Perdonad si no me entretengo mucho… tengo los examenes a la vuelta de la esquina como aquel que dice y estoy algo liada… así que no sé cuando volveré a actualizar… aunque espero que no sea demasiado tiempo… voy a volverme loca si dejo de escribir sobre estos personajes… :p

Gracias por vuestro apoyo y mensajes a:

Dannia, harrymaniatica, pekelittrell, Belin03, Sami-Maraurder girl, unkatahe, PauMalfoy, Mari, pikita45, Krissalis Potter, Victoria Malfoy, Karenzita, ross Malfoy, Merle, oromalfoy, Alevivancov, Lizirien, Duciell, Terry Moon, taniz, Manuel, DonGato, fairyMoKa

Y ahora, adelante con el capítulo, espero que os guste…

Capítulo 4. Noche de insomnio.

Se paseó por el estrecho pasillo, observando desde su lugar a los niños que permanecían encerrados en las diferentes celdas, llorosos, a oscuras, escuchando los leves sollozos que algunos de ellos, seguramente los más pequeños, promovían entre los demás y sonrió. Le gustaba sentirse poderoso.

No era un secreto para nadie, ni siquiera para los que trabajaban para él. Todos le tenían miedo y era ese miedo el que los impulsaba a tenerle respeto. Respeto… algún estúpido había dicho alguna vez que el respeto era algo que se ganaba, que no se imponía; ese estúpido estaban en aquellos momentos haciéndole compañía a los peces.

Se detuvo ante la celda de los niños y paseó sus ojos por los rostros asustados. Había sido buena idea dejarles a oscuras, sin posibilidad de ver donde estaban y sabiendo que alguien les estaba vigilando constantemente. Estiró su mano y señaló un niño al azar, uno menos, no importaba.

McGregor y Jonson entraron en la celda dando empujones y trompicones y tomaron al niño en cuestión de los brazos, alzándolo del suelo con gran habilidad y facilidad debido al poco peso del mocoso moreno y de ojos negros que miraba a todas partes asustado pero sin gritar, sabiendo que todo aquel que salía de aquella minúscula prisión, no volvía nunca más.

Tom Riddle sonrió una vez más y se giró hacia Bella que estaba a su lado, expectante, como siempre, atenta al más mínimo detalle y destinada únicamente a cumplir las órdenes que él quisiera darle.

-Probad en él la nueva droga, quiero todos los cambios –la miró fijamente-. La última vez olvidaste comentarme que una de las chicas había sufrido cierta hemorragia interna.

-Creíamos que se trataba de su menstruación mensual, señor –intentó justificarse Bella, que calló ante una mirada de Riddle.

-No quiero excusas. Esta droga iniciará un nuevo mercado en Europa y quiero saber a qué me atengo, ¿está claro?

-Sí, señor –dijo ella.

-Bien… -empezó a caminar, atravesando el pasillo, escuchando como los pequeños pies de Bella caminaban detrás de él, haciendo un leve ruido en el suelo cuando sus zapatos de medio tacón golpeaban las baldosas del suelo frío-. Y Bella… -dijo casi al descuido sin dejar de caminar.

-¿Señor?

-La próxima vez que alguien consiga información que tu hermana no ha conseguido, me gustaría saberlo para… hablar con ella…

Bella se congeló en el sitio. Voldemort siguió caminando, sonriendo, consciente de que el taconeo de Bella detrás de él ya no era perceptible. Perfecto. Miedo. Adoraba que le tuvieran miedo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Hermione se removió incómoda bajo la atenta mirada de Malfoy. Estaban cenando todos juntos en el apartamento de Ginny quien, con ayuda de Blaise y Sirius, habían abierto la mesa del comedor de forma que todos cupieran allí. La mesa estaba llena de fuentes; dos grandes ensaladeras, dos platos con chuletas de cerdo a la plancha, una fuente de patatas hechas en el microondas con ajo y perejil, y un enorme frutero con piezas de fruta de la temporada. Los vasos estaban llenos de agua y refrescos salvo en la copa de Severus que se veía un líquido parecido al vino tinto, el mismo que había en la copa de Malfoy y Remus.

Malfoy estaba sentado en la otra punta de la mesa, en diagonal a ella quien tenía a un lado a Ginny y al otro a Harry que conversaba amenamente con Sirius frente a él. En realidad, aquello parecía más una familia que un grupo de personas que trabajaran juntas… le pareció… extrañamente encantador. Ella nunca había disfrutado de una cena con tanta gente, solía cenar sola o con Mandy cuando ella llegaba pronto del trabajo o Mandy faltaba al suyo; le gustaba la tranquilidad de comer un plato de pasta con algo de pollo asado frío o un trozo de pescado hecho en tres minutos en el microondas, un gran invento, por cierto, para alguien independiente y con tiempo escaso para cocinar.

Y de hecho, aquello hubiera parecido una familia real de no ser por la forma en que Malfoy la estaba mirando. Odiaba sentirse vulnerable, pero era exactamente así como se sentía bajo la escrutadora mirada gris, como si de aquella forma, él pretendiera adivinar algo o encontrar algo que no hubiera descubierto en ella aún.

