C9

Suspiros, suspiros, suspiros. Qué son, sino aspiraciones fuertes y prolongadas seguidas de exhalaciones, acompañadas de un gemido y que suelen denotar pena, ansia o deseo. Pasamos suspirando desde que nacemos hasta nuestro último aliento de vida; pese a que en éste mundo se lleva un conteo de casi cualquier actividad interna del cuerpo humano, los suspiros no entran en el negocio. Son simples momentos los que ocasionan que un pedacito de nuestra alma salga expedida por nuestros labios, y aquellos que van seguidos de una sonrisa son los que se disfrutan más.

Desde hace unos años me volví una romántica empedernida y con justa razón, TK no hacía más que sacar ese lado cursi que todas las mujeres tenemos pero muchas, al ser lastimadas, enterramos para jamás volver a sacar.

¿Qué sería la vida sin amor? Andar por los días realizando las mismas actividades pero sin esa chispa encendida que mantiene calientito el corazón, junto a las motivaciones que nos conducen día tras día a diferentes aventuras. Sería insípida y gris. ¿Qué sería de nosotros si no conociéramos lo que es sentirse enamorados y mejor aún, correspondidos?

El roce de su mano me hizo estremecer y voltee a verlo.

— Llegamos a casa —murmuró dándome un beso en la mejilla.

Un suspiro largo y me puse de pie. Esperamos a que las personas bajaran del avión antes de hacer lo mismo. A TK y a mí no nos gustaba quedarnos detenidos en medio del pasillo hasta que dieran la orden de bajar y preferíamos quedarnos en el asiento. Era mediodía para cuando llegamos a Frankfurt y el clima, aunque estaba frío como de costumbre, se sentía agradable con el sol brillando, quizás alcanzando unos escasos 20ºC.

— Me encantaron las vacaciones —dijo él una vez que nos subimos al taxi con destino a nuestro departamento. Me acurruqué en su pecho y metí mi mano entre su costado y su brazo derecho, escondiéndola bajo la chaqueta.

— Adoro Nueva York —dije apenas caí en cuenta que me hallaba a miles de kilómetros de distancia—. Definitivamente mantendré contacto con Jack para trabajar allá.

— ¿Y me vas a dejar aquí solo? —me levanté, sin soltar el abrazo, para mirarlo a los ojos. Por un momento creí que Takeru lo había dicho jugando pero al verlo me di cuenta que hablaba en serio. Me mordí el labio sintiéndome consternada. Era la primera vez que tocábamos el tema de lo que en verdad queríamos hacer una vez acabando la universidad, si bien yo tenía mis anhelos, pocas veces lo habíamos hablado con seriedad—. No tenemos que discutirlo ahora, preciosa —tomó mi mano y me besó los nudillos. Sonreí y volví a recostarme en su pecho, y ambos suspiramos al mismo tiempo.

Llegamos a casa y para mi buena fortuna se hallaba limpia. La señora del aseo había ido y lo único de lo que tendría que preocuparme luego sería de desempacar.

Fui hasta el cuarto y me aventé sobre la cama. Se sentía tan bien estar de vuelta. Me quité las botas y el abrigo que llevaba, y encendí la calefacción.

— ¿Comida china? —preguntó TK. Tenía el inalámbrico en una mano y la agenda en otra. Asentí simplemente y él volvió a la sala.

Aunque no estaba muy hambrienta en realidad…

Fui hacia la cocina donde lo hallé recargado en el fregadero: llevaba una camiseta azul marino, jeans desgastados y un beanie verde musgo sobre su cabello despeinado. Le quité el teléfono de la mano y colgué la llamada, antes de que dijera algo para protestar lo tomé del rostro y lo besé con ganas. TK enterró sus manos en mi cintura y me arrastró hacia la sala en donde nos tumbamos riéndonos sobre un sillón. Volví a atrapar sus labios mientras mis manos iban de su cuello a su pecho. Enredé mis piernas en su cadera y al presionarse contra mí sentí su erección por sobre el pantalón. Sus labios recorrieron mi cuello y me arquee hacia atrás sintiendo un cosquilleo en mi vientre. Levanté su camiseta y él se la quitó arrojándola al piso. Me detuve a mirarlo semidesnudo un momento, rocé las líneas de su pecho con mi mano, acaricié sus brazos y lo tomé del rostro para besarlo de nuevo, ésta vez con más calma. TK desabrochó mi pantalón y se arqueó para quitármelo. Observé la manera en que su mirada se perdía en mi cuerpo, sus mejillas se iban tornando rojas cuando me acariciaba las piernas, al quitarme la blusa y quedar en ropa interior sus dedos recorrieron mi pecho y fueron bajando hasta mi vientre. Sus ojos viajaban asombrados como si fuera la primera vez que me veía así. Antes de proseguir terminó por desnudarse y tumbare sobre mí. Acarició mis mejillas y mi rostro mientras presionaba suavemente sus labios sobre los míos y me besaba de esa forma tan peculiar que tenía de hacerme viajar fuera de este mundo. Me levanté un poco para quitarme el sostén dándole un golpe en el rostro sin querer y ambos reímos. Cuando me miró con emoción, con pasión y deseo la sangre hirvió en mis venas y sentí el cuarto más caliente.

