Hola a todos!! Que tal? Bueno, lamento la tardanza, pero debeis entender que tengo tres fics abiertos y que hasta que no termine uno de ellos al menos (lo que parece que no va a ocurrir por el momento) tengo que compartir el poco tiempo que tengo para escribir capítulos para los tres fics, así que paciencia, y no os preocupeis, no pienso dejar ningún fic a medias :D

Muchas gracias por sus reviews y comentarios a:

Dubhesigrid, unkatahe, Lna, PauMalfoy, RociRadcliffe, harrymaniatica, Kiitah, chepita1990, Gloridhel, hija de la noche, pekelittrell, Silver-plated, ZhirruUrie, Alevivancov, Victoria Malfoy, Anabel, tefy, kari-uchiyama, GHiKi, luna712, Duciell, MARI, beautifly92, Terry Moon, lauriska Malfoy, oromalfoy, Karenzita, kmylita, Sami-Maraurder girl

Espero que este capítulo también sea de vuestro agrado ya que se produce lo que tanto me habeis pedido: un beso… aunque… quizá no acabe como pensais… en fin… ya lo vereis, ok?

Un besito para todos, nos leemos abajo!!

Capítulo 8. Un beso y una noticia

Draco aparcó el coche en el parking de las oficinas centrales de la Orden, apagó la radio y se giró hacia Hermione que permanecía cruzada de brazos, con el ceño fruncido y la mirada fija en la carretera mientras murmuraba rápidamente todas las maldiciones que conocía aunque Draco hubiera asegurado que había algunas que él nunca había escuchado.

-Míralo por el lado bueno –le dijo el agente-. Estás de vacaciones.

Hermione lo fulminó con la mirada y Draco se limitó a reír suavemente. Él sabía perfectamente lo que significaba estar suspendido en el trabajo, si no recordaba mal le habían suspendido unas siete veces en los últimos tres años y sólo porque a veces era demasiado… impulsivo… sí, esa era la palabra que Severus había utilizado para describir sus métodos policíacos.

-¡No quiero estar de vacaciones! –gritó ella -¡Quiero volver al trabajo!

-Y estarías en el trabajo si te limitaras a hacer eso –le miró-, sólo tu trabajo. Pero no, tú tienes que involucrarte con todos y cada uno de tus pacientes e incluso con los que no son tuyos, ¿no?

-¡Ese hombre…

-Shhh –la calló Malfoy de forma seca-. Creo que por hoy ya he escuchado suficientes maldiciones para lo que queda de día, gracias –tomó su cazadora tejana de los asientos de atrás y se aseguró de llevar la pistola bien sujeta en su funda-. Sal del coche, pequeña –dijo sin pensarlo-, tú no trabajas pero yo sí.

Hermione ahogó un jadeo de indignación y enfado cuando él salió del coche azotando la puerta del vehículo dejándola a ella dentro, recordando qué había pasado aquella mañana.

(flashback)

-¡No puedes estar hablando en serio! –gritó ella.

Malfoy revisó el papel que hasta aquel momento había estado en manos de la mujer; era totalmente legal. Miró al médico que parecía dividido entre su papel cómo jefe de Granger quien por cierto, en aquellos momentos lo hubiera matado si no hubiera ido contra el juramento hipocrático, y su papel como amigo de Hermione.

-Lo siento Hermione… hasta que salga el juicio tienes que…

-¡Tú! –se giró hacia Draco que la miró enarcando una ceja-¡Tú dijiste que lo meterían en la cárcel!

-Sí, pero yo no sabía que tenía un cabrón como abogado que iba a alegar enajenación mental y transitoria… -le replicó el hombre-. Y mucho menos que iba a denunciarte por inmiscuirte en asuntos familiares… -añadió mirando la declaración del juzgado.

-¡No pienso dejar de trabajar sólo porque Carter haya…

-Cálmate Hermione –le aconsejó Neville-. No podemos hacer nada… Tienes el juicio ganado… pero hasta que salga…

-Tienes que dejar de trabajar –finalizó la frase Draco al darse cuenta de la mirada de "auxilio" que el hombre de bata blanca le había lanzado-. Es legal. Si sigues trabajando pueden detenerte.

-¡Ja! –gritó ella-. ¿Y vas a ser tú quien me detenga? –le preguntó encarándolo.

Draco bajó la cabeza para mirarla. No sabía si admirarla por ser tan valiente o si tenerle lástima por ser tan estúpida. Suspiró y le entregó el papel a Neville.

-No vendrá a trabajar hasta que salga el juicio –le aseguró.

-¡Vas a tener que atarme a la cama para que no venga a trabajar! –gritó entonces ella.

Neville emitió una pequeña risita que se detuvo en cuanto ambos, Malfoy y Hermione le miraron de mala forma.

-Te aseguro que no vas a venir a trabajar aunque tenga que pasar toda la noche contigo para retenerte en la cama cuando amanezca… -le susurró Draco arrastrando las palabras con tanta frialdad que a ella no le cupo la menor duda de que lo haría-. Y ahora –añadió ignorando el sonrojo de la mujer por lo que él acababa de utilizar para amenazarla-, nos vamos a la oficina. Seguro que encuentras algo que hacer allí.

(fin flashback)

Malfoy golpeó el cristal de su puerta con suavidad antes de abrirle la puerta y sonreírle con más que evidente burla.

-¿Vamos? –le preguntó.

Ella le miró enfadada pero salió del coche aún con los brazos cruzados, ignorando la risita de Malfoy. Cómo odiaba su risa en momentos como aquel era algo que Hermione no podría explicar ni con todas las palabras del mundo.

-Ni una palabra –le dijo ella.

Malfoy cumplió su palabra. No dijo nada mientras atravesaban el aparcamiento ni tampoco mientras subían en el ascensor ni tampoco cuando le abrió la puerta de las oficinas para que entrara. Incluso cuando Blaise les vio entrar mantuvo su palabra. No dijo nada… aunque en ningún momento había dicho que no iba a reírse. Pero cuando Blaise habló, la suave risa de Malfoy se transformó en una carcajada sonora y arrogante.

-¿No tendríais que estar en el hospital?