Le hubiera encantado actuar como siempre. Indiferente. Pero la fría mirada de él le indicaba que no confiaba en ella. De echo, se lo había dicho directamente aquella misma tarde. Frunció el ceño al recordar el suceso.

(flashback)

Había sido una tarde maravillosa. Aunque sólo había salido al parque de la esquina donde había tomado un helado de fresa y chocolate y se había sentado en la hierba quitándose los zapatos y los calcetines, había sido delicioso poder disfrutar de aquel pequeño pedazo de paraíso a la sombra de los grandes robles del lugar. Con Blaise, desde luego. Y con Sirius, aunque no estaba segura de tener que contar a Sirius como si la hubiera protegido esa tarde, dos minutos después de haber llegado al parque había desaparecido detrás de una, literalmente y palabras salidas de sus propios labios, "rubia espectacular con la que espero tener más de dos palabras". Aún así, había sido fantástico volver a respirar el aire contaminado de la ciudad, pero alejada de aquellas cuatro paredes y únicamente porque Blaise le había prometido entre risas mientras le daba ligeros empujones para hacerla andar que volverían a repetir la experiencia, había acabado dejándose llevar a la casa de Ginny.

Pero claro, la maravillosa tarde tenía que verse truncada por algún lado. En el caso de Hermione, ese lado había sido cuando Blaise había abierto la puerta dando paso a Malfoy que la había mirado enarcando una ceja. Incluso Blaise debía haber notado el frío de aquella mirada porque había inventado una excusa tonta y había desaparecido hacia una de las habitaciones dejándoles solos.

Hermione dejó el libro que había estado hojeando y se cruzó de brazos, sin cambiar de posición en el sofá con los pies subidos al mueble y recogidos y sin apartar la mirada de la del agente especial que se sentó frente a ella.

-Adelante –le invitó ella. Malfoy la miró enarcando una ceja-. Di lo que tengas que decir.

-No me fío de ti –le dijo llanamente-. Creo que escondes algo y si es así, créeme, voy a averiguarlo.

Hermione le sonrió con fingida dulzura.

-Puedes investigar todo lo que quieras sobre mí, Malfoy, pero te aseguro que no encontrarás nada más que el pecado de tener la madre y la hermana que tengo –señaló con amargura al recordar que aún tenía que llamarlas para decirles que no estaba dispuesta a cambiarse el peinado sólo porque la caprichosa de su hermana lo quisiera así.

-Voy a encontrar esos ochenta millones de dólares, Granger –le aseguró él-, y si para ello tengo que convertirme en tu sombra, lo haré.

Hermione resopló.

-Este tema me está cansando un poco, ¿lo sabías? –preguntó fingiendo sorpresa la mujer-. Al menos podrías intentar inventar otras excusas para odiarme, ¿no te parece?

Fue el turno de Draco Malfoy para sonreír de aquella forma que parecía que el mismo infierno podría congelarse.

-No soy el único que cree que escondes algo, encanto –le dijo-. ¿Sabías que Potter también te ha investigado? –ella no le contestó, pero a juzgar por la mirada sonriente del policía, la médico estuvo segura de que la sorpresa había enmarcado su rostro-. ¿No te lo había dicho? –chasqueó la lengua-. Vaya… y yo que pensaba que te estabas haciendo amiga de toda la unidad. Las cosas no son siempre lo que parecen, ¿verdad, Granger? –preguntó malintencionadamente.

Hermione se levantó del sofá. Dolida. Podría haber esperado que Malfoy la investigara, que lo hiciera Snape e incluso Remus o Sirius… eran los más veteranos y era comprensible que no se fiaran de nadie. Pero Harry… se suponía que él quería protegerla… se suponía que él debía protegerla… Sonrió para sí misma. Estaba dolida, desde luego, pero no iba a permitir que él se diese cuenta de ello. No estaba dispuesta a dejar que nadie se diese cuenta de sus debilidades… y Malfoy menos que nadie.

-Las cosas nunca son lo que parecen Malfoy –le contestó-. Perdona, pero tengo que ir a hacer unas cosas.

(fin flashback)

-¿Se han acabado las patatas? –preguntó Sirius mirando encima de la mesa.

Malfoy no resistió hacer su comentario sarcástico.

-Pregúntale a Granger, quizá ella lo sepa –le sugirió. Snape miró a su ahijado de forma brusca y el hombre se apresuró a añadir algo más con aire inocente-. Después de todo, ella ha hecho la cena, ¿no?

-¡Bueno, ya está bien! –gritó Hermione atrayendo la atención de los presentes-. No estoy dispuesta a que nadie –remarcó mirando a Draco fijamente-, me tome por sospechosa y mucho menos tú, Malfoy –añadió-. Así que si quieres decir algo, hazlo ahora de una buena vez.

El rubio, lejos de alterare o mostrarse de alguna forma preocupado, se limitó a sonreír con cierta arrogancia.

-Draco, déjalo –ordenó más que pidió Severus cuando vio al agente abrir la boca para decir algo, seguramente y conociéndolo, hiriente.

-No, deja que diga lo que quiera decir, adelante –dijo ella mirándole-. Venga, ¿a qué esperas?

