C8
El día siguiente mi ánimo no mejoró mucho. Me desperté exactamente en la misma posición que me había acostado y TK no había llegado a dormir. Eran las 10:00am y me dolía mucho la cabeza, necesitaba un café cargado para poder iniciar el día sin vestigios de la borrachera. Me di un baño rápido sólo para despejarme y decidí ponerme un vestido de rayas blancas y negras, mis combat boots café y un suéter ligero con manga ¾ en color negro. Un poco de delineador y lápiz labial rojo y nadie notaría que pasé largo rato llorando anoche.
Salí a dar una vuelta por Central Park, llegando antes a un establecimiento de Le pain quotidien en donde compré un café americano que llené con 8 bolsitas de azúcar y una dona rellena de nutella. Entré por el lado norte del inmenso parque que ya se hallaba lleno de cientos de turistas de distintas clases étnicas, la mayoría fotografiando o fotografiándose con cámaras que variaban desde las digitales hasta aquellas profesionales con varios lentes dependiendo del enfoque se quiera capturar. Lo primero que crucé fue el 110th St. Bridge, un puente construido de piedra en 1890. Después seguí con la primer escultura dedicada a un afroamericano, Duke Ellington. La verdad, a pesar de que había visto un ciento de docenas de esculturas en mis cortos años de vida, ninguna parecía tan bonita como éstas frente a mí bajo el radiante sol veraniego de Nueva York; si bien no eran más que simples monumentos de acero y otros materiales para construcción, a mí me parecían una belleza quizás por el simple hecho de pertenecer a una ciudad mágica. Huddleston arch, Andrew Haswell Green bench, McGowan's pass, North meadow… todo parecía un elegante escenario sacado de las películas que tanto amaba y me costaba creer que ahora mis ojos estuvieran viendo.
Dos horas luego de que mi recorrido iniciara, no había conocido ni una tercera parte del parque. Para mediodía decidí darme un descanso y sentarme en el pasto de Cherry Hill. Había familias y parejas disfrutando un delicioso momento de picnic, niños corriendo entre los árboles, jugando a las escondidas, otros que intentaban volar su primer cometa… aunque mi mente quería utilizar la palabra «perfecto» para describir lo que mis ojos veían, había algo que me hacía falta…
Saqué mi celular de la mochila y le marqué a TK pero la llamada fue desviada a su buzón de voz inmediatamente. Me mordí el labio al sentir un hormigueo en el estómago. Si tan sólo no hubiera sido tan dura anoche y le hubiera dado tiempo de explicarse…
— … ella es una aventura, jamás podría relacionarme en serio con alguien de clase inferior…
Sus palabras volvieron a retumbar en mis oídos y nuevamente la oleada de coraje y tristeza volvía a mí. ¿Por qué TK habría dicho algo así? Era verdad que su madre y yo sólo habíamos cruzado un par de frases desde que él y yo iniciamos la relación pero la señora nunca pareció odiarme, o al menos Takeru nunca mencionó que hubiera un conflicto entre ellos por mí.
Un pesado suspiro se me escapó del pecho y decidí dejar el asunto por la paz. Una vez volviendo al hotel hablaría con él para pedirle una explicación. Estuve a punto de levantarme para seguir mi recorrido pero una bonita imagen apareció frente a mí: un hombre de aproximadamente unos treinta y cinco años, de barba castaña justo como su cabellera, vestía una camisa polo en color azul y jeans color crema, estaba sentado sobre una manta de cuadros rojos y blancos, y acostada en sus piernas había una pequeña, de unos cinco o seis años de edad, aproximadamente, con el cabello rubio desparramado en gruesos bucles sobre su papi, vestía una blusa de algodón blanca, un overol de mezclilla y tenis rosas. Sostenía en sus manitas un libro de cuentos que devoraba con la mirada mientras le leía al hombre quien sonreía de tanto en tanto, hacía gestos simulando estar impresionado y le acariciaba con ternura el cabello a su pequeña. La imagen me atrapó completamente en una atmósfera de inspiración y sin pensarlo saqué mi cuaderno de la mochila y un lápiz, y comencé a dibujarlos, primero fueron trazos sin sentido pero al ir añadiendo sobras y matices fueron cobrando forma. Aunque no era exactamente una experta dibujando, debía decir que me relajaba mucho hacerlo, y después de los dos cursos intensivos que había tomado en Amsterdam, podía sentirme satisfecha con lo que hacía. El tiempo se me fue volando mientras dibujaba y para cuando voltee a ver el reloj ya iban a dar las 3:00pm y mi estómago gruñía de hambre. Me levanté deprisa, aun llevando el cuaderno en mi mano y comencé a caminar hacia la salida más próxima. Me sentía mareada y sedienta, y al escuchar mi celular sonar y meter la mano izquierda revolviendo lo que llevaba en mi mochila para poder alcanzarlo no me percaté quién venía frente a mí y me di un fuerte golpe, cayéndoseme la libreta y mis hojas con algunos dibujos que tenía y había arrancado.
