C29

Porque en tiempos de desesperación lo mejor que puedes hacer es aferrarte a la esperanza de que en algún punto las cosas volverán a ser funcionales. La productividad generada por el optimismo reinará aun cuando los días sigan viéndose grises y el panorama un tanto desolado. La esperanza de sentir aquellas mariposas que te idiotizan es el tesoro al que ahora el ser humano se aferra diariamente para poder soportar la incertidumbre de la paz que existía.

¿Quién ganará la guerra? Era la pregunta que circulaba en los panfletos y anuncios de las calles neoyorkinas. Pero yo me hacía otra pregunta a menudo: ¿algún día terminará la guerra? Pues Alemania e Inglaterra ahora atacaban a Rusia, quien por su parte atacaba a Estados Unidos, mientras Japón invadía China. Incluso Canadá había participado al atacar México pues éste país gozaba de pozos petroleros que ellos querían.

Jamás, en la historia de la humanidad, se había visto semejante atrocidad. Ya ni siquiera podíamos ser catalogados como seres humanos pues todos los actos que se estaban cometiendo mundialmente eran peor que los de los animales al cazar. Al menos se entendía que ellos lo hacían por instinto para su supervivencia mientras que nosotros…

Y así habían transcurrido ocho meses desde que inició la guerra. Ocho meses de alimentos enlatados, agua no potable, cero telecomunicaciones, ni medios de transporte. Sabíamos lo que estaba sucediendo en otros países únicamente por la difusión que el ejército daba. La mayoría de los ciudadanos vivíamos bajo tierra en módulos a los que llamábamos «refugios» sólo porque hasta ahora no habían sido atención para ataques. Se procuraba mantener un orden que sólo se veía afectado por ataques de histeria, suicidio, desesperación o todas las anteriores. Y para no enloquecer yo también y cometer algún acto que seguía siendo socialmente no aceptado, fue que decidí voluntariarme como maestra para los niños de entre 6 y 10 años. No eran tantos en el refugio donde me hallaba, pero al menos diariamente tenía motivos para levantarme de cama, asearme y regalar una sonrisa. Las clases básicamente consistían de pláticas donde les contaba historias acerca de mis viajes para luego hacerles preguntas y que de esa manera ellos aprendieran a escuchar y prestar atención. Les regalaba un dulce por cada respuesta correcta y luego hacíamos dinámicas en equipo donde los ponía a dibujar, resolver rompecabezas, adivinanzas o alguna otra actividad.

Adam me visitaba diariamente y siempre me llevaba un chocolate o café con azúcar. Sin darme cuenta, para cuando terminaba las clases y pasaba un rato ayudando a la madre superiora a desempacar la ropa o trastes que traían como ayuda, sentía la emoción de saber que faltaba poco menos para que él llegara y pasar largas horas platicando y riendo en el jardín de la iglesia. Incluso en un par de ocasiones me llevó de contrabando a una de las bases en donde el sargento encargado era amigo suyo y nos dejaba subir los 28 pisos de aquél edificio que anteriormente habían sido oficinas bancarias, y fumábamos hierba mientras veíamos las estrellas.

— Tengo buenas noticias —dijo esa tarde mientras me abrazaba. Me entregó un chocolate con almendras y el vaso con café caliente que olía delicioso.

— ¿Qué son? —pregunté curiosa y él sonrió. Volteó alrededor para revisar que no estuvieran escuchándonos y se acercó a mí.

— Te puedo llevar conmigo a Londres —abrí los ojos como platos y ahogué un grito de emoción cuando él puso un dedo en sus labios pidiéndome que no fuera a hablar—. No será sencillo y antes de eso tendrás que… firmar un documento —sus ojos me miraban evaluando mis reacciones gestuales y me mojé los labios asintiendo solamente.

— Lo que sea necesario.

— Tenemos que hablar, pero no aquí. Ven, sígueme —me tomó del brazo y me llevó hasta su camioneta. Condujo en silencio por entre las arruinadas calles de Brooklyn y pensé que iríamos al mismo edificio de siempre pero él tomó otro rumbo.

— ¿A dónde vamos?

— Ya lo verás —una vez que estuvimos suficientemente alejados de la iglesia y las siguientes bases militares, él pareció relajarse pues aflojó sus brazos del volante.

— ¿Cómo vas a llevarme allá? —me miró de reojo y sonrió.

— Eres muy curiosa, Yagami.