Hermione deseó en aquel momento algo que poder tirarle a Blaise… y a juzgar por el modo en que la miraban los hermanos pelirrojos, también a ellos.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-Me gustaría que dejaras de mirarme así –dijo ella rompiendo el silencio del salón. Remus no le contestó, se limitó a seguir mirándola como llevaba ya un buen rato haciéndolo. Ella resopló y él sonrió por dentro. Le gustaba ver a aquella mujer nerviosa.

-¿Quieres dejar de mirarme así? - le ordenó más que preguntó la mujer frunciendo el ceño-. Nunca sé cuando estás enfadado, frustrado, preocupado o…

-Enamorado –la interrumpió él. Tonks le miró parpadeando y él le sonrió-. Te miro así porque estoy enamorado de ti –añadió el hombre-. ¿Quién era? –preguntó refiriéndose a la llamada telefónica y desviando el tema al darse cuenta de que era algo que incomodaba a la mujer.

Ella hizo un ademán con la mano.

-Nott –contestó ella quitándole importancia-. Le dan el alta esta tarde y pregunta si podemos ir a buscarle… Aún le duele la herida y no podrá conducir en un par de semanas –añadió como si aquello fuera algo normal.

Y en realidad lo era. Remus suspiró.

-¿Por qué cada vez que tú y Nott estáis en alguna misión secreta uno de los dos acaba herido? –preguntó curioso sinceramente.

-No siempre acaba uno de los dos heridos –se defendió ella-. A veces acabamos los dos –añadió al ver la mirada escrutadora del hombre que tenía delante.

Remus sonrió amargamente y ella torció la boca, sabiendo que algo le pasaba a aquel hombre.

-¿Qué ocurre Remus?

-¿Sabes por qué te he dicho finalmente lo que siento por ti? –preguntó a bocajarro.

-¿Perdiste una apuesta? –sugirió ella bromista.

-Tonks, hablo en serio.

-Yo también –le contestó fingiéndose la ofendida-. ¿Acaso hay alguna otra razón para que lo hayas hecho?

-Estaba preocupado por ti –dijo él ignorando deliberadamente la actitud de ella-. Cuando recibimos tu llamada yo… pensé que eras tú la herida… pensé que podía pasarte algo y nunca te lo podría haber dicho…

-Remus…

-Y eso me llevó a pensar que a mí podría pasarme algo en cualquier momento y que tampoco te podría haber dicho nada –añadió ignorando la interrupción de ella.

-¿Y qué quieres decir con todo eso, Remus? –le preguntó ella.

Remus la miró y le hizo un gesto para que se acercara a él. Tonks dirigió sus pasos hacia el sofá y se sentó a su lado, sin arrepentirse ni retirar su mano cuando él la cogió entre las suyas con ceremoniosidad y tranquilidad, del mismo modo en que era él, del mismo modo en que habló.

-Que quizá deba dejar de trabajar para la Orden… -dijo él pensativo.

-Creo que empiezo a entender por qué nunca se permiten este tipo de relaciones entre dos miembros de la Orden… -comentó ella entonces.

-¿En serio? –ironizó Remus -¡Qué observadora!

-Remus… -le advirtió con tono suave pero firme. El hombre resopló.

-¿Qué?

-YO –dijo enfatizando el pronombre-, no voy a dejar de trabajar para la Orden. Es mi trabajo… Si saliera a la calle ahora mismo podría atropellarme un camión o caerme un tornillo de algún avión, y golpearme con tanta fuerza que pudiera matarme –Remus la miró enarcando una ceja-. ¿Qué? Está científicamente probado… -añadió a la defensiva.

-¿A dónde quieres ir a parar?

-Quiero decir que hagamos lo que hagamos, tenemos posibilidades de morir en cualquier momento. No te discuto que trabajando de lo que trabajamos las posibilidades no sean mayores –concedió al ver la mirada de él-, pero es nuestra vida… Dime, ¿acaso te ves como camarero? –él rió-, ¿o como guardia de seguridad en alguna de las discotecas a las que Ginny va? –él rió con más ganas-. Yo tampoco…

Se levantó del sofá y, como lo había echo la vez en que lo había besado, se sentó en el regazo de él.

-Somos agentes de una organización secreta de Inglaterra. Protegemos el mundo, Remus, ¡el mundo! –enfatizó con diversión-. No nos pagan mucho pero… no podría hacer otro trabajo con más entusiasmo como el que tengo haciendo este trabajo… Y tú tampoco podrías –añadió besándolo en la punta de la nariz.

-Lo sé, sólo…

-No va a pasarnos nada… cuidaremos el uno del otro –sentenció ella cortando lo que seguramente iba a ser un nuevo discurso de Remus-. ¿O es que tan pronto te has arrepentido de decirme que estás enamorado de mí?

-Eso es algo de lo que nunca, pase lo que pase, voy a arrepentirme –aseguró él sin dudarlo ni un segundo.

El busca de Remus sonó con un pitido y él lo tomó con la mano derecha mirándolo. Código 258G30. Suspiró y miró a Tonks.

-Tendremos que terminar esta conversación luego –agitó el busca antes de volver a guardarlo-. Reunión en casa de Gin en media hora… y creo que van a decírselo a Harry.

-Cogeré mi arma –anunció ella entre divertida y resignada.

Remus le sonrió. Sí, sería mejor que él también cogiera la suya… sólo por si acaso.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Hermione Granger. ¿Por qué no podía quitarse a esa mujer de la cabeza? Posiblemente porque pasaba con ella la mayor parte del tiempo desde que la protegían. Bufó con cansancio y resignación. Sabía que había algo más… Algo que incluso era más intenso que lo que una vez había sentido por Pansy. Acarició distraídamente la pierna izquierda a la altura del muslo, allí donde tenía una cicatriz que no había permitido que nadie viera nunca… El único recuerdo de que Pansy había estado a su lado alguna vez.

Pero el recuerdo de Pansy se estaba borrando de su cabeza… la nitidez de la imagen de la mujer que una vez había amado apenas era un borrón tiznado de colores y ni siquiera Malfoy tenía claro que esa imagen fuera la que se correspondía con la verdadera imagen de Pansy.

