Hola a todo el mundo!!! Mmmm bueno… aviso… voy a entrar en el último mes de exámenes de la universidad, así que voy a estar ocupada… bastante, a decir verdad… así que si tardo más de las dos semanas en actualizar a la que estais acostumbrados, tendreis que disculparme, de acuerdo?

Bueno, un saludo a los que me habeis dejado reviews que por cierto no puedo creer que tenga tantos!!! Un besito para: Lna, margara, Belin03, Krissalis Potter, harrymaniatica, Sweetangel-M, mariapotter2002, pekelittrell, mari, pikita45 (gracias por tu super review… me encantan!!!), Duciell, PauMalfoy, ivtacroa osnaleq, fairyMoKa, oromalfoy, Manuel, DonGato, Y0misma, Sami-maraurder girl, Alevivancov, Victoria Malfoy, Terry Moon, Dannia, tefy, Karenzita

Os dejo con el capítulo y espero que sea de vuestro agrado ok? Nos leemos abajo!!!

Capítulo 4. Sólo han intentado matarme… otra vez.

Cuando Ginny y Blaise llegaron al día siguiente, Severus hacía tiempo que se había ido y Malfoy no se había atrevido a dirigirle la palabra. Hermione tampoco lo había hecho. No debían importarle las palabras de nadie, lo sabía, pero le importaban siempre le habían importado lo que pensaran de ella.

Había escuchado durante años como sus compañeros de facultad la criticaban por poder sacarse la carrera en tan poco tiempo, aludiendo a que seguramente habría hecho algunas concesiones especiales con algunos profesores para lograrlo. Nunca le había gustado escucharlo, pero lo había tenido que hacer y había tenido que aguantarlo en silencio. Pero eso no significaba que no le hubiese afectado, de hecho, una de las chicas se llegó un buen puñetazo cuando se le acercó para preguntarle qué tal era el profesor Durmstron en la cama. Desde aquel momento no la habían vuelto a criticar, al menos no de forma tan abierta. Sonrió malvadamente mientras pensaba en las consecuencias que podría tener darle un puñetazo semejante a Malfoy. Quizá así se le quitaba esa idea de que había tenido todo lo que había querido en la vida.

-No lo juzgues tan rápido –la voz de Ginny la sobresaltó. Esa chica sí que era silenciosa cuando quería serlo.

-No sé a qué te refieres.

-¿Ah, no? –preguntó burlonamente-. Malfoy –dijo simplemente.

-Te lo ha contado ¿no? –Ginny asintió-. Sólo quería dar un paseo… Me agobio estando tanto tiempo sin saber qué hacer –dijo frustrada.

Ginny sonrió sabiendo exactamente cómo se sentía la mujer porque a ella le pasaba exactamente lo mismo.

-La próxima vez, espera a que estemos alguno de nosotros aquí, Ron o Harry estarán dispuestos a acompañarte –los ojos de Hermione brillaron-, incluso Remus o Sirius. Draco se toma demasiado en serio su trabajo.

Los ojos de la mujer relampaguearon y Ginny enarcó una ceja.

-Hay algo más ¿no? –inquirió.

-Él no sabe nada de mi vida… -dijo entonces Hermione-… y actúa como si lo supiera todo… me hizo daño con algunas cosas que dijo…

Ginny asintió.

-Draco puede ser muy brusco cuando quiere –afirmó constatando un echo.

-¿Acaso puede no serlo? –preguntó ella.

-Draco no lo ha tenido fácil –empezó a decir Ginny-. ¿Sabes que se crió en un orfanato hasta que a los diez años, Snape apareció con un documento legal donde indicaba que él era su padrino? Removió cielo y tierra para encontrarle y cuando lo hizo, Draco estaba tan resentido con el mundo que le costó un infierno que confiara en alguien… -se encogió de hombros-… sólo confía en sí mismo Hermione, y a veces en Snape o en Blaise, pero en nadie más.

-Eso no le da derecho a juzgar a lo demás –espetó ella-. ¿Acaso cree que es el único que lo ha pasado mal? –preguntó-. Perdí a mi padre, a la única persona que me importaba en este mundo, y no puedes hacerte una idea de todas las cosas que he tenido que escuchar por ser más inteligente que la mayoría de mis compañeros que no aceptaban que fuera capaz de sacarme la carrera en cuatro años –le dijo resentida-. Nunca me ha faltado de nada, pero desde luego que estoy muy lejos de haber sido la niña caprichosa y consentida que él me acusó de ser.

Ginny le sonrió comprensiva.

-¿Quieres que salgamos luego? –le preguntó. Hermione le miró entusiasmada y la pelirroja rió divertida-. Creo que eso es un sí, ¿mmm?

-¿En serio? –preguntó la médico.

-Claro… sólo le pediremos a alguno de los chicos que nos acompañen –rodó los ojos-. Aunque pertenezco a la orden y soy capaz de defenderme si es necesario, me siguen viendo como la mascota que sólo sirve para buscar datos en la pantalla.

La grande mano de Blaise revolvió el cabello de la pelirroja que se removió sin perder la sonrisa hasta que él se sentó en el sofá, junto a Hermione y ella.

-Es que eso es lo que eres, pequeña –le dijo sonriendo indulgente. Hermione miró con reprobación el enorme sándwich de pollo, tomate, lechuga y mayonesa que el chico llevaba entre las manos con toda la intención de comerse.

-¿Es que no te dan de comer en casa? –preguntó Hermione sonriendo-. Hace menos de dos horas que hemos comido –añadió.

-Dos horas es mucho tiempo y estoy en edad de crecer.

-Tiene razón –apuntó Ginny muy seria pese a que el brillo de sus ojos la delataba-. Su cerebro aún tiene que crecer mucho para llegar al tamaño normal.

Eso le costó un cojinazo por parte de Blaise, aunque ella atrapó el proyectil negro entre las manos antes de que impactara en su cara, sin dejar de reír. Hermione les miró suspicaz y enarcó una ceja mientras sonreía de forma felina, como aquel que conoce un secreto que sólo está en su posesión.

-¿Cuánto tiempo lleváis saliendo sin que lo sepan? –preguntó de repente.

La risa de Ginny se cortó en seco y su primer impulso fue, al igual que el de Blaise, mirar hacia la entrada de la puerta y hacia las escaleras, como si temieran que alguien pudiera haber escuchado aquello, algo totalmente surrealista, dado que sabían perfectamente que estaban solos.

Después, ambos se miraron antes de mirar a Hermione que sonrió con inocencia y dulzura.

-¿De qué estás hablando? –intentó disimular la pelirroja.

Blaise rió roncamente y levantándose de donde estaba, se sentó junto a Ginny.