Draco la miró fijamente y apoyó sus brazos en la mesa inclinando el cuerpo hacia delante para intimidar a Hermione, sin conseguir lo que quería si tenía que fijarse en la mirada decidida de ella.

-Muy bien, pongamos las cartas sobre la mesa –dijo el rubio.

-Deberías detener esto –le susurró Ron a Harry.

Pero el moreno negó con la cabeza. Por mucho que quisiera confiar en Hermione, él también quería saber si ella sabía algo más y Malfoy no iba a detenerse en aquel momento.

-Te he salvado la vida dos veces en la última semana –le informó como si ella pudiera haber tenido un ataque de amnesia y no lo pudiera recordar-. En ambas ocasiones te han intentado matar el mismo grupo de gente y me parece demasiada casualidad que hayas escapado de la muerte las dos veces así que solo se me ocurre que ellos hayan fallado a propósito para no matar a su… ¿líder? –preguntó más que afirmó esperando que ella dijera algo-. Creo que tienes más de lo que dices tener, que sabes más de lo que nos has contado y que sabías perfectamente a qué se dedicaba tu padre porque ese es el único motivo por el que tú pasabas más tiempo con él que con tu hermana. De algún modo supiste quién era y a qué se dedicaba y cuando supiste todo lo que quisiste de él, tú misma te encargaste de matarle o para lo que es lo mismo, encargar su muerte –dijo de carrerilla Draco-. Ahora tienes que simular que quieren matarte para que nosotros te protejamos y así de paso, tienes la oportunidad de acabar con la unidad secreta del FBI y en cuanto tengas la menor oportunidad irás a buscar el dinero a algún lugar que con tanta sutileza le sonsacaste a tu padre.

Hermione le miró fijamente. Nadie en la mesa dijo nada después de la declaración de Draco Malfoy, ni siquiera Snape o Blaise fueron capaces de decir nada.

-Mi padre me entendía… -dijo Hermione con un hilo de voz atrayendo la atención de todos-… era el único que me entendía. Mi madre y yo nunca… -sonrió forzadamente-… ella vive para las apariencias y yo no puedo ser así… por eso papá pasaba más tiempo conmigo porque ella y yo no nos entendíamos, aún seguimos sin hacerlo –confesó a medias hablando con voz suave para evitar acabar llorando-… Jamás habría podido matarle ni querer que muriera… Si hubiese sido así… -negó con la cabeza, había estado a punto de decir algo que estaba segura que ellos no sabían, algo que era su secreto, que pertenecía sólo a ella-… Tú has visto donde vivo… ¿crees que si tuviera todo ese dinero que dices que tengo, si fuera lo que dices que soy, viviría allí? –le preguntó entre dolida y enfadada.

Draco clavó sus ojos grises en ella y la miró con cierta suspicacia.

-No lo sé –le contestó finalmente-. ¿Por qué no me lo dices tú?

Hermione se debatió entre ir y darle una buena bofetada o entre alzar la barbilla orgullosa para impedir que las lágrimas de frustración y rabia escapasen de sus ojos. Al final, confusa, no hizo ni una cosa ni la otra. Alzó la barbilla, consciente de que algunas lágrimas habían empezado a deslizarse por sus mejillas, orgullosa y altiva, como pocas veces intentaba serlo, cogió el plato con algo de pescado y ensalada de la mesa, pasó por detrás de Ginny ignorando su mirada y lo dejó sobre la encimera con demasiada brusquedad a juzgar por el ruido que el plato había hecho.

Sólo el ruido de sus pasos alejándose del comedor en dirección a la habitación se escuchó por unos instantes, pero justo cuando Hermione cerraba la puerta de su habitación, el genio de la pelirroja se hizo presente.

-Te has pasado Malfoy –le recriminó Ginny.

-Cállate –le contestó él mirando la puerta por donde se había ido Hermione.

-No, cállate tú si quieres –Malfoy la fulminó con la mirada-. Y no me mires así, eso no funciona conmigo ¿entiendes? Esta es mi casa y no voy a permitir que la trates así, no al menos cuando yo esté delante.

-¡Ella es la bruja que se ha marchado de la mesa sin pedir permiso, deberían haberle enseñado modales! –se defendió Draco gritando para que Hermione le escuchara.

Antes de que Ginny o Sirius pudieran decir nada al respecto, Hermione volvió a aparecer, el rostro enrojecido y los ojos aguados pero sin una sola lágrima.

Caminó hasta el lugar donde estaba sentado Malfoy y le entregó un sobre blanco y amarillo grande.

-Ahí tienes –le dijo ella entonces arrojando el sobre haciendo que se abriera y que la esquina de una pequeña cartilla de ahorros asomara-. Ese es todo el dinero que tengo; también te he anotado mi número de la seguridad social para que me investigues todo lo que quieras e incluso he conseguido el número de varios bancos suizos, españoles, americanos… -hizo un ademán que significaba una larga lista-… en fin, todos los que quieras, hay unos veinte más o menos; puedes llamar para quedarte tranquilo –le dijo con frialdad inusitada-. Ah, sí, lo olvidaba… una cosa más –cogió su vaso de la mesa y le dio un ligero sorbo asegurándose de que su mano quedase bien marcada-, toma –se lo entregó-, mis huellas digitales y mi ADN, por si crees que puedo tener alguna cuenta perdida bajo otro nombre.

