Hola a todo el mundo!!! Que tal?? Bueno, pues nada… ayer tuve un ataque de inspiración y logré hacer este capitulo, así que os lo he subido tan rapido como he podido, teniendo en cuenta que ahora a parte de este, tengo mi otro fic, "Amar es no pedir nunca perdón" y uno nuevo de anime que he iniciado de Kagome e Inuyasha llamado "Amor entre lirios", que espero, que si os gusta, intenteis pasaros, aunque ya aviso que es un UA.
Bueno, ahora, pasemos la lista para agradecer a todos los que me habeis enviado reviews en el anterior capítulo, que sois:
Dusquinha, unkatahe, shani3000, Keikleen, noiraaa, Belin03, Danae A. Lise, Aye004, beautigly92, harrymaniatica, Y0misma, pekelittrell, DRAGON. RRQ, Sami-Maraurder girl, margara, Victoria Malfoy, marina, Duciell, consue, Sweetangel-M, oromalfoy, PauMalfoy, Alevivancov, mariapotter2002, Suri-chan, Lutica, Pixie tinkerbell, ivtacroa osnaleq, Karenzita
Y ahora, antes de de empezar con el capítulo, quiero dejar un mensaje para cierta persona que me dejó un review en mi oneshot "A veces cuando se pierde se gana" y que al ser un oneshot que no voy a seguir y creyendo que el review merece un comentario, lo voy a contestar aquí, así que con vuestro permiso:
"Lo lamento mucho. Lamento mucho que haya gente que simplemente entre en estas páginas a dejar comentarios hirientes y, es más, que se registren sólo para dejar esos comentarios hirientes. Es lo que me ha pasado con un fic, un oneshot titulado "A veces cuando se pierde, se gana" en el que me han dejado un review bastante pobre y en el que se ve, claramente, la intención, no de dejar una crítica constructiva acerca del fic, cosa que respetaría mucho, sino la intención de herir con comentarios absurdos.
Tildan al oneshot de ser patético, se me tilda a mí, literalmente de "habérseme fundido las neuronas para escribir algo así" para después catalogarlo como "el peor fic que he leído desde que leí uno de harry y draco".
Acepto críticas constructivas, de echo, las encajo bastante bien, y siempre suelo enviar un email de regreso agradeciendo la crítica y la molestia que se ha tomado esa persona en escribirme, pero con esta persona, sinceramente, ni siquiera he pensado en tomarse esa molestia. No voy a contestar a alguien que se inscribe en la página con la única intención de herir con sus comentarios.
Pensé en borrar el review, pero ¿sabéis qué? No voy a hacerlo. Voy a dejarlo ahí porque es el único review malo que tengo de ese oneshot y no voy a hundirme por que haya alguien que se dedique a criticar lo que otros escriben sin escribir nada. Es muy fácil… Es muy fácil criticar a los demás desde la trinchera, lanzar piedras desde la seguridad de un quinto piso ¿no? Yo te invito a ti, que has tildado de patético a mi oneshot, a que escribas algo. Luego, podré pasar a leerlo y dejarte algún comentario que, ten por seguro, será completamente diferente a lo que tú has escrito. Porque es muy fácil criticar a los demás cuando sabes que los demás ni siquiera tienen la oportunidad de criticar lo que has hecho.
No pienso decir nada más al respecto. El review se queda donde está, no voy a borrarlo porque no me hace daño, pese a que podría hacérmelo perfectamente. Y, le pese a quien le pese, voy a seguir escribiendo, oneshots, fics cortos y fics largos porque, por suerte para el mundo, hay gente tolerante que sí sabe hacer críticas constructivas apreciando el esfuerzo que los demás hacemos para poder escribir. Lamento mucho que hayas tenido que tomarte la molestia de registrarte sólo para poder criticarme, lamento mucho que mi oneshot te haya resultado patético y lamento mucho que creas que es el peor que has leído después de uno de harry y draco (que por cierto, no epecificas cual es y me gustaría saberlo más que nada para ver que tan malo es mi fic en comparación con ese en cuestión) pero hay una solución: no vuelvas a leer mis fics, así a ti no resultarán patéticos y a mí… bueno… la verdad es que a mí me da igual… me gusta escribir y voy a seguir haciéndolo aunque sólo haya una persona que aprecie el esfuerzo.
Una vez más, lamento mucho tus molestias. Espero ver algo escrito tuyo por aquí pronto así todos podremos ver lo bien que escribes y podremos dejarte nuestros comentarios, ¿de acuerdo?"
Y ahora sí, ya podeis leer el capítulo que espero sea de vuestro agrado.
Como siempre, nos vemos abajo y disfrutad de la lectura chicos :D
Capítulo 2. Revelaciones y descubrimientos
Nunca le había gustado la bebida. La odiaba. Había visto a muchas personas perder el control de sus actos por estar bajo los efectos del alcohol y ella tenía claro que nada ni nadie iba a dirigir su vida salvo ella, y mucho menos el alcohol. Solía beber un poco en las bodas, comuniones y celebraciones importantes como Nochebuena o Navidad… una copa de vino blanco, dos como mucho, pero nada más. No toleraba el alcohol y lo sabía.
Sin embargo, allí estaba, sentada y tomándose la segunda copa de coñac con gesto nervioso en un vano intento por tranquilizarse. Tragó el líquido casi sin saborearlo y aún le quemaba la garganta cuando estiró la mano para tomar de nuevo la botella.
-Creo que has bebido suficiente –la interrumpió Malfoy sentada a su lado y apartando la botella del alcance de la mujer antes de que ésta la atrapara.
Podría haberle contestado. Podría haberle dicho que no era de su incumbencia, que era mayor de edad y que si tenía edad para trabajar, vivir sola y votar podía tomarse todas las copas de coñac que le diese la real gana. Pero la mirada del policía fue tan significativa que no dijo nada ni hizo nada más que arrugar la frente en una clara señal de desacuerdo.
-No lo hago porque me lo hagas ordenado –dijo como si tuviera que explicarse ante alguien. Malfoy enarcó una ceja-. Es porque quiero enterarme de qué va todo estoy si estoy borracha no creo que lo consiga.
-Bueno, alguien debería tomar ejemplo de eso –dijo Remus mirando seriamente a Sirius sentado frente a él.
El moreno rodó los ojos con aire juguetón y sonrió entre burlón y divertido, del mismo modo que sonríe un niño cuando acaba de hacer una trastada.
-Yo no me emborracho –dijo. Remus le miró y Snape dejó escapar una carcajada burlona-. Bueno, solo cuando he tenido un mal día.
-Que suele ser siempre que terminamos una misión –terció Remus con una sonrisa victoriosa.
-No les hagas caso –le dijo Ginny sentada a su lado-, siempre están igual, pero son los mejores –Blaise carraspeó-, somos los mejores –corrigió la pelirroja-. Es que no me gusta que me metan en el mismo saco que a estos idiotas.
