Notas del autor: ¡Nuevo capitulo! Esta vez es el turno de Derek de sufrir un poco mientras todo empieza a tomar forma. Espero os guste el capitulo, cualquier comentario como siempre es bienvenido.

6


Derek

La vida es conjunto de sensaciones, experiencias, idas y vuelta en un colectivo creado a base de causas y consecuencias. Derek Hale no tenía idea de cómo había terminado en la situación en la que estaba inmerso, casi incrédulo del temblor que lo recorría denotando claro nerviosismo. Quizás había sido una pésima idea, quizás estaba a tiempo de hacer una única llamada y cancelar el encuentro. En un extraño vuelco de eventos encontraba su día envuelto en una nebulosa de incertidumbre.

El reflejo le devolvía su rostro, ojos que en otrora parecían granates le miraban con la paz de la hierba recién cortada. La piel estaba limpia, relucía y el azabache húmedo recordaba al más pulido ónice. Esa era su persona, quien inexorablemente le devolvía el juicio de su imagen en una realidad falta de subjetividad.

―Voy a llamarla― una sanción expresada a los vientos como testigos de su convicción que aún pisaba en terreno pantanoso. La ropa le esperaba sobre la cama, aquél jean siempre confiable y la típica camiseta negra que intimidaba según el portador ― ¿Dónde…? ― con presteza la cama se volvía un nido revuelto, los cajones estaban abiertos y sus pasos ya se oían en un descenso que recordaba un tren de carga a todo motor. El móvil, aquello que buscaba con desespero, vibraba en la mesa en un tono que se le hizo burlón, danzando victorioso sobre la madera. Tres golpes a la puerta y una única maldición que escapó a sus labios cuando no encontraba ni tiempo a ordenar sus pensamientos.

― ¿Y es que no piensas atender la puerta, o al menos el teléfono? ― preguntó la voz de matices femeninos, una exigencia tácita, ingresando como una lengua de fuego que dio color a su tan monocromático espacio masculino. Su mano estaba en alza, uñas perfectas de un vivo carmesí que mantenían el móvil mostrando la cantidad de llamadas que tenía sin contestar por parte de Hale.

―Estaba por llamar…― interrumpido, aquél par de ojos claros le miraba como quien piensa desplumar a un gallo si sigue cantando.

―Por supuesto que estabas por llamar, para eso estoy aquí ¿No? ― cuestionó como quien no espera respuesta negativa.

―Lydia…― atado por el destino, su posibilidad de escape se esfumaba en un incendio con la firma de Martin.

―Nada de "Lydia" ― le reprochó la chica, manos como pinzas a los lados y una mirada de arriba abajo como quien evalúa estrictamente ― Por favor dime que no vas a llevar eso puesto―

Derek tragó pesado, falto de palabras. Si bien por regla general era de poco hablar el juicio sin misericordia que traía Lydia en ese vistazo había sido capaz de crearle un nudo en la garganta, congelado como estatua.

― ¿No tienes algo que sea de este siglo Derek? ― continuó y con un cuidado típico tomó la camiseta con la punta de los dedos ― Sé que los lobos son criaturas nocturnas pero quizás quieras dejar la noción fuera de tu guardarropa ― mientras hablaba la joven iba entornando los ojos, fijándose en detalles que al común de la gente le pasarían desapercibidos- Tengo tres exámenes mañana y he usado mi descanso para esto, mejor muéstrame tu vestidor―

Silencio de sepultura.

― Dime que los de tu tipo tienen un armario―

Más de una falta absoluta de sonidos, incomodidad perpetua. Derek le dio la espalda y sin mediar palabras le guio hasta el piso superior para señalar su ropero. Una única mueca dio indicio a Lydia para que ignorara el caos que había dejado momentos atrás. Por un instante parecieron congeniar en esa idea pues la chica abrió las puertas dispuesta a meter mano en las prendas.

― ¿En serio Derek? ― preguntó levantando una camiseta que elevó a la altura del rostro y que a pesar de ello podía perfectamente mirarle a través de un agujero en todo el centro ― ¿Vives debajo de un puente? ― prosiguió con clara indignación en su tono ― Y es que ni donarla, hazme el favor… no, al mundo de quemarla ― sancionó arrojándole la prenda. Otra más a ese estilo, e incluso una tercera en la cual puso a su índice a jugar en el orificio ― Hombres ― fue todo cuanto necesitó decir para excusar la barbarie y la sucesión de pecados a la moda que veía allí dentro.

―Esto podría funcionar, necesitas mostrar algo de trasero ― dijo arrojando unos pantalones claros que fueron capturados por el moreno en pleno vuelo ― ¡Una camisa vaya milagro! ― exclamó sumando aquello a lo anterior, empujando un par de zapatos con el pie ― Necesitas urgente ir de compras, esto se parece el armario de Stiles ― sancionó y luego le miro con sospecha ― ¿Le has dicho algo a Stiles de tu cita? ― intrépida, avispada, detrás de esa mascara moderna la inteligencia y astucia de Lydia Martin era un hecho incuestionable.

Derek la miró confundido, contrariado por la idea que planteaba. Stiles no tenía nada que ver en ello, no había nada que explicar. Stiles era Stiles ¿Por qué iba a tener que rendirle cuentas? La pelirroja se mantuvo de espaldas, dándole el tiempo de cambiarse y posiblemente esperando una respuesta que jamás llegó.

