Hola a todos!!! Bueno, vengo para dejaros un nuevo capítulo que espero que os guste. Agradecimientos especiales a todos los que me dejasteis un review en el último capítulo, que sois… un mometo tenía la lista por aquí… Aquí está!! Gracias a:
Dubhesigrid, unkatahe, mariapotter2002, Lna, Girl-Potter, hija de la noche, lauriska Malfoy, chepita1990, margara, oromalfoy, saisai jk, Esme Balck, beautifly92, mica-prongs, Sami-Maraurder girl, Valu86, Dannia, Gloridhel, kari-chiyama, Aliena, Xgirl1, ZhirruUrie, pekelittrell, mari, Alevivancov, Kiitah, kmylita, Amm!, katurix, yuli moore, Belin03, Krissalis Potter, Dai-vampire (en realidad, Holmes vivía en el 221-B de Baker Street :p tengo su libro jejeje)
Quiero comuicaros que intentaré seguir actualizando cada dos semanas pero no os puedo prometer nada porque ya he empezado las clases y voy con el tiempo muy justo, así que si me retraso un poco en las actualizaciones, espero que podais tener paciencia y seais comprensivos :p
Un besito para todos, espero que os guste el capítulo. Nos vemos abajo!!
Capítulo 11. Una orden: mátale
El ruido en el piso de abajo hizo que Tonks abriera los ojos. Las tres y media de la mañana, era la hora que marcaba el reloj de la mesita. ¿Quién diablos estaba haciendo ruido a esas horas? En cualquier otro momento hubiera creído que era Remus o Harry que estaban buscando algo en la cocina, pero ella sabía perfectamente que ninguno de los dos estaba allí.
Movió a Sirius ligeramente y se apresuró a ponerle una mano en la boca para asegurarse que no gritara ni hiciera ningún ruido, conociendo como conocía al hombre. No se equivocó. Sirius la miró interrogante pero ella le hizo una señal para que escuchara. Voces. Habían voces en el piso inferior.
Apartando la mano de su boca, la abrió para decir algo, pero ella fue más rápida.
-No… Harry y Remus salieron… -susurró Tonks.
Sirius la miró y enarcó una ceja como si estuviera decidiendo qué era más importante: si saber a qué se refería Tonks o si averiguar quién diablos estaba haciendo ruido; escuchó la puerta cerrarse con demasiada fuerza y él se levantó del lecho tomando la decisión en cuestión de segundos aunque eso sí, empezó a preguntarle mientras se levantaba de la cama.
-¿Cómo que… no importa -añadió cuando su cerebro se dio cuenta de la situación-, déjalo, luego me explicas por qué no sabía nada –añadió-. Ahora, quédate aquí.
-¿Estás loco? –preguntó ella al ver como el hombre se levantaba y tomaba su arma del cajón de la mesita-. No voy a dejar que bajes tú solo.
Sirius la miró para rebatirla pero dándose cuenta de que sería una idiotez intentar siquiera hacerlo ya que Tonks parecía haber tomado una decisión, se limitó a encogerse de hombros.
-De acuerdo, pero quédate detrás de mí –le ordenó. Tonks enarcó una ceja- ¿Qué?
-Que también soy agente de la Orden –le contestó ella-. Sé como defender mi vida y las de otras personas, gracias –añadió con cierto sarcasmo mientras tomaba su arma que había dejado sobre la mesita-. Tú primero.
Aún farfullando en voz baja, Sirius abrió la puerta de su dormitorio y atravesando el descansillo del pasillo, empezó a bajar las escaleras con los pies desnudos sintiendo el tacto del suelo de madera directamente. Era consciente de que Tonks estaba justo detrás de él; rodó los ojos, si le pasaba algo a Tonks, Remus le mataría a él.
El salón parecía tranquilo, los ruidos venían de la cocina; le hizo una señal a Tonks y ésta asintió dándole a entender que lo había entendido; contó en silencio hasta tres y salió de las sombras de las escaleras escondiéndose detrás del sofá, agazapado mientras veía como Tonks le cubría, sólo por si acaso. Sonrió.
Era increíble como la patosa Tonks podía llegar a compenetrarse y a concentrarse de aquella forma cuando tenía un arma en las manos o una misión que cumplir. Era buena en su trabajo y era algo que le gustaba.
