C11

No volveré a bailar en ese club asqueroso, Anton. Y discúlpame, tengo que irme…

Mi voz resonó a través de la bocina del iPhone de Elizabeth y sé que algunas personas alcanzaron a escuchar lo que había dicho. La mamá de TK me miraba con asco como si fuera yo un cadáver en descomposición mientras él… sus ojos… su expresión era más bien de decepción. La pelirroja sonreía complacida bajo su embadurnado aspecto de chocolate y maldad.

— ¿Lo ves, TK? ¡Tu novia es una maldita prostituta! —su grito hizo eco en el silencioso salón y fue seguido por exclamaciones y murmureos. Había tanta rabia en mí y lo único que deseaba era tomarla del cabello y golpearla hasta deformarle el rostro pero Hiroaki apareció en la escena y su aspecto enojado acabó con mi ira.

— Márchate ahora mismo, Hikari —sus palabras fueron tajantes como hielo. Miré a TK esperando estúpidamente que abriera la boca para defenderme, que dijera algo lo que fuera, pero sólo bajó la cabeza y entendí que esa noche no había más lugar para mí ahí. Me fui apresurada hacia la salida. No me detuve a tomar mi bolso ni mi abrigo. Afuera llovía y hacía viento frío pero no me importó.

— ¿Va de regreso al hotel, señorita? —preguntó el chofer del Mercedez que me había llevado y asentí al tiempo que las lágrimas escurrieron por mis mejillas.

Durante el camino no pude dejar de llorar, no sólo había arruinado un evento importantísimo para la familia del hombre que amaba sino que esa llamada me había expuesto en una manera totalmente errónea y demostrar que en realidad no soy algo que creen que soy no iba a ser tarea sencilla. Probablemente la única oportunidad que había tenido de llegar a entablar una relación con los padres de Takeru ahora se hundía en las profundidades del océano pacífico.

Pasaban de las 11:00pm cuando regresé al hotel. El hombre de la recepción me lanzó una mirada con desconfianza al verme llegar titiritando de frío, el cabello húmedo y probablemente el rostro manchado de maquillaje. Subí hacia la habitación y al cerrar la puerta tras de mí me tiré al piso a llorar. Escondí mi rostro entre las piernas y dejé que todo el enojo y la impotencia de lo que no había podido hacer salieran de mi cuerpo. Luego de un rato cuando el pecho me dolía y no sentía más lágrimas brotar miré hacia la ventana. No sabía si TK regresaría a dormir y para ser franca no quería verlo. Su expresión al escuchar la conversación me había destrozado más que el helado viento a mi piel desnuda.

Me levanté y fui hacia donde estaba mi maleta, por suerte no había sacado mucha ropa y no me tomó gran tiempo en reacomodarla. Me cambié el vestido por un par de jeans desgastados y un suéter descocido. Un fuerte estruendo iluminó la habitación seguido de un trueno y al asomarme por la ventana vi cómo se desató una fuerte lluvia. Me mordí el labio y miré el teléfono, preguntándome si debía marcar antes o simplemente marcharme… el reloj apuntaba la media noche y decidí que lo mejor sería irme. Tomé mis cosas y salí de la habitación haciendo un check out en recepción.

— ¿Se va sólo usted, señorita? —preguntó Joan, un hombre con porte afeminada y bigote castaño. Asentí simplemente—. ¿Y el joven Taka… Takai…?

— Takaishi. Él volverá más noche, o quizás en la mañana. En la habitación aún están sus cosas —se hizo un incómodo silencio mientras Joan tecleaba en la computadora.

— Eso sería todo, señorita. ¿Algo más que pueda hacer por usted? —miré los ojos verdes de Joan cuando se iluminaron por otro relámpago y recordé que el auto a mi servicio ya no estaría afuera.

— Un taxi —me aclaré la garganta y sonreí—. Necesito un taxi para ir hacia el aeropuerto.

Los parisinos sí que necesitaban en su ADN una cadena extra de amabilidad. El conductor del taxi arrancó el coche antes de que alcanzara a sacar la maleta y casi tropiezo y caigo en un charco de agua. Pese a que la tormenta no había cesado mucho temí que cancelaran los vuelos. Pero era París y ahí siempre llovía, debían estar acostumbrados a eso.

Había mucha gente en el Charles de Gaulle y conforme iba caminando a través de los pasillos más aumentaba mi temor de que no hubiese vuelos disponibles. Una vez llegué a la puerta que me correspondía, agradecí que no hubiera una larga fila por hacer.

— Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarla? —preguntó la mujer que atendía la aerolínea.

— Quiero cambiar mi vuelo para el que tenga más próximo a Frankfurt, por favor.

— Claro, déjeme revisar —le di el boleto de avión con fecha a dos días próximos que TK había comprado. La mujer sólo tecleaba y revisaba en la computadora lo cual me ponía cada vez más ansiosa. En ese preciso instante mi celular comenzó a timbrar. Era él… —. Hay un vuelo a las 3:17am con destino a Frankfurt. Es el más próximo y no hay necesidad de cubrir gastos extra, el siguiente sale a las 5:00pm pero hace una escala y requiere pagar un deducible.

