C19
Miraba frente a mí un largo pasillo lleno de personas, la mayoría lloraban o mostraban rastro de llanto en su rostro, otras permanecían quietas a las orillas, recargadas sobre las deterioradas columnas de concreto que aún detenían el edificio. Hacia el centro, colocadas en forme de zigzag, había una fila de antorchas que encendieron para mantener calientito el lugar. Al final, en la zona afectada por la explosión, se hallaban los operativos de salud pública, bomberos y policías federales y gubernamentales, aún evacuando a los heridos.
Yo me encontraba muy ansiosa. Ya quería salir e ir a casa. La batería de mi celular había muerto y esperaba a que se cargara lo suficiente para poder llamar a Jack y decirle que se metiera el trabajo de ese día por donde le cupiera porque yo no pensaba presentarme en la oficina.
Por mi mente pasaban muchas cosas, no entendía cómo era posible que alguien fuera capaz de afectar a gente inocente. ¿Acaso no pensaban en la familia de esas personas? ¿En los padres, hermanos, hijos que acababan de perder a sus seres queridos? ¿Qué clase de personas sin corazón se atrevía a dañar? ¡Dios! Y pensar que yo me hallaba en donde probablemente esos malditos seguían. ¿Qué le diría a TK? Quizás lo mejor sería no preocuparlo… no. Él no me perdonaría que le mintiera y menos en una situación como esta.
— Contesta, contesta, contesta… —decía mentalmente mientras escuchaba cada timbrazo de la línea. Finalmente escuché un «hola» seguido de un golpe.
— ¿Kari? Amor, ¿eres tú? —escuché la somnolienta voz de TK y un par de lágrimas acompañadas de un fuerte suspiro salieron de mí.
— Sí, soy yo.
— ¿En dónde estás? ¿Cómo estás? —preguntó preocupado. Allá debían pasar de las 3:00am.
— Aún en el aeropuerto. Siguen haciendo investigaciones y nos dejarán salir hasta dentro de una hora. Mi teléfono se quedó sin batería y apenas conseguí un cargador…
— Espera, ¿qué? ¿Aeropuerto! ¡Hikari! ¿Qué haces ahí! —tuve que apartarme el celular de la oreja porque levantó su tono de voz.
— TK, cálmate, ¿si? Estoy bien. Resulta que yo iba a cubrir una nota durante la madrugada cuando ocurrió una explosión…
— ¡Sí sé sobre la maldita explosión! No han dejado de hablar de eso en los noticieros. ¡Maldita sea, Kari! No puedes seguir viviendo allá.
— ¿Qué? —reí entre molesta y divertida—. TK, no empieces con eso.
— No. Te quiero de regreso conmigo. Voy a comprar el vuelo… yo… —se hizo un silencio agudo—. No soporto la idea de saber que estás metida en donde un grupo de enfermos atacaron y pudiste… —se me formó un nudo en la garganta y al hablar la voz se me quebró.
— Estoy bien, guapo. Fue difícil… vi la explosión… esa gente… —me tapé la boca y agaché el rostro sintiendo el llanto correr por mis mejillas.
— Kari, preciosa… ¿quieres que vaya para allá? Puedo renunciar e ir…
— No, TK. No —¡Dios, eso era lo último que quería! No me perdonaría saber que renunció a algo muy importante por un atentado así. Además, a como estaba la situación, probablemente cancelarían vuelos—. Sólo necesitaba escucharte.
— Yo te necesito a ti —se me escapó un fuerte suspiro y enseguida vi a varios oficiales dirigirse a la sala donde me encontraba.
— Amor, tengo que irme. Te llamaré cuando ya esté en casa, ¿vale?
— Estaré esperando.
— Te amo, Takaishi.
— Yo te amo más, Yagami —enseguida corté la llamada y me acerqué a Davis, antes entregándole el cargador a Paul.
Las siguientes dos horas fueron un martirio, entre papeleo, revisión y más revisión, y un montón de tiempo perdido en verificación de datos, salí rumbo a mi pequeño departamento. Pasaban de las 2:00am. Había estado metida más de 24 horas en el aeropuerto y aunque amaba esos lugares, lo último que quería hacer era volver a pisar uno.
Conecté mi celular y enseguida fui a meterme a la cama, diciéndome que sólo cerraría los ojos por cinco minutos antes de marcarle al guapo.
