adolescente gozaba de una neutralidad poco común asociada a la calma sin altercados ¿Pero su amigo? ¿Por dónde empezar…?

Tintes de inseguridad espolvoreada por el picante aroma de una ansiedad que carcome. Nervios a flor de piel, leve sudor, algo más….Lo último le confundió pero no quiso ponerlo en pensamientos o palabras; demasiado peligroso para su naturaleza dominante – Tú te vas con el entrenador – indicó a Scott con el pulgar apuntando hacia atrás directo hacia el campo de lacrosse. A esas alturas podía barrer el suelo con la mandíbula de Stiles quien soltaba toda una nueva oleada recargada de olores. Más de lo mismo, adrenalina, terror subyacente y un calor que cocía por dentro. Habiendo abierto la puerta con una mano indicó con la mirada que ingresara. Un segundo, dos y tres de nada. Otra vez recurrió a capturarlo de la ropa y arrojarlo dentro de un empujón que casi le despatarra contra una fila de pupitres.

Silencio absoluto, la puerta se cierra y se escucha el pestillo que evita cualquier escape corriente. El hombre toma sitio tras el escritorio que le daba el cargo de profesor, escucha el pesado tragar del joven a media distancia que termina adornando con un suspiro. Más de esa incomodidad absoluta que le hace ir y venir de un lado a otro en la misma silla; las manecillas del reloj ni se mueven.

Una hora. Sesenta minutos en única compañía de Stiles ¿Era el destino tan bribón que siempre le encuadraba con él en cada situación? Había dicho que no quería ser niñero de nadie, mirarse ahora.

-¿Qué te pasa?- la pregunta raspa la sequedad del encerrado ambiente creando una tensión invisible en el menor allí presente. Tercera oleada de sensaciones que percibía su agudo olfato, dando cuenta que su voz parecía ser el común denominador en la situación. Animal pero no estúpido - ¿Todavía me tienes miedo? – una pregunta genuina hacia un tren descarrillado en una dirección sin imaginar.

Derek Hale no tenía idea de sus errores.