Sirius apretó el arma contra su mano y movió los dedos para ajustarla bien; resopló y contó mentalmente hasta cinco antes de dirigirse hacia la puerta de la cocina mientras que Tonks se acercaba a él con el ceño fruncido y el arma lista para disparar. Asintió al llegar junto al hombre y Sirius cabeceó también; si había alguien ahí dentro tendrían que salir por aquella puerta.
El moreno le indicó a Tonks que se echara un par de pasos hacia atrás y ella obedeció, después de todo, Sirius tenía bastante más práctica que ella en misiones de aquel tipo. Vio como él respiraba profundamente antes de decidirse a hablar.
-¡Están cometiendo un delito en casa de un agente policial, suelten las armas, tírense al suelo y levanten las manos sin hacer movimientos bruscos!
Nada. Silencio. Sirius frunció el ceño. Estaba pasando algo raro.
-Tranquilo Sirius… somos nosotros… -dijo con cierto tono de disculpa y diversión.
-¡Remus! –gritó Sirius encendiendo la luz- ¿Qué os ha pasado?
No era para menos su grito. Remus tenía un feo corte en la frente y un pequeño delgado hilo de sangre resbalaba hasta la ceja; el labio inferior partido y un feo golpe se apreciaba en la parte del cuello visible. Pero no era eso lo que le había preocupado; si no el aspecto que presentaba Harry. Despeinado, el cabello lleno de polvo y tierra, un corte en la ceja derecha y varios golpes en ese mismo lado; la camisa más rota que entera y los pantalones sucios y rasgados a la altura de las rodillas y el muslo derecho. Cojeaba mientras caminaba ayudado de Remus aunque no dejaba de asegurar que estaba bien con voz rasposa como si acabara de tener una de las mayores juergas de su vida, aunque no era eso lo que parecía por el aspecto que presentaba.
-¿Qué diablos…. –empezó a preguntar Sirius.
-Ahora no, Sirius –pidió Remus mientras intentaba asegurarle a Tonks que estaba bien pese a lo que pudiera parecer-, ha sido una noche larga… -ayudó a Harry a sentarse en el sofá del salón y el joven policía emitió un suave quejido de dolor y alivio.
-¡Y más larga que va a ser! –se dirigió a su ahijado que había cerrado los ojos-. ¿Qué ha pasado?
Remus resopló mientras se sentaba en el sillón junto a Harry. Tonks había desaparecido hacia la cocina de nuevo.
-Tuvimos un pequeño… -Tonks apareció con un vaso de agua que le entregó antes de sentarse junto a Harry para mirarle la herida de la frente-… problema… Gracias –añadió mirando a Tonks.
-¿Te duele? –preguntó la mujer. Harry negó con la cabeza.
-No, pero el mundo me da a dar vueltas durante un par de horas –añadió con sonrisa burlona-. ¿La ves muy mal?
-Explícame eso de un pequeño problema –exigió Sirius mirando a Remus.
-Estalló una bomba –dijo Remus con paciencia intentando que su voz no sonara muy alta para que Virus no se enfadara demasiado. Bien, Sirius no había gritado, pero le estaba mirando de una manera que no le gustaba nada, empezaba a saber cómo se sentían los sospechosos cuando los ojos grises oscuros de Sirius les miraban amenazantes. Suspiró-. Tuvimos una incursión en casa de Avery –dijo sencillamente-. Había una bomba en el sótano… conseguí salir antes de que explotara. Avisé a los chicos para que salieran pero Harry estaba en el piso superior y tuvo que bajar por la pared… los últimos cuatro metros tuvo que saltar.
-No salté voluntariamente, la explosión me lanzó –dijo Harry-. ¿Seguro que no la ves mal?
-No, quizá sería bueno que te diesen un par de puntos… -añadió mirando la herida de la frente-. ¿No quieres ir al hospital?
-Ni hablar.
Tonks rodó los ojos. Todos sabían la aversión que el joven dirigente de la Orden tenía hacia los hospitales, médicos y agujas principalmente, así que si no era un caso de vida o muerte siempre intentaba no ir al médico.
Mientras Tonks le sugería que aunque no fuera al hospital debería ir a ver a un médico, Remus miró a Sirius. Calmado. Demasiado calmado. Eso era malo. Sirius tendría que haber gritado, golpeado la mesa e incluso azotar la puerta. Pero estaba demasiado calmado y lo conocía lo suficiente para saber que eso no podía significar nada bueno.