La siguiente semana fue un caos en la ciudad. La gente iba muy insegura en el metro, procurando no mirar a nadie, las riñas entre afroamericanos y gente de otras nacionalidades se presentaron con más frecuencia. Ya no se sentía la seguridad y el pacifismo característico de Nueva York. Los vuelos de entrada y salida en el JFK fueron cancelados por cuatro días, por lo que las aerolíneas que operaban en otros aeropuertos se veían saturadas. En la oficina uno al menos unos 6 empleados decidieron abandonar su vida americana y migraron a otros países. Yo estaba a ser promovida al lugar de la reportera de la sección social, por lo cual me vería aún más envuelta en trabajo. Mi rutina era cansina pero estaba conociendo gente muy importante y muy amable, también. Tenía sólo un día a la semana para descansar y lo dedicaba enteramente a dormir, ir a la lavandería y compras, aunque mayormente dormía. TK me había insistido en que iría a pasar unos días conmigo. A él aún no se le pasaba el susto con el atentado y temía que en cualquier momento pudiera sucederme algo por más que le prometía que no sería así. Pero era quizás que ni yo misma me sentía convencida de que era cierto.
— ¿Sigues aquí? —escuché la voz de Davis y levanté el rostro para mirar hacia la puerta.
— Ah, hola —saludé con una sonrisa y volví a los recortes que estaban desparramados en mi escritorio—. ¿Qué haces aquí?
— Bueno, ya que no respondías a tu celular ni tu e-mail, pensé que aún estarías aquí.
— Qué asertivo —dije, riendo.
— Kari, ¿sabes qué hora es?
— Mmm ¿las 7:00pm?
— Son las 10:00pm.
— Oh —levanté la vista a mi computadora y miré las miles de pestañas abiertas en el navegador.
— Entiendo que te guste tu trabajo, pero tienes que ir a descansar. Dime, ¿comiste algo? —me mordí el labio y sonreí estúpidamente. ¡Demonios! No recordaba haber probado algo más que mi café matutino. Davis se cruzó de brazos y arqueó una ceja. Enseguida se acercó a mí.
— ¡Hey! —exclamé cuando lo vi tomar mi bolso y guardar mis pertenencias en él.
— Vamos, deja eso. Iremos a cenar y de ahí a tu casa y no acepto un no por respuesta —intentó hacer una mueca de seriedad pero su rostro se tornó gracioso y ambos terminamos riéndonos.
— Está bien.
Fuimos a una pizzería cerca de mi casa y ordené una rebanada de pizza de peperoni con albóndigas y una Dr. Pepper. Apenas mi olfato detectó el delicioso aroma de la comida, mi estómago comenzó a gruñir haciéndome caer en cuenta por primera vez en ese día que no había ingerido alimentos.
— Estaba pensando en volver con TK —dije sin siquiera pensar cuando estábamos terminando la cena.
— ¿En serio? ¿Le pasó algo?
— No, no es eso. Es que es difícil, ¿sabes? De verdad intento mantener la relación. Bueno, ambos lo hacemos, pero estamos tan ocupados trabajando, y cuando no, estábamos muy cansados. Una vez nos quedamos dormidos en medio de una charla por Skype —Davis se rio y le dio un trago a su Coca Cola.
— Me imagino que lo es. ¿Has hablado con él sobre eso?
— No. Ambos estamos evitando el tema. Sé que así como yo, no se siente cómodo con la situación —se me escapó un fuerte suspiro y miré por el ventanal a la despejada noche estrellada y vi un par de aviones que volaban bajo.
— Tal vez irte no resuelva la situación. Tal vez… darse un tiempo, ¿quizás? —lo miré fijamente aguantando las ganas de llorar. No quería, me rehusaba a dejar a TK—. Sé que es difícil, Kari, pero ¿has pensado en cómo se sentirá él si sabe que renunciaste a tu sueño? Hasta donde sé, él fue quien te insistió que vinieras —asentí simplemente y dejé mi vaso vacío sobre la mesa.
— ¿Nos vamos ya? —pregunté con una sonrisa, dando por hecho que no quería hablar más del tema. Davis suspiró y se levantó para ponerse su abrigo.
Caminamos en silencio hasta mi casa. Hacía frío, aunque agradecía que no fuera tanto como lo que había experimentado a inicios de año, en pleno crudo invierno. Pasaban de las 11:00pm y mis pies daban punzadas de dolor. Finalmente cuando llegamos me llevé una enorme sorpresa. Mi mente no daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo. TK se hallaba sentado en los escalones de la entrada, con su mochila y una maleta a un lado.
