C15

— ¡Takaishi! ¿Dónde está la maldita secadora del cabello? —grité desesperada mientras me apresuraba a ponerme la falda al mismo tiempo que intentaba acomodarme las medias.

TK entró al cuarto muy tranquilo y revolvió entre mi ropa en el clóset hasta sacar el aparato rosado. Me miró frunciendo el ceño mientras me ponía unos pendientes y le arrebataba la secadora.

— Kari, estás…

— ¿Ya tienes listo el café? ¡Me muero de hambre! Necesito mi café —lo interrumpí entrando al baño a secarme el cabello. Me miré en el espejo y no pude evitar soltar un par de maldiciones.

— ¿Qué pasa? —entró él, preocupado.

— ¡Tengo un maldito grano en la mejilla! Esto no puede estar pasándome —Takeru se echó a reír y lo miré furiosa. Quería arrojarle la secadora en la cabeza.

— Qué terrible. Es el fin del mundo. ¿Ahora qué haremos?

— ¡Ugh! Lárgate de aquí, Takaishi —le arrojé una toalla que ni siquiera alcanzó a golpearlo y salí de ahí furiosa. Me senté en el peinador para maquillarme. Él se fue a la cocina y lo escuché cantar.

Encendí la televisión para ver la hora. Estaba retrasada y lo sabía. Tenía 45 minutos para estar lista en la universidad para la toma de fotografías. Era el último día en que iba oficialmente, tras haber aprobado mis cursos. Estaba muy estresada y bajo mucha presión, cargada de emociones y con un sinfín de cosas por hacer. En un mes estaría viviendo en Nueva York, trabajando en el New York Times y aún no había revisado mi seguro médico, el alquiler del departamento o si la puta aerolínea había movido mi vuelo.

Apliqué mi maquillaje con sumo cuidado y apurándome. Era una de las cosas que más me relajaban durante el día: maquillarme. Volví al baño para secar mi cabello y rizarlo un poco. Como si el Universo decidiera echarme la mano no tuve problemas con él, como acostumbraba siempre. Cada mechón parecía obedecer al enredarlo en la tenaza. Al volver al cuarto, TK estaba de pie mirando la televisión con ambas tazas en la mano, me dio una y la tomé dándole un buen trago. Estaba delicioso.

— ¿Ahora sí me dejarás hablar? —inquirió alzando una ceja.

— ¿Qué pasa? —pregunté de mala gana.

— Tienes la blusa mal abrochada, mi vida. Digo, a mí no me importaría verte el sostén todo el día pero no creo que quieras que el fotógrafo lo haga —voltee hacia mi ropa y en efecto, la había abotonado mal.

— ¡Mierda! —dejé la taza sobre el peinador que casi se derrama y me apresuré a cambiarme, teniendo que quitarme la falda también. Como requisito para la fotografía nos habían pedido ir con vestimenta formal, blusa blanca y falda o pantalón negro.

— Estás hermosa, Hikari —TK se acercó, abrazándome por atrás y lo aparté dándole un golpe en el estómago—. ¡Oye! No tienes que ser grosera.

— Ya me voy —sin siquiera voltear a verlo y aún abotonándome la blusa, fui hacia la sala dispuesta a irme.

— Espera. Ven acá, Yagami. Tenemos que hablar.

— No tengo tiempo para hablar ahora —él se interpuso entre la puerta y yo. Lo miré a los ojos con ganas de estrangularlo mientras que él no dejaba de sonreír, lo cual me enojaba más.

— ¿Ni siquiera un beso de despedida para tu novio? —dijo, acercándose a mí.

— Te veo en la noche —contesté simplemente y rodeándolo, salí del departamento.

El viento helado me pegó en el rostro y olvidé que había dejado mi bufanda sobre la mesa del comedor pero no tenía tiempo para regresar. Caminé un par de cuadras hasta alcanzar un taxi y me dirigí al campus, que no quedaba lejos de ahí. En el camino me arreglé el cabello y me puse labial rosa.

Había una enorme fila en el patio principal cuando llegué. Aún no comenzaba el registro ni la formación de grupos para la toma de fotografía. Al ver los zapatos de una chica, unos preciosos tacones en color beige, voltee a ver cuáles me había puesto, con la prisa tomé los primeros que hallé en el closet: eran unos negros que había comprado en descuento hacía tres años en Milán pero no fue eso lo que me perturbó sino darme cuenta que la media se había roto un poco, probablemente la había enganchado en el taxi sin darme cuenta. Maldije una vez más ese día y decidí enfocarme en la línea, que si bien era larga, avanzaba con relativa rapidez.

