Notas del autor: El inconsciente tiene mucho para decirle a Stiles mientras las pistas no llevan a ningún lado. En busca de respuestas se encuentra sitio para la introspección ¿Por qué él? ¡Espero les guste este nuevo capítulo, las opiniones de todos son bienvenidas!
7
Stiles
Un corazón desbocado fuera de curso, aleteando en simulación de un colibrí en pleno vuelo. Todo había sucedido rápido, muy rápido hasta el punto que la memoria se convierte en una niebla a la cual no poder recurrir. Estaba a punto de sufrir un paro, iba a morir de nuevo. Stilinski estaba siempre al pie del cañón quizás por primera vez podía elegir tirar la toalla con una sonrisa.
―¡Maldita sea! ― gritó a todo pulmón con el cuerpo creando un perfecto arco elíptico sobre la horizontal en la que yacía. Sentidos sobrecargados por ondas de choque que drenaban su energía en una manera desconocida. El temblor de sus manos era un hecho constante que no podía mantener bajo control, buscando a ciegas un sitio donde dejarlas estáticas, un ancla a la realidad en la que estaba inmerso. Sin avisos, la enorme figura le eclipsó con facilidad e hizo añicos lo poco que le quedaba de entereza. Era un dios de amplios y curvos hombros, su pecho dos rocas perfectamente simétricas delineadas por sobre el volumen de su torso. Siempre había tenido la curiosidad de tocar algo así. ¿Y si bajaba? Las cosas solo se ponían mucho más interesantes.
― Derek… ― advirtió en una tensión instrumental. Su desnudez era un problema, sin maneras de describir el estrago que provocaba el voluminoso moreno en igual de condiciones. Y es que hasta su rostro era cincelado en aristas de diamante y la barba un nuevo mundo de sensaciones, una montaña rusa según el camino que el otro decidiese seguir, tenía tanto poder; su calor era un fuego infernal en el que quería quemarse. Estuvo a punto de hacer un intento de pregunta, tomar un consejo de la experiencia ajena pero enseguida su voz se vio transformada en un espléndido gemido. Traicionado ¿En qué momento había logrado posar sus labios en un pezón y tirar de este como si fuera propio? Repentinamente rendido al reaccionar de su cuerpo, latidos pulsando al oído en un claro indicio de excitación ¿Quién podría resistirse a la erótica presencia de Hale en todo su esplendor? Stiles seguro que no, pues entre sus manos se volvía una mantequilla expuesta al sol de mediodía.
― Siento que voy a… ― estaba tan cercano, bullendo en una presión que ni el mejor trato de su mano era capaz de lograr, sintiéndose inmóvil e inútil ante el ataque contrario pues aquellos labios le habían tocado pocas veces en lugares muy estratégicos empujando hacia adelante en una carretera directo a la locura. Desesperado, sus manos encontraron sitio entre aquellos cabellos, llegando a dar un tirón cuando el hombre iba en dirección sur en línea recta haciendo uso de la lengua ― ¿Qué haces? ― mascullo por lo bajo en un arrebato de sentido. Aquél gesto, una sonrisa rayando la travesura dejó una apertura de silencio, el descenso ajeno llegaba a una terrible zona de peligro.
― Se llama sexo oral Stiles― explicó el mayor en un tono de mal augurio. O muy bueno, dependiendo de por donde se viera. Lo soez del menor muere dentro de su mente. Un toque fantasmal, envuelto en el aliento como ejemplo de lo que avecina. Stiles no puede esconder una sonrisa de triunfo al verle adoptar esa forma, un círculo perfecto que bajó por su zona de placer. Lento, caliente, conociendo por primera vez lo que era.
― Stiles― le dijo con una sonrisa, su lengua haciendo trazos que humedecían su masculinidad sin reparo.
― Stiles― repitió él y más se alargó el gesto que cargaba, mostrando la dentadura afilada de cualquiera de los de su tipo
― ¡Stiles! ―
El sacudón fue un balde de agua fría que borraba un gesto tonto de su cara, ojos cerrados. Las faltas de atención se hacían cada vez más comunes al parecer y Scott le miraba con una mezcla de asco e ignorancia que le obligó a pensar lo que acababa de ocurrir.
― ¡Maldito chucho apestoso! ― espetó saltando en su sitio, traducido a un acomodo en el asiento del jeep. Al mismo tiempo una buena excusa, pues estaban allí escondidos con la mirada puesta en la entrada de la habitación de Mina Teles en una misión que consideraba en alta prioridad. Todo era culpa de Derek Hale.
― ¿Cómo rayos te has quedado dormido? ― preguntó Mc Call para recibir una mirada fulminante de su mejor amigo, el pobre lobo terminando por pagar y recibir la pelota.
―Creo que es seguro decir que no hay moros en la costa ¿Recuerdas el plan? ― Scott asintió a pesar de ser consiente que eso consistía en bajar del coche, ir hasta la puerta , abrir y buscar pruebas que respaldaran la loca teoría de Stiles respecto a la agente federal ¿Qué teoría? Pues la que decía que era mala y punto.
Apresuraron la marcha, imitando el andar de un ninja oriental hasta dar con el objetivo. Los días de práctica con el Sheriff daban sus frutos cuando efectivamente podía abrir una cerradura sin forzarla, apenas haciendo uso de un par de ganzúas improvisadas hechas de horquillas que Lydia había donado sin saber.
