Hola y bienvenidos a la segunda parte de este fic cortito que estoy haciendo…
No sé si en el futuro haga un fic mucho más largo, con aventura y todo… Ya tengo una idea de qué se tratará, sin embargo, no está concreto. Por lo tanto, no es seguro.
Además, vale mucho la opinión de ustedes, díganme si desean algo de mí… Si se preguntan por qué parejas me gustan… Honestamente no son muchas, y si me gustan, son de una manera leve, porque esta serie me atrapó por la unión Pines y la trama.
En fin, comencemos ya!
ADVERTENCIA: Esta es una escena alternativa del último capítulo de Gravity Falls, el summary explica todo.
DISCLAIMER: "Gravity Falls" no me pertenece, sino al talentoso Alex Hirsch. La imagen de portada que tiene este fic le pertenece a Demona-Silverwing.
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El silencio del bosque se vio interrumpido por las constantes e insistentes pisadas de la familia Pines, acompañadas por sus gritos.
—¡Tío Ford!
—¡Stanford!
—¡Tío Ford! ¿Dónde estás? ¡Responde, por favor!
Mabel dejó de correr para apoyar sus manos en sus rodillas. Limpió sin éxito las lágrimas que salían de sus ojos. Llorar no le ayudaría a encontrar a su tío. Mantener la cordura era esencial para todos. Soos había llegado antes de salir en búsqueda del autor, sumándose a la causa actual. Esperaba que aumentara la posibilidad de localizarlo lo antes posible.
La estrella fugaz no pudo evitar culparse por la desaparición de Stanford. El recuerdo de la última vez que lo vio se reproducía en su mente una y otra vez. Era demasiado obvio, recordaba su espalda rígida, sus temblorosos hombros y su rasposa voz al hablar con ella. Debió detenerlo, pero estuvo tan distraída con la situación de su tío Stan, que supuso que Ford estaba deprimido y necesitaba estar solo.
Había sido muy ingenua.
Sí. Definitivamente le debía una disculpa a su tío.
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Dipper regresó a la cabaña tal y como Stan se lo había pedido. Al principio se rehusó, pero cuando este refutó que Ford podría simplemente haber vuelto, aceptó a de mala gana. Esa excusa era tan mala como decir que las anomalías no existían en Gravity Falls. Aunque, volver tenía su lado positivo, pues alguien podría venir a dar noticias o...
¿A quién estaba engañando?
Se dejó caer sentado en el borde de los escalones que daban entrada hacia su hogar temporal. No solo estaba preocupado por la salud de su tío Ford, sino también por la mente de Stan.
Había algo que él sabía, pero ni el mismo Stan estaba seguro de qué era. Era extraño y confuso su comportamiento.
Era claro que la sangre le pertenecía al autor, su gemelo lo había delatado. Dipper podía jurar que Stan había recordado algo, mas no parecía querer compartirlo con ellos.
Era tan testarudo…
Como él.
Pegó un agudo chillido del susto al oír el teléfono de la tienda sonar. Se incorporó y corrió hacia él. Le sorprendía que después de tanto destrozo, ese condenado aparato aún funcionaba para molestarlo.
Contuvo un gruñido y contestó.
—¿Hola? —Frunció el ceño notoriamente—... ¿Viejo McGucket? —Hizo una mueca—... Escuche, no tengo tiempo para... No, usted no entiende, esto sí que es importante. Es... ¿Cómo dijo? ¡¿Enserio?! —Se llevó una manó a su sudorosa frente, acariciando con cuidado su marca de nacimiento—. Bien, ¡vamos para allá!
El pino solo aventó el teléfono y salió corriendo, sin estar seguro de haber colgado correctamente.
No podía importarle menos.
—¡Tío Stan!
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Decir que estaba furioso era poco.
Estaba emputecido.
Claro, eso lo diría en su mente. Aún tenía suficiente cordura para no maldecir al aire mientras los niños estuviesen rondando por ahí.
Pero no podía evitarlo.
