C24

Dos meses.

Por acuerdo mutuo entre gobiernos se había establecido que no habría conexiones, ni áreas, terrestres o marítimas entre ambos continentes en un plazo de dos meses, hasta mediados o finales de abril, probablemente. Soldados americanos fueron enlistados y enviados a Corea para devolver el cálido gesto que la semana pasada nos había regalado. Alemania, Francia e Inglaterra se unían contra América del sur mientras los demás países se mantenían atentos a lo que pudiera suceder. Se esperaba que Rusia atacara aunque aún no se sabía a quién. Personas que se dedican a pronosticar los horóscopos y afirmar cuál será el destino de nosotros según los astros, afirmaban que Europa se vería más afectado en esta guerra. Porque sí, oficialmente se había declarado al mundo en guerra.

En Nueva York las escuelas habían cerrado. Por órdenes del presidente se suspenderían las clases hasta la misma fecha que los vuelos. Yo me había enterado por Davis que en algunas colonias las familias reunían a sus hijos para educarlos en casa. Las relaciones comerciales en cuanto importación y exportación de alimentos se habían visto afectadas, sin embargo, el señor presidente nos aseguró que no teníamos por qué preocuparnos, aunque por sentido común entramos en una rigurosa dieta donde sólo dábamos una comida al día y el resto sobrevivíamos con agua, jugos o cafeína.

Yo seguí yendo a la oficina. Por fortuna no me vi perjudicada en el recorte de personal que la compañía había hecho y aún mantenía mi puesto aunque no sabía por cuánto tiempo. Jack me había asignado responsabilizarme de un blog que tenía el periódico y al menos un día a la semana debía salir a rondar la ciudad, entrevistar a quien quisiera ser amable y contarme su experiencia en esta nueva era.

Y TK…

— Voy a volver a Milán, amor —me informó un día (noche para mí) mientras platicábamos por llamada.

— ¿Cómo? ¿No se supone que trenes y aviones están prohibidos?

— Iré manejando. No está tan lejos de aquí y en un día y medio puedo llegar.

— Pero es peligroso…

— Necesito volver, Kari. Mis cosas están allá, además… —soltó un suspiro y susurró—. Si me quedo aquí voy a rodar con todo lo que mi mamá ordena que se haga de comer —me eché a reír de tan sólo imaginármelo. Lo extrañaba horrores.

— Yo sólo quiero que estés a salvo. Me imagino que debe ser una pesadilla allá —escuché que él mordió algo y me contestó mientras masticaba.

— Y que lo digas. Los camiones de soldados no dejan de deambular con sus espantosas sirenas a toda hora —me mordí el labio asaltándome uno de mis mayores temores.

— ¿Crees que te pidan enlistarte?

— No lo han hecho hasta ahora. Pero pueden hacerlo si me quedo, por eso quiero irme.

— Cómo me encantaría poder estar contigo —hizo un silencio y escuché un golpe, supuse se le había caído el aparato y enseguida se aclaró la voz.

— ¿Qué está vistiendo ahora, señorita Yagami? —dijo en un tono seductor y me eché a reír. Miré mi ropa: una pijama de franela rosa con conejitos dibujados y una camiseta vieja de un concierto desde hacía años de los Backstreet boys.

— Un babydoll rojo de Victoria's secret.

— Mentirosa —ambos nos reímos.

— ¿Qué estás vistiendo tú?

— Bóxers negros, nada más.

— Mentiroso —él se rió y supe hacia dónde iba el rumbo de la conversación, por lo cual quise dar el primer gran paso—. ¿Estás acostado?

— Ajá.

— Imagínate que estoy ahí, sobre ti, acariciando tu pecho, besándote el cuello…

— Ajá…

— Y mis labios van bajando al igual que mis manos…

— Espera —me cortó de pronto—. Esto no tiene chiste si tú no vas a disfrutarlo también.

— ¿Disfrutarlo? ¿Te refieres a masturbarme?

— Pues sí…

— ¿Y cómo sabes que no estoy haciéndolo?

— ¿Lo estás? —preguntó curioso y sonreí. Miré mi ropa, el desastre de mi habitación y aunque no tenía ganas de autocomplacerme, él me conocía demasiado bien y sabría si fingía, así que metí mi mano derecha al pantalón acariciándome suavemente sobre la ropa interior.

— Y mientras voy bajando, voy dándote mordidas y lengüetazos por el abdomen…

— Ajá…

— Y llego a tus bóxers y empiezo a toquetearte… —él se rio y me mordí el labio tan sólo imaginarlo.

— ¿Y luego? —preguntó con la voz ronca.

— Y luego mis labios presionan suavemente tu miembro cuando te beso mientras mis manos se deslizan por tu cadera para quitarte la prenda…

TK, hijo… —escuché la voz de su padre seguido de una exclamación—. ¡Oh, Dios! Si vas a hacer eso cierra tu puerta —se escuchó el portazo y ambos nos echamos a reír.

