Hola a todos. Soy Javi, un amigo de nikachan; ella está de vacaciones que, sinceramente se merece, así que me ha enviado esto para que lo publique por ella ya que ella ahora mismo no puede hacerlo. Me ha pedido que os diga que gracias por vuestra paciencia y comentarios y que espera que este capítulo os guste también. En el proximo capítulo pondrá una lista para agradeceros los comentarios del pasado capitulo y los de este (cuando los dejeis, claro)
Un beso para todos, y un placer hacerle este favor a nikachan. Hasta pronto!
Capítulo 9. Una noche larga
Cuando la puerta volvió a cerrarse, Cho Chang respiró aliviada. Aguantar a Bellatrix y a McGregor era algo que le ponía la piel de gallina y no era para menos después de haber crecido escuchando a su padre hablar de lo que esos dos individuos eran capaces de hacer. Se retorció las manos de forma nerviosa y luego respiró profundamente, obligándose a calmarse.
No les había mentido, ella no sabía qué diablos podría haber estado haciendo Snape vigilando el orfanato ¿por qué diablos debería saberlo? Ella apenas trataba con nadie que no fuera Harry. Ninguno de los demás tenía lo necesario para que ella se dignara a hablar con ellos… salvo Malfoy. Había algo en Draco Malfoy que siempre la había atraído y de no ser porque su misión estaba clara desde el principio, hubiera estado encantada de pasar unos ratos agradables en la cama de Malfoy.
Pero el saber que no les había mentido no hacía que se sintiera más tranquila. Era plenamente consciente de que ni siquiera por ser la hija de quien era, podría librarse de morir si Voldemort lo decidía. ¿En qué diablos estaba pensando cuándo accedió a formar parte de aquel plan?
En la fama, en la fortuna, en el dinero… en la gloria. Nunca le había importado demasiado lo que su padre hiciera o dejara de hacer siempre que se le cumpliera el menor de sus caprichos. Era a eso a lo que estaba acostumbrada. Acostumbrarse al lujo era fácil… lo difícil era desacostumbrarse a él. Siempre había vivido en el lujo, del lujo y para el lujo. Pensar en vivir de cualquier otra forma era algo inconcebible e impensable en su cabeza. Siempre lo había tenido todo, absolutamente todo; dinero, yates, joyas, mansiones, coches, hombres… sólo tenía que pedirlo y todo lo que deseaba aparecía ante sus ojos.
Y Harry Potter era guapo. Era muy guapo. Tenía aquella pose de niño rebelde y descuidado, aquel cabello algo largo y salvaje y aquellos increíbles ojos verdes que parecían haber sido tallados directamente del jade. Lo tenía todo. Y ella lo quería todo.
Pero algo se había complicado.
Alguien había conseguido infiltrarse en la organización de Voldemort y habían pasado informes a Harry acerca de quién era ella.
Se movió nerviosa por el salón mientras se dirigía al mueble bar y tomaba un vaso que llenó de vodka sin nada para suavizarlo.
Regulus Black había sido detenido y había corrido el rumor entre los hombres de Voldemort que antes de ser enviado a la prisión de máxima seguridad le había contado a Sirius Black, su hermano mayor, ciertos detalles sobre la nueva droga experimental.
Cho apuró el contenido de su vaso mientras se servía otra vez. Para estas alturas, estaba segura de que Harry ya habría atado cabos. Era muy bueno en su trabajo y mucho más eficiente si trataba algo que tuviese que ver con Voldemort. Los dolores de cabeza, el cansancio y los recuerdos borrosos cada vez que despertaba después de haber pasado la noche con ella… la droga que le había estado suministrando para sonsacarle información era efectiva pero seguramente Harry ya habría descubierto que había estado siendo drogado y si él no lo descubría, alguno de los de la Orden lo haría. No estaban allí sólo por haberse licenciados en los primeros puestos de su clase, no eran estúpidos. Ella lo sabía bastante bien. Y además, siempre estaban pendientes de Harry. Incluso Snape con su humor ácido y sus comentarios sarcásticos siempre estaba pendiente de Harry… lo había visto mirarle cuando se movía por la habitación, cronometrando el tiempo cuando el hombre moreno salía y suspirando aliviado cuando regresa sin un rasguño. Igual que Sirius y Remus. Parecían los guardaespaldas de Harry; si había algo que ellos pudieran evitar que Harry hiciera, lo evitaban… Harry era tratado por ellos como el hijo que ninguno había llegado a tener, cosa bastante normal teniendo en cuenta que Harry era el hijo de quien una vez fueron sus mejores amigos.
Pero lejos de los adultos de la Orden, también los que eran de su edad o más jóvenes estaban pendientes de él. Ronald y Ginebra Weasley, Nott, Blaise… incluso Draco Malfoy, siempre tan independiente y calculador, confiaban en Harry y hacían lo posible para que no le ocurriera nada. Nunca.
Sonrió mientras bebía de nuevo del vaso. A veces envidiaba no tener a nadie que se preocupara por ella como lo hacían por Harry. Y para una vez que había tenido a alguien, le había utilizado y mentido… Pero no le preocupaba eso. Le preocupaba lo otro.
Harry era muy bueno en su trabajo y no dejaría de remover hasta la última piedra para atraparla. Y cuando lo hiciera, nada podría librarla de prisión, ni siquiera su padre. Por una vez, por primera vez en su vida para ser más concisos, Cho Chang se encontró preguntándose si era cierto que la codicia era mala… o incluso peligrosa.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Miró a su alrededor. Polvo, escombros y lo que parecía haber sido alguna vez una escalera de lo que ahora ya sólo quedaba la base y parte de la barandilla tirada por algún lugar. Extrañamente a lo que cualquiera pudiera pensar, Harry aún tenía retazos de una parte de su infancia en aquella casa. Recordaba las paredes de un color azulado y los muebles en color cerezo, el calor de la chimenea del salón y la música suave en su cuarto cuando su madre iba a arroparle… Recordaba la encimera de la cocina, blanca y negra, donde James lo sentaba por las mañanas mientras buscaba su biberón en la nevera… y recordaba el olor a jazmín que provenía de la puerta trasera. Colores vivos y llamativos, risas y miradas felices… eran pequeñas pinceladas de los dos años que había vivido allí.
