Miércoles 24 de diciembre del 2014.
10:31 PM.
Los créditos del especial navideño de Rugrats Crecidos tenían pocos segundos de haber terminado, y Phoebe aún estaba sentada en el sofá. Sus papás y sus hermanos se habían ido a sus habitaciones poco después de que la cena terminara, pero ella quiso quedarse a ver la tele un rato antes de irse a dormir. Así fue como encontró el especial de uno de los programas favoritos de su infancia. Al instante recordó cuando era niña y se pasaba las tardes viendo esa caricatura junto con su hermano Max.
En ese entonces Billy y Nora todavía no habían nacido, así que aparte de sus padres, sólo se tenían el uno al otro. Definitivamente los gemelos eran muy unidos en el pasado.
Phoebe sonrió con ese recuerdo y sin más, apagó la televisión, dejó el control en el sofá y se puso de pie. Vio por unos segundos la pantalla de su teléfono y se dio cuenta de que ya pasaban de las 10, así decidió que ya era hora de dormir. Esto porque aparte de decorar la guarida de Max, también había hecho muchas otras cosas durante el día y se sentía muy cansada, así que luego de mover el interruptor con su telekinesis, las luces de la sala se apagaron, dejándola completamente a oscuras.
Entonces se dirigió hacia su habitación muy cuidadosamente, iluminando su camino con el flash de su celular. No había ningún ruido en toda la casa, y mientras caminaba por el pasillo que separaba su habitación de la de sus padres, solo alcanzaba a escuchar el ligero sonido de sus botas con cada paso que daba. Cuando por fin llegó a su cuarto, abrió la puerta lentamente y entró sin hacer ningún ruido. No quería despertar a nadie.
10:43 PM.
Dentro de su habitación todo estaba incluso más oscuro que fuera de ella. Se acercó al buró que tenía al lado de su cama para encender su lámpara, y al instante avivó su habitación con una cálida luz, suficiente para prescindir del teléfono. La luz de su lámpara era muy tenue pero eso bastaba para cambiarse de ropa. Hizo a un lado su bonito look de suéter blanco con líneas negras y jeans azules, para vestirse con una cómoda pijama de suéter rojo y pantalón verde, con varios estampados de Santa Claus. Un regalo que le dio Barb el año pasado.
Estando lista y con muchísimo sueño encima, finalmente Phoebe se acostó en su cama, se cubrió con un par de sábanas y enseguida extendió su brazo para poner su celular sobre el buró y luego apagó la lámpara, dejando que la oscuridad cubriera nuevamente su habitación. Afuera ya comenzaba a hacer un poco más de frío, por lo que se abrazó a su almohada favorita buscando tener más calidez para así dormir más cómoda.
Pero apenas pasaron un par de segundos, y algo hizo que posara su vista en la ventana que tenía junto a su cama. Soltó su almohada inconscientemente, quedando maravillada con lo que vio afuera. Allá en el cielo, pudo ver una enorme luna llena.
"¡Wow! ¡Se ve hermosa!" Susurró Phoebe, mientras observaba la luna atentamente.
Se abrazó a su almohada otra vez y continuó viendo ese acontecimiento astronómico. Esa noche el cielo estaba despejado y había pocas estrellas ahí, por lo que a este punto, ver la luna entre la oscuridad resultaba más fácil. Permaneció así por varios minutos, contemplándola y sonriendo en silencio, maravillada por su magnificencia. Pero sin que ella se diera cuenta, Max volvió súbitamente a sus pensamientos.
Se preguntaba cómo era posible que aún siguiera con su etapa de súper villano. Ella siempre ha pensado que Max tiene un buen corazón y que sólo necesita que se acerquen a él para comprenderlo. Nunca creyó que él pudiera ser capaz de convertirse en un cruel súper villano. Ella siempre lo ha apoyado sin importar cuantas veces que decepcione, pero en ocasiones Phoebe tenía sus dudas, y no sabía si eso sería suficiente para él.
En frente a los demás, ella finge que le gusta pelear con él, pero jamás se atrevería a confesar que en realidad le aterra pensar, que en el futuro Max pueda convertirse en un peligroso villano al que tenga que detener. Incluso ha tenido pesadillas sobre eso, las más terribles son en las que Max se vuelve en su contra y se alía con otros villanos para combatirla a ella y a su familia. Algunas veces despertaba sobresaltada y con lágrimas en los ojos.
Phoebe giró a su izquierda, y dejando de ver la luna, deseó con todas sus fuerzas que ese día jamás llegara. Ella estaría destrozada si en el futuro su propio gemelo la traicionara y le diera la espalda, pues ese día su peor pesadilla se estaría haciendo realidad. Pero Phoebe quiso dejar de pensar en eso, y prefirió imaginarse cómo sería si Max aceptara su vida como héroe y se uniera a ella para luchar contra el crimen. Sin duda alguna, nada la haría más feliz que pelear a su lado, los dos con sus propias capas y con sus poderes completamente desarrollados. Casi podía verlo.