— ¡Kari, hola! —Yolei se acercó a mí emocionada y me dio un abrazo. Había cambiado sus lentes de pasta gruesa por unos de contacto.

— ¡Hey! —me alegré de que estuviera ahí.

— ¿Cómo estás? ¿Ya estás lista para irte? —negué con la cabeza y me mordí el labio.

— Aún me faltan muchas cosas por hacer, Yo. No sé a dónde voy a llegar ni en qué condiciones esté el departamento. Jack sólo me dice que no me preocupe pero la persona encargada del alquiler no me contesta las llamadas ni e-mails. Tengo que comprar el seguro, ver si respetaron mi reservación en el aeropuerto —suspiré profundamente—. Son muchas cosas.

— Te irá bien, amiga. Ya verás que todo se acomoda —asentí sonriéndole. Cómo deseaba poder tener su optimismo—. ¿Y TK cómo está? ¿Qué dice que todo esto?

— Pues… —otro suspiro más—. Evitamos hablar de eso pero me la paso pegada en el computadora y el teléfono que ya no tengo mucho que contarle. Sé que esto le está costando tanto como a mí pero ambos decidimos que era lo mejor.

— ¡Ay, Kari! Pues es que tienes tanto tiempo junto a él que ya hasta parecen un matrimonio real —sonreí. Era verdad—. ¿Y van a seguir juntos a larga distancia? —la miré un momento deseando poder decirle que sí con seguridad. Deseando poder confiar en que sería cierto, pero lo cierto era que las relaciones a larga distancia terminaban no funcionando y temía que nos pasara a nosotros. Mi amiga entendió que no era momento de hablar del tema y sonrió—. Mejor no hablemos de eso. Dime, ¿tienes planeada una despedida? Anton puede prestarnos el club.

— ¿En un club para hombres? No lo creo, Yo.

— Bueno, es sólo una opción.


Tras un largo día en la universidad, seguido por una amena tarde comiendo alitas y pizza con mis compañeros, volví a casa. Pasaban de las 9:00pm y el departamento estaba a oscuras. Fui a la recámara, TK estaba sentado al borde de la cama, con el control remoto en la mano, mirando un partido de fútbol. Llevaba sólo su ropa interior puesta y había una toalla junto a él. Acababa de bañarse. Encendí la luz y me acerqué a él.

— Hola, amor —saludó, sonriendo. Apagó la televisión y me hizo acercarme. Me senté sobre sus piernas y lo rodee con los brazos dándole un beso en la mejilla. Arrojé mis tacones y me acurruqué en su pecho—. ¿Cómo te fue?

— Bien. Fui un día normal —murmuré simplemente. Él me acariciaba el brazo con la yema de sus dedos. Olía delicioso—. Lamento haber sido tan grosera en la mañana.

— Eres sexy cuando estás enojada —sonrió y levanté el rostro para verlo. Lo tomé de una mejilla y lo atraje hacia mí para besarlo. Él acarició mis labios con su lengua, presionando suavemente, y enseguida comenzó a desabotonarme la blusa.

— Mmm… no TK. No esta noche —dije, apartándome de él pero sin soltarlo del todo.

— ¿Estás cansada? —negué con la cabeza y lo besé nuevamente. Lo necesitaba—. ¿Entonces?

— Pues… son esos días del mes —dije simplemente.

— ¡Con que era eso! Ahora entiendo por qué el mal humor —sonreí y me acerqué a besarlo. Él me sujetó fuertemente y acarició mi vientre.

— Perdóname, guapo —él me besó el cuello dándome mordiscos juguetones y bajando hasta mi pecho. Masajeó uno de mis senos e intenté levantarme pero no me dejó—. TK… TK para… —estaba besando los puntos débiles que sabía que me volvían loca. Me miró a los ojos y sonrió maliciosamente—. Eres un desgraciado —dije, jugando.

— Yo también te quiero, preciosa.


Es un capítulo bastante cortito pero espero les guste :p

Chicas, de mujer a mujer les doy un consejo: visiten a su ginecólogo (a). Vale la pena invertir en una cita, sea que hayan tenido relaciones sexuales o no. Es su salud, es importante que conozcan su cuerpo, cómo funciona, si no padecen de algo que pueda estar obstruyendo su función para tener hijos, quizás no ahorita pero en un futuro. No tengan miedo, pueden pedirle a su mami o una amiga que las acompañe, hagan todas las preguntas que necesiten y no dejen pasar la oportunidad de saber si se encuentran sanas o si requieren algún medicamento o alguna dieta para hacer que su cuerpo funcione como debería (: no es necesario llevar una vida sexual activa para ir, eso es un mito. Y una visita a tiempo puede cambiar su futuro.