-Déjalo, zanahoria –le recomendó-, nuestra doctora es muy lista –Hermione sonrió y asintió con la cabeza, aceptando el halago-. ¿Cómo te has dado cuenta? –preguntó Blaise.

-Papá siempre me decía que tendría que haberme hecho sicóloga –contestó Hermione simplemente encogiéndose de hombros.

-Llevamos juntos cinco meses –contestó entonces ella-. Pero si mi hermano o Harry se enteran, primero nos matan y luego nos prohíben vernos –informó.

-Eso por no mencionar los comentarios que tendríamos que soportar de Draco –apuntó Blaise-, que por cierto, sé que no es santo de tu devoción.

-Yo creo que no es santo de nada –señaló Hermione-. Me odia ¿verdad? Incluso Snape se comporta conmigo mejor que Malfoy y por lo que Sirius y Remus me han contado eso ya es mucho.

Blaise rió profundamente y Hermione se encontró preguntándose si era esa risa profunda, ronca y varonil lo que había atraído a Ginny al muchacho de piel negra que estaba con ellas.

-Severus conoció a tu padre, Draco no –se encogió de hombros-. Supongo que él, igual que Remus y Sirius, ven parte del carácter de Anthony en ti. Nada más.

-No me gusta que me juzguen –replicó Hermione-. Y él lo ha hecho sin darme ni una oportunidad –se sonrojó furiosa. Blaise enarcó ambas cejas, sabía que había algo más-. Y escuché una conversación…

-¿Qué conversación? –se interesó Ginn.

-Anoche –explicó Hermione-. Por alguna estúpida razón, Malfoy cree que tengo ochenta millones de euros escondidos, un dinero que mi padre recuperó de alguna de sus últimas misiones y que me dio a mí –añadió sin saber si reírse o llorar.

-¿Cómo…

-Cree que yo ordené el asesinato de Amanda –explicó con lágrimas a punto de saltar de los ojos-, y que fingí el ataque hacia mi persona, y que sigo fingiendo… Es un idiota arrogante que no ve más allá de sus ristocráticas narices.

-¿Estás segura de que escuchaste eso, Hermione? –preguntó Blaise frunciendo el ceño. Draco era su amigo y ella lo sabía, pero la mujer no se amilanó por ello.

-Se lo dijo a Snape anoche, y a juzgar por el tono en que Snape le contestó, no era la primera vez que insistía en ese tema… -se revolvió incómoda-… yo bajé a beber agua y les escuché en la cocina hablando. Después de escuchar de su boca que era una "actriz deplorable y una niña caprichosa que tardaría menos de dos minutos en ir a buscar mi dinero si me dejaban sola", se me quitaron las ganas de beber y me entraron unas ganas locas de matarle con mis propias manos –añadió dolida al recordar cómo se había sentido de humillada y dolida al haberle escuchado hablar de aquella manera.

Blaise iba a asegurarle que Draco no era tan malo pero que la vida le había hecho ser así y no le iba a mentir. Desconfiaba de todos. De todo. No dejaba que nadie se acercara a él lo suficiente para hacerle daño y nunca se había atado a ninguna mujer… jamás. Por supuesto que había tenido sus aventuras de una noche, pero sólo habían sido eso, aventuras, romances de una noche de sexo con la vana promesa de un "te llamaré" al día siguiente que nunca cumplía. Draco necesitaba a alguien que le hiciera ver el mundo desde otro punto de vista, alguien que le hiciera confiar en la gente, en el género humano… pero nadie se quedaba el suficiente tiempo mirándole para ver más allá de sus ojos.

Una musiquilla interrumpió sus pensamientos y Hermione resopló al reconocer la melodía de su teléfono móvil.

-Genial, lo que me faltaba… -susurró mirando la pantallita del teléfono mientras no dejaba de sonar.

-¿No vas a cogerlo? –preguntó Blaise entonces.

-No tengo ánimos de lidiar con mi madre ahora mismo y mucho menos para aguantarla mientras me pregunta por décimo sexta vez si voy a ir acompañada a la boda de mi hermana o no –gimió ella. El teléfono dejó de sonar y ella sonrió para borrar su sonrisa cuando la música empezó a sonar de nuevo de manera insistente.

-Hermione… -le dijo Ginny.

Resopló y la mujer estiró el brazo, tomó el teléfono, suspiró y descolgó, llevándose el pequeño aparatito al oído.

-¡Mamá, que sorpresa! –dijo con fingida alegría. Ginny se mordió el labio para no reír y Blaise se limitó a mirarla-. Estoy bien –aseguró-, sí, mamá, estoy perfectamente, no tienes por qué preoc… -Zabinni frunció el ceño cuando vio como el brillo de sus ojos se apagaban momentanemanete-… así que es por eso… -murmuró para sí misma más que para nadie más-. No, ya te he dicho que no mamá. ¡No pienso volver a trabajar allí! –un silencio y Hermione apretó los dientes-. ¡Porque no! Apenas me dan tiempo para estar con los pacientes, no puedo relacionarme con ellos y no voy a dejar que vengan a influenciarme con intentos de soborno sobre a quién tengo que atender primero en función del tamaño de la cartera de sus padres –explicó calmadamente aunque estaba más que claro que estaba realmente enfadada-. No voy a volver al hospital mamá, voy a seguir en San Mungo, y seguiré viviendo en mi apartamento e iré a la boda con el cabello rizado y voy a ir sola y por lo más sagrado te juro que si te atreves a intentar encasquetarme a algún hombre para que sea mi acompañante, le tiraré mi copa de champán justo cuando estemos dando el brindis –amenazó-. ¿Y sabes qué? Empieza a dolerme el hombro, así que voy a ir a dormir. Adiós mamá.

Y colgó.

Y miró el teléfono antes de arrojarlo a la otra punta de la sala haciendo que se rompiese.

Y luego gimió.

-Es el tercer móvil en lo que va de mes… -dijo frustrada frunciendo el ceño.

Blaise soltó una carcajada y Ginny le acompañó. Cuando Remus entró en la casa acompañado de Ron, Hermione también se había unido a ellos.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Bellatrix se sentó de forma pesada frente al tocador y suspiró. Rubia. Odiaba ser rubia. Quería recuperar su color negro. Aquella melena negra como el azabache que le llegaba a la altura de media espalda y que siempre había sido la envidia de su círculo de amistades. Frunció el ceño. Ella tenía la piel demasiado morena para que el rubio le sentara bien. El rubio era para Cissa. Ella era delicada, de piel blanca y huesos finos y frágiles. El color rubio no era para ella.