-Hermione no es necesario que… -empezó a decir Remus.

-¿No lo es? –preguntó ella sarcástica-. Pues Harry también parece que desconfía de mí, ¿no es así? –el aludido se tensó y Ron se sonrojó furiosamente-. Y parece que no es el único. Quizá ahora me creáis. Disculpadme, me duele el hombro –mintió-. Voy a acostarme… y Malfoy –dijo ya de espaldas a él por lo que nadie pudo ver como empezaba a llorar-, quería a mi padre como no te puedes hacer una idea… Hubiera dado mi vida por la suya aún siendo una niña si con eso le hubiera salvado…Y daría lo poco que tengo para que él volviera a estar a mi lado… Nunca olvides eso. Buenas noches.

La mano de Blaise se deslizó por debajo de la mesa para atrapar la pierna de Ginny y apretarla ligeramente, ella le miró y con la mirada Blaise le indicó que estuviera calmada. Respiró profundamente cerrando los ojos un segundo. Era extraño como en el poco tiempo que se conocían, Ginny había decidido adoptar de forma metafórica a Hermione como si la castaña fuera su hermana mayor.

-Voy a ver cómo está –dijo Ginny levantándose de la mesa. Blaise hizo el mismo gesto y ella negó-. No, déjame a mí, soy mujer –le sonrió de forma suave-. Espero que estéis contentos –les recriminó la pelirroja mirando a Harry y a Draco-. La habéis hecho llorar.

-Yo no he dicho nada –se defendió automáticamente Harry.

-Precisamente eso es lo que has hecho Harry –ella rodó los ojos-. Absolutamente nada. Y tú, vuelve a hacerle daño una vez, una sola vez más y te juro que te enterarás cómo sobreviví durante años a una familia siendo la única mujer y además la menor de siete hermanos, ¿me has oído? –preguntó mirando a Malfoy con frialdad-. Estaréis contentos… la única vez en la que estáis de acuerdo en alfo y es para hacerle daño a Hermione… Valientes agentes…- No esperó respuesta. Salió del comedor tan rápido como Hermione lo había hecho.

-Bueno… -dijo entonces Sirius con una sonrisa burlona-. ¿Qué es lo siguiente? –preguntó-. Quiero decir –empezó a aclarar cuando Draco y Severus le miraron-, que qué va a ser lo próximo… quizá podamos recluirla en su cuarto sin agua y sin comida hasta que nos diga donde está ese dinero.

-Sirius… -empezó a protestar Ron.

-No, hablo en serio… acabáis de meter la pata hasta el fondo. Y se supone que vosotros sois de los mejores agentes… -arrugó el ceño-, me alegro de que no tengáis que protegerme a mí.

-Si tuviera que protegerte a ti estarías muerto –le dijo Malfoy entonces.

-Lo sé, por eso me alegro de que no lo hagas –le respondió Sirius sonriendo cinicamente-. ¿Y bien? Malfoy, te pido que me avises la próxima vez que vayas a hacer algo como esto, no soporto que se haga daño a los más débiles…

-¡Joder, Sirius! –exclamó Draco-. Deja de decir estupideces, ¿quieres?

-Entonces deja de actuar como un estúpido –le recriminó Sirius con una sonrisa burlona. Miró a su ahijado-. ¿Y tú? –le preguntó.

Harry se removió incómodo.

-Metí la pata, lo siento… no debí haber desconfiado de ella –admitió el moreno quitándose las gafas y masajeándose el puente de la nariz.

-Ninguno os habéis fijado ¿verdad? –preguntó entonces Sirius. Snape emitió una leve sonrisa-. ¿Tú sí, Snape?

-Anthony me lo dijo hace mucho –dijo por toda respuesta.

-¿Qué diablos estás…

-Intentó suicidarse –dijo Remus interrumpiendo la pregunta de Ronald-. Las marcas de sus muñecas son imperceptibles pero tienen una ligera línea blanca.

-Fue dos años antes de que Anthony muriera, cuando estuvo en aquella misión en Canadá y casi muere. Estuvo tres meses en coma –añadió Sirius-. Ella pensó que iba a morir… -miró a Draco-. ¿De verdad crees que alguien capaz de querer quitarse la vida por alguien, podría haber ordenado la muerte de esa persona?

Draco no contestó. Blaise carraspeó antes de tomar la fuente de ensalada y servirse otro poco. La cena transcurrió esta vez en silencio y Malfoy no volvió a tocar su plato.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

En la oscuridad del callejón, lejos de allí, dos figuras se movían torpemente, una de ellas herida, la otra intentando ayudarle aunque teniendo en cuenta que el peso del herido era el doble del de ella igual que la estatura, la cosa estaba bastante complicada. El herido tosió ligeramente y al hacerlo, fue como si cien puñales se le calvasen en el costado donde tenía la herida que no dejaba de sangrar. Se detuvo y ella también.

-Vamos, tenemos que encontrar una cabina para llamar a Harry –lo apremió la mujer vestida con un fino vestido negro y altos zapatos de tacón que se había quitado y llevaba en una mano.

