C33

Desperté sintiendo un escalofrío en la espalda y al girarme me percaté de que estaba desnuda. Las imágenes de lo que había ocurrido esa noche comenzaron a asaltar mi memoria y me senté repentinamente cubriéndome con la sábana blanca.

¿Qué rayos había hecho? ¡Me había acostado con Adam! ¡Con mi esposo!

La culpabilidad se hizo presente de mil maneras y tuve ganas de abrir la ventana y tirarme por el balcón, golpearme contra el frío concreto hasta desaparecer de éste mundo. No podía creer que me había entregado así a otro hombre…

Escondí el rostro entre mis piernas y solté un bufido esperando que nadie me escuchara.

— ¿Kari? —la voz de Adam hizo eco en la habitación y levanté la mirada sintiéndome terriblemente apenada. Él llevaba el torso desnudo y su pijama de franela, traía una bandeja en las manos que colocó en el buró junto a su lado de la cama… de la cama que compartimos.

— Buenos días —atiné a decir.

— ¿Todo bien? —asentí simplemente y sonreí. Él se sentó a mi lado, poniendo la bandeja en su regazo y me sirvió una taza de café—. ¿Con azúcar?

— Sí, por favor —me aclaré la garganta y le di un trago a la caliente y deliciosa bebida, manjar de dioses. Noté que él estaba tenso, quizás nervioso, y se limitaba a untar mermelada a un pan tostado evitando hacer contacto visual conmigo. Después de todo yo no era la única que había amanecido sintiéndose culpable—. ¿No se supone que tendrías una reunión?

— Le pedí al General que me disculpara y pospusiera la reunión para más tarde —asentí simplemente y le di una mordida al pan tostado que él me ofrecía—. Quería estar contigo —nos miramos y en ese momento volví a sentir el mismo impulso que me había llevado a entregarme a él. Abrí la boca intentando decir algo pero mis pensamientos estaban tan desordenados que me fue imposible emitir un sonido. Me mojé los labios e inhalé aire profundamente—. Kari, sobre lo que pasó anoche… —comenzó a decir él y me di cuenta que estaba casi tan desorientado como yo. ¿Y cómo no? Por muchos meses me rehusé a que sucediera algo entre nosotros pese a que sí, existía atracción, y ahora en una noche habíamos hecho… todo.

— Adam no… yo no sé…

— Kari —mi esposo me tomó de las manos sin dejar de mirarme fijamente a los ojos—. Tú sabes que siento algo por ti desde hace mucho. Te quiero, Kari, estoy enamorado de ti aunque… —hizo una pausa y comprendí que el solo hecho de pensarlo le hacía daño—. Aunque tú amas a alguien más —bajé el rostro sintiendo mis mejillas arder. ¿Por qué tenía que ser tan lindo?

Sabía que ahora era el momento de aclarar las cosas y pedirle que la situación no volviera a repetirse, finalmente él tenía razón, yo amaba a TK, lo de anoche había sido únicamente… ¿calentura? Un deseo reprimido desde hacía varios meses. Sólo eso. Mera pasión carnal. Lo que me preguntaba es si al vivir juntos esa pasión seguiría existiendo.

Había veces en que me arrepentía un poco de haber llevado una vida sexual activa con TK. Mi cuerpo se había acostumbrado a sus caricias diarias, a recibir besos y mordidas por doquier. Habíamos pasado del deseo sexual a la necesidad de estar juntos, desnudos, acariciándonos el alma con nuestro amor.

Madura ya, Hikari —escuché una voz interna gritarme con cierto enfado y suspiré profundamente.

— ¿Kari? —finalmente me armé de valor.

— Adam…. yo… tú sabes mejor que nadie la razón por la que acepté a casarme contigo y venir a vivir aquí. Si no fuese porque me ofreciste la oportunidad de reencontrarme con TK no me habría casado contigo —él asintió y dirigió su mirada a otro lado—. Lo de anoche fue…

— ¿Un error? —inquirió él con semblante bajo. Ha decir verdad ni yo misma podía afirmar si lo había sido o no, aún me hallaba muy perturbada ante tantas cosas y no quería acertar algo que ni yo misma estaba segura si era real o no. Me acerqué un poco a él y le acaricié una mejilla, Adam cerró los ojos ante mi tacto y fue ahí en donde la iluminación me golpeó como un rayo que cae a un árbol sin previo aviso y lo parte en dos, y supe que aunque no estaba enamorada, sí sentía algo por él, algo más allá de la gratitud y amistad.

— No eres un error, Adam. Nada de lo que ha pasado lo ha sido —solté de pronto sorprendiéndome de la seguridad con la que las palabras iban saliendo de mi mente—. Sólo estoy muy confundida y anoche… anoche me la pasé muy bien —él abrió los ojos sorprendido de mis palabras, y a decir verdad yo también lo estaba. Se acercó y me besó despacio, bajó sus manos hasta mi pecho bajando la sábana que cubría mi cuerpo pero me separé al darme cuenta de su intención.

— Lo siento, Kari, yo…

— No, no. Está bien —solté un bufido y sonreí—. Sólo que ahora no… no quiero que se repita… yo no… emmm…

— Está bien. Lo entiendo, preciosa —tomó una de mis manos dándome un tierno beso en la contrapalma y ambos nos miramos como si entendiéramos la complicidad del asunto—. Te dejaré para que termines de desayunar. Iré a darme un baño —asentí simplemente agradeciendo por dentro que me diera privacidad. Adam me besó la frente antes de levantarse y salir de la habitación.


— Pase por aquí, civil —un soldado de ojos castaños y cabello rubio le entregó una maleta a TK quien se hallaba agradeciendo que hubiera terminado su turno de esperar en la enorme línea de reclutamiento.