― Yo buscaré aquí, tu por aquella zona ― un divide y conquistarás que el joven puso en ejecución nada más dar un paso dentro, convenientemente le tocaba revisar los muebles y cajones donde la mayoría de las pertenencias foráneas estaban distribuidas. Conforme a los minutos pasaban, entre blusas y brassieres y ropa interior que tildó de mal gusto, la paciencia de Stiles iba muriendo y su actitud se llevó lo mejor de si mismo.
Scott no supo explicar cómo, o de dónde, pero su mejor amigo había sacado un par de zapatos de tacón alto perteneciente a la mujer y caminaba por su lado del cuarto moviendo las caderas en una perfecta sátira ― Mírenme, soy Mina Teles, todos me aman ― ironía tan palpable que el ácido le quedaba a menos. Derecha, izquierda, derecha, izquierda, mentalmente Mc Call mantenía una cuenta de la cantidad de veces que su amigo repetía la acción. El tiempo hacia tic tac.
― Stiles― una observación pequeña de quien espera un castigo al interrumpir
― ¿¡Qué!? ― preguntó él sin tardar en mirarse, luego los zapatos, finalmente a su amigo. Rugió una maldición y aquél par salió volando en una trayectoria fugaz ― ¡La odio, todo lo que dice es pura mierda! No se cómo no lo ven ― su indignación era tan palpable que hizo encoger a Scott en su sitio aunque el lobo mantuviese la postura de un juicio errado por parte de Stiles.
― ¿Qué vamos a hacer ahora? ― Animó a preguntar, intentando descubrir mientras recogía el par de zapatos el respectivo sitio de donde habían salido.
― Necesito pensar. Tarde o temprano se va a equivocar, todos los malos lo hacen ― Stilinski sabía que podía estar pecando de idealista pero poco caso de ello tenía pensado prestar. La repudiaba internamente, detestaba su cara como quien habla de un cubo repleto de basura. La quería lejos, lejos del lobo amargado.
―Vamos, solo falta que la soberana perra nos encuentre y de razones para encerrarnos en Eichen House ― extremista quizás y tras un par de vistazos más juzgaron la tarea resuelta, sin victorias y una escena del crimen perfectamente impoluta o eso querían creer. Más quejidos por parte del jeep.
― Tiene que tener una guarida secreta donde come niños― dijo Stiles llenando el silencio de un viaje monótono por las calles de Beacon Hills.
―No ha habido niños desapara…― respondió su acompañante
― ¡Podrían comenzar a desaparecer! ―
Scott, sabiéndose vencido por la insistencia ajena no dio reproche, solo haciendo rodar los ojos en dirección a la ventana. De más estaba decir que la brillantez del conductor muy fácilmente se eclipsaba por su intensidad emocional. Quizás tenía algo que ver con su condición médica. Por su parte era un lobo adolescente, no era una cuestión a lo cual podía dar respuesta más que dar apoyo en nombre de su amistad.
― ¡Frena! Hablando de Roma… ― divisó el joven licano con vista privilegiada. Hale y la susodicha iban muy campantes de la mano tras salir del cine para disgusto del conductor. La tensión alrededor de Stiles fue tan palpable que Scott no pudo escapar a tragar pesado. El freno fue de inmediato, en paralelo a ese ataque que presenciaban a la distancia, como si alguien arrancara el velo mismo de la noche, curvándolo para caer en picada y hacerse con lo que buscaba. Scott apenas podía dar algún descriptivo de acuerdo a lo que habían visto y ya en a proximidad Hale no estaba para nada feliz; desapareció con ella como alma que lleva el diablo.
― En serio es un lobo amargado ―
Esa fue la letanía que Stiles se llevó a la cama. La comodidad era efímera, en aquellos breves instantes en que creía invocar a la vigilia nuevas luces se prendían en su cabeza impidiéndole descansar. ― Ni siquiera sé que es eso… ― sinceró para sus adentros, reconociendo fallos y errores que no diría en voz alta. Pensó en su ordenador y lo ridículo que sería buscar "Cosa extraña que ataca en la noche y que aparentemente vuela", ni google era tan sabio. Un suspiro de resignación con la derrota pisándole los talones ― ¿Por qué a mí no me afecta? ― fue quizás la pregunta más acertada entre un mar de ellas, dando vueltas en espirales que no le llevaron a ningún lado.
Pensó en su padre y una de sus tantas charlas. Llovía y de las pocas veces que Stiles obligadamente quedaba quieto sin actividades a la que atender. Recordaba estar perdido, preguntarle al sheriff que solía hacer cuando perdía la pista en un caso. Vuelve a fijarte en lo que tienes y no tanto en lo que falta. Repitió una y otra vez, enumerando hechos llenos de agujeros.
―Tengo un lobo amargado… luego a mí, el colegio, la mujer esa, una extraña criatura y algo que se ha robado. ¿Por qué iba a atacarse a sí misma? Aunque la verdad no vi nada, podría haberse tirado como para un óscar. ¿Por qué tiene a Derek tan hipnotizado? Quizás…― una pausa, barajando la siguiente opción
―Quizás no está trabajando sola ― no sería la primera vez que enfrentaban a un mal cooperativo ¿Cuál era su objetivo? ¿Algo que ver con los Alfas? Agotado, dio fin al interrogatorio personal cerrando los ojos y dejándose llevar. Por un instante deseó soñar, volver a ver a Derek, sentir ese calor que avivaba su cuerpo e incentivaba su mente. ¿Y si le seguía tocando? Bueno, eso ya era el cielo. Uno que ni él mismo admitiría.
