¡Hola!

Muchísimas gracias por sus reviews, me han animado a seguir con la historia. Espero que igualmente les guste, o si es posible, les guste aún más que los anteriores. Bueno, saben que acepto todo tipo de críticas para mejorar mi trabajo, realmente les agradeceré que me digan qué cosas no les gustan de la historia. De antemano, gracias por leer esta historia y pues espero que la disfruten.

Capítulo 3: Alice.

Podía ver por el ventanal el extenso paisaje que se erguía ante ella, impotente y hermoso realzado por los claros rayos dorados de sol. A pesar de la deslumbrante belleza, su ánimo seguía decaído y lo único que podía reanimarla eran estúpidos pensamientos infantiles. Se había imaginado cómo Alice era atacada por bandidos, muchos de estos pensamientos viajaban en su mente una y otra vez dándole una esperanza, pero era inútil, sabía que pronto llegaría. Eran ya las nueve de la mañana y notó cómo un imponente carruaje se acercaba al castillo. Estaba decidido, al llegar su hermana saludaría con frívola cordialidad, haría una elegante reverencia y se mostraría como la refinada señorita francesa que era. Vio cómo su hermosa hermana bajaba del carruaje, con exquisita elegancia y caminaba con altanería hacia el castillo. Sus faldas bailaban al compás de sus pasos, con tanta gracia que en lugar de caminar parecía que danzaba. Rápidamente Bella tomó su lugar en el pasillo principal, repasó mentalmente su plan y esperó pacientemente a que su hermana llegara. Escuchó unos pasos acercarse, y al ver a Alice se sorprendió corriendo infantilmente hacia ella y pronunciando su nombre con una voz una octava más alta de lo usual. Alice por su parte, había dejado a un lado la pose de señorita elegante para abalanzarse hacia los brazos de su hermana, chillando de emoción y mirándola fijamente.

-Vaya, has cambiado mucho desde la última vez que te vi-Sus profundos ojos azules la miraban con alegría, mientras tomaba sus manos, eran tan heladas como recordaba-Creo que te estás convirtiendo en una hermosa señorita.

Bella se sonrojó inmediatamente y enseguida la guió hacia la cámara de la Reina. Los halagos de Alice eran en vano, pues siempre que se encontraran juntas Bella se sentiría el ser menos agraciado del planeta. Llegaron rápidamente a la cámara y al abrirse las puertas vieron como un cuadro viviente, la reina estaba frente a sus damas bordando un extenso manto con las imágenes del cielo impresas, mientras sus damas sentadas alrededor de ella bordaban las orillas haciendo lucir sus pomposas faldas. Esme dejó gustosamente su labor y alzó la cabeza graciosamente. Invitó a Alice, quien se acercó e hizo una bonita reverencia francesa, seguida de Bella, quien trastabilló al hacer su reverencia tan baja. Inmediatamente se irguió al tiempo que sus mejillas se tornaban de un intenso rojo.

Bella se dispuso a mostrarle su habitación a Alice, que estaba a un lado de la suya. Platicaban sobre el largo viaje, el clima y todo tipo de banalidades. Bella estaba realmente feliz de ver a Alice, después de todo había pasado mucho tiempo sin haber tenido noticias suyas, sin embargo sentía que un gran peso caía en su estómago y esa sensación en lugar de abandonarla, crecía cada vez que escuchaba la melodiosa voz de su hermana haciendo algún comentario. Alice sólo era un año menor que Bella, apenas contaba con catorce años. Finalmente llegaron a una bonita puerta de madera, que abrió lentamente, dejando ver una habitación luminosa completamente bañada por el sol. Alice entró dando unos pasos agraciados, que más bien parecían pequeños saltos. Inmediatamente se dispuso a revisar sus baúles, no quería que faltara ningún vestido, pues todos estaban a la última moda francesa y ella siempre gustaba de lucir a la moda. Bella decidió regresar a la cámara de la reina, Alice temiendo quedarse sola la acompañó, siguió hablando con una voz llena de alegría, mientras Bella fingía escucharla. Llegaron a la cámara y entraron para comenzar su labor con respecto a la bonita imagen que la reina pretendía bordar. Alice había recibido sólo una esquina de tela, donde bordaría un basto cielo azul, Bella bordaba parte del manto de la virgen. La reina le designaba a cada dama su bordado, confiando en las habilidades de cada una. Mientras bordaban platicaban alegremente de los sucesos del castillo. El crepúsculo estaba llegando, y con él los sonidos de un carro y varios caballos, el rey finalmente había llegado. Alice se apresuró a ver por el ventanal, acompañada de Bella, quien estaba deseosa de ver a Edward. Pronto notó su presencia y vio cómo éste levantaba la vista hacia el ventanal, Bella pensó que fue su imaginación, hasta que una voz la sacó de sus pensamientos.

