Bonus 1: La vida en las Ruinas.

«En las profundidades de su consciencia, la niña escuchaba una voz…

"Chara… Chara…"

¿Por qué sentía que no era a ella a quien le hablaba?...

De la oscuridad emergió una luz blanca que le permitió ver la sombra del otro. Aunque no alcanzaba a distinguir su rostro, estaba segura de que se trataba de un monstruo; a juzgar por su tamaño y su voz, debía de tratarse de un niño.

"Chara…"

Aunque la niña trataba de hablar, sus palabras no lo alcanzaban…

En ese momento, aquel niño habló:

"Chara. Te estaré esperando al final de tu viaje."»

La niña despertó confundida… ¿Qué era lo que quiso decir?

Al salir de la cama, se dio cuenta de que había un plato con una rebanada de tarta en el suelo: Toriel debió dejarla anoche, ¿o habrá sido en el día?...

Era difícil medir el tiempo aquí abajo.

Pero, al saber que Toriel preparó aquella tarta con tanto cariño, no tuvo el corazón para comérselo, así que decidió guardarlo; no le sorprendió que el pedazo entrara en la bolsa sin dificultad o que no aumentara su tamaño (era mágica, después de todo).

Tras haberse arreglado como pudo, la niña salió de su cuarto para ver a Toriel sentada en la sala, leyendo un libro con sus gafas de media luna.

Toriel: ¡Oh, veo que ya estás despierto! ¿Dormiste bien?

Ella respondió que sí.

Toriel: *Sonriendo* Me alegra oírlo.

Toriel: *Dando unas palmaditas a su regazo* ¿Por qué no te sientas para leer juntos?

La niña se le acercó tímidamente y tomó asiento en el lugar indicado.

Toriel no pudo evitar sonreír.

Toriel: No sabes cuanto me alegra tener a alguien que me haga compañía. Tengo tantos libros viejos que quiero mostrarte… Estoy ansiosa por mostrarte mi lugar favorito para cazar insectos. Y ya hasta hice un currículum para tu educación.

Toriel: Tal vez te sorprenda oír esto, pero siempre he deseado ser maestra.

La niña la miró con una expresión que decía "¿En serio?" en toda la cara; era obvio, dada la cantidad de libros que se encontraban en una estantería de la misma sala y la forma en que instruyó a la menor con los puzzles.

Percatándose de su mirada, Toriel rió levemente.

Toriel: Bueno, tal vez no tanto.

Sin previo aviso, la voz en su cabeza hizo acto de presencia:

"¿No te molesta que esté asumiendo que te quedarás con ella?"

La niña le dijo rápidamente (con su mente) que ella puede quedarse si así lo deseaba: después de todo, no tenía ningún lugar a dónde ir.

"¡¿QUÉ?!"

Haciendo caso omiso a la voz que la regañaba, la niña preguntó a Toriel por el libro que estaba leyendo.

Toriel: Se llama "Setenta y dos usos de los caracoles". ¿Quieres escuchar un dato interesante sobre ellos?

Toriel: ¿Sabías que los caracoles… son muy malos como agujetas?

Entre las lecturas y las risas que compartían, ambas disfrutaban de la compañía de la otra: se veían muy felices…

"…"

"(Las cosas no pueden quedarse así)", pensó la voz para sus adentros.

Ella las dejó solas por el momento. Le repugnaba ver a aquella niña jugando al papel de "HIJO" con Toriel…

Después de un rato, Toriel se fue a preparar el desayuno y la niña se fue hasta el final del pasillo y se miró en un espejo de la pared.

"¡Eres tú!", dijo la voz en tono burlón.

La niña se quedó largo rato sin decir nada.

"Oye, no es como si tu reflejo fuera a cambiar".

La niña estaba pensando en algo más:

Todo esto parecía… demasiado increíble.

No acababa de concebir la idea de un mundo bajo la tierra, lleno de monstruos y magia antigua.

Lo que era más extraño, es que no podía recordar su pasado, ni mucho menos su propio nombre. Y aunque había oído a alguien llamarla "Chara" en sus sueños, le daba la impresión de que no debía pronunciarlo, como si al hacerlo, se pudiera desatar una catástrofe.

Todo esto parecía… un sueño.

"Si es un sueño, entonces, puedes hacer lo que quieras".

La niña sabía lo que le estaba insinuando, así que la ignoró y de inmediato se fue a ver si Toriel había terminado de hacer el desayuno.

