Agradecimientos capítulo 8: unkatahe, RociRadcliffe, Iaanita, gloridhel, Krissalis Potter, Sami-Maraurder girl, chepita1990, beautibly92, harrymaniatica, pekelittrell, margara, mari, Nani, saisai jk, Belin03, Kiitah, oromalfoy, ZhirruUrie, Aliena, Iaanita Balder, kmylita, Terry Moon, Annkora, Arya.Black. Cullen, Alevivancov, hija de la noche, duchita, Amedelune

Agradecimientos capítulo 9: chepita1990, unkatahe, lauriska Malfoy, kmylita, hija de la noche, Iaanita Balder, Krissalis Potter, RociRadcliffe, kari-uchiyama, Kiitah, ZhirruUrie, mariapotter2002, beautifly92, pekelittrell, margara, Sami-Maraurder girl, Gloridhel, Alevivancov, Duciell (tú y tus super reviews, me encantan:D), Esme Black, Aliena, Dubhesigrid

Capítulo 10

-¡Se ha comido mis fresas! –protestó el rubio.

Blaise sonrió mientras lamía la cuchara con los restos de la leche condensada. En serio, le encantaba aquello… tendría que ir a comprar otro bote para que su pelirroja no se diera cuenta de que se había comido él solo más de medio bote de leche condensada… ¿existiría algún sitio de "adictos a la leche condensada anónimos" o algo así?

-Sólo son fresas –le contestó Blaise con naturalidad.

-¡Eran mis fresas! –repitió Draco enfadado sentándose de golpe en la silla frente a Blaise- ¿Qué? –preguntó al notar como su amigo lo miraba.

-¿Todo este jaleo por unas fresas? –meneó la cabeza-. No lo creo.

-¿Dónde está Nott? –preguntó el rubio decidiendo cambiar de tema después de fulminar con la mirada, sin demasiado éxito por cierto dado que él ya estaba acostumbrado a recibirlas, a Blaise.

-Está con Severus –se encogió de hombros-. No tengo ni idea –añadió al ver que el rubio abría la boca para decir algo más.

Peligroso. Definitivamente cuando Draco estaba enfadado podía resultar muy peligroso. De echo, Draco daba bastante más miedo que él, quien, siendo de piel negra, solía causar aún bastantes sustos a según qué personas a ciertas horas de la noche y de la madrugada si se lo encontraban por la calle. Pero Draco daba más miedo. Rubio, piel pálida, casi siempre vestido de negro y aquellos ojos grises de un color tan extraño y tan poco común que la gente lo miraba dos veces para asegurarse de que sus ojos eran de ese color.

Había visto a más de un hombre ponerse nervioso sólo por la presencia de Draco en un interrogatorio y sabía perfectamente que dentro de los muros de Azkaban conocían a Malfoy como el diablo de ojos grises por el mal genio que tenía cuando se enfadaba.

-Genial… -se pasó la mano por el cabello-. Maldito Severus… -masculló a continuación.

¿Maldiciendo a Severus? Aquello sí que debía ser grave. Apartó su atención de la leche condensada y miró a su amigo con cierta preocupación.

-¿Te ocurre algo?

-Severus ha tenido la estúpida idea de hablarme acerca de algo y ahora no puedo sacarme la conversación de la cabeza ni tampoco el motivo de la conversación –añadió con tono quejumbroso.

Blaise supo que no debía reírse si apreciaba su vida en algún sentido.

-¿Y ese motivo tiene nombre? –preguntó suspicaz Blaise.

-Tranquilo, no es pelirroja ni tiene un hermano que te matará en cuanto se entere de que te estás acostando con ella –el agua que Blaise estaba bebiendo en aquel momento salió de su boca mojando toda la mesa y haciendo sonreír a Draco. Adoraba cuando lograba sorprender a alguien-. ¿Qué? –preguntó- ¿En serio creías que no me había dado cuenta? Dame un poco de crédito, Zabinni –le dijo-. Puedo llegar a ser bastante observador…

-Ya… ¿cuándo dices que nos has visto?

-Hace un par de meses… deberías cerrar la puerta de tu despacho cuando estéis besándoos –le indicó-. A no ser que queráis que se entere toda la oficina, claro –añadió con condescendencia.

-Muy gracioso… ¿tú también besas a ese motivo que no es pelirroja? –le preguntó burlón.

-Ese es el motivo –le contestó Draco gruñendo. Blaise le miró y Draco resopló-. Besé a Granger, ella me devolvió el beso y no me he sentido así en toda mi maldita vida, pero es mi protegida y tengo que decirle que todo fue un error. Fin de la conversación.

Blaise no tuvo tiempo de contestar porque la puerta del apartamento se abrió y las dos mujeres entraron entre ocasionales carcajadas e hipidos divertidos. Blaise miró a Ginny que parecía estar cubierta de algo muy similar a ¿batido de chocolate?

Draco enarcó una ceja.

-¿Qué os ha pasado? –preguntó Blaise riendo suavemente.

-Nada –contestó Ginny sin perder la sonrisa-. Ponme el bolso en el perchero por favor Hermione.

-Claro –aceptó la castaña tomando el bolso de ella y el suyo propio sin dejar de reír-. ¿Y has visto la cara de…

-No, lo mejor ha sido cuando Peterson se ha caído con el batido y…

-Te prometo que no me había reído tanto desde hacía años...

Blaise y Draco se miraron. ¿Peterson? Fue Blaise quien hizo la pregunta en voz alta.

-¿Quién diablos es Peterson? –le preguntó a Ginny-. ¿Y por qué parece que te hayas revolcado en batido de chocolate?

-Porque es lo que parece cuando te has revolcado en batido de chocolate –dijeron las dos mujeres como si fuera más que evidente y obvio aquello.

-¿Cómo?

-Entramos en una cafetería a tomar un refresco, Ginny resbaló y cayó –dijo Hermione con una sonrisa mientras se acercaba a la cocina y tomaba un vaso que llenó de agua bien fría del grifo.

-Con tan mala suerte que caí sobre alguien que entraba detrás de nosotras.

-Dos chicos –concretó Hermione disfrutando de la cara de Blaise al escuchar aquello.

-¿Y eso qué tiene que ver con que estés cubierta de chocolate? –preguntó Blaise con el ceño fruncido que no acababa de entender nada.

-Pues que alcé la mano para sujetar lo primero que pude y resultó ser una bandeja de una de las mesas que se cayó sobre los dos, sobre Jhon y sobre mí.

-Deja que adivine, había un batido de chocolate en la bandeja –dijo Draco que parecía encontrar la situación ligeramente más divertida que lo que la encontraba su amigo.

-Premio –contestó la pelirroja-. Así que terminamos los dos cubiertos de batido.

-Lo divertido de verdad fue cuando Robert quiso ayudarte –convino Hermione con una sonrisa que, a ojos de Draco, la hacía ver realmente apetecible y besable-. Casi termina él también achocolatado.

-Pero tú le salvaste – contestó la pelirroja con cierto tono burlón.

Los ojos de Draco pasaron de estar ligeramente divertidos a parecer fríos mientras miraba a Hermione. La mujer enarcó una ceja preguntándole en silencio desde cuándo ella tenía que darle explicaciones de nada.

