En realidad no tengo demasiado tiempo para escribir aquí y al final del fic, tengo que ir a la universidad a ver si ya han salido las notas de los exámenes, así que imaginad como estoy de nerviosa y de atacada :s
Eso sí, no puedo irme sin agradecer sus comentarios y reviews a:
Dubhesigrid, Lna, mariapotter2002, Silver-plated, pekelittrell, Belin03, tefy, beautifly92, Y0misma, oromalfoy, PauMalfoy, chepita1990, Isis, Krissalis Potter, Alevivancov, MARI, ZhirruUrie, ducieLL (alguna vez te he dado las gracias por tus superreviews?? En serio, cuando estoy un poco decaída sólo tengo que leer los grandes revies que gente como tú me envía para animarme un poco, gracias :D), monmalfoy, Nahir5, lauriska Malfoy, pikita45 (muchas gracias a ti también por tus superreviews, no sabes lo feliz que me haceis cuando escribís tantas cosas :D), eliizaabeethf, sofia, Terry Moon.
Un besito para todos, espero que el capítulo sea de vuestro agrado y recordad: el próximo capítulo habrá un acercamiento entre Draco y Hermione… ¿os lo vais a perder???
Nos leemos abajo!!
Capítulo 7. Cicatrices
Hermione sonrió divertida mientras terminaba de curarle aquella herida a Jessica, la pequeña de cinco años que no dejaba de mirar a Malfoy de reojo con el ceño fruncido si es que a esa edad alguien puede haber aprendido a fruncir el ceño.
-Muy bien, cielo, ya está… -le aseguró mostrándole dos tiritas-… ¿cuál te gusta más? –le ofreció una con dibujos de corazones y otra con dibujos de soles. La niña señaló los soles, para desconcierto de Malfoy que creyó y hubiera apostado hasta su camisa por que la morena habría elegido los corazones-. Eso es… ten cuidado la próxima vez que montes en monopatín, ¿de acuerdo?
Jessica le sonrió y Hermione sacó una piruleta del bolsillo de su bata.
-Aquí tienes cielo, por ser una niña muy valiente.
-Gracias, doctora Granger –agradeció la niña sinceramente. Con un saltito se bajó de la camilla donde la médico la había atendido y dio varios saltitos sobre la pierna que tenía ahora su tirita para comprobar que no le dolía-. Le diré a mamá que me la guarde hasta después de la comida –añadió mirando muy seriamente la piruleta.
-Esa es una idea genial, cariño –le aseguró Hermione acariciándole la cabeza-. Adiós, cielo.
-Adiós doctora Granger –abrió la puerta y la pequeña se detuvo un momento junto a Malfoy que estaba parado al lado de la puerta-. Adiós señor rubio. Si no fuera tan serio, la doctora Granger le daría una piruleta –añadió como si acabara de descubrirle todo un mundo.
Malfoy la miró mientras la niña se iba y luego se giró hacia Hermione que sonreía divertida.
-¿Y dices que tiene cuatro años? -se quejó el rubio haciendo un movimiento con el cuello algo brusco.
-Cinco, pero es muy despierta –replicó Hermione.
-Pues podría callarse de vez en cuando, ¿no?
Hermione le miró mientras terminaba de rellenar la hoja sanitaria de Jessica.
-Tú te has levantado hoy con el pie izquierdo, ¿verdad Malfoy? –le vio hacer otro movimiento brusco y frunció el ceño -¿Y quieres dejar de mover así el cuello? Vas a hacerte daño –le recriminó ella con aire profesional.
-Ya me he hecho daño –le contestó él con fingida dulzura. Hermione le prestó atención y él resopló maldiciendo el momento en que se le ocurrió decir aquello-. He dormido en una mala posición y creo que tengo una contractura.
Ella le miró. ¿Por eso había llegado con tan mal humor a casa de Ginny aquella mañana?
(flashback)
Azotó la puerta de forma descuidada, se quitó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo del sofá, se palpó el hombro derecho y giró el cuello un par de veces. Atravesó el pequeño comedor sin decir nada y entró en la cocina donde Sirius, Hermione, Ginny y Blaise desayunaban tranquilamente.
En cuanto hubo entrado y vio como le miraban suspiró internamente sabiendo que debía tener una pinta horrible. Lo único bueno es que Potter y Weasley no estaban allí para reírse de él.
-¿Te has peleado con un gato?-Draco gruñó. Había olvidado que Black sí estaba allí-. Deja que adivine, ha ganado él –y además que era un representante de Potter y Weasley en sus mejores años.
-Muérete Black –le dijo simplemente Malfoy.
-¿Mala guardia?-preguntó Blaise entonces.
-Cállate –le aconsejó Malfoy mientras se sentaba pesadamente en una de las sillas de la cocina y tomaba la taza de café que Ginny le ofrecía, bebiéndose la mitad casi de un trago.
Miró a la pelirroja.
-Tú no has hecho este café –sentenció.
Ella rodó los ojos.
-No, lo ha hecho Hermione –acotó Ginny-. ¿Por qué? –preguntó-. ¿Este sí te gusta?
Hermione enarcó una ceja y Sirius sonrió.
-A Malfoy le gusta el café muy cargado, caliente y amargo –puntualizó-, y Ginny siempre lo hace aguado, templado y dulce.
-Vale, se acabó el tiempo de metámonos con Malfoy si no queréis acabar con una bala en el trasero. No he dormido bien, tengo que ir con Granger al hospital en… -miró el reloj-… quince malditos minutos y además me duele todo el cuerpo –avisó con frialdad. Vació la segunda taza de café que Gin le había servido y se levantó-. Voy a ducharme.
-Tienes toallas en el armario del baño –informó Blaise. Sirius y Draco le miraron.