"Qué necia. Pero tarde o temprano... caerá. Je, je, je".

Después de haber desayunado, Toriel llevó a "su niño" a presentarse formalmente con todos los monstruos de la zona.

Se dirigieron al centro de las Ruinas, donde fueron recibidos por varias clases de monstruos: había Froggits, Whimsums y Looxs, pero también había algunas zanahorias con espeluznantes sonrisas ("Vegetoids"), otros que parecían insectos ("Migosps") y otros que se asemejaban a gelatinas verdes, que se arrastraban por el suelo y lanzaban esporas de vez en cuando ("Moldsmals")…

¿Cómo era que sabía sus nombres?

En cuanto los vieron llegar, todo el mundo se quedó en silencio; la niña recordó entonces que los monstruos de las Ruinas le temían a Toriel… Todavía se seguía preguntando el por qué.

Al final de aquella reunión, se quedó acordado que nadie podría atacar a la niña humana, bajo ninguna circunstancia.

Pero lo que más le sorprendió fue que, a pesar de ser vista por la mayoría, no fue hasta ese momento que los monstruos de las Ruinas supieron que se trataba de un ser humano…

Un par de días fueron suficientes para que la niña aprendiera varias cosas del Subterráneo:

Los combates aquí abajo eran una forma de pasar el tiempo, ganar dinero y experiencia (por lo que había entendido); durante estos casos, la niña siempre se rehusó a atacar devuelta y resultó vencedora con un simple acto: hablar, dar cumplidos, consolar e, incluso, mover sus caderas fue suficiente (por mencionar algunos).

Pero, a pesar de toda la diversión que habían tenido ella y sus oponentes, había alguien que no estaba contenta con todo esto: Toriel.

Cuando las cosas se veían mal, Toriel acababa por interferir, pero…

Hubo una ocasión en que se salió de control.

La niña estaba peleando contra Moldmal y Migosp-ambos hacían ataques combinados que eran difíciles de esquivar para la menor-; la voz seguía insistiendo (como de costumbre) en que atacara, pero ella la ignoraba. No se encontraban lejos de su casa, por lo que Toriel no tardó mucho en encontrarlos.

En un momento crítico, la niña se distrajo ante su repentina aparición, provocando que recibiera ambos ataques. Su alma comenzó a brillar débilmente, por lo que la pelea se terminó-tanto por la consideración de los dos monstruos como la de Toriel-. Su cuidadora la curó y la envió a casa, pero ella se quedó a "hablar" con Migosp y Moldsmal.

La niña sospechó que ambos sufrieron más que ella aquel día, puesto que, a partir de entonces, ningún monstruo quiso volver a pelear con ella.

Pero eso no impidió a algunos de ellos pasar el rato con la humana.

Un día, mientras la niña exploraba la zona, junto con Loox, Froggit y Whimsun-los primeros que conoció-, finalmente tomó el segundo camino al final de las Ruinas, encontrándose con una vista asombrosa: debajo de ellos, se alzaban los restos de una antigua ciudad; con el paso de los años, la estructura de los edificios se había deteriorado, volviéndolo inhabitable; ahora, solamente vivían pequeños animales, insectos y plantas que extendían sus raíces y enredaderas por todo el lugar. La luz del sol que se filtraba por el techo de la caverna le daba un aire solemne.

No le sorprendería encontrar fantasmas allí abajo.

Fascinada por aquel escenario, la niña se inclinó sobre el balcón, queriendo admirar cada detalle.

Loox: Esta solía ser la antigua capital del Subterráneo, el primer hogar en el que residieron los monstruos: "Hogar".

"…"

Froggit: *Ribbit* *Ribbit* Por más grande que sea nuestro rey, es pésimo para poner nombres.

"Se le nota a leguas"

Whimsun: ¡C-chicos! ¡Encontré algo!

Todos se acercaron a Whimsun, quien trataba de sacar algo de una grieta de la pared.

Loox: ¿Qué es, Whimsun?

Whimsun: C-creo que… hay algo ahí.

Gracias a la luz del sol, se lograba ver que brillaba algo en el fondo de aquella grieta.

Froggit: *Ribbit* No creo que puedas sacarlo con ese par de brazos.

Loox: Tampoco los tuyos servirían.