-Y en agradecimiento te dio su número.

-No pienso llamarle –apuntó Hermione que se sintió turbada por la mirada de Draco.

-¿Por qué no? –la pelirroja frunció la nariz de forma graciosa.

-Sí, ¿por qué no? –preguntó Draco demasiado inocente para ser verdad- ¿Y por qué habéis ido allí? Se supone que teníais que venir de regreso aquí inmediatamente después de salir de casa de Ronald ¿no?

Blaise sabía cuando su amigo estaba a punto de estallar y sabía que cuando pasara eso sería mejor permanecer alejado de él. Decidió llevarse a la pelirroja también de la línea de fuego.

-Vamos, necesitas una ducha –le dijo tomándola del brazo de forma suave y gentil-. Odio el chocolate… -le susurró cuando la tuvo lo suficientemente cerca.

-Draco, estábamos en el hospital recogiendo los análisis de Harry –contestó Gin-. Iba a llamarte pero vi los dos sabuesos que nos escoltaban fielmente –frunció el ceño-. Por cierto, son demasiado evidentes y respecto a ti –miró a Blaise con una sonrisa-, seguro que puedo hacer algo para hacerte cambiar de opinión respecto al chocolate –añadió con un guiño pícaro que sólo Hermione alcanzó a ver.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Apenas se había sentado cuando escuchó la puerta abrirse de nuevo. Remus y Sirius venían en silencio, el primero preocupado, el segundo apesadumbrado y eso era algo bastante difícil de ver en Sirius.

-¿Estás bien, padrino?

-Sí, solo… cansado… -articuló de forma cansada-… voy a dormir un poco.

-¿Sir… -iba a volver a llamarle, pero Remus le indicó que lo dejara tranquilo. Frunció el ceño pero asintió-. Que descanses –consiguió decir.

Sirius le hizo un gesto con la mano de despedida. Harry se giró hacia Remus y le pidió una explicación en silencio.

-Le acaban de dar la noticia –Harry le miró-. Lo he encontrado en su despacho mirando la fotografía de cuando era pequeño y estaba con Regulus.

-Joder… -masculló Harry-. Iba a decírselo mañana… no quería que se enterase por otro… ¿quién se lo ha dicho? –preguntó señalando con la cabeza las escaleras por las que Sirius había desaparecido simulando estar bien pero sin engañar a ninguno de los dos.

-Rokett –informó Remus-. ¿Sabes algo?

-Coma indefinido. Si no despierta para morir, lo hará para pasar una cadena perpetua en Azkaban –contestó Harry-. ¿También sabe eso? –Remus asintió-. ¿Y no se ha emborrachado? –preguntó.

Remus sonrió y se sentó al lado de Harry.

-Me prometió que no lo haría hasta el fin de semana –contestó. Miró el reloj-… Y aún faltan… quince minutos –Harry rió.

-Voy a matar a Rokett –informó el más joven-. Se la tiene jurada a Sirius desde hace más de ocho años y aprovecha cualquier oportunidad para putearle –Remus asintió; Harry tenía razón-. Seguro que no ha perdido tiempo en ir a decírselo…

-No te exaltes demasiado… cuando termine de hablar con él se le habrán quitado las ganas de ir contando las noticias de los informes confidenciales –Harry asintió a medias y se llevó una mano a la cabeza. Remus le miró preocupado al ver que Harry cerraba los ojos y se quitaba las gafas con un suspiro de alivio-. ¿Estás bien?

-Sí, sólo… me duele la cabeza… -contestó él-… supongo que son los efectos secundarios de la maldita droga… -se resignó.

-¿Y tú de donde vienes? –preguntó entonces Remus viendo que el joven agente aún llevaba los zapatos y no se había quitado la chaqueta de cuero, regalo de Sirius por su último cumpleaños.

-Conners –se limitó a decir Harry. Remus le miró-. Y ahórrate el sermón, ¿de acuerdo? No tendría que haber ido solo, tendría que haber llamado a alguien, al menos a ti, es un sitio peligroso, podría no haber salido de allí, etcétera, etcétera, etcétera… -dijo con un movimiento de la mano.

-Vaya, no sabía que fuera tan bueno con los sermones –se felicitó irónicamente Remus haciéndole reír-. ¿Qué querías de Conners? –preguntó ahorrándose el decirle que aquel era un bar peligroso si no sabía con quién y cómo debía tratar.

-Información –abrió los ojos y por unos instantes Remus creyó estar delante de los ojos de Lily, tan brillantes como puros y decididos-. ¿Es de fiar?

-Es una de mis fuentes principales –reconoció Remus- ¿Está en algún lío?

-No que yo sepa –contestó Harry-. ¿Qué interés tienes tú en eso?

-Me ha sacado de algún que otro lío en alguna ocasión –se encogió de hombros-. Puedes fiarte de lo que te ha dicho.

Harry se puso las gafas.

-¿Conoces a Aleixandre Avery?

Remus enarcó una ceja. Harry sonrió. Aquello significa que sí le conocía.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-Te dije que hablaríamos de esto más tarde –le recordó él con una sonrisa invitándola a que se sentara. Hermione negó con la cabeza-. ¿Tienes miedo de sentarte a mi lado? No muerdo, ¿sabes?

-Prefiero no arriesgarme, además, hay muchos animales que no necesitan morder para matar a sus presas –le dijo ella sarcástica-. Me lo has demostrado durante estas dos semanas.

Draco sonrió a medias sabiendo que tenía razón y él también se levantó para mirarla, satisfecho de que Hermione retrocediera un par de pasos al encontrarse frente a su imponente estatura.

-No sabes lo difícil que es par mí, Granger, así que no te atrevas a juzgarm…

-¡Y para mí también lo es, maldita sea! –le gritó ella entonces. Draco enarcó una ceja pero no dijo nada para acallar su grito de protesta-¡No es nada fácil tener que reconocer que me gustó ese maldito beso! –continuó gritando-. ¡No puedo sentir nada por nadie, no quiero sentir nada por nadie y todo me iba bien! –añadió mirándolo como si fuera el culpable de todo, incluyendo el calentamiento global-. ¡Hasta que tú me besaste, Malfoy!

Estalló. Draco la miró. Hermione Granger había estallado. Y era algo normal, completamente normal. No había estallado cuando habían matado a Amanda, tampoco cuando habían intentado matarla, tampoco cuando él la había besado y tratado de aquella forma tan indiferente… Había mantenido la calma en todo momento, la cabeza fría aunque seguramente por dentro había estado tan caliente como un volcán en erupción. Hasta aquel momento. Ahora era cuando había estallado de verdad.

-Yo tampoco puedo permitirme el sentir nada por nadie –le contestó él frío mirándola con las manos en los bolsillos. -Fue un error –dijo simplemente él-. Un error que no volverá a ocurrir.

Hermione le miró confundida y parpadeó un par de veces. ¿Es que ese hombre no la había escuchado gritar? O quizá era sólo que disfrutaba descolocándola de aquella forma… sí, seguramente era eso… Estaba loco. Frunció el ceño, quizá debería hablar con algún psicólogo, hablaría con Neville, seguro que él conocía a alguno que pudiera curar a Malfoy de lo que fuera que tuviera en ese arrogante cabeza.

