C4
Santa Mónica lucía radiante bajo el sol mañanero. La playa apenas empezaba a llenarse de jóvenes, que al igual que nosotros, vivían soñando con encontrar lo que durante siglos se ha dicho es el mayor tesoro que un ser humano puede adquirir: amor. ¿Y cómo lo sabía yo? Era fácil descifrarlo, durante algún tiempo me había dedicado a observar los especímenes veinteañeros en el ritual de cortejo; sucedía que todo iniciaba con la atracción física y la insinuación a la otra persona a través de cumplidos y halagos, después entraba la interacción física, tomarse las manos, caricias en la espalda, abrazos apretados y finalmente llegaban a besarse. Muchos dicen sólo buscar sexo casual pero, seamos honestos, eso pocas veces llega a funcionar, una de las dos partes, quien ha desarrollado más la necesidad de encontrar aquél tesoro antes mencionado, termina por enamorarse y «arruinar» lo que durante un tiempo fue una etapa divertida y llena de fluidos corporales y mucho placer físico.
Y ahora, hallándome del otro lado del continente, no me sorprendía tanto la vida. A pesar de pertenecer a distintas culturas, clases sociales, formas gubernamentales, la insaciable hambre del hombre por adquirir y brindar amor era palpable a flor de piel.
— ¿Vas a ponerte eso? —la voz de TK me sacó de mi ensimismamiento y voltee a verme: llevaba puesto un bikini negro que acababa de comprar y que para fortuna mía resaltaba las partes voluminosas de mi cuerpo que yo decía no tener.
— Sí, ¿por qué? —mi adorado novio negó con la cabeza y siguió revolviendo la ropa de su maleta—. ¡Por favor! No me digas que me veo mal si te encanta —sus mejillas se pintaron coloradas y me acerqué a él acariciando su brazo con mi dedo índice hasta tomarlo del rostro y hacer que me mirara.
— No es eso. Estás preciosa pero… esos idiotas van a verte y… yo no quiero… —se me escapó una risita al escucharlo hablar en su tono celoso y no pude evitar pararme de puntas para darle un beso. Adoraba cuando se ponía protector.
— Anda, cámbiate ya que quiero nadar antes de que el sol comience a picar más.
Takaishi había insistido en que nos hospedáramos en un modesto hotel a la orilla de la playa y dado que me hallaba muy cansada por el viaje terminé haciéndole caso sin argumentar. Ya tendría tres estados más para convencerlo de que durmiéramos a la intemperie.
Nos tendimos bajo una enorme palmera. TK sacó el bloqueador solar del bolso y comenzó a untármelo en la espalda, aprovechando la ocasión para tocar áreas que a luz del día y bajo normas morales no debería hacer. Me dio un beso en el cuello y pasó sus brazos hacia el frente, quedando mi espalda en su pecho y recargué mi cabeza en su hombro. El mar se veía impresionante desde ahí, el agua estaba calmada y de un azul verdoso poco común. El sol preparándose para su apogeo sobre nosotros y la fina y blanca arena brillando bajo éste.
— Ojalá en Alemania hubiese algo así —murmuró él soltándome un poco pero no por completo.
— Vamos a quedarnos aquí, entonces. Terminemos la escuela y vengámonos para acá —él medio sonrió sin decir nada. Hablar de estos temas no era precisamente nuestro pasatiempo favorito. Más de una vez habíamos tenido fuertes discusiones al hablar sobre lo que anhelábamos para nuestro futuro. Mientras yo deseaba trabajar en Nueva York, él planeaba irse a Italia a dirigir el negocio familiar. Una noche y luego de casi dos días sin dirigirnos la palabra, decidimos que lo mejor sería no volver a tocar el tema hasta cuando fuéramos a finalizar la carrera y simplemente disfrutar el presente—. TK…
— ¿Si? — me giré un poco para verlo directamente a los ojos. Esos preciosos ojos azules que me habían hechizado desde la primera vez que crucé con ellos y eran el delirio de mi alma. Su rostro parecía de porcelana y aunque yo misma me decía en ocasiones que exageraba al admirarlo porque me hallaba perdidamente enamorada, lo cierto era que mi novio gozaba de los atractivos genes franceses por parte de su madre y alemanes por parte de su padre, y no sólo él, su hermano también era muy atractivo.
— Te amo mucho —él sonrió, agachando la mirada y se mojó los labios. Cuando volvió a verme sus ojos brillaban especialmente.
— Yo te amo más —acaricié su mejilla, rosando mis nudillos con su barba y lo besé. Él abrió un poco la boca y devoró mis labios con ese estilo tan único que me hacía estremecer de placer. Sus manos se desplazaron de mi cintura a mi espalda baja y finalmente a mi abdomen mientras yo enredaba mis dedos en su suave cabello. Su lengua acarició la mía y en ese momento, como en muchos otros, me dije a mí misma que nada importaba ya, si el mundo sufría una tercera guerra mundial, si se desataba una epidemia mortal, si el sol explotaba y la vida se terminaba yo me iría feliz pues había experimentado lo más sagrado adentro de la Tierra: el amor.