Colocó la peluca rubia en su lugar y se miró levemente en el espejo antes de desviar la mirada asqueada de su propia imagen. Aún sin mirarse, tomó la peluca negra y se la puso sobre el cuero cabelludo; respiró hondo y se miró emitiendo una leve sonrisa. Aquella sí era ella.

Nunca más volvería a serlo.

Tomó el cepillo y lo pasó varias veces por el cabello muerto y sin vida, con suavidad, despacio, evocando involuntariamente las veces en que se había peinado a sí misma el cabello lleno de vida, sedoso y suave, casi una marca de la familia Black.

Sonrió con tristeza y melancolía. Todo por aquel maldito experimento. ¿Por qué se había ofrecido voluntaria? Sí, ya recordaba… era ella o su hermana… y ella era la mayor, a ella le tocaba proteger a Cissa. Se suponía que aquello iba a ayudarla, a darle más fuerza, más inteligencia y más vitalidad que nunca y había sido todo lo contrario… La habían convertido en una muerta en vida que ahora se mantenía gracias a las inyecciones regulares que genética le proporcionaba con aquella droga.

Alguien llamó a la puerta de forma suave. Ella dijo "un momento", se acomodó la peluca negra sobre los hombros y se miró en el espejo. No podía hacer nada más. Dio el permiso y la cabeza de Thomas apareció en la puerta.

-Tu hermana ha encontrado algo –dijo-. Hay una reunión en diez minutos.

Bella asintió sin decir nada más y Thomas comprendió que debía marcharse de allí sin hacer ningún comentario acerca de lo hermosa que se veía con el cabello negro y conteniendo las ganas de preguntarle por qué insistía en utilizar la peluca rubia.

Bella suspiró. Nadie iba a saber nunca que el único motivo por el que utilizaba la peluca rubia era porque así, en cierto modo, podía intentar simular que no era ella, que no era su vida la que estaba terminando, que no era ella la que estaba muriendo y que no era ella la que no tenía una vida que terminar.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Hermione miró sus piezas, se mordió el labio inferior y miró a su contrincante que le miraba con ojos divertidos. La mujer se frustró. Estaba convencida de que podría haberle ganado en menos de cuatro movimientos si se lo hubiera propuesto, pero en cambio, él estaba haciendo durar la partida más de tres horas. Lo agradeció en silencio; al menos era entretenido y el que él le hubiese permitido comerle tres o cuatro piezas había sido un gran incentivo. Movió con mano temblorosa su torre adelantándola y supo, en cuanto vio los ojos de él, que ese había sido un error.

La mano de él se movió segura en el aire hasta tomar a su alfil, derrocando a su torre y dejando sin escapatoria a su rey.

-Jaque Mate –dijo él.

Hermione se echó hacia atrás, dejando que su cabeza se posara sobre el sofá mientras que el hombre que tenía al otro extremo de la mesita, sentado en el suelo igual que ella, reía divertido.

-Ahora entiendo por qué tu hermana dice que eres el mejor estratega que ha conocido nunca –protestó.

-No es eso –ella le miró interrogativa y él rió de nuevo-. Bueno, no todo es eso… siempre me gustó el ajedrez, aprendí a jugar con cinco años y desde entonces no lo he dejado.

Miró hacia el ventanal de la calle cuando escuchó el ruido de un motor y Hermione casi pudo sentir como los músculos de él se tensaban al hacerlo. Era una reacción en todos los agentes que la protegían y se preguntó si sería una reacción comuna en todos los agentes o sólo en aquel grupo secreto. Un segundo después se giró hacia ella de nuevo, sonriendo.

-Es Harry –dijo simplemente.

Harry en cuestión entró en dos segundos, se quitó la chaqueta de cuero que llevaba dejándola sobre la baranda de las escaleras y rebelándole a Hermione que llevaba su pistola firmemente sujeta con la sobaquera y se dejó caer en el sillón echando la cabeza hacia atrás.

-Conseguirá volverme loco… -musitó más para sí mismo-. ¿Qué más da que las flores sean blancas o rojas?

Ron lanzó una carcajada claramente divertido.

-Bueno, es tu boda, supongo que debería importarte algo –le contestó.

Harry resopló sin contradecir. Ese era el problema. Que debería importarle algo y no le importaba nada.

Hasta hacía poco tiempo había creído que Cho Chang era la mujer perfecta para él. Conocía su trabajo y no le importaba. Era bonita, de raíces orientales y su escultural cuerpo indicaba que había heredado la delicada figura de las orientales; cabello largo y lacio, negro hasta la cintura y ojos rasgados y negros que siempre brillaban. Era elegante y sabía salir siempre de cualquier situación, por no mencionar que en la cama se entendía muy bien con ella.

Pero había algo más. Había algo que no acababa de encajar del todo por decirlo de alguna forma y era el dolor de cabeza con el se que levantaba siempre después de haber hecho el amor con Cho. Solía bromear diciendo que quizá ella lo estaba volviendo loco, entonces la mujer le sonreía como una gata ansiosa y él le correspondía a la sonrisa.

Necesitaba ser amado y Cho le quería. ¿Acaso había algo más que pudiera necesitar?

-¿Boda? –preguntó ella- ¿Vas a casarte? –había sonado más extrañada de lo que había pretendido y Harry la miró enarcando una ceja.

Sus ojos verdes la perturbaron. Era como si fuera capaz de leer su alma. Se removió incómoda y se levantó del suelo para sentarse en el sofá y abrazarse a sí misma.

-Perdona, no quería…

-No tranquila –le sonrió-. Sí, voy a casarme.

-Cho Chang, una belleza oriental –dijo Ron con una media sonrisa.

-Ron… -Harry se levantó del sillón-. No empieces -el pelirrojo levantó las manos en señal de paz cuando el moreno le miró seriamente-. Voy a darme una ducha –anunció.

-¿Has estado toda la noche en la oficina? –preguntó frunciendo el ceño entonces Ron.

-Tenía papeleo que arreglar –contestó Harry-. Y esta mañana Cho… -hizo un ademán con la mano-… En fin, ya sabes… ¿te importa si me acuesto un par de horas?

-Adelante –contestó Ron-. Hermione y yo estaremos bien –añadió sonriendo a la mujer con suavidad.

-Si quieres puedo darte unas pastillas para dormir –sugirió Hermione-. Siempre llevo unas en el bolso y creo que te harían bien. Pareces cansado.

Harry negó mientras ocultaba con la mano un bostezo incipiente.

-No creo que lo necesite, pero gracias de todas formas –miró entonces a Ron-. Al menor ruido o rareza…

-Lo sé, lo sé. Descansa.

