C16

Eran las 3:00am cuando llegamos a casa. Apenas el taxi arrancó y entramos al edificio, mi corazón comenzó a bombear sangre a un ritmo doble de velocidad.

— Llegamos —murmuró TK en voz baja como si se tratara de un secreto. Voltee hacia el enorme edificio en el que había pasado cuatro años viviendo. Aquél que conocía bastante bien y al que llamaba «hogar». Aquél en el que dormiría por última vez en mucho tiempo.

Tenía miedo que él notara que ahora la seguridad y valentía que había demostrado las últimas semanas se habían convertido en una mezcla de nervios y arrepentimiento.

De reojo lo miré y esbocé una tímida sonrisa. Subimos hasta el apartamento y TK se apresuró a abrir la puerta. Estaba nervioso. Podía palparlo a través de su camisa azul de botones y sus jeans desgastados.

— ¿Quieres algo de beber? —preguntó, reflejando por primera vez su nerviosismo en su tono de voz.

— Café —dije sintiéndome arrepentida al instante que la palabra salía de mi boca. Lo único que quería era abrazarlo fuertemente y no soltarlo nunca.

Takeru sonrió y fuimos a la cocina. Mientras ponía el agua a calentar, me senté en un banquillo junto a la barra y lo observé detenidamente. Ahora que no llevaba la chaqueta de piel podía ver los músculos de sus brazos a través de la camisa, su espalda marcada, el delgado vello de su pecho que asomaba entre la abertura de aquella prenda color azul. Sus grandes manos temblaban ligeramente al llenar las dos tazas con sus respectivas porciones de café y azúcar...

Fuimos a la sala a beber él café. Él se sentó junto a mí acomodándose de frente sin dejar de verme. La tensión sexual era palpable en el ambiente lo cual me hacía sentir incómoda. Dejé la taza sobre la mesa frente a nosotros y él me miró un momento e hizo lo mismo.

— Quiero bailar —anunció poniéndose de pie. Sonreí sorprendida y él puso una canción en su celular Someday we'll know. Extendió su mano frente a mí y me hizo levantarme. Nos movimos hacia un lado del sillón. Lo rodee con los brazos mientras nos balanceábamos al ritmo de la música—. Voy a extrañarte mucho, preciosa.

— TK, no —soltó un fuerte suspiro y me besó la frente, entendiendo que no era el momento de despedidas.

— ¿Recuerdas aquella fiesta de Halloween en donde fuimos como Romeo y Julieta?

— ¿Cómo olvidarla? Terminamos la noche desnudos en la bañera de una casa extraña fumando hierba.

— ¿Y recuerdas cuando tomamos un metro equivocado en Boloña y tuvimos que caminar mucho para llegar al hotel?

— Estábamos ebrios, tú ibas cantando algo de David Guetta mientras yo intentaba que no fueras por la calle —soltó una carcajada y me hizo dar una vuelta pero seguimos bailando, ahora al ritmo de Kissing you. El silencio se prolongó durante varios minutos. Podía escuchar su corazón latir acelerado y me aferré fuertemente a él. Lo necesitaba tanto.

— ¿Recuerdas la primera vez que te dije que te quería? —levanté la mirada y sonreí. Eso sí no lo esperaba y definitivamente era mi recuerdo favorito y más divertido junto a él.

— Bueno, yo estaba dormida en tus piernas. Hacía mucho calor si mal no recuerdo —él asintió—. Fue un domingo en la tarde y tú me despertaste con besos y ganas de divertirte un rato más.

— Ajá…

— Fue entre besos y caricias que me lo dijiste.

— ¿Y recuerdas que pasó después? —sentí mis mejillas arder y escondí el rostro en su pecho. Él se echó a reír y me dio un beso en la cabeza.

— Estoy enamoradísima de ti, Takaishi —nos miramos a los ojos compartiendo un acuerdo que resultaba innecesario decir con palabras. Me acerqué pero TK no se movió ni un centímetro, sabía que tenía curiosidad por saber cómo empezaría la despedida.

Mis pequeñas manos femeninas acariciaron su rostro con delicadeza y próximo a esto besé sus cálidos y suaves labios presionándolos contra los míos. Me paré de puntitas para acercarme un poco más y sentí sus manos posarse en mi cintura. Comenzó a caminar hasta tumbarse en el sillón. Yo me acomodé sobre y frente de él. Takeru movía sus labios a un ritmo delicioso, me hacía sentir hambrienta en un modo raro. Por mucho tiempo mi cuerpo había necesitado ese tipo de sensaciones y ahora que las tenía parecía insaciable.