-¿Estás bien? –Remus apareció por lo que quedaba de la puerta-. Lo siento Harry, no recordaba que estuviera en tan mal estado…
-No importa Remus –le sonrió-, gracias por venir conmigo –carraspeó mientras miraba la libreta donde iba apuntando todo lo que tenía que hacer-. ¿Has visto el patio de atrás?
-Necesita reparación en la valla y arrancar los hierbajos, el césped debería ser podado pero por lo demás… -sonrió-… aún hay vida.
Harry le miró extrañado y el hombre le hizo una seña para que le siguiera. Harry suspiró y obedeció pisando con cuidado sobre el suelo, intentando no destruir más de lo que ya estaba la casa. Salió al patrio trasero y se acercó a Remus que se había acuclillado en un rincón del jardín y parecía estar observando algo con suma atención. Sonrió cuando vio una pequeña flor creciendo entre los arbustos.
-¿Cómo…
-Es un pensamiento –informó Remus-. A tu madre le gustaban. Recuerdo que tenía todo el borde del jardín, junto a la valla, plantado con estas pequeñas flores… Amarillas, violetas, blancas, rosas, azules… -sonrió-. Cuando eras pequeño y estabas aprendiendo a andar, solía dejarte aquí y tú te dedicabas a mirar la flores en lugar de caminar ignorando a tu padre –Harry sonrió.
-Recuerdo los colores… -le dijo-. ¿Cómo puede seguir viva después de tantos años?
Remus se encogió de hombros.
-Supongo que se ha acostumbrado al clima… -se levantó con un suspiro y miro al chico con una media sonrisa-… es una luchadora, como tú –Harry no contestó, pero la mirada que le dedicó al hombre fue más que elocuente-; sé que ahora parece imposible, pero conseguiremos levantar esta casa Harry. Te lo prometo.
-Se lo debo a ellos Remus –contestó Harry-. Leíste la carta… ellos… ellos tenían una vida para mí en esta casa… y nunca se pudo cumplir –sonrió a medias-. Tengo la sensación de que si lo hago, mi vida se enderezará.
-¿Hablas de Cho? –Harry asintió-. No me gusta decirlo, pero ya te advertimos que no era de fiar.
-Lo sé –frunció el ceño, odiaba que le dijeran "te lo dije" y aunque Remus no lo hubiera hecho del todo, prácticamente lo había dado a entender-. Pero yo… Déjalo… no importa.
-¿Qué? –preguntó Remus a quien no le gustaba dejar conversaciones a medias.
-Nada… sólo… sólo creí que casándome con ella, mi vida podría ser un poco más… normal…
-¿Normal? Harry… -rió suavemente-… mira a las personas con las que trabajas, ¿crees que llevan vidas normales? Yo mismo… he tardado ¿cuánto? –preguntó retóricamente- ¿cinco, diez, quince, veinte años? En decirle a Tonks que la quiero –Harry rió acompañándole en su risa-… ¿crees que eso es normal? La vida no se trata de ser normal o no… Se trata de vivirla… Si todo fuera siempre normal, sería demasiado aburrido y entonces, sólo sería un episodio de reposición de una de esas series televisivas a las que Sirius se enganchó hace un par de años.
-¿También tenías que soltarle estos discursos a mi padre? –preguntó sin perder la sonrisa el hombre joven.
-Sólo cuando se ponía en plan caótico de "Lily no me quiere y no me va a querer nunca" –le contestó burlón el mayor. Harry sonrió con algo de melancolía y resignación y Remus frunció el ceño-. Harry, ¿estás bien?
-Sí –contestó inmediatamente el hombre joven mientras se subía las gafas por el puente. Remus le miró.
-Es evidente que no lo estás, podemos pasarnos media hora entre tira y afloja y al final me lo dirás o podemos pasar directamente a la parte en que me lo cuentas –Harry sonrió-. Vamos, suéltalo Potter –bromeó.
-Sólo estoy un poco cansado… de verdad Remus, estoy bien –aseguró.
-¿Tú cansado? Harry te he visto hacer guardias de cuatro días seguidos, salir a una misión, regresar una semana después y aún tener energías para detener a unos mafiosos –le sonrió.
-Es otro tipo de cansancio… -comentó el chico mirando al horizonte.
-Harry… tu padre estuvo enamorado de tu madre durante mucho tiempo antes de que ella siquiera le diera la hora, le costó mucho trabajo conseguir que Lily aceptara que la quería de verdad y más aún convencerla de que si se casaban serían la pareja perfecta –le sonrió afectuosamente-. Antes de Lily existieron otras mujeres pero James nunca llegaba a nada serio con ellas porque según él, "siento que no es la indicada". Cho sólo ha sido una de esas no indicadas en tu vida.
-¿Y cómo sé cuál es la indicada? –preguntó él.
-¿Esta no es una conversación que tendrías que tener con tu padrino? –bromeó Remus.
-No creo que Sirius esté ahora para estas tonterías –contestó Harry.
-Sabes que para Sirius y para mí todo lo que te provoque desánimos no son tonterías –aseguró el hombre.
El teléfono de Harry sonó y el chico contestó de forma inmediata mientras cerraba la boca ante la contestación que iba a darle al hombre.
-¿Sí? –contestó al teléfono. Miró a Remus-. Vamos para allá. Lo sé, lo sé… y por lo que más quieras McGonagall, que Sirius no se entere.
Cuando colgó el teléfono, miró a Remus con ojos culpable y el hombre asintió. Habían pasado muchos momentos juntos y prácticamente sabían hablar sin decirse nada.
-¿Regulus?
-Le han atacado esta noche en Azkaban –dijo Harry.
-¿Gravedad? –Harry chasqueó la lengua-. ¿Harry?
-Está en coma… -contestó-. Sé que es un cabrón pero es el hermano de Sirius y…
-No necesitas convencerme Harry –le sonrió dándole una ligera palmada en el hombro-. Vamos. Yo conduzco. Y por cierto Harry, nunca sabes que es la adecuada hasta que llega.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-Siéntate derecha –dijo su madre al ver como la castaña estaba medio tumbada en el sofá leyendo un libro-. Te saldrá joroba.
Hermione miró a su hermana que se limitó a encogerse de hombros y resopló.
-Mamá, tengo la espalda perfectamente recta –protestó aunque se sentó derecha en el sofá dedicándole a su madre una mirada irritada-¿feliz? –preguntó sarcástica.
Pero su madre ya había empezado su monólogo y no estaba dispuesta a dejarlo tan fácilmente.
