C35

Seis meses después…

Nada se siente como antes ya. Poco a poco la esperanza de volver a verlo va abandonando mi cuerpo cansado de esperar esos abrazos que no llegan, de recibir besos que no llenan, de mirar el amor pasando entre otros, como si éste fuese comida y yo estuviera muriendo de hambre.

Y es que no estoy segura de que esperar sea la mejor de mis opciones. Ha decir verdad, ni siquiera sé si tengo más opciones. Sólo sé que estar aquí, haciendo lo que hace arder mi alma en pasión ahora ya ni siquiera logra consumir una cuarta parte. Nada se siente como antes ya.

¿Pero qué hacer? No importa que cambie de lugar, que vea otro cielo al amanecer, que haya hecho una sacudida radical al grupo de personas que me rodean. No importa que mi rutina sea distinta, que haga algo nuevo cada día por el simple hecho de cambiar… la ausencia sigue lastimando el corazoncito. Y es que encuentro sus ojos en el café que me preparo por las mañanas, respiro su aroma al correr en un nuevo parque por las tardes, escucho su risa cuando miro al cielo preguntándome qué se sentirá estar allá, en el vasto espacio, muy lejos de éste planeta.

Viajar era mi actividad favorita antes de probar sus labios. Ahora busco aire cada que deambulo por los pasillos de un aeropuerto muerta en ansia por el deseo de que la vida me permita, aunque sea por unos segundos, mirarlo nuevamente mientras le entrega su boleto a alguna azafata para abordar.

No pienso que la vida sea cruel por haber obrado a su manera tan terca, dejándome ahí con mil preguntas, cuestionando mis acciones, pensando en que quizás debí haber tomado otras decisiones. Aún con la poca o mucha culpa que he llegado a sentir por no haber hecho las cosas de otra manera, sigo pensando que fue lo más maravilloso que haya podido ocurrirme hasta ahora. Creo que ésta vez sí puedo asegurar que difícilmente llegará alguien más que logre hacerme sentir como él…

Pero, ¿quién soy yo para hablar del amor? Si voy huyendo de su dulce recuerdo para envolverme en una realidad un tanto más amarga y picante. Si cuando me preguntan si lo extraño tengo que ordenarle a mis venas que aprieten al corazón para que no vaya a gritar que sí, que cada segundo lo extraño un poco más. Y es que aunque intente elegir el rol de la mujer cínica, fuerte e independiente… mi interior está agrietado porque cuando él se fue, arranqué una de mis partes favoritas en las paredes del corazón y se la entregué, esperando que la conservara, que no me olvidara… y reconstruirla no está siendo nada sencillo. Los parches que he puesto a veces no son suficientes cuando la tormenta de tristeza cae por extrañarlo y entonces las lágrimas se drenan en él, ahogando cada cuarto, cada deseo, cada anhelo que tengo por realizar en esta vida, y que se aferran fuertemente para no salir por mis ojos.

Y entonces me pregunto ¿qué es el amor? Pues mientras unos afirman que es dar media vuelta cuando alguien te ha dado la espalda y no desea saber de ti, y caminar en su dirección opuesta sin voltear atrás, otros me dicen que es arriesgar la vida a pesar del rechazo e ir para demostrarle que es importante, que su existencia tiene ahora un nuevo propósito: hacerme sonreír.

Ojalá y no hubiese pasado en esta etapa. Aunque creo en la certeza de que todo llega en el momento perfecto, a veces deseo que él no lo hubiera hecho, y menos con su montón de consecuencias arraigadas a mis causas que a diario me recuerdan su existencia. Y entonces los recuerdos y las dudas llegan… no he conocido a alguien que me diga que esto va a terminar, por el contrario, me afirman que es algo destinado a ser. Eterno.

Y entonces me pongo a pensar en si podré aguantar una eternidad viviendo de su recuerdo, manteniéndome en soledad, y mis labios dibujan una sonrisa que no me permite dudar de mi capacidad de esperar por toda esa eternidad.

Caí en la cuenta de que no iba a querer a alguien más como a él. Me sería imposible volver a entregarme de la manera en que lo hice con TK por el simple hecho de que junto a él se había ido una parte de mí que jamás podría recuperar. Adam era grandioso y sin duda alguna lo apreciaba muchísimo pero jamás llegaría a sentir por él lo que siento por TK.

— Hola, preciosa —saludó mi esposo al entrar jovialmente a la habitación. Yo acababa de darme un baño y estaba sentada en el umbral de la ventana. Acababa de tomar Lolita del buró y estaba dispuesta a acabar los últimos tres capítulos del libro.

— Hola —él se acercó y me dio un beso en la mejilla. Olía a tabaco y whiskey—. ¿Estuviste con el Comandante? —Adam asintió y comenzó a quitarse el uniforme.

— Así es. Tendremos que ir a Liverpool por la mañana.

— ¿Cuánto tiempo estarás allá?

— Una semana, quizás dos. Nos reuniremos con militares de Stuttgart que desean unirse a nosotros.