Alrededor de las 5:00pm decidimos ir a comer. Fuimos a un restaurante de comida mexicana llamado MariaSol en el que nos recibió un mesero que llegó sonriendo y bailando al ritmo de la música latina. Adentro el ambiente se sentía ligeramente agradable, era un lugar familiar y había un grupo en vivo tocando la música y algunas personas bailando. Nos sentamos en una mesa que miraba directo al mar por lo que pudimos contemplar el atardecer. El lugar estaba adornado por coloridos sombreros de charro, rebozos y otras artesanías mexicanas, los meseros vestían ropa de manta y huaraches de piel. Algunos hablaban español y mientras TK y yo mirábamos el menú nos perdimos escuchando las conversaciones y los diferentes acentos. Esa era otra parte que nos gustaba de viajar, conocer los modismos típicos de cada región, las diferentes formas de expresarse, de maldecir e intentar imitarlos. Encontraba divertidísimo el saber que mientras los españoles y los latinoamericanos podían comprenderse con el mismo idioma, había ciertas características que los diferenciaban y bajo esas cosas cada uno de nosotros íbamos adquiriendo nuestra propia identidad.
TK ordenó tacos de carne asada y yo pedí un platillo de enchiladas. La comida estaba deliciosa, llena de especies y picante que sólo Dios sabía cómo hacían para ingerir sin que salieran lágrimas.
— ¿Qué quieres hacer ahora? —preguntó mientras salíamos del restaurante. Para entonces el sol ya estaba casi oculto y comenzaban a verse las estrellas.
— Vamos a bailar.
Pasamos a dejar las cosas al hotel. Yo me di un baño rápido y dado que no llevaba ropa de fiesta me puse un short de mezclilla y un top negro con encaje. Después de todo estábamos en la playa, la humedad y el calor no permitían que el maquillaje y cualquier peinado elaborado se mantuvieran se puso unos jeans y una playera interior blanca. Me encantaba verlo vestirse y pensar en más de una manera en que podía quitarle la ropa una vez que volviéramos.
Fuimos a un club nocturno lleno de americanos. El lugar apestaba a alcohol y marihuana. A la orilla había unos pequeños lobbys, al fondo estaba el DJ, pantallas colgadas del techo, luces neón, bailarinas con «ropa» llena de lentejuelas y plumas, en fin.
— ¿Quieres una cerveza? —preguntó mi novio quien me llevaba tomada de la cintura, me giré y lo jalé de la camisa para llevarlo directo a la pista de baile.
Una vez nuestros cuerpos entraron en contacto con la música electrónica no pudimos parar de bailar. Pese a la oscuridad del lugar, me di cuenta de la mirada que algunas mujeres le echaban. Sí, estaba acostumbrada y sí, también sentía celos. Me pegué más hacia él metiendo mis manos bajo su camisa y lo besé mordiendo su labio inferior. TK sonrió y me apartó un poco pero para entonces ya mi cuerpo estaba cargado de adrenalina y volví a besarlo, ésta vez tomándolo del cuello. Sus manos se posaron en mi cadera y sentí su erección en mi pierna.
— Es hora de volver al hotel —murmuró en mi oído y no pude estar más de acuerdo con eso.
— Necesito ir al baño antes.
— ¿Te espero afuera? —asentí simplemente y me hundí en la multitud abochornada de cuerpos sudorosos hasta llegar a los sanitarios.
Había una fila de aproximadamente diez chicas adelante de mí pero sabía que mi vejiga no aguantaría todo el trayecto hasta el hotel. Ya que hice mis necesidades y me dispuse a salir me di cuenta que había un pasillo oscuro que daba hacia la salida. Atravesé por ahí despacio, intentando no toparme con algún mueble o caer en algún hoyo. Alguien me tomó fuertemente por el abdomen y otro brazo me tapó la boca. Comencé a patear e intentar morder a quien me arrastraba hacia otro lugar. Era un hombre, muchísimo muy alto y fornido quien me trató como si fuera yo una almohada. Salimos a un callejón afuera del club en el que había una camioneta negra esperándolo junto a otro sujeto.
Grité, patee, arañé, hice de todo lo que pude para intentar que me soltara. Cuando quiso meterme a la camioneta aproveché para patearle una pierna pero eso no lo dobló ni tantito, enojado, me dio una bofetada que me hizo sangrar la nariz y comencé a llorar.
— ¡Hijo de puta! —la voz de TK fue un coro de ángeles en el infierno. Golpeó al fulano, quien llevaba puesto un pasamontaña y me salí de la camioneta. En ese momento las personas comenzaron a salir del club y varios muchachos lograron detener al otro hombre y ayudar a Takeru hasta que, minutos luego, llegó una patrulla y se los llevó.
— ¿Estás bien? —le pregunté enseguida acercándome a abrazarlo. Él intentó sonreír y se arqueó, apretándose un costado. Una gran mancha de sangre se esparcía por su camiseta y le aparté la mano para verlo: lo habían herido con una navaja, un corte profundo de unos siete centímetros—. ¡TK! ¡Ayúdenme, por favor! ¡Está herido!
— Shhh, tranquila, preciosa, estoy bien.
— ¡No, no lo estás! —me tapé la boca y empecé a llorar desconsoladamente. TK se desvaneció y de no haber sido porque había hombres ahí que lo sujetaron para que no cayera al piso, no sé qué habría sido peor, si la herida o el golpe.
Una ambulancia llegó en cuestión de segundos y lo que había sido un maravilloso y tranquilo día terminó siendo una espantosa noche en el hospital.
Y mil gracias por su reviews! Siento bonito "regresar" al mundo de fanfic. La verdad, tenía rato que no estaba tan inspirada y después de ¿Te diviertes comiéndome? creí que ya no escribiría así pero ahí la llevo :p