-Y si te sale joroba, ¿cómo vas a atrapar a algún hombre?
Ginny miró a la madre de Hermione y Blaise contuvo la risa.
-No quiero atrapar a ningún hombre –le replicó Hermione-, y si me sale joroba es mi problema, no el tuyo –añadió volviéndose a tumbar en el sofá tal y como estaba al principio.
-¡Hermione Jane Granger! –dijo la mujer entonces-. ¿Qué diría tu padre si te viera así?
Hermione rodó los ojos hastiada.
-Seguramente me diría que si así estoy cómoda que está bien por él –le contestó la castaña refunfuñando.
Su madre la fulminó con la mirada, pero Hermione, demasiado acostumbrada a eso, la ignoró completamente y en su lugar, le preguntó algo que hizo que Sirius sonriera. Definitivamente tenía el mismo carácter que Anthony.
-¿Cuándo dices que os vais de nuevo a España? –preguntó la médico.
Rebecca rodó los ojos. No comprendía a su hermana. Si ella fuera Hermione, una mujer con una carrera, aprovecharía los mejores años de su vida y el cuerpo que tenía su hermana, para buscar marido y fundar una familia. Una familia como la que ella iba a crear con su casi marido. No entendía por qué Hermione disfrutaba peleando con su madre, llevándole la contraria… no entendía por qué a su hermana le gustaba más leer un buen libro que ir de compras con ella ni comprendía por qué no le atraía la idea de trabajar en un magnífico hospital donde seguramente conseguiría que un médico se fijara en ella. ¡Un médico! Ella se había conformado con un abogado… Pero Hermione… ella podía hacerlo. Suspiró mientras veía como su madre y la castaña volvían a tener otra absurda pelea. ¿Tanto le costaba a Hermione cambiar un poco? Sólo se trataba de ponerse vestidos, de coquetear y de encontrar un hombre ¡un solo hombre! No era tan difícil, ¿no? Arrugó la frente mientras las miraba. Nunca comprendería a su hermana mayor por mucho que lo intentara.
-¡Y no pienso alisarme el cabello para la boda! –dijo en aquel momento Hermione que se había alterado bastante cuando su madre había empezado a decir que estaría "más mona" si se vistiera como una mujer en lugar de cómo un intento de hombre.
-Pero tienes que hacerlo –contestó su madre recalcando el verbo-. Todas las damas de honor llevarán el pelo liso –insistió.
Hermione la miró desafiante.
-Entonces quizá no sea dama de honor.
Rebecca la miró y Hermione rodó los ojos.
-Estoy deseando ser tu dama de honor y de verdad Becca, que quiero que seas feliz, muy feliz –recalcó-, pero no a costa de cambiarme y convertirme en una muñeca de tarta a la que no reconoceré en cuanto me mire al espejo –Rebecca no contestó.
Ginny miró a Blaise.
-¿Cómo han pasado de hablar de cómo debe sentarse a la boda de Rebecca? –preguntó curiosa.
Blaise le sonrió indulgente.
-¿De verdad quieres saberlo? –le preguntó.
-No, déjalo –contestó la pelirroja-. ¿Se sabe algo de Snape? –preguntó tomando un bocadillo del plato que tenía Sirius delante y que parecía dispuesto a comerse sin compartir nada con nadie.
-¡Eh, es mío! –protestó el moreno.
-Sirius deja de portarte como un niño, ¿quieres? –le dijo Blaise-. Ha salido del peligro –dijo esta vez mirando a Ginny-. Se repondrá en un par de semanas aunque si fuera por él mañana mismo saldría del hospital.
-¿La bala ha tocado algún órgano importante? –preguntó esta vez Ron bajando las escaleras -. No hay cucarachas ahí arriba –añadió mirando a la madre de Hermione.
La castaña miró a Ron perpleja y luego a su madre con la boca abierta.
-¿Le has hecho mirar si había cucarachas, mamá? –preguntó incrédula.
-Ninguno –contestó Sirius-… por desgracia está perfectamente.
-De verdad que yo creo que hay cucarachas –se defendió la madre de Hermione.
-¡Mamá! –le reprendió Hermione.
-¡Sirius! –reprobó Ginny.
Blaise movió la cabeza de forma divertida y negativa.
-Se acabó. Os vais pasado mañana –declaró Hermione con voz autoritaria-. Me da igual que me critiques, me juzgues, me mires como si yo no valiera nada… todo eso me da igual mamá, pero no voy a dejar que pisotees a nadie con tus aires de gran señora a la que sólo le importan las apariencias, ¿entiendes? Si no te parece bien la habitación que Ron os ha cedido, estupendo, buscaros un hotel, pero no le mangonees como lo hiciste conmigo durante tanto tiempo –añadió enfadada y con la voz extrañamente calmada. Luego miró a la pelirroja-. Gin, ¿hay algún problema si vamos a casa? –preguntó.
La pelirroja miró a Sirius que asintió despacio.
-No, claro, vamos. –se levantó-. Hasta luego chicos.
Hermione salió de la sala y de la casa de Ron con un fuerte portazo.
-Tiene carácter –dijo Sirius como si hiciera falta decirlo para que se dieran cuenta de ello.
-Estupendo, Sirius, tus dotes detectivescas cada día son mejores… -resopló Ron divertido dándole una palmada en el hombro y riendo divertido.
Blaise se limitó a rodar los ojos. A veces Sirius podría llegar a desesperar incluso al más paciente de los santos.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Sonrió cuando vio salir a una malhumorada enfermera rubia de la habitación de Severus. Parecía que iba farfullando sobre alo acerca de policías y agentes desagradecidos e idiotas que no sabían dar ni siquiera las gracias. Golpeó la puerta un par de veces y entró cuando desde dentro escuchó un no suave "pase".
-Potter –le saludó con la cabeza cuando entró.
-Hola Snape, ¿cómo te encuentras?
-¿Por qué no firmas mi alta? Como mi superior inmediato puedes sacarme de este infierno –añadió refunfuñando.
Harry sonrió ampliamente y se sentó junto a la cama en una de las sillas que había.
-Veo que estás bien, al menos tu humor sigue siendo el de siempre –añadió. Snape le miró pero no dijo nada.