Vieron como Harry casi se arrastraba, literalmente, hasta uno de los dormitorios del piso de arriba y entonces Ron emitió una sonrisa condescendiente que ocultaba más de lo que quería mostrar.

-Terminará loco… espero que puedas recomendarle un buen psicólogo –dijo sonriendo mientras miraba a Hermione y ordenaba las piezas dentro de su cajita de forma simultánea.

-¿Crees que lo necesitará? Porque a mí me parece que lo que necesita son unas vacaciones –dijo ella-. Trabaja mucho ¿verdad?

-Mucho. Es lo único que sabe hacer… Quiere encontrar a Riddle –ella le miró-. Mató a sus padres.

-No… no lo sabía…

-Es difícil imaginarlo con esa vitalidad que tiene siempre ¿no? –sabía lo que ella estaba pensando y Hermione se sonrojó-. Desde que supo la verdad… Harry no ha dejado de buscarle y de intentar encontrar algo para implicarle en todo lo que tenemos contra él –ella le miró sin entender-. Tenemos sospechas de que tiene varios negocios de trata de blancas, redes de prostitución de mujeres extranjeras y de venta de niños además de algunos negocios con narcotraficantes pero no tenemos nada seguro… -suspiró-. Cada vez que Harry encuentra algo, alguien aparece de la nada inculpándose y cubriéndole las espaldas y nadie se atreve a testificar contra él porque todos están demasiado asustados o muertos –añadió-. Harry juró a los dieciocho años ante la tumba de sus padres encontrarle y lo va a hacer aunque sea lo último que haga en la vida.

Hermione no contestó. No sabía qué contestar. No sabía nada. Ron le sonrió disculpándose.

-Lo siento… creo que me he excedido. Llamaré a Severus y Draco, les toca turno esta tarde.

Ella asintió mientras él se levantaba desapareciendo del salón. Hermione movió su hombro y se quejó en silencio. El dolor empezaba a ser superable y no había tomado otro calmante desde el desayuno. Caminó descalza hasta la cocina, aquella noche iba a cocinar, le apetecía más cocinar para nueve personas que volver a pedir pizza.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-¿Quién ha pasado estos informes? –preguntó más que nada enfadada consigo misma por no haber podido encontrar nada en sus ordenadores.

-Ella –se limitó a contestar Jack encogiéndose de hombros-. ¿Qué? –preguntó burlonamente-. ¿Acaso te molesta que ella lo haya conseguido y tú no?

Narcissa se puso blanca de la ira e iba a contestarle, cuando la voz fría y dura de su hermana mayor se hizo presente en la habitación.

-Al menos Cissa no se abre de piernas y droga a su amante para sacarle información –replicó.

-No, ella tuvo un hijo al que abandonó –contradijo Jack aún con expresión burlona en el rostro.

Los músculos de Narcisa se contrajeron. Era cierto. Ni siquiera su hermana podía decir lo contrario a aquello. Pero Jack no sabía que ella nunca había abandonado a su hijo completamente, era algo que ni siquiera Bella sabía. Narcisa sabía perfectamente donde estaba su pequeño… lo había sabido desde que lo había abandonado a las puertas de aquel orfanato, lo había sabido cuando había visto como iba de casa en casa de acogida, siendo despreciado por todos por ser tan parecido a su padre y a ella misma. Hasta que había llegado él y lo había acogido… Nunca podría darle las gracias las suficientes veces para que él entendiera hasta qué punto estaba la había salvado a ella y a su pequeño. Pero nadie debía saber nunca quién era su hijo, y nadie iba a saberlo. No a no ser que ella estuviera en su lecho de muerte.

-Narcisa, adelántate a la reunión –le ordenó prácticamente su hermana-, Jack y yo vamos ahora.

La mujer rubia asintió. Se sentía bien ser protegida por alguien. Nunca la habían protegido del modo en que Bella lo hacía. Era su hermana mayor. Era fría y calculadora pero la quería. No había pasado ni un solo día de su infancia en la que Bella no la hubiera protegido de todo. Sólo hubo una vez que le falló. Y ambas lo sabían.

Cuando se había quedado embarazada… Bella la había convencido para dar al niño en adopción. Lucius Malfoy había muerto en un tiroteo protegiendo a Riddle y Bella sabía que su hermana no se sentiría con fuerzas de criar al niño que llevaba en sus entrañas sola. Por eso lo había hecho. Ambas lo habían decidido así.

-No vuelvas, nunca más a hablarle así a mi hermana –dijo Bella cuando Narcissa salió de la habitación-, o te aseguro que te arrepentirás.

-¿Qué piensas hacerme? –preguntó él burlón-. Apenas tienes fuerzas suficientes para coger un arma sin que te tiemble el pulso, ¿o piensas que no me he dado cuenta? –sonrió desafiante-. Y si piensas que vas a poder hacer algo con ese puñal que…

-Estás olvidando dos cosas, Allister –dijo remarcando su apellido-. La primera que tengo más influencia que tú y que con simplemente chasquear los dedos podrías aparecer muerto sin que nadie sospechara de mí –Jack palideció para recogijo de Bella-, y la segunda es que ahora que me mantengo viva por las drogas he aprendido muy bien su uso… sería una lástima que aparecieras muerto después de tomar un inocente té… ¿verdad? –él no contestó y ella sonrió, sabiéndose vencedora-, el de menta es el que tomas cada noche ¿no?

Jack Allister, furioso cruzó la habitación.

-Iremos esta tarde, al caer la noche –informó.

Bella asintió.

-La quiero viva –añadió antes de que él desapareciera de la habitación con un sonoro portazo que ni siquiera inmutó a la mujer.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Ron se removió inquieto. Estaba a punto de perder una partida de ajedrez contra Remus. Era el único que podía enfrentarse a él en una partida que fuera realmente interesante y pese a eso, nunca había logrado ganarle.

Y la culpa la tenía Hermione que no dejada de mirarle de forma incesante. El pelirrojo gimió frustrado cuando Remus le comió con facilidad uno de los caballos, riendo.

-Hermione, recuérdame que estés siempre presente cuando juegue con Ron, lo harás ¿verdad?

La médico rió suavemente y divertida pero no contestó. Ron se giró hacia ella y la encontró divertida y sonriendo.

-Hermione, ya está bien… -pidió, casi suplicó Ron.

-Por favor –insistió Hermione de nuevo-. Sólo quiero ir a regar los rosales… Sirius dijo que eran de su prima y que le había costado mucho trabajo hacer que florecieran… Sería una lástima que se murieran –añadió con inocencia.

Ron miró a Sirius que se limitó a sonreír y a encogerse de hombros.