-¿Quién era él Bella?-Preguntó ávidamente Alice, un extraño brillo iluminaba sus ojos azules, realzando el bello color.

-Él es el príncipe Edward-Miró a su hermana quien con la mirada pedía saber más del noble-Es muy reservado y rara vez viene a visitar a la reina, además de que tampoco le gusta comer con sus padres. Al parecer sólo convive con ellos en privado o cuando el Rey lo invita a la cacería.-Le dio la espalda al ventanal y se dispuso a seguir con su bordado, cuando irrumpieron fuertes carcajadas en el umbral de la puerta.

El rey había llegado y con él Edward. Miró rápidamente a Bella, extrañamente no la miraba con rencor como antes, ahora le había dedicado una mirada cargada de emociones, que eran imposibles de identificar. Inmediatamente retiró la mirada y se dirigió a su madre, saludándola con respeto y afecto. Bella se había sonrojado notoriamente, y decidió volver a sentarse en su lugar. Alice se quedó de pie tras ella tratando de descifrar la actitud de su hermana. El rey se acercó a Esme y la saludó calurosamente.

-Señora, he estado bajo los rayos del sol todo el día, pero no es hasta ahora que estoy completamente deslumbrado.-Sonreía como un adolescente enamorado, a pesar que ya casi cumplía los cuarenta. Esme se ruborizó ligeramente e invitó a su esposo a tomar asiento junto a ella.

-Hoy ha llegado la señorita Swan-En sus ojos se notaba el cariño maternal que profesaba a cada una de sus damas-Será otra de mis damas y nos acompañará por un tiempo prolongado.-Invitó a Alice a pasar al frente. Edward se encontraba de pie junto a su madre, e inmediatamente posó su mirada sobre Alice. Bella sintió que un peso caía hasta su estómago, jamás había visto esa mirada en Edward.

-Su Majestad-Alice hizo una impecable reverencia, haciendo que Edward la mirara con más intensidad-Para mí será un placer servirla, tanto a usted como a su familia.

-Aún no has dicho tu nombre-Carlisle había hablado, le miraba con ternura como si fuese una hija y no cualquier dama de la corte. En ese momento Bella sintió que su mundo se derrumbaba, hasta el momento había sido la favorita, pero ahora no era mas que la sombra de su hermana.

-Mi nombre es Alice, Alice Swan, y estoy aquí para servirle-Hizo otra impecable reverencia y se irguió elegantemente, con su inigualable gracia sonriendo ampliamente.

-Bienvenida entonces Lady Alice- Carlisle se había puesto de pie, invitando a Esme a seguirle- La cena se servirá dentro de unos minutos, espero tener el placer de su compañía-Dijo de forma general, y afianzando a su esposa del brazo se retiró.

Edward no se había movido de su lugar, tenía la mirada perdida y no parecía hacerle caso a nada ni a nadie. Bella sintiendo que en cualquier momento iba a derrumbarse salió apresuradamente de ahí, tenía que ir a algún lugar, donde fuera. Alice notando el estado de su hermana salió tras ella. Bella corría como si su vida dependiese de ello, atravesó puertas, pasillos y siguió corriendo hasta llegar al único lugar donde sentía paz, al lugar donde había descubierto que podía alejarse de todo, donde sentía que el mundo era insignificante. Llegó al jardín que antes le había proporcionado calma y se sentó en la banca que estaba frente a la fuente. Comenzó a llorar entrecortadamente, sentía que su alma se desgarraba lentamente, creía sentir cómo su corazón se desangraba gota a gota. Sintió que unos ligeros pasos se aproximaban a ella, pero no le importó. Alice se había sentado a su lado, y delicadamente la acostó en su regazo mientras le acariciaba el pelo. Bella seguía llorando, ahora con más intensidad que antes, no soportaba su situación. Lloró hasta que sus lágrimas parecieron agotarse, y con ellas su energía, solo cerró los ojos sintiendo las suaves caricias de su hermana y se sumió en un profundo sueño. No sabía cuánto tiempo había pasado, tampoco recordaba más que imágenes distorsionadas debido a las lágrimas, quería despertar pero no podía, el cansancio era mucho y no le permitía recobrarse. Sintió que alguien la cargó, y se tranquilizó al sentir sus pasos, comenzó a marearse por el vaivén y se aferró al jubón del hombre, inmediatamente se llenó de un delicioso y fresco aroma, que era indescriptible, pero que lograba llenar todos sus sentidos y sumirla en un estado de sopor. Las sensaciones la llenaban por completo, parecía que su cuerpo se llenaba de una electricidad embriagante y que por alguna razón no quería desprenderse de él, su cuerpo se amoldaba perfectamente al abrazo protector que la sostenía, haciéndola sentir completa y segura. Sintió que los pasos aminoraban la marcha, y escuchó como una puerta rechinaba quedamente al abrirse, algunos pasos más y sintió que la recostaban cuidadosamente en su lecho. Quería despertarse, impedir que su protector se alejara, pero no podía, su cuerpo no respondía por la fatiga, pero pronto se vio tranquilizada por una mano suave e increíblemente fría que acariciaba su rostro, en seguida Bella supo quién era, inconscientemente sonrió y nuevamente se sumió en un sueño sin imágenes.