Y mientras abrazaba más fuerte su almohada, con esa pequeña ilusión reproduciéndose en su mente, una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro mientras pensaba:
"Si tan solo fueras diferente..."
Y entonces, cerró sus ojos lentamente, cayendo al fin en un profundo sueño. Segundos después, una estrella fugaz se alcanza a ver a través de su ventana, hasta que se pierde en el cielo.
Jueves 25 de diciembre del 2014
07:15 AM
Por la mañana, Phoebe aún dormía plácidamente en su cuarto. Lucía tan tranquila que incluso parecía que aún conservaba un rastro de esa sonrisa con la que se durmió la noche anterior. Pero de pronto, su sueño se vio interrumpido cuando escuchó unos ruidos a lo lejos. Tardó un poco en despertar completamente y darse cuenta de que tales sonidos eran reales y no parte de un sueño, así que cuando se sentó en la cama, puso más atención y alcanzó a escuchar lo que parecían ser cascabeles navideños.
Se levantó de su cama muy rápido, se puso sus botas verdes y salió de su habitación para ver de dónde provenían esos cascabeles. Al salir de ahí, se encontró con Hank y Barb saliendo de su recámara. Supuso que ese ruido también los había despertado, pero a diferencia de ella, sus padres no se veían preocupados ni extrañados por lo que ocurría. De hecho iban muy contentos.
"¿Qué es eso? ¿Quién hace tanto ruido?" Le preguntó a Barb, sin saber lo que pasaba.
"¿Tú quién crees?" Respondió ella sonriendo.
"Vamos Phoebe, corre." Agregó Hank, tomando a Barb de la mano.
Ambos siguieron caminando por el pasillo dejando a Phoebe sola, con una rara expresión. Poco después, Billy y Nora salieron de su habitación para alcanzarlos. Notó que iban igual de felices que sus papás, y solo alcanzó a escuchar a Billy diciéndole a lo lejos:
"¡Corre Phoebe, te perderás el budín de higo!"
"¿Budín de higo? Yo no hice budín de higo." Pensó Phoebe, un poco confundida.
Entonces siguió caminando hasta que por fin llegó a las escaleras. Y mientras las bajaba, se quedó impactada con lo que vio ahí.
"¡Despierten dormilones, es navidad!" Exclamó Max muy entusiasmado, para después empezar a abrazar a Billy y Nora.
Max Thunderman estaba junto al árbol de navidad, vestido con un traje verde y agitando unos cascabeles tan fuerte como podía.
"¡Feliz navidad mi hermosa familia!" Les dijo a todos sin dejar de sonreir.
Después hizo a un lado los cascabeles para tomar un plato con algo encima.
"¿Quién creen que hizo, budín de higo?" Les preguntó, luego de probarlo con su dedo.
"¡Yo quiero budín!" Dijo Billy, casi gritando de emoción.
Todos estaban ya en la sala, esperando a Phoebe, quien después de bajar las escaleras, cruzó su mirada con la de Max, y su expresión no podía reflejar más que confusión, después de ver lo que tenía frente a ella, sobre todo cuando Max le sonrió y extendió sus brazos diciéndole:
"¡Feliz navidad Pheebs!"
Ella seguía muy confundida, no entendía por qué Max actuaba así. No estaba segura de si debía acercarse y abrazarlo o mantenerse su distancia, pues realmente pensaba que estaba tramando una broma. Dudó sólo por unos segundos, que a ella le parecieron interminables. Pero entonces Max puso atención en su rostro y le preguntó:
"¿Qué pasa Phoebe? ¿No hay abrazo para tu gemelo?"
Luego de escuchar su pregunta, Phoebe se acercó a él lentamente y le dio un abrazo. Pero estando con él así, Phoebe sintió algo desconocido. No recordaba la última vez en que estuvo así de cerca de Max, con sus brazos rodeando su cuello. Normalmente después de abrazarlo, él la apartaría de él, le estiraría el cabello de forma molesta o le jugaría alguna broma cruel, pero no esta vez. Esta vez fue un cálido abrazo entre gemelos.
Phoebe no pudo evitar sentirse un poco extraña mientras lo abrazaba, pero al sentir sus brazos rodeando su cintura, poco a poco su preocupación se fue desvaneciendo y comenzó a sentirse más cómoda con él. Sin embargo, el fuerte ritmo que había tomado su corazón desde el minuto en que se acercó a Max, no había disminuido ni un poco.
"Feliz navidad Max." Le dijo Phoebe, muy contenta.
Ella no supo cuánto tiempo duró su abrazo, pero cuando al fin se separaron, algo dentro de ella la hizo preguntarse si lo que estaba viendo no era más que una broma muy bien planeada por él. Era imposible que él se levantara tan temprano solo para preparar budín de higo, decirle feliz navidad a toda la familia, o incluso abrazarla sin que Barb se lo pidiera antes.
"¿Qué están esperando? ¡Abran sus regalos!" Les dijo Max, mientras tomaba varias cajas del árbol navideño para entregárselas a cada uno.