— Eres preciosa —murmuró contra mis labios.

Mis manos se perdieron en el contorno de su bien formada espalda. Mis dedos se posaron en algunos lunares de sus hombros y su cuello uniéndolos en líneas imaginarias. Besé su pecho sintiendo su calor, aspirando su delicioso aroma varonil. Las yemas de mis dedos fueron presionándose en su cintura mientras sus labios y su lengua hablaban maravillas contra mi cuello. Acaricié sus piernas, sus muslos… TK se estremeció sobre mí y levantó el rostro para verme. Nada existía en ese instante más que él. Sus ojos me habían hechizado y captaban toda mi atención.

— Te amo, Takaishi —sus mejillas enrojecieron aún más y sonrió complacido.

Acaricié su cabello que ya se sentía húmedo por el sudor y lo atraje para besarlo. Cada vez que sus labios se perdían en mi boca y nuestras lenguas volvían a encontrarse yo me desconectaba de ésta dimensión, sus besos me hacían sentir que volaba y era capaz de viajar a donde quisiera, de hacer lo que quisiera sin que mi cuerpo conociera límites espacio-temporales. Un gemido se me escapó al sentirlo dentro de mí. Enredé mis brazos en su cuello mientras él iba tomando ritmo. Me besó el cuello, exhalando fuertemente contra mi piel. Bajé mis manos hasta su cintura y fui perdiendo el aire. Respiré su aliento sobre mis labios. TK me tomó del rostro y devoró mi boca con ganas dejándome completamente sin aliento. Nos separamos para respirar y volví mis manos a su cabello, enterrando mis uñas en su nuca. Abracé su cadera con mis piernas al tiempo que seguía penetrándome y se le escapó un gemido.

— Te amo, Kari —susurró en su ronca voz al besar mi oreja.

Mi pecho subía y bajaba rápidamente y podía sentir los latidos de mi corazón retumbando a través de él. Takeru masajeó mis senos mientras sus labios volvían a los míos y en cuestión de segundos los músculos de sus brazos se tensaron. Un gemido, una explosión, mi cuerpo lo imitó y nos miramos, ambos buscando recuperar aliento en los labios del otro. Bajó su cabeza y hundió su rostro en el hueco entre mi hombro derecho y mi cuello. Los dos temblábamos aún conmovidos por el éxtasis del reciente orgasmo y permanecimos así: unidos, abrazados, sudados y satisfechos por un buen rato.

El teléfono comenzó a sonar y fue hasta ese momento en que TK se movió. Besó mi cuello y enredó nuestras manos.

¿Takeru, estás ahí? Hijo, me dijiste que llegarías para ésta fecha y me temo que no has revisado tu celular, ¿cierto? —la inconfundible voz de su madre resonó por la sala a través de la contestadora pero ni uno de los dos hizo siquiera un esfuerzo por levantarse a contestar—. Hijo, a tu padre acaban de conmemorarlo por su aniversario número 35 en la empresa y harán una cena de celebración éste viernes. Me encantaría que pudieras venir, la hija de los Martins estará aquí junto a su familia, se acaba de graduar de Harvard y está entusiasmada con conocerte. Márcame en cuanto recibas éste mensaje para reservarte el vuelo.

El delicioso tiempo de placer que acababa de vivir se había desmoronado en cuestión de segundos dejándome una desagradable sensación amarga en el pecho. Me moví y empujé a TK para que se levantara pero él pareció poner resistencia y volteó a verme.

— Siento mucho que hayas escuchado eso, Kari.

— No te preocupes —intenté sonar lo más desinteresada posible del tema.

— No voy a ir —aseguró con firmeza en su voz y voltee a verlo. Su mirada me suplicaba que no lo dejara pero los latidos de su corazón ansiaban compresión antes de colapsar nerviosamente. Acaricié su mejilla y sonreí.

— Tienes que ir, TK. Es tu padre, tu familia estará ahí, es un momento importante y verte significará mucho para él —volví a moverme y ésta vez él no hesitó en levantarse para dejarme hacer lo mismo. Recogí mi ropa del piso y suspiré antes de irme.

— Sólo iré si tú me acompañas.

— Tu madre no tiene mi nombre en la lista de invitados.

— Hablo en serio, Kari. No pienso ir si tú no vas conmigo —voltee a verlo y medio sonreí. La idea sonaba tentadora: una cena de gala en Paris. Pero lo último de lo que quería ser responsable era de una pelea entre él y su familia. Me acerqué a darle un beso y él cerró los ojos al sentir mi caricia en su rostro.

— Voy a darme un baño.


No sé si vaya a postear otro capítulo antes de año nuevo. Mañana tengo la segunda cita al consulado para mi visa, les pido me manden sus buenas vibras para que me la acepten!

Gracias por un año más de paciencia y por seguir aquí, chicos! Mis mejores deseos para ustedes.

Feliz año nuevo :D