-¿No estás de acuerdo? –insistió él. Hermione le miró-. Ese beso fue un error.

Un error. Eso era ella para él. Solamente un error. Nada más que aquello. Sonrió de forma amarga. Por supuesto que aquel beso sólo había sido un error. No podía haber sido nada más. ¿En qué maldito momento había pensado que el calor que la había inundado cuando él la había besado, podría significar algo? No. Ella era el error, no aquel beso… como tampoco había sido un error su relación con Mark, el error en la relación había sido ella… Sacudió la cabeza para apartar de la cabeza aquellos pensamientos que juró no volver a tener y miró a Draco Malfoy de forma diferente.

Él lo notó. Vacía. Era como si de repente, ella estuviera vacía.

-Claro… un error… -dijo ella al ver que Malfoy la miraba como si estuviera esperando una respuesta-. ¿Qué más podría ser? Por un momento pensé que…

-¿Pensaste qué, Granger?

-Nada, olvídalo Malfoy. No pensé nada… -le contestó ella fría-. Ese es mi problema, que siempre cometo errores y siempre termino pagando por ellos…

Había algo en su voz, en su tono, en sus ojos que hicieron que Malfoy le prestara atención. Algo debía de haberle hecho mucho daño para que hablara con tanto cinismo. Resultaba curioso. Él también hablaba de aquel modo.

-Granger… -empezó a decir él.

Pero Hermione levantó una mano.

-No, tienes razón Malfoy, un error… mi vida está llena de errores y nunca aprendo… -le sonrió con suavidad y tristeza y lo que él pudo apreciar como amargura-. Y ahora si me disculpas, tengo que vestirme para salir a cenar.

-¿Vas a llamar a ese tipo del batido de chocolate?

Ni siquiera fue consciente de lo que había dicho hasta que lo dijo. Hermione le miró. Draco la miró y ella negó suavemente.

-¿Qué más te da a ti? Acabas de decir que ese beso fue un error… Y aunque no te interese lo más mínimo, esta noche salgo con Ron, así que no te preocupes, estaré protegida –dijo con ironía remarcando la última palabra enmarcándola con falsas comillas hechas con sus propios dedos-. No quiero ser la culpable de tus errores Malfoy. Estoy cansada de serlo siempre. Buenas noches.

Draco frunció el ceño. ¿Cómo diablos lo hacía Granger para dejarle siempre con la palabra en la boca y hacerle sentir al mismo tiempo que era un idiota? Aún refunfuñando, tomó su chaqueta colocándosela para ocultar su arma y salió del apartamento. Necesitaba hablar con alguien o terminaría volviéndose loco.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Dejó en la sala de estar a Harry y Remus que estaban vestidos completamente para hacer una pequeña excursión nocturna. Levantó una ceja en dirección al joven agente y a su pareja y éste sólo la besó suavemente en la mejilla indicándole que Sirius estaba arriba.

-¿Se puede saber dónde vais?

-De paseo –dijo Harry sarcástico mientras se aseguraba que su arma estuviese con el seguro antes de meterla en el pantalón y la sujetara allí ocultándola con la camisa.

-¿De paseo? –preguntó Tonks

Remus aseguró su propia arma además de otra más que guardó en el tobillo sujeta con una cinta elástica.

-De paseo –corroboró el hombre.

-Entiendo… ¿necesitáis que vaya con vosotros?

-Hemos avisado a Blaise y Nott –dijo Remus entonces.

-Además –añadió Harry al ver que ella abría la boca para, seguramente protestar-, Sirius te necesita más –contestó Harry-. Que no se entere que nos hemos marchado si no es del todo necesario, ¿de acuerdo? –ella asintió.

-¿Puedo al menos saber dónde vais de paseo? –preguntó mordaz.

-A buscar a alguien –contestó Harry. Se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla-. Cuida de Sirius y no dejes que beba demasiado.

Mientras Harry desaparecía por la puerta, Remus la besó en los labios de forma dulce y suave y ella le acarició la mejilla cuando se separaron, la puerta aún abierta, pero sin Harry que había decidido darles algo de privacidad.

-Ten cuidado –le pidió Tonks.

-Lo tendré. Te quiero –la besó fugazmente y salió por la puerta, alcanzando a escuchar un suave "yo también" por parte de ella.

Subió las escaleras y se detuvo frente a la puerta a la que llamó, esperando pacientemente a que Sirius dijera un leve "pasa" con voz rasposa.

No podía decir que se hubiese sorprendido al ver entrar a su sobrina Nynphadora a la habitación y pese a la sombra de humor negro que le cubría, consiguió sonreír, levemente, pero una sonrisa después de todo cuando ella se tropezó con el perchero tirando parte de la ropa que había allí.

-Sigo sin entender cómo eres tan buena camuflándote cuando es más que evidente que sigues siendo tan torpe como cuando eras pequeña –se burló él dejándose caer en la cama y cubriéndose los ojos con el brazo mientras suspiraba pesadamente sin perder la sonrisa.

-¿Aún te acuerdas de eso?

-Claro que lo recuerdo –se hizo a un lado de la cama cuando notó el crujir del colchón cuando ella se hubo sentado-. Eran buenos tiempos ¿verdad?

La pequeña mano de ella se deslizó hasta el pecho de Sirius, descubierto por la camisa desabrochada, y se mantuvo allí quieta, abrazándole.

Podían estar de aquel modo durante horas enteras, en silencio, sin decir nada, sin moverse, sin hablar, sin comer… sólo estando el uno junto al otro. Cualquiera podría juzgar que eran una pareja que mantenían una relación sentimental… y cualquiera que afirmara eso estaría completamente equivocado. Lejos de ser familia, Sirius y Tonks nunca podrían estar juntos porque eran tan iguales y parecidos que les resultaba imposible pensar en eso.

Pero eran amigos. Eran muy buenos amigos, los mejores que existían. Se cuidaban mutuamente desde que tenían uso de razón; Sirius siempre había representado el papel de hermano mayor, protector y celoso que no dejaba que nadie hiciera daño a Tonks y ella… bueno… ella solía ser la parte sensata de Sirius, aunque a veces no lo pareciera.

-¿Te ha llamado Remus?

-Ya le conoces, temía que le hicieras ir de bar en bar buscando consuelo en el fondo de una botella sin que alguien intentase primero razonar contigo –contestó ella divertida.

El silencio se apoderó de la amplia habitación. Decorada en tonos sobrios, con muebles en tonos oscuros y colores elegantes y discretos, aquella habitación representaba lo que Sirius era… un hombre que había aprendido a madurar a base de no tener más remedio que hacerlo, pero la fotografía de aquella gran moto colgada tras la puerta, indicaba que incluso el hombre más maduro, tenía derecho a querer sentirse niño otra vez de vez en cuando.

-No tienes la culpa, Sirius –le dijo ella entonces.

