C12

Trágicas noticias le tenemos esta noche. El bachillerato Nightingale-Bamford School localizado en el Upper East Side en Manhattan fue atacado por un grupo terrorista de cinco hombres enmascarados. El atentado comenzó cerca de las 9:00am mientras las señoritas de ésta institución se hallaban atendiendo sus clases. Los sujetos, de nacionalidad Iraquí, llevaban armas calibre 50 y atacaron desde distintos puntos dentro del plantel educativo. Uno de ellos tomó todo un salón de rehén y lanzó un mensaje a la nación americana diciendo que esto era sólo el comienzo, que no seguirían permitiendo que las mujeres tuvieran la misma posición de los hombres. Tras esto terminó con la vida de 22 jovencitas y 2 profesoras. Véalo usted mismo… —el reportero enfocó el video del hombre mirando hacia una cámara de seguridad instalada adentro del salón de clases. Las chicas se veían atrás, pegadas a una pared, llorando, abrazándose unas a otras.

— ¡Pero qué horror! —Yolei presionó el Mute para silenciar la escena televisiva—. ¡Pero qué ignorancia, por Dios! Si a ellos no les gusta esa forma de vida tan sólo que no la apliquen en su país pero, ¿venir a atacar otro?

— Increíble que en pleno siglo XXI se sigan viviendo estas cosas —sentía una presión en el pecho al ver a las madres y familiares de las chicas llorando en las calles de Manhattan, pidiendo justicia por lo sucedido. Decidí despejarme del asunto, después de todo en menos de dos meses planeaba ir a Nueva York y no quería que un incidente así me desmotivara. Me voltee hacia mi amiga dándome cuenta que me había dejado sola en la salita de su pequeño apartamento—. ¿Yolei? —fui a su recámara en donde la hallé sacando cosas del cajón de su peinador. Maquillaje, una plancha para el cabello y tenazas rizadoras—. ¿Qué haces?

— Tengo 20 minutos para que estés lista antes e ir con Anton —abrí los ojos sorprendida y me mordí el labio—. ¡Yagami! No estarás arrepentida, ¿o si? Anton odia que le cancelen citas.

— No es eso, es que… ¿y si me pide que haga algo más? ¿Y si los viejos rabo verdes intentan pasarse de la raya?

— ¿Quieres el dinero o no? —mi amiga se cruzó de brazos y arqueó una ceja en su pose dominante y asentí simplemente.

— Ven, siéntate.


El Rouge de la Rue era un club nocturno al centro de la ciudad, escondido en el área «privada» de ésta. Un típico bar con bailarinas nocturnas y cuartos exclusivos para la clientela más adinerada. Era muy grande, contaba con una amplia pista de baile con tres tubos de fierro en ella donde bailaban chicas que llevaban pelucas coloridas y maquillaje cargado, vistiendo sólo lencería.

Apenas pusimos un pie adentro mi corazón comenzó a latir con fuerza. Mi sentido moral me gritaba que me fuera de ahí al ver la mirada lujuriosa de algunos tipos cuando pasamos entre sus mesas pero mi necesidad económica me gritaba que le diera un poco más de tiempo al asunto.

Finalmente llegamos a la parte trasera, por donde las bailarinas van y vienen de los vestidores al escenario. Yolei no soltó mi mano durante todo ese tiempo e inconscientemente yo había apretado fuerte la suya. Entramos a una oficina tapizada con adornos que variaban desde estatuas egipcias, incienso, pinturas abstractas, una colección de tazas con una de cada país, libros… en fin. Un hombre, sentado frente a su escritorio, jugando solitario en la computadora, volteó a vernos.

— ¡Vaya, vaya! Mi pequeña, Yo. ¿Cómo estás, encanto? —el hombre, de rubio cabello y ojos azules, se puso de pie y le dio dos besos a mi amiga, uno en cada mejilla y enseguida la abrazó. Supe enseguida que sus preferencias sexuales iban orientadas hacia alguien de su mismo género, además de que llevaba una camisa rosa y un pantalón verde musgo, con mocasines cafés.

— Anton. Tú tan guapo como siempre —él, de aproximadamente unos cuarenta años de edad, sonrió mostrando su perfecta dentadura blanca—. Ella es Kari, de quien te he hablado tanto —el rubio me miró de arriba abajo y luego se giró rodeándome. Yolei soltó una risita y yo fruncí el ceño creyendo que se burlaban de mí.

— Nada mal, Yo. ¿Cómo quieres hacer esto, Kari? ¿Sentados bebiendo wiski o vamos directo al grano?

— Directo al grano, si no es problema —dije, sintiéndome insegura de pronto. Arrepentida de no haber escuchado a mi parte moral antes. Anton y Yolei se echaron a reír y enseguida él puso su brazo en mi hombro.