-Le hemos obligado a que se lo aprenda –contestó Hermione con una franca sonrisa-. Malfoy si quieres… estoy segura de que Sirius puede venir hoy conm…
-Ni hablar. Black no es santo de mi devoción…
-Yo también te quiero, Malfoy –dijo con evidente sarcasmo el moreno mientras alzaba su taza de café en un gesto de brindar por lo que el rubio había dicho.
-… pero no voy a dejar que Potter le despida. Cinco minutos y nos vamos. Ya hablaremos tú y yo –miró a Blaise-, de las toallas…
(fin flashback)
-Siéntate –le dijo la mujer rodeando la mesa y dirigiéndose hacia el otro lado.
-¿Qué?
-Siéntate –ordenó esta vez con la firmeza de un médico.
Malfoy obedeció a regañadientes y gruñó aún más cuando ella le dio un suave golpe en la nuca para que dejara de mover el cuello.
-Quítate la camisa –le ordenó de nuevo.
Draco se giró para mirarla con una ceja enarcada y maldijo el momento en que se le ocurrió hacer aquello porque el cuello le dio otro tirón que lo obligó a guardarse una palabra obscena como maldición.
-Escucha Malfoy, tengo una crema muy buena para las contracciones pero si no te quitas la camisa no puedo ponértela, así que tú decides…
-No necesito que me pongas nada –le dijo él de malos modos.
-Y yo que creía que habíamos llegado a una tregua… -murmuró ella enfadada lo bastante alto para que él lo escuchara.
Malfoy la fulminó con la mirada, se sentó en la silla quitándose la chaqueta y la pistola que aquel día llevaba oculta bajo la misma y sujeta en la cintura del pantalón tejano y procedió a quitarse la camiseta negra que marcaba perfectamente sus músculos. Aunque apreciando lo que Hermione podía ver de piel cuando se hubo quitado la camisa completamente, aquella prenda de ropa no le hacía justicia.
Draco Malfoy era atractivo y además tenía un cuerpo de infarto… parecía esculpido por el mismísimo genio de la escultura griega y romana.
-Date prisa Granger –le pidió-. No me gustaría que alguien entrase y pensara lo que no es –añadió.
Hermione frunció el ceño y fulminó a Draco con la mirada mientras tomaba un bote de plástico de uno de los estantes colgados cerca de la puerta. Malfoy, desde luego, ni siquiera se inmutó. Ni tampoco lo hizo cuando ella rodeó la silla y escuchó como ahoga un grito al tiempo que el bote temblaba en las manos de la mujer… pero pese a todo, su cuerpo se tensó.
-Dios Santo… -musitó ella.
Él sabía lo que estaba viendo. La espalda marcada de cicatrices, de gruesas líneas blancas y roja ya cicatrizadas al menos en la piel pero que tardarían mucho más en cicatrizarse en el alma. Cicatrices tan profundas como lejanas y al mismo tiempo tan recientes en cada una de sus pesadillas… pesadillas que nadie iba nunca a saber que tenía.
Hermione tragó saliva con dificultad, carraspeó en un intento de que su voz sonara fuerte y segura y pronunció las palabras intentando no llorar.
-¿Con qué…
-Pon la crema y deja de hacer preguntas, Granger –le dijo él simplemente con voz fría e impersonal.
Ella asintió aunque él no podía verla. Se lubricó los dedos con la crema y pasó su mano por el cuello de él, masajeando la zona, tensa, contraída y haciendo presión con sus dedos en los puntos justos. Pese a estar haciendo su trabajo, no pudo evitar mirar hacia abajo y ver la espalda musculosa cubierta de cicatrices, compadeciéndose del niño que había sido cuando había sufrido aquello, a juzgar por las líneas blancas y rojas que conformaban cada una de las marcas.
Una idea golpeó a Hermione. Si ella estaba incómoda por estar viendo aquello y no haber podido hacer nada, seguramente él se sentiría incómodo por mostrarle aquello a alguien… suspiró y se obligó a ser la médico profesional que era. Respiró profundamente y entonces se inclinó ligeramente hacia delante susurrando ligeramente.
-Relájate Malfoy…
El susurro llegó junto a su olor. El olor a rosas y jazmín de Hermione inundó el sentido del olfato de Malfoy. Odiaba que aquella mujer pudiera acercarse tanto a él como para poder sentir su propia vulnerabilidad. Aunque tenía que admitir que sabía lo que se estaba haciendo… empezaba a notar los músculos del cuello más relajados e incluso se permitió relajar la espalda y olvidar por unos momentos que estaba lleno de cicatrices horribles que seguramente asustaría a cualquiera que lo viera.
-Eso es… -susurró ella al notar como parte de la tensión de Malfoy se disipaba-… Sólo es una contractura sencilla… un momento más y estarás bien Malfoy…
Su voz era pausada y tranquila, sosegada… ¿esa era la misma médico que había visto enfrentarse a un hombre del tamaño de un gigante para ella? Era un misterio como podía ser tan dulce y al mismo tiempo tan agresiva… Sonrió. Ella era un misterio.
-¿Estás mejor? –otro susurro, pero este necesitaba ser contestado.
Ladeó el cuello un par de veces e hizo algunos gestos y movimientos que esa mañana hubieran resultado imposibles de realizar.
-Sí, gracias –contestó escuetamente levantándose de la silla y apartándose de las manos de ella. -¿Has terminado por hoy? –preguntó el agente colocándose la camisa.
Hermione asintió incapaz de pensar demasiado. Estar cerca de Malfoy anulaba su capacidad de razonamiento y eso no podía ser bueno, ¿verdad? Frunció el ceño sin darse cuenta de que Draco le había colocado la chaqueta por encima de los hombros.
-Bien, volvamos a casa –dijo él.
Hermione le miró y parpadeó ligeramente, aquel "volvamos a casa" había sonado extrañamente perfecto.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-¿Chocolate? –Remus no contestó. Tonks sonrió de forma indulgente-. Remus, ¿estás aquí?
El agente dejó de tamborilear con los dedos sobre la mesa y parpadeó ligeramente antes de mirar a la mujer que le sonreía cándidamente ofreciéndole una taza y sacudiendo alegremente la jarra humeante de chocolate.
