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Apretó mis senos con sus manos masajeándolos deliciosamente. Su lengua recorría mi boca y danzaba con la mía mientras nuestros cuerpos iban elevando exponencialmente la temperatura. Bajó hasta mi cintura y de un jalón me quitó la blusa. Volví a besarlo con ganas, acariciando su cuello, su nuca y finalmente separándome para quitarle el pantalón. Pronto nuestra ropa quedó apilada a un lado del sofá sin mucha gentileza TK me aventó sobre éste y se acomodó sobre mí. Sentí su miembro erecto rozar mi parte por sobre la ropa interior y se me escapó un gemido.
— Eres preciosa, Hikari —susurró mordiéndome el lóbulo del oído.
— Shhh.
Metí la mano dentro de su bóxer negro y acaricié su miembro trazando círculos en la punta. Takeru se separó de mí apretando los puños de las manos y sonreí. Besé su cuello y seguí tocándolo muy, muy, muy, muy lentamente. Sentí un arañazo en la espalda al tiempo que me mordía un seno y enseguida el gancho de mi sostén salió volando.
— ¡TK!
— Te compraré otro luego —lo tomé del rostro y lo besé con ganas, alzando mi cuerpo para pegarlo al suyo.
A pesar de que afuera estábamos a -20ºC yo estaba sudando. Mi cuerpo me pedía a gritos de urgencia unirse al de él pero al mirar ese par de ojos azules entendí que no sería una sesión corta como la de ésta mañana. TK se deshizo del resto de nuestra ropa y antes de penetrarme comenzó a deslizar sus dedos hasta juguetear con mi clítoris. Arquee la cabeza hacia atrás al sentirlo masajearme lentamente y entre besos y mordidas comenzó a descender por mi vientre hasta llegar a mi entrepierna. Con su lengua comenzó a recorrer mi clítoris, luego los labios exteriores, luego un poco más hacia adentro…
— ¡Ahh! —se me escamó un gemido junto al grito de placer y él levantó el rostro sonriendo.
Siguió besándome, comiéndome, haciéndome sentir como si flotara entre nubes de algodón y seda. Mi cuerpo se estremeció varias veces a la intensidad de un orgasmo. Acaricié su cabello y con gestos y mañas que durante tres años habíamos adquirido para entendernos, TK subió y lo besé con ganas. Me abracé fuertemente a él enredando mis dedos en su cabello y lo sentí penetrarme. Comenzó a moverse lentamente, haciéndome sentirlo entrar y salir de mí por completo. Mis manos iban de su pecho a su rostro y mis labios se detenían de los suyos al cuello. La velocidad aumentó, experimenté otro orgasmo del que no terminando de reponerme, tuve otro al mismo tiempo que él.
Nuestras respiraciones se fueron sincronizando así como los acelerados latidos de nuestros corazones. TK recostó su cabeza en mi pecho y me abrazó con fuerza. Acaricié su frente, quitándole el cabello para que no se le pegara con el sudor y lo besé en la sien. Las yemas de sus dedos juguetearon con mi piel y luego de unos minutos él se movió para mirarme pero sin levantarse de sobre mí.
— ¿Tienes hambre?
— Acabamos de comer —murmuré sonriendo y él me besó.
— ¿Comida china?
— Camarones.
— Gratinados con queso y bañados en salsa de soya.
— Y no olvides…
— La galleta de la fortuna. Lo sé —sonreí y acaricié su rostro. Permanecimos así un rato antes de ordenar, acariciándonos, mirándonos, haciéndonos experimentar agradables sensaciones uno al otro.
Hacía tres años que éste bobo y yo nos conocimos en el aeropuerto y viajamos a Italia. Esa misma semana dormimos juntos y desde entonces hemos venido haciéndolo. Después de mes y medio de visitar Europa nos despedimos y al volver a Alemania a iniciar mis estudios universitarios nos reencontramos. TK estudiaba Mercadotecnia y yo Periodismo. Teníamos clases juntos diariamente. El primer semestre yo pagaba el alquiler de una habitación en el campus aunque vivía en el departamento de él, y finalmente terminé mudándome a su casa, regalo de sus abuelos maternos.
— ¿A dónde iremos en verano? ¿Quieres pasarlo aquí? Podemos volver a París.