— ¿TK? —exclamé sin poder creerlo. Él sonrió al verme y se quitó los audífonos para levantarse— ¡Mi amor! —me aventé a sus brazos y lo abracé con toda la fuerza que tenía, aspirando su delicioso aroma que había extrañado tanto. Olvidándome de Davis, lo tomé del rostro y lo besé con ganas aunque él me apartó un poco de la cintura sin dejar de sonreír.
— Yo también te extrañaba —dijo, después dirigió su mirada hacia el frente.
— Oh, sí… lo siento… amor, él es Davis. Es un compañero de trabajo.
— Mucho gusto —TK se acercó a saludarlo y Davis extendió su mano.
— Bueno. Me retiro para dejarlos. Gracias por la cena, Kari. Te veo luego —yo asentí simplemente sin soltarme de los brazos del rubio—. Fue un gusto conocerte.
Una vez que lo vi dar la vuelta me volví a TK y lo besé nuevamente, esta vez siendo correspondida. Acaricié su cuello, su rostro, su pecho… me había hecho tanta falta.
— Vamos adentro, preciosa —susurró cerca de mis labios y me costó mucho separarme de él.
— ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué no me avisaste que vendrías? —pregunté cuando entramos a mi desordenado lugar.
— Hace una media hora. Quería que fuera sorpresa —sonreí y me acerqué a besarlo. Él me tomó por la cintura y me arrastró hasta la habitación. Comencé a quitarle la camisa mientras él me desabrochaba el pantalón sin dejar de reír. En un intento desesperado por querer desabotonarla tiré arrancando dos botones que salieron volando—. Tranquila, amor… —murmuró sonriendo.
— Quítate la ropa —ordené sintiendo que me asfixiaba por el calor.
Una vez desnudos lo jalé del cuello, arrastrándolo conmigo a la cama. Lo besé con muchas ganas, como si fuera la primera vez que probaba sus labios y descubría lo adictivo que era su sabor. Lo abracé tanto como pude, sintiendo su cálida piel rosar la mía, el tacto de sus dedos sobre mis senos, su lengua en mi cuello… lo tomé del cabello y lo atraje para besarlo nuevamente. Enredé mis piernas en su cadera y lo sentí penetrarme de golpe. Se me escapó un fuerte gemido y él comenzó a respirar por la boca. Se movió lento, dejándome disfrutarlo mientras entraba y salía de mí.
— Te amo mucho, Kari —dijo con la voz ronca y acaricié su rostro.
— Yo te amo más, TK.
El ritmo aceleró y conforme la intensidad de la pasión iba aumentando, fui clavando mis uñas en su espalda, aferrándome a él como si lo necesitara para seguir viviendo. Quería sentirlo en plenitud unido conmigo, quería que sus labios no se separaran de mi boca, ni que sus manos dejaran de acariciarme tan deliciosamente. Finalmente el acto culminó en un intenso orgasmo que nos hizo sacudir todo el cuerpo. TK siguió besándome y cuando recuperamos la respiración me moví y ambos nos sentamos en la cama. Estábamos quietos, en silencio, sin decir nada. Voltee mi mirada que apenas se cruzó con sus preciosos ojos azules y me acerqué a besarlo. Él me tomó de la cintura y crucé mis piernas quedando sentada sobre y frente a él. Acaricié su cabello, enredando mis dedos en él, y lo miré por un momento. Tenía las ojeras algo marcadas bajo sus ojos, sus mejillas rojas y su barba crecida de varios días. Estaba tan guapo como la última vez que lo vi y aún ahí entre sus brazos no podía creer que era realidad. Ya me había hecho a la idea de que lo vería hasta dentro de un par de meses y esto era un sueño hecho realidad. TK sonrió mientras me acariciaba y me apartaba el cabello del rostro y me besó con muchas ganas.
— Cásate conmigo, Kari.
Perdón por el retraso. He tenido días muy intensos. Llevo una semana en Los Angeles y estoy perdidamente enamorada de ésta ciudad. En serio anoten en su lista de cosas por hacer en la vida, conocer LA... SO AMAZING! Hollywood es maravilloso... ¿y mi inspiración? :) Se halla a flor de piel! El inconveniente es el tiempo... vivo de pata de perro, pero ésta semana que pasaré en el campus espero escribir un poco más. Mientras tanto espero que les guste :p