— Gracias —el rubio se encaminó hacia donde estaba Dominic, un eslovaco que había conocido en el camión cuando los trasladaban a Londres y con quien había hecho buenas migas.

— ¿Qué cuartel te tocó? —preguntó Dominic con su voz ronca. Era un hombre de 36 años, piel muy blanca, ojos azules y cabello castaño rizado.

— A-811. ¿A ti?

— El mismo —TK sonrió sintiéndose feliz de poder saber que pasara lo que pasara contaría con el apoyo de alguien al menos.

A lo que los soldados llamaban cuartel se trataba de una habitación muy grande conformada por al menos una docena de camas literas individuales y cada uno tenía baños y regaderas similares a los de un gimnasio. Para fortuna de ellos podían elegir dónde querían dormir así que tomaron una litera para compartir, TK dormiría arriba. Cambiaron su ropa por el uniforme militar y, dado que aún tenían una media hora en lo que el alojamiento terminaba antes de pasar a la primera junta oficial con el ejército de Francia y Reino Unido por lo que fueron a dar una vuelta por la base.

El lugar estaba lleno de hombres de todas las edades, incluso había muchachos que no aparentaban más de dieciséis años. Asiáticos, británicos, alemanes, latinos… todos vistiendo el mismo atuendo verde militar, algunos llevados ahí a la fuerza, otros dejándose guiar por su deber cívico, pero finalmente buscando una misma causa: poner fin a la guerra y dar inicio a la era de la paz.

Siendo el clima característico de Londres, la lluvia se hizo presente durante un rato. TK y Dominic se hallaban sentados en una fuente, fumando, mientras esperaban ser llamados a la audiencia. Por alguna razón el rubio se sentía inquieto, como si de un malpresentimiento se tratara. Se preguntaba si quizás su impulso lo llevó a cometer un error, si tal vez no debió haberse alejado así de su familia y hubiera tratado el tema con su madre de otra forma…

— ¿En qué piensas? —preguntó el eslovaco tras darle una calada a su cigarrillo. TK sólo negó con la cabeza e hizo lo mismo—. No creo que nos envíen a matar gente —soltó el castaño de pronto haciendo que los enormes ojos azules del rubio se abrieran de par en par. Aquella era una escena que no había contemplado en todo ese rato.

— Pensaba en mi familia.

— Así que sí tienes familia, ¿eh? —TK asintió y le dio otra calada a su cigarro—. ¿Y en dónde viven?

— París. Yo vivía con ellos.

— ¿Y por qué te enlistaste en el ejército? —Dominic soltó una risa burlona y se puso de pie, tirando la colilla de su cigarro—. Tenías la fortuna de estar con ellos.

— Atención —se escuchó una voz gruesa por el altoparlante—. Pasen a la Sala General para dar inicio a la ceremonia —TK sólo sonrió y apagó su cigarrillo.

— Vámonos —atinó a decir.

La Sala General pronto comenzó a llenarse de hombres uniformados, sólo aquellos que ya formaban parte del ejército lograban identificarse por las medallas e insignias en su uniforme. Varios sargentos comenzaron a dar la bienvenida a los nuevos reclutados hasta darle entrada al sargento en mando quien se encargó de explicar la situación actual del país y una reseña general con los hechos pasados en meses anteriores. Era increíble que todo hubiese comenzado por un acto irracional cargado de odio hacia la cultura americana quien no tardó en defenderse, llevándose de encuentro a otros aliados que al verse amenazados comenzaron a atacar y así fue formándose la guerra. Finalmente se formaron cuatro tropas cada una con aproximadamente 70 hombres que serían enviados a diferentes partes de Reino Unido y Alemania, pues Francia se había unido a luchar con ellos. TK y Dominic fueron asignados a la base Her Majesty's Naval Base, Clyde establecida al norte casi pegada a Escocia.

Casi dos horas luego les pidieron a todos que fuesen a otra sala que se había acondicionado como cafetería pues a primera hora en la mañana los llevarían a sus respectivas bases. TK salió con Dominic, ambos quedaron pasmados al sentir el viento helado de la noche golpear sus rostros, y se apresuraron a llegar por su cena. Mientras hacían fila esperando que les sirvieran su aperitivo, el rubio se percató de la presencia de una chica a lo lejos, llevaba un bonito vestido con detalles de encaje en color esmeralda, botas negras y su cabello castaño trenzado hacia un lado. Le pareció que era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.

— ¡Hey, muchacho! —TK reaccionó al escuchar a Dominic gritándole. Se dio cuenta que era su turno para tomar su plato de comida y se sintió estúpidamente ridículo al haberse distraído así—. Es bonita, ¿verdad? —el rubio asintió—. Pero está casada —Dominic apuntó hacia aquella chica quien portaba un elegante anillo de oro que brillaba bajo la blanca iluminación del cuarto. Fue entonces que TK se percató que quien estaba a su lado era un oficial de alto mando quien portaba una sortija similar a la de ella.

— Sólo es… atractiva —en ese momento el oficial rubio se acercó a besar a su esposa. Takeru soltó un fuerte suspiro y sintió como si en ese momento una parte de su interior se desmoronara.

Finalmente el Sargento y su esposa se acercaron a aquella pareja, invitándolos a salir con ellos. Claro estaba que no comerían ahí esa noche. TK siguió a Dominic hasta encontrar lugar en una mesa al otro extremo del salón sin percatarse que al pasar al lado de la realeza, aquella joven de cabello castaño lo miraba detenidamente intentando descifrar si se trataba de un sueño o realmente estaba viviendo ese momento.


Gracias por sus reviews! En verdad extrañaba estar por estos rumbos :D