C23

El Charles de Gaulles se hallaba muy tranquilo, para lo que el mundo vivía. Las personas aguardaban en las salas de espera pendientes de si volarían o no a sus destinos. Afuera llovía ligeramente mientras el cielo se iba aclarando para dar entrada a otro día más. Tras casi media hora después de haber aterrizado, TK tomó su maleta y fue a sentarse en un pasillo para conectar su celular y al escuchar el primer mensaje de voz de Kari y su tono preocupado, decidió llamarla pero sólo escuchó la contestadora automática del buzón de voz. Intentó llamándola a la oficina y al departamento pero era lo mismo, nadie le respondía. Ya que no podría volar a Italia ese día y no se le apetecía estar solo divagando en el aeropuerto, llamó a sus padres. Ellos habían regresado un día antes.

— ¿Hola? —contestó su madre. Al fondo se escuchaban risas y la televisión encendida.

— Mamá, hola.

— ¡TK! ¿Estás bien? Supimos lo que sucedió en Alemania.

— Sí, mamá. Estoy bien. De hecho me encuentro en Paris.

— ¿Paris? ¿En qué parte?

— Estoy en el Aeropuerto Charles de Gaulles. Los vuelos están cancelados —se llevó una mano al entrecejo y cerró los ojos intentando disipar una punzada de dolor que tenía en la cabeza—. ¿Crees que puedas mandar a alguien por mí? Me quedaré unos días en casa…

— ¡Claro que sí! —lo interrumpió Nancy—. Enseguida mando un carro. Dime dónde exactamente estarás.

Tras darle las instrucciones, TK cortó la llamada. Se quedó sentado con la mirada perdida hacia el frente. Personas iban y venían a su lado, la mayoría consternadas, pero con la característica tranquilidad europea que no genera drama. Se preguntó si su novia estaría bien. Por el tono de voz sabía que probablemente Kari se enteró de lo sucedido y por eso le llamó. Quizás ahora estaría en algún lugar muerta de miedo y preocupación. Y entonces una idea le causó escalofríos en todo el cuerpo: ¿y si algo había sucedido en Nueva York? ¿Y si la masacre no había sido sólo en esa parte del mundo? Se puso de pie y comenzó a arrastrar su maleta en busca del área de comida más próxima para ver si tenían algún televisor que sintonizara las noticias y en el trayecto volvió a marcarle a Hikari ésta vez obteniendo respuesta.

— ¡Amor! ¿Estás bien? —dijo, apenas escuchó que levantaron la línea.

— ¿Eh, TK? Soy Davis.

— Ah… Davis, hola. ¿Mmm… qué haces con el celular de mi novia? —preguntó, sintiéndose celoso.

— Kari se quedó dormida hace rato.

— ¿Dormida? ¿Dónde?

— En mi departamento. Es una larga historia y creo que es mejor que ella te la cuente.

— ¿Pero ella se encuentra bien? —no le gustó para nada el tono indiferente del otro chico. Si algo importante había pasado era su deber informarle.

— Sí, TK. Kari está bien —en ese momento el celular del rubio comenzó a timbrar. Era el chofer de sus padres.

— Tengo que irme, Davis. Dile a Kari que me llame en cuanto despierte y que no se preocupe. Estoy bien.

— Claro, yo le diré —tras colgar, el pelirrojo borró la llamada del registro—. Descuida, imbécil. Ella estará mejor conmigo.


Me desperté con un terrible dolor de cabeza y el cuarto de Davis girando rápidamente. Cerré los ojos, sentándome en la cama y esperando que el mareo se disipara para no vomitar. Tomé una gran bocanada de aire y exhalé fuerte por la boca. Busqué debajo de la almohada mi celular pero no estaba. Por la persiana podía verse la noche oscura y me pregunté cuánto tiempo habría pasado desde que me quedé dormida. Aún con algo de vértigo, me levanté de la cama y fui a buscar a mi compañero quien había salido dejándome una nota sobre la mesa de la cocina diciendo que iría a comprar algo para cenar, junto a mi celular. Eran las 7:35pm. Miré mi iPhone extrañándome que no había ni llamadas ni mensajes de TK, Jack o alguien más.

Fui hacia la sala, sentándome en el sofá y encendiendo la televisión. Aún se vivía un caos en la ciudad. Los restos del puente de Manhattan seguían desmoronándose y al parecer había mucha gente en los hospitales y lo que hacía falta eran médicos. ¡Un horror! Cambié de noticiero, sintonizando uno global que hablaba de los hechos en Alemania. Al parecer, Corea del norte había sido el primero en atacar Estados Unidos y por alguna razón estúpida Brasil atacó a Alemania. Ahora se hablaba de una Tercera Guerra Mundial y se veían soldados siendo alistados para contraatacar, en Stuttgart. Me dio un vuelco al corazón sólo de pensar que mi novio podía estar ahí, siendo obligado a participar en tan atroces actos.

Sin pensarlo, cogí mi aparato y le marqué de inmediato.

— ¡Kari! —escuché su voz al otro lado de la línea y se me escaparon un par de lágrimas del rostro.

