C7

Hacía tiempo que aprendí que correr no haría que llegara antes a mi meta sino sólo que me cansara, pues en el plano dimensional de los sueños y ambiciones, el tiempo es lo único que manda y para mi mal sabor de boca es una variable fuera de mi control, así que opté por caminar. Aprendí a observar el paisaje por el cual iba atravesando, a disfrutar el aire que me rodeaba y de vez en cuando me detenía a descansar sin olvidarme que había una meta esperándome al final. Y agradecía a Dios cada día haberme apropiado de esa lección pues ahora que veía a otras personas con hábitos perfeccionistas y necesidad de llegar a la meta sin percatarse que atravesaban por un hermoso escenario digno de ser admirado me daba cuenta que eso era el tesoro escondido que no puede ser comprado ni con todo el oro del mundo: el entendimiento.

Y ahora frente al Empire State veía no sólo una enorme construcción adornada por las luces brillantes y el resplandor lunar, sino todo un camino adornado por risas, llanto, adrenalina, personas de distintas edades que en su momento me ayudaron, otras que no lo hicieron, veía noches contando mis ahorros y preguntándome si valía la pena los sacrificios que estaba haciendo, si de verdad estar pisando territorio neoyorkino era lo suficientemente bueno como para matarme de hambre o sacrificar ciertos lujos… y sí, todo eso había valido la pena.

— ¿Qué piensas, mi Kari? —preguntó TK, abrazándome por la cintura y besándome en la sien.

— Es hermoso —sonrió ampliamente, como si mi alegría fuera razón suficiente para sentirse dichoso.

Nueva York era el paraíso prohibido. Era la tentación al alcance de tus manos que esperaba con ansias ser arrancada del árbol y mordida. La ligera llovizna veraniega, las múltiples luminarias de las calles y los coches transitando las avenidas, los ciudadanos cubiertos de tatuajes y vestimenta moderna, todo el ambiente se hallaba cargado de una vibra positiva que me causaba querer ponerme a bailar, a cantar, a andar por la vida como si no existiera más la tristeza ni el dolor, como si nunca hubiera sufrido y jamás mis ojos hubieran conocido el llanto amargo que me envenenaba el alma. Nueva York era el lugar perfecto para los soñadores como yo que no se cansaban de proclamar justicia ante la falta de derechos sociales.

Voltee de reojo a ver a mi novio. Las gotas de lluvia brillaban sobre su rubia cabellera, tenía ese look desaliñado y sexy que me encantaba: su barba crecida, sus ojos radiantes, sus mejillas sonrojadas.

— Vamos a cenar y después buscar un lugar dónde dormir, ¿si? —le dije, pegando mi cuerpo a su pecho y acariciándole el cabello. Él asintió y le di un beso en los labios.

Fuimos a un restaurante de comida rápida, para variar, y nos comimos una rebanada gigantesca de pizza cada uno. No he de mentir, a pesar de que sabía bien, no era exactamente la mejor pizza que hubiera probado, pero era americana y eso le daba crédito. Nos sentamos junto a la ventana del local que daba hacia el Times Square, y al observar a las personas caminando, los taxis amarillos que iban, la mayoría, ocupados, y las luces parpadeantes de los letreros de comida y ropa, me sentí embriagada de emoción. Quería ser parte del espectáculo, quería ir y comerme la ciudad entera conociendo cada detalle hasta de los rincones más escondidos.

En el instante en que volví a la realidad me percaté que TK había terminado de cenar y me veía mientras esbozaba una media sonrisa.

— ¿Qué pasa? —pregunté, sintiendo mis mejillas arder.

— Deberías verte, amor —voltee hacia mi ropa, suponiendo a que se refería a alguna mancha que me pude haber hecho mientras cambiaba de dimensión— No, no es eso… estás radiante. No llevamos ni una hora aquí y ya amas está ciudad, ¿cierto? —le di un trago a mi refresco y sonreí.