-Pues uno de esos idiotas es tu hermano –le recordó Blaise mirando a la pelirroja con una sonrisa ganadora. Ginny rodó los ojos-. Sí te entiendo… yo tampoco admitiría nunca que es mi hermano…
Hermione vio como a Ginny se le curvaba los labios en una pequeña sonrisa y los ojos le brillaban divertidos y se preguntó qué relación habría entre esos dos.
-Basta ya –se escuchó la voz de Harry.
Hermione se sorprendió. No había gritado, no había sido una orden, pero todos en la sala, incluyendo a Snape, se callaron tan pronto el joven policía dijo aquello. Era sorprendentemente increíble como alguien tan joven como él podía tener esa autoridad de mando y decisión y se encontró deseosa de saber qué había hecho para ganarse el respeto de los más veteranos de aquella habitación, sobretodo de Snape que parecía tenerle cierta aversión al policía.
No podía evitarlo. Era curiosa. Siempre lo había sido. En realidad eso era precisamente lo que había hecho que fuera una estudiante tan buena; le gustaba saberlo todo, le gustaba aprenderlo todo… a los cuatro años le había pedido a su padre que le explicara por qué la atmósfera era azul y, no convencida con la explicación de que cada planeta es de un color diferente, media hora después su madre se había llevado el susto de su vida al verla encaramada a la estantería del comedor, como si fuera una escaladora, para tomar la enciclopedia que estaba arriba del todo. Ese arriba del todo sólo era un metro y medio, pero considerando que la niña medía poco más de medio metro, el libro estaba arriba del todo. Era divertido ser curiosa. Aprendías muchas cosas, y además podías poner en evidencia a los demás o avergonzar a los mayores con depende qué preguntas. Algo que siempre había encontrado divertido.
-Entonces, ¿quién se lo explica? –interrumpió Sirius con voz risueña como siempre.
-Que lo haga Malfoy, parece que los resúmenes se le dan muy bien –comentó arisco Ronald. Blaise rodó los ojos.
-Al menos hay algo que se me da bien –replicó Draco con una sonrisa de autosuficiencia-. Dime, Weasley, ¿a cuántos has perdido en la última misión ahora que nadie pudo estar ahí para salvarte el trasero?
-¡Serás… -se levantó furioso el pelirrojo.
Hermione vio como Draco ni siquiera se movía. Nervios de acero. Igual que un cirujano cuando entraba al quirófano. Podía estar nervioso, tener problemas con el pago del coche, la hipoteca o con los hijos pero en cuanto un cirujano entraba en quirófano, se convertía en alguien con nervios de acerco, alguien a quien parecía que nada le perturbaba. Draco Malfoy era una de esas personas.
-Ron siéntate –ordenó Harry esta vez con gesto más grave-. Todos sabemos que has hecho un buen trabajo –esto pareció calmar al pelirrojo a medias y Hermione apuntó en su agenda mental que ese hombre podía ser bastante temperamental-. Remus, por favor, ¿quieres hacer los honores?
El hombre asintió y se giró hacia ella. Dorados. Por primera vez desde que lo miraba, Hermione podía notar el brillo dorado en los ojos de Remus Lupin. Era… hipnotizador… tranquilizador… Empezaba a entender por qué Harry había pedido que fuera él quien se lo explicara todo… su voz era sedante y pausada, calmada… y eso combinado con el extraño color de sus ojos, hacía que la chica se sintiese tranquila.
-Hace cincuenta años, el gobierno se enfrentó a un grupo terrorista que amenazó con una guerra nuclear mundial si no conseguían lo que querían: la rendición de todos los países y la promesa hecha bajo juramento de que todos los dirigentes relegarían sus poderes en ellos. Evidentemente, el gobierno no podía permitir eso –dijo con una media sonrisa.
-Se creó –continuó hablando Sirius-, un grupo de elite con los mejores policías, militares y soldados especiales del momento. Capitanes, generales, soldados, especialistas en espionaje, en armas y en informática formaban parte de ese grupo que fue entrenado con el único objetivo de conseguir destruir a ese grupo terrorista. ¿Recuerdas la explosión del puente de San Francisco hace cuarenta años? Supongo que has oído hablar de ello.
Hermione asintió. No iba a poder olvidar aquello nunca. Ella aún no había nacido, pero recordaba como sus padres habían hablado de aquello durante mucho tiempo; casi podía notar el dolor en sus palabras cuando recordaban la gran explosión que se había producido en el puente cuando un ferry pasaba por debajo de él en hora punta. Los análisis habían determinado que el ferry iba cargado de explosivos suficientes para hacer volar tola la isla si lo hubiesen querido así. Lo recordaba porque su madre siempre le decía que aquel día ella no cogió el ferry porque su padre se lo pidió, le pidió que se quedara en tierra. Setecientas cuarenta y dos personas murieron, mujeres, hombres, ancianos y niños… bebés… Había sido desde ese momento en que ella había admirado el trabajo de su padre como policía y había sido el momento en que, sin saberlo, ya había empezado a pensar en ser de mayor alguien que, de alguna manera, pudiera aliviar el sufrimiento de aquellos que no sabían como hacerlo o que no podían.
-Fue obra de esos imbéciles –apuntó Snape-. Eran unos idiotas… si no hubieran hecho nada, los explosivos hubieran llegado hasta la isla y no hubiéramos podido localizarles. Pero un ferry lleno de dinamita pura como aquel que dice… -menó la cabeza-… fue fácil seguirles el rastro.
-A partir de ese momento –continuó diciendo Remus retomando la palabra-, el gobierno determinó que ese grupo especial de hombres debía seguir en acción. Hoy en día se encargan de narcotraficantes peligrosos, terroristas que amenazan la paz mundial y agentes dobles que se cuelan en sus sistemas informáticos y entre las líneas enemigas para destruir a todo aquel que sea una amenaza para el gobierno.
-Hace treinta años –interrumpió Ginny-. Hubo un… fallo… -comentó como si esa no fuera la palabra que estaba buscando. A algunos de los hombres y mujeres que estaban en ese grupo se les subió el poder a la cabeza… y hubieron algunos tropiezos…
-¿Llamas tropiezo a que se aliaran con los terroristas? –preguntó burlón Blaise. Ginny lo ignoró completamente.
Ron suspiró.
-Los gobiernos suspendieron la formación del grupo de elite, al menos, oficialmente… Inglaterra, España y EE.UU continúan con este grupo especial disfrazados bajo un anexo del FBI.
-Vosotros…vosotros sois parte del grupo de elite de Inglaterra… -dijo Hermione entonces. Lupin asintió-. ¿Y qué tiene que ver todo esto con mi padre o conmigo o con Amanda? –preguntó-. No entiendo nada…
-Tu padre, Anthony Granger formaba parte de ese grupo… -dijo entonces Snape-… era el mejor…
-¿Conoció a mi padre?
Snape asintió con una triste sonrisa.
-Éramos buenos amigos… lamento su pérdida.
Hermione asintió, incapaz de darse cuenta de que en cualquier otra circunstancia le hubiera gritado que después de trece años no le importaba demasiado que alguien lamentara la pérdida de su padre… ella la lamentaba más que nadie. Pero asintió en silencio, esperando algo… ¿qué? No lo sabía… quizá simplemente que alguien siguiera explicándole qué estaba ocurriendo allí.