-Sólo dije lo que pensaba, no puedes culparme de eso –se apresuró a decir Sirius divertido.

-No es tu turno, ¿no deberías estar haciendo algo? –preguntó Ron sin contestar al comentario de Sirius.

-Si voy a la oficina voy a matar a Regulus y no me apetece en absoluto que Harry tenga que detenerme después –dijo de forma seria y Remus le miró mandándole una advertencia con la mirada, los tres agentes presentes sabían que hablaba en serio-. Además, es divertido ver como puedes perder.

-Eso lo dices porque tú nunca has durado más de tres minutos conmigo –presumió el pelirrojo.

Hermione lanzó una carcajada al aire.

-Entonces tal vez puedas jugar conmigo –dijo ella mirando a Sirius-. Quizá yo también pueda ganarte.

El brillo de desafío en sus ojos hizo que Sirius sonriera.

-Anda, vuelve a lo que estabas haciendo –le indicó el agente sin perder la sonrisa al ver como Ron lo miraba amenazándolo con la mirada.

-Por favor, Ron… Por favor… seré buena –informó.

Ron suspiró. Pero sopesó aquello; después de todo, no le parecía tan mala idea que saliera.

-Está bien, pero quédate en el jardín y ni se te ocurra atravesar la calle ni hablar con nadie; si alguien se acerca, entra en casa o da un grito llamándome, ¿entendido?

-No soy una niña pequeña –apuntó ella rodando los ojos.

-Si quieres salir, es eso, Hermione, si no, te quedas dentro –se encogió de hombros -. Elige.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Ginny apoyó la cabeza entre las manos y cerró los ojos. Dos manos fuertes del color del carbón se apoyaron en sus hombros y ella sonrió, sintiéndose cálida y protegida bajo aquellas manos. El olor a café recién hecho la hizo suspirar y cuando lo hizo, unos labios posesivos la besaron en la nuca haciéndola estremecer.

-Blaise… tengo que terminar esto…

-Y yo quiero empezar esto… -susurró el chico besándola de nuevo.

Ginny sonrió. ¿Cuándo se había fijado en Blaise por primera vez? Quizá había sido aquella tarde en que Ron la había metido en la oficina para que le ayudara a rescatar unos archivos que había perdido en el ordenador, por supuesto sin decirle de qué archivos se trataba.

Ella había estado inclinada sobre el teclado de su hermano y había estado tan concentrada que no se había dado cuenta de que alguien más había entrado en el despacho hasta que una mano fuerte se había estrellado contra su trasero.

-Unos buenos vaqueros, sí señor, aunque me gusta más lo que hay dentro.

Ella se había girado airada dispuesta a cantarle las cuarenta a quien se hubiera atrevido a tocarla de aquella forma. Era la pequeña de siete hermanos y sabía como defenderse y de echo, si no lo hubiera sabido, estaba segura que alguno de sus hermanos hubiera estado más que dispuesto a hacerlo por ella.

Pero se había quedado helada. Aquel rostro… de facciones algo toscas, de labios carnosos y piel como el ébano… habían atraído su interés de forma inmediata. Aunque por supuesto, el vaso de agua que había sobre el escritorio de Ron había terminado sobre Blaise mientras ella le gritaba sin importarle que toda la oficina les estuviese mirando. Y aunque ella no lo supo hasta tiempo después, había sido precisamente esa reacción de puro fuego lo que a él le había atraído de ella.

Pero últimamente… había algo que no encajaba en su relación. No era el tener que disimular ante todos ni el tener que mirarse a escondidas, cómplices de miradas perdidas, era algo más…

Ginny tenía la sensación de que el hombre se estaba alejando de ella, encerrándose en una especie de caparazón al que ella no tenía acceso y al que él no estaba dispuesto a dejarle entrar.

-Espera, cariño… -le dijo ella.

-Ese informe puede esperar… -susurró él con los labios contra la fina piel del cuello-. Yo no…

-Yo tampoco, pero tenemos que hablar… -sentenció ella.

Blaise suspiró derrotado y se apartó de ella, sentándose en el sofá mirándola. Ginny se levantó de la silla y caminó hasta él, descalza, subiéndose al sofá a su lado y acurrucándose contra su pecho, donde depositó un beso suave y dulce.

-Blaise… no podemos seguir así… -le dijo ella.

El hombre la miró y ella notó cierto temor en sus ojos, que apaciguó sonriéndole mientras le acariciaba la mejilla.

-Tienes que decirme qué te pasa… no puedes seguir haciéndome el amor cuando te sientas angustiado, cielo… ¿no ves que no es bueno? –él la miró-. Vamos, habla… ¿qué pasa?

-Mandy… -se limitó a decir él con un leve suspiro.

Ginny asintió. Así que era eso… Buscó su mano y entrelazó sus dedos con los de él, en un contacto íntimo y cómplice; llevó la mano del chico a sus labios y la besó casi con reverencia, haciendo que él la mirase y le sonriese.

-Si hubieras sido tú… yo no… -suspiró deteniéndose en su explicación-… no podría haberme perdonado el no haber estado allí…

-Blaise…

-Amanda… ella sabía defenderse… por todos los cielos, era una experta en el manejo de las armas y era una de las mejores… -sonrió-, de echo, era la única capaz de enfrentarse en un cuerpo a cuerpo contra Draco sin inmutarse y tener alguna posibilidad de ganarle –ella también sonrió-. Sólo de pensar que te podría haber pasado algo a ti, yo…

-Shhhh –lo tranquilizó ella incorporándose en el sofá-, no me ha pasado nada, no me va a pasar nada… Blaise estoy aquí, estoy contigo y no planeo irme a ningún sitio… -le besó suavemente inclinándose hacia él-. No va a pasarme nada.

-Pero…

-No va a pasarme nada… tienes que olvidar ese miedo… ya sabías que yo podía estar en peligro… -le sonrió con suavidad-… igual que yo sé que cada vez que sales en una misión puedes morir.

Algo se encendió en el cerebro del hombre que miró a la pequeña pelirroja que tenía allí. Miedo. El mismo miedo que él había tenido durante unos días era el que ella había tenido aquellos meses cuando él estaba fuera…

Sin saber cómo, Ginny pasó en un segundo de estar sentada en el sofá a estar sentada en el regazo de Blaise, con las piernas a un lado, rodeada por los fuertes brazos del hombre y con sus manos reposando sobre el pecho de él.

Buscó su mirada y la encontró temblorosa y angustiada.

-¿Esto es lo que sientes cuando yo estoy en una misión? –ella le miró-. Miedo, angustia, sentimiento de creer que puedes no volver a verme… -intentó explicar él.

-Sí, eso mismo –contestó ella sin apartar sus ojos de los de él.