-Si doy un solo paso más, voy a desmayarme –le advirtió la figura masculina apoyándose contra la pared-. Ves a llamar a alguien, sólo te estoy retrasando, Tonks.

La mujer le miró entre enfadada y preocupada y sus ojos azules se fijaron en la herida roja que no dejaba de emanar, empapando la camisa blanca de su acompañante mientras él emitía pequeños gemidos de dolor que intentaba aplacar mordiéndose el labio inferior seguramente, para no preocuparla más.

-Estás loco si crees que voy a dejarte solo –le contestó-. Podemos descansar un rato, atravesaremos el callejón… -miró hacia los lados-, creo que hay una cabina cerca de aquí, en el otro extremo del parque detrás de este callejón –lo miró-, pero habrá que saltar la tapia –comentó sopesando las probabilidades de que él fuera capaz de saltarla.

-Si doy un paso más terminaré desangrándome, Tonks –le confesó con una de sus sonrisas cínicas, tan propias de él-, así que ni siquiera pienses que voy a poder saltar nada –añadió tosiendo levemente y encogiéndose de dolor al hacerlo.

Tonks maldijo por lo bajo. No le hacía gracia tener que dejarle allí, ni una pizca de gracia, pero sabía que Nott tenía razón. Negó mientras movía la cabeza.

-Escúchame bien –le dijo obligándole a mirarle directamente a los ojos-. No voy a dejarte, ¿está claro? Vamos… cerca de aquí hay un parque y allí habrá algún teléfono –le indicó.

-Tonks, no voy a…

-Sí, sí vas a poder andar –le aseguró ella-. Lo vas a hacer aunque tenga que meter mi mano en la herida para apretar, ¿entiendes? No voy a dejarte solo Nott. Malfoy y Snape me matarían si hago algo así –añadió para intentar quitarle tensión al asunto. Nott sonrió a medias e hizo una mueca de dolor-. Vamos. Necesitas un médico y rápido.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Ginny permanecía abrazándola en silencio y los sollozos de Hermione se habían apagado cuando la pelirroja había entrado en la habitación. Nadie iba a verla débil nunca.

-Deberíais hablar –dijo la pelirroja. Hermione la miró como si se hubiese vuelto loca de repente y, forzadamente, Ginny le sonrió-. Hablo en serio. Él tampoco lo ha tenido fácil, Hermione. Insultar a la gente, desconfiar de todo el mundo… es su manera de protegerse.

-Pues lo hace muy bien –dijo ella sarcástica.

Ginny le sonrió y se movió para dejar que Hermione se incorporara en la cama de forma que quedó sentada y ella a su lado sin soltarle las manos, como si de aquella manera, como si con aquel simple gesto que demostraba que estaba a su lado, quisiera decirle que no estaba sola.

-Lleva años practicando –dijo Ginny haciéndola sonreír levemente. Se humedeció los labios y buscó con sus ojos azules los castaños de ella-. Lo que te voy a decir no debe salir de aquí –Hermione asintió-. Y sólo te lo cuento para que entiendas un poco más a Malfoy, ¿de acuerdo? –la médico volvió a asentir-. El padre de Malfoy está en busca y captura, creemos que es uno de los terroristas más importantes de Europa y América y que ha participado en más de cien atentados donde siempre ha sido él quien ha creado las bombas y ha estado al cargo de las explosiones. Su madre lo abandonó y trabaja para Riddle –Hermione la miró con los ojos abiertos-. Nunca ha tenido nada ni a nadie Hermione. Ya te lo dije una vez, sólo tiene a Severus pero le es difícil confiar en alguien –sonrió a medias-. Se peleó con mi hermano cuando yo entré en la unidad porque dijo que seguramente era una espía…

-Pero…

-¡Ginny, necesitamos que localices una llamada! –Ron entró en la habitación después de golpear la puerta ligeramente y sin siquiera esperar a que le invitaran a entrar.

-¿Qué ocurre? –preguntó fastidiada la pelirroja.

-Tonks acaba de llamar al teléfono de Remus- la pelirroja palideció-. Era desde una cabina pero se ha quedado sin dinero antes de poder decir desde donde. Nott está herido, necesita que vayamos a buscarle –la puso en antecedentes Ron-. Harry, Sirius y Remus han salido con el coche, Blaise y Snape se han llevado la furgoneta. Tú te vienes conmigo a la central ahora.

-Cogeré mi portátil –dijo Ginny saliendo de la habitación rápidamente.

-¿Estás bien? –ella asintió y el pelirrojo se acercó hasta la cama donde Hermione estaba sentada-. Malfoy se quedará contigo –dijo Ron-. Pero si prefieres que yo…

Hermione negó con la cabeza. No le tenía miedo. Nunca había huido de sus problemas y no pensaba empezar a hacerlo en aquel momento, no era su intención.

-Está bien.

En un gesto impulsivo, de esos tan característicos en el pelirrojo, Ron la abrazó con suavidad y la besó en la sien inclinándose para ello un poco debido a su gran altura a comparación con la de la castaña.

-Es un capullo pero no es tan malo… a veces –añadió a regañadientes. Hermione soltó una risita.

-¡Ron! –gritó Ginny desde el comedor.

-Llegaremos tarde –le anunció a Hermione. Ella asintió-. Hasta luego, pecosa.