-¿No la tengo? –preguntó él-. Entonces, ¿por qué siento como si la tuviera? Es mi hermano pequeño, se supone que debería de haber podido hacer alo por él antes de que se convirtiera en lo que se convirtió…

-Sirius… nunca pudiste hacer nada por él. ¿No lo ves? Regulus y tú siempre fuisteis diferentes, muy diferentes, era como si pertenecierais a dos mundos completamente distintos. Él eligió su camino y tú el tuyo… -sonrió-. Y ambos siempre fuisteis igual de tercos y cabezotas –añadió.

-No sé si rezar para que despierte o para que muera –confesó Sirius-. Quiero que muera para poder estar en paz… pero quiero que viva para que pague por todo lo que ha hecho…

-Entonces sólo reza –le sugirió ella con una media sonrisa-. Yo lo haré por ti –añadió.

El brazo de Sirius la rodeó por los hombros y la mujer, se descalzó y subió los pies del todo a la cama, acomodándose junto a su tío, junto a su amigo.

-Gracias… -susurró Sirius.

-No tienes que darlas…

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

No se esperaba que fuera ella cuando cogió el teléfono de la habitación. Hacía veinte minutos que Nott le había dejado solo después de recibir una llamada de Potter y no le había dicho qué iban a hacer. Theo se había limitado a encogerse de hombros y a mirarle con cierta diversión mientras lo hacía, así que Severus únicamente había podido rodar los ojos y decirle un simple "cuidado con lo que hacéis que luego tengo que cuadrar los números en los informes"

Luego había sonado el teléfono de la habitación y esperando que fuera Draco para decirle que se estaba portando como un idiota y que él tenía razón y que no iba a cometer un error simplemente por no dejar de pensar en lo que había ocurrido en el pasado, lo había tomado. Pero definitivamente no se esperaba que fuera ella.

-¿Estás bien?

Una pregunta. Una única pregunta. Sencilla y fácil de contestar. Pero no cuando quién te la hacía era tu enemigo.

-Sí, la bala no me ha rozado ningún órgano interno, saldré mañana si a estos estúpidos matasanos quieren –gruñó.

Escuchó la risita de Narcisa Black al otro lado del hilo telefónico.

-Sí, ya veo que estás bien –dijo simplemente.

Severus suspiró.

-¿Por qué has llamado Narcisa?

-Esta preocupada –contestó ella rápidamente.

Severus sonrió. No era agente de la unidad especial por su atractivo ni su don de gentes, precisamente.

-De acuerdo, estabas preocupada. Ahora, ¿por qué has llamado realmente?

Casi podía jurar que veía a Narcisa jugueteando con el cable del teléfono enredándolo en sus dedos mientras buscaba una respuesta que no tardó en llegar.

-Era Bella –dijo Narcisa ignorando la pregunta de él. Al otro lado del teléfono se hizo el silencio ligeramente-. ¿Severus?

-Sigo aquí, ¿tu hermana está bien?

-No sabía que te preocupara Bella –contestó Narcisa sonriendo ligeramente.

-Y no me preocupa. Bellatrix y yo nunca fuimos agradables el uno con el otro, pero tú la quieres, es tu hermana, es normal que la quieras –añadió rápidamente antes de que ella abriera la boca para contestar-. Me preocupo por ti.

-Está bien. Tu cuchillo hirió al otro –dijo absteniéndose de dar nombres-. Ella está bien… dentro de lo que cabe…

-Cisa… -suspiró cansado-… ¿en qué diablos estáis metidos ahora?

-Regulus ya os lo debe haber contado –contestó ella.

-Regulus está ahora mismo tres plantas por encima de la mía, en coma, y no saben si sobrevivirá –le respondió él sereno.

Narcisa no contestó. No sabía qué contestar. Después de todo, Regulus era su primo.

-¿Vas a decirme por qué has llamado? –preguntó él pacientemente.

Narcisa sonrió a su pesar. Era una de las pocas personas con las que Severus Snape nunca perdía la paciencia, algo bastante fácil de lograr, por cierto.

-Lucius está dentro –le dijo casi en un susurro.

Severus notó la preocupación en la voz de quien una vez fue su amiga y la mujer a la que había amado en silencio siempre.

-¿Estás bien? –ella asintió y rápidamente se dio cuenta de que no podía verla por teléfono, él interpretó el silencio como una negativa-. Cisa, puedes salir de ahí… yo podría…

-No puedo dejar a mi hermana sola –contestó Narcisa.

-Pero tú no eres como ellos –insistió Severus.

-No puedo abandonar a Bella… no ahora… -repitió la mujer al otro lado del teléfono. "no ahora que puede morir en cualquier momento" añadió en su mente para sí misma.

La desesperación estaba en el sonido de la mujer y Severus se instó a sí mismo a calmarse antes de ponerse a maldecir a diestro y siniestro y a lanzar juramentos que hubieran logrado sonrojar al borracho más sincero.

-Cisa… Podría hacer que Bella…

-No –su risa sonó apagada-. No podrías hacerlo. Ella le ama… -dijo simplemente-. No le abandonará porque su hermana pequeña se lo pida… -apoyó su frente en la pared y suspiró cansada-. Y yo no puedo abandonarla a ella.

-Lamento no haber insistido más cuando debí hacerlo… -se disculpó él a medias.

Desde el otro lado, Narcisa rió suavemente, de forma cristalina. Ella también lo lamentaba.

-¿Cómo está…

-Bien. Es orgulloso, inteligente, astuto y posee tu atractivo con el sexo opuesto –añadió sarcásticamente la última parte –la escuchó reír-. Está bien.

-Nunca podré agradecértelo lo suficiente Severus –aseguró ella.

-Cisa… por favor…

Nunca rogaba. Jamás. Pero por ella sería capaz de ir al mismo infierno, congelarlo y volver, si con eso lograba hacerla feliz.

-Tengo que colgar, viene alguien –dijo ella rápidamente interrumpiéndole-. Deberíais dar una vuelta el próximo viernes por la antigua fábrica de planchas de metal, a las afueras de Londres –dijo simplemente-. Cuídate Severus y cuídale.

-Tú tam…. –no le dio tiempo a terminar la frase cuando escuchó como la comunicación se cortaba-… tú también… -repitió esta vez completamente y con un suspiro mientras colgaba el teléfono.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Sonrió cuando llegó al cementerio y lo encontró cerrado. ¿Quién en su sano juicio iría al cementerio a esas horas? Se encogió de hombros. Él no estaba muy cuerdo últimamente, así que, ¿qué más daba?

Movió la verja negra una vez más escuchando como tintineaba. Apoyó el pie en la parte de abajo y se impulsó hacia arriba hasta que pasó una pierna por encima de la verja vigilando con no rozarse; los pantalones que llevaba eran Armani y un Malfoy, ante todo, vigilaba siempre su apariencia.

Se paseó a sus anchas por el camino asfaltado del lugar respirando el aroma de los cipreses, alargados, fríos, inertes… como su humor. Las sombras que proyectaban sobre tumbas y lápidas era fantasmagórica pero al agente de policía parecía no importarle demasiado. Caminaba despreocupadamente, con pasos seguros mientras sus ojos grises miraban en todas direcciones, no por miedo, sino por la costumbre de estar constantemente vigilando todo lo que ocurría a su alrededor.