— No, está bien el otro. Me iré en ese. A las 3:17am.

— Deme un segundo para hacer el cambio. ¿Va a documentar? —asentí simplemente y esperé cerca de otros diez minutos hasta que fui despachada.


Hacía un bonito sol esa tarde de sábado. Muchos alumnos abandonaron el campus para irse a pasear a otras ciudades o a la feria que acababa de colocarse en Berlín. Yo decidí ir a caminar al centro, visitar algunos museos y librerías. Adoraba las calles limpias y las zonas verdes que Alemania ofrecía a sus turistas. Amaba sus leyes, amaba su manera de organizar cada cosa, el control que se llevaba incluso en los transportes públicos. Pero aún me costaba acoplarme a los platillos de comida con carne a medio cocer y el hecho de que usaban cerveza para toda ocasión, aunque no me quejaba tanto, había una de mantequilla que me gustaba mucho.

Pasado el mediodía decidí ir a sentarme a leer en una librería que se había convertido en mi lugar favorito para relajarme. Traían ejemplares de clásicos en distintos idiomas y todo el lugar olía a café. Había una sala con mesas y sillones para leer al fondo y ponían covers acústicos de canciones modernas. Apenas había comenzado a hojear Lolita entró una pareja haciendo mucho ruido, la mujer discutía en un acento muy raro y él… él. El muchacho de rubio cabello hacía ademanes con las manos queriendo tranquilizarla mientras se metían a un pasillo seguido de varias miradas disgustadas. Por alguna razón la escena me causó gracia y sonreí. Cerré el libro y decidí acercarme a escuchar su discusión desde el pasillo de al lado.

¡Cómo no quieres que conozca a tus padres!

Catherine, entiende…

¡No! Tú no entiendes que me lastimas, TK. Eres un egoísta, siempre te la vives en tus prácticas de básquetbol o inventando que tienes que leer porque no quieres estar conmigo, tú y yo estamos saliendo, ¿o te comprometes conmigo o no? Necesito tiempo, atención… —oh esto era demasiado incluso para mí. Si había algo que no toleraba ni por gracia divina era una mujer siendo "mujer". Sin pensar lo que hacía me di la vuelta y caminé hacia ellos.

¡Amor! —apenas TK volteó a verme lo tomé del rostro y le planté un beso en los labios—. Me alegro tanto de verte, te extrañé muchísimo —volví a darle otro beso que ésta vez él correspondió. Pegué mi cuerpo al suyo y no me importó ser el centro de atención de la tal Catherine.

Kari, ¿qué haces…? —Takeru sonrió nerviosamente y yo sonreí pero sin despegarme de su lado.

Me dijiste que te viera aquí para ir a la cena con tus papis, ¿lo olvidaste, mi vida?

¡Esto es el colmo! —exclamó la castaña con furia. Tenía el rostro colorado y los ojos a punto de salir de las cuencas—. ¡Vete mucho al demonio! —tras gritar esto arrojó un par de libros al piso y se fue echando chispas de ahí. TK y yo nos echamos a reír sin parar hasta que nos dolió el estómago y luego fuimos regañados por el gerente del lugar.

Eso fue épico —dijo él cuando volvimos a la mesa donde había dejado mis cosas—. Te luciste ahí, Yagami.

No fue la gran cosa. Además, ¿qué hacías con una tipa como ella? En serio, Takaishi, creí que eras más inteligente.

Hace buen trabajo en la cama… —su comentario le robó el encanto que mis ojos vieron desde que entró al lugar y simplemente negué con la cabeza, tomé mis cosas y me dispuse a salir—. No, espera, ¿a dónde vas? No lo dije en serio.

Piérdete, TK —salí caminado rápido de la librería, sintiéndome… celosa. ¿Qué estaba pasándome?

Kari, espera —el rubio se plantó frente a mí y me sujetó de los hombros para hacerme detener—. ¿Qué te pasa? —giré la cabeza hacia un lado, no quería ver sus ojos azules y reír muerta de pena.

Me alegra que tu chica se haya ido, ahora si me disculpas yo…

¡No! —alzó la voz en tono impaciente y levanté la cabeza para mirarlo. Tenía las mejillas rojas y el cabello alborotado. Calor emanaba de su cuerpo, a escasos centímetros del mío, y no supe qué hacer. No podía decidir si estaba enojado o frustrado, o todo al mismo tiempo—. Lo siento —dijo finalmente, más calmado—. No me acosté con Catherine, eso… es algo estúpido que a los hombres nos gusta decir.

No tienes que darme explicaciones, TK…

Pero quiero hacerlo —mi corazón se aceleró y mis rodillas temblaron al verlo acercarse. Takeru me tomó el cuello, enterrando sus largos dedos en mi cabello y me atrajo hacia él para besarme. Quise poner resistencia pero sus labios eran mi debilidad…—. Me importas, Kari, en serio… me gustas mucho… y aunque no sea con mis padres, espero cenar contigo esta noche — de pronto mi mundo colapsó en una amplia sonrisa y sin estar totalmente consciente de lo que hacía me acerqué a darle otro beso.