-¿Me has dicho algo? –preguntó.
Tonks contuvo las ganas de reír divertida.
-Que si quieres chocolate –le repitió ella-. ¿Estás bien? Parece que estás muy lejos de aquí… -se sentó a su lado en la mesa-. ¿Me lo quieres contar?
"Estoy enamorado de ti desde que tenías quince años y nos perseguías para que jugáramos contigo en el parque con la pelota" Esa hubiera sido una buena frase, sí, al menos en su cabeza había sonado bien, pero cuando abrió la boca…
-No es nada, no te preocupes… sólo pensaba en Sirius... Desde que Harry le dijo que quería ir a la casa del Valle…
Tonks asintió.
-Sí, yo también lo he notado… está más distraído de lo normal…
-No me extraña… Aquella casa… fue también su casa. Lily y James siempre tenían una habitación para él –sonrió-. Debe de resultarle muy difícil volver allí…
-¿Y por que no le dice a Harry que no puede ir? –preguntó-. Es absurdo hacer algo que va a hacerle daño.
Remus sonrió de forma melancólica y se encogió de hombros mientras miraba a la mujer dulcemente.
-Deberías conocer a tu primo, Tonks. Sirius es así… cree que se lo debe.
-¡Qué tontería! –expresó su opinión la mujer estirando su espalda y frunciendo el ceño.
-No pudo hacer nada para salvar a sus padres, ni tampoco pudo evitar ir a la cárcel y mucho menos pudo evitar que Harry viviera tanto tiempo sin una familia… -se encogió de hombros-… Cree que le algo… Cree que le debe esto…
-Sirius siempre fue idiota –Remus la miró y ella rodó los ojos-. En el buen sentido de la palabra, me refiero… Siempre velando por los demás… siempre creyéndose en deuda con todos los que le ayudaban o hacían algo para beneficiarle creyendo que era…
-… lo que tenía que hacer y sin darse cuenta que los demás lo hacíamos porque le apreciamos –terminó Remus la frase de Tonks con una sonrisa-. Sí, siempre ha sido un idiota…
Tonks le miró de forma divertida y traviesa.
-Le diré que le has llamado idiota –avisó.
-¡Pero si has sido tú la primera que… ¡y eres su prima! –interpuso una oración sobre la otra.
-Por eso mismo, soy su prima, debo tener alguna concesión, ¿no? –añadió coqueta guiñándole un ojo.
Remus suspiró y ella se levantó.
-Voy a buscar más chocolate –anunció simplemente cuando él la miró-. No te comas todas las galletas de canela mientras tanto –avisó mientras se encaminaba por el pasillo.
Remus negó divertido con la cabeza. Tonks no iba a cambiar nunca… y eso era bueno… ¿verdad? Había conocido a Tonks hacía muchos años… cuando no era más que una niña de siete años que siempre perseguía a su tío Sirius para que jugara con ella, aunque claro, Sirius siempre había estado más ocupado jugando con las chicas de su edad, desde luego. Pero nunca le había negado nada a Tonks, jamás se había negado a ayudarla, a jugar con ella y nunca jamás había antepuesto una cita a su sobrina.
Esa era la verdadera relación de los dos. Tío y sobrina. Pero Sirius le había prometido no llamarla nunca más Nynphadora que era como se llamaba ella a cambio de que ella dejara de llamarle tío frente a sus conquistas. A partir de aquel momento habían sido primo Sirius y Tonks. Para todo el mundo.
Hacía mucho que la conocía y Harry tenía razón… Estaba enamorado de Tonks desde hacía mucho tiempo… Pero su trabajo… era demasiado peligroso… no quería poner en peligro a Tonks aunque por otro lado, ella también era miembro activo de la orden… entonces ¿cuál era el problema? Su edad. Remus consideraba que Tonks merecía a alguien de su edad y no a un viejo de la edad de su tío… ¡podría ser su tío!
-¿Se puede saber dónde estás hoy?
-¿Cómo?
-Te he preguntado si quieres mermelada para las galletas –repitió ella desde la cocina.
-No, gracias, tus galletas están riquísimas así…
Remus se golpeó mentalmente… "¿tus galletas están riquísimas así?" Menuda frase… para la posteridad… Estaba negando suavemente cuando Tonks apareció de nuevo en el salón y se sentó frente a él.
Quizá fue la sonrisa… o aquellas horquillas en forma de mariposa que la mujer llevaba y que lejos de parecer excéntrico parecía que estaban hechas únicamente para ella, quizá fuera la luz del salón o simplemente el modo en que ella estaba inclinada sobre la mesa… el caso es que Remus supo que Harry tenía razón.
No podía esperar más… no quería esperar más… quizá al día siguiente, en alguna misión, uno de los dos moriría… Y quizá fuera ese pensamiento el que le hizo reaccionar.
-Tengo que hablar contigo, Nymphad…
-Ni siquiera tú puedes llamarme así –le cortó ella con un tono de advertencia que le hizo sonreír-. Odio ese nombre… Me pregunto en qué estarían pensando mis padres cuando decidieron ponérmelo.
-En que su hija sería algo fuera de lo común –dijo él adulador y sarcástico al mismo tiempo.
Ella le sonrió de forma demasiado encantadora.
-Te estás jugando el chocolate, Remus –le advirtió suavemente moviendo la jarra de chocolate pero sirviéndole de todos modos-. ¿Qué ibas a decirme? Omite mi nombre –añadió rápidamente al ver que él sonreía con el brillo travieso que una veía en los ojos de los cuatro merodeadores adolescentes.