Hacía tiempo que no iba por allí, pero aún recordaba el camino hasta la lápida de ella. Iba a veces, cuando necesitaba hablar con alguien y no quería que nadie le contestara. Sonrió mientras giraba a la izquierda dejando atrás una pequeña fuente negra. Seguro que si ella siguiera viva no dejaría de contestarle… Sonrió esta vez más resignado. La echaba de menos. Terriblemente.

Tres pasillos a la izquierda y contando el cuarto pasillo a la derecha llegó hasta la lápida en el suelo. Fría, como frío estaría el cuerpo de ella. Se acuclilló en la hierba, esta vez, sin importarle demasiado el traje, se ajustó la chaqueta que llevaba para colocar bien el arma que llevaba en la cintura del pantalón y junto sus manos mientras sonreía con cierta condescendencia.

-Hola… hacía mucho que no venía a verte… lo siento. Sé que no es excusa, pero he estado algo liado… ya sabes, persiguiendo a mafiosos, rescatando a niños… lo de siempre. Lo siento. Nunca te gustaron las excusas. Nunca te pedí perdón… -sonrió-… no sé por qué necesito hacerlo ahora… supongo que porque creo que… -evitaba decir la verdad incluso frente a una tumba-… es Granger. Me está volviendo loco… yo no sé… no sé que… -suspiró-. Lo lamento… -sonrió mientras hacía acopio de toda su fuerza de voluntad para que lo ojos que en aquel momento le ardían, no dejaran caer ni una sola lágrima-… lo lamento mucho… No pude salvarte… No pude hacer nada para salvarte… Es curioso que precisamente el que te quisiera tanto fuera lo que hizo que murieses…

Lo recordaba. Lo recordaba todo como si hubiera pasado el día anterior. Pansy Parkinson, amiga del orfanato, había aparecido un día en el programa de protección de testigos; había sido testigo de un asesinato por parte de un alto capo de la mafia rusa y en aquellos momentos iban a por ella. La reconoció en el mismo momento en que la vio entrar por la puerta. Había cambiado. Estaba más adulta, más mujer, pero seguía conservando aquella inocencia en sus ojos y aquella sonrisa que hacía que su rostro se viera iluminado.

Lo que había empezado con él protegiéndola terminó como una de aquellas películas que a Pansy tanto le gustaba ver… se enamoraron, iban a casarse; tenían planes de futuro, planes que incluían boda, niños, perros, y un viaje de luna de miel a Grecia… Pero algo salió mal. Una filtración.

Aquella noche de verano ella no regresó del trabajo y en su lugar, una llamada telefónica. Estaba asustada cuando le dijo que la estaban reteniendo. No avisó a nadie. No llamó siquiera a Severus. Salió disparado con el coche y sólo Dios puede saber aún ahora, como es que no se mató a aquella velocidad por las carreteras de la ciudad.

Cerró los ojos como si de aquel modo pudiera revivir aquella noche con mayor exactitud… o quizá como si de aquella forma pudiera intentar borrarla de su cabeza.

(flashback)

-Baja el arma o ella morirá.

-¡Suéltala! –el arma tembló entre sus manos. Por primera vez en su vida, tembló ante la idea de perder a alguien, de perderla a ella-¡Esto es entre tú y yo, suéltala!

-¿Crees que soy estúpido? Baja el arma o ella morirá –ajustó la pistola a la altura de la sien de ella y Draco percibió en los ojos negros de ella la desesperación.

-Draco…

-Tranquila Pansy… todo estará bien… -intentó calmarla Draco pese a que estaba más seguro de que se intentaba tranquilizar a sí mismo más que a ella-. No seas idiota… si la matas, todo terminará…

-¡Baja el arma, joder!

Primera regla de todo agente: no bajar nunca el arma hasta que el sospechoso lo haga. Primera regla de todo hombre enamorado: no arriesgar nunca la vida de quien amas.

-De acuerdo… tranquilo… -dijo suavemente mientras le mostraba el arma-… la dejaré en el suelo… pero suéltala…

-¡Suelta la maldita pistola!

Draco obedeció. Fue todo demasiado rápido. El sospechoso le sonrió. Le sonrió con arrogancia. En el momento en que le vio sonreír, supo que jamás podría borrar esa sonrisa, tan fría, tan muerta, tan superficial… como aquel que se sabe ganador incluso ante de que se acabe una partida de póquer.

El disparo resonó por la pista de aterrizaje del aeropuerto. Pansy ni siquiera tuvo tiempo de gritar. Sólo gimió en medio de aquella calurosa noche de verano.

-¡NOOO!

Demasiado tarde. El cuerpo de Pansy cayó inerte sobre el duro cemento de la pista de aterrizaje. Sus brazos quedaron sin vida y sus largas piernas enfundadas en unos vaqueros perdieron las fuerzas. Su rostro se volvió inexpresivo y sus ojos se agrandaron mientras lo que parecía ser una sonrisa que sólo se quedó en una mueca grotesca aparecía en su rostro mirándole.

No lo pensó. Descargó el cargador de la pistola sobre el hombre que había empezado a correr. No le importó dispararle por la espalda. No le importó no darle el alto. No le importó nada. Sólo cuando se dio cuenta de que aún apretando el gatillo no se oía ningún otro disparo, dejó caer el arma y corrió junto al cadáver de ella. Ni siquiera fue consciente de que se arañó con algo de metal que traspasó la tela de lo pantalones rasgándole la piel.

Acogió el cuerpo inerte de ella durante mucho tiempo, rodeándola con los brazos y acurrucándola en su regazo como si de aquella forma, mientras le decía palabras suaves y dulces, ella pudiera volver a la vida pese a que sabía la verdad… Pansy Parkinson había muerto y había sido por su culpa.

(fin flashback)

Ella había muerto porque él no pudo protegerla. Porque él no pudo salvarla… Estaba tan enamorado de ella que cuando le pidieron que bajara el arma lo hizo en un intento de ingenuidad de pensar que ella se salvaría.

Pansy había muerto por su culpa y él jamás pudo perdonarse ese maldito error. Desde entonces era frío e implacable. Había alzado una muralla de hielo a su alrededor para que nada lo pudiese herir de nuevo… había sufrido dos veces, la primera cuando su padrino le dijo quienes eran sus padres, la segunda cuando Pansy había muerto. No podía permitirse el sentir nada por nadie por miedo no a sufrir de nuevo, sino por miedo a perder otra vez.

Pero Hermione… Sonrió sin darse cuenta. Hermione Granger… ni siquiera sabía cómo lo había hecho ni tan solo si había sido la intención de la mujer o no, pero el caso era que el muro de hielo estaba deshaciéndose.

El sencillo tono del teléfono lo hizo cogerlo al segundo toque.

-Malfoy –contestó-. Entiendo, voy para allá –miró la lápida una vez más con una sonrisa-. Vendré a verte de nuevo Pansy, te lo prometo.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

La noche era su mejor aliada. Era algo que había aprendido de los que le habían enseñado y era algo que jamás había olvidado. Le gustaba la noche. Le gustaba moverse por los sitios sin estar pendiente de quién podía verle y quien no; le gustaba poder caminar en silencio y ver cosas que los demás no veían; por la noche todo parecía diferente, todo cambiaba, todo se veía de forma distinta y nadie era consciente de ello. Le gustaba.

