C27

El cielo se veía embestido por una majestuosa obra de la naturaleza que esa noche le regalaba a la ciudad de Nueva York. Relámpagos iluminando la urbanización, granizo cayendo sobre los edificios hechos de cristal, autos, en su mayoría taxis, estacionados en zonas no permitidas pues la tormenta que caía llevaba la fuerza de un huracán. Algunas colonias se vieron afectadas por pérdida eléctrica y algunas otras con daños menores.

Me levanté a preparar café y lo serví en dos tazas. Adam y yo teníamos minutos de haber regresado a mi departamento luego de pasar toda la tarde en Central Park. La lluvia había caído torrencialmente y fue imposible permanecer en la calle. Mientras habría un paquete de galletas me perdí mirando por la pequeña ventana de mi cocinita que daba a la calle y la belleza de los flashazos celestiales que parecían golpear los edificios aunque era sólo un reflejo. Escuché la televisión encender y fui junto a mi compañero, con la esperanza de que por un momento la tormenta pasara pues no deseaba que se quedara ahí, aunque no podía echarlo a patadas.

— ¿Alguna novedad? —pregunté al llegar y sentarme junto a él.

— Nada nuevo. El mundo sigue jodiéndose —respondió, tomando una galleta. Suspiré y le di un trago al café sin importar quemarme la lengua.

— Vaya momento de iniciar una guerra —murmuré fastidiada.

— Míralo por el lado amable. Cuando tengas a tus hijos y a tus nietos les contarás sobre ésta tragedia y cómo a pesar de todo TK y tú siguieron juntos —sonreí, intentando animarme con esa imagen, pero sintiendo un agujero en el pecho al escuchar el nombre de mi novio. Hacía casi 12 horas que no hablaba con él y me pregunté si estaría bien. La última vez sonaba muy alterado—. Pasará pronto —comentó Adam al incomodarse con el silencio que se formó.

— ¿Y tú extrañas a alguien? —pregunté para cambiar el tema.

— No en específico —tomó su taza de café y le dio un trago—. Hace mucho que no salgo con alguien. La última relación seria que tuve fue hace más de dos años.

— Supongo que debe ser difícil —Adam sonrió y me miró fijamente por unos segundos provocando que mis mejillas ardieran y tuve que agachar la cabeza.

— Amo cuando te sonrojas —murmuró haciendo que me sonrojara aún más. Hubo un breve silencio en donde sólo nos miramos y escuchamos la respiración del otro—. Y sí, tienes razón. Cuando me enlisté en el ejército no esperaba que mi vida personal fuera a irse a la mierda por eso —ambos reímos y yo seguí bebiendo mi delicioso café.

— ¿Has pensado renunciar? —Adam tomó mi mano izquierda, y giró el anillo que TK me dio sobre mi dedo sin quitarle los ojos de encima.

— Algunas veces.

— No tenemos que hablar de eso…

— ¿Estás segura que quieres casarte con él? —preguntó abruptamente haciéndome destantear. Me mojé los labios mientras pensaba a dónde quería llegar con su pregunta.

— Ni siquiera tuve que pensarlo —respondí, convencida. Adam asintió solamente y con su otra mano acarició una de mis mejillas. Cerré los ojos al sentir la calidez de su piel y tele trasportándome a otra dimensión pasada en un sofá en Alemania. Tomó mi rostro en sus manos y yo no puse oposición. Me besó despacio, apenas y rosando nuestros labios. Se separó y nos miramos por una breve fracción de segundos enredé mis brazos a su cuello y lo besé intensamente, haciendo caso a las necesidades de mi cuerpo en ese momento. Lentamente, Adam fue inclinándose hacia mí hasta hacerme caer en el sofá. Metí la mano bajo mi espalda para sacar el control remoto que estaba lastimándome y sin querer presioné el botón de volumen pero ni uno de los dos hizo por voltear a la televisión. Arrojé el control al piso y volví a enfocarme en sus labios que parecían ser una fuente de agua por la cual los míos estaban clamando. Sentí sus manos escurrirse por debajo de mi blusa y me estremecí en un cosquilleo. Besó mi cuello dejándome pequeñas mordiditas que me hacían reír y en ese instante se escuchó un pitido y enseguida la voz de un hombre conduciendo el noticiero.

