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Advertencias: Vas a odiarme, babe. (?)
Hablaré de Francia aun cuando ni siquiera existe en su universo. Pero me gusta DEMASIADO llamarle así a eso.
— Una semana antes de que Kougyoku se fuese a Balbadd —
Intruso
Contadas eran las noches que Judar no se colaba en la habitación de Kougyoku. Aunque fuese sólo para hablar unos minutos, gastarle bromas, o sacarla de quicio de cualquier manera posible.
Y estaba bien. Así era su relación.
Cargada de indirectas, momentos incómodos, berrinches, silencios agradables.
Era un intruso esperado, ansiado y retenido.
Ese mes, más que nunca. La octava princesa imperial estaba hasta la coronilla de estrés y obligaciones. Organizar, y prepararse física y emocionalmente para sobrellevar una boda con un completo extraño, no era bueno para la salud de nadie. Y ella no estaba satisfecha. Le parecía injusto, desagradable, y cruel.
Pero no tenía voz ni voto en el asunto.
Así que hallaba consuelo en las visitas de Judar.
O solía hacerlo, porque aquella noche estaba resultando un poco más… "Malicioso", de lo normal.
— ¿No te da escalofríos casarte, cuando ni siquiera sabes besar?
— ¡Sé besar! — Chilló, por quinta vez, indignada. ¡No entendía por qué eso era el tema de discusión! ¿No le dijeron toda su vida que era su deber mantenerse pura e inocente hasta tener marido? ¿Por qué ahora resultaba un inconveniente que no tuviese experiencia en los rituales propios de las parejas? ¡Era injusto! ¿Por qué Judar tenía que refutarlo todo siempre?
Demuéstralo
¿Qué? ¿Qué?
Por unos segundos, Kougyoku creyó que tales palabras habían sido producto de su imaginación. Era imposible que Judar quisiese que ella lo besara. No tenía nada de sentido. Pero ahí estaba, de pie a menos de treinta centímetros de ella, sonriéndole, como siempre, casi al punto de enseñar los dientes, burlándose de su crisis de indignación.
¿Cómo podía ser tan malvado?
Vacilando, atravesó la escasa distancia que los separaba, y rozó apenas sus labios, temerosa, y luego se apartó, intentando no mirarle.
— No me jodas. Eso no es un beso
— ¿EH? CUALQUIER COSA QUE INVOLUCRE LOS LABIOS EN UN BESO — Refunfuñó, cruzándose de brazos, y alejándose un poco, intentando esconder su rubor. Un segundo después, sus hombros perdieron por completo la tensión, porque un tirón la sacó de su sitio. Judar apretó su menudo cuerpo contra la pared, dejando una mano del lado de su hombro derecho, para que no huyese, y la otra en su cintura. Su tacto era cálido, y podía sentirla temblar bajo sus dedos.
— ¿Qué est-...? — Le calló de un beso. Uno de verdad. Y aunque Judar no fuese el rey del romanticismo, sabía cómo llevar aquello.
Saboreó sus labios, y sólo sus labios, incluso cuando estaban entreabiertos y su dueña se retorcía entre gemidos ahogados, sin dar señal alguna de querer huir. Tiró suavemente del inferior antes de apartarse, con los dientes. Pegó su frente de la ajena, y se deleitó con la vista que le regalaba, sin romper el silencio. Bajó un poco más la mano con la que le acariciaba, y pegó su cuerpo aún más al suyo.
Y le beso una, y otra, y otra, y otra vez.
Y sólo después le dio un beso francés.
Aunque para entonces ya ella había olvidado que era sentir sin que el cuerpo le ardiese, y cualquier otro sabor que no fuese el del Magi.
Todo era tan... impropio. Incorrecto. Deshonroso. Estaba colgada de él, sin pudor alguno, y su delicado pijama se había corrido bastante, dejando sus hombros casi desnudos. Además, tras moverse tanto, podía vislumbrarse la piel de sus piernas.
— Eso — Remarcó, mordiéndose el labio inferior, dejando que ella se estremeciese ante el gesto cada milisegundo que duró — Es un beso, niña — Aun cuando se burlaba, le dejó algo de espacio. Kougyoku temblaba tanto que le costaba estarse de pie, y agradeció cuando el contrario le tomó de la cintura para que no se tragase el piso. Los labios le cosquilleaban, y la boca le sabía a fresas y melocotones. Y no, ella no había comido nada parecido esa semana. Oh, bueno. Quedaba comprobado que Judar no sólo olía a vainilla. Le ayudó a llegar a su cama, y luego se alejó un poco, dispuesto a largarse. Quería tocarla, pero no estaba de humor para uno de los berrinches matutinos de Ka Koubun. Se dio la vuelta, tras besarle la nariz, con malicia. Pero una mano le sujetó de la ropa antes de que diese más de un paso.
— Quédate — Suplicó ella, jalándole en su dirección, con sus mejillas haciendo juego con su cabello y su corazón latiendo tan fuerte que hacía eco en la silenciosa habitación.
Retrocedió un poco cuando Judar se acercó a la cama, y aún más cuando comenzó a gatear sobre ella, hasta meterle bajo su cuerpo.
Oh no, nononononono.
Momento.
Si.
Santo cielo, sí.
La mujer arqueó la espalda, y ahogó un gemido contra la piel ajena.
¡Feliz navidad!
Publico en la línea, porque en mi país faltan un par de minutos para que termine el 26. So, cumplí mi promesa MUAJAJAJA. Espero que le haya gustado, ojalá tenga una semana y un fin de año maravilloso c:
P.D: Perdón por no estar respondiendo los reviews uno por uno, como siempre. He estado DEMASIADO liada estos días. Pero que sepan que me alegra DEMASIADO que los dejen, y cuando pueda los contestaré con todo el cariño que merecen. Gracias a lxs que han dado fav, follow, y a todxs lo que siguen leyendo, incluso tras un año sin un solo drabble. Sois las estrellas -Porque el sol es pequeño en compasión, dah-