Froggit: *Vena* *Vena*

Loox tomó el lugar de Whimsun y alargó su brazo lo más que pudo para alcanzar aquel misterioso objeto, pero éstos resultaron ser demasiado cortos.

Loox:

Loox: Humano, trata de sacarlo.

La pequeña se acercó y metió su brazo, rebuscando lo que fuera que estuviera ahí dentro: era difícil moverlo por el tamaño estrecho de la grieta, pero, finalmente pudo tomarlo.

Emocionada, sacó el brazo para revelar…

"Un cuchillo de juguete…"

Froggit: *Croar pensativo* ¿Qué habrá estado haciendo eso ahí?

Whimsun: Es… bonito… Supongo.

La niña concordaba con los pensamientos de sus amigos, sin embargo, había algo más que ocultaba aquel objeto: había una extraña sensación que la invadía mientras lo sostenía en sus manos… Tal vez, llevaba malos recuerdos de su antiguo dueño…

*La niña le preguntó a los otros si podía conservarlo.

Loox: Supongo que no habrá problema… Siempre y cuando Toriel no se entere…

Ella asintió, sacando su "Inventario" para introducir el cuchillo.

*Ring* *Ring*

La humana contestó su teléfono: era Toriel, diciéndole que ya estaba lista la comida.

Tras despedirse de sus amigos, la humana corrió fuera de la cámara y fue directo a casa.

Ella no alcanzó a ver cómo unas raíces se ocultaban rápidamente en la tierra.

"…"

"¿Cuánto tiempo planeas seguir con esto? ¡Esto es rídiculo!"

La voz estaba enojada, y no era sólo porque la niña se la pasaba ignorándola la mayor parte del tiempo, sino por el hecho de acompañar a los Froggits en su "Saltadera" semanal.

Cada semana, los Froggits iban saltando desde el centro de las Ruinas hasta llegar al puente de las agujas y de regreso al punto de partida: era una tradición que se remontaba generaciones atrás, cuando los primeros Froggits…

"¡Deja de saltar cómo rana! ¡Nos estás poniendo en vergüenza a ambas!".

La niña siguió saltando, sin importarle los gritos que resonaban en su cabeza, hasta que escuchó su teléfono sonar.

*Ring* *Ring*

"… Creí que le habías dicho a Toriel que estarías con las ranas".

Sin embargo, al contestar el teléfono…

?: ¡Woof! ¡Woof!

?

"?"

Un perro se escuchó al otro lado de la línea; también se podían escuchar al fondo los gritos de Toriel:

Toriel: ¡No! ¡Perro malo! ¡Devuelve eso!

Su amigo (uno de los Froggits más pequeños) se dio cuenta de esto y se detuvo a preguntarle:

Froggit: *Ribbit* ¿Qué sucede, humano?

No fue necesario una respuesta, pues se volvió a escuchar a Toriel tratando se arrebatarle su teléfono a aquel travieso animal.

Froggit: Creo… que deberías ir a ayudarle. Yo les explicaré a los otros.

Asintiendo, la niña corrió lo más rápido que pudo, pero a la mitad del trayecto, encontró a su objetivo: un pequeño perro blanco, de orejas puntiagudas, ojos oscuros y llenos de vida, el cual le miraba con emoción mientras meneaba la cola. En su hocico, llevaba el teléfono de Toriel.

A la niña le pareció adorable.

"¡Ahem! ¿No crees que deberías quitarle el teléfono ahora?"

Concordando con el pensamiento de la otra, se acercó lentamente a él…

Perro: ¡Woof!

Pero el perro se percató de sus intenciones y se apartó de ella.

"¡Atrápalo!", le repetía la voz.

Ella trataba, pero el pequeño animal era muy escurridizo.

Finalmente, el perro se quedó quieto en un punto y la niña corrió hacia él…

"¡Espera!"

Sin embargo, la niña se dio cuenta demasiado tarde: en su apuro, ella cayó en uno de los seis puntos frágiles del piso de aquella cámara, cayendo sin remedio sobre las hojas del piso inferior.

El perro se tomó se tomó el tiempo para observar a la niña caída antes de apartarse del agujero.

La niña le gritó que esperara, y entonces, cuando se disponía a subir…

?: ~oooohhh…

Ella no esperaba encontrarse con Napstablook allí abajo, tumbado en el suelo lastimeramente.

La niña se le acercó y le preguntó qué le había pasado.