— Amor, ¿estás bien? ¡Gracias al cielo!

— Sí, preciosa. Me encuentro en Paris, con mis padres. ¿Tú cómo estás?

— Muerta de miedo —se me formó un nudo en la garganta y tuve que morderme el labio para aguantar las ganas de llorar—. Estábamos en la oficina cuando ocurrió la primera explosión. La ciudad es un caos, TK.

— Estoy enterado, Kari. Desgraciadamente todos los vuelos han sido cancelados —me tapé la boca, ahogando un sollozo pero fue imposible—. No, amor. No llores. Yo estoy bien. Verás que esto pasará pronto.

— Tengo tanto miedo, TK.

— Lo sé, mi vida. Y nada quiero más que poder estar ahí contigo —intenté tranquilizarme para no mortificarlo.

— Estaré en casa de Davis unos días. Tú sabes que no tengo a nadie más aquí y si algo llega a suceder…

— Nada va a suceder, Kari —dijo muy serio y supe que era una manera de calmarse a sí mismo.

— ¿Qué… qué vamos a hacer, TK?

— Yo me iré contigo una vez que sea permitido viajar. Estados Unidos parece más seguro que aquí, además estaría protegido por el gobierno y no me obligarían a ir a… —hizo una pausa y entendí que el simple hecho de mencionarlo lo aterraba.

— No entiendo. Ayer estábamos tan bien y ahora esto.

— Todo va a estar bien, preciosa —volvió a decir y enseguida la puerta se abrió y Davis llegó cargado de bolsas con comida.

— TK, tengo que irme. Prometo que te llamaré dentro de una hora.

— Estaré dormido. Me encuentro muy cansado por el vuelo. Pero yo te llamo en la mañana, tesoro.

— Es verdad —estúpido horario—. Te amo demasiado, guapo.

— Y yo a ti, amor.

— Descansa.

— Igual —seguido a esto colgamos la llamada y exhalé un suspiro, sintiéndome más tranquila al saber que él se encontraba bien.

— ¿Era TK? —preguntó Davis, sonriendo y le devolví el gesto. Me levanté para ayudarlo a llevar las bolsas a la cocina. La mayoría era comida enlatada.

— Sí. Está en Paris, con sus padres.

— Me alegro que se encuentre bien —abrió el refrigerador y comenzó a guardar jamón y otro embutidos—. ¿Tienes hambre?

— Sí, algo.

— ¿Sándwich de nutella y mantequilla de maní? —asentí simplemente saboreándolo en mi boca.

— ¿Cómo está la ciudad? —pregunté, poniéndome de pie para calentar agua y preparar café.

— Es un caos, al menos en el centro. El Times Square está cerrado. Algunas tiendas saqueadas, ya sabes, maleantes que aprovecharon la situación —sonreí imaginándome la escena—. Nos han pedido permanecer el casa al menos hasta asegurar que no habrá más ataques.

— ¿Y cómo piensan asegurar eso? —Davis se encogió de hombros serví dos tazas con café y las puse sobre la mesa mientras él sacaba un plato de la alacena para servir mi sándwich—. ¿Puedo quedarme aquí? —él frunció el ceño y me regaló una media sonrisa.

— Claro que no. Apenas acabes de comer te irás a tu casa —se hizo un profundo silencio y luego se echó a reír—. Por supuesto que sí, boba. ¿Acaso pensabas que te dejaría ir?

— Tal vez necesite ir por ropa, mi laptop y algunas otras cosas.

— Puedo llevarte mañana temprano —sonreí simplemente y le di otra mordida a mi comida. Estaba deliciosa—. Por ahora necesitas descansar.

Lavé los platos una vez que terminamos y él me prestó una camisa vieja y un pantalón de franela descolorido de su vieja pijama. Nos sentamos a ver televisión, por fortuna aún había canales que se preocupaban por hacernos olvidar el terrible atentado y estaban sintonizando La sirenita, si bien no era exactamente la película que un par de adultos elegiría para una tarde de jueves, al menos era mejor que ver las imágenes de gente herida y edificios destruidos.

— ¿Y tu familia? —pregunté al tercer comercial porque me molestaba que estuviéramos en silencio.

— Mis padres viven al sur de México, en una playa, y mi hermana en Canadá, con su esposo. Los llamé en la tarde y se encuentran bien —sonreí, como a casi toda respuesta que le daba—. ¿Y tu familia? —se me escapó un fuerte suspiro.

— Mi hermano… la verdad no tengo idea de dónde esté viviendo.

— ¿Y tus padres? —preguntó al ver que yo ya no seguía hablando.

— No hay padres —en ese momento la programación fue interrumpida por una noticia de última hora.

Esto se vive en éste momento en la ciudad de París. La Torre Eiffel ha sido bombardeada por civiles de Iraq. Se cuenta un saldo de 30 heridos…

— Dios, no… —me llevé las manos al rostro intentando esconder el terror que me invadía y sentí el abrazo de Davis mientras me susurraba que todo estaría bien. Que él estaría conmigo.


Chan chan chan...