-Hace dieciocho años, se produjo una ola de crímenes… la desaparición en masa de niños de edades entre tres y dieciséis años que volvían a aparecer muertos por sobredosis de droga… -continuó diciendo Lupin-… supongo que eras muy pequeña pero debes recordar algo de eso…
Hermione asintió.
-Sí… -sonrió de forma amarga-… papá no me dejaba ni siquiera salir sola al jardín –comentó distraídamente-, yo tenía siete años y siempre me decía que mi curiosidad iba a llevarme a algún problema… Lo recuerdo…
-Tu padre inició la investigación. Él estaba a cargo de nuestro grupo. Se lo tomó como algo personal –dijo entonces Snape.
-A veces, cuando parecía que no había ninguna pista, cuando parecía que no había nada a lo que aferrarnos, solí sacar una fotografía tuya de su bolsillo –Hermione sonrió; sabía qué fotografía era; siempre la llevaba con él; Sirius le sonrió de vuelta-, y nos decía que cualquiera que pudiera hacer daño a una niña de siete años como tú, merecía la cárcel o incluso morir…
-Se descubrió –interrumpió Malfoy por primera vez en toda la conversación atrayendo la atención de Hermione que lo maldijo por ello, siendo consciente de que quizá no le prestara atención a lo que él iba a decir, sino sólo a los ojos grises que la miraban con detenimiento-, que un nuevo producto estaba siendo fabricado en nuestras costas. Una droga tan potente como mortal y que necesitaban comprobar cuánta era la dosis adecuada… Utilizaban a los niños para probarlo –añadió él con voz neutra pero ligeramente dolida, cosa que sorprendió a la mujer castaña.
-Tu padre se infiltró entre ellos –dijo entonces Harry-. Consiguió ganarse su respeto y su confianza simulando algunos ataques terroristas y la muerte de alguno de nosotros –Snape sonrió a medias-; estábamos a esto –indicó un espacio mínimo entre su dedo pulgar y el índice- de atraparles… Pero algo se torció… Cinco años después, nos llegaron unos informes donde se ponía de manifiesto que alguien dentro de la organización de los narcotraficantes había descubierto que Anthony era un agente… dos días después, tu padre murió en aquel accidente…
Lo recordaba. Ella había llegado del colegio. Iba repasando mentalmente como siempre hacía, los ejercicios que debía hacer aquella misma tarde y lo que iba a estudiar y esquematizar; no le importaba que los demás dijesen que estudiar era lo único que sabía hacer; ella sabía la verdad… era una excelente deportista, corría cada mañana con su padre y por las noches, en el jardín trasero de la casa, jugaban a baloncesto hasta que era tan de noche que las estrellas se veían en toda su esplendor. Aquel día… había tenido el presentimiento de que algo malo iba a ocurrir… era una opresión en el pecho, una sensación de angustia que llevaba atemorizándola todo el día y que ni siquiera el excelente que había sacado en geografía había conseguido aliviarle.
El coche de policia en la puerta de su casa la hizo detenerse unos segundos; apretó contra su pecho la carpeta y caminó de forma temblorosa hacia la entrada; el buzón de correo aún estaba lleno, dos agentes la miraron cuando ella entró en la casa, su madre estaba de espaldas a ella, sentada en el sofá, abrazando a la pequeña de siete años que no entendía qué ocurría. El agente de pie delante de su madre la miró a ella con tristeza y entonces lo supo.
Había pasado algo. El presentimiento había sido más que eso, algo había ocurrido. Inconscientemente había recordado la sonrisa de su padre de aquella mañana al despedirse de ella; la había besado en la frente como siempre hacía y le había revuelto los rizos que por una vez, parecían estar en su sitio; un "te quiero, preciosa" le había sido dedicado y ella le había contestado con un "te quiero papá".
-Yo empecé poco después el instituto… -dijo ella-… pero no sé qué… Mi padre me hubiera dicho…
-No podía decírtelo Hermione –le dijo Harry-, podía ponerte en peligro… Estoy seguro de que ni siquiera tu madre sabía que Anthony pertenecía a este grupo –hizo una pausa y la miró-. Nos hizo prometer que pasara lo que pasara, te protegeríamos siempre, Hermione –dijo el hombre de ojos verdes.
-En realidad –intervino Blaise-, llevamos bastante tiempo protegiéndote –comentó encogiéndose de hombros-. La entrada a tu instituto ya estaba marcada por uno de nosotros…
-¿Cómo? –la chica estaba incrédula ante aquella afirmación.
Blaise miró a Harry y éste asintió. Tomó una de las carpetas y la deslizó sobre la mesa hasta que la mano de Hermione la detuvo frente a ella.
-Ahí está todo… -dijo Ronald-… la muerte de tu padre, todo lo que hemos sabido de ti en estos años, tus novios, la relación con tu madre y con tu hermana, tus viajes, tus salidas… -hizo un gesto con la mano indicando un largo etcétera-… En fin, ya puede imaginarlo.
Hermione abrió la carpeta con dedos temblorosos intentando aparentar una tranquilidad que en absoluto sentía. Allí dentro debían hacer cientos de fotografías, informes y recortes periodísticos… Empezó a pasar sus ojos por las letras y las imágenes… ¿una copia de su historial clínico? Miró a Harry que se revolvió ciertamente incómodo en la silla. Una fotografía del primer día de instituto, su anuario, su graduación, una copia de sus notas en el instituto, redacciones escritas por ella, imágenes, fotografías de sus caídas y las cicatrices que habían provocado en su piel…
Control. Se sentía controlada. Toda su vida había intentado controlarlo todo; desde la muerte de su padre se había prometido a sí misma que nada escaparía a su control y sin embargo, ellos la habían estado controlando todo aquel tiempo. Lo sabían todo de ella… ¡todo! Incluso conocían a su padre más de lo que ella misma lo había hecho… Se sintió mareada.
Hermione necesitaba pensar. Sentía como su mano temblaba de forma involuntaria y se dio cuenta de que estaba teniendo un ataque de ansiedad. Hacía mucho que no los tenía, no desde que era una niña y había aprendido a controlar todo lo que estaba a su alrededor. Echó la silla hacia atrás, apoyó los codos en las rodillas y enterró su cabeza entre las manos contando mentalmente mientras inspiraba y exhalaba intentando mantener el control de aquello.
Una mano fuerte y cálida se movió cerca de ella pero no le dio importancia. La sintió reconfortante sobre su espalda, dándole ligeros golpecitos que para ella no tenían sentido. Una voz sinuosa y dulce llegó a su oído izquierdo.
-Tranquila… -susurró-… respira tranquila… -un suave golpe en la espalda-… un, dos, tres… -tres golpecitos en la espalda-… y ahora suéltalo… -una caricia en la nuca-… vamos, otra vez… un, dos, tres… -tres golpes para ayudarla a respirar-… suéltalo… -otra caricia.