-¿Pecosa? –preguntó Hermione con una ceja enarcada y sonriendo anunciando que no le había molestado que la llamara así sino que sólo la había sorprendido.

-¿Qué quieres que te diga? Tengo la manía de ponerle sobrenombres a la gente. Y tú, -le tocó la nariz con la punta del dedo-, tienes las mejillas llenas de pecas pequeñas.

-¡Ronald! –gritó de nuevo Ginny.

El pelirrojo salió de la habitación mientras murmuraba algo acerca del humor de las pelirrojas.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Miró el teléfono sobre el salpicadero por quinta vez en los últimos diez minutos. No había ninguna llamada. Confiaba en Ginny, si había alguien que pudiera rastrear esa llamada era la pelirroja. Pero el que confiara en ella no significaba que no estuviera preocupado por Nott y por Tonks, desde luego.

Remus daba ligeros toques en el cristal de la ventana mientras sus ojos no se apartaban del exterior. A su lado, Harry conducía recorriendo con su mirada las calles mientras su cabeza repasaba mentalmente todas las calles y callejuelas que podrían llevar a cientos de parques.

-¿Has comprobado tu teléfono? –preguntó el hombre.

Harry se mordió la lengua ante de contestarle con que era más que obvio que si hubiesen llamado el timbre del teléfono se hubiera escuchado perfectamente.

-Sirius llamará al tuyo si la encuentra, lo sabes –le dijo simplemente. Remus asintió.

Harry casi podía palpar la tensión de Remus en el aire. Era un secreto a voces lo que Remus Lupin sentía y decía no sentir por la prima de Sirius, Ninfadora Tonks. Aunque claro, sólo compartían ese secreto Sirius y él y quizá Ginny, esa pelirroja era muy observadora.

-Ella está bien –dijo Harry mirando de reojo a Remus y el modo en que el hombre apretaba su puño cerrado sobre el regazo.

Remus le miró y sonrió cansado.

-¿Y si no lo está?

-Remus, Tonks ha sido la que ha llamado, ella está bien, ¿de acuerdo? Nott es el herido, no ella –pero cuando dijo aquello Harry no estuvo seguro de si lo había dicho para convencer y tranquilizar a Remus o para tranquilizarse a sí mismo.

-Harry, sabes tan bien como yo que si alguien llama nunca dice que está herido –le informó Remus. Harry rodó los ojos.

Claro que lo sabía. Él mismo lo había hecho en más de un centenar de ocasiones. Era inútil preocupar a nadie… La última vez recordaba que Sirius le había echado una gran bronca por no comunicar por teléfono que estaba herido y dos meses antes, el rapapolvo había sido para Zabinni por parte de Malfoy.

Sonrió. Quizá era cierto que eran los mejores en su campo, agentes fríos capaces de mantener la mente serena en situaciones extremas, pero también era cierto que cualquiera haría cualquier cosa por los suyos… después de todos, al menos desde su punto de vista, ellos eran la única familia que él había conocido.

-¿No crees que deberías empezar a pensar en decirle a Tonks que estás enamorado de ella?

Remus le miró y agradeció que fuera de noche para que el hijo de quien una vez fue sus mejores amigos no pudiera ver su sonrojo.

-No sé de qué…

-Vamos, Remus, Sirius se ha dado cuenta, yo me he dado cuenta y espero por tu bien para que no se burle de ti que Blaise no se haya dado cuenta –añadió bromeando.

-Harry…

-Hablo en serio Remus, nuestro trabajo es peligroso, podríamos morir ahora mismo y ella no sabría nunca nada… ¿crees que se merece eso? –Remus le miró-. ¿Crees que merece vivir en la incertidumbre y en las sombras de las dudas siempre?

El sonido del teléfono móvil impidió que dijera o hiciera algo más que tomar el aparato con la mano y deslizara la pantalla móvil hacia arriba mientras presionaba el botón verde, todo en un gesto que presumía de haber sido hecho cientos de veces.

-Lupin, dime que tienes algo, Gin –pidió casi desesperado. Harry casi pudo escuchar como resoplaba aliviado-. Parque Grant Green –le indicó. Harry dio un volantazo, eso quedaba al otro lado, no le importó la bocina que sonó detrás de ellos-. Gracias Gin, recuérdame que te invite a un helado mañana –añadió colgando. Marcó otro número y esperó a que Sirius notara la vibración del teléfono-. Están en Grant Green, Sirius, vamos para allí, ¿dónde estás? Bien, nos vemos en quince minutos –Harry asintió aprobando ese período de tiempo-. Llama a Blaise y Snape.

Colgó el teléfono sintiendo como si de repente un peso se hubiera caído se su pecho y pudiera respirar libremente de nuevo. Estaban localizados. Quince minutos. Sólo quince minutos… Tenía que estar bien, Tonks tenía que estar bien.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Eran las tres de la mañana cuando Draco había terminado de beberse la décimo tercera taza de café negro en lo que iba de noche. El médico le había recomendado que dejara el café porque le ponía nervioso pero, paradójicamente, el café era lo único que lograba calmarlo en situaciones como aquella.