Severus Snape era todo un misterio, no sólo para los que no le conocían, sino también para aquellos que llevaban años trabajando junto a él. Sirius le odiaba por algún motivo que nunca ninguno de los adultos había querido decirle, y Remus parecía aceptar sus comentarios sarcásticos con deportividad. En cuanto a él… Snape era un profesional; no titubeaba a la hora de cumplir órdenes o delegar, era fuerte, ágil y siempre estaba dispuesto a arriesgarse para conseguir salvar de alguna manera u otra a cualquiera que tuviera algún problema en alguna misión. Lejos de todo eso, y de la admiración que sentía hacia el hombre, no había nada de amistad entre ellos, debido, seguramente, a la diferencia de sus caracteres.
-Estoy bien, no sé a qué viene tanto escándalo. En nuestro trabajo cientos de veces puedes recibir una bala, me ha tocado a mí, punto final y fin de la discusión –dijo malhumorado.
-Tranquilo. El médico dice que en mañana ya podrás irte pero tendrás que estar una semana de reposo por esa herida. ¿Se puede saber qué diablos hacías allí?
-Pasear –contestó Severus serio. Harry enarcó una ceja.
-¿Pasear?
-Ajá –confirmó el hombre.
-¿A esas horas de la noche?
-¿Tienes algún problema sobre cuándo paseo, Potter? –preguntó el mayor.
-Ninguno siempre que no tenga nada que ver con asuntos ilegales o… extraños… -añadió mirándole con advertencia.
Snape ni siquiera se inmutó. Harry Potter era, posiblemente junto a Remus, el único que sabía que Narcisa Black y él habían sido amigos hacía mucho tiempo y que de vez en cuando, ella le daba chivatazos sobre acciones, trabajos o entregas que se daban. Por supuesto que Potter nunca le había dicho abiertamente que sabía que todos esos chivatazos provenían de Narcisa Black, pero había cosas que no era necesario decir para saberlas y esta era una de ellas.
-No sé a qué te refieres.
-Ya, claro… así que paseando… -Snape enarcó una ceja pero no contestó-. Y supongo que el que estuviera el orfanato donde Malfoy se crió no tiene nada que ver ¿cierto?
-¿Era ese orfanato? No lo reconocí… como todos son iguales… -dijo con indiferencia.
Harry sonrió internamente. Ese hombre era impasible y frío como el mismo hielo. Se alegraba de tenerlo de su bando.
-Vengo de la cuarta planta –informó Harry. Severus frunció el ceño.
-¿Esa no es la planta de…
-Sí –dijo Harry-. Han atacado a Regulus esta noche –Severus le miró pero no dijo nada al respecto-. Está en coma y no saben si despertará para vivir o para morir –añadió ante la muda pregunta del hombre.
-Black no es santo de mi devoción, pero espero que no se haya enterado…
-Aún no le he dicho nada, pero tendré que hacerlo… -contestó Harry.
-Entiendo… -suspiró-… ¿quieres que se lo diga yo?
Harry le miró dejando de jugar con las manos.
-¿Lo harías?
-Black ya me odia, no creo que vaya a odiarme más por decirle que su hermano está más muerto que vivo y que sería mejor que diera el consentimiento para que lo desenchufen de donde quiera que lo tengan para mantenerlo con vida –se encogió de hombros.
-Gracias Snape, pero tengo que hacerlo yo –resopló y se levantó de la silla-. Me voy, Remus está en doble fila frente a la entrada del hospital –informó-. Enviaré a Nott y Blaise a recogerte mañana, sólo avísame cuando te den el alta.
Snape cabeceó en señal de conformidad y cuando Harry estaba llegando a la puerta, le habló.
-Todos nos equivocamos a veces Potter… confiamos en quien no deberíamos confiar y no lo hacemos en quien nos puede salvar el trasero –le dijo llanamente-. Pero que eso no te quite el sueño, nadie te hace responsable de ello.
Harry asintió y le sonrió levemente. Definitivamente ese hombre merecía su respeto. Todo su respeto.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Se abrió paso entre los grandes hombres del bar que estaban a aquellas horas de madrugada allí sentados, borrachos, con las manos pegadas a grandes vasos de whiskey y a botellines de cervezas, en las penumbras; allí uno miraba por encima del periódico, en el otro rincón una pareja de hombres jugaban a dados y varias monedas brillaban escasamente sobre la mesa. El lugar era oscuro y sombrío, sacado de las mejores novelas del barroco. Cualquier otra mujer ni siquiera se hubiera atrevido a entrar en un lugar así, ni tan siquiera se hubiera atrevido a mirar aquella taberna de uno de los peores barrios de Londres.
Pero Narcisa entró en el lugar; alzó la cabeza, sacó pecho y caminó con paso firme y seguro, enfundada en aquellos pantalones negros y aquella camiseta ajustada de color verde y plata; con el cabello recogido con seguridad en una alta coleta que caía sobre su hombro derecho, dándole el único toque de color, a parte de sus ojos claros, a su figura oscura. Ignoró deliberadamente los comentarios obscenos a los que estaba ya más que acostumbrada y se dirigió a la mesa del fondo donde la figura envuelta en un abrigo largo negro no le había quitado la vista de encima desde que había entrado; mirada acerada, ojos grises y gélidos. Lucius Malfoy.
Siempre le había atraído el halo de misterio que lo rodeaba. Como en las novelas de vampiros, siempre vestido con elegancia y sin ningún otro color que no fuera el negro salvo el plata ocasionalmente, destacando el color acerado de sus ojos que brillaban con aquel punto que sólo los locos consiguen tener. Siempre con el cabello impecablemente perfecto cortado sobre sus hombros, lacio, de un rubio tan intenso que podría pasar por blanco; de piel pálida y mirada penetrante, ademanes majestuosos y gestos estudiados y armoniosos.
Siempre le había atraído Lucius Malfoy. Era innegable el porte aristocrático y la belleza externa que lo rodeaba. Más que atracción, casi podía decir que se había enamorado de él… Resultaba curioso… Se había enamorado de la única persona de quien sabía que nunca debería haberse enamorado… Resultaba curioso y doloroso, todo al mismo tiempo.
Como el caballero que siempre había demostrado ser, se levantó de su silla y movió otra para que ella pudiera sentarse. Narcisa se lo agradeció con un gesto de cabeza, pero ni una sola palabra. Lucius sonrió y se sentó mientras le servía un whiskey bien cargado que ella no rechazó.
-Estás tan espectacular como siempre, Narcisa –aseguró el hombre.