El alba comenzó a despuntar, y Bella se despertó sintiendo una calidez hasta el momento desconocida. Sentía una inmensa felicidad al recordar lo que había pasado, aún sin dejar de lado la posibilidad de que todo hubiese sido un sueño, Bella seguía sintiendo que nada podía afectarla. Se levantó y preparó un baño con agua tibia y fragancia de rosas. Estuvo dentro hasta que el agua perdió su calor y salió en busca de algún vestido, finalmente eligió uno color uva, que resaltaba el pálido tono de su piel y daba unos toques rojizos a su cabello, se puso el tocado a juego y salió rumbo a las cocinas. Seguramente la hora del desayuno había pasado, por lo que tendría que comer a parte. Tomó unas cuantas frutas y un pan con queso. La comida le supo maravillosamente deliciosa, y gustosa de ello salió hacia la cámara de la reina. Al llegar se encontró con Alice, hasta el momento eran las únicas que se encontraban allí. Bella se sentía impaciente por saber lo que había ocurrido la noche anterior, pero Alice se había negado a contarle algo, iba a insistir nuevamente pero ahora fue acallada por la voz de la Reina quien llegaba seguida de todas las damas.

-Buenos días, Lady Bella y Lady Alice, espero que su noche haya sido placentera-Sonrió ampliamente y con la calidez propia de la madre-Temo que tengo que darles una noticia maravillosa-Sus ojos brillaban de emoción, y su voz destilaba algo más que alegría-He organizado un baile, el que se celebrará en el Château vert. Lamentablemente-Hizo una pausa viendo la reacción de sus damas, quienes pasaron de la alegría a la expectación inmediatamente- Debido a mi estado de salud no podré acompañarlas, pero estaré gustosa de verlas. Tendrán que trabajar mucho en la coreografía y yo misma les asignaré los papeles que interpretarán. Espero que no haya problemas debido a eso-Las miró significativamente, dando a entender que no aceptaría conflictos de ningún tipo.- Lady Bella, lady Alice, lady Lauren y lady Ángela representarán el baile y yo pronto les diré los papeles que interpretarán. Por lo pronto necesito que vayan con la Sra. Lewis, quien les tomará las medidas para sus respectivos vestidos.

La reina mandó llamar a la diseñadora, una anciana menuda y simpática que traía consigo dos jóvenes muchachas. Pronto Bella se vio envuelta en pesadas telas de un color verde esmeralda, adornadas con bordados dorados. Así pasaron el día las damas, escogiendo las telas, viendo los distintos tocados, entre otras cosas.

Un olor a manzana llenó el ambiente, Bella despertó de sus sueños como jamás lo había hecho, el olor le causaba una agradable sensación de confort y le recordaba a su infancia, cuando era pequeña su madre solía hacerle un pastel de manzana para desayunar y desde que tenía memoria se levantaba con simplemente olerlo. Comenzó a abrir los ojos y notó que extrañamente el cuarto estaba oscuro, se enderezó rápidamente y vio cómo Alice la miraba con ternura y cariño, haciendo entrever su pícara sonrisa llena de emoción y entusiasmo, al fin lo comprendió, el día había llegado. Después de pasar un mes entero entre prácticas de danza, pruebas de vestido, elecciones de tocados, máscaras y un sinfín de cosas, Bella se había agotado tanto hasta el punto de olvidar en qué día vivía. Cada día parecía igual, sólo su hermana lograba hacerlo distinto de alguna forma.

