Hola, chicos! Bienvenidos al último capítulo de este Three-Shot e.e
Espero que les haya agradado mi forma de escribir y esperen un fic de mi parte en el futuro. Bueno, pero tendrán que tenerme paciencia porque tengo muuuuchos proyectos que terminar, sin mencionar que tengo millones más en mi cabeza.
Bueno, los dejos de molestar!
COMENCEMOS!
ADVERTENCIA: Esta es una escena alternativa del último capítulo de Gravity Falls, el summary explica todo.
DISCLAIMER: Gravity Falls no me pertenece, sino al talentoso Alex Hirsch. La imagen de portada que tiene este fic le pertenece a Demona-Silverwing.
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No podían asegurar absolutamente nada, aunque se tratara de los inventos de McGucket, seguía sin ser un diagnóstico médico.
Según el inventor, mientras Ford no despertara, no habría ningún indicio semejante a la esperanza.
Los niños habían quedados destrozados ante la idea. No podía terminar de esa forma, no cuando el verano estaba llegando a su fin, cuando estaban a escasos momentos de su cumpleaños, ¿y para qué? En su lugar, cabía la posibilidad de celebrarlo en un funeral. Mabel se había quedado dormida con el rostro cubierto gracias a su suéter. Si no fuese porque escuchaba la suave respiración de ella, Dipper hubiese imaginado que seguiría llorando en silencio. El castaño se quitó su gorra, contemplado el diseño de pino en ella.
Seguía sin poder quitarse esa imagen de la cabeza.
Cuando fueron a ver a su tío abuelo, contemplaron con gran horror unas espeluznantes quemaduras en sus muñecas y cuello. No tenían idea de cómo se las hizo, y honestamente, tampoco querían saberlo. Sabía que Bill había sido el responsable, mas no quería averiguar más. Ya hacerse una idea era espantoso. Se estremecieron de solo ver los enrojecidos pliegues de carne quemada, acompañado de unas vendas que rodeaban su abdomen. De allí provenía la sangre, pensó Dipper.
El pino no lograba encontrar una razón lógica.
¿Por qué?
¿Por qué su tío no les había dicho nada?
¿Cómo pudo aguantar tanto tiempo estar de pie con heridas como esas?
¿Y de dónde… provenían las demás cicatrices?
No era un estúpido, había notado perfectamente las marcas permanentes en su piel. Algunas parecían mordidas, otras quemaduras químicas, profundos rasguños de salvajes bestias…
Dipper atrajo más a su hermana contra él.
Eran cicatrices antiguas, lo sabía muy bien, provenían del otro lado del portal.
Se preguntaba por qué clases de cosas había pasado Stanford cómo para quedar en ese estado tan lamentable.
Soos había salido para llamar a Wendy en caso de que se preguntara por qué la cabaña se encontraba deshabitada. Y en cuanto a su tío Stan, no tenía idea de dónde estaba.
El pequeño comenzó a sentir los párpados pesados. Estaba demasiado cansado y sus ojos estaban hinchados debido al llanto. Lo mejor sería seguir el ejemplo de Mabel y dormir un poco.
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Stanley ni siquiera había tocado el brebaje que el viejo McGucket le había servido. En primer lugar, no tenía idea qué demonios era. Y lo segundo, no tenía ganas de llenar su estómago. Ya sentía un gran peso de culpa en él, pero también estaba entremezclado con ira.
El muy idiota de su hermano prefirió callarse y morir en vez de contarle la gravedad de sus heridas.
¡Y fue torturado por ese estúpido nacho endemoniado!
Se recriminaba una y otra vez cómo fue capaz de recordar primero al odioso cerdito de su sobrina en lugar de las heridas de su hermano.
¿Y qué decir de las cicatrices?
Eran su culpa.
Porque él lo había empujado hacia el portal, lo hizo vivir horrores que jamás podría llegar a comprender. Cada marca en la piel de su gemelo contaba una historia distinta de lo que vivió por treinta años. Había creído que él lo había pasado peor durante su separación 40 años atrás, mas el relato de Dipper nuevamente lo hacía cambiar de opinión.
Stan sufrió por cosas que no le desearía a nadie. Tuvo que hacer lo que tenía que hacer para sobrevivir en aquel bajo mundo.
No tuvo opción.
Y al parecer, su hermano tampoco.