Y el motivo por el que Pansy estaba desapareciendo tenía nombre y apellido propio. Hermione Granger. Resopló y arrojó el bolígrafo con el que había estado jugando sobre la mesa; se pasó la mano por el cabello y, sin poderse estar quieto, se levantó de la mesa donde estaba trabajando y empezó a dar vueltas por su oficina. Escuchó risas alegres fuera y su mirada gris se dirigió al cristal de forma inmediata. No pudo evitar sonreír. Quizá no quiso evitar sonreír.

Hermione estaba sentada junto a Ginny y parecían entretenidas mirando algo del ordenador. ¿Por qué esa mujer le llevaba de cabeza? Él era un Malfoy, se suponía que no se enamoraba, se suponía que no podía permitírselo, se suponía que no debía permitírselo… Demasiadas suposiciones para ser sólo un hombre.

Y por mucho que le costara admitirlo, Hermione Granger podía ser la mujer que llegara a borrar definitivamente el recuerdo de Pansy.

Se giró y se encaminó hacia los archivadores del fondo de la oficina, tenía que mantener la mente ocupada o saldría ahí fuera y le borraría la risa a Granger a base de besos que no estaba dispuesto a permitirse poder dar.

Escuchó la puerta abrirse pero no le dio importancia; seguramente sería Gin o Blaise. Nadie más que ellos dos y Snape entraban en su despacho sin llamar.

-¿Sí? –preguntó sin volverse.

-Hola Draco… cuánto tiempo…

Malfoy se tensó. Sólo tenía que aparecer ella para arruinar el día. Perfecto. Simplemente perfecto.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-¿Estás seguro de que puedes hacerlo? –preguntó Blaise mirando a Sirius fijamente.

El policía mayor asintió pero no apartó la mirada del hombre que estaba detrás de aquel cristal. Regulus Black. Su hermano… Aquel por quien lo hubiera dado todo, aquel que era su propia sangre, aquel por quien hubiera deseado equivocarse al dar un veredicto de lo que sería al crecer. Blaise suspiró internamente.

-La última vez te emborrachaste nada más salir de aquí –le recordó Blaise solícito-. Eso por no mencionar el puñetazo que me diste –añadió recordando cómo había tenido el ojo durante un par de días.

-Golpe por el que ya me disculpé –le recordó Sirius casi gruñendo-. No estaba preparado la otra vez, ahora sí –aseguró.

-Sirius, es tu hermano, si no quieres entrar ahí yo pued…

Pero antes de que Blaise terminara de hablar, Sirius ya había entrado en la sala de interrogatorios otra vez. Blaise decidió que sería mejor entrar antes de que Regulus pudiera decir algo que hiciera que Sirius perdiera los nervios; después de todo, nadie sabía por qué, Remus, que parecía ser el único junto a Harry capaz de calmar los ataques de ira de Sirius, no estaba allí. Sonrió. Tonks tampoco estaba.

-Veinte, dieciocho, siete, veinte, cuarenta, cien –dijo simplemente Sirius sentándose frente a su hermano.

Blaise decidió permanecer junto a la ventana. Era increíble como los dos hermanos se parecían y al mismo tiempo cómo podían llegar a ser tan diferentes. La misma complexión atlética, el mismo tono de piel, el mismo cabello negro azulado, los mismos ojos grises… Casi dos gotas de agua y podrían haber pasado fácilmente por gemelos si no fuera porque Sirius era una cabeza más alto que Regulus y porque sus ojos podían contar en silencio todo el martirio por el que había pasado.

-¿Qué es eso? –preguntó burlón Regulus-. ¿El número de tu caja fuerte?

Lejos de sentirse intimidado por el tono de voz de Regulus, arrogante y confiado, Sirius le sonrió burlón. Conocía a su hermano lo suficiente para saber que aquello era simple fachada.

-Veinte años que has perdido al lado de Riddle, dieciocho son los meses que hace que han vuelto a desaparecer niños, siete prostitutas desaparecidas, veinte niños desaparecidos, cuarenta denuncias más que estamos investigando y cien años de prisión en Azkaban si no colaboras con nosotros –dijo Sirius-. Buenos números, ¿no te parece? Por supuesto si no se me escapa la pistola antes –añadió con cierto tono burlón y falso.

-No te atreverías a hacer nada –aseguró Regulus.

-Ponme a prueba –miró a Blaise que asintió y salió de la sala sin decir nada. Regulus tragó saliva fuertemente-. Ahora que estamos solos puedo amenazarte sin que quede constancia de ello –dijo Sirius divertido-. Habla.

-No tengo nada que decir –contestó Regulus.

Sirius rió suavemente de forma grave y apoyando las manos sobre la mesa miró a Regulus del mismo modo en que lo miraba cuando eran niños y quería que confesara algo que había hecho mal y estaba ocultando.

-Eres mi hermano y por eso te voy a dar… -alzó un dedo-… una oportunidad para que no termines pudriéndote en Azkaban. Dime todo lo que sepas sobre las desapariciones de prostitutas y niños pequeños y hablaré al juez para que te rebajen la condena… con un poco de suerte quizá a los ochenta años puedas salir –añadió-, y puedas morir en tu casa y no en una celda.

-No tengo nada que decir –repitió Regulus esta vez un poco menos seguro de sí mismo.

Sirius movió la cabeza de forma negativa.

-Nunca supiste cuando debías hablar… tu oportunidad acaba de volar… Imagina lo que pasará si se corre el rumor de que eres hermano de un policía… -añadió con fingida voz de dolor-… Adiós hermanito, nos veremos en tu funeral.

Se levantó de la silla y caminó despacio hacia la puerta mientras rogaba internamente porque Regulus dijera algo, cualquier cosa que le detuviera, cualquier palabra sería buena para dejar de caminar… si salía de aquella habitación sin que Regulus dijera nada lo tendría todo perdido; había confiado en su instinto de policía y de hermano, conocía a Regulus, se asustaba de todo, por eso había hablado de aquella forma con él… necesitaba que dijera algo… cualquier cosa, aunque fuera un titubeo. Alcanzó el pomo de la puerta con deliberada lentitud y rezó porque si había algún Dios en alguna parte, hiciera que Regulus hablara.

Abrió la puerta y ya había dado un paso resignado y sintiéndose un perdedor, preguntándose cómo le diría a Harry que no había podido sacarle nada a su hermano, cuando escuchó el leve sonido de un "Sirius"… o quizá sólo lo había querido escuchar.