Y cuando los ojos grises del hombre le miraron, supo que definitivamente no podía significar nada bueno.
-¿Os fuisteis de incursión a la casa de Avery? –preguntó con tono demasiado calmado Sirius mirando a Remus-. ¿Por qué no me dijiste nada? –se giró hacia Tonks-. Tú lo sabías ¿verdad?
Tonks abrió la boca para contestar pero Remus fu más rápido.
-Le dije que salíamos, ella no sabía dónde íbamos… -la defendió.
-Y antes de que te eches encima de Remus, la idea fue mía –añadió Harry cerrando los ojos de nuevo mientras sentía un dolor punzante en la pierna-. Así que si quieres gritarle a alguien, grítame a mí. Me llegó información de que Cho estaba allí así que…
Pero Sirius no le dejó terminar. En un acto de rabia contenida mezclada con frustración golpeó la mesa con el puño cerrado haciendo que Tonks se sobresaltase ligeramente, que Harry abriera los ojos y que Remus suspirara con cierto alivio; ya había gritado y golpeado la mesa así que lo siguiente sería gritar un poco más y salir de allí azotando la puerta.
Sirius se giró hacia Harry que parecía haber pensado lo mismo que Remus y que suspiró pesadamente antes de que su padrino le hablara, más bien, le gritara.
-¿En qué estabas pensando? –prácticamente le rugió-¡No imaginaba que fueras tan estúpido!
-Sirius… -intentó hablar Harry.
-¡No! –gritó el hombre fuera de sí-¡Perdí a tu padre y prometí que te cuidaría siempre, Harry! ¿En qué estabas pensando? –le gritó.
-Sirius, creo que no…-intercedió Remus.
-Cállate Lupin –le ordenó Sirius sin apartar los ojos de Harry-. ¿Eres consciente de que podrías haber…. –le miró furioso incapaz de expresar lo que quería decir-… ¡Diablos Harry!
Y antes de que ninguno pudiera decir o hacer nada, Sirius salió del salón azotando la puerta en dirección a las escaleras que le conducían a la pequeña terraza del piso superior.
Harry miró a Remus.
-Le has asustado –dijo Remus con tranquilidad-. Harry, James era para Sirius un hermano. Cuando Sirius dejó a su familia y no tenía donde ir, James le abrió los brazos y las puertas de su casa…
-Yo no quería… ¿por qué se ha puesto así? He hecho otras misiones mucho más…
-Pero él estaba en todas y cada una de ellas contigo –se apresuró a decir Remus. Suspiró-. Harry, te pareces mucho a James… Sirius ya le perdió una vez, asusta pensar que pueda volver a perderlo… -luego le sonrió condescendiente-. Sabemos que no eres James, pero aún así… sigue asustando.
Harry suspiró impotente.
-Lo siento… -se disculpó mirando a Remus-. Yo no quería… no sabía… bufff ¿por qué nunca me dice cómo se siente? Tengo que emborracharle para que confíe un poco en mí –añadió malhumorado.
-Él es así Harry –le defendió Remus-, nunca le enseñaron a decir cómo se sentía.
-Mas bien a ocultarlo –añadió Tonks con el ceño fruncido.
-¿Por qué no vas a hablar con él? –sugirió Remus.
Harry cabeceó de forma afirmativa.
-Maldita sea… -murmuró mientras se colocaba las gafas bien-… una bomba no puede matarme, pero Sirius va a lograr que me vuelva loco… perfecto…-añadió irónico.
Lo último que Harry escuchó fue una breve conversación entre ambos adultos.
-Me prometiste que tendrías cuidado –le reprendió Tonks.
-Y lo tuve… -prácticamente podía imaginarle encogiéndose de hombros-, he vuelto vivo, ¿no?
Harry movió la cabeza de forma negativa, estaba seguro de que esa no era la mejor respuesta que podría haberle dado a Tonks.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Entró en la biblioteca con la cabeza altiva, la pose elegante y los pasos firmes y seguros mientras caminaba sobre las botas negras de tacón. Sabía que Lucius estaría allí, después de todo, nadie que lo conociera dudaría del gusto del hombre por los libros.
