- …Permitidme presentaros, alteza, a vuestros nuevos preceptores.
Los maestros desfilaron uno tras otro ante ella, dando sus nombres y la materia que impartían. Neriah los contemplaba aburrida. A diferencia de Fleur, ella odiaba el estudio. Su hermana habría escrutado a cada uno de aquellos eruditos con curiosidad, intentando aprender desde el primer día. Por el contrario, Neriah buscaba la forma más rápida de escabullirse de aquella estúpida ceremonia.
La voz de su doncella le devolvió a la realidad.
-Y él es, alteza, vuestro último instructor, el mago Ivosh de Trusso.
Neriah contempló un tanto sorprendida a su nuevo maestro. No se parecía en nada a la imagen que la niña tenía preconcebida de lo que era un mago. Se trataba de un hombre alto y fuerte. Vestía una túnica negra con adornos plateados. En su mano iquierda sostenía una vara. Neriah observó que todos los presentes le trataban con un profundo respeto. ¿Era por admiración?...
..."No", pensó Neriah, "Le temen. Míralos, están acongojados...¿Tan poderoso es éste hombre como para tener así a toda una corte?"
-Alteza –dijo el hechicero. No se inclinó ante ella, sino que la miró directamente a la cara- Las clases comenzarán lo más pronto posible. Id ésta tarde a mi estudio en la torre. Sed puntual.
Sin decir más, el hombre abandonó la sala.
Por la tarde Neriah se dirigió al estudio de Ivosh para comenzar su aprendizaje. Mientras caminaba por los pasillos, no podía apartar sus pensamientos de su nuevo preceptor. Por extraño que pareciera, aquel hombre no le infundía temor alguno. Más bien era curiosidad. "Sí", pensó, "Yo no le temo para nada". Saberlo le hizo sentirse superior a todos los habitantes de Glenhaven. Todos (menos el príncipe Stefan, claro) la habían dejado de lado por ser una lexovien. Ella, una lexovien, había demostrado tener más valor que todos ellos juntos...
Sin darse cuenta había llegado a la puerta del estudio del mago. Neriah esbozó una sonrisa de orgullo y llamó.
La puerta se abrió sola y la niña entró.