Se giró y vio a Regulus mirándole y repitiendo su nombre un poco más alto. Respiró aliviado y volvió a entrar en la sala cerrando la puerta de nuevo; se sentó con seguridad frente a su hermano menor y le miró.

-Te doy tres minutos para que empieces a hablar, Reg –le dijo.

-Hacía mucho que nadie me llamaba así… -dijo Regulus sonriendo a medias-. Desde que éramos pequeños…

-Ha pasado mucho tiempo desde entonces –dijo Sirius sin dejarse conmover por la sonrisa de aquel a quien había protegido en más de una ocasión.

-Sí, supongo que sí… -respiró profundamente y mirando a su hermano empezó a hablar -Es… una droga nueva… -dijo Regulus finalmente-. Un experimento que aún no hemos llegado a lograr pero que estamos a punto de dar con la composición adecuada –añadió sin una pizca de remordiemiento.

-¿Una droga nueva? –gruñó Sirius-. ¿Os parece que no hay ya suficientes tipos de drogas para que añadais una más con la que matar a…

-Esta droga no mata a nadie –aseguró Regulus -, y además, tú me diste la idea, hermanito… gracias –añadió Regulus con frialdad.

-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Sirius a su hermano.

-Cuándo éramos pequeños, siempre hablabas de ser otra persona, ¿recuerdas? De huir de nuestra familia, de estar lejos, de ser libre… Eso es lo que esta droga hace…

-¿Te libera? –preguntó Sirius-. Todas las drogas hacen que te sientas así.

-Esta es diferente… la droga llega a tu sistema cognitivo, no al sistema nervioso –explicó Regulus-. Cuánto más la utilizas más la necesitas… tu cerebro se acostumbra a ella y no admite nada que no sea esa droga. Te hace más fuerte, más rápido, más inteligente y más poderoso de lo que jamás nadie ha soñado ser.

-¿Qué quieres decir con que te libera?

-Te borra la memoria –dijo con una sonrisa socarrona. Sirius apretó la mandíbula-. Podemos controlar el cerebro de quien toma esa droga… les damos nueva personalidad, nuevos objetivos, nuevas metas… olvidan su pasado… olvidan quienes han sido una vez y se convierten en quienes queremos que sean. Estamos creando algo maravilloso y perfecto que no podrá detener nadie, un…

-Un ejército… -terminó Sirius la frase de su hermano-… Voldemort está haciendo un ejército desde los cimientos… por eso necesita a los niños…

-Nunca he hablado de Voldemort –aclaró Regulus. Sirius le miró-. Siempre dije que eras listo –dijo con sorna Regulus-. Ahora hablemos de mi trato –añadió intentando camuflar su tono de desesperación.

Sirius se levantó. Había considerado la posibilidad de ayudarle, de verdad que sí, después de todo, era su hermano. Pero no después de saber qué era aquello en lo que había estado ayudando, le resultaba imposible hacerlo, le resultaba completamente imposible siquiera pensar en ayudar a alguien que raptaba a los niños para… para…

-Si de mí depende, no volverás a ver la luz del sol, Regulus –le dijo-. Y si no te mato es precisamente porque eres mi hermano.

Cuando salió de la sala de interrogatorios, cruzó una mirada con Blaise. El moreno asintió. Él se encargaría de todo. Sirius necesitaba salir de allí un rato.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-¿Estás bien? –preguntó Bella entrando en la habitación de su hermana.

Narcisa asintió sin dejar de mirar a través del cristal.

-Quiere que llame a Lucius –dijo sin rodeos.

Bella se acercó a ella y, del mismo modo en que lo hacía cuando eran pequeñas y quería protegerla de todo lo que podía, la abrazó dejando que la rubia recargara su peso contra ella mientras ésta le acariciaba el cabello y la besaba en la cabeza.

-¿Sabes cómo localizarlo o necesitas ayuda?

-Sí… bueno, no… pero sólo tengo que investigar un poco con el ordenador, ya sabes…

Bella asintió.

-¿Cuál es el problema entonces?

Narcisa suspiró.

-No sé si tengo fuerzas para hacerlo –dijo sinceramente.

Sintió a Bella tensarse detrás de ella y cerró los ojos dispuesta a no enfrentarse a la mirada penetrante de su hermana a través del reflejo que les devolvía el cristal frente a ellas.

-¿Puedes repetir eso, Narcissa? –preguntó con voz extremadamente calmada.

La rubia se revolvió un poco intentando alejarse de Bella, pero la hermana mayor no lo permitió y finalmente Narcisa suspiró derrotada.

-No quiero volver a ver a Lucius, Bella… No puedo volver a verle… no después de que me abandonara… no después de tener que abandonar a…

No terminó la frase. No podía hacerlo. Nadie sabía que Draco existía, Voldemort sabía que había tenido un bebé pero ella le había hecho creer que había nacido muerto; sólo Snape sabía que Draco era su hijo y Malfoy era un apellido tan corriente que no pondría en peligro a su hijo.

-¿De tener que abandonar qué? –insistió Bella.

-De tener que abandonar lo que teníamos –mintió Narcisa de forma descarada.

-Vas a llamar a Malfoy –indicó Bella-. Tienes que hacerlo Narcisa. No me obligues a obligarte, por favor… -pidió.

Esta vez, Bella no impidió que ella se soltara y que la mirara con la duda en sus ojos.

-¿Lo harías? –preguntó directamente.

Bella la miró y titubeó. Lo daría todo por Tom Riddle… no importaba que ella hubiera sido una de las que habían experimentado la droga porque él así lo había querido, no importaba los castigos, las bofetadas y los gritos e insultos, no importaba las humillaciones de haberse visto apartada de su cama por chicas más jóvenes que ella misma se encargaba de encontrar… nada de eso importaba porque Bellatrix siempre lo iba a dar todo por Voldemort.

Pero ella era su hermana… era su hermana pequeña… a quien debía proteger, a quien debía cuidar, a quien debía defender… ella era su hermana pequeña…

-No lo sé –le contestó sinceramente.