Esto es lo que se vive ahora en países europeos. Aviones de la armada de Corea arrojan bombas que explotan antes de caer y van dejando un polvo por toda la ciudad. Francia e Italia se han visto más afectados por éste atentado. A continuación pasamos con nuestro compañero Henry Korr quien se encuentra en la ciudad de Milán para decirnos de qué trata. Adelante, Henry… —en ese instante la noticia desvió mi atención y me moví bruscamente empujando a Adam para concentrarme en las imágenes de la televisión: las personas corrían de un lado a otro buscando refugio, efectivamente las calles, autos y edificios se veían cubiertos por un fino polvo grisáceo como si fueran cenizas. Mi corazón se contrajo pensando en TK y eso se sumó a la culpa que estaba cayéndome cuando el conductor pronunció lo peor—. Esta situación se vive desde hace dos semanas en una pequeña región al sur de Alemania y médicos han reportado que se trata de una sustancia no patentada que provoca la pérdida total de la memoria…

— ¡Kari, agáchate! —sin reaccionar, Adam se echó sobre mí y me cubrió con su cuerpo. Una fuerte explosión retumbó en el edificio y los vidrios se quebraron. Se veía una gran columna de humo a lo lejos por el ventanal y me acerqué: el puente de Manhattan había sido bombardeado y enormes tanques militares circulaban por las calles. Su celular comenzó a sonar provocándome una punzada en la cabeza—. Tenemos que salir de aquí.


TK corrió desesperado en busca de su mamá y Rashida. Las había perdido de vista entre una multitud que entraba a un mall y aunque sabía que podían cuidarse solas, su instinto protector no dejaba de insistir en que tenía que hallarlas. Adentro del centro comercial, de tres pisos y al menos tres manzanas a la redonda de distancia, pronto se llenó de miles de personas desesperadas por refugiarse del ataque que en ese momento la ciudad de Milán sufría a causa de un ejército de coreanos dispuestos a acabar con todos para ganar territorio; hacía casi 6 horas las calles comenzaron a ser bombardeadas y las pocas almas que se veían buscaban lugares seguros para esconderse pues les habían advertido no tener contacto con el polvo que las bombas desprendían. La única indicación recibida era que portaran las máscaras de gas todo el tiempo.

— ¡TK! —el rubio escuchó que gritaron su nombre y al girarse fue sorprendido por el abrazo de Rashida quien se lanzó fuerte contra su pecho—. ¡Oh, TK! Me da tanto gusto encontrarte.

— A mí también, Ra —dijo él, sonriendo—. ¿Dónde está mamá?

— No lo sé. La perdí de vista en cuanto entramos.

— Ven, hay que encontrarla —tomó a la joven de la mano y la llevó por el pasillo, empujando a algunos, escuchando lamentos y quejidos que le remordían la consciencia.

— TK, tengo miedo —la joven se acurrucó en su espalda y apretó con fuerza su camisa. El rubio simplemente suspiró y siguió caminando. No tenía palabras para pedirle que se tranquilizara pues él estaba igual de aterrado con lo sucedido. Sabía que en cualquier momento podían detonar una bomba o tomarlos por rehenes y torturarlos para finalmente matarlos. Simplemente mantuvo su postura recta y no se detuvo sólo excepto cuando su celular comenzó a vibrar en el pantalón y con manos temblorosas lo sacó y sintió alivio al ver el nombre de su novia en la pantalla.

— ¿Hola?

¡TK! ¡Gracias al cielo! Amor, ¿cómo estás? Supe lo que ocurrió.

— Tranquila, preciosa. Estoy bien.

¿Dónde estás?