-¿Y cómo puedes aguantarlo? Yo no sabía que…

-Porque por muy mal que lo pase… siempre vuelves con esa sonrisa y con esa mirada… y entonces sé que todo está bien –le sonrió antes de besarle suavemente-. Es tu trabajo, y aprendido a comprenderlo aunque nunca llegaré a acostumbrarme como nunca me acostumbraré a sentir miedo cuando Ron está en una misión o cuando Charlie salta de esos aviones para apagar incendios o cuando Bill está trabajando en el banco y pienso que puede haber un atraco o cuando… -los labios de Blaise sellaron los suyos y ella sonrió dentro del beso.

-Te quiero… -le susurró él separándose de ella-. Te quiero tanto, zanahoria… -ella sonrió-. No va a pasarte nunca nada, te lo aseguro, te lo prometo…

-Lo sé –contestó ella sonriendo-. Yo también te quiero.

Blaise la abrazó. Estaban juntos. Y nadie iba a impedirlo. Tampoco nada. Se prometió a sí mismo que, de aquel minuto en adelante, cada vez que saliese de misión, se encargaría, de alguna forma, de hacerle saber a Ginny que estaba bien y que la quería. Cuando Ginny empezó a repartirle pequeños besos en el cuello, el mentón y el pecho, sus pensamientos viajaron hacia otro lugar. Concretamente, hacia la habitación de la chica.

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Draco suspiró. Había intentado dormir pero no lo había conseguido y después de dar vueltas como un idiota en la cama durante horas, se había levantado, duchado y había ido a la oficina a tener una charla con su inolvidable primo Black. Nunca había acabado de llevarse bien con Sirius, pero definitivamente, le prefería mil veces antes que a Regulus. ¿Cómo había sido capaz de matar a su propia madre?

Ni siquiera él, que no sabía quien era su madre, haría algo semejante. Se había desahogado tranquilo una vez hubo convencido al guardia de turno para que los dejase solos. En cuanto hubo salido, el miedo había aparecido en los ojos de Regulus sustituyendo a la arrogancia que había habido en ellos hasta el momento.

Por supuesto que no le había tocado. Sólo un cobarde se aprovecharía de alguien en inferioridad de condiciones y estaba claro que él era mucho más superior

Salió del coche y miró a su alrededor, no era paranoia, sino seguridad y protección; había aprendido demasiadas veces que a veces, simplemente mirando a los lados, podía asegurarse de vivir. Atravesó el jardín y entró en la casa mirando automáticamente hacia el salón donde el pelirrojo Weasley parecía estar ocupado intentando cambiarse el vendaje.

-¿Y Lupin y Black? –preguntó a modo de saludo.

-Han ido a vigilar el perímetro. Harry está descansando, no ha dormido nada en toda la noche –indicó señalando con la cabeza las escaleras.

Asintió y miró a su alrededor. La cabellera castaña no estaba donde habitualmente, en el sofá.

-¿Y Granger?-preguntó.

-En el jardín –contestó Ron distraído mientras intentaba volver a vendarse. Draco suspiró al ver lo torpe que el pelirrojo era y atravesó la estancia para ayudarle con la venda, apartando las grandes manos de Ron-. Gracias –dijo simplemente recibiendo un bufido por contestación que no molestó al agente.

-¿No la has visto al entrar? –preguntó entonces.

Las manos de Draco se congelaron mientras terminaba de apretar la venda.

-¿No estaba en el jardín trasero? –preguntó frunciendo el ceño.

-No, en el delantero. Se enamoró de las rosas de Tonks –dijo divertido recordando que la prima de Draco y Sirius, incluso había estado a punto de rezar para que alguna rosa floreciera.

-No estaba fuera –dijo entonces Draco dirigiéndose a la puerta-. ¡Vamos!

-Maldita sea… -susurró Ron tomando su arma de la chaqueta que estaba colgada y saliendo detrás de los pasos rápidos de Draco mientras terminaba de ponerse la camiseta para cubrir la venda.

-¡Granger! –gritó Draco recorriendo la calle con la mirada sin encontrar rastro de la mujer-. Maldita sea… -se giró hacia Ron-. Ve por la parte de atrás –le indicó. Ron asintió.

Draco frunció el ceño. Era increíble lo que en cuestión de segundos podía llegar a pensar la mente de un hombre. Ella había escapado. Había ido a buscar el dinero. Por supuesto. Él tenía razón. Granger no era la mujer dulce que todos creían. Seguramente ya estaría lejos de allí, riéndose de ellos. Era médico. Seguramente incluso su hombro no estaba tan mal como les había hecho creer a todos. Maldita mujer. Ojalá se pudriera en el infierno. Era la única pista para llegar a Voldemort. Estaba compinchada de algún modo con él. Estaba seguro. La ira volvió a inundar su rostro.

-¡Granger! –rugió.

Iba a volver a gritar su nombre cuando Hermione se asomó desde la esquina de la casa con el ceño fruncido.

-¿Se puede saber qué pasa para que me llames como si fuera un perro? –preguntó enojada-. ¿Quién te crees que er…

No terminó de hacer la pregunta cuando las férreas manos de Draco la habían sujetado por los brazos, acercándola tanto a él que el olor a rosas del cabello de ella lo abordó completamente.

-¡Nunca! –le gritó él - ¡Nunca vuelvas a salir de esta casa sola, entiendes?

-Sólo he ido a mirar las azaleas de aquel rincón… -se disculpó ella forcejeando levemente-. Suéltame, Malfoy, me haces daño… -le dijo.

Pero Draco no le hizo caso. La miró. Sólo la miró. Tan cerca. Tan cerca de ella… Era consciente de que podría romperle los huesos si la apretaba un poco, sólo un poco. Por todos los cielos… abrió los ojos con sorpresa mientras la miraba. No se había enfadado porque ella hubiera desaparecido, se había preocupado porque no la encontraba… Aquel simple pensamiento le asustó como nunca antes nada lo había asustado.

-¡Malfoy! –gritó entonces Ron -¡Malfoy suéltala, le estás haciendo daño!

Aquellas palabras le hicieron reaccionar y las manos, hasta aquel momento cerrados firmemente alrededor de los antebrazos de ella, la soltaron como si ardiera. La miró. Hermione Granger le miraba entre asustada y enfadada, a él no le importó. Él también se había asustado al no verla en el jardín, pese a que jamás lo diría en alto ni lo confesaría a nadie.

-¡No vuelvas a salir sola! –gritó entonces alejándose un paso de ella.

La mirada asustada de ella desapareció, y sólo la ira nubló sus ojos castaños cuando alzó la barbilla desafiante para mirarle.