Hermione se dio cuenta de que estaba respirando siguiendo a aquella voz, de que los golpes suaves en su espalda la estaban ayudando a respirar y que la caricia en su nuca la ayudaba a relajarse en cierto modo.
-Estoy bien… -susurró la chica entonces. Pero la grande mano aún transmitía calor a su espalda, asegurándole en silencio que estaba bien, que no había prisa, que no tenía por qué correr-… de verdad, estoy bien… sólo… sólo ha sido un mareo…
Se incorporó despacio y casi se echó hacia atrás cuando la mirada de Draco Malfoy apareció delante de ella a escasos centímetros, con un brillo de preocupación y empatía que desapareció enseguida mientras el policía se volvía a sentar. Snape y Blaise intercambiaron una mirada de sorpresa y burla que pasó desapercibida para los demás pero no para Draco que gruñó a modo de respuesta para hacerles entender que no quería escucha ni una palabra de aquello.
Hermione carraspeó. Necesitaba descansar. El hombro le empezaba a doler de nuevo y maldiciendo, tomó su bolso, lo abrió y sacó una pequeña caja blanca de donde tomó una pastilla grande y blanca.
-Maldita sea… -musitó al mirar dentro del bolso y darse cuenta de que no llevaba su acostumbrada botella de agua. Un vaso de agua apareció en la mesa, cortesía de Draco Malfoy -… Gracias.
Por respuesta, Malfoy asintió mientras aún apartaba la jarra de agua; Hermione se metió la pastilla en la boca y la tragó con un sorbo de agua, notando como el dolor empezaba a mitigar, aunque aún no lo suficiente.
Necesitaba descansar, por supuesto, pero también necesitaba saber. Carraspeó ligeramente.
-¿Amanda…
-Amanda era una de las nuestras –confirmó Ron-. Has estado en peligro tantas veces que te asustarías… Pero nunca ha pasado algo tan a la vista…
-¿Y por qué ahora? –preguntó Hermione-. Quiero decir, ¿por qué ahora…
-Es lo que intentamos descubrir –comentó cansado Remus-. Hemos empezado a recibir llamadas de niños desaparecidos… igual que empezó todo aquello… -miró a Harry y Hermione frunció el ceño cuando el moreno negó suavemente causando que Lupin se callara.
-¿Qué pasa? Tengo derecho a saber toda la verdad –dijo ligeramente enfadada.
-No es nada que tengas que saber por ahora –dijo Harry con voz dura y fría, como el agente al mando que era-. De momento te buscaremos un lugar seguro hasta que sepamos qué está ocurriendo. No puedes volver a tu piso.
¿Quién diablos se creía que era para darle órdenes de aquella forma? Frunció el ceño mientras miraba al hombre. Otro idiota como le había parecido Malfoy. ¿Es que todos los hombres guapos y atractivos tenían que ser idiotas o estúpidos arrogantes? Seguro que a su madre le gustaría estar con esos dos… Rodó los ojos. No iba a permitir que nadie le arrebatara lo que le había costado tanto tiempo conseguir; no iba a dejar que nadie le dijera lo que tenía que hacer.
-No –dijo la joven médico.
-Uno de nosotros tiene que estar siempre con ella –insistió Ron-. Y no pienso poner a mi hermana en el mismo campo que en el que estuvo Amanda.
-He dicho que no –lo intentó de nuevo Hermione alzando un poco más la voz al verse ignorada.
-Haremos turnos de vigilancia de dos –dijo Harry tomando la palabra-. Snape, encárgate de conseguir alguno de los apartamentos francos para testigos protegidos –el hombre de negro asintió.
-¡He dicho que no!
Malfoy la miró y sonrió de medio lado sabiendo que ella estaba mirando fijamente a Potter. Si el hombre moreno pensaba que ella iba a obedecer en silencio, Malfoy tenía serias dudas de ello. Y cualquiera que pudiera poner en un compromiso a Potter podía convertirse en su aliado… por muy mujer gritona que fuera.
-Remus, habla con el director del hospital e invéntate algo… no va a volver a ese hospital; es un blanco demasiado fácil y…
-¡NO!
Esta vez, su negativa fue acompañada por el ruido de la silla al moverse hacia atrás desplazándose cuando ella se puso en pie y por el ruido seco de sus manos abiertas golpeando la mesa haciendo que la carpeta que seguía abierta sobre ella se tambalease provocando la caída de algunos de aquellos documentos al suelo.
-No voy a renunciar a mi vida –dijo ella muy firme.
-Hermione, no estás siendo razonable… -intentó hablarle Remus.
-¿No? Acabo de enterarme que mi padre era un agente especial de un grupo de elite, que murió porque alguien le asesinó, que he tenido durante toda mi vida a una horda de agentes protegiéndome sin mi consentimiento y que pretendéis seguir haciéndolo sin importaros lo que yo piense de ello –dijo ella entre dientes mirando a Remus-. Yo creo que he sido demasiado razonable –miró a Harry-, pero no voy a perder todo lo que he conseguido porque hayáis decidido que estoy en peligro.
-No lo hemos decidido –la interrumpió Ron-, lo estás –confirmó.
-¡Me da igual! –gritó ella fulminándolo con la mirada y haciendo que el pelirrojo viese en los ojos de la joven mujer la misma mirada de enfado que solía ver en los ojos de su hermana cando se enfadaba con Blaise por insinuar algo que no debería siquiera haber pensado-, he trabajado muy duro para llegar donde estoy; estudié noche y día durante tres años para lograr sacarme la carrera en cuatro años en lugar de en siete y lo conseguí con las mejores calificaciones; tengo una vida propia y no voy a renunciar a ella sólo porque hayáis decidido que estoy en peligro. No lo haré aunque tenga que morir como murió mi padre –espetó inflándose de un valor que no sentía.
El silencio se hizo en la habitación. Nadie se atrevía a decir nada; la guerra de miradas entre Hermione y Harry parecía asustar a todo el que estaba allí excepto a Malfoy y Snape que parecían divertidos intentando saber cómo iba a reaccionar Harry ante aquella sublevación por parte de quien debía ser una dulce protegida.
-¡Harry! –gritó la mujer que estaba en el mostrador entrando en la habitación después de llamar de forma apresurada.
-¿Qué? –preguntó él molesto por la interrupción.
-Es… -miró a Sirius un segundo y vio los ojos del hombre oscurecerse, sombríos, como si de alguna manera presintiera lo que iba a decir-…Es Black… Lo han detenido en el sur de Francia hace dos horas, está a punto de llegar.
La tensión de la sala fue tanta que Hermione hubiera jurado que alguien podría cortarla con un cuchillo. Black… Miró a Sirius que parecía haber perdido todo resquicio de sonrisa alguna. Black, Hermione se encontró preguntándose si serían parientes… Por supuesto que podían no serlo pero… la expresión de sus ojos, la dureza en los gestos de su rostro, sus puños apretados, el aire contenido con rabia inusitada… Si no eran parientes, lo que sí que no podía negar era que le conocía.
-Yo iré –se ofreció Draco levantándose de la silla que había ocupado hasta el momento.