Sólo tenías que escucharle unos segundos para darte cuenta de lo bien que hablaba, de los comentarios que hacía y de que parecía conocer acerca de todos los temas habidos y por haber y estaba claro que eso sólo lo podía haber aprendido leyendo.
No se equivocó.
Sentado en una de las cómodas butacas de la biblioteca de la mansión, Malfoy leía un libro de filosofía, a juzgar por el autor; la espalda recta, las piernas cruzadas, un brazo sobre el reposa brazos de la butaca y la otra mano sujetando el libro sobre su regazo. Tenía que admitir que se veía increíblemente atractivo.
De hecho, de haber sido ella otra persona y haberse dado en otras circunstancias, estaba segura de que Malfoy hubiera sido el tipo de hombre en el que ella se hubiera fijado y a por el que habría lanzado todas sus armas de mujer sin importarle en absoluto lo que los demás dijeran.
Pero no era otra persona, era Bellatrix Black y él era el idiota que había hecho llorar a su hermana pequeña. Por eso había ido a buscarle a la biblioteca, porque no estaba dispuesta a que Cisa volviera a llorar por ese impresentable, no al menos, si ella podía evitarlo.
-Malfoy –saludó inclinando la cabeza.
-Bellatrix… -contestó él sin levantar la mirada del libro.
-Es de buena educación mirar a una dama cuando se la saluda.
-Cuando vea a una dama lo tendré en cuenta –le contestó él sarcástico. Bella frunció el ceño y Malfoy le sonrió mirándola-. De todos modos es un placer volver a verte, querida.
-Sí, no lo dudo… -le respondió ella-. He escuchado que has fallado –dijo cambiando de tema.
Malfoy alzó la vista del libro y sonrió de medio lado mientras enarcaba una ceja.
-Sólo era un aviso… -dijo él mientras se maldecía por dentro-… yo nunca fallo a no ser que quiera fallar.
-Espero que puedas convencer al Lord de eso –le contestó Bella mientras pasaba su mano por la suave tela de terciopelo de las cortinas negras de la biblioteca-. De lo contrario serías el primero que está fuera antes de haber pasado un mes.
-Lo haré, no te preocupes por mí, Bellatrix –le contestó con tono frío y seguro-. Soy muy convincente cuando me lo propongo…
Bella se giró para encararle como si aquella respuesta la hubiera pinchado y herido y en parte, así había sido. Lucius, sabiéndose ganador por el momento, le sonrió con autosuficiencia.
-Después de todo, eso es lo que tu hermana piensa de mí… -chasqueó la lengua-… es una lástima… parece que ya no está conmigo tan… receptiva ¿verdad?
Bella apretó los puños fuertemente cerrados alrededor de sus caderas.
-Mantente alejado de ella, ¿me escuchas? –él la miró sonriendo-. Si vuelves a acercarte a mi hermana, te juro por lo más sagrado que acabaré contigo antes de que puedas siquiera darte cuenta de qué te ha golpeado, ¿entiendes?
Lucius simplemente se dedicó a lanzarle una mirada burlona.
-Claro querida… -se inclinó como los antiguos caballeros y le tomó la mano para besársela-. Si me disculpas, tengo asuntos que atender.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
La pelirroja se levantó refunfuñando de la cama cuando el timbre empezó a sonar repetidamente. Odiaba que la despertaran de aquel modo, en realidad, odiaba despertarse, era lo único que le molestaba de ser una adulta responsable con un trabajo, despertarse. Adoraba su trabajo, su pisito, a su novio y su independencia, pero aborrecía tener que despertarse temprano.
El timbre volvió a sonar con más insistencia acompañado de un par de golpes bruscos. Cuando Ginny pasó por delante del cuarto de Hermione, la castaña también aparecía abriendo la puerta, con el cabello recogido en una media trenza y una camiseta hasta un poco más arriba de las rodillas y con los ojos a medio abrir.
-¿Quién…
Ginny se encogió de hombros.
-Seguro que Blaise ha vuelto a dejarse las llaves… -musitó la pelirroja.
-¿Queréis abrir de una maldita vez? –se escuchó la voz de Malfoy desde detrás de la puerta mientras volvía a aporrear el timbre-. Joder, Blaise –se escuchó entonces-, deberías pensar en ponerte a dieta, ¿sabes?
