¡Hola!
Sé que me he tardado mucho en actualizar la historia, pero no he tenido tiempo ni ideas para continuarla, en fin, aquí está un capítulo tratando de compensar al anterior que en verdad fue muy malo. Espero sus respuestas para mejorar esta historia y pues aquí esta, toda suya.
Bella retiró delicadamente su mano e hizo una reverencia a Edward, mientras este se alejaba sin dejar de mirarla discretamente, hasta que la distancia hizo imposible continuar con el contacto visual. Alice hizo que Bella tomara asiento y le ofreció una copa de un delicioso vino, el cual la joven tomó con agrado y bebió rápidamente, terminado el vino le dio la copa a un sirviente y se fue a un pasillo solitario, dejando a su hermana con un pretendiente que le dedicaba poemas absurdos, pero que Alice aceptaba sólo por seguir el juego.
Bella se sumió en sus pensamientos, su padre había prometido la llegada de Emmet, pero aún no lo había visto en toda la noche, procuraba no preocuparse demasiado, todavía tenía que mantener en su cara una radiante sonrisa para no dar una mala impresión. Estaba pensando en lo que podría haberle sucedido a su hermano cuando sonó la trompeta, señal de que era hora de cenar. Fue por el pasillo lentamente y llegó hasta la antesala donde lavó sus manos con agua de pétalos de rosas, de la cual cogió uno de color rojo y lo acercó a su nariz para disfrutar del olor. Sintiendo que alguien se acercaba volteó y su impresión fue grande ante ella estaba parado el imponente Emmet con una sonrisa que irradiaba más que alegría. Bella dejando atrás los modales corrió y lo abrazó mientras él la hacía volar por los aires, era tan pequeña y delgada que para su hermano no era ningún problema cargarla.
-¿Cómo ha estado mi pequeña hermana?- Emmet le dio un pellizco en la mejilla sabiendo que se molestaría.
-Bien, pero sabes de sobra que no me gusta que me digan pequeña y mucho menos que me pellizquen.- A pesar del puchero Bella sonreía incrédula de ver a su hermano.-La cena está lista y será mejor que nos demos prisa, aquí la impuntualidad es muy mal vista.
-Como usted ordene señorita. ¿Gustaría acompañarme?- Emmet soltó una carcajada, su hermana no había cambiado mucho, seguía siguiendo las reglas al pie de la letra.
-Por supuesto que me gustaría, anda vamos ya.- Bella tomó el brazo que su hermano le ofrecía y emprendieron el corto camino al comedor.
Dos sirvientes abrieron las puertas y en seguida vieron la inmensa mesa adornada elegantemente con tonos dorados y verduzcos. En el techo colgaba un candelabro dorado y de las paredes se podían ver estandartes acordes al mantel con el sello real. Todo estaba hermoso y la luz de las velas hacía que todo luciera espléndido. El sonido de unos tacones sacó a Bella de sus pensamientos, era Alice que lucía preciosa y realmente feliz por primera vez al ver a su hermano. Le dio dos besos en las mejillas y un discreto abrazo, ella no se permitía perder la mesura, cosa que a Bella le resultaba ridícula, era su hermano no había nada de malo en ser escandalosa por una vez.
Los tres tomaron asiento y disfrutaron de los manjares que les sirvieron, mientras se ponían al corriente de sus vidas, al parecer Emmet había tenido mucha diversión en todos los aspectos mientras ellas tenían que seguir un patrón de actividades que al final del día resultaban aburridas. Al terminar la cena sirvieron unos magníficos postres hechos de mazapán que tenían figuras de animales que daban impresión de tener vida, y que hasta un punto daba dolor comerlas.
Cuando todos hubieron terminado de cenar y se retiraron los platillos uno de los pajes anunció que afuera les esperaba una actividad. Todos los cortesanos estaban expectantes, no era muy común que se hicieran actividades en las noches. Todos salieron preguntándose qué harían a continuación, los reyes eran realmente impredecibles, nunca se sabía que harían. Al salir se sentía la brisa nocturna y Bella se sintió libre de aquel ambiente tan sofocante que había sentido en el comedor anterior mente. Bajó la vista y vio debajo de las hermosas escaleras de mármol el laberinto iluminado con múltiples antorchas, los rosales lucían espléndidos, las figuras imponían y todo parecía tener un poco de magia, el laberinto era enorme tenía muchos caminos, algunos sin salida, otros entrecruzados, pero había uno que llegaba a una gran fuente también hecha de mármol, la cual estaba adornada especialmente para esa noche en la cual había muchos pétalos de rosa flotando en el agua junto con unas velas rojas. Seguía admirando el laberinto, jamás había visto algo parecido a aquello y fue entonces cuando el rey tomó la palabra.
-Espero que hayan disfrutado la cena de esta noche. Hoy nos hemos reunido no sólo para convivir, sino también para divertirnos y debido a los años con los que cuento, que no son pocos, he decidido darles a ustedes los jóvenes una velada más excitante. Podrán recorrer por parejas el laberinto y ver qué encuentran ahí dentro, una cosa les aseguro, las sorpresas no son pocas. Disfruten de la velada y fue un placer contar con su compañía.
La reina escogió a una dama de honor para que diera las instrucciones, habiendo terminado se retiró con el rey y todos los mayores, quienes debían por supuesto, arreglar asuntos de estado, política, economía y todo lo relacionado al reinado.
Las parejas debían consistir en dos personas del mismo sexo, inmediatamente Bella y Alice se juntaron, estaban emocionadas y no querían compartir esa aventura con alguien que no fuera cercano a ellas. Bella sintió una mirada en la nuca, volteó y vio a Edward sonriéndole, el cual tenía como pareja a un joven llamado Jasper, al parecer su mejor amigo. Habría de ser un cortesano muy favorecido.
Alice tomó suavemente del brazo de Bella y ambas entraron en el laberinto, la finalidad de éste era que tenían que llegar hasta la fuente. Sólo dos parejas podrían llegar ahí, pues de tantos había sólo dos caminos que conducían a la fuente, Bella estaba ansiosa, quería ser quien llegara a la fuente y saber que le esperaba, y más aún porque sabía que el príncipe conocía a la perfección los dos caminos.