— ¡Adam! —golpee ligeramente su brazo derecho y él se echó a reír. Le di un trago al café pero no le quitaba los ojos de encima esperando que hablara.

— Aquí es —dijo él en cambio. Me giré para ver el vecindario. Frente a nosotros estaba un enorme edificio que parecía haber sido un hotel. Adam se bajó de la camioneta, girándose para abrirme la puerta.

— ¿Vives aquí? —pregunté cuando lo vi que entró. Él asintió y me indicó con una mano que lo siguiera.

Subimos por las escaleras de emergencia hasta el onceavo piso. Debo decir que a mitad de camino tuve que detenerme a tomar aire y me di cuenta de que ya no tenía la misma condición física que antes. Debía empezar a hacer ejercicio nuevamente. Fuimos a dar a un pasillo iluminado por luces de emergencia y de uno de los cuartos salió otro soldado. Llevaba una playera interior blanca y sus pantalones militares.

— Garner. Qué sorpresa verte aquí.

— Josh, ella es Kari —saludé al joven de ojos marrones quien me regaló una cálida sonrisa—. Kari, él es Josh.

— Un gusto conocerte —sonreí simplemente y me volví a mi amigo quien parecía algo nervioso—. Los muchachos de la 42 harán una fiesta en el Hard Rock esta noche. ¿Vas a ir?

— Marco me había comentado algo. Quizás sí.

— Excelente. Tú también puedes venir, si quieres —me dijo Josh y yo asentí. El soldado se fue y yo seguí a Adam hasta el final del pasillo, dimos vuelta a la izquierda y enseguida había una puerta en la que entramos.

La habitación de ese hotel era preciosa. Hacia la izquierda en la entrada estaba el baño que tenía una tina blanca en la que se me antojó entrar y no salir. Enseguida había una pequeña sala conformada por tres sillones, una televisión en la pared, cama King size, un escritorio y dos burós. Todo el piso estaba alfombrado y olía a incienso y canela.

— Ponte cómoda —dijo Adam, quien se acercó a un buró y encendió la televisión—. ¿Tienes hambre? —asentí y él sonrió—. Pediré que nos hagan una pizza, ¿se te antoja?

— ¿Bromeas? Hace años que no pruebo una y estoy muriendo por volver a sentir el queso en mis labios —Adam se echó a reír y levantó el teléfono que se hallaba sobre el buró y enseguida le pidió a alguien una pizza grande de peperoni y dos refrescos en lata—. ¿Qué es esto? —pregunté mientras curioseaba entre los armarios donde había algo de ropa y muchos uniformes. Todos iguales.

— Aquí vivimos los de la base Brooklyn bridge. Hace tiempo que adecuaron el hotel para que estuviéramos cómodos mientras descansamos.

— Vaya, a ustedes sí que les dan privilegios —suspiré profundamente. Fui a sentarme a su lado en la cama.

— Y hablando de privilegios… —se incorporó para verme de frente pero sin ponerse de pie—. Me iré a Londres a final de mes. Dos semanas y media, para ser exactos —mi corazón saltó de emoción al escucharlo y sus ojos azules me parecieron brillar de gusto—. La condición para poderte llevar conmigo es… —hizo silencio e inhaló aire profundamente—. La única condición es que te cases conmigo, Kari —de pronto sentí mi sangre helarse y por inercia me puse de pie como si se tratara de una amenaza. Él agachó la cabeza y permanecimos callados por un rato.

— Adam, yo…

— Si te conviertes en mi esposa automáticamente recibes un ticket de avión a donde sea que me manden, al menos, claro, que no quieras ir.

— Mierda… —exclamé quedamente y volví a sentarme mientras me llevé una mano a la boca para morder mis dedos. Estaba sintiéndome ansiosa.

— Sé que quizás sea mucho pedir pero créeme, Kari, que es la única opción si quieres volver a ver a TK. Y dadas las condiciones actuales, no sé si te convenga seguir esperando.

— ¿A qué te refieres? —él suspiró y se puso de pie. Comenzó a caminar alrededor mío lo cual me impacientó aún más.