Según las palabras de Dipper, Stanford había sido poseído por Bill durante mucho tiempo. Se había dejado manipular por sus palabras, porque se había sentido solo y necesitó un amigo. Ford siempre fue ingenuo, lo primero que oía y veía, lo creía en menos de dos segundos. Tal y cómo había sucedido con ellos. Había apartado a Stan de su vida sin miramientos por creer que lo había traicionado.
Pero con el demonio triángulo había sido peor.
Toda inocencia e ingenuidad se había extinguido de la esencia de Stanford Pines.
Para luego, dar paso a una persona desconfiada y paranoica.
Tal vez debió notarlo.
Pero como siempre, él seguía siendo un fracaso, ¿verdad?
Presionó con sus dedos el puente de su nariz.
Ford jamás le dio las gracias hasta que él le obligó a decírselas. Pero si hubiese sido por él, no lo habría hecho jamás.
Y ahora entendía el por qué.
Stan jamás le había pedido perdón.
Como buen idiota, cuando su hermano le había pedido una explicación con su proyecto, él simplemente se lo había tomado a la ligera, pasando por alto los sentimientos de Ford. Insistió en la búsqueda de tesoros, que siguieran juntos.
¿Hubo una disculpa en medio de esa desastrosa discusión?
No, lo dudaba.
Y aunque quiso decirlo, porque de verdad lo sentía, no pudo hacerlo.
Ambos eran un par de orgullosos estúpidos.
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Mabel paseaba las yemas de sus dedos por el áspero y maltratado suéter de su tío. Había despertado y había encontrado a su hermano durmiendo a su lado. Decidió dejarle descansar y fue a la habitación donde descansaba Ford. Tal y cómo imaginó, no se había movido ni siquiera un poco de su posición desde la primera vez que lo habían visto. La Estrella fugaz estrechó con fuerza la prenda contra su pecho, sintiendo sus ojos humedecerse nuevamente.
Tragó saliva, relajando el nudo de su garganta.
No se permitiría llorar. Debía recibir a su tío con una brillante y amorosa sonrisa.
—Tío Ford —Susurró al pinchar suavemente la mejilla de su tío—. Despierta pronto. Tienes que estar en nuestra fiesta de cumpleaños para que nos cantes —Sonrió un poco—. ¿Sabes qué? También te haré un nuevo suéter, pero te prometo que el mío será mucho más suave, y tendrá todo el brillo que desees…
Nada.
—Vamos… Vamos, tío Ford —Respiró fuerte—… Casi perdimos al tío Stan, no puedes hacernos esto —Le regañó—. Además, él te necesita. Y tú a él, yo lo sé —Se limpió el rostro con la manga de su suéter—. No tengo nada que perdonarte, tío Ford. Yo sé que nunca me harías daño a propósito, yo sé que me quieres tanto como quieres a Dipper.
El silencio siguió tras las palabras de Mabel, quien infló sus mejillas, aguantando soltar un sollozo.
—¿Sabes qué? No te perdono, porque no tendrá sentido alguno si no despiertas —Sentenció—. ¡Así que exijo que despiertes para darnos un épico discurso de disculpas! ¡Así que despierta, tío Ford!
La última oración había logrado quebrar su voz, desatando el llanto que había querido detener la pobre castaña. Enterró su rostro en el suéter de Ford y suavizó los gimoteos que salían de su boca.
No tuvo idea cuánto tiempo estuvo en esa posición al lado de la cama en la que reposaba su tío, pero estaba segura que no había sido mucho tiempo.
Contuvo el aliento al sentir unos dedos en su cabello.
—¿Mabel?
La pre-adolescente alzó su llorosa mirada y se encontró con los exhaustos, pero preocupados ojos de Stanford Pines.
Ella se le quedó viendo, desconcertada.
Tres…
Dos…
Uno…
—¡Tío Ford! —Se le lanzó encima, abrazándolo con fuerza.
Ford no pudo evitar soltar un gruñido de dolor, causando que Mabel lo soltara enseguida.
—¡Lo siento, tío Ford! Es que me emocioné —No pudo evitar reírse en medio de las lágrimas—… Al fin despertaste.
—…—Miró su alrededor, confundido—. ¿Dónde estamos? ¿Cómo llegué aquí?
—Estamos en la mansión Northwest, aunque ahora es del viejo McGucket.
—… ¿De Fiddleford? —Parpadeó tres veces, tratando de enfocar mejor la vista.
—Woops —Mabel se apartó un poco para coger los lentes que reposaban en el velador.
Se acercó de nuevo a su tío y se los colocó, regalándole una resplandeciente sonrisa.