Phoebe seguía en shock, hace una semana él le había dicho que se resistiría a la navidad mientras viviera, y ahora estaba frente a ellos repartiendo regalos, vestido como duende de Santa Claus, y la parte más rara es ella parecía ser la única en notar que había algo raro con Max, los demás actuaban como si no pasara nada.
Todos se pusieron a abrir los regalos con gran emoción, mientras Phoebe se quedó con el suyo sobre sus piernas. Sus ojos apenas podían creer lo que presenciaban, y por mucho que lo intentó, no pudo dejar de mirarlo. Él no se dio cuenta de esto porque estaba muy concentrado viendo los regalos de la familia. Barb no podía estar más feliz con la bufanda azul que recibió de Nora, a Hank le encantó la billetera que Phoebe le dio, Billy no dejó de sonreír al ver el videojuego que se auto regaló y Max dibujó una grande sonrisa en su rostro cuando vio que Barb le regaló un gorro de color negro.
"Gracias mamá." Le dijo Max a Barb en cuanto vio su regalo.
"Oh, por nada cariño." Le respondió ella.
Todo este tiempo, Phoebe estuvo viendo las reacciones de Max cada vez que abrían un regalo y no podía creerlo. Pero luego de ver lo feliz que se puso al abrir su obsequio, fue lo que más la sorprendió. Se asombró tanto que ya no pudo ocultar todas las dudas que cruzaban por su mente, y su cara la estaba traicionando. De repente escuchó la voz de su gemelo, sacándola de sus pensamientos:
"Phoebe, ¿por qué no abres tu regalo? ¿Te sientes bien?" Le preguntó Max acercándose a ella, para después poner su mano derecha en su frente, temiendo que pudiera tener fiebre.
El solo contacto de su mano con su rostro hizo que su corazón se acelerara como hace unos momentos. Max nunca mostró tal preocupación antes, y eso la puso incluso más nerviosa.
"Si... si estoy bien..." Respondió ella, tratando de concentrarse en lo que decía.
Enseguida, Phoebe procedió a abrir su regalo, y una vez que expuso el interior de esa bonita caja plateada, sacó unas zapatillas de ballet, el obsequio de papá. Esto la puso muy feliz porque luego de un año completo de prácticas en su clase de ballet, ya necesitaba unas nuevas. Sin duda les daría un buen uso.
La única que faltaba era Nora, así que después de que Phoebe le agradeció a Hank por su regalo, ella se puso a abrir el suyo. Temiendo lo peor, Phoebe observó a su hermanita un poco preocupada, pues no olvidaba la amenaza que le había hecho Max hace una semana. Pero su preocupación desapareció cuando vio el contenido de esa bonita caja navideña. La pequeña sacó un cojín con forma de moño.
"¡Gracias Max!" Exclamó la pequeña, justo antes de correr para abrazar a su hermano.
"Por nada Nora. Ahora, ¿por qué no salimos al patio para hacer hombres de nieve?" Dijo Max, muy entusiasmado.
"¿Hombres de nieve? Pero si no hay..." Trató de decir Nora.
Entonces todos voltearon inmediatamente a la puerta de al lado y vieron que afuera estaba nevando, cosa que los tomó por sorpresa, y sin pensarlo dos veces, se pusieron de pie y salieron corriendo al patio para jugar en la nieve juntos. Salieron todos excepto los gemelos.
"¿Estoy soñando?" Pensó Phoebe, mientras veía a su familia jugando en el patio.
Esa sería la única explicación, pero al ver lo felices que estaban todos, Phoebe dejó atrás sus dudas y preocupaciones y trató de no pensar en eso. Aún no sabía la razón del repentino cambio de Max. No tenía idea si todo era parte de un milagro navideño y Max finalmente había decidido mostrar ese buen corazón que ella siempre supo que tenía, o si en realidad todo se trataba de un sueño. Y de hecho ya no le importaba; a ella le encantaba este nuevo Max Thunderman.
En eso pensaba cuando de pronto alguien tomó su mano, y al instante la hizo sentir como si el tiempo se hubiera detenido.
"¿Vienes Pheebs?" Le preguntó Max mientras le regalaba la mejor de sus sonrisas.
"Si." Respondió ella, sonrojándose un poco por la repentina acción de su hermano.
Momentos después todos se encontraban en el patio, jugando juntos con la nieve como si no hubiera un mañana. Hicieron de todo, construyeron dos enormes hombres de nieve con ayuda de Hank y Barb, los niños formaron angelitos de nieve en el suelo, e incluso organizaron una pequeña guerra de bolas de nieve, con telekinesis y todo, pero que terminó con un par de gnomos de jardín rotos en el patio de la señora Wong.
"No se preocupe señora Wong yo se los pago." Le aseguró Max, desde el muro de su patio.
Phoebe estaba anonadada con las palabras de su hermano, incluso se pellizcó el brazo un par de veces, sólo para ver si estaba soñando, pero todo parecía ser real. Sin duda alguna podía acostumbrarse a esto.
Continuará...