Habían vuelto a la planta baja, creyéndose ya completo el lobo amargado puso una mano en su chaqueta de cuero, la de siempre. El rechiste que salió del a boca de Lydia lo tensó de pies a cabeza ― ¿¡Qué!? ―

― ¿Cómo "qué"? Quizás toda la imagen de chico malo te sirva en el pueblo, pero vas a salir con una agente federal. Ella se encarga de poner tras las rejas a los de ese tipo. Toma el saco por favor ― y para esa altura ya imploraba por algo de sensatez en la cabeza gruñona de aquél hombre que muy a regañadientes accedió al buen punto de la chica. Sin llegar a ser formal, la prenda mostraba sus amplios hombros y estrecha cintura ― Ahora ve y sé el profesor que conocemos ―

Entre empuje y risas le habían echado de su propia casa.

― Arreglaré un poco aquí y volveré a estudiar, tranquilo sé cómo salir ― e incluso le cerraban la puerta con una sonrisa.

Con el cuerpo ya sobre la motocicleta no pudo evitar perderse en pensamientos ¿En qué momento había decidido pedir la ayuda de Lydia Martin? La respuesta le cayó como un balde de agua fría.

La tarde anterior había sacado a relucir todo su despliegue de trucos para con la agente. Un tono grave pero que acaricia como el terciopelo, gestos de pura cortesía e incluso esos aires dominantes que hasta la fecha le habían conseguido a quien quisiese llevarse a la cama. Inmutable, la mujer sin llegar a ser fría parecía inmune a todo su encanto. Fue en el viaje de regreso a casa. Un segundo de nada en el que había notado su propia y tonta sonrisa en el reflejo del escaparate de una tienda cuando ella no hacía más que hablar de trivialidades del día. Viéndose engatusado sintió la obligación de contratacar con armas más pesadas. De allí la idea que le había condenado a merced de la compañera de Stiles. Necesitaba amigos de su edad.

La cita estaba programada para el final de la tarde a encontrarse en el estacionamiento del cine local, tan puntual que para cuando el moreno apagaba el motor de la motocicleta Mina bajaba del coche con tacones que se hicieron oír. No eran exagerados, el largo perfecto para otorgar la finesa de una primera cita sin rayar la formalidad. Todo su cuerpo era engalanado por una única prenda, un vestido fresco de un precioso azul marino que se plisaba a la altura de la cintura. Su cuello estaba expuesto con un único collar de plata cuyo dije era de formas sinuosas. Perfecta para el cine y quien dice una cena al terminar.

― ¿Estás listo? ―

Preguntó ella con una risa que le recordó al trinar de su ave favorita, y allí estaba otra vez esa sonrisa tonta devuelta por el espejo lateral de su motocicleta. Quizás falto de costumbre pero nunca sin preparar.

― ¿Estas segura? ― devolvió Hale con lo que pretendía ser un pique travieso, ofreciendo su brazo para completar la invitación.

Hubo más risas hasta que la oscuridad de la sala de cine se tragó todo sonido.

― ¿Me vas a decir tu secreto? ― preguntó Hale en la salida, cubriendo los hombros de la mujer con el saco que había llevado.

Cabe aclarar que desde un inicio habían sido poco ortodoxos a la hora de elegir la película, democráticamente escogiendo una de terror entre todo el catálogo.

― Bueno, en mi línea de trabajo aprendes que los verdaderos monstruos son los seres humanos ― dijo con una sencillez que dejó asombrado a su acompañante.

― Podrías sorprenderte… aunque ya veo que será difícil hacerte siquiera parpadear del susto ―

Su cabeza punzó por un segundo en lo que detuvo su andar. Allí venía aquél chirrido de nuevo y cuya dirección no podía adivinar. Invadido por la desesperación de un animal acorralado miró en todo sentido buscando una sombra que con facilidad le pasó por delante, fugaz, arrancando su objetivo antes de perderse en la inmensidad de la noche, oculta en el manto nocturno.

― ¡Mina! ― exclamó acuclillándose a su lado para ayudarle tras el golpe sorpresa que la había despedido contra el suelo. Estaba blanca y aquél hermoso collar que llevaba había desaparecido de su cuello.

― Estoy bien ¿Qué… qué fue eso? ― Sin dudas y con experiencia adquirida de años de servicio, su mirada barrió en busca del asaltante solo para encontrar que un dúo de jóvenes iba en su dirección cruzando la calle con una mirada de espanto y confusión en sus rostros. No, en mayor detalle no era cualquier chico sino Stilinski y su amigo del otro día.

― ¿Lo viste? ― preguntó el alfa a Scott con la mandíbula tan apretada que parecía a punto de desencajarse. El chico negó.

― ¿Nadie me cree si digo que era el comité de bienvenida de Beacon Hills? ― la ironía estaba grabada a fuego en las palabras de Stiles pero eso no evitó que sintiese como una infinidad de dagas se le clavaban en la espalda cuando Derek le miró alzando a la mujer en brazos. La noche invocó al silencio, Hale se retiraba.

― En serio es un lobo amargado―