— La guerra no va a terminar hasta que sea arrojada alguna bomba nuclear en uno de los continentes. Siguen los daños y nadie quiere ceder. Las condiciones irán deteriorándose y quizás no vuelva a haber vuelos en años —me llevé las manos a la boca para callar el grito de impresión. Si Adam lo decía debía ser cierto—. Mira, puedes darte una ducha, si quieres, mientras llega la pizza y piénsalo. Yo podría buscar a TK estando allá en caso de que no quieras ir conmigo pero… —se llevó una mano al cabello despeinándolo—. Me sería imposible andar moviéndome fuera de la base. En cambio si tú vas tendrás todo el tiempo necesario para ir a hospitales o lugares donde creas que él pueda estar —asentí simplemente y me mordí el labio.

— ¿Hay agua caliente? —Adam sonrió y asintió.

Entré a llenar la tina de baño y mientras el cuarto se llenaba de vapor me fui desvistiendo. Una parte de mí me gritaba que no dudara ni un segundo en aceptar la oferta del soldado pues el sentimiento que aún vivía por TK me impulsaba a cualquier acto irracional con tal de estar a su lado, mientras que otra parte de mí desconfiaba de la oferta. Si bien, era sólo matrimonio, y tanto él como yo sabíamos que la razón para hacerlo era a mi beneficio, pero… ¿y si había algo más? Después de todo, Adam seguía sintiendo algo por mí aunque no lo hubiera vuelto a decir. Sabía que le gustaba mucho aunque siempre mostró buenas intenciones, no tenía por qué desconfiar.

Entré a la tina sintiendo que cada célula de mi cuerpo agradecía sentir el agua calientita tocándola. Cerré los ojos y me relajé como hacía mucho tiempo no hacía. Por un momento llegué a sentirme como en casa, olvidándome de que afuera todo se había ido al carajo. Me unté varias de las lociones corporales que olían delicioso y duré un buen rato metida en el agua hasta que escuché que Adam conversaba con alguien.

Al salir procuré secar bien mi cabello con una toalla limpia y me puse una bata de baño blanca que estaba colgada en un perchero. Me miré en el espejo y mi semblante había cambiado mucho. Seguía teniendo las ojeras marcadas bajo mis ojos y había perdido mucho peso lo cual me hacía ver como una persona con algún trastorno alimenticio pero después de todo no estaba tan mal. Desenredé mi cabello que olía a shampoo de frutas y finalmente salí. Adam estaba sentado en el piso, se había cambiado el uniforme por una playera blanca y un pantalón de pijama azul de franela. Frente a él estaba una caja de pizza y sonrió al verme.

— Lamento haberme tardado —me senté a su lado y tomé una rebanada. Sí, estaba en el cielo.

— No hay problema —sin darme cuenta estaba comiendo muy rápido y el ojiazul no dejaba de verme. Sentía un apetito feroz y parecía como si las tres rebanadas que llevaba nunca hubieran pasado por mi boca.

— Esto… está delicioso —dije entre bocados.

— ¿Quieres ir a la fiesta esta noche? —lo miré por un momento mientras me limpiaba las manos en una servilleta.

— ¿Habrá alcohol?

— Sí —respondió riendo.

— ¿Droga?

— Hierba, tal vez.

— Sí voy —sonreí y él se echó a reír—. ¡Oye! Hace mucho que no me embriago ni me divierto propiamente.

— Claro, yo no voy a juzgarte. Estaré cuidándote, simplemente —ambos nos miramos como si fuésemos cómplices de algún crimen y sonreímos—. Bien, voy a darme un baño porque apesto a guardia de 13 horas.

— Oye, Adam… —lo detuve antes de que se fuera.

— ¿Si?

— Sobre casarnos… ¿qué pasará después? —él frunció el ceño y se mordió el labio.

— Pues, una vez que encuentres a TK nos divorciamos para que estés con él.

— ¿De verdad? —él asintió pero sin perder su postura seria—. ¿De verdad harías eso por mí? —Adam se inclinó a mi lado y nuestros rostros quedaron a centímetros de distancia.

— Haría lo que fuera por verte feliz, Kari.


I'm back! Chicos... estoy asustada. Escribí ésta historia hace un año, sin musa y con la única intención de plasmar en una trama mis anhelos, y qué creen? LOS VIVÍ. Así es. Conforme fui leyendo nuevamente cada capítulo para poder recordar el propósito de la trama me topé con ciertas líneas, escenarios y escenas que viví en verano en Manchester. No sé si mi subconsciente actuó estando allá en base al recuerdo de la historia o si de plano tengo boca de profeta pero incluso, véanos ahora... en medio de una "tercera guerra mundial". No me queda más que decir que las historias se hacen realidad.

Posteo el siguiente capítulo en el transcurso de ésta semana! :D