—¿Mejor?
—Sí —No pudo evitar devolverle el gesto—. Gracias, Mabel.
—Para eso es la familia —Infló su pecho con orgullo, pero al fijar sus ojos nuevamente en las heridas de su tío, se tornó seria—. Tío Ford… ¿Cómo te sientes? —Antes de que él pudiese contestar, ella prosiguió—. ¿Por qué no nos dijiste que Bill te había lastimado?
Agh, demonios.
Ford no quería contarle a su sobrina cómo había decidido rendirse y morir en medio del bosque, pagando por todo lo que había hecho y el daño que le había causado a su familia.
Tragó saliva, buscando las palabras correctas.
—Stanley era nuestra prioridad, Mabel.
—Eso pudo habernos tomado mucho tiempo —Observó atentamente sus muñecas vendadas—, pero lo tuyo fue —Se estremeció—… Algo más difícil —Miró con cierto temor a su tío—. Tú no nos abandonarías, ¿verdad, tío Ford?
La culpa lo estaba matando. Estuvo dispuesto a dejarlos como un maldito cobarde, para que el dolor desapareciera. No pensó correctamente en aquel entonces. Estaba exhausto, harto de ser duro y ser valiente. Solo quería paz.
—Perdóname, tío Ford.
Esas palabras habían captado por completo su atención. No comprendía por qué su sobrina se estaba disculpando con él.
—Yo… Fui muy egoísta. Quise quedarme en mi burbuja para siempre, sin importarme todo lo que sufriste —Sus ojos se llenaron de más lágrimas, pero se sentía apenada de mostrárselas a él. Subió el cuello de su suéter, ocultando su rostro—. ¡No merezco piedad! ¡También fue mi culpa que el Weirdmageddon comenzara! ¡Yo le di la brillante esfera de nieve a Bill! —Confesó entre sollozos.
Ford contempló con grata sorpresa a Mabel. Jamás pensó que la pequeña se culpara por algo completamente inevitable. Con esfuerzo, se incorporó un poco hasta quedar sentado.
—Mabel…
—Mabel no está aquí —Le cortó, sin dejar de llorar—. Está en Sueterlandia.
El sujeto de seis dedos no pudo evitar suspirar. Se acomodó en una mejor posición y estiró los brazos para levantar a su sobrina. Mabel soltó un gritito de sorpresa ante la acción para luego ser colocada con suavidad en el regazo de su tío.
—¿Mabel? No eres la única que visita Sueterlandia.
La menor bajó un poco el cuello de su suéter, mostrando sus orbes enrojecidos.
—¿Enserio?
—Claro, lo hacía cuando tenía tu edad. Aunque en otras dimensiones, no pude evitar volver a hacerlo.
Mabel sacó por completo su rostro, mirándolo con interés.
—¿Por qué ibas a Sueterlandia, tío Ford? —Pudo notar un deje de melancolía en los ojos de él.
—Porque tenía miedo —Confesó—, o simplemente estaba muy triste. A veces, quería dejar de continuar.
—Pero nunca lo hiciste.
Él sonrió.
—No. No lo hice, y valió la pena. Porque pude conocerte —Su sobrina le regaló una tímida sonrisa mientras apartaba las lágrimas traviesas que habían escapado de sus ojos. Ford frunció el ceño—. Mabel, el Weirdmaageddon fue inevitable, nada de eso es culpa tuya. De hecho, creo que es mía —Le sonrió con tristeza—. Fui yo quien decidió construir el portal y se dejó manipular por Bill.
—Pero él te engañó —Protestó ella.
—¿A ti no? ¿Se lo entregaste por voluntad?
—¡No! —Dijo rápidamente, espantada—. ¡Tío Ford! ¡Te lo juro! ¡Él había poseído a Blendin, diciendo que me daría más verano! ¡Y yo, yo solo…! —Calló cuando lo vio sonreír.
—¿Lo ves? Fue un accidente. Ambos fuimos engañados.
—… ¿Cómo hiciste eso?
—Psicología inversa, cariño.
—Agh, me duele el cerebro —Se revolvió el cabello, pero después sonrió—… Gracias, tío Ford —Lo abrazó, esta vez con sumo cuidado para evitar lastimarlo.
—No lo menciones —Correspondió el gesto, posando su mano en su nuca.
—¿Mabel?
La voz de Dipper los hizo dirigir sus ojos hacia la puerta, donde el pino los miraba a ambos con la boca abierta, contemplando la escena. Mabel le sonrió con emoción, mientras que Ford le regalaba una sonrisa fatigada.