Narcisa le sonrió agradecida. Odiaba que le mintieran. Bella nunca lo haría y eso era algo que ambas sabían.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Podría detenerla en aquel mismo momento y nadie le echaría aquello en cara. Pero el autocontrol Malfoy que había aprendido de la influencia de Snape apareció y se dijo a sí mismo que era mejor esperar un poco… sólo un poco más… y que fuera ella misma la que cavara su tumba, a ser posible, frente a Potter.

-Si buscas a Harry te has equivocado de despacho, Chang –le dijo de forma despreciativa.

-Te buscaba a ti –ronroneó la mujer sentándose en el escritorio de él.

Draco la miró. Podía ser una bruja, una víbora y una arpía, pero tenía que reconocer que la mujer era bastante atractiva; sabía como vestir para resaltar su pecho y sus caderas; piernas estilizadas y cintura pequeña, larga melena negra y aquellos labios siempre pintados de rojos al igual que sus perfectas uñas largas.

-¿Has pensado un poco más en nuestra última conversación? –preguntó ella.

-Es una lástima que todo se estropee cuando hablas –dijo en un murmullo más para sí mismo que para ella-. Mi respuesta sigue siendo un no rotundo, Cho –le contestó sentándose en el poyete de la ventana, alejado de ella lo máximo que podía-. No voy a acostarme contigo ni ahora ni nunca, no eres mi tipo.

Ella se levantó sinuosa y como una gata en celo se acercó a él.

-¿Tan pronto has olvidado lo nuestro, querido? –preguntó con voz especialmente melosa la asiática.

Draco desestimó oportuno sonreír de manera arrogante y fría como siempre y en lugar de aquello, tomó la mano que la mujer había colocado sobre la solapa de su cazadora tejana y la apartó de él con un gesto de desprecio que no le pasó por alto a la mujer.

-Nunca hubo nada entre nosotros Chang –le contestó él.

-Ya veo… -se cruzó de brazos y le miró de forma seductora-. Sigues enfadado porque le dije a Harry que habías intentado seducirme…

-Potter y yo nunca nos hemos llevado bien, y si había alguna posibilidad de que lo hiciéramos tú lo arruinaste –se encogió de hombros-. No puedes culparme por no querer tener nada que ver contigo –añadió ácidamente.

-Oh, vamos, Malfoy… -hizo un puchero-… tú y yo podríamos pasarlo muy… muy bien…

-Lo siento, querida, pero no me va eso de acostarme con zorras –dijo tranquilo y sosegado ignorando la cara de incredulidad de la mujer-…y te aconsejo que nunca, nunca vuelvas a tocarme… me repugna la sola idea de que lo hagas.

Alguien llamó ligeramente a la puerta y Hermione apareció en el lindar de la puerta con una sonrisa encantadora, como siempre.

-Malfoy, Ginny dice que… -se interrumpió al ver el cruce de miradas entre aquella mujer oriental y el rubio agente que parecía dispuesto a fulminarla-… perdón, ¿interrumpo algo?

-No –dijo calmadamente Draco haciendo acopio de todo su autocontrol-. La señorita –dijo con cierta condescendencia- Chang ya se iba –añadió con una media sonrisa-. Harry no está hoy de servicio, prueba a buscarle en casa, Cho.

Hermione miró a aquella mujer tan pronto escuchó aquel nombre. Cho Chang. ¿Aquella mujer era la prometida de Harry? Se sintió extraña. La imagen que daba era fría y arrogante, nada comparado con la calidez que Harry Potter era capaz de transmitir con su simple presencia.

-Esto no quedará así –dijo Cho mirando a Draco-. Harry se enterará de todo…

-No hay nada de lo que deba enterarse –le cortó Draco el discurso-. Pero si vas a hablar con él, te recomiendo que hables con Harry y le cuentes lo que tengas que contarle antes de esta noche, Cho –dijo Draco sin moverse de donde estaba-. Quizá luego sea demasiado tarde.

-Ya veremos a quien de los dos cree, Draco querido –le contestó ella con falsa dulzura lanzándole puñales con la mirada.

Al pasar junto a Hermione, se permitió el darle un ligero empujón con el hombro haciendo que la médico la mirara de mala manera con el ceño fruncido. Se giró hacia Malfoy que le hizo un gesto con la mano mientras dejaba un par de carpetas amarillentas sobre su escritorio y tomaba su cazadora vaqueta.

-Ignórala –dijo él antes de que Hermione abriera la boca-. ¿Estáis listas? –ella asintió-. Bien, vamos, no será una reunión agradable y quiero ducharme antes.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Snape dio otro sorbo a su bebida. Vodka. Fuerte, ardiente y puro. Un alcohol que sólo bebía cuando estaba realmente preocupado por algo, generalmente por Draco.

Lo quería como a un hijo y desde el momento en que lo fue a buscar a aquel orfanato se prometió que lo trataría como a uno. Lo había cumplido. Había sido difícil encontrar al verdadero Draco enterrado bajo aquella enorme capa de hielo y aún resultaba difícil encontrarlo a veces. Conocía a su ahijado muy bien pero de vez en cuando, incluso él, tenía que pensar dos veces qué significaba la mirada de Draco.

Era el mejor agente de todos… mejor incluso que él mismo. Potter y Draco hacían una pareja perfecta en el trabajo. Se odiaban, desde luego, pero cuando había alguna misión de por medio… era diferente. El odio quedaba a un lado y sólo la profesionalidad de los dos policías quedaba al descubierto. Se entendían con una sola mirada del mismo modo en que Black se había entendido siempre con James Potter y del mismo modo en que se entendía con Lupin. Pero Draco y Potter…

Dio otro sorbo a su bebida. Era un espectáculo verles trabajar codo con codo. Uno impulsivo, el otro frío; uno siempre dispuesto a saltar sin pensar, el otro siempre con la cabeza sobre los hombros y los pies en el suelo… Se complementaban. Eran los mejores y eso era algo que ni siquiera el odio que se sentían mutuamente podría cambiar nunca.

Pero Draco estaba actuando raro… Diferente. Siempre le preocupaban sus objetivos, las personas a quienes debía cuidar y sin embargo, con Granger era todo diferente.

Había visto como la miraba… del mismo modo en que lo había visto tantas veces mirar a Pansy antes de que ésta muriera en aquella misión… e incluso se atrevería a decir que Draco miraba a Granger con más pasión y deseo de lo que jamás había mirado a Pansy.

