Después de haber andado por poco menos de una hora, Seth se fue detrás de un árbol, sin duda a cambiar de fase.
Volvió en menos de un minuto con una playera azul y unos shorts.
Leah acaba de informarme algo-me dijo cuando volvimos a andar por el bosque, esquivando ramas.
¿Son buenas noticias?-pregunté esperanzada.
No...acaban de desaparecer Quil y Embry-mientras me daba la noticia, se veía triste.
La pequeña esperanza que habá crecido como un globo se había ido, como si la hubiesen pinchado con una aguja.
No te preocupes-le dije cuando dimos vuelta y vimos una pequeña parte de la carretera.
Habiamos pasado unos cuantos minutos caminando a buen paso, pero en el cielo nublado se alcanzaban a ver pinceladas amarillas y naranjas.
Va a amanecer pronto-observó Seth-Apenas hemos recorrido ciento veinte kilómetros
Comenzamos a correr de nuevo, incluso en su forma humana, Seth corría a gran velocidad por el bosque, saltando las raíces que sobresalían del suelo.
No habíamos tenido necesidad de detenernos, llevabamos más de seis horas alternando entre correr y caminar.
Me sentía un poco fastidiada, la sed me quemaba la garganta pero ignoré el creciente deseo de beber.
Me quedé pensando en lo que había dicho Seth, vinieron a mi mente las imágenes de Quil y Embry.
En su forma de lobo, Quil parecía un lobo de felpa con su suave pelaje tupido de color chocolate.
Tambien me vino a la mente la imagen de la pequeña Claire, tan linda, solo tenía ocho años. ¿Se enteraría alguna vez de lo que pasaba?
Recorde a Embry, su pelo gris erizado sobre el lomo, y tambien pensé en su madre. ¿Qué haría ella si ignoraba la condición de lobo de Embry?
Cuando todas esas ideas desaparecieron de mi cabeza, la sed me atacó como un fogonazo intenso.
Yo era vampira de estricta dieta vegetariana y estaba cerca de un licántropo.
Seth había cambiado de fase, quería comunicarse con Leah.
Por algun motivo el olor de los lobos no me resultaba tan insoportable como a otros vampiros, pero me producía una quemazón en la nariz muy incómoda.
Todas esas preguntas que asaltaban mi mente me mantuvieron ocupada mientras seguía corriendo, habíamos llegado al límite sureño de Washington, faltaba poco para llegar a Oregon.
Aulló de pronto para llamar mi atención y me volví de inmediato.
¿Seth? ¿Seth que pasa?-no se movía, ni siquiera parecía ponerme atención-¡Dime que diablos está pasando!
Dió un salto y se oculto tras un frondoso arbol, volvió con unas hojas en la ropa.
Tenemos que vovler-me dijo muy serio, había perdido su usual sonrisa despreocupada y esa expresión tranquila que siempre llevaba.
Pero dime que pasa, no entiendo nada...
Los Vulturi-me dijo e hizo una expresión de desdén-Tienen a Jacob, Embry, Quil y Paul de su lado, inconcebible ¿verdad?
De mi boca salió un gruñido furioso y el vehemente deseo de sangre se hizo más fuerte.
Ness, tenemos que volver y rápido.
¡Como demonios recorreremos doscientos ochenta y tres kilómetros rápido!-grité histérica-Lo siento, Seth...no era mi intención-añadí con voz tranquila pero temblorosa.
Se que va a ser desagradable para los dos, pero será necesario que yo te lleve.
Sabía que el olor vampírico era algo horrible para los lobos, así como su esencia para los vampiros y sin embargo, cedí.
Está bien-acepté a regañadientes mientras el, sin siquiera preocuparse por su ropa, entró en fase rápidamente.
Me acomodé bien la bolsa donde llevaba mis cosas y subí en el lomo del licántropo, sujetandome con suavidad.
Se agazapó sobre una enorme roca llena de musgo húmedo y dió un salto, después corrió como una bala en dirección a Forks, hacia el norte.
Todó encajó en un chispazo de lógica: Chelsea.
Chelsea era la encargada de romper o reforzar lazos, podía hacer que las alianzas fueran inquebrantables o destruía familias...
Sin duda ella los había predispuesto con extraño don...como si fuera una envoltura tan firme de la que no puedes escapar.
Entre un pensamiento y otro, según mis cálculos habíamos recorrido ya noventa y ocho kilómetros.
