C14
El verano se nos fue con suma rapidez trayendo consigo un crudo y frío clima otoñal que bien sabíamos serían los últimos resquicios de «calor» en la ciudad. No me quejaba mucho, pues adoraba salir por las tardes, con mi café en la mano y una bufanda en el cuello, sintiendo los dedos de mis manos y pies congelarse bajo pares y pares de ropa interior. Las mañanas se me antojaban eternas al lado de TK, quien me abrazaba infundiéndome su calor, bañándome en besos y haciéndome perder al menos las primeras dos horas de clases. Los fines de semana hacía todo lo posible por no distraerme y enfocarme en el proyecto final que tendría que entregar para graduarme, lo cual era un tema que lejos de causarme emoción como a muchos de mis compañeros, me ponía cada vez más ansiosa y angustiada. En un mes y medio daría por finalizada mi etapa como estudiante universitaria y eso significaba una sola cosa: adiós a la manutención de mi beca. Tenía algo de ahorros en el banco pero no me servirían ni para sobrevivir yo sola durante un mes. Necesitaba buscar un empleo de inmediato y eso era precisamente lo que me carcomía las neuronas y evitaba pensar.
Si bien Jack y yo habíamos compartido un par de charlas por mail, la última vez me había pedido que le enviara mi currículum vitae y al hacerlo quedó impresionado de mí. Me aseguró un puesto como asistente en el área de redacción local del New York Times. Me dio un plazo de tiempo hasta antes de navidad. La paga no sería suficiente para poder vivir como TK me tenía acostumbrada, pero sí dispondría de lo esencial, y al menos si mi jefe directo quedaba satisfecho con mi trabajo, podría entrar a la lista de aumentos en los primeros seis meses. Suponiendo que contaba con suerte.
Mudarme era un sueño que había albergado durante bastante tiempo y ahora parecía un arma que si bien me haría crecer como profesionista, me alejaría del dueño de mis sonrisas y noches en vela durante tiempo indefinido.
¿Qué debía hacer? Esa era la pregunta que rondaba cada cuanto en mis pensamientos. Sabía que conforme el reloj iba avanzando la hora de tomar la decisión estaba más cerca y de ello dependía mi futuro.
Cierta mañana, mientras TK aún dormía, me levanté a preparar el desayuno. Nada elaborado, pan tostado con nutella y café recién hecho. Dejé todo sobre una mesita plegable en el buró de mi lado y me senté nuevamente para despertarlo. Acaricié su cabello y me incliné para darle un beso en el cuello.
— Buenos días, amor —susurré en su oído y le di un beso en la mejilla. Él sonrió y escondió su rostro en la almohada.
— ¿Qué hora es? —inquirió con su voz somnolienta.
— Las 8:15am. Hice el desayuno —él se movió, volteando la cabeza hacia mí y miró la bandeja con comida. Se giró boca arriba y estiró los brazos al tiempo que bostezó. Me acomodé y puse la bandeja sobre mis piernas, después él hizo lo mismo y le dio un trago a una taza de café.
— Qué novedad que te hayas levantado para hacer esto —comentó con curiosidad y le di una mordida a un pan. Sabía que era el momento de hablar con él de una buena vez. Y como si pudiera leer mi mente, añadió—: Algo debes querer, ¿verdad Yagami? —sonreí simplemente y me aclaré la garganta.
— A veces es una pena que me conozcas tan bien, Takaishi —él se acercó y me dio un en la sien.
— ¿Qué pasa, bonita?
— Hay algo… mmm… ah decir verdad sí… yo…
— Kari, relájate. ¿Qué sucede? —de pronto palideció y abrió los ojos como platos—. ¿No me dirás que estás embarazada!
— ¿Qué? ¿No? —reí porque su gesto exagerado me causó mucha gracia—. No es eso, tontito.
— Genial. Por un momento pensé… —se quedó callado mirándome a los ojos y de pronto se acercó a darme un beso. Metió su mano bajo la camiseta que yo llevaba y fue deslizándola hasta mi pecho.
— No, TK, TK… hey… —me moví para que él hiciera lo mismo y por poco y la bandeja cae al piso.
— Si no estás embarazada podemos seguir intentando.
— Mi amor quiero hablarte sobre Nueva York —solté sin más. Entre los nervios y la presión, lo último que quería era ponerme de mal humor con bromas así. TK se puso muy serio y cogió su taza para darle un trago al tiempo que asentía esperando a que dijera algo más—. Jack, ¿recuerdas a Jack? —él permaneció en silencio y asintió simplemente—. He hablado con él por correo. Hay un puesto en el New York Times como asistente, me ha ofrecido entrar y me consiguió un pequeño departamento cerca de ahí.
— ¿Y aceptaste? —negué con la cabeza.
— Tengo hasta antes de navidad para decirle —él soltó un fuerte suspiro y se llevó las manos al cabello despeinándolo aún más—. ¿Amor? —volteó su mirada y tenía los ojos muy brillantes. Me acarició una mejilla y luego de un eterno momento de silencio finalmente habló.
— No va a ser fácil, Kari —fruncí el ceño sin comprender a qué se refería y él tomó una gran bocanada de aire—. Acaban de ofrecerme una planta en el departamento de Diseño para varias compañías automotrices. Mercedez, Audi, Ferrari...