Miró el reloj y suspiró. Era hora de ir hacia la casa de Weasley. Ya tendría tiempo de hablar con Draco y advertirle que no era momento de jugar con fuego.

Sólo esperaba, pensó mientras recogía su arma y la ajustaba en su funda bajo la chaqueta negra, llegar a tiempo para advertirle.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Ignoró el teléfono cuando sonó. Sabía quién era incluso antes de escuchar la voz de su madre al otro lado del aparato. Por seguridad Ginny había insistido en que podía darle el teléfono de casa por si su madre quería hablar con ella y su móvil no estaba localizable… desde entonces su madre no había dejado de llamar dejando mensajes estúpidos que Hermione se apresuraba a borrar antes de que alguien los escuchara.

En aquel momento, sentada en el sofá, pasando las hojas del último libro que había leído y escuchando como el ruido de la ducha cesaba mientras Ginny se peleaba con Sirius por el mando de la televisión entre risas y maldiciones que nunca llegaban a nada, el timbre del contestador sonó de nuevo y Hermione frunció el ceño.

-Hermione, cariño, vamos a tener que aplazar nuestro viaje unas semanas… tu hermana sólo quiere estar con su novio –Hermione hizo una mueca bastante graciosa a ojos de Ginny-, así que como comprenderás voy a quedarme con ella –Hermione dejó escapar un "desde luego, mamá. Rebecca ante todo"-, y dile a ese… lo que sea tuyo que le agradecemos que nos informara de que ahí correríamos peligro –Hermione miró el aparato mientras escuchaba aquello. Frunció el ceño "¿lo que sea tuyo?" ¿en qué estaba pensando su madre ahora-. Recuerda ponerte más vestidos, y llama a Marc, creo que iba de viaje a Londres y quería salir contigo –su voz sonó fastidiada-, no vuelvas a fastidiar una oportunidad así. Te haces mayor y es hora de que empieces a pensar en sentar la cabeza. Besitos, tesoro…

Hermione estaba a punto de preguntar qué diablos era aquel mensaje cuando Draco apareció impecablemente vestido después de ducharse. Una lucecita se encendió en la cabeza de Hermione y le miró acusadoramente.

-¿Qué diablos has hecho, Malfoy? –preguntó Hermione con voz de ultratumba.

-Mensaje de teléfono de su madre –indicó Ginny cuando Malfoy la miró pidiendo una explicación a aquello.

-Oh, eso… Verás, tener a tu hermana y a tu madre por aquí interferiría en nuestros asuntos –se encogió de hombros-. Así que las convencí para que se quedaran en España al menos unas cuantas semanas más…

-¡Las amenazaste! –gritó ella.

-No es cierto, técnicamente… -empezó a explicar Sirius. Hermione le miró-. Vale, no he dicho nada.

-No las amenacé, sólo les dije que si venían aquí podrían resultar heridas de bala y podrían celebrar un funeral en lugar de una boda en el cual, por cierto, ambas serían protagonistas –añadió de forma condescendiente-. Además, te hice un favor, a ti tampoco te gusta tenerlas cerca.

-¡Pero son mi familia! –le contestó la mujer.

-Y lo seguirán siendo dentro de unas semanas. No podemos arriesgar la operación de protegerte sólo porque…

-¡No vuelvas a meterte en mi vida! –gritó Granger entonces levantándose; se acercó a él y le dio una bofetada que hizo que Ginny ahogara un grito y que Sirius sonriera ampliamente.

-¿Te has vuelto loca?

Hermione le miró con satisfacción.

-Son mi única familia… ¿no lo entiendes verdad? Quizá discutamos, pero son todo lo que tengo… todo lo que me recuerda a mi padre… No vuelvas a hacer algo así Malfoy y por tu bien, espero que lo arregles... –comentó-. Y ahora si me perdonáis, lo último que quiero es verte ahora mismo –añadió caminando hacia su habitación.

Los ojos divertidos de Sirius y Ginny se clavaron en los suyos y él se removió incómodo. Nadie dejaba con la última palabra a Malfoy en la boca.

-Maldita sea… -murmuró entre dientes el rubio y atravesando el pasillo en dirección a la habitación donde Hermione se había encerrado.

Suspiró y entró. La mirada achocolatada de ella se clavó en él de forma casi inmediata.

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-No podemos decírselo a Harry –repitió una vez más Remus-. No de sopetón –miró a Snape que era quien había sugerido aquello.

-Genial… entonces ¿qué propones, Lupin? Podemos esperar a que la próxima vez en lugar de estar a punto de matar a Nott mate a Tonks, ¿sería el momento adecuado para decírselo a Potter entonces? –preguntó.

-¡Remus! –gritó Ron cogiendo a su amigo por el brazo para evitar que se lanzase a golpear a Snape-. Y tú cállate, Snape.

Snape se limitó a hacer un gesto despectivo con la boca.

-De acuerdo, no le decimos nada a Potter –teorizó Blaise-. ¿Qué hacemos entonces? –preguntó mirando a Ron, Sirius y Remus que eran los que se mostraban más reacios a decirle nada a su superior.

-Nada –dijo Snape-. No vamos a hacer nada. Cambiar nuestros informes y nuestros pasos a estas alturas sería imposible y más aún ocultándoselo al dirigente de la orden –dijo tranquilo-. Seguiremos haciendo lo que hasta ahora.

-Creo que deberíamos decírselo –insistió Sirius ante la mirada de Remus-. No voy a mentir a mi ahijado –añadió mirando a Snape-. Pero no voy a decírselo de golpe.

Ginny suspiró. ¿Es que esos dos no iban nunca a portarse como hombres en lugar de cómo niños?

-Potter no está en el puesto que está por ser hijo de quien es, Black –le dijo mirando a Sirius-. No es idiota, gracias al cielo, como su padrino, así que deja que sea él quien se de cuenta de las cosas.

-¿Quieres que él sólo se de cuenta de que Chang le está engañando y es una mandada de Voldemort? –preguntó Remus aún sin creer que fuera aquello lo que Severus estaba diciendo.

-Exactamente.

Sirius rodó los ojos. Snape siempre conseguía exasperarle.