Hasta unas horas, no tenía idea de quién demonios era Stanford Pines, hasta que vio esos restos de sangre en la cabaña. Ver las malditas manchas carmines fue como revivir el momento en que intercambió ropas por su hermano. Viendo sus manos estrujar el suéter, contemplando con consternación cómo escurría el espeso líquido vital de su hermano hasta estrellarse contra el suelo.
¿Durante cuánto tiempo ese idiota no se había tratado adecuadamente sus heridas?
¡Maldito imbécil!
No solo lo había asustado a él, también a los niños. Mabel había balbuceado entre sollozos que había sido su culpa al ser la última en intercambiar palabras con Ford. Y Dipper se volvería loco, más de lo que ya estaba, si no encontraban en una sola pieza al autor de los diarios. Una vez que lo encontraran, lo haría pagar con creces por su descuido.
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Claro, si es que lo encuentras vivo…
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Soltó un gruñido. Justo cuando ya no puede más con la situación, hasta su propia mente le hacía estos juegos tan macabros.
Stan miró los frondosos árboles con los ojos entrecerrados, pero suavizó su mirada al ver una larga cabellera castaña a lo lejos. Su sobrina corrió hacia su dirección hasta detenerse a un par de metros de distancia. Iba a abrir la boca para decir algo, pero no estaba seguro de qué exactamente. Veía a la pobre niña a punto de quebrarse en frente de él y no sabía cómo mejorar la situación.
—¡Tío Stan!
Ambos miraron hacia la dirección dónde provino ese grito.
—¿Dipper? —Murmuró para sí misma Mabel.
—Le dije que se quedara en la cabaña…—Soltó entre dientes el mayor.
Su gemelo aún no los alcanzaba, pero sabía que los oiría.
—¡El viejo McGucket está con el tío Ford! —Exclamó casi sin aire.
—¿Qué estás diciendo, niño? ¿Con el demente del pueblo?
Los gemelos intercambiaron una mirada, mas no dijeron nada.
—… Lo importante es… Que ya sabemos dónde está, ¿sí?
—¿Y dónde…?
—Está en la mansión Northwest.
—¿La casa de Pacífica? —Mabel parpadeó, confundida.
—Bueno, ya no es la casa de Pa… ¡Ese no es el punto! —Dipper negó con la cabeza.
—Esta mañana, en las noticias informaron que ahora le pertenecía a McGucket.
Los tres pegaron un brinco del susto y miraron a Soos, quien al parecer había llegado muy callado y había oído parte de la conversación.
—Lo importante es que tenemos que ir. ¡Ahora! —Ordenó Dipper severamente.
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Stan pisó con fuerza el freno, provocando que el auto casi se volcara ante la rudeza de su dueño. Dipper se mantenía fuertemente agarrado, ni siquiera se había sentido seguro con el cinturón. Mabel, por otro lado, había podido disfrutar la carrera y había calmado un poco la pena que había sentido toda la mañana.
Soos salió del auto junto a su jefe como si nada y miraron la enorme mansión.
No se molestaron en llamar para que las enormes puertas se abrieran, pues estas se abrieron apenas habían llegado.
Allí, vieron al viejo McGucket correr hacia ellos.
—¡Dipper!
—¡Señor McGucket! —El castaño se detuvo en frente del anciano—. ¿Cómo está el tío Ford? ¿Tiene idea si…?
—Pues parece como si lo hubieran usado como diana en un juego de dardos —Opinó francamente.
—¡McGucket! —Exclamaron los Pines al unísono. El hombre se encogió ante el griterío.
—¡Pero si es cierto! ¿Qué esperaban de un hombre que fue torturado sin descanso por días?
Stan pareció contener la respiración.
¿Qué?
—… ¿De qué estás hablando? —Dipper suavizó el tono de su voz, aunque la firmeza de la pregunta seguía allí. Quería saber si había oído bien.
—El enanito Gleeful me lo comentó —McGucket frunció el ceño, tornándose severamente serio—. Él también fue prisionero de Bill en un corto período. Y fue testigo de unas ocasiones en que Stanford fue torturado bajo sus narices.