Incluso si era para entrar en una casa sin permiso sabiendo que se exponía no solo a terminar en Azkaban y que le considerasen un vulgar ladrón, sino sabiendo también que pondría en peligro a toda la unidad. Sonrió. Pero eran los mejores. Lo sabía. Y estaba orgulloso de ello además de confiado.

Miró a su derecha y Remus le devolvió la mirada con aire crítico mientras evaluaba el perímetro de la casa de Aleixandre Avery, conocido en el mundo de las drogas y que estaba en aquellos momentos y si Harry no se equivocaba, detenido nuevamente, un favor que más tarde tendría que agradecer a alguien.

-¿Estás seguro de esto, Harry? –preguntó Remus.

-Sé que está ahí dentro –evadió la respuesta el moreno.

-Harry… deberíamos…-empezó a decir Blaise.

-Oíste a Hermione –le dijo a Blaise-, y leíste los resultados de los análisis… Quiero saber qué hace exactamente esa droga y no creo que Regulus vaya a decirnos nada más –miró hacia la casa de nuevo-. Quiero a Cho entre rejas.

Un crujido de hojas hizo que los tres hombres se giraran hacia allí apuntando con sus armas listas para disparar. El pelirrojo apareció enfundado en pantalones y camiseta negra además de una gorra para no dejar que el color rojizo de su cabello destacara ante algún posible foco de luz. Harry, Remus, Blaise y Nott bajaron sus armas.

-¿Qué me he perdido?-preguntó el pelirrojo.

-¿Tú no tendrías que estar en una cena con Hermione? –preguntó Harry enarcando una ceja.

-¿Y dejarte aquí solo? –preguntó del mismo modo Ron-. ¿Qué clase de amigo sería si hiciera eso? Le dije a Malfoy que pasara a por ella.

-¿Quieres que se maten o algo así? –indagó Nott con una sonrisa.

-¿Habéis dejado a Ginny sola? –preguntó Blaise frunciendo el ceño.

-Estará bien, tengo a un par de agentes cerca del apartamento –aseguró Remus-. ¿Creías que iba a dejarla en peligro mientras nosotros estamos aquí?

-Snape va a odiar perderse esto –señaló Ron entonces.

-Cierto, me dijo que no destrocemos nada demasiado grande –se encogió de hombros Nott.

-Bien, lo intentaremos –sonrió Harry a medias-. ¿Listos?

-Listo.

-Preparado.

-Dispuesto.

-Vamos allá.

-Cuando quieras.

Harry suspiró profundamente.

-No lo olvidéis, tened cuidado, no sabemos quién hay dentro y no quiero ninguna baja ¿entendido? Por hoy ya he ido bastante al hospital… -todo asintieron.

-¿Dónde está Sirius?

-Le hemos dejado con Tonks, por supuesto creo que sobra decir que no debe saber que hemos hecho esto sin él, ¿verdad? –preguntó Harry mirando a todos y cada uno de los presentes.

-¿No hemos hecho qué? –fingió Blaise. Nott sonrió a medias-. Bien, ¿media hora?

Remus asintió.

-En media hora aquí –corroboró Harry mientras veía como Ron ajustaba su reloj y revisaba su arma-. Toma –le ofreció la suya propia-. Yo tengo otra y tú no puedes entrar ahí con tu arma reglamentaria –añadió al ver que el pelirrojo abría la boca.

-Lo siento, pero tenía pensado ir a cenar, no a asaltar la casa de Avery.

-Bien, allá vamos. Dispersaos.

Y con esa simple orden, los presente desaparecieron entre las sombras de la noche. Harry miró a Remus y asintió

-Ten cuidado –le aconsejó Remus-. Si además de decirle a Sirius que no le hemos dicho nada tengo que decirle que te ha pasado algo, creo que no viviré suficiente para casarme con Tonks.

Harry le sonrió.

-Tú también –le dijo simplemente-. Nos vemos en media hora.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Por alguna razón, hizo una mueca cuando entró en el pequeño restaurante italiano y vio a Hermione sentada en una de las mesas. Preciosa. Estaba preciosa. ¿Por qué diablos tenía que estar preciosa? Era increíble como esa mujer podía estar preciosa en bata de estar por casa, con la bata de médico y con aquel vestido negro que llevaba en aquellos momentos. ¿Por qué diablos tenía que haberle dicho a Weasley que él se encargaba? Era un error. Y estaba seguro de que se iba a arrepentir.

Suspiró y se pasó la mano por el cabello rubio para asegurarse de que todo estaba en perfecto estado, haciéndole un gesto de negación al camarero que se acercó para preguntarle si podía ayudarle en algo. Caminó entre las mesas consciente de las miradas que provocaba en las mujeres del lugar y cuando llegó a la mesa de la joven médico, ella, por fin, alzó la cabeza. Su gesto se contrajo y frunció su ceño.

-Bonito restaurante –la miró unos segundos.

-¿Malfoy? –preguntó ella-. ¿Qué estás…

-¿Puedo sentarme? –y antes de que respondiera nada, se sentó frente a la mujer que le miró como si estuviera decidiendo si era buena idea tirarle el vaso de agua por la cabeza o simplemente levantarse y dejarle allí plantado.

-No, no puedes sentarte –le contestó-. Estoy cenando con Ron.

Malfoy enarcó una ceja.

-¿Y dónde está Weasley?

-Ron ha ido un segundo a…

-No va a volver –dijo tomando la carta-. Le ha surgido una misión de última hora. Potter le necesitaba, así que he venido yo. Te sugiero que pruebes el pato asado con salsa de limón, está delicioso –añadió mientras miraba los platos-. Vaya, aún mantienen el cerdo con salsa de ostras… la última vez me produjo indigestión –confesó más para sí mismo mientras fruncía el ceño.

-¿Qué diablos estás haciendo tú aquí, Malfoy? –le preguntó entre indignada y gratamente sorprendida.

El agente enarcó una ceja rubia y la miró con sus ojos grises, burlones y frío al mismo tiempo.

-Cenar –contestó escuetamente-. Y ahora… ¿qué vas a pedir?

-No pienso pedir nada –contestó ella soltando la carta y cruzándose de brazos.

-No me digas que vuelves a estar a dieta –le dijo él consiguiendo que las mejillas de ella se sonrojaran completamente-. Porque la última vez que lo estuviste, según los informes que tenemos sobre eso tú no….

-¡Cállate! –le espetó ella haciendo que varias cabezas se giraran para mirarla. Se ruborizó y bajó el tono de voz -. Lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo, Malfoy –le dijo con los dientes apretados.

-Veamos, estoy contigo, tengo un arma y se supone que tengo que encargarme de que no te pase nada así que yo diría que lo que hagas sí es asunto mío, Granger –contestó él enfatizando el apellido de ella.