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-¡No puedo creer que hayas hecho eso! –espetó ella.

Draco la miró frunciendo el ceño. Obviamente no sabía de qué estaba hablando. Hermione resopló indignada y le miró mientras él cerraba la puerta.

-¡Le has prohibido a mi madre que venga a verme! –gritó ella-¿Quién te crees que eres para hacer eso?

-Deja que lo piense… ah, sí, ya sé… ¿quizá el que está impidiendo que tu lindo trasero sea agujereado por las balas de los que quieren matarte por algo que aún no sabemos? –ironizó.

-¡Eso no te da ningún derecho sobre mí! –siseó ella entonces llena de rabia -¡No puedes controlar mi vida!

-Hasta que quedes libre de problemas, sí puedo –le replicó Malfoy con una sonrisa arrogante-. Y te juro por todos los dioses en los que creas que si la única forma de que me hagas caso es atarte a la cama, lo voy a hacer –amenazó.

-¡No vuelvas a amenazarme con eso! –le gritó ella-. ¡Es lo único que sabes hacer! –le espetó de golpe-¡Amenazar en vano!

Las manos de Malfoy se movieron tan rápidas que Hermione apenas tuvo tiempo de asimilar lo que acababa de pasar antes de notar la fuerte y grande mano de él rodeando la cintura de ella, más cerca de las caderas que de la propia cintura. Rezó en silencio para que no se diera cuenta de que su cuerpo había temblado y no de frío ni de ira contenida precisamente.

-No he dicho que sea una amenaza en vano –le contestó él inclinando la cabeza hacia ella. Hermione no se movió ni un centímetro a pesar de que una voz en su cabeza le decía que sería mejor que se alejara de él.

En un vano intento por hacerlo, apoyó sus manos en el pecho de Malfoy, empujándolo muy ligeramente hacia atrás. Mala solución. Aprovechando que ella había puesto sus manos en el pecho, Malfoy utilizó su otra mano para rodear la cintura de ella completamente, manteniéndola apresada contra su cuerpo.

-Me vas a volver loco, Granger –le dijo él en un susurro acercándose a los labios de ella-. Vamos, dímelo… -la vio tragar con cierta dificultad y su ego creció algunos puntos-… Dime que me aleje… dime que no quieres que cumpla mi amenaza… -le susurró.

La calidez del aliento de él llegó hasta los labios entreabiertos de Hermione que los notaba resecos. En un gesto que pretendía ser puramente inocente, los humedeció con la lengua ligeramente sin darse cuenta de que aquello era algo que Malfoy había considerado claramente una invitación.

-Aléjate… -dijo en un susurro.

-¿No puedes darme algo más? –le preguntó él acercándose más a ella.

-Quiero que… que… que te alejes… Malfoy… -volvió a decir ella, dándose cuenta de que cada vez estaba menos convencida de que realmente quisiera aquello.

-¿Sabes qué? –sintió como él la abrazaba más estrechamente y la arrinconaba entre la pared y su propio cuerpo, impidiéndole cualquier intento de escapar que pudiera tener.

Los ojos grises de él la miraron con devoción y deseo y ella tembló al ser consciente de que también le deseaba.

-¿Qué? –murmuró ella.

Malfoy dejó sus labios a escasos milímetros de los de ella y Hermione sintió que iba a morir si no la besaba.

-No te creo… -susurró él sonriendo antes de apoderarse, finalmente de aquella boca que tantas noches de sueño le había quitado.

Fue un beso brusco, apasionado y puro fuego. No había nada de ternura ni cariño en él, pero sí había un volcán que había explotado. Cuando los labios de él se movieron sobre los suyos propios acariciándolos y reclamándolos en silencio, Hermione sintió que no estaba mal aquello, que, por alguna razón, aquello era lo correcto, aquella era algo que estaba bien.

Malfoy atrapó el labio inferior de ella mordisqueándolo suavemente y excitándose cuando se dio cuenta de que ella había gemido ante aquel gesto. Atrevido e implacable como siempre, quien era conocido como el agente de hielo se aventuró a acariciar lo labios de ella con el ápice de la lengua, notándolos aterciopelados y con un agradable sabor a manzana que lo volvía loco y cuando ella abrió la boca para permitirle el paso, Malfoy supo que estaba perdido y que si esa mujer no le paraba los pies, no sería él quien terminara.

La lengua de él se introdujo en su propia boca, explorando cada rincón con cierta brusquedad que, lejos de asustarla, la excitaba y la estaba dejando sin un ápice de cordura. Sintió la necesidad de gemir y lo hizo al tiempo que sujetaba la camisa de él con fuerza, pidiéndole en silencio que no se alejara de ella en aquel momento. No hacía falta. Draco no tenía ninguna intención de dejarla ir en aquel momento.

La boca de ella era cálida y apetitosa… y su lengua pronto encontró la suya propia, entrelazándose en un torbellino de sensaciones que hacía mucho que no experimentaba y que incluso, se atrevería a decir, nunca había experimentado antes de aquel momento.

Ninguno de los dos quería perder en el control del beso, ella incluida y estaba segura de qe eso era algo de lo que él se había dado cuenta perfectamente. No obstante, Malfoy era exigente y controlador, obsesivo y hasta cierto punto posesivo. Y a ella, no le quedó más remedio que rendirse al tacto de sus manos en sus caderas y a su lengua que parecía hecha de miel y fuego, exquisita, dentro de su propia boca… como si un volcán hubiera explotado dentro de su propia boca demandando y reclamando atención… una atención que ella estaba dispuesta a darle.

Malfoy sonrió cuando se dio cuenta de que ella le permitía besarla como quisiera, cuando se dio cuenta de que renunciaba libremente al control del beso. Y el beso que él mismo había iniciado de forma rápida y algo brusca e impulsiva, lo suavizó con tranquilidad, acariciando el cielo de la boca de ella con su lengua, mordisqueando levemente su labio superior, atrapando el inferior, besándola, esta vez con más pasividad y tranquilidad e incluso con cierta dulzura.