-Me he levantado muy temprano para hacer esto-Sonreía significativamente mientras extendía un plato con un enorme pedazo de pastel-Aunque no lo he hecho sola, debo decir, sabes que las cocinas se ponen en marcha muy temprano, y he recibido un poco de ayuda, aún así lo hice para ti, y espero que te guste.-Parecía muy emocionada por alguna razón, tomó asiento en la silla que estaba frente al lecho y contempló cómo su hermana comía con un dejo de torpeza.

-Muchas gracias, cocinas tan bien como nuestra madre-Dijo con la boca llena, se encontraba llena de migas, pero no le importó, lo menos que quería era preocuparse de la etiqueta.-¿Ya me puedes decir qué ha pasado? O tengo que esperar hasta mañana-Los ojos de Alice brillaron instantáneamente, se levantó de la silla con júbilo y se abalanzó al lecho donde estaba su hermana, abrazándola cariñosamente y tirándole el pastel al suelo.

-No sé cómo decirte la noticia, es tanta la emoción que no puedo contenerla-Soltó un chillido de emoción, Bella se impacientaba cada vez más por el misterio de su hermana-Pero, viendo que no puedes esperar más y que el tiempo se acaba lo diré de un tirón…-Hizo una pausa breve aumentando la expectación, parecía encantada por saber algo que su hermana desconocía y que en apariencia era muy importante.- ¡Emmet vendrá esta noche al baile!

Bella se quedó sin aliento, Emmet era su hermano mayor, y no lo había visto desde hacía ya cuatro años, no podía recordar su rostro con exactitud y el tono de su voz había desaparecido de su memoria. Los tres eran de edades similares, primero estaba Emmet quien contaba con 19 años de edad, luego Bella quien tenía 15 y finalmente, Alice apenas había cumplido los 14 años. La similitud de edades los había unido siempre, en su infancia nunca podían estar separados, sentían la necesidad de estar juntos. Desde los once años Emmet fue enviado a Alemania, para aprender todo sobre la corte y las batallas, en realidad Bella nunca supo con exactitud para qué habían enviado allá a su hermano, no fue hasta cuatro años después que lo vio. Fue una visita breve, estuvo con ellas apenas una semana y después partió rumbo a Inglaterra, al llegar recibió un cargo importante que lo hacía viajar constantemente, ahora se encontraba en España negociando algunos asuntos del rey, Bella sabía que era improbable encontrarse con su hermano, pero ahora tendría la posibilidad de verlo nuevamente, ahora como todo un hombre.

-¿Estás segura?-Miraba con escepticismo a su hermana, era demasiado maravilloso como para ser real, quería ver a su hermano, de eso no había dudas, pero no deseaba verse envuelta en ilusiones que no se cumplirían.

-Claro que sí, padre me lo dijo ayer en la noche mientras discutíamos mi situación, aún no saben con quién casarme y están viendo las dotes. Ya han conseguido un buen matrimonio a Emmet es por eso que vendrá al baile-Sonaba algo desilusionada, al parecer la elección de sus padres no concordaba con sus ideas.

-¿Sabes de quién se trata?-Preguntó ávida por conocer cualquier información relacionada con su hermano, lo último que quería era que su hermano fuese infeliz, y extrañamente Alice siempre había poseído un don previendo lo que convenía a sus hermanos, jamás se equivocaba y eso preocupaba sobremanera a Bella.

-Se trata de Lauren, pero a mí no me agrada, siento que él debería estar con otra persona. He hecho hasta lo imposible por convencer a padre, pero lo conoces y sabes que se pone necio. Tal vez Emmet llegue a arreglar todo el asunto, mientras seguiré tratando de cambiar todo esto, antes de que sea demasiado tarde.-Hablaba con tal seguridad que era imposible creerle, cierto era que su padre siempre había sido un necio, cuando algo se le metía a la cabeza nadie se lo podía quitar, y ahí erradicaba el problema, Bella no creía siquiera que Emmet fuera capaz de hacerle cambiar de opinión.

