C6

Si alguien me hubiera dicho que el frío de Alemania era cien mil veces más intenso que el de Odaiba creo que no habría aceptado entrar a ésta puta universidad. ¿Cómo jodidos pueden las personas andar caminando como si nada a -20ºC? Yo me sentía tan congelada que incluso seguir moviéndome me costaba un esfuerzo mayor a los 10000 N, mis piernas cada vez se sentían más rígidas.

Crucé los brazos intentando mitigar el temblor de mi cuerpo.

Una cuadra más, Hikari. Sólo una cuadra más —finalmente llegué al precioso campus de la Universidad de Potsdam. Los edificios tenían ese toque medieval que me transportó a la época victoriana donde las mujeres usaban escotados vestidos sobre un ajustado corsé y bebían té al atardecer en alguna elegante mesa colocada en el jardín. Miré a los jóvenes entrar y salir como si nada, y me sentí un poco mal al ser la única ahí temblando—. Disculpa, ¿la oficina del director? —le pregunté a una chica de cabello rubio y ojos azules que me sacaba como dos cabezas de altura.

Sigue por éste pasillo y gira a la derecha. Es la primera puerta —respondió en inglés con acento británico aunque haciendo una mueca de disgusto.

Gracias.

Las paredes estaban pintadas con figuras y arte renacentista, al centro del edificio había unas enormes escaleras de caracol tapizadas por una alfombra roja. El techo era un vitral que dejaba pasar la luz del día y por alguna razón el ambiente olía a madera y pino de bosque. Al entrar al corredor donde se hallaban las oficinas administrativas noté que la calefacción estaba encendida y con un escalofrío mi cuerpo agradeció volver a sentir temperatura normal.

Entré a la primera puerta, hacia el lado izquierdo había una recepción y una señora sentada tras el mostrador. Parecía de unos cuarenta años, de cabello castaño y ojos verdes. Tuve unas inmensas ganas de tocar su rostro pues su piel era tan lisa que parecía porcelana.

Buen día, cariño. ¿En qué puedo ayudarte? —sonreí inconscientemente al escuchar su dulce tono de voz. Era la primera persona en Alemania que me hablaba con tanta amabilidad.

Vengo a entregar una papelería para que el director firme. Mi nombre es Hikari Yagami, soy estudiante foránea.

Enseguida le digo que te atienda. Puedes esperar en la sala —giré hacia la derecha donde había tres sillones de piel y una mesita de madera barnizada al centro.

Tomé un periódico que había sobre la mesa y comencé a hojearlo. Escuché la puerta abrirse un par de veces pero desde donde estaba no podía ver quién entraba. Mentalmente repasé las cosas que aún me faltaban por hacer. Debía ir a hacer compras al menos hasta que me asignaran una habitación adentro del campus. Definitivamente tendría que comprarme un par de botas para la nieve y un abrigo largo pues la ropa de invierno que traía no bastaría para mitigar el frío durante el día. Llamaría a Tai sólo para avisarle que ya estaba aquí, o quizás lo haría después de tener un cuarto…

¿Kari? —el sonido de la voz masculina que había pronunciado mi nombre hizo que la sangre se helara y al levantar la vista ahí estaba: cabello rubio, ojos azules, sonrisa perfecta…

¿TK? ¿Qué… qué haces…?

¿Qué haces tú aquí? —preguntó, aunque no parecía tan sorprendido de verme como yo de verlo a él. Dejé el periódico nuevamente sobre la mesa e intenté mantener una postura fría—. Oh espera, no… no me digas —soltó una carcajada nerviosa y luego se sentó a mi lado. Me deslicé hacia un lado pues la distancia era sexualmente perturbadora, podía sentir el calor emanando tras su chaqueta de piel negra, camisa azul de cuadros y jeans desgastados—. ¿Vas a estudiar aquí? —me mordí el labio y agaché la cabeza. Verlo sólo hacía que las imágenes de sus dedos rozando mi piel, sus labios presionados suavemente contra los míos y el peso de su cuerpo sobre mi abdomen se revivieran. La temperatura había aumentado unos 20ºC en cuestión de segundos y sentía que me sofocaba.

Eh… yo… sí, sí voy a estudiar aquí…

Genial, entonces te prometo que te haré pasar una agradable estancia en Postdam —se acercó a mí con intención de besarme, por segundos mi cuerpo no respondió a la orden de mi cerebro pero finalmente, y con un pesar, me moví al sillón de al lado.

No, TK. Escucha… lo que pasó en Italia fue…

¿Maravilloso? ¿Extraordinario? ¿Excitante?...

Eso ya pasó, ¿vale? —lo corté antes de que siguiera y el juicio se me nublara por completo—. No vengo aquí para distraerme, me costó mucho conseguir una beca y los requisitos para mantenerla son… —su intensa mirada hizo que la temperatura aumentara en mi cuerpo y sentí mis mejillas arder.