Dipper pudo jurar que algo había golpeado de lleno su estómago, quitándole todo el aliento. No podía… No. No quería asimilar la confesión que había recibido por parte de McGucket. Recuperar a Mabel, prepararse para la última batalla y enfrentarse a Bill había tomado días.
Interminables y agonizantes días.
Trastabilló un poco hacia atrás. Pudo haber caído de no ser por Soos, quien había avanzado para que chocara contra su robusto cuerpo.
Mabel apretó los dientes con todas sus fuerzas, tratando de no soltar un grito o romper en llanto.
Ingenua.
El sofoco en su pecho era insoportable.
Egoísta.
¿Cómo pudo dejarse llevar por sus propios deseos cuando las vidas de los habitantes de Gravity Falls corrieron peligro? Quiso estar encerrada en esa maldita burbuja para siempre, no le importó lo mucho que Dipper luchó para encontrarla y tratar de hacerle entrar en razón, tampoco la situación en la que se encontró Stan para mantener a los demás del pueblo a salvo.
Y…
Se había olvidado por completo de su tío Ford.
Las lágrimas escaparon de sus ojos marrones sin importar cuánto luchó por contenerlas.
—Mi área no es la medicina, pero gracias a mis inventos, he logrado estabilizarlo —Informó McGucket luego de un rotundo silencio.
—… ¿Podemos? —El joven pino inhaló de forma forzosa y entrecortada—… ¿Ir a verlo?
—Claro —Se volteó, indicando que lo siguieran.
Soos mantenía ambas manos en los hombros de los gemelos Pines, que avanzaban con pasos cortos y torpes a la mansión. El mayor miró de reojo a su jefe, quien los seguía con una expresión ausente.
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Stanley Pines recordaba gran parte de Gravity Falls, pero acordarse de su hermano gemelo fue un poco complicado gracias a un sentimiento amargo que inundaba su corazón, sin tener muy claro el por qué estaba allí.
Y ahora, se rebobinaba lentamente, como una película.
El rescate al llegar a la pirámide, la forma en que abrazó a los niños, también a Fiddleford…
No.
En ningún momento pareció afectado por lo que había pasado.
Maldito bastardo, sabía esconder muy bien su dolor.
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Su garganta estaba agarrotada, la sentía en llamas gracias a los alaridos de dolor que soltaba. Estos solo eran música para los oídos de esas criaturas diabólicas que lo rodeaban y se carcajeaban en su miseria.
—¿Vas a hablar ahora?
Jadeó, tratando de recuperarse de la última descarga.
—No lo haré… ¡No vas a entrar a mi mente! —Abrió sus ojos y miró desafiante a Bill.
No parecía sorprendido, hasta pudo jurar que parecía complacido con sus palabras.
—¿Qué dicen, amigos? —Su ojo se dirigió al resto—. ¿Otros quinientos volteos?
Entrecerró los ojos.
No tenía idea en dónde demonios se encontraba, pero no podía importarle menos. El analgésico estaba haciendo efecto y se estaba quedando dormido. No podía luchar contra su cansancio, llevaba días sin tener un buen descanso y había llegado su límite. El bosque no había sido un lugar muy cómodo, aunque no es como si jamás hubiese dormido en el suelo o en otros lugares durante su estadía del otro lado del portal por tres décadas.
Se sentía frágil, vulnerable.
No sabía si era por la probabilidad de no volver a ver la luz del día si cerraba sus ojos ahora, o simplemente estar alejado de todas las armas que cargaba en sus ropas.
Su visión de ennegreció.
Lo último que escuchó fue el sonido de la puerta abrirse, acompañado de la exclamación de dos voces infantiles que no logró recordar.
—¡Tío Ford!
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Bueno, este capítulo me quedó algo corto, pero espero que les haya gustado. Ya saben, si tienen dudas o algo que opinar si desean que escriba un fic de Gravity Falls, díganme en los reviews!
En fin.
Nos leemos.
Rossana's Mind.
Reviews?