Alice rompió el abrazo que habían mantenido durante la conversación y se dispuso a entregar un hermoso vestido color champaña, ribeteado con hilos de oro y adornado con pequeñas pero abundantes perlas. Bella se dio un rápido baño con agua tibia y tomó un lienzo para secarse. Luego un poco más relajada, y dejando a un lado el tema de su hermano se vistió para seguir a Alice a su cámara. Alice tomó un vestido exactamente igual y luego de su baño se lo puso. Extrañamente su hermana poseía un porte tan elegante que hacía ver su vestido aún más hermoso que el de Bella, aunque fueran exactamente iguales, Bella trató de ignorar sin éxito la belleza de su hermana y decidieron ir a la cámara de la reina, donde siguieron sus bordados silenciosamente. Luego de un rato comenzaron a llegar las damas, todas vestidas exactamente igual y reanudando su labor con el lienzo de la reina. Pasaron toda la tarde charlando mientras bordaban, escuchando la agradable melodía de un violín, que parecía acompasada por el viento. Llegó la hora decisiva y las damas fueron por sus vestidos para probarlos y ensayar por última vez la alegre danza, tenían entendido que la obra trataba sobre unas damas que bailaban celebrando algún importante acontecimiento, cuando de pronto eran atacadas por unos bandidos y finalmente rescatadas por un grupo de apuestos hombres. Sabían que el rey no iba a ser parte de los héroes, pero la reina había afirmado que Edward interpretaría el papel en lugar de su padre, la reina les había advertido que portaría una máscara dorada. Cada "héroe" escogería a una dama, y todas rezaban emocionadas por ser la elegida. El crepúsculo se acercaba, indicando que el tiempo se agotaba y cada vez el baile estaba más próximo, las damas emocionadas tomaron sus capas y tras la reina salieron hacia el Château vert, donde se llevaría a cabo el baile. Estaba a unos escasos veinte minutos, pero como es propio de la corte, decidieron ir por el Támesis para acortar aún más el camino, iban en una hermosa nave, decorada con enormes adornos bañados en oro y portando las más hermosas representaciones sobre los paisajes ingleses. Navegaban bajo el manto del cielo, que parecía lleno de pequeños diamantes resplandecientes por la luz de una hermosa luna plateada, Bella se sentía feliz, viendo las constelaciones y escuchando el laúd. Su hermana parecía discutir con la reina sobre sus conocimientos en astronomía, los cuales eran bastísimos para alguien de su edad. A su paso el pueblo les saludaba cordialmente y le deseaban larga vida a la reina, parecía ser una soberana amada por sus súbditos, algo muy extraño dentro de la nobleza. Bella recordaba que en Francia tanto el pueblo como los nobles eran bastante fríos, y jamás se demostraba el aprecio entre ambas sociedades, cierto era que Inglaterra parecía más cálido que Francia, cosa que la confortó grandemente.

A lo lejos se extendía un enorme y hermoso castillo, Bella no tardó en comprender a qué se debía su nombre. Era común que en Inglaterra predominaran los paisajes verdes, pero este castillo tenía más vegetación que ningún otro, estaba adornado por unas enredaderas que lo hacían ver mítico y hermoso, unos bastos prados se extendían alrededor, pero la noche no dejaba ver más allá. La luz mortecina que desprendían las antorchas lo hacían ver casi mágico.

Bajaron cuidadosamente del pequeño barco y emprendieron el camino rumbo al interior del castillo, el cual, la sorprendió nuevamente por su inexorable belleza. Estaba adornado con sólo dos colores, verde y dorado, pero había tantas tonalidades, que Bella jamás concibió hasta ése momento, cuántos matices puede tener un simple color. Llegaron a la parte principal del salón, que estaba despejada para permitir que la danza se diera sin ningún problema, pero grande fue su sorpresa al descubrir que los presuntos "ladrones" eran sólo un grupo de niños, provenientes de la iglesia, quienes no contaban con más de once años de edad. Le causó mucha gracia, al parecer esa velada prometía más que ninguna otra, además tendría la oportunidad de reencontrarse con Emmet. Parecía que ésta iba a ser la noche más feliz de su vida. El salón comenzó a llenarse en poco tiempo, Bella buscaba impacientemente a Edward, necesitaba mirarlo, se conformaba con sólo un vistazo fugaz de su figura, pero se vio decepcionada al ser oculta tras una puerta, dejando de lado el salón y por consiguiente la oportunidad de verlo antes de la danza. El maestro de danza repitió por última vez la alegre coreografía, dándoles indicaciones de qué hacer con los niños para que no estropearan la danza, Bella oía sin escuchar, sólo quería ver a Edward, lo demás no importaba. Dejó de poner atención a lo que el hombre decía y se sumió en sus pensamientos, pronto notó cómo era suavemente empujada al centro del salón, la música alegre comenzó a sonar y su cuerpo automáticamente comenzó a bailar, dando así inicio a la noche que tanto había prometido le había prometido.