— Oh —puse el libro sobre mis piernas y me quedé viendo cómo poco a poco él se iba despojando de sus prendas hasta quedar en ropa interior. Sirvió dos vasos con whiskey y mucho hielo y me ofreció uno. Tuve que moverme para que se sentara al pie del umbral.

— Es probable que volviendo envíen una tropa a Lyon —mis ojos se abrieron apenas escuché el nombre de la ciudad y sentí el calor de mi cuerpo subiendo hasta mis mejillas.

— ¿Francia? ¿Vamos… vas… irás? —atiné a preguntar, aún sin caber en tanta emoción.

— Claro. Pediré que nos transfieran allá —sus ojos azules me miraron pasivamente como evaluando mi reacción y enseguida le dio un buen trago a su bebida.

— ¿Qué pasa? —él medio sonrió y comenzó a acariciarme una pierna. Yo llevaba un camisón de seda en color morado con detalles de encaje en la parte del busto. Adara me lo había regalado una noche cuando volvió de Milán.

— Kari, ha habido tantas muertes en los últimos meses. Francia e Italia se han visto más afectados… tú… en serio crees…

— ¿Que si encontraré a TK? —él asintió y se terminó el whiskey de un solo trago. Suspiré profundamente e hice lo mismo con mi bebida. Aquella era la pregunta que todos los días rondaba por mi mente y en la mayoría de las veces me hacía perder el sueño y el hambre como si de un cáncer que me consumía rápidamente se tratara—. Hay días en que siento que no. Hay días en donde mi fe está tan elevada que siento que en cualquier momento él aparecerá entre la multitud, pero… —hice un pausa pues sólo con pensar en ello me hacía sentir triste—. Pero teniendo que vivir realistamente la verdad cada día pierdo un poco más la esperanza de volverlo a ver —en ese momento resbalaron un par de lágrimas por mis mejillas y Adam se acercó y las limpió con los nudillos. Me moví para abrazarlo y oculté mi rostro en su pecho mientras él suavemente me acariciaba la espalda.

Era en esas ocasiones en donde más agradecida me sentía con la vida al haberlo conocido pues de no haber tenido a quién abrazar o de quién sentir consuelo quizás ya habría cometido alguna locura fatal. Finalmente Adam ejercía bien su papel de esposo llevando a cabo la frase de «estaré contigo en las buenas y en las malas…». No era esta la primera vez que me ponía a llorar ante el recuerdo de TK y él me extendía los brazos para permitir que mi alma se drenara.


Sus dedos resbalaron por las curvas que formaban los senos y la cintura de ella y fueron a parar a su abdomen provocando que la chica se arqueara al sentirlos deslizarse lentamente hasta su entrepierna. Apenas y un roce de la yema de los dedos en su zona íntima y a ella se le escapó un gemido entre besos.

— Soldado… —farfulló con la respiración agitada y el rubio levantó el rostro para besarle el cuello.

— Maggy… —respondió él al tiempo que se desabrochaba el pantalón. La pelirroja lo ayudó a quitarse la prenda y enseguida enredó sus piernas en la cadera de TK.

Llevaban casi cinco meses de tener aquellos encuentros fortuitos durante las noches y en tiempos de descanso de ambos. Maggy era una guapa australiana comprometida con el Sargento Marrs, quien además de ser jefe de Takeru, le doblaba la edad.

Se encontraban instalados en Clyde, y desde que llegaron ahí TK no había vuelto a tener comunicación con su familia. Tras pasar un insoportable mes lleno de coraje y decepción, finalmente se dejó llevar por el consejo de Dominic y disfrutar la vida que ahora tenía, consistiendo básicamente de juntas y entrenamiento durante el día, alcohol, sexo y drogas por las noches. A esto último no tardó en acostumbrarse pues algo adentro de él le parecía familiar aquella sensación de despreocupación.

TK penetró a la pelirroja lentamente provocando que la chica aferrara sus uñas a su espalda dejando marcas rojas sobre su piel. Sus ojos azules se posaron sobre los aceitunados ojos de ella y conforme iba entrando y saliendo, Maggy lo tomó del cabello y lo atrajo hacia ella para besarlo. El ritmo aceleró provocando la intensidad de un orgasmo en ambos.

El rubio se tendió al lado de ella y encendió un cigarrillo ofreciéndole otro a la pelirroja quien lo aceptó.

— Deberíamos dejar de vernos, soldado —dijo ella tras exhalar el humo por su boca—. No sé si se le ha olvidado pero soy una mujer comprometida —alzó su mano izquierda para hacer resaltar el precioso anillo de oro blanco que había recibido de compromiso.

— ¿Es lo que quieres? —inquirió TK arqueando su ceja izquierda y ella lo miró fijamente. No, definitivamente no era lo que quería, pero a esas alturas del partido sabía que sus sentimientos estaban más que comprometidos y ligados al joven Takaishi y tan sólo imaginar sus noches sin besarlo, sin probar la intensidad de sus caricias y aquella forma tan varonil que tenía de hacerla suya, le costaba demasiado. Ante el silencio el rubio entendió cuál era la respuesta y enseguida se acercó a besarla sin percatarse de que estaban siendo observados aquella estrellada y fría noche de invierno.


Sunday, I'm in love!