Napstablook: Me he caído por un agujero, y ahora no puedo levantarme…

Napstablook: ~Sigue sin mí…

"Si será… ¡Los fantasmas pueden flotar!"

Napstablook: ~Oh… Es cierto…

Napstablook: ~oooooooohhhhh…

La niña no tuvo tiempo para pedirle que no se fuera, porque en un instante ya se había desvanecido.

¿Qué había pasado?

"…"

La niña subió por las escaleras hacia el primer piso, encontrándose con aquel perro que ahora mosdisqueaba un listón rojo.

"¿Pero qué…?"

Aprovechando que estaba distraído, tomó el teléfono de Toriel que yacía abandonado en una esquina, pero al perro no pareció importarle. De hecho, se acercó a ella, en señal de que quería jugar.

"¿Qué estará tramando ese Perro Molesto?..."

Toriel: ¡Mi niño!

Junto cuando Toriel entró en la cámara, el perro salió huyendo, dejando abandonado el listón.

Toriel: ¡Mi niño! *Jadeando* Creí que… estarías con tus amigos en la Saltadera… ¡Huff! No importa.

Toriel: De cualquier modo… ¿No habrás visto a un perro pasar por aquí? El muy travieso se llevó mi teléfono…

La niña le enseñó el aparato con orgullo.

Toriel: ¡Oh! ¡Muchas gracias, mi niño!

Sin más, ambas se propusieron a regresar a su hogar… Entonces se acordó de algo.

Pidiendo a Toriel un segundo para regresar, *la niña tomó aquel listón desgastado.

Tras un día lleno de emociones, la niña se propuso a dormir, no sin antes colocar en su Inventario el listón y un palo-el cual había recogido para el perro, en caso de volverlo a ver-. Una vez hecho esto, se propuso a dormir tranquilamente en su cama…

«De nuevo un sueño…

"¡Chara! ¡Por favor, despierta!"

Era una voz diferente… Era de un hombre mayor.

"Eres el futuro de humanos y monstruos…"

Su voz suena triste…

Sólo había oscuridad frente a sus ojos. No podía levantarse ni alzar la voz…»

De repente, el sueño cambió y dio paso a una pesadilla que jamás podría olvidar…

La niña estaba triste aquel día.

Por primera vez, estaba dudando en si debía quedarse.

Ese sueño… Ella estaba matando a los monstruos de las Ruinas… Y aunque sólo hubiera sido producto de su mente, le producía una sensación de pesar.

Pero había algo que la inquietaba aún más: sus ojos.

Sus ojos no eran los mismos: aquellos eran rojos, fríos, que reflejaban odio… Era la mirada de un asesino.

Toriel: Mi niño.

Al notar su baja estima, Toriel se acercó a su hijo adoptivo, quien en esos momentos se encontraba fuera de la casa, observando el árbol seco y las hojas de otoño.

Toriel: ¿Pasa algo malo?

Tras un instante de duda, la niña le dijo que tuvo una pesadilla.

Toriel: ¿Qué clase de pesadilla?

Sabiendo lo difícil que era para la pequeña el hablar sobre ello, Toriel lo dejó por el momento y la abrazó para reconfortarla.

Toriel: Ya, ya. No tienes por qué preocuparte… Fue solamente un mal sueño.

La niña le devolvió el abrazo y se sintió un poco mejor…

"Wow, se está tomando el papel de madre en serio… ¡Una lástima que no tenga hijos propios que cuidar!", rió la voz con sorna.

Aquel comentario hizo que le hirviera la sangre-¿cómo era posible que concibiera esa clase de pensamientos?-, pero también la hizo darse cuenta de algo:

En las Ruinas, había clases de monstruos; se podía ver a cada uno con sus respectivas familias y amigos, conviviendo entre sí. Sin embargo, durante su estancia, no había visto a otro monstruo parecido a Toriel… ¿Dónde podría estar su familia?

Sabiendo que aquella dulce mujer estaba sola aquí abajo, le dio más motivos para quedarse, pero…

«"Chara… Te estaré esperando al final de su viaje"»

¿por cuánto tiempo?


¡Me tomó una eternidad escribir esto!

Y mucho más poder subirlo… Realmente, lo siento…

Recuérdenme nunca volver a hacer un capítulo entero estilo Flash Back -_-U

Pero… bueno.

Un poco tarde, pero ya salió… Ya saben lo que viene después :)

¡Nos vemos!