-Que te quiero –dijo él entonces llanamente y sin pensarlo demasiado, más que nada por miedo a que si lo pensaba mucho terminaría por no decir nada-. Que estoy completamente enamorado de ti, que eres la mujer más maravillosa que conozco y que sé que nunca conoceré a nadie como tú. Que te quiero y que quiero estar contigo…
La jarra de chocolate golpeó la mesa. La galleta quedó a medio camino entre la boca de Tonks y la bandejita donde estaban puestas. Los ojos de ella se clavaron en los de él. La sonrisa de él se volvió nerviosa. El silencio reinó en el lugar y sólo el suave tic-tac del reloj del salón se escuchaba.
-Si tú quieres… claro… -añadió de nuevo él rompiendo el silencio.
-Y se puede saber Remus Jhon Lupin, ¿por qué has tardado tanto tiempo en decírmelo? –preguntó ella entonces.
Remus la miró parpadeando, incrédulo. ¿Había escuchado lo que había escuchado? Iba a preguntarle. Necesitaba preguntarle para estar seguro, pero no le dio tiempo. El gen de los Black, el que siempre le estaba reprochando a Sirius, el de "actúas antes de pensar", el de la impulsividad, ese gen, precisamente ese, había aparecido en aquel momento en Tonks y la mujer se había sentado sobre el regazo de él y le estaba besando sin darle tiempo a decir nada… incluso Remus creyó que no le daba tiempo a pensar en nada.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Ginny miraba a su hermano como se paseaba de un lado a otro del piso revolviéndose el cabello de forma impaciente y caminando a grandes zancadas, repitiendo la misma palabra una y otra vez.
Era lo único que hacía desde que le había llamado por teléfono para que fuera a casa inmediatamente, llamando luego a Sirius, quien, al igual que ella, después de leer el nombre de Cho en la pantalla del ordenador, pese a haberse sorprendido, se limitó a sentarse en el sofá con una gran sonrisa de satisfacción.
Bueno, no era lo único que hacía… Ron también, de vez en cuando, se detenía frente al ordenador para asegurarse que era el nombre de Cho el que brillaba con intensidad, y luego volvía a pasear pronunciado la misma palabra una y otra vez.
-¡Joder!
-Treinta –dijo Sirius de repente dejando de jugar con el teléfono que aún no había guardado.
-En realidad, treinta y cuatro –Sirius le miró-. Fuiste al baño hace media hora –añadió como si aquello lo explicara todo-. ¿Quieres hacer el favor de sentarte de una vez, Ron? Vas a hacerme un agujero en el suelo.
-¿Cómo puedes estar tan tranquila? –le preguntó. Miró a Sirius que jugaba con el teléfono mientras comía cacahuetes apoltronado en el sofá- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Habéis leído lo mismo que yo ¿verdad?
-Claro que sí Ron –contestó condescendiente la pelirroja.
-Yo te contesto, Ron –se ofreció Sirius sentándose en el sofá bien como si fuera a hablar de algo importante-. Cho nos cae mal ¿verdad?
Ron asintió tímidamente mientras que Ginny asentía vigorosamente.
-Totalmente de acuerdo –dijo la pelirroja.
-Y nos sentíamos mal porque ella nos caía mal –explicó el mayor de los tres.
-Exacto –corroboró Ginny.
-Pero ahora que sabemos que nos caía mal porque no es trigo limpio…
-… podemos estar tranquilos con que no tenemos prejuicios contra nadie –finalizó la frase la pelirroja con una sonrisa.
-Así que aunque sabemos lo mismo que tú, estamos tranquilos –dijo finalmente Sirius tomando otro cacahuete.
Ron se dejó caer en la silla que estaba más cerca de él, totalmente desazonado.
-Estáis locos… ¿sabéis cómo va a reaccionar Harry? Va a casarse con Cho… -añadió.
Ginny y Sirius se miraron y suspiraron al mismo tiempo.
-Joder… -esta vez fue una palabra común a los tres.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Había entrado en aquel despacho cientos de veces, pero aún así, no podía reprimir un escalofrío cada vez que sus pies pisaban aquel suelo enmoquetado. Respiró profundamente antes de entrar en la habitación, obligándose a sí misma a calmarse; irguió los hombros, alzó la barbilla y exhaló todo el aire que tenía en los pulmones, vació su cabeza de cualquier cosa excepto del hecho de tener que enfrentarse a Voldemort y llamó a la puerta.
-Adelante…
Incluso la voz sonaba tétrica en aquella habitación… Aunque pensándolo bien, la voz de Tom Riddle seguro que sonaba tétrica en cualquier sitio.
-¿Me ha mandado llamar, señor? –preguntó.
-Pasa, Narcissa, pasa y cierra la puerta….
Ella obedeció, reprimiendo el gesto de repulsión cuando lo vio cerca del terrario de Nagini. Nunca le había gustado esa serpiente… era como si supiera cuando mentía o cuando le ocultaba algo a Voldemort… Un escalofrío subió por su espalda y el vello de los brazos se erizó junto con la piel… No, no le gustaba para nada. Caminó hacia él y esperó a que hablara o dijera algo. La voz masculina no se hizo esperar demasiado.
-¿Cómo van los informes que te pedí? –preguntó.
-Estoy en ello, señor –aseguró-. Tengo datos nuevos y ya me he puesto a localizar los lugares exactos donde se realizará la entrega. Pierre se ha puesto en contacto conmigo –añadió mirando al hombre tanteando el terreno. Voldemort la miró pero no dijo nada para interrumpirla-. Necesita una remesa de droga catalizadora y otra más de droga líquida… ha propuesto intercambiarla por cinco huérfanos y tres prostitutas rusas y alemanas –añadió.
Voldemort sopesó aquella información. Narcisa sabía que estaba dudando. Pierre siempre había sido un subordinado perfecto. Eficaz, capaz e inteligente. Manejaba con la precisión de un cirujano cualquier tipo de armas y nunca dejaba rastro alguno de sus tejes y manejes. Conseguía a la gente cuando había que conseguirla y se encargaba de limpiar el camino cuando Voldemort lo deseaba. El subordinado perfecto… hasta que decidió montar un negocio por su cuenta.