— ¿Tienes idea de cuánto anhelé conocer Nueva York?

— No ha habido un solo día en que no me lo dijeras —ambos sonreímos y pagamos la cuenta.

— ¿Sabes qué quiero? —TK frunció el ceño mientras se ponía su chaqueta de piel y se acomodaba la bufanda café—. Cerveza. Necesitamos alcohol, TK.

— Ni lo pienses, mi vida, lo que necesitamos es una ducha caliente y una cama para descansar, ¿no fue eso lo que me dijiste que querías? —lo miré a los ojos y lentamente me acerqué a él quien soltó un fuerte suspiro. Acaricié su pecho con mi dedo índice y le di una pequeña mordida en los labios.

— Anda, amor. ¿Recuerdas lo excitada que me pongo cuando ando ebria? —bajé lentamente mi mano hasta su ombligo y él la apartó de inmediato sin quitarme la mirada de encima.

— Sólo una bebida —amenazó levantando su dedo índice y lo agarré del rostro para besarlo.


— ¡Kari, ven acá!

— ¿Eh? ¡Hola guapoooo! —me arrojé al cuello de TK e intenté darle un beso pero él se apartó.

— Hay que ir al hotel, mi vida —susurró en mi oído haciéndome cosquillas. Sentía golpes en la espalda y los brazos pero mi visión estaba nublada. El ambiente se sentía bochornoso y caliente, y las parpadeantes luces de colores que iluminaban el rostro de mi novio comenzaban a molestarme.

— No. No quiero. Vamos a bailar. ¡Woooooo! —lo jalé del brazo y comencé a moverme. Sentía los efectos de los tres shots de tequila y la bebida con vodka en mi cuerpo.

— ¡Kari! Vamos a casa —Takeru me jaló del brazo arrastrándome hacia la salida y forcejee hasta lograr que me soltara.

— ¡No quiero! —me metí en la multitud de personas al tiempo que me daba un ataque de risa. Cerré los ojos y seguí bailando hasta tropezar con alguien—. Lo siento —grité creyendo que había susurrado y el sujeto frente a mí esbozó una amplia sonrisa.

— Hola, nena. ¿Vienes sola? —me quedé callada mientras lo observaba, tenía espeso bigote, por su complexión supuse que practicaba algún deporte rudo, la cabeza afeitada y ojos verdes. Bajo las mangas de su camiseta blanca se observaban los muchos tatuajes impresos en sus brazos y su pecho. Voltee hacia la barra de bebidas y la entrada pero no encontré a TK. Quizás se fue enfadado aunque no era un pensamiento que me preocupara en ese instante—. ¿Quieres un trago? —extendió frente a mí una botella de tequila y la tomé dándole un buen trago—. Wow, tú sí que sabes beber, primor.

Sin saber bien qué hacía me di media vuelta, con la botella en la mano, y seguí bailando, empujando personas y dejándome llevar por el efecto del tequila en mis venas. En un momento alguien me atrapó de la cintura y al voltear vi al mismo sujeto que me había llamado nena.

— ¿A dónde crees que vas?

— A bailar…

— No. Tú vienes conmigo —me apretó fuerte, pegándome a su cuerpo y comenzó a caminar atrás del bar.

— ¡Hey, suéltala! —escuché la voz de TK y al voltear el tipo recibió un fuerte puñetazo en el rostro que lo hizo trastabillar—. Ven acá, Hikari —mi novio me tomó de la mano y me arrastró hacia la salida. De haber estado un poco más consciente me habría percatado de que fuimos, por un momento, el centro de atención en la pista de baile—. ¿Pero qué demonios crees que hacías yéndote con éste tipo!

Al sentir el aire frío que me pegó de golpe en el rostro y el aroma a tabaco de los fumadores no pude contenerme y me agaché a vomitar manchándome los zapatos y los de él también.