-¿Y a ti qué más te da lo que me pase? –le gritó entonces- ¿Es que temes que desaparezca y vaya a buscar ese dinero que según tú yo tengo? –el rostro de él permaneció imperturbable pero sus ojos grises denotaron un brillo de sorpresa-. ¡Imbécil! –le gritó ella de nuevo-¡Si tuviera ese dinero, ¿crees que hubiera seguido viviendo con mi madre hasta cumplir los dieciocho?! –espetó- ¡Te lo dije una vez, Malfoy, no sabes nada de mí así que no te atrevas a juzgarme!

Se giró rápidamente ignorando la mirada de curiosidad que tenía Ron y empezó a dirigirse hacia la entrada, queriendo encerrarse en aquella casa como llevaba ya encerrada tantas horas.

El motor de un coche sonó demasiado cerca, ruedas chirriaron y antes de saber que ocurría, un disparo atravesó el aire y el sonido llegó a ella claramente.

-¡Granger! –gritó Draco-¡Al suelo!

Pero Hermione se había quedado paralizada. La bala había pasado cerca de ella, demasiado cerca y permanecía incrustada en el marco de la puerta frente a ella. Por primera vez en mucho tiempo deseó no existir. Todo se paralizó. No quiso luchar. Estaba cansada de hacerlo, estaba realmente cansada. Escuchaba en su cabeza la voz de su padre diciéndole que siempre debía seguir adelante, que siempre debía luchar… pero no podía hacerlo… Estaba tan cansada que sólo deseaba cerrar los ojos.

Un fuerte peso la golpeó repentinamente y la tiró al suelo. Cerró los ojos al sentir como se golpeaba el hombro herido y ahogó un grito de dolor mordiéndose el labio.

-Tranquila… -le dijo una voz profunda mientras algunos disparos se escuchaban-… Estás bien…

Ella asintió y se estremeció mientras cerraba los ojos con fuerza. Estaba cansada de luchar, pero no quería morir. El calor de aquel cuerpo que la estaba protegiendo era reconfortante.

Apenas escuchó los gritos y los pasos apresurados provenientes de la casa y no se dio cuenta cuando Ron y Harry respondieron al tiroteo intentando cubrirles. Sólo podía concentrarse en el cuerpo que la estaba protegiendo. En el corazón que latía con fuerza y con ritmo acelerado pero tranquilo. En el olor a menta que la rodeaba y en la mano que la tenía sujeta por la cintura impidiéndole moverse.

Las ruedas de un coche chirriando. Disparos. Gritos. Pasos corriendo. Gente gritando… Y a ella sólo le importaba quedarse allí, quieta, sintiendo aquel aroma, percibiendo aquella fuerza, sintiendo los músculos tensos que la rodeaban, cubriéndola totalmente mientras ella se acurrucaba aún más y enterraba su cara en el pecho de él mientras cerraba los ojos con fuerza, como si de algún modo, haciendo aquello, el ruido ensordecedor pudiera desaparecer de algún modo.

Cuánto tiempo pasó, no tuvo ni idea. Sólo era consciente del cuerpo de Malfoy cubriéndola, porque sólo podía ser él. Se maldijo a sí misma por ser capaz de reconocer el cuerpo de aquel hombre incluso con los ojos cerrados.

Silencio. Una mano se deslizó por su mejilla, animándola a abrir los ojos, susurrándole un suave "estás bien" que la hizo confiarse. Igual que aquella noche en el callejón, los ojos de Malfoy brillaban cerca de los suyos. Grises, gélidos, brillantes… diferentes a todas las miradas que alguna vez había visto en nadie.

-¡Hermione! –la voz de Harry desde el piso superior, asomado a la ventana, con el pecho agitado y el arma aún en la mano hizo que Malfoy fuera consciente de la caricia que acababa de profesarle, separándose de ella y levantándose inmediatamente.

-Está bien –informó secamente Malfoy. Harry no contestó.

Hermione sintió como las manos de Malfoy la ayudaban a levantarse y aún temblando por lo cerca que había estado, no sabía si de morir o de Malfoy, se agarró a él con suavidad, notando inmediatamente la mano de Malfoy alrededor de su cintura, siendo consciente del tamaño de esta y de la fuerza que ejercía sobre su cuerpo.

-Weasley, llévala dentro, voy a revisar –frunció el ceño-. Como vea a Lupin y Black se van a enterar… -añadió más para sí mismo-. Se suponía que estaban vigilando el perímetro, ¿no? –añadió.

Ron no dijo nada.

-Vamos Hermione –se ofreció el pelirrojo tomándola en brazos como si no pesara absolutamente nada-. Tranquila… todo está bien…

Draco aún respiraba agitadamente cuando Harry miró desde la ventana, revisándolo en la distancia. El rubio alzó una mano indicándole que estaba bien. Harry asintió y volvió a entrar en casa.

Malfoy se llevó las manos a la cabeza y se pasó los dedos por el cabello en un vano intento por tranquilizarse.

Él era Draco Malfoy. No podía sentir aquello por nadie. No debía sentirlo por nadie. Sentir era de débiles y él no era débil. No podía permitirse el lujo de serlo…. Pero esa mujer… sonrió a su pesar. Iba a conseguir volverle loco.

-¡Malfoy! –gritó entonces Ron desde la puerta mientras salía siguiendo a Harry que se apresuró a subir al coche-. Vamos a la oficina, hay que informar de esto, llamé a Gin, lleva a Granger a su casa –Malfoy no contestó y frunció el ceño mientras se preguntaba si Hermione estaría segura en casa de Ginny-. ¡Malfoy! –le reclamó de nuevo Ron ya desde dentro del coche, en el asiento del copiloto.

-¡Ya voy! –gritó él por toda respuesta.

No sabía qué le molestaba más, si tener que hacer de niñera o sentir lo que creía que empezaba a sentir por Granger. Suspiró. No era momento de intentar averiguarlo.

Subió las escaleras y entró en la habitación de Hermione Granger después de llamar con fuerza. Ella se encogió cuando Draco entró y él se dio cuenta del nerviosismo de ella, pese a su mal intento disimulado de aparentar que todo estaba bien y de actuar como si no hubiesen atentado contra su vida una vez más. Suspiró. Aquella mujer lo desconcertaba.

-Recoge tus cosas, esta casa no es segura… -dijo entonces él. Hermione asintió-… Irás a casa de Ginny y alguno de nosotros estará siempre con vosotras –ante aquella declaración, Hermione se tensó involuntariamente. Draco supo inmediatamente que estaba pensando en Amanda y cuando volvió a hablar, su voz sonó más dulce-. Estaréis bien, te lo prometo.