Acaricié su cuello lentamente, su barba, sus mejillas... ese chico de cabello claro y ojos azules me tenía vuelta loca. Finalmente lo sentí desabrochando mi blusa, sus dedos rozaban la piel de mi pecho haciéndome sentir excitada.

— Vamos al cuarto —murmuró él contra mi cuello pero yo lo rodee con los brazos y lo besé nuevamente en los labios introduciendo mi lengua hasta alcanzar la de él.

Un mar de explosiones salió disparado en ambos cuerpos y en un movimiento rápido TK se tumbó en el sillón sobre mí. Sus manos acariciaron cada centímetro de mi piel. Yo lo besaba con tanta intensidad y mis pequeñas manos lo aferraban desesperadamente envuelta en pura pasión.

Nos quitamos la ropa sin sentir el frío de la habitación. Él contempló admirado mi estructura femenina: los huesos del cuello que tenía muy marcados, los muchos lunares en el pecho y pecas en los brazos y espalda. Besó mis senos que decía que eran perfectos. Se acomodó nuevamente sobre mí. Yo estaba temblando, intenté contrólame aunque en mí ardía una mezcla de emociones y cambio climático. Besó mi cuello, mordisqueándome un poco. Su piel olía a cacao con chocolate, por la crema corporal y su perfume. Me encantaba. Acarició mis senos hasta que sus labios fueron a parar en ellos y con su lengua exploró la textura rugosa de mis pezones que tanto lo volvía loco.

Las caricias y besos fueron repartidos a lo largo y ancho de mi abdomen haciéndome gemir en dos ocasiones. Besó mi cadera y la parte superior de la pelvis. Acarició mis piernas hasta que sus manos fueron a parar a la entrepierna. Con la yema de su dedo índice y medio fue acariciando el contorno de mi parte íntima, fue trazando círculos que me hacían arquearme en el sillón y una vez que entraron a la vagina y comenzó la exploración, lamió mi clítoris y comenzó a besar, succionar y mordisquear. Yo me movía lanzando sonidos guturales, gemidos que sólo lo hacían continuar dándome placer. Sus dedos se movían con tal talento que en un par de minutos los gemidos eran acompañados por el sonido húmedo de mi excitación física. Mis músculos se contraían al ritmo de su palpitar. Justo antes de estallar y pedirle… gritarle que me tomara en ese momento, él se adelantó y estaba bajando su ropa interior. Hizo una pequeña pausa dejándome que lo sintiera contra mi clítoris, aquel miembro cálido y palpitante. Me miró fijamente a los ojos y yo asentí. Movió sus caderas hacia abajo y después de posicionarse me besó tiernamente mientras entraba en mí. Inhalé fuertemente por la nariz cuando él me besaba, haciéndole saber que callé un gemido de placer y dolor al mismo tiempo. Lo rodee con mis brazos y apreté su espalda fuertemente mientras él reposaba dentro dejándome acostumbrarme a él. Como si aquello fuera nuevo, como si nunca lo hubiéramos hecho. Como si fuera nuestra primera vez.

Después de concluir el beso, TK lentamente comenzó su vaivén despacio dejando salir gemidos quedamente. Cerró los ojos un momento concentrándose en la sensación pero pareció sorprendido con mi reacción. Moví la cadera pidiendo más. Sonreí diabólicamente y moví mi boca contra su cuello y lo mordí de una manera tosca, sensual y juguetona. Él sonrió de igual manera y puso ambas manos en el borde del sillón encima de mi cabeza. Subió el ritmo y me penetró más a fondo haciendo que me arqueara y abriera los ojos y boca a más no poder. Envolví mis piernas alrededor de su cadera, apretándolo contra mí. TK exhaló un gemido en mi oreja y moví mis manos hasta su cuello, acariciándolo, enredando mis dedos en su cabello. El ritmo de nuestros cuerpos era tan intenso que al alcanzar el clímax nos sacudimos bruscamente, con la frente sudorosa y la piel desnuda ardiendo de placer.

Lo besé, lo besé, lo besé incontables veces mientras aún estaba dentro de mí. Lo besé sin importarme que pudiera amanecer con los labios hinchados o partidos. Lo besé con la misma necesidad con él que me estaba besando. Nuestra respiración aún no acababa por normalizarse cuando se recostó a mi lado, algo apretados, y me atrajo hacia su pecho.

Esa fue la última noche que dormí con él.


Y aquí empieza lo interesante.