— ¡Qué simpática eres! Ven acá, siéntate —mi amiga y yo nos sentamos en las sillas frente a la de él con el escritorio entre nosotros. El ojiazul sirvió tres vasos con wiski y finalmente se sentó en su lugar. Se hizo un largo silencio donde él sólo me miraba sin decir nada. Sentí mucho calor en el rostro, estaba muy incómoda—. Bueno, bueno, empecemos —dijo finalmente y agradecí no haber sido yo quien rompiera la barrera silenciosa—. Yolei me comenta que necesitas dinero rápido.

— Así es.

— ¿Cuánto quieres? —esbozó una media sonrisa.

— 50 mil dólares.

— 50 grandes, ¿eh? —le dio un trago a su bebida y luego se recargó en la silla girando hacia mi amiga.

— Kari, hay dos maneras en que puedes conseguirlos conmigo. La primera es una noche de tus servicios sexuales. Pero no te asustes, por ser amiga de Yo te conseguiré tres de los mejores clientes que tengo y con lo que te darán hasta te sobrará para comprarte ropa —añadió echándose a reír como si el asunto en sí fuera un chiste—. La segunda es, si no deseas involucrarte sexualmente, que trabajes como bailarina durante toda una semana, siete días por seis horas durante la noche. De no hacer esto todo el dinero que hayas recibido tendrás que dármelo.

— ¿Sólo eso? —Anton asintió.

— Yo te daré 30 grandes cuando comiences y lo demás lo recibirás de las comisiones que te den los clientes. Tal vez al final pueda premiarte con algo más.

— ¿Co… comisiones? ¿Cómo…? —ésta vez fue Yolei quien habló girándose hacia mí.

— Sí, Kari. Tú estarás en el escenario bailando y los hombres te arrojarán billetes o se acercarán a ponerlos en tu… en… la ropa…

— Eso también es involucrarme sexualmente.

— ¡Oh, vamos! No seas una monjita que no te queda, pequeña peregrina. Sólo será un toqueteo leve, es parte del trabajo. Tú decides, ¿aceptas o no? —ambos me miraban esperando que dijera algo. Yolei era mi mejor amiga y llevaba haciendo esto durante algún tiempo. Me había asegurado que no corría peligro y además estaría con ella ahí. Pero por otro lado, si TK llegaba a enterarse me mataría.

— Está bien. Una semana, ¿cuándo empiezo?


Me levanté sigilosamente de la cama procurando no moverme mucho. TK dormía profundamente a mi lado y ni siquiera se percató de que quité su brazo de mi cintura. Esa noche no había podido escaparme a casa de Yolei. Tras dos días seguidos de estar durmiendo con ella excusándome de que tenía que estudiar para exámenes, mi hombre me apresó con su intenso apetito sexual reprochándome lo «abandonado» que lo había tenido.

Tomé mi mochila y salí del departamento rogando que no me hubiera escuchado o que no se levantara. No sabría cómo excusarme después. Adoraba a TK y mentirle era algo que me hacía sentir muy culpable pero no podía confesarle que lo que hacía era para pagar nuestras vacaciones en América durante el verano. Un recorrido por cuatro de los estados más turísticos. Afortunadamente Takeru provenía de una familia adinerada y sus padres no escatimaban en gastos cuando de tratar a su hijo se apoyaba. En muchas ocasiones, y gracias a eso, es que nos largábamos a cualquier ciudad sin planear el viaje ni preocuparnos por dónde dormiríamos o qué comeríamos, y ahora yo quería hacer lo mismo por él.

— ¡Kari, llegas tarde! —exclamó Yolei al verme entrar al club.

— Lo sé, lo sé. Lo siento.

— Tienes suerte de que Anton esté metido en su oficina. Anda, ven a cambiarte.

Fuimos directo a los vestidores. Dejé mis cosas sobre el lugar que le pertenecía a Yo y me apuré en ponerme el disfraz para esa noche: un brassiere de encaje negro, panties a juego y ligueros. Mi amiga me ayudó a maquillarme delineándome los ojos y pintándome los labios de color rojo. Me puse unos tacones a juego con el lipstick y salí al escuchar el comienzo de Dirrty por Christina Aguilera pero mi asombro fue que no había nadie más en el escenario. Las otras dos chicas con quien compartía mi número por alguna razón no aparecieron y la población productora de testosterona que estaba ahí enfocó toda su atención en mí.

— ¡Vamos, preciosa!

— ¡Mueve esas caderas, amor!

Escuché los típicos gritos de los fulanos y me acerqué a una orilla en donde estaban algunos, me puse de cuclillas, imitando un paso que había visto el día anterior de alguien y sentí una nalgada. Un tipo gordo de apariencia pervertida me veía como si fuera una presa digna de ser devorada. Sacó un fajo de billetes que puso entre mis panties y mi brassiere.

Todo es por TK, Kari. Todo es por él… —me repetía mentalmente para permanecer enfocada y no propinarle el golpe que se merecía.

Cuando se hubo acabado la canción vi salir a Roxane y aproveché para volver con Yolei.

