C3
Eran las 4:50am y mi mente no concebía claramente el espacio ni tiempo en el que me hallaba. El sonido hueco de un golpe me hizo reaccionar y al voltear hacia el frente vi a una joven de cabello muy rubio que murmuraba algo en un idioma que no distinguí mientras se inclinaba para recoger su celular del piso. Por tercera vez vocearon un vuelo con destino a Washington y se me escapó un bostezo. Me enredé en la manta de franela y me acurruqué, subiendo los pies en la incómoda silla de la sala de espera. Aún faltaba una hora para que nuestro vuelo saliera con rumbo al aeropuerto de Fort Worth, Dallas. TK llegó, con dos vasos de café, uno en cada mano y se sentó a mi lado. A pesar de mi estado semi consciente no pasé desapercibida la mirada de un par de muchachas al verlo caminar frente a ellas y honestamente no las culpaba, TK estaba guapísimo aún con sus jeans para viajar, su suéter negro y sus desgastados Converse. Ese día optó por esconder su rubio cabello bajo un beanie en color guindo traía la barba algo crecida y lucía como el chico que toca en una banda de rock y a pesar de que sabes que te traerá problemas deseas conocerlo.
— Moka con extra chocolate y seis bolsitas de azúcar —murmuró mientras se sentaba a mi lado. Tomé el café que me ofrecía y le di un sorbo, sintiendo el líquido caliente despertarme.
— ¿Tú qué pediste?
— Té de vainilla con leche de soya —asentí simplemente y me recargué sobre su hombro. Olía delicioso: swiss army mezclado con café.
Frente a nosotros pasó una familia, mamá, papá, ambos muy altos, ella era rubia y él tenía ojos azules muy bonitos, enmarcados por largas pestañas y cabello castaño. En medio de ellos iban dos pequeños, gemelos, una niña de algunos cinco años, con las mejillas coloradas, un abrigo rojo con motas negras, mallas y unas adorables botas cafés. Bajo su bracito izquierdo llevaba un peluche de Minnie y con la otra mano arrastraba una maleta rosa con todas las princesas de Disney dibujadas en ella. Su hermanito vestía jeans, un suéter azul con un Mickey Mouse estampado en el pecho, un beanie con las orejas de ese ratón y arrastraba una maleta de Darth Vader. A suponer, o la familia venía de Disneyland o iba hacia allá. TK y yo nos perdimos mirándolos.
Ver ese tipo de escenarios despertaba mi instinto maternal, me moría de ganas por sentirme embarazada y divertirme en la aventura de ser madre, pero a mis 21 años era muy pronto, aún había más de un par de cientos de cosas por hacer antes de asentar cabeza de esa manera. Todavía necesitaba pasearme por Marruecos, comprarme uno de esos velos que cubren el rostro, meterme en alguna playa de Australia, seguir ahogando mi cuerpo con café a cualquier hora del día, desvelarme tres noches seguidas, hacer idiotez y media bajo los efectos del alcohol.
TK me dio un beso en la sien y quedamente suspiró aunque pude escucharlo. Más de una vez habíamos planteado esa situación y lo que pasaría si llegábamos a embarazarnos y él me había asegurado que se haría responsable y aunque ahora no estaba dentro de nuestros planes ser padres, sabía cuánto él amaba los niños, se volvía loco cada vez que su hermano nos visitaba y traía a Matty, su hijo.
— ¿En qué piensas? —pregunté sólo por romper el silencio.
— Cuando era niño, tendría seis años, más o menos, mi mamá se embarazó e iba a ser una niña. Recuerdo una vez que nos llevó a Matt y a mí a un parque, era primavera y había muchas mariposas volando. Ella llevaba su cabello trenzado hacia un lado, un vestido que se ceñía bajo el busto en color rojo y su collar favorito de perlas que la abuela le heredó. Tenía el vientre abultado y la verdad... —hizo una pausa y agachó la cabeza. Le acaricié una mano, apretándola levemente—. Se veía hermosa —dijo, volteando la mirada hacia mí. Se acercó, me dio un pequeño beso en los labios y pude saborear la melancolía que le dejaba ese tipo de recuerdos—. Esa misma semana tuvo el aborto.
— Lo siendo —añadí quedamente.
— Está bien, bonita. Eso fue hace mucho —sonrió y le acaricié una mejilla con cariño. TK era muy positivo, siempre buscaba el lado optimista de cualquier situación y eso en ocasiones me perturbaba.
El vuelo fue bastante entretenido. Vimos dos películas: El gran Gatsby y La casa de al lado. Ambas estaban desfasadas por dos segundos en la pantalla de él a pesar de que las poníamos al mismo tiempo. Dormí cerca de tres horas sobre sus piernas, mi ventaja era que había heredado la complexión de mi madre, baja estatura y huesos exquisitos, y a pesar de que los asientos de clase económica no eran tan amplios como los de la primera, me pude acomodar bien.
Aterrizamos a las 4:53pm del día siguiente. Nuestro vuelo saldría dentro de seis horas por lo que nos dimos el lujo de caminar a lo largo del inmenso aeropuerto de Dallas. Cerca de las 6pm fuimos a comer a un McDonald's y luego nos sentamos en un espacio alfombrado cerca de la sala por la que abordaríamos. Apenas TK se acostó en mis piernas, se quedó profundamente dormido. Yo me entretuve revisando mis redes sociales hasta que mi vejiga me pidió a gritos de dolor que fuera a vaciarla. Intentar no despertar a TK fue todo un reto. Troté por todo ese pasillo buscando los sanitarios hasta que al fin los hallé. Al salir, Takishi estaba esperándome… sin maletas.
— ¿Qué haces aquí? —su sonrisa respondió lo obvio y sin decir una sola palabra me tomó de la mano y me arrastró hacia el lado contrario de donde yo quería pensar que seguían nuestras cosas. Entramos a un cuarto de mantenimiento y apenas cerró la puerta sus labios buscaron los míos con desesperación—. TK, las maletas…
— Tenemos 10 minutos —y sin añadir algo más comenzó a desabrocharse el pantalón.
Aunque había probado ya varias drogas y ejercía preferencia por algunas de ellas, nada se comparaba a la sensación que me dejaba viajar con él. Era mi adicción favorita.
Estos tres caps han sido bastante introductorios, pero abrónchense el cinturón que ya mero empieza el drama :p