Te veo a las 8:00pm afuera de mi edificio. No llegues tarde…


Sentí un golpe en la espalda y al mirar al frente vi que había llegado a la caja y atrás de mí estaba una mujer y su impaciente chiquilla de unos siete años de edad esperándome.

— Buenas tardes, ¿qué le puedo servir? —la cajera, por el contrario, se mostró más amable y paciente. Se me escapó un pesado suspiro y mis palabras salieron de manera automática.

— Un café moca cappuccino caliente grande, por favor.

— Claro que sí, ¿desea añadir algo más a su orden?

— No, sólo eso.

Tomé mi bebida y me fui a la sala de espera, aún faltaba una hora para que el avión despegara pero me sentía muy cansada como para seguir caminando, además de que fue en ese aeropuerto donde conocí a TK y el olor del lugar entero estaba trayendo a mi memoria los recuerdos más preciados que tenía y no deseaba ponerme melancólica durante el vuelo; tenía 16 llamadas perdidas en mi celular y 2 mensajes sin responder. Mientras una parte de mi mente buscaba una excusa para mi repentina desaparición cuando lo viera, otra parte seguía recordándome que él no había querido ir tras de mí después de que su padre me corrió.

Y eso me dolía.

Tomé mi café tranquilamente mientras veía cómo la salita se iba llenando. Fui una última vez al baño y para cuando volví ya habían hecho la llamada para abordar. Me formé en la fila y miré hacia la entrada. Había un reloj digital en cada andén del pasillo. Eran las 2:45am. Saqué mi pasaporte de la chaqueta y faltando dos personas antes de que tocara mi turno alguien gritó mi nombre y al girarme vi a TK que venía corriendo seguido por dos guardias de seguridad.

Mi corazón se contrajo al igual que cada músculo de mi cuerpo y me mordí el labio instintivamente.

— ¡Kari, espera! —llegó hacia mí con las mejillas rojas, el cabello alborotado y gotas de lluvia sobre su abrigo negro. Se dobló de cuclillas para tomar aire y finalmente levantó el rostro para verme. Yo no me había movido ni un centímetro de la fila y el hombre atrás de mí nos veía con curiosidad—. Tenemos que hablar.

— Ahora no.

— ¡Maldita sea, Hikari! No puedes irte así nada más.

— Señor, tenemos que pedirle que abandone la sala, usted no puede estar aquí… —uno de los hombres de seguridad habló con voz gruesa y temí meterme en problemas. No sería la primera vez en el Charles de Gaulle. TK me miraba impaciente a punto de perder el juicio. Tras un suspiro me salí de la fila y caminé junto a él dirigiéndome a la salida. Las personas atrás de mí me miraban preguntándose qué coño estaba pasando. Los guardias nos siguieron, manteniendo una distancia prudente entre nosotros. Yo sólo me mantuve caminando en silencio sin saber cómo empezar.

— ¿Pensabas irte así nada más? —preguntó él rompiendo el silencio. Voltee a verlo y asentí ligeramente—. Kari…

— ¿Qué querías que hiciera, TK? Tu papá me echó y tú no hiciste nada —nuevamente sentí un nudo formarse en mi garganta.

— ¿Y qué querías que dijera después de lo que acababa de oír? Mi novia manteniendo una conversación con sabrá Dios qué fulano y negociando bailar en un club.

— ¡Lo hice por ti! ¡Por nosotros!

— ¿Qué? —nos detuvimos a mitad de pasillo, demasiado alterados como para poder seguir—. ¿Entonces sí lo hiciste?

— ¿Sabes algo? Mejor me voy. Esto es un error —me di la media vuelta, los monigotes de seguridad se habían detenido atrás y nos observaban desdeñosamente.

— ¡Hikari, ven acá! —TK me sujetó del brazo y me giró hacia él, por poco tropiezo pero me sostuvo entre sus brazos. Comencé a llorar entre una mezcolanza de rabia, dolor e impotencia. Él suspiró y me dio un beso en la frente.

— Por favor déjame ir —al levantar el rostro vi que también tenía los ojos cristalinos y tuve que voltearme porque me dolía verlo así.

— Como quieras —dijo simplemente y me soltó. Se dio la media vuelta y se fue caminando, seguido por sus escoltas.

Volví al andén en donde ya todos los pasajeros habían abordado y me dejaron pasar con prisa. Me subí al avión yéndome hacia el centro en donde estaba mi asiento, pegado a la ventana. Me abroché el cinturón y la mujer que iba a mi lado me ofreció un pañuelo que le agradecí con una sonrisa.

El Boeing 787 despegó esa lluviosa madrugada con rumbo a Frankfurt pero mi corazón se quedó en el Charles de Gaulle de París.


Muchísimas gracias por sus reviews, me hacen tan feliz :D