— Lo siento muchísimo, ¿estás bien? —voltee a ver al hombre quien se apresuró a recoger mis cosas antes de que el viento se las llevara. Era un poco mayor que yo aunque no pasaba de los treinta. Tenía el cabello castaño dorado y unos preciosos ojos azules como los de TK.
— ¿Eh? Sí, lo siento. Iba distraída —el joven sonrió dejando ver su perfecta dentadura blanca y luego bajó la mirada hacia mis dibujos.
— Wow, son bastante buenos, ¿tú los hiciste? —tardé segundos en comprender que acababa de preguntarme algo y al volver a la realidad asentí apresuradamente—. ¿Te dedicas a esto?
— No, son sólo escenarios que se aparecen en mi mente o mi vista pero lo hago por puro placer.
— Pues, son excelentes. Puedo ver una galería con ellos colgando en marcos de madera fina.
— ¿En serio? —sin evitarlo le devolví la sonrisa y sentí mis mejillas arder de felicidad.
— Soy Jack Hudson —me extendió su mano que estreché con entusiasmo.
— Hikari Yagami. Pero puedes decirme Kari.
— Mucho gusto, Kari. ¿A qué te dedicas? Por tu acento puedo notar que no eres americana.
— No, nací en Odaiba y luego me mudé a Alemania en donde estudio Periodismo. Estoy a un semestre de terminar la carrera. Es… en parte por lo que decidí tomar clases de dibujo, mi profesión demandaba que supiera algo de esto.
— Inteligente, joven, bonita y además profesionista. Si me dices que eres casada voy a tener que pegarme un tiro ésta noche —ambos nos echamos a reír, yo sentí nervios ante su cumplido. Jack era muy guapo y por alguna razón —ajena a su carácter coqueto y su amable manera de hablar— me inspiraba confianza—. ¿Alguna vez pensaste en trabajar en Nueva York?
Llegué al hotel cerca de las 7:00pm. El sol ya se había ocultado hacía rato dando entrada a las brillantes luces de la Gran Manzana. Increíblemente me sentía cargada de emoción y buena vibra, todo lo que quería era poder ver a TK y contarle sobre mi día, pero al entrar a la habitación lo hallé durmiendo boca abajo. La televisión estaba encendida en un canal de deportes, su celular tirado sobre la alfombra totalmente descargado y su ropa y toalla mojada en un rincón. Supuse que llevaba rato ahí y al sentarme a su lado y acariciar su cabello aún lo sentí húmedo y olía a shampoo. Me incliné para darle un beso en la mejilla y lo miré por un momento. Lo adoraba con toda mi alma y aún más, si es que eso era posible. Takaishi provocaba millones de sensaciones simultáneas en mí sin siquiera tocarme.
Me levanté para cambiarme de ropa, quedando únicamente en panties y una playera negra de él que hacía mucho tiempo le había robado y al volver a la cama él se movió, entreabrió los ojos y esbozó una sonrisa somnolienta.
— No te oí llegar —dijo en su sexy ronco tono de voz.
— Vuelve a dormir, guapo —acaricié su cabello y él se acercó, acostándose sobre mi abdomen y abrazándome con fuerza. Permanecimos así un rato simplemente acariciándonos sin decir nada.
— Kari, lamento mucho lo que dije anoche. Mi mamá está… preocupada.
— ¿Por qué? ¿Se encuentra bien?