Habríamos recorrido sin duda otros diez si no hubiera bajado violentamente del lomo de Seth para cazar a un ciervo que corría entre los helechos.
Pero sin duda Seth apreciaría el detalle de haber matado al ciervo y no haberme abalanzado sobre su cuello.
Me dejo bajar después de que anduvimos otros seis kilómetros.
Gracias, sentía las piernas atrofiadas-sonreí flojamente antes de salir disparada.
Correr me ayudaba a despejarme, fácilmente lograba concentrarme solo en el movimiento de mis piernas para hacer esporadicos saltos cuando el terreno lo permitía.
Calculé que estabamos a unas quince millas de distancia de Seattle, así que cada paso que dabamos nos acercaba más y más a Forks.
Corrimos sin interrupción durante una hora y media, en ese tiempo, ya se divisaban los verdes y húmedos bosques de Forks.
Aspiré la familiar esencia de hierbas mientras aminorabamos el paso detrás del muro de hojas que parecían un telar verdoso.
Seth me empujó con el hocico en dirección a First Beach.
¿La Push?-le pregunté en el oído, por si alguna persona estaba cerca anque sin duda la muralla de vegetación amortigaba el sonido de mi voz.
Un aullido ligero me confirmó que estaba en lo correcto.
Anduvimos a buen paso hasta que llegamos a la casa de los Clearwater, donde no estaban ni Sue ni Leah.
Después de unos minutos Seth volvió con ropa diferente y salimos a buscar a Sam.
¿Seth?-la voz de Leah venía de atrás de nosotros-¿Renesmee?
Se acercó corriendo con expresiónde preocupación.
Sam me pidió que vigilara si volvían, las sanguijuelas estiradas tienen a Jacob, Quil, Embry y Paul-explicó con la voz entrecortada-Tenemos que buscarlos.
¿Tienes alguna idea de donde están?-preguntó a su hermana.
Hace unos minutos vi a una chupasangre cubierta con una túnica negra, no le vi más que los ojos rojos-explicó haciendo una mueca.
Ninguno de los tres dijo nada, el tiempo parecía haberse detenido.
¡Renesmee!-gritó Leah dando una sonora palmada en el aire, me sorprendió-¡No pensarás quedarte ahí parada, tenemos que buscarlos!
No le respondí pero comencé a correr por toda la playa, en el límite más lejano de la Push divisé un pelaje achocolatado caminando junto a una figura pálida.
¡Era Quil! Me sentí como cuando se enciende una vela en un corredor oscuro, algo conocido frente a lo extraño, como la luz de un farol en un callejón solitario.
Corrí con más prisa todavía hasta quedar a medio metro de ellos, medio oculta por una gran roca con olor salino por el agua de mar.
Con cuidado, salté de la piedra y aterricé limpiamente sobre la arena.
¡Quil!-exclamé-¡Quil, soy yo, Renesmee!
El lobo parecía no reconocerme ni a mi ni a mi voz, pero yo sí reconocí a Chelsea.
Le gruñí con los dientes descubiertos, el sonido gutural y cargado de furia me asustó un poco.
Jamás pensé que haría algo así, pero me abalancé sobre la vampira, tirándola al suelo.
De pronto, un aullido deshizo el silencio; era Seth.
Me quitó de un empujón con la cabeza y se encargó de Chelsea.
Tomé a Quil por el lomo y lo arrastré unos cuantos metros, hacia la playa.
¿Quil? ¿Quil?-le golpee el hocico hasta que reaccionó y cambió de fase-¿Sabes quien soy yo? ¿Sabes donde estás?
Estoy en la Push y tu eres Renesmee Cullen...¿Como llegué aquí, donde están todos y donde está mi ropa?
Quil, escuchame, necesito que me expliques que pasó y porque estabas con Chelsea-le pedí mientras de mi bolsa sacaba una manta-Toma, por el momento...
Los dos parecíamos visiblemente incomodos, obviamente.
Bueno...el recuerdo se enfrió pero recuerdo que la primera vez que la vi, salimos tras ella.
Me relató con detalle su excursión junto a Jaocb y Paul.
Luego, sentí como si ella fuera un poderoso imán, me sentí como si quisiera unirme a ella.
Excelente Quil, excelente...ahora ¿Sabes donde está Jacob?
Sí-me respondió en un segundo-En Italia.