-Bien –dijo ella simplemente aún asustada.

Hermione se movió en la habitación y se remangó las mangas por el calor que tenía en aquella habitación. Un destello de preocupación cruzó el rostro de Malfoy cuando vio una marca aún roja en su brazo derecho, donde él la había tomado.

Sabía controlarse. Era el autocontrol en persona, cualquier podría decirlo pero… se había puesto nervioso… había creído que podrían haberle hecho daño y se había puesto… respiró profundamente.

-Lamento… lamento haberte hecho daño –dijo simplemente. Hermione no entendió las palabras hasta que se dio cuenta de la marca del brazo.

-Sí, bueno, yo también lo lamento –comentó ella con actitud hermética.

Malfoy frunció el ceño. Si no aceptaba sus disculpas, era problema de ella.

-Te espero abajo en diez minutos, no tardes.

Hermione cerró los ojos con fuerza cuando sintió como la puerta se cerraba de un portazo. Si Malfoy quería jugar a ser el dueño de todo, perfecto, ella también sabía jugar a eso.

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Ginny rodó los ojos mientras veía como Harry se aseguraba de que las puertas del pequeño balcón estuvieran bien cerradas, cómo si alguien fuera capaz de subir siete pisos y colarse por el balcón, era algo ridículo, pero desde luego, no sería la pelirroja quien se atreviera siquiera a discutir aquello con Harry que parecía bastante nervioso.

-Creo que ya está –dijo finalmente haciendo que Gin estuviese a punto de gritar un "¡por fin!" que murió en su propia cabeza-. Llamaré a Sirius para que se quede con vosotras esta noche, no quiero que estéis las dos solas en ningún momento –añadió.

-No hace falta –dijo Ginny-. Llamé antes a Blaise, estará aquí en media hora –informó ocultando la media sonrisa e ignorando el sentimiento de culpa por engañar de aquel modo a su amigo.

-¿Hermione? –preguntó Harry mirándola.

Ella asintió rápidamente.

-Por mí está bien, Blaise me cae bien –dijo.

-¿Estás segura de que vendrá? –preguntó Harry entonces mirando a Ginny. La pelirroja asintió.

-Segurísima, tanto que es casi como si ya estuviera aquí –dijo rápidamente sonriendo. Harry enarcó una ceja y entrecerró sus ojos.

-Tú y yo vamos a tener que hablar, sé que me ocultas algo, pero eres endemoniadamente buena –añadió más para sí mismo.

-Aprendí del mejor –contestó la pelirroja sonriendo con dulzura e inocencia.

-Me rindo –abrió la puerta del apartamento-. Dile a Blaise que me llame en cuanto llegue, no estaré tranquilo si sé que estáis solas.

-Bien. ¿Vendréis a cenar? –preguntó ella.

-Prepara algo por si acaso, pero no te lo aseguro. Vamos a estar un poco liados intentando saber quién ha dado el chivatazo de su posición –dijo señalando a Hermione con la cabeza. Ginny asintió-. Hasta luego chicas, no abráis a desconocidos.

-No, papá –se burló la pelirroja.

Harry la miró, se encogió de hombros y la besó en la mejilla antes de dedicarle un saludo con la cabeza a Hermione.

-Eres imposible… -dijo finalmente él mientras salía del apartamento.

Hermione se dio la vuelta para enfrentarse a Ginny después de que Harry la dejara en casa de la pelirroja y le sonrió con cierto cansancio mientras veía aparecer a un escondido Blaise del pasillo, dejando que las condujese a ambas hacia el comedor mientras Ginny no soltaba su abrazo protector alrededor de Hermione, haciéndola sentir querida.

-Lo siento chicos… -les dijo entonces la médico-… Seguramente seré un estorbo en esta casa, pero Harry no quiere ni oír hablar de que me quede sola en mi viejo apartamento y…

-No digas tonterías –le dijo la pelirroja-. ¿Por qué ibas a ser una mol… -vio como Hermione dirigía una mirada a cierta prenda de ropa interior masculina que estaba medio oculta en la cesta de la ropa que iba a ser tendida, en el pequeño balcón y se sonrojó.

-Genial –dijo Blaise sin demasiada vergüenza-… ahora tendré a dos de las mujeres más bonitas viviendo conmigo –besó a la pelirroja suavemente y le dirigió una sonrisa amable a Hermione-. La pregunta ahora es, a parte de si estás bien, ¿qué les diremos a los demás?

-Es fácil; como somos dos pobres e indefensas mujeres, Blaise se ofrece para quedarse en la habitación de invitados y protegernos –dijo con sencillez-. Eso explica su ropa, la comida dentro de la nevera y el cuarto de baño, créeme –añadió mirando con cierta complicidad a Hermione-, lleno de sus cosas –Hermione rió suavemente.

-Muy bonito, criticándome estando presente –fingió él ofenderse-. Voy a llamar a Harry, si no, es capaz de presentarse con toda la unidad –añadió divertido.

Hermione miró a Gin.

-Bromea, ¿verdad?

-De echo, una vez lo hizo –hizo memoria la pelirroja con una media sonrisa-. ¿Seguro que estás bien? –le preguntó suavemente.

-Claro, ¿por qué no iba a estarlo? Sólo han intentado matarme… otra vez… -bromeó insegura-. ¿Seguro que no molesto? –preguntó Hermione.

-Claro que no –le contestó ella-. Será agradable tener algo de compañía femenina por aquí –le sonrió-. ¿Por qué no te das una ducha y duermes un poco? Pareces agotada.

Y Hermione tuvo que admitir que nunca una oferta le había parecido tan tentadora como aquella.

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Hola!!! Se acabó por hoy!!!

Espero que haya sido de vuestro agrado lo suficiente como para que me dejeis algún review, ok?? Aps, si encontrais alguna incoherencia en el texto, no hagais mucho caso y en lugar de eso, decidmelo para que lo cambie… es que con todo lo que tengo en la cabeza y las veces que llego a cambiar un mismo capitulo, a veces se me cruzan los cables y pongo cosas raras ok:p

Bueno, recordad dos cosas, la primera que los personajes salvo los míos no son míos sino de Rowling y la segunda cosa es que paseis una buena semana, sed buenos, no hagais nada que yo no haría y sed, sobre todas las cosas, felices y no olvideis nunca de agradecer a vuestras madre siempre todo lo que hacen por vosotros, no teneis que esperar un día del año para decirle a vuestra pareja qe la quereis, verdad? Entonces, por qué esperar un día del año para decirle a vuestra madre que la quereis??

Un besito para todos y sed felices!!!

Nos leemos pronto!!!