-No, no lo es… dejaste muy claro que solo fue un error –le contestó ella clavando su mirada en el plato vacío mientras tomaba una de aquella pequeñas y finitas barritas de pan que ponían en las mesas del restaurante como aperitivo.

Draco la miró mientras desmigajaba el pan sobre el plato, jugando con él, para no tener que mirarle. No era necesario que lo hiciera. Había notado el dolor en la voz de ella, no había culpa ni resentimiento, sólo dolor…

-Granger… -empezó a decir él.

-Se me ha quitado el apetito y esta cena era con Ron, así que no veo el sentido a seguir aquí –se levantó de la silla-, tomaré un taxi –anunció.

Cuando Hermione estaba recogiendo su abrigo del guardarropa del restaurante y buscaba una moneda para darle de propina a la jovencita de quince años que trabajaba allí, un billete se extendió por su lado. Draco la miró mientras le daba el billete a la joven muchacha al tiempo que tomaba el abrigo de ella. Hermione frunció el ceño y le quitó el abrigo de las manos. El agente rodó los ojos.

-Esto es ridículo Granger. Tienes que cenar de todas formas, ¿qué más da que cenes aquí conmigo o en cualquier otro lugar?

Pero Hermione había dejado de escucharle en el momento en que la puerta del restaurante se había abierto y la figura de aquel hombre había aparecido acompañado de una mujer. Alto, moreno y con la sonrisa perfecta, como recordaba. De unos cuarenta y tres años si no recordaba mal, vestía con traje de pantalón y chaqueta, gris, camisa negra y corbata azul clara. El cabello parecía haber obtenido un ligero tono grisáceo en algunos lugares pero eso lejos de hacerle parecer más envejecido, le daba un aire de atracción que él siempre había tenido. Inmediatamente se dio la vuelta, dándole la espalda, aún no estaba preparada para enfrentarse a él y dudaba que algún día lo estuviera. Suspiró mientras agarraba su diminuto bolso y respiraba entrecortadamente.

-Granger ¿estás escuchándome?

Draco vio como ella había mirado al hombre antes de darle la espalda y frunció el ceño. ¿Por qué de repente parecía querer esconderse? No le gustó aquella actitud.

-¿Granger? –preguntó él de nuevo.

La médico pareció responder a su llamada porque parpadeó ligeramente antes de mirarle.

-Llévame a casa por favor… -le pidió.

Y hubo algo en su voz, urgencia, dolor y lágrimas contenidas. Como si de alguna forma intentara esconderse de algo o de alguien repentinamente. Estuvo tentado a insistir un poco más pero no pudo hacerlo. Los grandes ojos de ella estaban… cansados… derrotados… La misma mirada que había tenido él durante muchos meses después de la muerte de Pansy. Había algo que la urgía a salir de allí. Asintió y le colocó el fino abrigo sobre los hombros.

-Vamos.

La guió hasta la entrada del restaurante donde extendió un billete al camarero que les había atendido y después de pedirle disculpas y asegurar que les había surgido algo urgente, colocó su mano en la espalda de ella, sólo rozándola, suficiente para que notara como ella estremecía.

El deportivo negro estaba aparcado frente al restaurante, rodeó el coche, le abrió la puerta y una vez hubo entrado de forma femenina y elegante, dándole las gracias débilmente en un susurro, él cerró la puerta sin contestar y mientras rodeaba el coche, ella se colocaba el cinturón. Se situó tras el volante, se abrochó el cinturón y metió la llave en el contacto, el motor rugió, las luces del coche se encendieron y en silencio, Draco condujo por las poco transitadas calles.

Hermione iba sumida en sus pensamientos. Podría estar en cualquier otro lugar o ser raptada en aquel momento que no se hubiera enterado de nada; únicamente el olor a menta de Malfoy hacía que ella estuviera consciente de que él estaba a su lado. Notaba la mirada insistente del rubio sobre ella de vez en cuando, así que se limitó a mirar por la ventanilla; no tenía ganas de hablar, no quería hablar.

Draco detuvo el coche frente al apartamento de Ginny. Hermione, aún con el ceño fruncido, estiró la mano para abrir la manilla, pero Draco fue más rápido y se inclinó hacia delante, colocando su mano sobre la de ella, impidiéndole así que saliera del coche.

-¿Y ahora qué quieres? –le preguntó ella con tono cansado.

-¿Quién era ese tipo? –preguntó enfadado.

-¿Qué…

-El del restaurante –le contestó él-, del que te has escondido metiendo la cabeza en el bolso para que no te reconociera –le refrescó la memoria Draco con un tono entre la diversión y el enfado.

-Nadie –contestó ella. Draco enarcó una ceja-. Nadie que te interese, ahora ¿puedo irme ya? Estoy cansada.

-No –contestó él tajante-. ¿Quién era?

-Otro de los errores que cometí –contestó ella fría y dolida por el tono del hombre-. Y ahora si me disculpas, estoy cansada. Buenas noches.

Antes de que Draco pudiese darse cuenta, ella había conseguido salir del coche de forma elegante y caminaba hacia la puerta mientras aferraba su bolso como si fuera una especie de salvavidas o algo por el estilo.

Estaba llegando a la puerta cuando una mano firme la sujetó del brazo haciendo que girara. Ojos grises. Los mismos ojos grises que había visto en el callejón antes de caer desmayada… los mismos ojos grises que hacían que temblase de deseo y de miedo por lo que podía llegar a sentir.

-No eres un error –le dijo él en un susurro ronco y grave.

-¿Qué…

-No eres un error –le repitió Draco acariciándole con el pulgar el labio inferior-. Nunca podrías serlo Granger.

-Tú dijiste…

-Mentí –dijo él ásperamente-. Voy a besarte –le indicó.

-No… no puedes…

-Oh, sí, sí puedo. Voy a besarte porque es lo que ambos queremos. Me da igual si tengo que protegerte o si tengo que dejar mi trabajo después de esto, pero sé que si no te beso ahora… -se humedeció los labios al ver como ella lo hacía de forma completamente inconsciente-… voy a volverme loco.

-Malfoy… esto es…

-Shhhh –la acalló él-. No es un error… -cogió la mano de ella y la colocó sobre su pecho, dejando que los largos dedos de ella acariciaran la suave camisa de seda negra y colocando su mano sobre la de ella, acariciando con sutileza sus dedos, sus uñas largas e impecables esmaltadas únicamente con brillo transparente-… nada de lo que tenga que ver contigo puede ser un error nunca.

Cuando él inclinó la cabeza para besarla, ella, alzó la suya casi de forma inconsciente, yendo al encuentro de la boca de él que cubrió la de ella con una pasión urgente, dejando que la boca y la lengua de él la llevasen en un ciclón de emociones encontradas a un rincón de su alma que creía haber cerrado para siempre.

Draco sintió como las manos de ella se entrelazaban tras su nuca y pudo notar el cierre del pequeño bolso clavándose en su espalda, pero decidió ignorar el pequeño malestar y centrarse en el sabor a fresas de la boca de ella y al olor a jazmín que los cabellos rizados de la médico desprendía con una fragancia exquisita, volviéndole completamente loco.