Sabiendo que en Inglaterra lo tendría todo perdido, tomó algunas de las fórmulas de las drogas, a un par más de hombres y se marchó a Francia en silencio con la excusa de querer volver a su patria. Nunca regresó. Voldemort supo enseguida que había sido él quien le había echado a Potter encima y que desde entonces el joven policía parecía atento a cada uno de sus gestos con la intención de detenerle… Infeliz… jamás podrían tocar a Voldemort. Todos lo sabían.
Voldemort podría haber ordenado la muerte de Pierre, pero Tom Riddle aún reconocía a un buen estratega cuando lo tenía a la vista y a Pierre era preferible tenerlo de amigo en los negocios que de enemigo en cualquier sitio de Europa.
Pero pese a eso, la relación se había vuelto muy fría y sólo se realizaba por intermediación de ella misma o de Bella, las dos únicas personas con las que Pierre seguía manteniendo contacto.
-Ofrécele una remesa de la catalizadora y media de la líquida… añade también una caja de pastillas dobles –indicó-… que las mueva, quiero ver cómo reacciona la gente… -Narcisa asintió-… pero pídele tres chicos más, a ser posible que haya entre ellos alguna mujer de entre trece y diecisiete años y además pide dos prostitutas más.
-Lo haré señor –aseguró Narcisa-. ¿Quiere algo más?
-Sí… en realidad sí… -la miró y Narcisa tembló-. Contacta con él –ordenó.
Narcisa le miró sin atreverse a cuestionarle.
-¿Señor?
-Malfoy. Sé que tuviste un hijo bastardo de Lucius Malfoy… y te conozco lo suficiente para estar seguro de que sabes donde localizar a Lucius. Contacta con él. Lo quiero entre mis hombres, ¿entendido?
¿Lucius? No quería saber nada de él… no deseaba saber nada de él y aquel hombre que podía matarla con simplemente desearlo le pedía que contactara con él.
-¿Me has oído? –habló de nuevo el hombre mirándola de forma suspicaz.
Narcisa tembló ante la voz de él y asintió rápidamente más que nada, para tener tiempo a que la voz egresara a su garganta reseca.
-Pero yo no sé si él…
Una bofetada cruzó el rostro de Narcisa que no emitió ni un solo gemido ni un solo quejido, ni un paso trastabillado.
-No me contestes Narcisa o podría olvidar que no me conseguiste la información que quería cuando la quería –la amenazó claramente-. Me da igual si tienes que amenazarle, envenenarle, chantajearle o volver a abrirte de piernas metiéndote en su cama como si fueras una vulgar prostituta, le quiero de mi lado, ¿entiendes? Y siempre consigo lo que quiero.
Cuando Narcisa salió de aquel despacho el corazón le latía ferozmente y tenía la sensación de que tenía las piernas de gelatina… Se llevó una mano al pecho y respiró pacientemente. Si volvía a ver a Lucius, estaría perdida para siempre. Y si no lo hacía, Voldemort sería capaz de matarla con sus propias manos.
Se irguió cuando escuchó pasos al otro extremo del pasillo. Nadie debía ver en ella ni un solo signo de flaqueza. Respiró y empezó a andar hacia su propio despacho. La decisión acababa de ser tomada aunque quizá no era la mejor.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
El coche derrapó y Hermione fijó sus piernas más aún en el suelo del coche si es que era posible ir más tensa y agarrotada de lo que ella iba en aquellos momentos.
-Y dices que te han dado el carné en una tómbola ¿verdad?
Malfoy ni siquiera le contestó. Estaba demasiado ocupado conduciendo de forma temeraria intentando no matarse en el trayecto únicamente para darle una lección a la médico que había asegurado que aquel coche deportivo era una trampa mortal. Y nadie se metía con el deportivo de un Malfoy, mucho menos si se trataba de Draco Malfoy.
-¿Quieres hacer el favor de bajar un poco la velocidad? –preguntó ella de nuevo con un ligero matiz de miedo en la voz que intentó disimular.
Malfoy la miró de reojo. Era mala disimulando. Muy mala, la verdad. Además, estaba sentada de forma rígida, los hombros erguidos, los ojos abiertos, las piernas agarrotadas y fijas en el suelo y mientras que una mano estaba sujetando el cinturón de seguridad como si quisiera asegurarse que estaba bien atado, la otra permanecía asida a la puerta como si en caso de emergencia tuviera que salir de aquel coche.
-¿Qué pasa? –le preguntó socarrón-. ¿No sabes que a un coche como este hay que darle cierta vida de vez en cuando para que no se oxide? –comentó distraídamente sin aflojar la velocidad.
-¿Darle vida? Para morir nosotros querrás decir –matizó ella.
Draco sonrió. Al menos Granger sabía defenderse perfectamente sola.
-No me digas que no conduces porque…
-Porque lo sabéis todo de mí, lo sé –le cortó ella desafiante-. Por supuesto que sé conducir… es algo imprescindible en mi trabajo si tengo alguna emergencia que atender –replicó.
-No me digas que eres de las que le ponen multas de tráfico por ir a una velocidad inferior a la que marca la vía –se burló él. Hermione no contestó pero se removió incómoda en el asiento, cruzándose de brazos en una posición defensiva. Él se tragó la risa burlona pero dejó escapar la carcajada divertida-. ¿He acertado?
-Tú eres el policía, tú sabrás –le contestó ella-. Además, ¿no se supone que lo sabes todo de mí?
-Creía que habíamos declarado una tregua Granger –apuntó él divertido girando a la derecha.
-¿Y acaso yo he dicho lo contrario? –preguntó ella fingiendo asombro.
-Vale, si no conduces como una ancianita… -ella lo fulminó con la mirada-…Entonces el problema es que no has conducido uno de estos en tu vida, ¿no, Granger?
-Nunca he tenido necesidad de hacerlo –le replicó la médico frunciendo el ceño.