Durante todo el trayecto al hotel Takeru no dijo ni una sola palabra. Cuando entramos al cuarto yo estaba muy mareada, no tenía consciencia espacio-temporal y él me llevó hacia la regadera, abriendo el agua caliente. Me ordenó que me diera un baño y me dejó ahí encerrada mientras el cuarto se llenaba de vapor. A como mis sentidos respondieron pude quitarme la ropa llena de vómito, me miré en el espejo: tenía el maquillaje de los ojos corrido y el cabello alborotado. Entré a la regadera y el contacto del agua comenzó a desvanecer la borrachera. Tomé el jabón para lavarme el cuerpo y al tallar mis brazos miré un enorme moretón en mi muñeca y marcas rojas. Flashazos de lo que había sucedido en el club comenzaron a aparecer en mi mente pero yo reprimí algunos. Apegándole a la amnesia causada por el alcohol quizás podría contentar más pronto a mi novio, quien ya me había advertido que no quería escenas como esa.

Salí sin querer de la regadera y comencé a secarme con una enorme toalla blanca. Me miré de vuelta en el espejo y mi aspecto había mejorado bastante. Al menos ya no olía mal. Abrí la puerta del baño y escuché que TK hablaba por teléfono, supuse que serían sus papás pues nadie más le hablaría a las 4:00am. Estuve a punto de salir para decirle que había terminado pero al escuchar que mencionó mi nombre me detuve y con la puerta entreabierta escuché la conversación.

Sí, mamá, ya lo sé… —le decía él cansinamente—. ¿Qué? Mamá, no voy a casarme, no seas absurda… sí entiendo. ¿Lizbeth?... no, no la recuerdo… ¿Matt? ¿Cuándo hablaste con él?... No desde el cumpleaños de Sora… sí, madre, ya lo sé… ¡Ay, por favor! —alzó el tono de voz y se levantó de la cama, caminando hacia la ventana. Abrió un poco la cortina y se quedó mirando hacia afuera—. No. No me voy a casar con Hikari, ¿ok? Y sí, si quieres estar tranquila entiende que ella es una aventura, jamás podría relacionarme en serio con alguien de clase inferior. Soy joven y ella me da lo que quiero así que quédate en paz, madre, que esto no durará mucho.

Me tapé la boca al escucharlo decir eso. No podía estar hablando en serio, estaba enojado, debía ser eso. Estaba enojado por lo que pasó en el club. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y cuando lo escuché colgar la llamada salí del baño. Sus ojos me miraron de arriba a abajo y pude percibir la culpa que estaba sintiendo.

— Escuchaste lo que dije —afirmó seriamente y tuve que morderme el labio reprimiendo el llanto. Sentía un nudo en la garganta a punto de explotar y gritarle hasta de lo que se iba a morir.

— ¿Una aventura?

— Kari, no fue lo que quise decir —se acercó a mí pero de un golpe lo aparté.

— No me toques —lo miré con coraje, con desprecio. No quería creer que él hubiera dicho eso de mí.

— Entiende, mi vida, mi mamá piensa…

— Me importa un cuerno lo que tu mamá piense, no tenías derecho de ofenderme así —levanté la voz, dejando que el llanto estallara de una buena vez—. No quiero verte, Takaishi. Vete, déjame sola —él soltó un fuerte soplido y simplemente asintió. Cogió su celular de la cama y se salió de la habitación dando un fuerte portazo que acabó por tirar los pedacitos que quedaron colgando de mi corazón. Sabía que estaba actuando inmaduramente, sabía que debía escucharlo pero estaba muy molesta como para dejarlo. Todo lo que hice fue levantar el edredón y esconderme a llorar hasta que Morfeo me llevó junto a él.


¡Feliz navidad, chicuelos! Espero que se la pasen muy bonito en compañía de sus seres queridos y que tengan una rica cena :) disfruten sus vacaciones y no olviden dejarme un comentario, ¿vale? :p