-No, yo voy –le cortó Sirius tajante.
-No estás en condiciones para interrogarle Black –le contestó él con sorna-. Además, quiero hablar con mi querido primo a solas.
Sirius no se movió de la silla. Nadie dijo nada. Sólo los pasos de Malfoy se escuchaban haciendo eco mientras se acercaba a la puerta.
-Malfoy, voy yo –dijo Sirius serio sin moverse-. No cruces esa puerta.
-Mírame –le contestó el rubio burlón.
-Draco… -Malfoy se detuvo y se giró con una expresión de sorpresa en el rostro-. Por favor… deja que vaya yo… quiero saber… necesito saber…
-Estás demasiado implicado, Sirius –intervino Ginny colocando una mano sobre la del hombre, ambas sobre la mesa-, no creo que sea bueno que…
-Déjale que vaya –se escuchó la voz de Remus. Harry miró al hombre de ojos casi dorados-. Harry… -lo apremió-… tú sabes mejor que nadie por qué…
Harry suspiró. Hermione casi podía ver como se debatía entre lo que debía hacer y lo que quería hacer; estaba claro que eran hombres entrenados para seguir las reglas, pero también era más que evidente que eran hombres que seguían vivos precisamente por saltarse las reglas.
-De acuerdo Sirius –el aludido se levantó-. Blaise, ve con él.
-Puedo ir solo.
-No, no puedes –le replicó Harry ignorando el tono de advertencia en su voz-. O vas con Zabinni o no vas, tú eliges, Sirius.
Gruñó, gritó y fulminó a Potter con su mirada que podía llegar a ser tan fría y despiadada como le había parecido la de Draco Malfoy pero Harry parecía haber lidiado con esos arranques de furia demasiadas veces para dejarse intimidar por él. Sirius abandonó la habitación con Blaise.
-Malfoy –el rubio le miró-. Ocúpate de Hermione –le pidió. Miró a la mujer y suspiró-. Supongo que querrás pasar por tu casa para recoger tus cosas.
-He dicho que no voy a…
-Ahora mismo tu apartamento es la escena de un crimen –le contestó Snape fríamente-. Necesitas salir de allí para dejarnos hacer nuestro trabajo.
Hermione asintió sonrojándose ligeramente. Harry suspiró.
-Malfoy –Draco, que permanecía de pie le miró-, acompáñala y luego llévala a un sitio seguro, prioridad cuatro –añadió. El rubio asintió-. En cuanto esté instalada, quiero dirección y aviso, ¿de acuerdo?
-Vamos, Granger –apremió el agente. Hermione miró a Ginny y la pelirroja le sonrió.
-Puede parecer un bruto y un arrogante estúpido, pero es el mejor, no te pasará nada.
No era eso lo que le preocupaba a Hermione, no le preocupaba que alguien intentara matarla sino más bien, pensó mientras salía de la habitación con Malfoy detrás de ella, si ella podría aguantar sin matarle a él.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
No entendía qué le pasaba con aquella mujer. Aún no le había agradecido nada de lo que había hecho y él estaba seguro de que a una no siempre le salvaban la vida en un callejón y la llevaban luego al hospital donde se quedaba velándola hasta que despertara y algún maldito matasanos le asegurara que estaba bien.
Y por si eso fuera poco, ahora tenía que hacer de niñero. Miró a la mujer que iba sentada con él en el deportivo negro y apretó las manos alrededor del volante. No había dicho ni una palabra desde que habían salido de la oficina. Se mostraba entera y tranquila pero él era demasiado dado a observar la actitud de los demás como para dejarse engañar. Estaba asustada; sólo había que ver cómo temblaba cada vez que alguien se acercaba a ella lo suficiente para tener que compartir el mismo espacio vital. Suspiró. Aquella iba a ser una tarea difícil.
Aparcó el coche frente al edificio; el coche de ella seguía en el mismo sitio de la noche anterior. Ella bajó del coche y él enarcó una ceja; había dado por supuesto que ella estaría esperando que se comportara de forma caballerosa con él y él ya había determinado que si eso era lo que buscaba se iba a dar de narices contra la pared porque él no era así con las personas a las que debían proteger.
Entró con ella al edificio después de asegurarse que no había nadie cerca de ellos y antes de que ella entrara en el ascensor, el agente insistió en retenerla fuera unos segundos mientras inspeccionaba el pequeño lugar. Ella enarcó una ceja y sonrió de forma burlona.
-¿Quiere mirar también en mis zapatos? –preguntó.
-Le sorprendería saber en qué sitios pueden haber transmisores, bombas o trampas –le replicó él.
Hermione no contestó; se limitó a rodar los ojos y a entrar en el ascensor para picar al botón del quinto piso mientras aferraba con fuerza el bolso como si fuera un salvavidas. Se permitió mirarla de reojo. Era bonita. Era realmente bonita. Apenas utilizaba maquillaje, no como las mujeres que él conocía; no vestía de forma provocativa y sus zapatos no parecían estar sobre dos agujas y aún así, Draco Malfoy estaba seguro de que llamaba la atención cuando paseaba por la calle simplemente por ser ella. Tenía el cabello largo y de un color miel que invitaba a acariciarlo, a enterrar las manos entre aquellos grandes rizos que caían sobre su espalda en aquellos momentos; estrecha cintura y grandes caderas que se movían de forma insinuante pese a que estaba seguro de que ella no lo hacía queriendo… quizá en eso residía parte de su belleza, en que no sabía que la poseía.
El ascensor se detuvo y él sostuvo la puerta para que ella pasara primero. La puerta del apartamento estaba abierta y se escuchaban voces de dentro. Hermione se detuvo en el reallano y Malfoy en un gesto instintivo la colocó detrás de él indicándole que permaneciera en silencio mientras él se acercaba a la puerta; la mujer casi tuvo que ahogar un grito cuando vio la pistola asomando por detrás del pantalón cuando él se levantó la chaqueta para hacer un amago de tomarla.
Vio como Draco se pegaba a la pared y miraba por la rendija de la puerta y sin quererlo, soltó un suspiro exhalando todo el aire que había estado conteniendo involuntariamente cuando él alejó la mano de la pistola y se la llevó a la cintura donde tenía colgada su placa, al tiempo que soltaba varios juramentos y maldiciones y le hacía un gesto para que ella le siguiese.
-Soy el detective Malfoy –anunció entrando en el piso antes de que los tres policías que estaban allí pudiesen hacer amago de coger siquiera sus armas-, la señorita Granger ha venido a recoger algunas cosas hasta que la investigación se cierre, espero –miró con reprobación a uno de los policías que parecía bastante interesado en la ropa interior que estaba aún doblada en la cesa de ropa limpia-, que eso no sea ningún problema.
El policía dejó la ropa inmediatamente y el otro intentó esconder el hecho de que habían estado revisando la cocina. Malfoy rodó los ojos y en un acto mecánico memorizó los números de las placas de los tres policías; si eran tan estúpidos para hacer aquello, merecían que los rebajasen a simples guardias de tráfico.