—¡Tío Ford! —Exclamó al correr hacia él, y de un salto, lo abrazó con fuerza.
El mayor presionó los labios, tragándose el gemido de dolor que quería soltar. Mabel tiró de la chaqueta sin mangas de su hermano para apartarlo de su tío y calmar el escozor de sus heridas.
—Disculpa, tío Ford.
—Tranquilo, Dipper —Sonrió—. Yo también estoy feliz de verte.
El castaño borró su entusiasmo y miró las vendas en un semblante sombrío.
—… ¿Estarás bien?
—Claro que lo estaré. He pasado por situaciones más difíciles —Eso fue una media mentira, pero él no tenía por qué saberlo.
Sus sobrinos sonrieron.
—Qué bien —No pudo evitar murmurar Dipper con una aliviada expresión. No quitó su mano del brazo de su tío.
Ya no parecía incómodo.
El pino estimaba mucho a su tío, sin mencionar que realmente lo admiraba. Él era todo lo que aspiraba a ser, un modelo a seguir, valiente, firme. Se llevaban bien, su lazo se formó casi con naturalidad, pero Dipper seguía siendo un niño. Él realmente deseó en algunos momentos simplemente verlo como un miembro de la familia y abrazarlo, mas la timidez y el temor a que Stanford se incomodara, hizo que se quedara con las ganas.
Por otro lado, Mabel había notado hacía mucho que Ford prefería mantenerse a una distancia prudente de las personas, incluso de ellos, con quienes era normalmente más abierto. Algunas noches, ella y su hermano lo oían gritar entre sueños, sin embargo no se atrevían a enfrentarlo o tocar el tema. Era frágil con lo que lidiaban.
A veces se preguntaban cómo su tío seguía manteniendo la cordura a estas alturas.
Se consolaban con la idea que ellos también pasaron por cosas malas, y siguieron adelante.
—Le diré al tío Stan que despertaste —Anunció Mabel al bajarse de la cama y salió corriendo antes de que su hermano o su tío dijesen algo al respecto.
Aunque no fue necesario.
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—¡Tío Staaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!
Stanley pegó un brinco al oír el sonoro grito de su sobrina.
—¡¿Qué te pasa, niña?! ¡¿Quieres dejarme sordo?! —Le regañó cuando Mabel se colocó al lado del sofá donde descansaba.
—El tío Ford despertó —Dijo con una brillante sonrisa.
La expresión de Stan se congeló unos segundos, para después carraspear y tragar saliva, nervioso.
—… ¿Despertó?
—Sí —Sus ojos brillaban con gran ilusión—. ¡Al fin podrán abrazarse y ser los mejores hermanos como antes! —Sus palmas presionaron sus mejillas.
—Wow, wow, Mabel. Vas muy rápido —Alzó ambas manos para frenar su imaginación. Mabel dejó de sonreír y lo miró, expectante. Stan se acarició las sienes—. No es tan fácil.
—¡Claro que lo es! —Posó sus manos en sus caderas, mirándolo severamente—. Tú y el tío Ford quieren que sea difícil, ¡porque son unos torpes! —Lo señaló con el dedo—. ¿Por qué no pueden resolver sus cosas como yo lo hice con Dipper?
—Mabel, eso es muy diferente —Presionó con fuerza el puente de su nariz, ahorrando paciencia—. Ustedes son niños, no ven el mundo ni las cosas como yo lo hago o como Ford lo hace. Llevamos cuarenta años sin tener una buena relación. No es fácil anudar los lazos después de tanto tiempo —Protestó.
La estrella fugaz suspiró.
—Tío Stan… Yo sé que quieres arreglar las cosas con el tío Ford —Le sonrió—, yo lo sé, ¡porque tu lado tierno me lo dice a gritos! —Stan hizo una mueca al ver los ojos resplandecientes y emocionados de su sobrina—. Yo sé que nunca es sencillo cuando tu torpe hermano no pone de su parte cuando quieres arreglar las cosas —Infló sus mofletes, recordando ciertas discusiones con Dipper—, pero verás que al final —Volvió a sonreír—… ¡Valdrá la pena! —Alzó los brazos dramáticamente.
Stan resopló, derrotado. Su sobrina tenía un punto a su favor y no tenía caso seguir discutiendo con ella. Sus argumentos seguirían siendo válidos. Sin decir nada, se dirigió a la habitación de su hermano, siendo seguida por una emocionada Mabel pisándole los talones.