-Y tú sigues tan imponente como siempre –le contestó ella con más de sinceridad que por cortesía.
-Bueno, siempre hay que estar en forma… nunca sabes cuándo vas a tener que huir de la policía –añadió con cierto tono de deje y despreocupación-. Y ahora que hemos cubierto suficiente las apariencias con estos halagos… dime, ¿qué puedo hacer por ti?
-Voldemort te quiere con él –dijo ella llanamente.
Alguien en la mesa de al lado se giró para mirarles y se removió incómodo. Narcisa enarcó una ceja en dirección de aquel hombre y le miró burlona.
-¿Acaso quieres sentarte con nosotros? –le preguntó.
El hombre tardó poco más de dos segundos en levantarse y salir del local después de haber pagado su sucio trago de ron. Narcisa se giró para encarar de nuevo a Lucius y se encogió de hombros.
Lucius sonrió. Nadie en su sano juicio querría estar al lado de ellos si hablaban de Voldemort. Todos lo conocían, bien en persona, bien porque habían tenido tratos con él, bien porque habían escuchado hablar de él. Nadie en su sano juicio querría tener tratos con Voldemort, pero claro, él no estaba en su sano juicio… ¿No era eso lo que decían los informes del psiquiátrico?
-¿Y bien? –preguntó mirando al rubio-. ¿Estás dentro?
-¿Qué puede ofrecerme que no tenga ya? –preguntó interesado.
-Respaldo ante la policía –contestó ella-. Ni uno solo de los que estamos a su servicio hemos tenido nunca problemas con la ley.
-Querrás decir de los que estáis en la escala más alta a su servicio –corrigió Lucius bebiendo de su vaso.
-Eso mismo –concedió la mujer con una sonrisa-. ¿Y bien?
-¿Tú entras en el trato? –preguntó con una media sonrisa lasciva estirando su mano sobre la mesa y colocándola sobre la de ella con una mezcla de posesión y seguridad-. La última vez que nos vimos la cosa no salió muy bien… quizá esta vez pudiéramos intentar tener aquel hijo que siempre quisiste…
Y entonces algo la sacudió de forma atroz. Aquella frase. Aquella simple frase… Un hijo… su hijo… su pequeño… aquello que más había amado y que había tenido que abandonar. Jamás. Jamás volvería a tener ningún otro hijo con nadie, mucho menos con Lucius Malfoy.
-No vuelvas a tocarme –dijo retirando su mano con brusquedad-. Nunca.
Él se limitó a sonreír.
-Estoy dentro.
Narcisa le entregó una tarjeta con una dirección.
-Mañana a las doce, no te retrases o serás el primero que esté fuera antes de entrar –aseguró.
Y aún sintiendo que le temblaban las piernas, aún sintiendo que podría haber caído rendida a los pies de Lucius otra vez, se levantó con dignidad y caminó hacia la puerta del local, notando la mirada gris sobre su cuerpo. Suspiró cuando salió de la taberna. Iba a ser muy difícil.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
No se había movido de su lado. Había visto como reprendía a las enfermeras, como discutía con los médicos y como protestaba y gritaba por todo y aunque pareciese estúpido, verle así le había hecho sentirse mejor; si Severus Snape actuaba como siempre era porque estaba tan bien como siempre.
Y era algo estupendo porque necesitaba hablar con alguien de forma urgente.
-La besé –dijo Draco de repente.
Snape no contestó de forma inmediata. Sólo le miró. Le miró con una ceja enarcada, los ojos negros entrecerrados y los brazos cruzados a la altura del pecho.
-¿La besaste? –preguntó Snape lentamente para asegurarse que era eso lo que su ahijado había dicho-. Bien por ti, ahora dime, ¿a quién besaste?
Draco rodó los ojos y se apartó de la cama donde había estado sentado, sabiendo por experiencia que las reacciones de Severus Snape siempre solían ser impredecibles.
-A Granger –contestó cuando se hubo apartado, a su juicio, lo suficiente.
-¿Cómo? –preguntó Severus incorporándose en la cama y quejándose cuando la herida recién cosida le dio un tirón-. ¡Maldita sea! –protestó.
-¿Estás bien? –preguntó preocupado el rubio.
El mayor hizo un gesto con la mano para quitarle importancia y Draco se relajo visiblemente aunque no dejó de mirarle para cerciorarse de que estaba bien.
-Explícame eso de que la besaste. ¿Besaste a Granger? –preguntó -¿Besaste a alguien a quien tienes que proteger? –preguntó de nuevo.
-Un poco –contestó Draco incómodo. Snape alzó una ceja.
-¿Cómo puedes besar a nadie un poco? –preguntó irónico-. Puedes empujar a alguien un poco, puedes ofender a alguien un poco e incluso podríamos aceptar que se puede golpear a alguien un poco, pero ¿cómo puedes besar a alguien un poco? Es como si me dijeras que alguien puede estar un poco muerto; es imposible: o está muerto o no lo está –se encogió de hombros.
Draco le miró enojado por el sarcasmo latente en cada una de las palabras de su padrino y suspiró.
-La besé. Punto –repitió Draco invitándole a que se mantuviera callado-. E iba a aclararlo todo cuando Blaise apareció diciéndome que te habían herido –añadió con cierto resentimiento.
-¡Oh, no! –protestó el aludido-. No vas a echarme la culpa ahora a mí de no haberle dicho a Granger lo que quiera que fueras a decirle. Has tenido dos semanas para hacerlo Draco, yo no he tenido nada que ver.
Ahora todo tenía sentido en la cabeza de Severus. No sabía si alegrarse por su ahijado o si levantarse de la cama y darle una paliza. ¡Granger! Había cientos de mujeres en la tierra, altas, bajas, morenas, castañas, pelirrojas, exuberantes… amas de casa, dentistas, profesoras, policías… con sentido del humor, con mal genio, con sentido de la honra… Pero no, su ahijado, como siempre y para no variar había ido a lo más complicado. Había besado a Granger, la persona a quien debían proteger. Y conocía lo bastante a Draco para saber que no la hubiera besado si no sintiera por ella algo más que atracción, lo cual implicaba que iba a volver a besarla…
-¿Cómo reaccionó Granger?
Draco le miró y una sonrisa se escapó de sus labios casi sin que él quisiera. Snape rodó los ojos. Arrogancia Malfoy. La odiaba.
-De acuerdo y ahora ¿qué piensas hacer?
