Notas del autor: Una nueva pieza cae a Beacon Hills, y Derek quizás encuentra estar tan confundido como Stiles. ¡Espero sus comentarios y criticas!
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Derek
El olfato era indicador. Un sentido que el común de la gente ignora en la vida cotidiana, solo la comida, los perfumes, y el agrio aroma del sudor recuerdan que la nariz esta para mucho más que hacer de bomba a tan vital aire. Indispensable. Una ironía cuando la percepción de tan desestimado sistema puede dar la fineza de detalles que solo un entrenamiento de años en lectura de gestos pone a la luz; todo con una simple inspiración. Leído como un libro abierto, las emociones de Stiles florecían en una prima juventud que destilaba un deseo inevitable. Ineludible, una realidad en la que estaba inmerso como presa del propio existir y sus benditos diecisiete años. Era todo un milagro que con esa boca hubiese llegado tan lejos ileso porque no iba a mentir en decir que muchas veces se ganaba a pulso uno que otro apretón, con ambas manos, al cuello.
Desestimado el pensamiento homicida de primer grado permitió a unos instantes de observación, intentar poner las fichas que explicasen con algo de razón la presencia de ese aroma. No era ignorante del celo, imposible pasarlo por alto cuando estaba en el epicentro mismo de un terremoto de hormonas. Sin embargo su alumno, porque con total legalidad podía llamarlo así, era el resultado; un tsunami de proporciones colosales que amenazaba seriamente con ahogarlo y como la parte adulta y responsable era su deber y trabajo resistir, practicar las tantas enseñanzas que intentaba inculcar a Scott y la manada. Nunca había dicho que fuera fácil.
El sonido, un chirrido aún distante interrumpe sus pensamientos y le descoloca de sitio, descubriendo que ya estaba de pie, buscando gritar su nombre. Helado de un segundo al otro, las amenazas de Stiles se transforman en ruido blanco que quedan grabadas, bien grabadas, en algún recóndito rincón de su mente. De uñas contra el pizarrón, esa espantoso ruido surcaba desde un extremo a la cercanía a una velocidad alarmantemente sorprendente. Imposible, no había manera aún si consideraba sus tantas vivencias. El tiempo llegaba a su debido párate.
La nariz de un lobo adherida a una cabeza humana es una cosa curiosa. Incluso con los avances de la ciencia es difícil determinar lo que exactamente ven y sienten otros seres vivos cuya percepción no es la propia de la raza homínida. Hale, como los suyos, era un caso especial capaz de gozar los beneficios de dos eslabones muy distintos de la evolución. Con la suficiente concentración y una potencia natural, era capaz de dar un sentido casi tridimensional al olfato, procesar la información a otro nivel. En resumidas cuentas, su condición aumentada le permitía trazas líneas, pasadas, presentes, anticipar el futuro de la misma manera que cualquier persona haría al observar movimientos con la vista. ¿La ventaja? Las paredes no son un obstáculo, tampoco la dirección y por la manera en que su piel se erizaba sabía que su inconsciente no anticipaba lo mejor; Stiles estaba justo en el centro de su proyección, una piedra en el camino o quizás la presa de un predador. Conocía bien la sensación.
Se agotan los segundos, lo que fuera aquello atraviesa el concreto y material como lo haría un tren de carga, cruzando de lado a lado para llevarse todo por encima. En aquella nube tóxica observa a la criatura de pie, un aroma salitre le quema las fosas nasales con cada inspiración. Se atreve esbozar una sonrisa en plena oscuridad, silueta que juraría ser humana. Oye el batir de algo, extremidades que no reconoce, y tal como había llegado salió por el extremo opuesto, aquél donde no había puerta creando toda una nueva arquitectura en el proceso. El silencio atormenta a Derek. Stiles está muy callado, de hecho su corazón no late.
La prisa le tiene sin cuentas, no iba a ser el profesor que en su primer día pierde a un alumno, mucho menos ser quien le diga a Scott que su mejor amigo estaba muerto. Separó los labios ajenos, llenó sus pulmones de aire para luego obligarlo a fluir hacia el joven en un gesto que unió sus bocas en perfecto sello. Uno, dos, tres. Cruzadas sus manos al pecho del menor ejerció debida presión, obligando al órgano central a funcionar. Repitió. Repitió otra vez. Su sabor era a mentol dulce, no sabía decir porque siempre había imaginado que Stiles sabía a golosina. La desesperación le obliga a cerrar los puños, casi pegado a él como si fuera capaz de escudarlo de la muerte misma. Por primera vez el sonido se transformó de una molestia a sublime bendición.