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Las expresiones de Ford y Dipper se congelaron cuando el rostro de Stan se asomó al abrir la puerta sin ningún cuidado. Ambos intercambiaron una silenciosa conversación solo con la mirada. El pino asintió y se bajó de la cama, dispuesto a salir de la habitación. Jaló insistentemente el suéter de Mabel para que no fisgoneara en la conversación de sus tíos.
—¡Pero Dippeeeeer…! —Fue lo último que escucharon los gemelos Stan.
Stan no pudo evitar hacer una mueca al ver que Ford no se atrevía a mirarle a los ojos. Claro, el muy maldito podía abrazarlo y todo cuando ni siquiera recordaba su propio nombre y ahora que su memoria se estaba restaurando con éxito, su hermano ni siquiera parecía estar interesado en intercambiar palabras con él.
Se cruzó de brazos.
—¿Por qué hiciste eso?
Él finalmente lo miró.
—¿De qué hablas?
Stan chasqueó la lengua, tragándose el insulto que quiso salir de su boca.
—Stanford… ¿Es enserio? No soy tan estúpido como crees —Espetó con veneno. Ford pasó por alto la forma en que le había hablado, estaba demasiado sorprendido que Stan lo haya recordado—. ¿Qué intentabas vagando afuera con esas heridas? —Señaló su torso vendado. Su hermano, prestando atención a las últimas palabras, rehuyó nuevamente a su mirada, logrando que el fez perdiera los estribos—. ¡¿Quieres dejar de hacer eso?!
Ford pegó un respingo y lo miró, confundido.
—¿De qué…?
—Dime, ¿tanto te molesta que haya recuperado la memoria?
—¡¿Qué?! ¿Qué estás diciendo, cabeza hueca?! —Le reprendió, desconcertado—. ¡Claro que no! ¡Estoy…! —Se detuvo. No tenía ganas de iniciar una nueva guerra con su gemelo— Estoy feliz por ti, Stan.
El estafador parpadeó, tratando de procesar sus palabras.
—… No me has contestado.
—Había olvidado que las tenía.
Stan se rio sin ganas.
—Ford, esa mentira no te la crees ni tú —Alzó una ceja—. Ya dime por qué ignoraste tu situación. ¿Acaso querías morir? —Se mofó.
No obtuvo respuesta, provocando que la cínica sonrisa de su rostro se borrara lentamente hasta dar paso a una nueva expresión.
Horror.
—… ¿Stanford? —Más silencio. Stan soltó una risa forzada—. Es un chiste, ¿verdad? —Tensó la mandíbula y se acercó rápidamente a su hermano para agarrarlo violentamente de los hombros—. ¡STANFORD, HABLA!
—¡Creí que era la única manera! —Le contestó con otro grito.
Stanley parpadeó, realmente confundido. Lo soltó y se dejó caer sentado en el borde de la cama.
—No podías recordarme, pensé que era lo mejor. Pensé que si no me recordabas, no tendrías que sufrir nuevamente por lo que yo hice. Pensé —Tragó saliva, sus ojos estaban clavados en las sábanas—… Que si yo me iba… Enmendaría todo el daño que causé.
La cabeza de Stan no quería dejar entrar las palabras que habían salido de la boca de su hermano. Había imaginado cualquier cosa, asegurarse si realmente Bill había desaparecido, haberse interesado por otra misteriosa estupidez, lo que fuese… Pero… ¿Esto?
No se sabía muy bien de la historia de su hermano con el nacho demonio que se había atrevido a lastimarlo, prefería oírlo de Ford. Ahora la curiosidad había aumentado. ¿Qué consecuencias habían orillado a Stanford a sentirse tan poca cosa?
Le recordaba a…
A él.
No por nada eran gemelos, podía reflejar su propio remordimiento en el rostro de Ford.
—¿Sabes una cosa, seis dedos? —Ford lo miró rápidamente al oír ese apodo—. El que pienses mucho, te hace más estúpido que yo.
Stan se veía más molesto que antes.
—¿No pensaste en los niños? —Le regañó—. ¿En mí? ¿Creíste que simplemente podrías marcharte como si nada?
—… Francamente, lo hice —Admitió—. Pero pensé que estarían mejor sin mí.
—¡Agh! ¡Pensé esto! ¡Pensé aquello! —Masculló, harto—. ¡¿Quieres dejar de oír tu cabeza y oír a tu corazón por una sola vez en estos últimos cuarenta años?!