Nott estaba herido y debía ser una herida grave para que Snape le hubiese llamado para decirle que lo llevaban al médico oficial de la central y pese a que el hombre le había asegurado que viviría y que se repondría, Draco no las tenía todas consigo.

Theodore Nott era uno de los pocos amigos que tenía. Junto con Snape y Blaise era una de las pocas personas que conocía en las que podía intentar confiar. Se conocían desde hacía años, en realidad desde el orfanato. Nott se había escapado de allí cuando Snape adoptó oficialmente a Draco y cuando el rubio lo había encontrado en la calle no había dudado en llevarlo al cuartel de la orden y asegurar, no pedir, que Nott se quedaría con ellos. Era callado y silencioso y pocas veces expresaba su opinión pero siempre tenía algo que decir. La misma complicidad que había entre Black y Lupin era la que tenía él con Theo.

Suspiró. El ruido de unos pasos descalzos le hizo levantar la cabeza. Hermione Granger apareció en el lindar de la puerta del pasillo, descalza, vestida con unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes negra que le resbalaba por un hombro, con el cabello rizado cayendo sobre uno de sus hombros como una cascada castaña y con los ojos algo hinchados y rojizos.

"Ha intentado suicidarse" las palabras de Remus llegaron a su cabeza y la mirada de él se clavó sutilmente en las muñecas de Granger mientras él mismo recordaba la sensación de vértigo al mirar desde un vigésimo piso.

-Perdona… no sabía que estabas despierto Malfoy –dijo ella-. Sólo quiero un vaso de agua –añadió mientras se dirigía a la cocina.

Draco la siguió con la mirada frunciendo el ceño. No le gustaba lo que estaba pensando. Porque estaba pensando en qué pasaría si ella fuera inocente y no tuviera nada que ver con todo aquello, qué pasaría si él se hubiera equivocado, como parecía que había hecho, respecto a aquella mujer, qué pasaría si se hubiese equivocado y la hubiese hecho llorar… Lanzó un gruñido bajo. Odiaba ver a las mujeres llorar, nunca sabía cómo consolarlas. No; frunció aún más el ceño; definitivamente no le gustaba lo que estaba pensando y lo que siguió pensando hasta que ella volvió a aparecer en el salón con el vaso de agua helada entre las manos.

-Yo…

Intentó encontrar algo que decirle, pero la verdad era que no quería decirle nada. Él la había juzgado y aunque Hermione siempre se había considerado una persona nada rencorosa, era incapaz de entablar una conversación con Malfoy. Ese hombre… la desconcertaba. En su apartamento se había mostrado cariñoso y hasta cierto punto dulce, en la central de la orden, atento, en el hospital arrogante y en la cena se había portado como un auténtico idiota… La desconcertaba. Mucho. Y ella odiaba que la desconcertaran.

Ginny decía que había tenido un pasado duro. Ella también lo había tenido y aún más a él no le perseguía alguien para matarle por algo de lo que ni siquiera sabía el motivo.

-Hemos empezado con mal pie –dijo él entonces rompiendo el silencio.

-¿Tú crees? –preguntó sarcástica Hermione a la defensiva.

Malfoy abrió el balcón y dejó entrar el aire como si aquello pudiera despejar un poco su cabeza y aclararle las ideas de lo que iba a decir y cómo podía decirlo. No quería admitirlo y de echo, mataría a cualquiera que se atreviera siquiera a insinuarlo, pero acababa de volver a ver la delgada línea blanca cicatrizada sobre la muñeca derecha de Hermione y las palabras de Sirius le habían golpeado la cabeza fuertemente.

-¿Te molesta? –preguntó.

-No –dijo ella-. Me gusta el frío… hace que me sienta viva… -añadió en un susurro sin saber siquiera por qué había dicho algo como aquello.

-No me fío de nadie –dijo él bruscamente. Hermione no alzó la mirada del suelo aunque Draco supo al ver que sus ojos no se movían, que ella le estaba prestando atención-. Mi padre es un maldito loco obsesionado con destruir utilizando bombas y ahora mismo está en Azkaban, una de las cárceles más impenetrables de Londres –añadió como si tuviera que añadir aquel comentario estúpido, como si hubiese más de una prisión Azkaban en Londres o en ningún otro maldito lugar-. Mi madre me abandonó cuando acababa de nacer y trabaja para Riddle. Hasta que Severus no fue a recogerme al orfanato nunca nadie se preocupó por mí. No me fío de nadie ni de nada, pero no era mi intención acusarte de nada… no era necesario que me dieras tu número de la seguridad social ni tampoco investigaré tu ADN ni nada por el estilo… sólo… llegaste en un mal momento, eso es todo.

Ella tampoco le contestó en aquella ocasión.

-Y si alguien se entera de esto, juraré que no he dicho nunca nada parecido, pero sé cuando me equivoco. Lo siento… y te aseguro que es más de lo que acostumbro a decir cuando me equivoco… No volverás a escucharme decir estas palabras –añadió con una media sonrisa sarcástica.

¿Era una tregua? Hermione frunció el ceño. ¿Malfoy le estaba ofreciendo una tregua o algo así? Decidió tantear el terreno; rodeó el sofá y se sentó en el sillón, frente a él, subiendo los pies descalzos al mueble y rodeándose las rodillas contra el pecho con el brazo que no sostenía el vaso de agua.