Malfoy la miró. Seguía tensa como una gallina en la madriguera de un zorro. No pudo evitar burlarse de ella.
-Deberías aprender a relajarte Granger… conducir un deportivo como este es algo que hay que aprender a disfrutar –añadió burlón.
-¿Y se supone que tú vas a enseñarme a apreciar conducir? –preguntó ella sarcástica-. No, gracias, prefiero seguir viva antes de que un maniático al volante me enseñe algo.
Draco iba a replicar cuando el tono de su teléfono móvil sonó repetidamente. Con un simple gesto que hizo que Hermione le gritara que tuviera cuidado con el volante, él le sonrió arrogante, deslizó la mano dentro de su chaqueta y tomó el teléfono abriéndolo con una sola mano.
-Malfoy. ¿Qué? –preguntó. Hermione le miró ante el grito que él había dado-. ¿Estás seguro? Ya veo… ¿Lo sabe Potter? Quiero ver la cara que pone cuando se entere… -rió burlón-… Lo sé, lo sé… no diré nada –aseguró a regañadientes-. Miró el reloj de la guantera-. Veinte minutos –luego a Hermione-. Está conmigo- Bien, vale, hasta ahora padrino.
-¿Era Snape? –preguntó Hermione.
-Sí y lo siento pero tendremos que dejar la clase para otro día Granger –dijo él colgando el teléfono y girando en la siguiente intersección-. Ginny ha descubierto algo en el disco que Blaise consiguió.
-¿Algo relacionado con mi padre? –preguntó ella titubeando.
Malfoy la miró un segundo. Era por eso. Su padre había muerto en un coche y a ella le aterrorizaba la idea de conducir uno… Por eso sólo conducía cuando era imprescindible.
Ya había notado algo raro cuando no había protestado ni replicado porque no la dejaran conducir hasta el hospital con su coche, pero lo había achacado a que le gustaba que la llevasen más que llevar… se había equivocado con aquella mujer, otra vez.
-No, no es nada relacionado con tu padre –le aseguró Malfoy-. No te preocupes Granger, te saldrán arrugas…
Hermione le miró pero no dijo nada, ¿Malfoy, el arrogante soy mejor que todos, acababa de hacer una broma? El mundo tenía que estar acabándose…
Malfoy no dijo nada en el resto del camino. Odiaba equivocarse. Redujo la velocidad. Quizá tardasen media hora en lugar de veinte minutos.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Draco enarcó una ceja cuando vio que Hermione Granger conocía a la mayor parte del personal de aquel hospital. Gruñó cuando uno de los médicos le sonrió a la mujer.
-¿Cuál es tu problema Malfoy? –preguntó ella.
Draco la guió hasta los ascensores aunque si no lo hubiera hecho no habría habido ningún tipo de problema ya que seguramente alguien habría terminado diciéndole donde estaban.
-Que se supone que este hospital es solo para gente de la orden –gruñó él pulsando el botón del ascensor-. Y no entiendo cómo es que conoces a la mitad del personal –añadió falsamente dulce indicándole que pasara ella primero al ascensor.
-La mayoría de esta gente la conocí en la facultad… eran profesores míos –aclaró ella. Draco gruñó más fuerte y sin saber por qué, Hermione sonrió, compadeciéndose de él y cuando el ascensor se detuvo en el segundo piso-… Y si te sirve de algo, no conocía este hospital.
Malfoy con contestó, pero Hermione supo ver por el brillo de sus ojos que sí servía de algo. Rodó los ojos mientras le seguía hasta la habitación de Nott aunque su cabeza estaba lejos de allí, concretamente en la conversación que había tenido con Ginny el día anterior, durante la celebración del cumpleaños de Blaise.
(flashback)
Harry Potter y Draco Malfoy habían discutido… otra vez… Sólo la intervención de Sirius y de Blaise alegando que era su cumpleaños y no era momento para discutir había conseguido que las cosas no llegaran a mayores, aunque Malfoy había decidido subirse a la terraza del piso para calmarse un poco, sugerencia de Snape.
La médico entró en la cocina donde Ginny se había refugiado cuando habían empezado los gritos.
-¿Qué ha sido eso? –preguntó Hermione parpadeando.
Ginny sonrió con cierta resignación mientras exhalaba un profundo suspiro.
-Draco y Harry no se llevan bien –se limitó a decir.
-Eso puedes jurarlo –le contestó Hermione apoyándose en la encimera de la cocina ladeando la cadera y cruzándose de brazos mientras veía como la pelirroja cortaba la tarta en pedazos exactamente del mismo tamaño-. ¿Por qué?
-Hace un par de años tuvieron un encontronazo fuerte –contestó Ginny encogiéndose de hombros como si quisiera de algún modo quitarle importancia a todo aquello-. Harry encontró a Cho y a Draco en el despacho de él, solos y el uno encima del otro… Cho aseguró que Draco había intentado seducirla –añadió con el ceño fruncido-. Y Harry le creyó. Si no echó a Draco de la Orden es porque sabe que es el mejor en su terreno.
-Tú no crees que pasara eso ¿verdad? –aventuró a preguntar la castaña.
Gin la miró.
-¿Te parece que Draco es el tipo de hombre que va robándole novias a los demás? –le preguntó como si aquello contestara a su pregunta-. No. Ninguno la creímos, sólo Harry… Desde entonces, Draco y Harry sólo hablan cuando es estrictamente y laboralmente necesario.
-¿Y qué dijo Malfoy?
-Nada –sonrió Ginny girándose hacia Hermione y entregándole dos platos con tarta-. Quizá por eso Harry creyó que lo que ella le contaba era verdad.
-¿No intentó negarlo?
Gin enarcó una ceja.
-¿Sabes cuántas veces los culpables a los que pillan y encierran aseguran ser inocentes? –Hermione suspiró, se podía hacer una idea-. Draco le dijo que pensara lo que quisiera, no era algo que le atormentara demasiado…
-Duro ¿no? –dijo Hermione con sarcasmo.