— ¿Qué? ¿En serio? ¡TK, es maravilloso! —me acerqué a darle un abrazo algo incómodo por la posición en que nos hallábamos.
— El contrato es por tres años y no puedo renunciar en ese tiempo.
— ¿Y en dónde está esa compañía?
— En Milán —asentí simplemente y me mordí el labio—. Es una larga distancia de Milán a Nueva York, preciosa. Pero podremos con esto —puse nuevamente la bandeja sobre el buró y me acerqué a él, escondiéndome en su pecho, acurrucándome a su lado. TK me abrazó muy fuerte y me dio un beso en la cabeza. Empecé a sentir el llanto pujando por salir y fue inevitable derramar lágrimas.
— ¿Y si no podemos? —murmuré con la voz entrecortada. Él se movió para hacerme levantar y mirarme de frente. Limpió mi rostro con sus nudillos y sonrió tranquilamente—. La diferencia de horario. Cada uno tendrá muchas responsabilidades y…
— Kari, Kari no te estreses. No va a ser sencillo y eso lo tengo muy claro. Pero es tu sueño y no voy a interferir con él. Te amo y deseo que vayas a realizarte en lo que te apasiona. Tuviste suerte de conseguir una oportunidad como la de Jack.
— Pero te voy a extrañar mucho —dije sin poder contenerme. TK se mordió el labio y un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas.
— Tenemos dos meses más para disfrutar. Podemos arreglar las sesiones por Skype, quién visitará a quién en vacaciones. Kari… —permaneció mirándome, con el rostro bañado en lágrimas y las mejillas rojas—. Te amo mucho, mi bonita —me acerqué y acaricié su cuello, atrayéndolo hacia mí para besarlo. Me moví cruzando mis piernas por su cuerpo para quedar sentada sobre y en frente de él. Sus manos se movieron a mi cintura y pronto nos vimos besándonos con ganas. TK me sujetaba fuertemente como si así pudiera adherirme a él. Lo besé muy lento, saboreando sus labios en los míos, acariciando por billonésima vez su perfecto rostro, su suave cabello. Me enredé a él y lo besé con más intensidad, no deseando separarme, como si a través de su aliento recibiera el oxígeno que mis pulmones necesitaban.
Un fuerte estruendo nos hizo sobresaltar y enterré mis uñas en su espalda. Ambos volteamos hacia la ventana y a los lejos comenzaba a elevarse una hilera de humo negro, proveniente del centro.
— ¿Qué fue eso? —pregunté asustada y él se movió para alcanzar el control y encender la televisión. Rápido sintonizó un canal de noticias donde la conductora se veía pálida y consternada.
— ¿Si? Claro, Charles —decía hablando a través de un pequeño micrófono incrustado en su saco azul—. Esto está sucediendo ahora mismo en la estación 42 al norte de la ciudad —se miraron las imágenes de las personas saliendo en gritos, corriendo por la calle, unas con el rostro salpicado de sangre, la ropa quemada, otras sin extremidades. La escena me causó terror y asco—. Un grupo terrorista armado dispuso varias bombas a lo largo de la estación que hicieron estallar al mismo tiempo. No se sabe nada de los sujetos. Se reportan más de cien personas heridas, los bomberos acaban de llegar y las autoridades no han dado con los presuntos responsables…
— ¡Dios mío! Qué horror —TK me abrazó con fuerza de la cintura y besó mi espalda—. ¿Qué está pasando en el mundo? ¡Dios! Las personas están locas —él escondió su rostro en mi espalda y comenzó a sollozar muy fuerte—. ¡Hey, amor! —me giré y lo abracé. TK escondió su rostro en mi hombro y no paraba de llorar. Me estaba partiendo el corazón—. Ya, mi vida. Todo está bien. Tú y yo estamos bien…
— No puedo, Kari. No soporto la idea —dijo entre sollozos.
— ¿Cuál idea? ¿De qué hablas?
— Si te vas… si sucede algo así allá… —la sangre se me heló tan sólo imaginarme la escena.
— No pienses eso, TK.
— Jamás me perdonaría no haber estado contigo… yo…
— Mi amor, mírame —lo hice que levantara el rostro y cogí un pañuelo de la bandeja para limpiarle las mejillas. Yo también lloraba pero entendía que en ese momento era él quien lo necesitaba. Era yo quien tenía que ser fuerte—. Pase lo que pase, donde quiera que estemos, si algo llegara a sucederme me iría feliz, dichosa. Tú me has hecho enteramente feliz. No me arrepiento de nada, ni un solo segundo a tu lado. Gracias a ti conocí lo que es estar enamorada, lo que es sentirse amada y eso para mí es más que suficiente.
— Sí, pero…
— Prométeme algo —dije interrumpiéndolo—. Prométeme que si algo llega a sucederme tú vas a continuar con tu vida. Vas a rehacer cada aspecto de ella y ser feliz nuevamente —sus ojos azules me miraron profundamente y me acarició el rostro, poniendo un mechón de cabello atrás de mi oreja.
— Te lo prometo bajo la misma condición. Si algo me pasa, quiero que tú hagas lo mismo —asentí acercándome a besarlo a los labios.
— Te lo prometo —dije.
— Te lo prometo —dijo.
En dos semanas me voy a Los Ángeles, California. Un mes estaré allá y eso significa una cosa: tardes de escritura en Barnes & Noble. Presiento que muchas historias saldrán de ahí :)