Preguntas inevitables que le regresan al caos de solo hace momentos, reviviendo aquella imagen de pie una sombra entre nubes cuyo rostro no dio cuenta. Ciertamente no era un animal, tampoco una persona pero no había error en decir que…
-No tengo idea de quien era-
-¿Cómo que no tienes idea?- preguntó su alumno con total incredulidad, dejando saber entre líneas que le resultaba poco creíble que alguien se le hubiese escapado de las manos a Derek Hale.
-Estabas muriendo Stiles- replicó con todo el cansancio cayéndole encima y de repente la adrenalina dejaba su sistema, desertando una sobrecarga de músculos tensos tras un exhaustivo gasto de energía, eso sin contar el día que se cargaba a hombros. Quizás salir de la cama no había sido la mejor idea y por supuesto no esperó agradecimientos aunque el chico se mostraba cabizbajo.
- Yo me encargo de esto. Ve a la enfermería- no tenía ni que mirarlo, sintió el pinchazo del aroma del joven cuando este estaba a punto de desplegarse en otra de sus exageradas quejas. Sólo entonces emergió Scott con un rostro tan anonadado por el escenario como el resto de la multitud que se conglomeraba a ver – Llévatelo – tras tirones, un empujón y una que otra maldición que se acarreaba el aire, el lobo adolescente se había hecho con su amigo en camino a la enfermería dejándole vía abierta para ocuparse de todo.
Lo primero fue enviar a los grupos de alumnos de vuelta a su sitio, ordenar un abandono del lugar afectado, evitar la biblioteca y cualquier espacio inmediato para regresar directamente a casa. El cuerpo docente y el director fueron los siguientes pero cuando estuvo a punto de abrir la boca otra voz tomó la escena. Era una mujer, no llegaría a los treinta, cabellera larga y de un lacio perfecto. Derek no supo decir si su cabello reflejaba ese tono azulino naturalmente o alguna clase sutil de tintura hacia a la ilusión. Labios carnosos, una sonrisa perfecta y unos ojos claros que parecían cargar con luz propia. Le confundió con una profesora, vistiendo un elegante traje gris que resaltaba el color de sus piernas expuestas en una pollera sobre la rodilla. La placa que expuso le tomó con desconcierto.
- Agente Teles, FBI – Mina Teles, era lo que un vistazo rápido le permitió obtener de la identificación con el pulgar de la mujer al parecer estratégicamente ubicado para esconder la información más irrelevante entre sus datos personales.
- ¿Y el Sheriff Stilinski?- atrevió a preguntar Derek sin pena alguna solo para terminar sorprendido una vez más. Imposible de leer no había esperado en respuesta una sonrisa con tal condescendencia.
- Dada la naturaleza de las circunstancias y la repentina creciente en sucesos de este estilo en Beacon Hills el Estado ha juzgado prudente una intervención por parte de la fuerza federal. Entenderán que es una cuestión de seguridad para nuestros ciudadanos y no un juego de competencia- tenía una voz de seda, fresca como la cerveza en su punto cero al deslizarse por la garganta.
Repentinamente Hale tenía mucha sed y los labios más que resecos. Sonaban sus alarmas internas pero poco caso hacía de ellas. No era seguro que la agencia federal se entrometiera en asuntos de índole claramente sobrenatural. Mina Teles, por su bien debía enviarla devuelta a Sacramento, o Washington, o donde sea que hubiese salido la mujer. Beacon Hills no era su sitio y sin embargo, como muy rara vez, no encontraba el coraje para inhibirla allí mismo y enviarla a casa con la cola entre las patas.
-¿Qué puedo hacer?- no tardó en arrepentirse de las palabras cuando a la hora seguía explicando una y otra vez lo sucedido, obviando la sombra y alegando la culpa a una explosión. Iban y venían dentro de la sala. El caos había residido a un estado basal a lo que uno que otro técnico forense aprovechó para ir recogiendo muestras de todos los tamaños y formas. La mujer no dejaba de mirar todo de una manera que le resultaba inquietante.
-No hay residuos no creo que haya sido una explosión- dijo ella, frotando la punta de la suela contra el concreto y el hombre moreno echó una maldición interna. Era fácil mentir y engatusar al común de un pueblo donde todos te conocen ¿Pero un agente de la ciudad?
-¿Qué cree que sea entonces, una falla estructural? – preguntó como quien no quiere la cosa, mirando aquél pie. Tenía razón ni una marca. Ni una marca. Algo tan fuerte y pesado debía de al menos haber dejado algo en su paso pero allí no había nada. Absolutamente nada.
- No lo sé, Señor Hale-
-Llámeme Derek- espetó con su crudeza amarga.
-Pero eso lo que vamos a averiguar, Derek-
No tenía que ser forense para entender esa indirecta.