Ford hizo una mueca y miró hacia un lado, avergonzado. Lo que había hecho había sido sumamente cobarde, lo admitía.
—… Lo siento, Stanley.
—Nada de disculpas, cerebrito.
Stanford quiso tragarse el nudo que se había formado en su garganta, enterrando sus dedos en las sábanas. Esperaba que en cualquier momento Stan abandonara el cuarto y lo dejara solo.
—… El que debe disculparse soy yo.
¿Qué?
—Ford, escucha —Carraspeó. Maldijo mentalmente, era realmente difícil decir esto—. En primer lugar, nunca fue mi intención arruinar tu sueño de ir a esa universidad elegante —Hizo comillas con los dedos—. Estaba enojado, golpeé la mesa y de repente cayó una pieza. Entré en pánico y la arreglé, seguía funcionando cuando me fui, pero no creí que… Temí decírtelo porque sabía que estarías molesto —Sonrió con sarcasmo—, pero creo que salió peor de lo que esperé. Luego, lo sucedido en el portal, fue igual. Quise entender, pero solo seguí arruinándolo todo. Te empujé y estuviste atrapado en ese lugar por treinta años —Suspiró—. Siento haber roto tu proyecto, siento no haber considerado tus sueños, siento no haberte apoyado, siento haberte dejado atrapado por treinta años en otra dimension, siento no haberte dado la mano —No puedo evitar reírse. Pudo haberse ahorrado destruir su mente si tan solo no hubiese perdido la paciencia—. Lo siento, Ford.
Listo, lo había dicho. Todo lo que había querido decirle esos años que solo lo había jodido más de la cuenta. Finalmente había liberado un gran peso de sus hombros y sentía su corazón mucho más tranquilo, pero no del todo.
Porque la respuesta de Ford siempre sería su prioridad.
Sintió la mano de su gemelo posarse suavemente en su antebrazo, causando que se quedara de piedra por unos instantes. Cuando se encontró con los ojos de su hermano, vio seriedad en ellos, también honestidad y… calma.
—Stanley, te lo agradezco —Finalmente le sonrió—. Gracias por ser sincero conmigo, eso casi nunca ocurre —Stan no pudo evitar reírse—… Gracias por venir a verme después de nuestra separación. No era tu obligación, y aun así lo hiciste porque seguías preocupándote por mí. Gracias por haberte esforzado treinta años para traerme de vuelta. Gracias por haberme salvado… Gracias por haber salvado a los niños y al mundo entero —Presionó con suavidad el antebrazo de su gemelo—. Gracias, Stan.
Stan estaba boquiabierto ante las palabras de su hermano, pero luego de unos largos segundos, soltó una sonora risotada y abrazó con fuerza a su gemelo, quien soltó un gruñido de dolor por el movimiento tan brusco. El fez ignoró un momento la queja de su hermano para estrecharlo con fuerza, anhelando el momento aún entre risas.
Hizo todo lo posible para disimular las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos. Apretó los dientes para calmar el temblor de su mandíbula. De ninguna manera se echaría a llorar como un crío.
—¿Stan?
—Me alegra tenerte de vuelta, nerd —Murmuró al separarse de él tras haberse calmado.
Ford ensanchó su sonrisa y golpeó suavemente su brazo.
—Lo mismo digo, cabeza hueca.
—¡UN PENOSO PERO HONESTO ABRAZO FAMILIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAR!
El grito de Mabel causó que los gemelos Stan se encogieran ante la repentina presencia de su sobrina. Aunque la sorpresa de ambos aumentó cuando la vieron acompañada de Dipper correr hacia ellos y se lanzaron a los brazos de sus tíos.
En la entrada de la habitación, Soos, McGucket y una recién llegada Wendy contemplaban la escena con grandes sonrisas en sus rostros.
Suponían que de ahora en adelante, las cosas se dirigirían al camino correcto, como siempre debió ser.
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Fin.
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Eeeeeeeeeeehhh… Me quedó muy largo este capítulo XD Demonios… Pero bueno, a quien no le gusta un cap. Largo e.e
Espero que les haya gustado, en lo personal, a mí sí me gusto, encontré MUY pobre la reconciliación de Stan y Ford, no sentí esa chispita…
Pero bueno, qué le vamos a hacer.
Ojalá nos leamos en un futuro fic, aún no estoy segura de escribirlo o no, pues la estructura no está del todo bien planteada.
Nos leemos!
Rossana's Mind.
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