Si aquello había empezado rápido y brusco, él lo estaba terminando de una forma contraria… agradable, tranquila, pacífica y suave. La lengua de él dejó tranquila la suya propia y se dedicó, durante los siguientes minutos a lamer sus labios, a besarla suavemente, a atrapar sus labios con los suyos propios repartiendo suaves besos que ella nunca hubiera imaginado que Malfoy sería capaz de compartir con nadie.

Y cuando finalmente ambos necesitaron respirar para poder seguir viviendo, Malfoy sólo separó su boca de la de ella. Sin alejarse ni un milímetro de donde estaban, sin mover sus manos, sin dejar de mirarla enfocándola con sus ojos grises en los que ella podía verse reflejada mientras sentía la respiración acelerada y el pecho subiendo y bajando a un ritmo enloquecedor, el mismo ritmo que parecía seguir su propio corazón desbocado.

La miró. Temblaba. Estaba temblando. Sus labios rojizos e hinchados por la brutalidad del beso estaban temblando, húmedos y sonrojados, apetecibles y Malfoy hubo de hacer un gran esfuerzo para evitar volver a besarla.

En lugar de ello, alzó una de sus manos de las caderas de ella y la llevó hasta su cabello, recogiendo uno de los rizos castaños que se habían movido y ocultaban parte de su rostro, colocándoselo con suavidad detrás de la oreja; y luego, movido por un impulso que no supo de donde había salido, apoyó su frente sobre la de ella y cerró sus ojos sabiendo, quizá por instinto, que ella haría lo mismo.

Hermione cerró los suyos cuando él lo hizo. Frente contra frente podía notar la respiración acelerada de él y más aún al tener una de sus manos sobre el pecho, directamente sobre el corazón del rubio agente de policía que parecía estar intentando razonar lo que había ocurrido allí, notando como este latía tan rápidamente como el suyo propio.

-¡Malfoy!

Ambos abrieron los ojos al escuchar la voz de Potter llamándolo desde el comedor. Ninguno de los dos dijo nada, ninguno de los dos sabía que decir. Ambos necesitaban un poco de tiempo y espacio para saber qué había pasado allí, para saber cómo racionalizar lo que había pasado allí.

Draco se separó de ella a desgana, emitiendo un ligero gruñido que ella también compartía. La miró fijamente y ella no supo qué significaba aquella mirada perlada entre el silencio y la intranquilidad… era una amenaza o una promesa… pero no estaba segura a qué debía tenerle más miedo.

Malfoy abrió la puerta de la habitación y salió de la misma sin decirle nada. Hermione se dejó caer contra la pared en la que había estado apoyada, una mano en la frente intentando saber qué había pasado, la otra sobre sus labios aún hinchados y con el sabor a menta de él en su propia boca; la cabeza en alguna parte, perdida en sus propios pensamientos y el corazón latiendo deprisa sin llegar a escuchar del todo la conversación que se estaba llevando a cabo en el comedor.

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Harry entró en el piso de Ginny como un huracán, ni siquiera se molestó en saludar o en dejar la pistola sobre la mesa o en quitarse la chaqueta; sólo gritó un nombre.

-¡Malfoy!

Draco salio de la habitación sin mirar a nadie e ignorando deliberadamente la mirada de Blaise y Snape sobre su persona, y mirando a Harry, se sentó en una de las sillas.

-¿Qué? –preguntó socarrón.

Harry apoyó sus manos sobre la mesa y miró a Draco directamente.

-Cho me lo ha contado –le dijo-. Creí haberte dicho que mantuvieras tus manos alejadas de ella.

-¿De qué hablas?

-Me ha contado que la has encerrado en tu despacho y que has intentado volver a seducirla.

Draco se permitió sonreír con cierta arrogancia.

-Vuelve a pensar Potter –dijo Draco sin inmutarse para nada-. Yo no tengo nada que ver con eso.

-¿Qué hacías con Cho en tu despacho hoy? –preguntó directamente apretando la mandíbula.

-Aconsejarle que te dijera la verdad –contestó Draco-. Y antes de que supongas nada, fue ella quien me buscó a mí… -sonrió-… deberías de aprender algunos trucos de cama, Potter, quizá así ella no quisiera buscar a otro –añadió.

-Draco… -le dijo Blaise para que se callara. Por toda respuesta, el agente se limitó a sonreír.

-¿Qué? Es verdad… Me buscó la otra vez y vuelve a hacerlo ahora…

-¿Crees que soy idiota Malfoy?

-No lo sé… -pareció pensarlo unos segundos-. ¿Es una pregunta con trampa o de verdad esperas que te de una respuesta?

La reacción de Harry fue rápida. Con un simple movimiento alcanzó la camiseta de Draco y lo levantó de la silla, estampándolo contra la pared, tirando la silla al suelo provocando un estruendo que aumentó cuando le dio un golpe en la mandíbula.

-¡Harry, para! –gritó entonces Sirius sujetando el puño de Harry para impedir que golpeara a Malfoy-¡Para, joder!

-¡Draco está diciendo la verdad! –gritó esta vez Remus.

Harry miró a Remus y a su padrino y luego, de forma automática, buscó los ojos de Ron y de Ginny, sabiendo que de todos los presentes, ellos dos nunca le mentirían. Los ojos azules de ambos estaban arrepentidos, brillantes y confusos. No estaban mintiendo.

Dejó que su mano resbalase de la camisa de Malfoy quién la planchó con gesto aburrido mientras miraba a Harry como si lo estuviera invitando a volver a hacerlo.

-No puede ser cierto….

-Harry… su nombre está en la lista de los subordinados de Voldemort –dijo Ginny con la seguridad de que Harry no la golpearía a ella-. Estaba en el disco.

Draco se limpió la sangre del labio con el dorso de la mano.

-La próxima vez… -empezó a decir Draco-… piensa antes de golpear, idiota.

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Bueno, pues este es el final del capitulo. Que os ha parecido??

Yo no estoy convencida… cada vez que lo leo encuentro algo mal y lo empiezo a cambiar, así que he decidido subirlo y ya :D

Por cierto, habeis comprado vuestro libro? Yo sí, y ya voy por el capítulo 25… aunque sinceramente… creo que le falta algo… en fin… habrá que esperar a leer el final del todo para dar una opinión completa, no?

Bueno, pues un besito para todos, no olvideis dejar vuestros reviews y recordad ser siempre felices!!!

Nos leemos pronto!!