— Sí, es sólo que… bueno, ya sabes, ella se la pasa en reuniones sociales con sus amigas de los diferentes clubes a los que asiste y al parecer ya todas tienen más de un nieto —no pude evitarlo y solté una risita al imaginarme a las señoras encopetadas tomando el té junto a un campo de golf y presumiendo que el Louis Jr. VII había nacido.
— ¡No te burles! —exclamó él volteándose hacia mí para verme pero aún sin levantarse.
— Lo siento es sólo que… ¿quiere que tengas hijos? ¿En serio? —sus mejillas enrojecieron y escondió su rostro en mi vientre. Yo me eché a reír por lo ridículo que sonaba eso.
— En fin. Realmente siento mucho lo que dije, no fue en serio, Kari. Tú sabes que te amo con toda mi alma y sólo quería que mi mamá me dejara en paz con ese tema.
— No le gusto, ¿verdad? —TK acarició mi brazo con su dedo índice.
— Más que eso, ella teme que siga los pasos de Matt y…
— Te cases con alguien de clase inferior —terminé repitiendo la frase que él había utilizado.
— Kari, en serio lo siento muchísimo, tú sabes que yo no pienso así… —se levantó y cruzó una pierna por sobre mí como si fuera a sentarse sobre mi vientre. Le tomé el rostro entre las manos para obligarlo a mirarme pero al hacer contacto con sus ojos por inercia me acerqué a besarlo, él le dio intensidad al beso y deslizó sus manos por debajo de la camiseta que yo llevaba pero lo detuve.
— Hey… está bien, anoche estaba enojada y lamento haberte corrido —él sonrió y acaricié sus mejillas—. Y también lamento lo que sucedió en el club. Prometo no volver a beber alcohol.
— No debes hacer promesas que sabes que no vas a cumplir —ambos nos miramos y sonreímos cual cómplices acababan de desenmascarar un crimen—. ¿Qué hiciste hoy? —preguntó de pronto trayéndome de vuelta a la realidad de hacía unas horas.
— Bueno, primero fui a dar una vuelta a Central Park. ¡Dios mío, TK! Tienes que venir conmigo mañana, es hermoso, las esculturas, el pasto, los patos… en fin, conocí a éste hombre, Jack Hudson, que resultó ser editor en jefe de la revista W aquí y colabora conjuntamente con el New York Times. Le encantaron mis dibujos, fuimos a comer y me dio su tarjeta. Me dijo que no dude en contactarlo cuando termine la universidad y él puede conseguirme un puesto en W —no me percaté de que había narrado lo sucedido sin detalles. Era como vómito verbal y la emoción no me permitió detenerme para dar explicaciones.
— ¿W? ¿No es eso una revista de moda? —asentí y me mordí el labio inferior para poder dejar de sonreír—. Creí que te interesaba más el ámbito socio-económico y la política.
— Y así es. Sí. Pero estamos hablando de Nueva York, TK. ¿Sabes lo que tardaría en conseguir un puesto de trabajo relacionado con mi carrera? ¡Años! Se requieren contactos y recomendaciones, como la de Jack, para poder ascender rápidamente.
— Mmm, eso suena como algo que debemos celebrar —dijo, inclinándose para besarme. Acaricié su pecho y sus hombros, fui deslizando mis manos hasta levantar su camisa y ayudarlo a quitársela. Él me jaló de la cintura hacia abajo para hacer que me acostara sobre la almohada y se dejó caer sobre mí besándome con pasión. Lo tomé del cuello, enredé mis manos en su cabello, saboree cada uno de sus besos, lo dejé mirarme, le permití quitarme la ropa, tocarme como nadie más lo había hecho nunca, perderse en rincones de mi cuerpo que ni yo conocía. Me volví una con él al tacto de su piel… su piel era el único aeropuerto en el que aterrizaba para volar.
Ohhh qué tragedia es ver películas que me llenen de ideas para futuras historias y tener una agenda apretada u_u mientras el café y el pan de dulce existan, yo seguiré escribiendo :p
Gracias por sus comentarios, chicos! Espero hayan tenido un excelente tiempo (: y a darle con todo que ya es lo último del año! :D