— Estoy…

— TK, mira —Rashida apuntó hacia el frente, a unos metros de distancia se hallaba su madre. La chica se adelantó para alcanzar a la señora, gesto que Takeru agradeció para poder hablar en privado con Kari.

¿TK?

— Estoy en un centro comercial. Las cosas se pusieron algo hostiles y tuvimos que evacuar… la ciudad —dijo él finalmente mirando la cantidad de personas a su alrededor.

¡Dios Santísimo! Es horrible, amor. Cuéntame cómo fue —el rubio sonrió al imaginarse a su bella prometida mordiéndose el labio mientras se alborotaba el cabello para calmarse la ansiedad. Le contó sin lujo de detalles lo sucedido y que ahora se dirigía a donde estaba su madre. Imaginó el mismo escenario pero con ella a su lado, tomándolo de la mano, ahuyentando su temor…

— ¿Tú cómo estás? —se hizo una pausa al otro lado de la línea y él esperó a que ella hablara.

— Estoy bien. Aquí también han sucedido cosas —se aclaró la garganta—. Pero me encuentro a salvo.

— Te amo, Kari. Te prometo que apenas termine todo esto iré a buscarte y jamás volveré a separarme de ti.

¿Lo prometes?

— Lo prometo.

Yo también te amo, guapo. Demasiado. No lo olvides.

— Nunca jamás —el rubio escuchó a la chica reír y un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas. En ese instante tembló el lugar y TK se echó al piso cayendo su celular unos centímetros delante de él. Al girarse vio una llamarada levantarse en un local de perfumes y cosméticos y a como pudo se arrastró entre los escombros y las personas que luchaban por resguardarse. Cogió el aparato dándose cuenta que éste se había apagado y siguió moviéndose hacia donde estaba su mamá con Rashida. Las personas gritaban desesperadas pidiendo ayuda.

— ¡TK! —la voz de su madre lo hizo reaccionar y levantarse de prisa pues justo en donde se hallaba cayó un pedazo de cemento del enorme techo que ahora comenzaba a desmoronarse.

— ¡Vamos!

— ¡No, Giovanni! —una mujer que se hallaba a unos centímetros de distancia gritó con tanta fuerza llamando la atención de varios en el lugar. Takeru desvió su mirada siguiendo la de la joven que veía aterrada a su pequeño niño de cabellera castaña golpear el vidrio colocado bajo el barandal del tercer piso.

— TK, no vayas… —murmuró Rashida mientras abrazaba a la señora Ishida.

— Cuida a mi madre.

TK subió corriendo por las escaleras, empujando a algunas personas pues todos se dirigían al sentido opuesto al que él iba. Corrió lo más rápido que sus piernas daban hasta llegar con el niño de unos cuatro años de edad, quien tenía un corte algo profundo en un bracito y se había echado a llorar al piso apretándose la herida.

— Ven, guapo —lo cargó con suma facilidad y se dispuso a volver a la única zona de evacuación viable pero un enorme mosaico del techo cayó frente a él bloqueándole el paso e hiriendo a otros que cruzaban por ahí. Desesperado, miró hacia ambos lados y por instinto corrió hacia su lado derecho en busca de otra salida de emergencia. El niño no dejaba de temblar y llorar en su pecho. Finalmente halló otras escaleras en la parte trasera de un local de comida.

— Gracias, gracias —no dejaba de murmurar la madre del pequeño una vez que el rubio se lo entregó.

— ¡TK, cuidado! —escuchó la voz de Rashida y apenas y tuvo tiempo de reaccionar y empujar a la mujer, una bomba explotó en un lugar a su lado a unos pocos metros de distancia. Su cuerpo cayó por el fuerte impacto y su pierna izquierda fue aplastada por un pedazo de cemento que se desprendió de una pared y fue a dar hacia él. Apenas y pudo mantenerse consciente, y enseguida se desmayó sin darse cuenta que sobre él caía un polvo blanquecino.


So we have become alien... (8)