-¿Tú qué hubieras hecho? –preguntó Ginny. Hermione no contestó-. Seguro que Draco está en la terraza de arriba, ¿puedes llevarle este trozo de tarta? –le señaló uno de los platos que tenía ella en la mano-. Y asegúrate que no se tira desde ahí.
-¿Preocupada por él? –preguntó la castaña.
-Claro… le necesitamos para atrapar a Voldemort –añadió con una media sonrisa coqueta y fingiendo que no podía creer como hacía una pregunta tan tonta.
Lo había encontrado en la terraza, de espaldas a la puerta, apoyado contra la barandilla de seguridad y mirando la ciudad desde el aire en aquella noche refrescante. Pensó que debió haber cogido una chaqueta.
Vio el humo del cigarrillo siendo exhalado por el agente y suspiró resignada. Odiaba que la gente fumara… había visto como hombres fuertes y atractivos morían por cáncer de pulmón debido a esa maldita droga que, aunque muchos la defendían, ella criticaba y aseguraba fervientemente que también el tabaco debía considerarse una droga. Era adictiva, peligrosa y podía llevarte a la muerte. Una droga en u estado más puro.
-Eso va a matarte –le dijo ella simplemente.
Malfoy ni siquiera se sobresaltó al escuchar la voz a sus espaldas. Hermione suspiró. Seguramente estaba acostumbrado a ser sorprendido así que imaginaba que sus torpes pasos, como siempre los calificaba su madre, habían sido escuchados por él desde hacía bastante tiempo, probablemente desde que había salido a la terraza.
-Soy agente secreto de una organización que nadie sabe que existe –se encogió él de hombros sin girarse-. Voy a morir de todas formas. Al menos así sé de qué muero –le contestó con tono frío.
Demasiado frío. Hermione se irguió orgullosa, caminó abruptamente y colocó el plato con la tarta sobre el poyete que había junto a él con tanta fuerza que Malfoy se preguntó cómo era posible que el plato de porcelana no se hubiera roto.
-Yo sólo quería traerte esto y saber si necesitabas…. –"hablar" pensó. Movió la cabeza negativamente-. ¿Sabes qué? Da igual, déjalo –añadió-. Quédate aquí sólo y sigue fumando si con eso te sientes mejor…
Se giró preguntándose cómo podía ser tan idiota de pensar que quizá él necesitaba que alguien estuviera a su lado. Ella sí lo necesitaba. Cuando estaba mal, cuando necesitaba hablar, cuando necesitaba llorar… ella necesitaba a alguien a su lado aunque sólo fuera para que estuviera en silencio escuchándola despotricar, llorar o simplemente para abrazarla… ¿En qué maldito momento había pensado que él podría necesitar lo que todo ser humano necesitaba?
Malfoy escuchó como caminaba hacia la puerta de nuevo y se maldijo a sí mismo. ¿Por qué tenía siempre que ser tan frío? Él no había querido decirle aquello en aquel tono que hubiera helado el mismísimo infierno… No estaba acostumbrado a que se preocuparan por él y mucho menos a que la persona a la que debían proteger se preocupara por él… Hermione Granger le pillaba completamente desprevenido.
-Granger –la llamó.
Hermione no se giró pero se detuvo. Le escuchó suspirar. ¿Por qué parecía que tuviera una gran carga sobre sus hombros? Era joven, demasiado joven para tener tantas preocupaciones. Sonrió sin darse cuenta; eso mismo era lo que su padre le hubiera dicho a ella si viera en la médico en que se había convertido.
-Gracias por la tarta –añadió el rubio.
-De nada Malfoy… a veces es bueno contar con que alguien puede… -iba a decir "escucharte" o "ayudarte" pero supuso que él no querría escuchar aquello, así que cambió las palabras en el último momento-…traerte tarta de vez en cuando.
Hermione se marchó sin saber que, de haberse girado en aquel momento, hubiera visto la primera sonrisa auténtica de Malfoy en mucho tiempo.
(fin flashback)
-¡Granger! –ella parpadeó y le miró despertando de sus propios pensamientos.
-Te digo que ya hemos llegado, ¿prefieres quedarte aquí? –preguntó burlón.
Hermione le miró, frunció el ceño y entró en la habitación mientras Malfoy le sujetaba la puerta. Sonrió internamente. Al menos no podía negar que era un total caballero… algo que siempre le había gustado en los hombres.
Theodore Nott era un hombre robusto, de complexión fuerte pero sin llegar a estar catalogado como hombre con sobrepeso; más bien era su constitución. Y era la indicada para él; fuertes brazos y anchos hombros, musculoso pecho y perfectos abdominales y, a juzgar por las piernas que se podían imaginar bajo los pantalones largos del pijama verde que llevaba, estas también eran fuertes y robustas, hechas para correr y soportar ejercicio físico durante mucho tiempo. Su rostro era aún aniñado, parecido al de Ron en el que aún se apreciaban gestos infantiles y miradas divertidas, lejos de aparentar el muro de hielo que siempre parecía tener el rostro de Malfoy. Cabello negro lacio con un corte limpio y recto y unos ojos que, sin duda alguna, era lo que más llamaba la atención de él. Negros, inteligentes, vivos y alegres. Llamativos.
Las palabras preocupadas a juzgar por el rostro de Severus y de Nott en aquel momento, se cortaron en cuanto la vieron entrar seguida de Malfoy. Snape le dedicó un saludo corto con la cabeza y luego miró a su ahijado enarcando una ceja a modo de pregunta.
-Si la hubiese llevado a casa de Ginny hubiera tardado una hora en ir, dejarla y volver aquí –se justificó él. Nott enarcó una ceja y Draco le miró furioso.
-¿Y desde cuándo supone para ti un problema hacerte esperar? –preguntó inocente.
Hermione miró a Malfoy sin entender por qué de repente parecía que se ponía a la defensiva con las palabras de Nott.