-¿Por qué no estás durmiendo? –preguntó ella cambiando de tema.

-Insomnio –dijo él entonces rápidamente.

Pero Hermione sabía que había algo más. En su forma de moverse, de mirar por el balcón, el modo en que su vista se paseaba del teléfono a la puerta como si esperara recibir noticias de un momento a otro… Estaba preocupado.

-Estará bien –dijo entonces. Malfoy la miró y Hermione se vio en la obligación de aclarar un poco más lo que quería decir-. Tu amigo, estará bien.

-¿Estás segura de eso? Puede que le hayan disparado o que le hayan cortado o puede incluso que algo haya estallado cerca de él.

Hermione frunció el ceño.

-Si es la mitad de testarudo que tú, seguro que está bien sólo para fastidiar a los que digan que va a morir –dijo ella.

Draco la miró sin saber si lo decía en serio o no. Había aprendido que a aquella mujer le gustaba el sarcasmo tanto como a él o incluso más. Pero esta vez estaba hablando en serio, y por muy tonto que pareciera, aquellas palabras le habían aliviado… al menos en cierto modo.

-Eres buena –ella le miró-. Para intentar alentar a la gente, eres buena. Nott debe de estar medio muerto para ni siquiera haber llegado hasta aquí y tú eres buena alentándome para que crea que está bien.

Hermione se encogió de hombros.

-Forma parte de mi trabajo –se limitó a decir ella.

-¿Por qué pediatría? –preguntó Malfoy.

-Porque los adultos pueden curarse a sí mismos, pero los niños… los niños necesitan a alguien que les cuide –se encogió de hombros-. Me gusta trabajar con ellos, son más agradecidos que la mayoría de los adultos.

Malfoy iba a decir algo más pero su teléfono sonó en aquel momento llenando la habitación silenciosa y en la penumbra con una suave melodía que Hermione reconoció como propia de Mozart. Enarcó una ceja mientras él descolgaba el teléfono móvil, ¿a Malfoy le gustaba la música clásica?

-Malfoy –dijo-. ¿Está bien? Entiendo… ¿Y Tonks? Me alegro… Sí, -miró a Hermione-, de acuerdo, te esperaré abajo. Hasta ahora padrino.

Se giró hacia ella aún colgando el teléfono.

-Voy a casa de Tonks, han llevado a Nott allí, Severus se quedará contigo hasta que Gin y Blaise vengan, ¿de acuerdo? –ella asintió-. Ve a dormir. Aquí estás segura.

Otra vez la frialdad que parecía envolverle acudió a él. Hermione asintió, dejó el vaso de agua sobre la mesita baja y con un suave "buenas noches" se retiró a su habitación. Draco Malfoy suspiró. Estaban bien, Tonks y Nott estaban bien. Miró hacia la puerta cerrada de la habitación y se sintió extraño al verse aliviado porque Granger también estuviera bien.

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-Es un idiota… -aseguró ella mientras besaba con suavidad el pecho de su amante-… ni siquiera se entera cuando le hago hablar –rió dulcemente cuando la mano de MacGregor alcanzó su espalda en el punto más bajo, allí donde empezaba a nacer su trasero-… sólo le duele la cabeza al día siguiente… -añadió dando una especial atención al pezón izquierdo del hombre que emitió un leve jadeo de placer.

-¿Estás segura de que no sabe nada?

La mujer emitió una leve risita mientras su mano se colaba por debajo de las sábanas negras hasta rozar la palpitación de McGregor entre sus piernas que ahogó otro jadeo haciéndola sentirse poderosa por tener aquel control sobre el cuerpo del hombre.

-Absolutamente nada… -aseguró lamiendo la piel de su pecho y descendiendo por la piel despacio en una tortura que estaba volviendo loco al hombre-… Esa droga es excelente… me dice todo lo que quiero… actúa como si fuera un suero de la verdad…

-No quiero que… -la mano de ella se apoderó un poco más de su miembro-… que te entrometas…. –el aliento de ella acompañó a su mano sobre su erección-… ¡Dios!! demasiado… -consiguió decir entre jadeos.

-No lo hago… -aseguró ella calmada-… ahora tú… sólo… disfruta… -añadió inclinando su cabeza hasta que desapareció bajo las sábanas.

Y cuando la cálida boca de ella rodeó su miembro y el suave aliento se mezcló entre su vello, un sonido de satisfacción y lujuria salió de su garganta, gutural y ronco por la pasión del momento, un sonido que emitió un solo nombre, el nombre de ella.

-¡Cho!

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Bueno, pues se acabó por hoy, espero que os haya gustado y si no… bueno, siempre podeis decirme qué no os ha gustado para cambiarlo :p

Un besito para todos, sed felices y cuando os sintais deprimidos recordad esta frase: "sólo va a haber un/a (aquí decid vuestro nombre completo) en el mundo y soy yo"

Parece una tontería, pero a veces ayuda, sobretodo si lo haces cuando estas sola en tu habitación con música relajante y un olor agradable… que en mi caso suele ser a rosa o a lavanda :p

Bueno, ahora sí, hasta la proxima actualización chicos!!! Sed buenos

Nos leemos pronto!!!