Vamos, Kari. No te estoy pidiendo matrimonio, sólo…

No —comencé a sentir cómo el aire me iba faltando y esa sofocante sensación de pánico me asfixiaba. La ansiedad volvía, luego de muchos meses de no haber aparecido—. No quiero verte, no quiero que me sigas, ni que me busques. Vine aquí para comenzar de cero y tú no vas a impedírmelo…

— Kari, Kari, mi amor, despierta… Kari —sentí los labios de TK presionar los míos con suavidad y abrí los ojos. Aún estábamos en el avión. Escondí mi rostro en su hombro, donde me había quedado dormida, y él me besó el cabello.

— ¿Ya llegamos?

— Falta poco.

— Dormiste durante todo el vuelo, mi vida.

— Sí, pues anoche estuviste insaciable. Por si no lo recuerdas creo que dormimos dos horas —una señora, ya mayor de edad, sentada del lado del pasillo frente a TK, volteó al escuchar mi comentario y nos lanzó una mirada reprobatoria.

— Shhh —ambos sonreímos y le di un beso en los labios antes de acurrucarme de nuevo a su lado.

Aterrizamos en el Aeropuerto Internacional O'Hare de Chicago a mediodía. El lugar era inmenso. En cada sala había unas cien personas y muchos de los vuelos de salida estaban retrasados.

Takaishi y yo fuimos al Subway a alimentarnos con «comida real». Para nuestra buena suerte el restaurante estaba casi solo a excepción de otra pareja que comía sentados en una mesa del rincón cerca del pasillo de los sanitarios. Ordenamos tranquilamente y nos sentamos junto a una pared. De las cosas que más amaba de viajar con mi novio, o mejor dicho, de él, era el hecho de que no le gustara hacer planes. A TK le gustaba ser espontáneo e ir con la corriente, dejándose sorprender, por lo cual el hecho de no tener un destino en donde nos estuvieran esperando era liberante, podíamos disponer del tiempo que quisiéramos para hacer lo que nos viniera en gana sin la preocupación de tener que seguir un plan.

— ¿Sabes? En el avión tuve un sueño extraño.

— ¿Ah si? —preguntó al tiempo que le daba una mordida al subway de pollo parmesano— ¿Qué soñaste?

— Soñé con el día en que nos vimos en Alemania, ¿lo recuerdas? —sonrió ampliamente y le dio un trago a su refresco.

— ¿Cómo olvidarlo? Parecías astronauta con toda esa ropa puesta.

— ¡Hey! —le di un leve golpe en el brazo y ambos nos reímos—. No te burles, estaba muerta de frío.

— Recuerdo cuando te vi, me imaginé arrancándote todas esas prendas y haciéndote el amor ahí mismo en la sala de dirección —sentí mis mejillas arder y al beber soda de más me atraganté y me dio un ataque de tos. TK comenzó a reírse de mí y lo odié. Odiaba que hiciera eso en lugares públicos—. Lo siento, mi amor, es que…

— Ya, está bien. Digamos que yo también estaba imaginando cosas… —por una fracción de segundos nos vimos a los ojos, clavó en mí su pervertida mirada dominante que me hacía arrancarme la ropa sin que me lo pidiera—. ¿Entonces…? ¿Qué quieres hacer? —pregunté para romper la nube de tensión sexual que se formaba entre nosotros.

— Estaba pensando que podemos ir a la playa Edgewater, no está lejos de aquí.

— ¿La playa? ¿En serio? Creí que querrías ver la ciudad.

— Sólo quiero verte sin ropa —murmuró sonriendo y haciendo que mis mejillas se pintaran de mil colores.

— ¡TK!

Esto que verá a continuación son imágenes en vivo de lo que está sucediendo en Gatchina, al noreste de Rusia. El avión de una aerolínea comercial que transportaba cerca de 260 pasajeros cayó súbditamente sobre una de las avenidas principales al centro de la ciudad. Las causas aún son desconocidas y no se sabe si hay sobrevivientes. Se sospecha que puede ser un atentado terrorista… —el conductor de las noticias parecía nervioso incluso de mencionar la hazaña. La chica que atendía la caja registradora subió el volumen del televisor. La verdad es que se veía horrible, un puente destruido, la parte delantera del avión y una de las alas quedaron completamente deshechos. Miles de personas llorando alrededor, algunos ensangrentados… espantoso.

— ¿Un ataque terrorista? ¿En serio? No pueden lanzar una bomba así sin estar seguros al 100% —dijo TK, limpiándose los labios con una servilleta.

— ¿Qué crees que haya sido?

— Kari, hay mil explicaciones. Una falla mecánica, falta de combustible, incluso al piloto pudo haberle dado un ataque cardiaco, qué sé yo. Pero acusar a un país de atacar a otro de esa manera sin tener pruebas es algo grave.

— Recuerda lo de las Torres gemelas…

— ¿En serio crees que América sería tan idiota como para utilizar la misma bomba? —TK tenía razón. Probablemente había sido otra cosa. Intenté despejar esas imágenes de mi mente y terminé de comer, aunque ya sin mucho apetito.

Un ataque terrorista era lo último que quería tener en mi cabeza mientras siguiera viajando.


Lamento el retraso T_T exámenes finales, me negaron la visa para USA (lo cual me ha tenido medio depre) y un artículo científico por publicar en Marzo... jajaja además de que Gossip Girl y Netflix volvieron a secuestrarme :p

Awwwww aún le falta a la historia pero my Gosh... ya verán, ya verán :p