-Hablar con ella y decirle que fue un error –dijo Draco firmemente intentando creerse que lo que estaba diciendo era cierto. Snape le miró-. No voy a volver a besarla, es mi protegida, no voy a tener una relación con Granger. Además, esa mujer me vuelve loco –añadió como si eso fuera toda la explicación que necesitara.
-¿Cómo? –preguntó Snape intentando no reír demasiado fuerte, después de todo, era prácticamente imposible ver a su ahijado alterado.
-Tan pronto parece desvalida como un huracán furioso; puede estar leyendo y de repente saltando sobre el sofá, y tan pronto nos reprende por tomar pizzas y hamburguesas recalcando que no sabemos ni freír un huevo como ella misma está junto al teléfono pidiendo más de cinco pizzas alegando que no tiene ganas de cocinar –enumeró Draco-, y además luego está el tema de…
-Vale, vale, lo he entendido –le cortó Snape-. Creo que ninguna mujer te había hecho nunca despotricar tanto ¿verdad?
-¿Y qué estás insinuando con eso, Severus? –preguntó Draco con la frialdad que lo caracterizaba y con la que se le conocía dentro de la oficina.
Severus le sonrió conciliador, un gesto que pocas veces nadie veía aunque por supuesto, esa norma no iba con Draco.
-Insinúo lo que te he dicho muchas veces Draco, que no puedes seguir viviendo de los recuerdos del pasad…
-¿Viste qué pasó? –interrumpió Draco. Severus le miró pero el rubio no estaba dispuesto a dejarse intimidar por su padrino-. Te han disparado y aún no me has contado qué pasó.
Snape suspiró. Draco no quería hablar de aquello y no iba a conseguir nada a menos que él quisiera decir algo. Testarudo… ¿por qué diablos había tenido que adoptar precisamente esa característica de él?
-No vi nada… -aseguró-, sólo dos figuras que se movían con agilidad cerca del orfanato; me pareció raro que hubiera alguien a aquellas horas así que di el alto –explicó a su ahijado-, todo iba bien hasta que me identifiqué como policía, entonces empezaron a llover balas de todas partes –recordó esforzándose-, saqué mi arma y disparé un par de veces antes de que me alcanzaran –se encogió de hombros-. Supongo que pensaron que habían hecho mucho ruido y desaparecieron –Draco chasqueó la lengua-, por cierto, para mi cumpleaños puedes regalarme otro cuchillo –Draco le miró-, se lo tiré a ellos y creo que herí a uno si eso te sirve de algo.
-Le diré a Lupin que investigue un poco a ver qué puede descubrir –dijo Draco más para sí mismo-. ¿Qué crees que buscaban?
-¿Extraoficialmente? –Draco asintió-. Rapto de niños, aunque no descarto que la zona sur de Londres esté quedándose limpia de prostitutas por arte de magia –añadió con su característico mal humor y cinismo.
Draco sonrió.
-Sí, eso mismo es lo que yo también me temía… -suspiró-. ¿Crees que me estoy equivocando?
-¿Con decírselo a Lupin o con Granger?
Draco murmuró algo por lo bajo. Odiaba cuando Snape se portaba como un auténtico cínico sarcástico con él.
-Iré a hablar con Lupin –informó dirigiéndose a la puerta.
-Draco –lo paró Severus. Él le miró-. Sí, te estás equivocando, pero eso no es algo que yo tenga que decirte, ¿verdad?
Ahogando una maldición Draco salió del cuarto de Severus. El herido de bala suspiró cansadamente. Aquel chico se iba a meter en un lío y seguramente le iba a arrastrar con él… Aunque sinceramente, eso no sería nada nuevo…
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Se miró el rostro lentamente sin reconocer la imagen que el espejo le devolvía. La piel no parecía tan fina como antes y había perdido su blancor para pasar a tener algunas manchas cerca de la zona de la sien derecha y bajo el pómulo izquierdo que, ahora sin maquillaje, se apreciaban perfectamente. Las ojeras enmarcaban un rostro cansado y agotado y los ojos parecían estar cada vez más hundidos.
Se quitó el nudo de la bata y la dejó caer hasta el suelo, a sus pies, mirando entonces el reflejo de su cuerpo desnudo. Lo que antes era perfección ahora estaba lleno de cortes, magulladuras, sarpullidos y quemaduras, todo producto de la droga para la que se había ofrecido voluntaria cuando aún estaba en sus orígenes.
Sólo era la sombra de lo que una vez había sido… sólo eso… Respiró profundamente mientras notaba el agradable calor que empezaba a llenar el baño después de que hubiese estado cinco minutos el agua caliente saliendo de la ducha. Agua caliente. Le reblandecía las llagas y con aquella crema para las quemaduras que había comprado hacía un par de semanas, el dolor disminuía considerablemente, al menos todo lo considerablemente que podía hacerlo, que era lo justo para poder dormir un rato sin tener que preocuparse del dolor de la espalda.
La puerta del baño se abrió y Bella ni siquiera se molestó en cubrirse. Conocía los pasos de su hermana perfectamente. La figura de Narcisa la miró a través del espejo sin atreverse a avanzar más al ver la espalda de su hermana, su hermosa hermana… No se suponía que debiera terminar con la espalda de ese modo.
-Bella… -musitó Narcisa.
-No –la cortó la morena-. No quiero palabras de lástima, compasión o cualquier otra cosa que se le parezca, Cisa –le dijo firmemente mirándola a través del espejo-. Yo me ofrecí voluntaria y esto es lo que recibo a cambio –se miró en el espejo de nuevo sin decir nada más.
Narcisa respiró profundamente y cerró los ojos un par de veces para impedir que las lágrimas se derramaran.
-Me he enterado de vuestra última incursión –dijo cambiando de tema-. ¿Qué pasó?
-Un agente de la Orden estaba cerca del orfanato… creo que era Snape –añadió. Narcisa intentó que el miedo no se reflejara en sus ojos ni el terror en su voz.
-¿Le matasteis?
-No, pero estará un par de semanas herido –añadió la mujer mientras se ponía una crema sobre el pecho donde tenía antiguas cicatrices-. ¿Has hablado con Malfoy?
Narcisa asintió y los ojos azules oscuros, casi negro de Bella se encontraron con los suyos a través del reflejo del cristal.
-Está dentro –contestó confirmando la pregunta que Bella no le había lanzado.
