Nota: Perdonen la demora, he sufrido una falta de internet por unos días que me dejo sin postear para el día pautado. Stiles no tiene idea de lo que ha pasado pero de repente se ha visto inmerso en todo un problema. Espero disfruten el capitulo y espero sus comentarios.

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Stiles

¿Qué? De nuevo… ¿Qué? ¿Por qué de todas las posibilidades le tocaba él y justo a él tener que pasar una hora en soledad con Derek Hale? El universo no le escuchaba, estaba condenado y si para entonces no le habían clamado en trofeo alguno de los tantos horrores de Beacon Hills, estaba seguro que el mal genio del lobo amargado se llevaría los honores. Una cuestión de mera simpleza, a la vista poseía kilogramos de fibra tensa y compacta, contorneados y bellos músculos que a la orden podían reducirlo a gelatina moteada a lunares. El pensamiento le hizo temblar, temía, respetaba y secretamente admiraba esa fuerza con la devoción que un coctel de hormonas en forma adolescente podía otorgar.

Iba a decir algo, labios que trémulos se separaban pero no daban sitio a palabras concretas. Aquél verde de hierba recién cortada le desconcertaba, rompía su volátil atención con cristalina facilidad. Podía quedarse mirándole o…

El cosquilleo en su vientre comenzó a subir, de mariposas transformadas en un estallido violento típico de la edad, una sensación transformada del placer al caos que podía ser una coca cola recién revuelta. Su estomago era una montaña rusa de sensaciones apiladas una contra otra que como un resorte le hicieron saltar de la silla en la que muy obligadamente había caído - ¿¡Y tu quien te crees que eres chucho pulgoso!?-

Una burbuja temporal donde todo se detuvo. La primera pauta que le informó de tan abismal error fue el arco de aquella ceja oscura y densa que a pesar de su curva golpeó certera al centro de su pecho, debilitando la entereza. Su razón llegaba un segundo demasiado tarde. No podía verlos, pero espiaba el contorno de extendidos caninos bajo labios carnosos, una señal de enfado y peligro. Costumbre, condenada costumbre. Porque no solo le había gritado a un hombre lobo, mayor, alfa, y de mal genio, sino que estaba encerrado allí con él y era legalmente su profesor. Adiós posibles universidades, hola eterno reprobado en geografía. Bueno, al fin y al cabo no tenía pensado sacarse un grado en ciencias astronómicas, además siempre hay algún sitio que necesita personal de limpieza ¿Verdad? Claro siempre que viviese para contarlo.

-Oh dios - Rogó internamente en segundos convertidos en eternidad. Era la misma situación como cuando su padre quería mantenerlo alejado de la radio policial o le encontraba revisando los archivos en la comisaría, de patitas para que las quiero. Todo sucedía en cámara lenta como producto de un choque de adrenalina. En un parpadeo Hale estaba de pie, tenso, y podía saberlo porque su pecho se contorneaba perfecto bajo la camisa dejando a una mínima imaginación la posición de dos aureolas que conformaban sus pezones. Rebobinó ¿En qué estaba pensado? Derek iba en su dirección, tempestuoso, con su nombre escrito a boca que tenía pensado gritarle hasta dejarle sordo.

Luego todo se hizo gris, o marrón, o una conjunción de esos dos colores. De un momento a otro respirar era una labor imposible que quemaba el pecho por dentro. Intentó llamar solo para encontrar que no tenía voz, que el mero gasto de aire empeoraba la situación y llenaba de puntos negros su escasa visión. No escuchaba nada salvo un constante pitido estridente como al dejar el teléfono descolgado. ¿Qué había ocurrido? Por primera vez en su vida no tenia idea ni manera de formular una hipótesis, intentar moverse era un suplicio que no quería repetir. Entre tanto el aire le abandonaba, podía sentir una resequedad debajo de la piel, sus pulmones imaginados en semejanza a una bolsa de plástico a la cual le habían quitado el contenido, privado de su esencia vital.

Lo único distinto era la humedad, una a la cual no pudo darle más origen que a sus propios ojos ¿Era esa agonía lo que significa morir? En ese limbo, en aquél instante deseó más la suerte de un abrazo mortal de su profesor que el desconcierto de una muerte súbita. Intentó patalear pero todo nervio se sentía bañado en cemento, rígido e inamovible, convertido en un cadáver. Entonces aquél pitido se mezclaba con una arrulladora música de fondo. Era eso, su madre venía a buscarle para llevarle con ella y él no podía luchar. Estaba acabado. Estaba...

Una silueta oscura eclipsó lo poco de luz que aún poseía. Fueron motas de un sabor muy particular y golpes que quemaron por dentro como si hubiese tragado brasas al rojo vivo. Llegó sin aviso la frescura de menta y café, el infierno reemplazado por una calidez hospitalaria que le hizo buscar mas de ello. Uno, dos, tres. Sentía desaparecer la resequedad de su boca cada vez que contaba en esos perfectos intervalos. Sabía que estaba sonriendo, y para cuando la idea tomó cimiento en su cabeza sintió un golpe al hombro que le devolvió a la realidad.

Había caído, o más bien era lo único en el centro de la sala pues el resto de los pupitres estaban esparcidos hacia la pared opuesta de la entrada como si un tornado hubiese ingresado por la puerta. Por su parte un tren era mejor comparación. Allí donde Derek había puesto llave se encontraba un enorme agujero, marcas de líneas rectas en el suelo que habían surcado la posición en la que había estado para terminar más allá de la pared, creando una nueva y totalmente inesperada salida de la sala de detenciones. Una apertura de extremo a extremo, donde entre la polvareda de material y algunos cables arrancados estaba el enorme moreno arrodillado contra si y las manos puestas sobre el pecho de su alumno. Las multitudes ya se congregaban fuera.

-¿¡Qué haces!?- pregunto escandalizado por la cercanía mientras se sentaba dolorosamente. Al probar, su gusto daba cuenta de ese sabor foráneo a plena conciencia. - ¡Me vas a llenar de pulgas!- dijo pasando el dorso de la mano por su boca solo para llenarse de tierra que le hizo toser. Si, no era la mejor forma de agradecer a quien te salva la vida pero Derek Hale le había metido lengua sin su permiso, o eso supuso.

-¿Qué fue lo que paso? ¿Qué me golpeó?-

Con simpleza, el líder de la manada dejó saber que no había sido un qué.

-No tengo idea de quien era-