— ¿Quieres decirme qué mierda fue eso? ¿Por qué bailé sola? —pregunté enfadada en cuanto la vi.

— Anton pidió que éste día te dejaran para que tuvieras más dinero.

— ¡Pero no así! ¡El tipo me golpeó!

Me puse una bata negra y salí al bar dispuesta a tomar un shot de tequila. Necesitaba alcohol y aunque iba contra las reglas del lugar me importó un bledo. Pedí la bebida y le di un trago rápido sintiendo el ardor en mi garganta. Enseguida pedí otro y en ese momento escuché que dijeron que mi nombre.

— ¿Yagami eres tú? ¡No puede ser! —tres muchachos, sentados en una mesa frente a mí, se acercaron curiosos. Me giré para que no me vieran y me di media vuelta.

— No huyas, Yagami —dijo uno de ellos. Me perdí entre las personas que bailaban ignorando a los hombres que me gritaban pidiendo un privado. Volví a los vestidores con el corazón en la garganta.

— ¿Estás bien? —preguntó Yo.

— Tengo que irme —me apresuré a cambiarme de ropa.

— ¿Qué? No llevas ni una hora aquí. No puedes irte.

— Allá afuera hay tres idiotas que me reconocieron. Están conmigo en la clase de Competencia comunicativa —dije, alzando la voz. Yolei se quedó muda ante mi brusquedad e intenté tranquilizarme—. Lo siento, Yo pero no puedo arriesgarme a que me fotografíen o algo que ponga en riesgo mi carrera y mi relación con TK.

— ¿Y Anton? —me mordí el labio pensando en una maldita excusa para que me dejara ir sin problemas.

— Hablaré con él mañana. ¿Crees que puedes cubrirme para que no se dé cuenta de que no estoy? —mi amiga se cruzó de brazos, indignada. Sabía que estaba pidiéndole mucho y mi acto irresponsable podría meterla en problemas.

— Bien. Vete ya —dijo finalmente.

— ¡Gracias, Yo!


Entré al apartamento tan sigilosa como había salido. Dejé la mochila en el piso y fui a la cocina a servirme un vaso con agua. La luz mercurial era la única que se colaba por la ventana. Aquella había sido mi tercera noche y ya llevaba 65 mil dólares recaudados. Entendía perfectamente a quienes vivían de ese negocio, especialmente a las chicas, que como yo, necesitábamos ingresos altos para subsistir, pero definitivamente ni los insultos, ni el trato como esclava y objeto sexual hacían que valiera la pena trabajar de ello. Al menos no para mí. Tres días y no pensaba regresar. Hablaría con Anton y le devolvería el dinero que él me dio únicamente.

La luz de la cocina se encendió y solté el vaso al sorprenderme. Me giré y vi a TK de pie al umbral de la puerta.

— ¿Dónde estabas? —preguntó muy serio. Parecía que llevaba rato despierto.

— Amor, me asustaste —respondí en cambio, sonriendo. Fui a la alacena en donde tomé la escoba y el recogedor para limpiar los vidrios.

— Kari, ¿dónde estabas?

— Pues aquí, ¿dónde más?

— No quieras verme la cara de idiota. Llevo casi una hora despierto, tu celular estaba aquí pero tú no —TK se acercó y me quitó la escoba de la mano haciéndola caer hacia un lado. Se plantó frente a mí y me tomó del rostro obligándome a mirarlo. Aún tenía un rastro de la almohada marcada en su mejilla izquierda y restos de mi labial en su cuello. Iba vestido sólo con su ropa interior oscura y verlo así sólo provocó mi deseo de mujer.

— Fui a caminar —respondí finalmente. Acaricié su mejilla y enredé mis brazos a su cuello acercándome a besarlo pero él no se movió. Se me escapó un suspiro y me aparté para poder hablarle—. En realidad fui a tomar un café.

— ¿A la una de la mañana?

— Sí.

— ¿A dónde?

— La pequeña cafetería al lado del Starbucks. Necesitaba inspiración para poder escribir el… el artículo.

— ¿Cuál artículo? —dijo él frunciendo el ceño.

— ¿Eh? Ah… uno para psicología social. Sí. Tengo que escribir sobre el cambio en el trato humano durante la noche y me pareció mejor si lo hacía en serio —TK sólo me miraba inexpresivo. Volví a acercarme y darle otro beso—. Anda, amor. Volvamos a la cama —le besé el cuello y acaricié su pecho. Él permaneció tenso hasta que deslicé mi mano a su ropa interior y mordí el lóbulo de su oreja izquierda.

— Kari… —sonreí al saber que lo había hecho flaquear y me giré para besarle los labios. Takeru me sujetó fuerte de la cintura y me levantó con ligereza haciéndome sentar junto al lavabo. Me besó con ganas y supe después de esa noche no tendría que preocuparme más del asunto.


Estamos a 3 grados centígrados. Mis manos están congeladas jajaja... disfruten el capítulo con un cafesito o chocolate caliente :p