Para Hermione todo dejó de existir. Todo empezó a dar vueltas sin sentido y por primera vez en su vida, no quería que nada tuviera sentido. Se sentía bien allí, en los brazos de él, se sentía protegida, extraña pero protegida, con la seguridad de que allí no podría pasarle nada. Ronroneó dentro del beso cuando las manos de él la aferraron gentil pero fuertemente por la cintura y las caderas y casi juraría que él había sonreído al escucharla. No le importaba demasiado.

Únicamente cuando fue consciente de que necesitaban oxígeno para respirar, Draco se separó de ella besándola por última vez, llevándose el labio inferior de Hermione con los dientes con suavidad. Respiró agitadamente mientras escuchaba como ella hacía lo mismo y en un intento por retener el calor que parecía unirlos en aquella noche, la abrazó por la delgada cintura, mientras notaba como ella colocaba sus manos en la solapa de su camisa y apoyaba la frente en el pecho de él mientras temblaba incapaz de responder a sus propios pensamientos, del mismo modo que le ocurría a él.

Draco respiró profundamente calmando el deseo de volver a besarla o quizá mucho más e hizo acopio de todo su autocontrol para que su respiración volviese a ser regular. Y cuando notó como el temblor de ella empezara a desaparecer y su respiración se volvía más pausada y tranquila, más regular, la besó en la frente con suavidad notando la calidez que emanaba del cuerpo de la mujer y se separó para sonreír al verla con las mejillas ligeramente sonrojadas y los labios rojizos y entreabiertos.

-Sube ya… -le dijo él entonces señalándole con la cabeza el apartamento.

Aún confundida por el beso, ella asintió y fue consciente de que él la dejaba marcharse. De repente, Hermione tuvo la sensación de que iba a perder algo que realmente le importaba y por mucho miedo que tuviera, no estaba dispuesta a perderlo, al menos no sin saber si lo tenía primero.

-¡Malfoy! –lo llamó ella entonces.

Draco se giró y contempló el rostro de ella. Necesitaba que le dijera algo, que la tranquilizara o que le dijera que aquello no se repetiría. Ni siquiera sabía qué quería que le dijera ni tampoco lo que deseaba escuchar… No hizo falta que dijera nada. Malfoy le sonrió. No le dijo nada. No abrió siquiera la boca. Sólo le sonrió con suavidad, con tranquilidad, con una expresión que hizo que los ojos de ella se iluminaran y acaraba por sonreír también.

Ninguno de los dos estaba seguro de lo que aquella sonrisa significaba. Pero los dos sabían que querían descubrirlo. Aunque aquello fuera un simple error. O tal vez no.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Arrastró el cuerpo del hombre que acababa de matar detrás de una columna con una expresión de asco en el rostro. No le gustaba matar si no era necesario y esa muerte podría haber ahorrado si no fuera porque el tipo le había apuntado a la cabeza con una nueve milímetros; no lo había dudado; o se convertía en víctima o disparaba él primero. Una fracción de segundo después cuando el silenciador de su arma hizo que el disparo fuera casi inaudible, el cuerpo del hombre caía inerte a sus pies después de contarle cuál era la habitación donde estaba Chang.

-¿Harry?

-Ha habido una baja –informó cuando Ron le preguntó-. ¿Todo bien?

-Todo tranquilo. Esta casa parece estar abandonada –contestó el pelirrojo-. Voy por la parte de atrás.

-Bien –apretó el comunicador una vez más para que todos le escucharan-. Manteneos en esta frecuencia, no quiero sobresaltos, ¿entendido?

Un ruido ensordecedor hizo que el policía se quitase el comunicador del oído con un gesto brusco. Había sonado a un derrumbamiento. Colocándolo en su lugar de nuevo, llamó a sus hombres.

-¿Qué ha sido eso? –exigió el moreno pulsando el intercomunicador de su oreja-. ¿Ron?

-Estoy bien –se escuchó la voz del pelirrojo.

-Bien –intervino Nott con su característica frialdad.

-Perfecto –se escuchó la voz divertida de Blaise-. Todo tranquilo.

Harry esperó frunciendo el ceño pero Remus no dijo nada. Volvió a pulsar su intercomunicador mientras maldecía internamente.

-¿Remus? –llamó-. Maldita sea… -bramó en silencio cuando no obtuvo contestación-. ¿Alguien sabe algo de Remus?

Nadie contestó. Harry se mordió el labio mientras se pasaba una mano por el cabello ya revuelto. Estaba empezando a pensar en cómo tendría que decirle a Tonks y Srius qu Remus había caído por su estúpida y maldita culpa, cuando el ruido de alguien tosiendo llegó a su intercomunicador.

-Lo siento, ha habido un pequeño derrumbe en las escaleras… -dijo la voz carrasposa de Remus.

-¿Estás bien? –preguntó Harry inmediatamente.

-Joder, Lupin, otro susto así y acabas con nosotros –bromeó la voz de Nott.

-Estoy bien, tranquilo. Voy al sótano –indicó.

-Bien –corroboró Ron-. Te cubro.

Harry atravesó el pasillo oscuro. Todo estaba en silencio, en demasiado silencio quizá. No le gustaba. Era como la calma que siempre precede a la tormenta y no le hacía ninguna gracia. Se acuclilló frente a la puerta y la examinó frunciendo el ceño. Estaba abierta. Demasiado fácil. Entró en la habitación y mirando a su alrededor Harry lanzó una maldición. La habitación estaba vacía. ¿Dónde diablos estaba Cho?

El intercomunicador de Harry le dio un aviso y apenas había tenido tiempo para pulsarlo cuando escuchó la voz de Remus.

-¡Harry sal inmediatamente de ahí, hay una bomba en el sótano de la casa!

-¿Qué diablos…

-¡Sal de ahí ahora! –rugió Remus de nuevo.

Harry no hizo preguntas. Conocía a Remus y si él decía que había algo extraño, no sería él quién le cuestionara. Atando la cuerda a la columna que había visto antes y asegurándola a la cintura saltó por la ventana apoyándose en la cornisa y empezando a bajar dando saltos por la pared lo más rápido posible.

¡¡¡BOOOOOMMMMMM!!!

El ruido fue atronador. Harry sintió que algo ardía cerca de él y luego algo le golpeó en el hombro cuando intentó cubrirse la cabeza. Calor. Mucho calor.

-¡HARRYYYY! –resonó el grito de Remus en la oscuridad de la noche mientras el humo y el fuego subía hacia el cielo estrellado.

Desde el otro lado de la colina, Voldemort sonrió mientras Cho Chang permanecía a su lado inalterable, impasible. Quizá esa había sido la última misión de Potter y con un poco de suerte, de toda la Orden.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Emmmm… vale… no me matéis todavía… recordad que si me matáis no sabréis como continúa la historia, así que bajad las varitas… ¬¬

Que haya una explosión, que alguien grite el nombre de Harry, no significa que él haya… ¬¬ no me miréis así!!!

Os diré que las cosas no son siempre lo que parecen, ala, a ver si así os sirve de algo!

Id pensándolo vale? Hasta dentro de dos semanas, chicos!!

Un besito para todos, sed felices, nos leemos pronto!!!