— ¡Mierda! —maldijo él—. Ni siquiera terminé.

— Tal vez en la mañana… noche —dije, aun riéndome.

— Lo siento, amor.

— Está bien, TK. Al menos así tu papá sabrá que debe tocar antes de entrar.

— Tengo que irme, preciosa. Te llamo más tarde… ¡oh Dios! —lo escuché quejarse mientras se movía, quizás levantándose de la cama y sonreí.

— Te amo, Takaishi. Cuídate mucho.

— Yo te amo más, linda —seguido a esto, colgamos.

Miré mi cama, que se me antojaba enorme y vacía y exhalé un fuerte suspiro. De verdad iban a ser los dos meses más largos de toda mi vida.


Era una hermosa tarde veraniega de domingo en Alemania. Había pasado dos días seguidos en el departamento de TK, cambiando entre su ropa y la mía, y sabía que era hora de volver a mi dormitorio. No podía permitirme aparecer al día siguiente en clases vistiendo la ropa del viernes. Aquél día me sentía más perezosa de lo normal. El guapo me había despertado antes de las 7:00am, volví a dormir como hasta las 10:00am, me desperté a medio día y ahora, a las 2:00pm, después de comer pizza recalentada, quería irme a la cama de vuelta. Sentía los ojos pesados y mi cuerpo respondía lentamente a lo que le ordenaba. Takeru se hallaba en el balcón hablando por teléfono con algún familiar mientras yo lo esperaba en la sala, pero mi cansancio no me permitía más seguir sentada.

Estiré los brazos y se me escapó un bostezo. Me giré para ver hacia la puerta donde él estaba, dándome la espalda, y parecía que la conversación sería interminable por lo que me levanté y fui directo a su inmensa cama. Me eché entre las sábanas y pegué mi rostro a una acolchonada almohada de plumas que olía a él.

Era la primera vez que me invitaba quedarme a su departamento. Usualmente, después de la cena, alguna película y una o dos veces de haber tenido relaciones, me llevaba al dormitorio o pedía un taxi por mí; el lugar era muy cómodo. Con una sala esquinada de piel, su pantalla de 60 pulgadas con las miles de consolas de videojuegos conectadas a ella, una cocina pequeña, pero ordenada con un comedor en ella, su habitación, donde tenía otra pantalla similar a la de la sala, y el cuarto de baño, donde me encantaba pasar horas con él en la tina, aunque sólo lo habíamos hecho un par de veces.

Lo siento, Yagami, era mi odioso hermano —dijo, entrando al cuarto. Abrí los ojos y lo sentí acostarse a mi lado. Giré la cabeza para verlo de frente—. ¿Tienes sueño? No te duermas aún —me acerqué a su pecho, recostándome sobre él y comenzó a masajearme el cabello.

Si haces eso voy a quedarme dormida —bajó su mano a mi brazo y me acarició la espalda. Su piel se sentía cálida sobre la mía.

¿Has visto la película de Mujer bonita?

Sí —respondí con los ojos cerrados, sintiéndome tan relajada.

¿Te gustaría ser mi Mujer bonita?

¿Me pagarás por acostarme contigo? —él se rio y se movió para acostarse sobre la almohada. Yo me hice a un lado y quedamos muy cerca el uno del otro que podía sentir su respiración en mis labios. Con una de sus manos me acariciaba el cabello y por primera vez presté atención a las líneas azules que conformaban sus ojos. Preciosos.

Quiero que te vengas a vivir conmigo, Kari —esperé a que dijera algo más, suponiendo que estaba bromeando pero él permaneció callado. Fruncí el ceño y TK se acercó a darme un beso en los labios.

¿Es en serio? —pregunté apartándolo antes de que se moviera encima de mí. Me giré para recostarme sobre mis codos. Él volvió a acomodarse boca arriba.

Sí, es en serio. No tiene caso que sigas en el dormitorio.

Estás loco —dije riéndome, pero él seguía serio—. TK, no me voy a venir a vivir contigo, ¿qué tal si algo sale mal? Me vas a correr y no tendré lugar a dónde ir.

Yo no te haría eso —lo miré indignada y él me acarició la espalda—. En serio no te haría eso, Kari. Yo te… te…

¿Tú me qué? —exhaló fuerte por la boca y pareció arrepentirse de lo que iba a decir.

Yo quiero que vivas conmigo. Punto final.


El celular de Kari comenzó a vibrar sobre su escritorio y Davis no dudó en ver la pantalla. Era un mensaje de TK preguntándole si podía marcarle.

— Ese idiota… —murmuró el pelirrojo. Sin pensarlo, abrió el mensaje para responderle:

"Estoy ocupada, amor. Saldré con Davis esta tarde. Te llamo luego."

Presionó el botón enviar y enseguida borró la evidencia, volviendo a dejar el aparato en su lugar. La chica apareció minutos luego.

— ¿Qué vas a hacer hoy, Kari?


Más chan chan chan... jajaja