-Bien –se giró hacia su hermana pequeña y le sonrió con suavidad.
-¿Me ayudas a bañarme?
-Claro… tú lo hacías por mí cuando éramos pequeñas… -contestó Narcisa simplemente.
Pocas veces Bellatrix sonreía de verdad y sólo cuando su hermana estaba de por medio. Era una sonrisa brillante, iluminadora, radiante que hacía que la luz de la habitación pareciese aún más incandescente. Narcisa le sonrió de igual modo mientras Bella se metía dentro de la ducha y ella tomaba la esponja con aquel jabón especial para llagas y quemaduras.
Pensó mientras la bañaba con suavidad que Bella siempre la había protegido o que al menos lo había intentado… y que en aquel momento, viéndola desnuda, con la cabeza rapada y el cuerpo lleno de llagas por aquella droga, era Bella quien, seguramente por primera vez en su vida, la necesitaba a ella.
No pudo dejar de pensar, ni un solo segundo mientras le limpiaba la espalda llega de quemaduras y roces, que Bellatrix siempre había tenido una piel suave y sedosa… y que quizá la seguiría teniendo si Voldemort no hubiera aparecido en sus vidas… Aunque eso era algo que ya nunca iba a poder saber.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Respiró profundamente. Podía trabajar durante días enteros sin cansarse, ver heridas, sangre, agujas, atender a personas que pesaban el doble que ella y examinar a los niños con una sonrisa intentando tranquilizarles aunque la noticia que tuviera que dar fuera pésima… pero era incapaz de estar en la misma habitación que su madre durante más de dos horas y no acabar discutiendo.
Lo había intentado. De verdad que lo había intentado pero a veces… era sencillamente imposible… Sonrió a medias. ¿Qué cara pondría su madre si supiera que su marido había sido agente de la Orden en lugar del perfecto dentista como ella creía? Suspiró. Sólo lo lamentaba por Rebecca… después de todo, quizá tenía un punto de salvación… pero sólo una pequeña esperanza… muy pequeñita…
(flashback)
-¡Hermione! –la llamó Rebecca cerrando la puerta.
-¡¿Qué?! –preguntó enfadada la castaña. En cuanto vio que se trataba de su hermana suavizó el gesto-. Perdona Beca –le dijo sinceramente.
-Sólo quería despedirme de ti –contestó Rebecca sin atreverse a decir demasiado conociendo perfectamente el humor de su hermana mayor cuando se enfadaba.
-Tú no tienes que irte… -le aseguró Hermione-… puedes quedarte… es sólo que mamá consigue sacarme de mis casillas.
-¿Tanto te costaría Hermione? –preguntó con voz lastimera la pequeña de los Granger. Hermione la miró-. ¿Tanto te costaría ser un poco más como mamá quiere que seas? –le preguntó de nuevo-. ¿Qué tiene de malo trabajar en un buen hospital, vestir más femenina, ser más dulce, no mostrar tu mal genio, encontrar un marido médico y hacer feliz a tu madre mientras te quedas en casa cuidando de tus hijos?
Hermione la miró. ¿Realmente su hermana pensaba así? Negó suavemente con la cabeza. No lo entendía. Rebecca nunca iba a entenderla.
-Rebecca… no lo entiendes… nunca lo has entendido… -dijo Hermione con un suave suspiro -… ¿Para qué quiero casarme con un médico si yo soy médico?
-Pero Hermione…
-Algún día lo entenderás, Rebecca. Cuando dejes de jugar a ser la princesa de los cuentos y te des cuenta de que hay todo un mundo y que a veces, los príncipes son sapos –añadió medio divertida.
-¿Te refieres a Mark?
-Nadie va a hacerme daño Rebecca –contestó por toda respuesta-. Nadie. Puedo cuidar de mí misma, soy médico, tengo mi vida y puedo seguir teniéndola sin que nadie se inmiscuya en ella…Te quiero, cariño –le dijo sinceramente-. Nunca, pase lo que pase, nunca lo dudes… pero mamá a veces… -suspiró-… Intenta hablar con ella y que me entienda, ¿de acuerdo?
-No te prometo nada –contestó Rebecca sin comprometerse demasiado.
(fin flashback)
-¿Estás mejor? –preguntó la pelirroja de forma tentativa.
Hermione asintió.
-Siento mucho lo que ha pasado –se disculpó la médico-. A veces puede llegar a ser realmente…
-No te preocupes, no pasa nada… la familia no se elige… -Hermione resopló pero sonrió divertida por aquella comparación.
-No, supongo que no.
-¿Quién es Mark? –preguntó la pelirroja doblando a la izquierda y mirando por el retrovisor un par de veces.
-¿Dónde has oído ese nombre?
-Escuché a tu hermana preguntar por…
-Una historia muy larga con un final amargo –se limitó a decir la médico-. No tengo ganas de hablar de eso ahora…
-¿Una mala experiencia? –preguntó la pelirroja.
-Algo así –comentó Hermione sin dar demasiadas explicaciones.
Ginny comprendía cuando tenía que cambiar de tema y la parquedad de Hermione a la hora de hablar era el indicativo para que lo hiciera.
-¿Me vas a contar qué pasó entre Malfoy y tú?
Hermione giró la cabeza para mirar a la pelirroja tan rápido, que creyó que se iba a romper el cuello de lo fuerte que le crujieron las vértebras.
-No sé a qué te refieres.
-Ya, claro… por eso hace dos semanas que no os habláis.
-Bueno –se defendió ella-, tal vez no te hayas dado cuenta pero Malfoy no es precisamente la mejor persona para mantener una conversación civilizada.
-Ya, y tal vez tú no te hayas dado cuenta pero… -frunció el ceño-… no conozco esta zona… Ron y su maldita manía de cambiar de piso cada dos por tres por seguridad, te juro que a veces creo que está loco… -añadió.
-Yo sí, trabajé durante algunos meses en el centro de urgencias de aquella esquina –señaló-. ¿lo ves? –la pelirroja asintió-. Gira a la derecha y, si no me equivoco, luego llegaremos a una rotonda, la segunda salida y todo recto y estaremos cerca de la agencia –dijo mientras jugaba con el colgante en forma de fénix.
-Vale, ya la veo –contestó Ginny girando y viendo a lo lejos la rotonda que le había indicado Hermione-. Como iba diciendo… tal vez no te hayas dado cuenta pero soy bastante observadora así que ya puedes contarme qué ha pasado si no quieres que aplique contigo mis técnicas de interrogatorio.