Blaise carraspeó para llamar la atención y cortar la tensión.
-Theo, te presento a Hermione Granger –la tomó de la mano con gesto caballeroso y la acompañó hasta la cama de Nott donde le cedió la mano a su compañero que se la estrechó suavemente antes de besarle el dorso de la misa-. Hermione, este es Thedore, pero llámalo Nott, es más corto.
-Granger ¿eh? –dijo Nott sonriendo y pasando de mirar a Hermione para mirar a Draco de forma significativa. El rubio le miró amenazadoramente pero Nott conocía hasta dónde podía llegar con Draco-. Un placer, ninguno de los presentes mi habían dicho que eras tan atractiva…y no le hagas demasiado caso… siempre será un payaso…
-¿Cómo puedes decirme eso? –preguntó fingiendo estar dolido Blaise.
-Zabini, es suficiente –le cortó Snape-. No creo que sea el mejor momento para reírse con lo que tenemos entre manos, ¿no te parece?
-Gracias –contestó ella halagada sinceramente-. ¿Puedo… -miró la tabla que colgaba a los pies de la cama y la tomó después de que Nott asintiera-... Mmmm –hizo una evaluación-… Si no me equivoco, en tres días te darán el alta –aseguró la médico con una sonrisa.
-Menos mal… empiezo a estar cansado de esta habitación.
-¿No te gusta? –preguntó burlón Blaise que sabía que Nott odiaba los hospitales-. Es muy… blanca…
-Sí, y tiene tres manchas grises allí –comentó Nott señalando una esquina del techo. Blaise rió burlón y Nott le sonrió. Miró a Draco y vio como su amigo estaba mirando a la mujer cuando creía que no le veía; rodó los ojos… ¿podía ser más evidente? A juzgar por la mirada de Snape, no podía serlo-. Señorita Granger –llamó su atención.
-Perdón –se apresuró a decir ella dejando de toquetear el cuentagotas que él tenía puesto-… es curiosidad profesional –Blaise rió sonoramente y Snape se permitió una sonrisa condescendiente.
-¿Por qué no vas con Blaise a la cafetería? –ordenó más que sugirió Draco mirando a la médico con fijeza-. Tardaremos diez minutos, luego te acercaré a casa de Gin –aseguró.
Hermione supo que no era el momento de protestar, así que se limitó a asentir y a dejarse conducir por Blaise mientras este le contaba alguna cosa a lo que ella no prestó demasiada atención, para ser sinceros.
Diez minutos después el teléfono de Blaise sonaba en la cafetería; dos minutos más tarde, Draco y ella se marchaban de la habitación de Nott en silencio después de que la mujer se despidiera de los otros tres. A ninguno se le escapó el detalle de que Malfoy le abrió la puerta a la mujer y que colocó una mano suavemente su cintura de forma respetuosa para indicarle que salieran ya. Tampoco se les pasó el detalle de que ella no protestara.
Snape suspiró y Blaise se sentó en la cama junto a Nott para continuar hojeando aquellos informes que Ginny les había enviado por fax al hospital, informes que contenían la información que había logrado sacar del disco.
-Me preocupa –dijo Snape simplemente.
Los otros dos más jóvenes le miraron.
-Potter no es tan idiota para no darse cuenta de que estos informes son…
-No, no es eso –cortó Snape a Blaise-. ¿Te ha dicho algo?
Blaise negó sonriendo al darse cuenta de que hablaba de Draco.
-Ya le conoces, frío como un iceberg y silencioso como una serpiente… -meneó la cabeza-… no me ha dicho nada.
-¿Theo? –inquirió esta vez Snape. El hombre se encogió de hombros y Snape resopló-. De acuerdo, no os ha dicho nada, ahora quiero la verdad… ¿habéis notado algo en él?
-Está arisco… -comentó Blaise-. Pero eso ya te lo dije –añadió quitándole importancia-. Ginny tiene la absurda idea de que es tensión sexual –comentó divertido. Los ojos de Snape se entrecerraron y miraron a Nott que se había callado escuchando a Blaise. Zabinni notó el silencio que se había creado-… Vamos… no creeréis que… ¡pero si a los dos días de conocerse se hubieran matado si los llegamos a dejar solos en una habitación armados!
-Bueno, todos hemos querido encerrarnos en una habitación armados con Draco –apuntó Nott entonces. Blaise rodó los ojos. No podía contradecir aquello.
-¿Qué piensas tú? –preguntó Snape.
-¿Extraoficialmente?
-Por supuesto –contestó el superior de ambos.
-Que por primera vez en su vida desde lo de Pansy, Draco ha encontrado a alguien por quien se siente atraído de verdad y que, seguramente, por primera vez en su vida puede llegar a anteponer su vida a la Orden –se encogió de hombros-. Pero él no me ha dicho nada, por supuesto.
-Por supuesto… -corroboró Snape.
-Si te sirve de algo, a mí también me preocupa –añadió Nott.
Blaise asintió en silencio cuando Snape les miró a los dos y sonrió a medias. Al menos sabía que su ahijado no estaba solo… Y si dependía de él, no iba a estarlo nunca. Aunque aquello no hacía que se preocupara menos… más bien al contrario.
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Bueno, esto ha sido todo por hoy, que tal?? Sí, sé que la figura de Voldemort apenas ha aparecido, sed pacientes y todo se verá recompensado… jejejeje :p
Un besito para todos, que paseis un buen fin de semana y nos leemos en la proxima actualización que intentaré que sea rápida ok? Pero no prometo nada, aunque ya no enga clases, trabajo por la mañana, por la tarde voy al gimnasio y a la piscina y además tengo que sacar tiempo para relajarme durante una hora cada día y repetirme a mí misma que no sirve de nada deprimirme por problemas personales que ahora no vienen al caso.
Pues lo dicho, un besito para todos, recordad que los personajes salvo los míos, son de Rowling y disfrutad del tiempo ok?
Nos leemos pronto!!! Sed felices!!