Hermione entró en el apartamento y cerró los ojos un segundo. Sólo eso. El tiempo suficiente para decirse a sí misma que todo estaba bien, que no había pasado nada. Una vieja técnica a la que los médicos recurrían cuando estaban nerviosos ante una operación o a la hora de tener que dar un diagnóstico que desembocaría en lágrimas para el paciente o para, generalmente, los parientes del paciente.
Draco miró a la mujer y la vio parada en medio del salón. ¿Qué le ocurría ahora? Vio sus manos cerradas en fuertes puños temblando, su barbilla también y sus ojos apagados parecían no querer mirar a ningún sitio.
Y entonces lo entendió. Estaba paralizada. Hacía menos de veinticuatro horas había descubierto demasiadas cosas sobre su padre, que había sido protegida siempre por algo que desconocía, habían estado a punto de matarla y había presenciado la muerte de la que había sido su mejora miga y que había resultado ser una agente más; en realidad, ella había aparentado mucha más serenidad que cualquier otra mujer a la que le hubiera pasado algo semejante.
Y por si eso no había sido suficiente, tenía que regresar allí, al lugar donde había visto el cadáver de su amiga, al lugar donde había personas fisgoneando en sus armarios, en su cocina, en su nevera, en los cajones de su ropa interior. Frunció el ceño. Él, tan celoso de su intimidad como era, los habría echado a todos sin contemplaciones y ella, que seguramente era lo que deseaba hacer, no podía.
Alzó la voz por encima de los leves sollozos que empezaban a hacer que los hombros de la mujer temblasen ligeramente y se dirigió hacia los tres agentes que aún permanecían en el salón.
-Pueden retirarse –ordenó secamente-, me quedaré con Granger y luego cerraré –anunció. Los agentes se miraron entre ellos titubeando y Draco rodó los ojos internamente-. ¿No me han oído o están esperando una invitación formal, caballeros?
-Es que no podemos dejar este… -empezó a decir uno de ellos.
-No acostumbro a dar explicaciones si no es a mi superior y creo que ustedes no entran en esa categoría, agentes –les contestó Draco haciendo gala de sus malos modales y su mirada fría e impersonal-, yo me hago responsable de todo. ¡Lárguense! –gritó al ver que ninguno de los tres se movía.
-Nos quejaremos a nuestro superior –amenazó uno de ellos.
-Draco Malfoy, detective de la comisaría número 53 de Baker Street, mi superior inmediato es Harry Potter –disfrutó al ver como los rostros de los hombres se encogían por el miedo al nombrar a Potter y se sintió satisfecho de que al menos, el nombre de Potter y su fama le precedieran-. Si quieren quejarse adelante, les estaré esperando encantado –finalizó mientras les daba la espalda y se ponía detrás de Hermione como si les estuviera desafiando a hacer o decir algo al respecto.
Escuchó como se iban y miró a Hermione sin saber qué decir o qué hacer al respecto. Pero no tuvo que pensar demasiado tiempo.
-Gracias… -dijo ella en apenas un susurro-. Yo… no soportaba que estuvieran fisgando en mis cosas conmigo aquí… -intentó explicarse.
Draco asintió por toda respuesta.
-No se preocupe, está bien, forma parte de mi trabajo - ella asintió sintiéndose idiota, todo era trabajo para aquel hombre de acero-. Recoja lo que necesite y sea imprescindible –le dijo intentando no parecer tan rudo como siempre.
Hermione recogió su maletín con el ordenador del lugar donde siempre lo dejaba y lo colocó sobre la mesita para asegurarse de cogerlo luego; por si acaso, colocó su bolso encima. Ignoró el salón y la cocina y atravesó el pasillo sintiendo náuseas repentinas al pasar frente a la puerta del baño aún abierta con el marco forzado y agujereado por los disparos que aún sonaban en su cabeza. Se llevó una mano al hombro herido y negó con la cabeza. Ella estaba bien.
Entró en la habitación con la mirada fija en el armario, sacó una pequeña maleta y recogió algo de ropa sin siquiera pensar bien en lo que estaba tomando; su mente demasiado ocupada queriendo alejarse de allí. Se dirigió a la cómoda y apenas tomo algo más que su frasco de colonia habitual y la fotografía de su padre que guardaba con gran cariño; le sonrió el hombre uniformado de la imagen y besó la yema de sus dedos índice y corazón antes de posarlos sobre la fotografía y guardarla en la pequeña maleta; una chaqueta, un libro que guardaba sobre el escritorio, algunos informes y discos con información del hospital; lo necesario para ella, sus pacientes, como siempre. Suspiró y se dirigió al cuarto de Amanda.
Malfoy la miró desde dentro de la habitación cuando ella entró y Hermione se obligó a aguantar la mirada gris.
-Yo… -carraspeó-… tengo que tomar algo de aquí… -dijo.
Malfoy asintió y ella suspiró, aliviada y sin saber por qué. Alguien había ordenado el cuarto y aunque se había intentado limpiar la mancha de sangre del suelo, aún había cierto color rojizo y el olor metálico de la sangre inundaba la habitación de Amanda.
Draco la miró. Vio como se arrodillaba frente a la cama que una vez había sido de Amanda mientras farfullaba algo entre dientes y empezaba a sacar una caja de cartón de debajo de la misma.
-Amanda siempre decía que era mejor guardar aquí las joyas… -argumentó-… que si un ladrón entraba buscando una caja fuerte nunca buscaría en una vieja caja de cartón…Quizá si la caja no hubiese estado aquí… ella no hubiera…
Draco entrecerró los ojos. Ella no tenía la culpa de la muerte de Amanda, ¿por qué se echaba la culpa de aquella forma tan estúpida? No era bueno consolando a la gente, ¡por todos los diablos! Cuando algo así pasaba, siempre estaba Remus con sus palabras tranquilas, o Potter con su sonrisa de "todo se arreglará" o incluso el idota de Black era capaz de hacer que alguien se sintiera mejor con alguna de sus estúpidas bromas. Pero él no sabía cómo consolar a nadie. Nunca le habían enseñado, nunca lo había sentido…
Y cuando no sabía qué hacer, siempre ocurría lo mismo, su instinto actuaba por él. De ese modo había atrapado a varios terroristas, fiándose de sí mismo, guiándose por lo que él haría o por lo que él desearía que alguien hiciera.
Se agachó junto a la mujer y pasó sus brazos alrededor del cuerpo intentando no lastimarle el hombro. Se sorprendió de lo débil y lo frágil que parecía. Juraría que podría romper todos los huesos de su cuerpo si la apretaba demasiado y sin embargo, ella había aparentado ser tan fuerte como él cuando en realidad estaba terriblemente asustada. En un primer momento, Granger se tensó contra el cuerpo que la abrazaba. No estaba acostumbrada al contacto físico con los hombres, algo que también, desesperaba a su madre, por supuesto.