Hermione la miró con el ceño fruncido.
-Tú sólo colaboras con ellos, no eres agente.
-Técnicamente sí lo soy –le contestó Ginny con una sonrisa bastante peligrosa-. ¿Quieres comprobarlo? –Hermione la miró enarcando una ceja el reconocer el tono burlón-. Oh, vamos Hermione… Si no es porque soy agente, cuéntamelo sólo porque se te ve que necesitas desahogarte –le pidió casi como si fuera una niña pequeña.
-Si le dices a alguien que esta conversación ha tenido lugar, lo negaré incluso aunque eso suponga cometer perjurio, ¿me entiendes? –Ginny apartó la mano del volante para levantarla haciendo una promesa muda con una sonrisa divertida en los ojos.
-¿Sabes que desde que estás con nosotros se te da muy bien eso de amenazar de forma sutil?
-Me besó –dijo simplemente ella ignorando la última pregunta de la pelirroja quien la miró esperando más información-. Draco me besó.
Hermione estaba segura de que si la pelirroja hubiera ido un poco más rápida habrían terminado teniendo un accidente por el volantazo que dio cuando se giró a mirarla con los ojos desorbitados.
-¡Los ojos en la carretera! –le gritó la médico.
Ginny obedeció y respiró.
-Explícame eso –pidió.
-Draco me besó –repitió Hermione y no pudo evitar que una sonrisa se escapara de sus labios-… y yo le correspondí.
-No puedo creerlo…
-Sólo fue un beso –se apresuró a decir Hermione-. Y no creo que fuera importante porque ha estado dos semanas sin decirme absolutament…
-Es así como actúa Draco cuando algo le importa de verdad –la interrumpió la pelirroja-. Se aleja de lo que le importa para protegerlo… Es una actitud estúpida pero… -se encogió de hombros indicándole que no había nada que hacer a ese respecto.
-Seguramente sólo quería probar algo –comentó Hermione sin darle demasiada importancia pese a saber que tenía importancia.
-Draco nunca besa a sus protegidas. Jamás –dijo Ginny firmemente-. Si lo ha hecho es porque…
-Déjalo Gin –le pidió Hermione antes de que la pelirroja dijera algo-. Estoy bien. Soy una mujer segura de sí misma y no es la primera vez que me besan –añadió.
-Pero sí la primera que te afecta tanto ¿me equivoco? –preguntó la pelirroja.
No. No se equivocaba en absoluto. Le había gustado que la besara y le había gustado besarle… Se sentía protegida cerca de él… quizá tuviera algo que ver con el hecho de la primera vez que lo vio… pero el caso es que se sentía segura junto a él… quizá el beso hubiese resultado tan espectacular y tan apasionado por ese motivo… Pero no estaba preparada para admitir que le había gustado; no estaba preparada para admitir que le gustaba nadie y no estaba preparada, definitivamente, para admitir que podría llegar a enamorarse de ese hombre… No, definitivamente, Hermione decidió que no quería seguir esa conversación y se cruzó de brazos esperando que ella entendiera la indirecta.
La chica sonrió a medias.
-Bien, como quieras, pero terminarás contándomelo… no sé por qué tengo la sensación de que el hecho de que no quieras saber nada de todo eso tiene algo que ver con ese tal Mark… -contestó Ginny ligeramente distraída mirando por el retrovisor.
-Ya que estamos por aquí, ¿puedes parar en el hospital? Podría recoger los análisis que le hice a Harry –dijo con aquella chispa en los ojos.
Ginny sonrió.
-Te resulta imposible mantenerte alejada del hospital ¿no?
Hermione le sonrió y se encogió de hombros.
La risa de Ginny aún sonaba cuando giró el volante siguiendo las instrucciones de Hermione.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Harry entró en el bar y se dirigió al camarero con una aparente tranquilidad que no sentía. Meterse allí era como si una oveja fuera a meterse al matadero y él lo sabía; aquel bar sólo era frecuentado por lo peor de Londres y entre esos "lo peor" él mismo les había metido en la cárcel un par de veces. Se sentó en un taburete y le hizo una señal al camarero que rodó los ojos.
-Potter –dijo con una ligera inclinación de cabeza.
-Conners, veo que te acuerdas de mí.
Era un hombre robusto, de espaldas anchas y ojos fijos y vivarachos; espeso bigote bajo una nariz roja e hinchada y una boca firme sobre una mandíbula prominente. El cabello siempre recogido en una coleta baja, atada en la nuca y cayendo hasta media espalda y la piel curtida por el sol y las peleas del bar. Llevaba sobre la camiseta negra y los pantalones vaqueros un delantal blanco y sobre el hombro un paño que seguramente utilizaba para limpiar los vasos y que explicaría por qué los vasos nunca estaban limpios.
-Estoy limpio –dijo el hombre.
Harry sonrió de medio lado.
-Por supuesto –contestó-, no he venido por ti.
El hombre miró a su alrededor, algunos habían dejado de beber y otros habían dejado de jugar para prestar atención a la joven figura del agente al que todos, en mayor o menor medida, conocían.
-¿Alguno de estos ha hecho algo? –preguntó señalando el bar en general.
-No que yo sepa –contestó de nuevo Harry.
-Entonces, ¿qué buscas en mi bar?
Harry sonrió y deslizó un billete sobre la mesa al alcance de Conners que lo tomó y miró al agente.
-Información –dijo simplemente.
-Veo que me entiendes –contestó Harry-, así que dime que has oído de Cho Chang últimamente –volvió a repetir Harry.
-Jefe, si te lo digo, soy hombre muerto.
-Y si no lo haces también –le sonrió de forma siniestra Harry-. ¿Qué sabes de ella?
-Poco –contestó de forma escueta. Harry le miró insistentemente y el hombre resopló-. Se habla que está a buen recaudo en una casa del este a nombre de Avery –dijo.
Harry frunció el ceño.
-¿Aleixandre Avery? –preguntó. El camarero asintió-. ¿Qué más?
-Nada –Harry le miró amenazante-. Ya te dije que era poco lo que sabía –se defendió el hombre.
-Tú no empiezas a hablar si no tienes nada que decir, así que venga, cuéntame lo que sepas o te cerraré este lugar antes de que puedas decir "la magia no existe"
Conners resopló. Sabía que Potter hablaba en serio.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