— Mmm —fingí que lo estaba pensando pero las mentiras y yo nunca fuimos amigas. Con el dolor de mi alma me levanté y fui al estudio que Takeru amablemente me había obsequiado para trabajar sin afectar el resto del departamento con mi entropía.
— ¿Qué es eso? —me senté a su lado. Ambos seguíamos desnudos, cosa a la que me había acostumbrado y con la que me sentía muy cómoda.
— Ábrelo —le extendí una caja envuelta en papel verde de regalo. TK esbozó una enorme sonrisa mientras examinaba los boletos con atención.
— ¿Nueva York?
— Es la última parada —frunció el ceño y le indiqué que mirara a la caja en donde se habían quedado los demás— Un mes en América. Empezamos por Los Ángeles, de ahí a San Francisco, luego Chicago y finalmente Nueva York. Creo que una semana en cada lugar será suficiente, ¿qué dices?
— ¡Me encanta! —se acercó a besarme con ganas sin poder contener su emoción—. Pero… ¿cómo pagaste esto?
— Bueno, esa es la segunda parte de la sorpresa —me mordí el labio al sentir mariposas en mi estómago. Estaba nerviosa por decírselo y porque la sola idea me entusiasmaba el alma—. No he reservado hoteles, ni siquiera me di el tiempo de buscarlos… ¿te acuerdas cuando…? Ya ves que me dijiste que… —Takaishi me miraba confundido pero sin borrar su encantadora sonrisa—. Vámonos de mochilazo, sólo una maleta con lo esencial y llegando allá vamos a explorar y quedarnos en donde se nos presente oportunidad… —bajó la mirada y se mordió el labio. Lo estaba pensando y por un momento temí que se negara aunque sabía que no podía ser egoísta al imponerle mi deseo—. TK, si no te parece…
— No, no, no… me encanta.
— ¿En serio?
— Hagámoslo —me acerqué, lo abracé fuertemente y luego volví a besarlo pero él me apartó—. Aún no me has dicho cómo pagaste éste viaje, Yagami.
— Eso es lo de menos, ni siquiera te preocupes…
— Pero…
— Shhh —puse mi dedo índice sobre sus labios y lo miré a los ojos—. Sólo prométeme que vas a divertirte al máximo.
— ¿Bromeas? Apenas era un niño desde la última vez que estuve en América y llevo años queriendo regresar —su mirada se perdió en los boletos y pude percibir la emoción a través del palpitar de su corazón y el ritmo parecía entonarse con el mío. Yo también me moría de ganas por conocer Nueva York, nada ansiaba más que pasearme por Central Park, comprar un café en las calles, irme de fiesta junto a éste rubio toda la noche y amanecer fumando un cigarrillo, recargados sobre la barandilla de algún puente mientras compartíamos por enésima vez nuestras filosofías acerca del universo.
Takaishi y yo nos complementábamos, existía una extraña conexión entre nosotros que más de una docena de veces me dejaba con la boca abierta de la impresión. A veces, con una copa de vino y brownies mágicos, hablábamos de ese tema y terminábamos por acordar que en el momento en que nuestra vida fue trazada por un plan divino y fuimos diseñados con características específicas, tanto en cuerpo como en mente éramos dos engranes con las dimensiones exactas para embonar y comenzar a girar; porque eso era lo que había sucedido desde que empecé a vivir con él: comencé a trabajar en muchas áreas de mi vida y a descubrir otras que ni siquiera sabía que existían en mí para ser la mujer que soy ahora. Él me ha enseñado a tomar riesgos, a soltar el miedo a fracasar, a aventurarme aún más en éste inmenso mundo para el cual treinta años no me serán suficientes para terminar de conocerlo.
— ¿En qué piensas? —preguntó TK haciéndome volver a la realidad. Sus mejillas estaban coloradas, sus ojos no dejaban de brillar, su cabello se había ordenado de manera desordenada y lentamente me acerqué, acariciando su rostro, y lo besé. Él me tomó por la cintura y me atrajo hacia su cuerpo. Me senté sobre sus piernas, rodeando su torso con las mías y seguí besándolo como siempre lo hacía, porque sus besos eran la energía que mantenía activas las moléculas, los iones y a cada átomo de mi entero ser para que no me desintegrara, convirtiéndome en nada en el espacio.
— Vamos a comer —murmuré cerca de su oído y él sonrió.
awwww me alegra que les haya gustado la historia, muchas gracias por sus reviews! :D