-Tranquila… -le susurró Malfoy entonces acercando sus labios al oído de ella-… todo está bien… No voy a dejar que te pase nada… -siguió diciéndole lentamente, como si estuviera hablando con un animalillo asustado-. Todo va a estar bien… No pasa nada… tranquila…
Aquellas palabras fueron puro bálsamo par la mujer que por un momento olvidó lo que había ocurrido, quién la tenía abrazada, en qué habitación estaban… lo olvidó todo y dejó caer la máscara de seguridad y fortaleza que había mantenido desde la noche anterior. Estaba aterrada, aterrada por estar allí, por haber estado a punto de morir, por estar en peligro, por conocer algo que no sabía qué era, por no saber qué esperaban de ella… por todo…
La primera lágrima descendió de sus ojos y quedó atrapada en la camisa de Malfoy, mezclándose con la colonia de menta que él llevaba. Apretó sus manos aferrándose en torno a un trozo de la camisa de él, en el pecho y enterró su rostro en él, colocando su frente sobre el pecho del agente que la acercó más a su cuerpo, abrazándola con más fuerza mientras su mano derecha empezaba a hacerle un suave y lento masaje en la nuca.
-Ya está pequeña… -susurró él de nuevo-… Llora todo lo que quieras, Granger… No va a pasarte nada… te lo prometo… -en un gesto que ni siquiera él supo de donde había salido, la besó en la cabeza suavemente aspirando el aroma a rosas que procedía del suave cabello de la mujer-. Vamos… te llevaré a un lugar seguro… No pasará nada… Te lo prometo…
Ella asintió. No le importaba dónde la llevara. No le importaba en absoluto. Sabía que él la protegería. Era lo único que le importaba, eso y el corazón fuerte que latía con rapidez bajo su mano. Un corazón duro, de ritmo rápido y con un latir poderoso. Como el de un león que protege lo suyo. Se relajó contra el abrazo del hombre. Quizá Malfoy no era tan horrible como ella había creído. Quizá sí tuviera, después de todo, sentimientos.
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Harry entró en el bar acompañado de Remus y Ron. Habían recibido una llamada de Blaise al que encontraron cerca de la barra, colocado estratégicamente para no llamar la atención mientras vigilaba a Sirius que parecía muy concentrado en la copa que tenía en la mano, la sexta, contaba ya Blaise a parte de las cuatro cervezas que había bebido hasta que ellos tres llegaron.
Era un local pequeño, oscuro y sombrío, instalado en uno de los callejones de las calles de Londres y llamado el Caldero Chorreante, un lugar perfecto para los policías cuando querían encontrar información de alguien o de algo. La música sonaba en una vieja máquina de discos que Ron no sabía cómo podía funcionar aún, en un rincón del lugar; la barra ocupaba gran parte del local de paredes rojas y suelo negro, oscuridad frente a la luz que había tras aquellas paredes. Varias mesas y sillas repartidas por el lugar, entrechocándose entre sí y desperdigadas sin ningún orden en concreto alrededor de las columnas de hierro que sustentaban el techo del lugar. Al fondo de la barra, un estrecho pasillo llevaba al cuarto de baño y a una puerta trasera. El hedor a alcohol mezclado con sudor hizo que Lupin frunciera el ceño.
-¿Por qué Sirius siempre tiene que elegir los bares más asquerosos cuando le da por emborracharse? –preguntó rodando los ojos.
Ron le dio una palmada en el hombro con una sonrisa torcida.
-Por que si no, no sería él –comentó divertido haciendo sonreír a Lupin-. ¿Harry?
El chico asintió y se dirigió hacia Blaise que le saludó con un gesto de cabeza. El moreno frunció el ceño al ver un hematoma que empezaba a formarse en el ojo izquierdo y que se veía perfectamente incluso en la oscuridad del bar.
-¿Estás bien?
Blaise asintió.
-Estaba un poco alterado –comentó-, fingí que me largaba y te llamé –miró por encima del hombro y sonrió al ver a Remus y Ron junto a la puerta-, veo que has traído a la caballería.
Harry sonrió a medias y se encogió de hombros.
-Remus es el único que logra convencerlo de que deje de beber –Blaise enarcó ambas cejas y Harry sonrió, esta vez, de forma más abierta-, y Ron es el que mejor aguanta los golpes, por algo lo llaman el muro rojo, ¿no? –Blaise rió suavemente, negó con la cabeza, dejó un par de monedas en la barra y tragó de un solo sorbo lo que quedaba de su cerveza-. ¿Cómo está de mal?
Blaise sonrió con tristeza.
-Regulus dijo ciertas cosas desagradables… está hundido, Harry. Espero que podáis llevarlo a casa, si necesitáis ayuda…
-No, tranquilo, ya has hecho bastante por él. Ve a casa y descansa, mañana a las siete en la oficina, tenemos mucho de lo que hablar –vio como Remus se acercaba a Sirius y miró a ver qué pasaba mientras Blaise salía del lugar.
Frunció el ceño. Remus intentaba convencerlo de algo pero por los movimientos negativos de la cabeza de Sirius, él no iba a dejarse convencer tan fácilmente. Remus insistió de nuevo y esta vez, se ganó un grito del moreno y Harry estaba seguro de que le hubiese golpeado de no ser porque era Remus.
Ron se acercó a él.
-¿Quieres que haga algo? –le preguntó.
Harry negó. Remus se alzó de hombros y miró a Ronald y Harry, el moreno le hizo un gesto con la cabeza para que lo dejara tranquilo y Remus le hizo caso.
-Iros a casa –les dijo a los dos hombres-, yo me ocupo de Sirius.
-Harry, no está razonable –le avisó Remus-. No ha querido escucharme siquiera…
Pero la mirada de Harry era la misma que la de James Potter cuando decidía algo. La misma que tenía cuando decidió que Lily Evans sería su esposa. Determinación y decisión. No había nada más.
Remus asintió y Ron y él salieron del bar. Harry se acercó a Sirius y se sentó a su lado. El camarero le miró.
-Una cerveza –le pidió-. La mejor que tengas –añadió.
El camarero le sirvió en silencio y Harry se abstuvo de comentar que las jarras de los vertederos estaban más limpias que las que el daba. A Sirius no parecía haberle importado demasiado, aunque, viendo el brillo en sus ojos, a su padrino le podrían haber puesto una cerveza con un dedo amputado dentro y no se habría quejado.
Sí, porque Sirius Black, era para Potter, más que su compañero de trabajo o su amigo. Sirius Black era su padrino. Había sido una suerte encontrarlo después de tantos años y daba por ello gracias a los cielos cada día. Su vida no había sido fácil. Cuando cumplió dos años de edad, sus padres murieron, según le dijeron, en un accidente de tráfico, poco después supo la verdad, que un narcotraficante los había matado cuando había intentado secuestrar a Harry. Por suerte para el bebé, Albus Dumbledore, jefe por aquel entonces de la Orden del Fénix, como se hacía llamar la unidad a la que pertenecían, lo había acogido en su casa y por consiguiente, él había visto desde muy pequeño el trabajo que aquel grupo secreto ejercía.
