Bueno... Esta viñeta es casi una conversa que podría haber sucedido más que una viñeta en sí. Pero me gusta cómo me ha quedado.
Disclaimer: Lo de siempre.
NOTHING BUT THE RAIN
4. Lealtad
Ser fiel a alguien o a algo es la máxima expresión de amor y voluntad que puede hacer una persona desinteresadamente. Dar la vida sin recibir nada a cambio. No tiene que ver con el sexo; solo mantenerte leal, estar ahí, sin importar lo que pase, resistir con la firmeza con la que las montañas aguantan el viento día tras día sin derrumbarse jamás. Podrás contar conmigo para lo que sea, con las consecuencias que sean.
Y demostrar que eres leal en cualquier momento, sin darte cuenta, en cualquier lugar. Incluso en una mañana difícil de ubicar en el tiempo, poca esperanza entre las paredes de la nave, comida escasa (realmente escasa; el mercado negro tiene más fuerza que nunca) y el miedo brotando lento como una serpiente, acechando en la oscuridad. Preguntas que se hacen a medianoche: ¿y si no encontramos la Tierra? ¿Y si morimos aquí? ¿Y si este es el final?
Adama camina, pensativo. Paso de militar y manos cruzadas tras la espalda, la mirada al frente. Sus soldados le saludan, abriéndole camino, exclamando 'señor'. El honor por delante. El comandante tiene la suerte o la desgracia de que la gente confíe en él. Lealtad.
La piloto Kara Thrace se pone a su lado repentinamente, trotando, interrumpiendo sus pensamientos con una sonrisa. Lleva una camiseta verde pegada al cuerpo por el sudor y el pelo rubio revuelto. Le brillan los ojos de emoción contenida, como siempre. Chica de emociones. Rabia, felicidad, tristeza, esperanza. Qué más da.
—Señor, ¿vamos a morir de inanición? –pregunta, esbozando una sonrisa traviesa. No tiene gracia pero se ríe brevemente de su propia broma. Adama alza las comisuras de los labios, sin detenerse.
—Espero que no estés diciendo esas cosas en tus discursos cada mañana, Starbuck –replica afablemente. No afloja sus pasos, ella lo sigue perfectamente, chocando los talones con el trasero con rapidez. Pura energía. Adama le echa un vistazo, y en un parpadeo graba en la memoria los cercos oscuros bajo los ojos de la chica, la palidez acentuada de no dormir y la delgadez marcándose en los pómulos. De verdad están pasando una mala racha.
—¡Claro que no! –Sonríe, divertida–. Solo les digo que el canibalismo pasará a ser una opción.
Adama suelta una carcajada. Kara es muy capaz de haber soltado una perla así.
—Pareces cansada.
Ella niega.
—No, señor –Frunce los labios, a punto de decir algo más. En el último instante dice otra cosa, medio bromeando, medio no–. Además, el entrenamiento me ayuda a no pensar en el hambre que tengo.
El comandante se detiene, suave. Ella también, brusca como un huracán, exhalando el aliento con un suspiro agotado. Están delante de un cruce.
—Descansa un poco.
Kara asiente, en absoluto convencida. Tiene las mejillas rojas del esfuerzo. Le dedica una sonrisa que ilumina, como si no pasara nada malo, y se desvía a la izquierda, trotando, mientras él tuerce a la derecha. Antes, sin embargo, la mira por última vez, sintiendo una punzada de orgullo en el pecho. Kara se entrena con la fuerza inacabable de un torbellino. Probablemente luego irá a boxear para mantenerse en pie hasta que dos horas después sea requerida para una misión de abastecimiento.
Adama reemprende su camino.
Starbuck le guarda una lealtad férrea, a él y a esta nave que es nuestro hogar. Como si escribiera con sangre, sudor y lágrimas: 'soy fiel a esta nave y a todo lo que eso conlleva'.