No había sido hasta los trece años que supo la noticia de que tenía un padrino. Alguien que quería ocuparse de él, alguien que le iba a querer. No era ser malagradecido; Harry siempre le agradecería a Dumbledore que lo criara como si fuera su propio nieto, pero Albus apenas sabía nada de sus padres por lo que no podía contestar las preguntas que le rondaban a Harry por la cabeza. El día de su décimotercer cumpleaños, Albus lo sentó en el sofá de la sala y le dijo que su padrino, al que habían condenado por creer que había sido el culpable del asesinato de James y Lily Potter, había sido absuelto. Un tal Remus Lupin, perteneciente a la unidad, no había parado de remover Roma con Santiago hasta localizar a un pequeño topo de la organización de venta de bebés que había confesado que Sirius Black no había hecho nada en contra de los Potter; Albus le dijo a Harry que su padrino estaba libre y que Peter Pettergrew pagaría por sus crímenes.
Al día siguiente había ido a verle. No sabía qué esperar. No sabía qué esperaban de él. Estaba asustado, ansioso, animado y aterrado y no en ese orden precisamente. Pero cuando aquel hombre moreno de ojos grises y aspecto demacrado le abrió la puerta con aquella sonrisa y sus ojos brillando de forma alegre y melancólica, supo que todo iba a estar bien y cuando el hombre se agachó a su altura y posó sus manos en los hombros del aún niño y le dijo "eres igual a James pero los ojos… los ojos son de Lily", supo que no importaba si todo iba bien o no porque por fin iba a tener a alguien que le contestara las preguntas que siempre había querido saber. Estuvieron hablando horas, descubriendo así, que el color favorito de su madre era el violeta, que su padre odiaba que su cabello estuviese siempre revuelto hasta que las chicas habían empezado a decir que era algo sexy; que su madre había rechazado a su padre ciento cuarenta y dos veces pero que al final aceptó salir y que desde entonces no se había separado de él; que su padre había tenido un accidente con la moto de Sirius y que por lo tanto él había determinado que ningún hijo suyo subiría nunca a un trasto como aquel y que el día que había visto a su bebé en la moto con su padrino casi le había dado un ataque al corazón.
Cuando aquella noche, Sirius le preguntó si quería ir a vivir con él, Harry no lo pensó. No lo necesitaba. Agradeció a Albus todo lo que había hecho por él y le prometió que al cumplir los dieciocho ingresaría en la unidad secreta siendo el mejor hasta descubrir quién mató a sus padres. A los dieciocho años, cumplió su promesa. No había dejado la Orden desde entonces, trabajando cada año más duro que el anterior y ni un solo de esos días desde que había cumplido trece años, había dejado a Sirius solo. Jamás. No pensaba empezar ahora.
Harry no dijo ni una palabra. Sabía que en cuanto lo hiciera, Sirius saldría de allí gritando y maldiciendo y eso no era lo que quería. Conocía a su padrino lo suficiente para saber cómo hacerle hablar. Dos segundos más y el mayor empezó a abrir la boca, Harry bebió de su cerveza para ocultar su sonrisa. Nunca se equivocaba.
-Él la mató –dijo sencillamente Sirius al ver que Harry no decía nada. El joven agente asintió dejando que él siguiera hablando-. ¿Y sabes qué? No le importó –se rió suavemente. Harry frunció el ceño. Estaba borracho como una cuba-. Maldita sea… era una bruja pero era la única madre que había conocido… -se lamentó.
Harry, a su otro lado, hizo un mohín de disgusto; Sirius debía estar realmente mal si estaba disgustado por la muerte de Artemisa Black. Era una mala mujer, alguien que había criado a sus hijos a base de golpes y castigos y que les había introducido en el negocio de la trata de blancas, de la droga y de la prostitución; un negocio del que Sirius no había querido saber nada y que había atrapado al menor de los Black, a Regulus Black, su único hermano.
-¿Y sabes qué más me dijo? –Harry le miró bebiendo por encima de su copa-. Que si yo hubiera estado con ellos, él nunca habría terminado de aquella forma… -rió sonoramente, un par de tipos cerca de ellos se removieron incómodos y se apartaron. Ron sonrió, la risa estruendosa de Sirius siempre lograba ese efecto-. ¿Puedes creerlo? Al final yo tengo la culpa… -sonrió tristemente-… Como siempre… ¿no?
Ahí estaba. Ese era el motivo. Sirius no era como el resto de su familia, él sí tenía sentimientos, él sí tenía conciencia. El hecho de que Regulus le acusara cuando él no tenía la culpa había sido una estrategia para hundir a Sirius y, a juzgar por el aspecto del siempre atractivo agente, había surtido efecto. Se prometió a sí mismo mantener una conversación con Regulus… sin testigos, por supuesto.
-Es cierto –dijo Harry entonces. Sirius le miró-. Tú tienes la culpa Sirius. Y por eso, yo te doy las gracias.
Sirius parpadeó extrañado.
-Bueno, si no te hubieras largado de casa, si no te hubieras apartado de tu hermano y tu familia, yo no tendría a nadie más, así que tengo que darte las gracias –el policía mayor le sonrió amargamente-. Sirius, eres el mejor hombre que he conocido nunca y no voy a dejar que te martirices de este modo, ¿entiendes? Dime una palabra. Una sola palabra y esta noche Regulus dormirá eternamente si consigo con eso aliviarte el dolor.
Sirius le miró. Hablaba en serio.
-No serías capaz de matar a nadie desarmado.
Harry se encogió de hombros.
-Pensaba darle un cuchillo –se defendió.
-Regulus no duraría ni diez segundos Harry. Lo sabes. Eres un experto en armas blancas –manifestó con cierta diversión.
Harry no contestó inmediatamente.
-Al menos… -bebió de su vaso-… le daría la oportunidad de defenderse, cosa que él no ha hecho contigo.
-Quizá tendría que haberme quedado con él en casa… -dijo Sirius en voz alta. Harry negó suavemente.
-Entonces yo hubiera acabado teniendo que detenerte a ti –le dijo burlón consiguiendo que Sirius sonriese sinceramente-. Vamos a casa Sirius, ya has bebido suficiente por todo el mes, ¿no te parece?
Sirius Black asintió. Dejó que Harry pagara por los dos e intentó parecer solemne cuando Harry le hizo apoyarse en él para salir del local y llegar al coche; era sorprendente la fuerza que Potter tenía para ser un chaval de menos de treinta años. Siempre le sorprendía. James también le había sorprendido muchas veces. Tenía suerte de tener a Harry con él. Y a Remus. Remus… seguro que le echaría una buena bronca por haberse emborrachado sin él. Esperaba que al menos la bronca no fuese hasta el día siguiente, bien entrada la tarde, presentía que iba a tener resaca. Cuando la suave música de Harry inundó el coche, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Una muy buena resaca.
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Bueno, pues esto es todo por hoy.
Esperemos que estos golpes de inspiración sigan así para poder subir capítulos de otros fics y también de este :p
Un besito para todos y ya sabeis que los reviews y los comentarios siempre serán bien recibidos, ok?
Sed buenos y recordad no hagais nada que yo no haría…
Sed felices, nos leemos pronto!!!