-Olvídame, Draco… -protestó otra voz.
Las dos mujeres se miraron. Eso sí que sonaba extraño. Apresuraron el paso y antes de que el timbre volviera a sonar, Ginny abrió la puerta.
-¡Joder, ya era hora! –masculló Malfoy mientras entraba en la casa con Blaise a cuestas.
-¡Blaise! –gritó la pelirroja entonces-. ¿Qué ha pasado?
Draco dejó a Blaise en el sofá mientras la pelirroja corría hacia el mueble para asegurarse de que su novio estaba bien. La cabeza de Hermione ya había adoptado la frialdad de la médica que era y se había movido hacia su habitación donde guardaba algunas cosas que serían útiles, a juzgar por el aspecto que presentaba Blaise.
-Estoy bien… -aseguró Blaise aunque no parecía estarlo en absoluto.
Los ojos azules de Ginny se clavaron en Draco.
-¿Qué diablos ha pasado Malfoy?
-No lo sé, Weasley –le contestó él irónico-. Por mucho que te cueste entenderlo, no siempre que pasa algo malo estoy metido en medio, ¿puedes entender eso?
-Malfoy… -empezó a decir la pelirroja.
-Fuimos a casa de Avery, Draco no sabe nada pelirroja, déjale… -dijo Blaise con la voz fuerte pero cansada.
Los ojos de Ginny se posaron en su novio un segundo y cuando vio que Hermione se arrodillaba junto a él y le apartaba la camisa para mirar el torso de Blaise por si tenía alguna costilla rota, cosa que ella también había supuesto porque parecía que le costaba respirar, miró a Malfoy que la miraba con un brillo de burla en los ojos, una pizca de orgullo y terquedad y una ración de " a veces no es mi culpa" que hizo que Ginny le mirara arrepentida.
-Yo… lo siento Malfoy pero…
-Lo entiendo –él hizo un ademán con la mano-, no necesitas disculparte, pelirroja –añadió encogiéndose de hombros-. Estaba abajo cuando Nott ha traído a Blaise en el coche de Potter –añadió con tono indiferente-. Parece que han decidido ir de paseo sin avisar a los demás.
-¿Quiénes?
-Potter, la comadreja, el moribundo aquí presente… al menos también se han llevado a Nott y Lupin –añadió con una ceja enarcada.
Ginny entonces se giró hacia su novio como si de repente hubiera recordado algo que no le había hecho ni pizca de tracia.
-Blaise, ¿dónde está mi hermano? –preguntó con tranquilidad.
Blaise y Draco se miraron un segundo mientras recordaban cómo habían llegado hasta el portal de Ginny.
(flashback)
-¡Draco!
El aludido que estaba sentado en las escalerillas del portal de Ginny fumando un cigarrillo se levantó al escuchar la voz de Nott y se sorprendió al verle conducir el coche de Potter. Por lo que sabía, Potter no dejaba que nadie tocara su coche salvo Sirius y Remus ocasionalmente y sólo si era un caso de urgencia o fuerza mayor. Más se sorprendió aún cuando se acercó al coche y vio a un pelirrojo en el asiento del copiloto con aspecto cansado. Estaba a punto de bromear acerca de ello cuando vio la mirada seria de Theo y se dio cuenta de que él parecía tan cansado como su compañero.
Abrió la boca pero Theo negó.
-Ayuda a Blaise –dijo cortante señalando la parte trasera del coche.
Draco se asomó y vio que Blaise estaba medio recostado en el asiento de tras, el pantalón rasgado a la altura del muslo, el jersey negro lleno de polvo igual que el cabello.
-¿Qué os ha pasado? –preguntó mientras abría la puerta de atrás y ayudaba a Blaise a salir de allí-. Joder Blaise, ¿estás bien?-preguntó al ver que éste trastabillaba un poco. Blaise asintió y Draco se giró hacia Nott con una muda pregunta en los ojos.
-Incursión en casa de Avery –dijo simplemente-. Potter fue el que se llevó la peor parte, pero él y Lupin están bien –aseguró-. Les acabamos de dejar en casa.
-¿Y Black?
-No tenía ni idea de dónde íbamos –dijo Ron con una media sonrisa-. Seguro que ahora mismo le está echando un buen rapapolvo a los dos.
Draco asintió.
-Mañana hablaremos –dijo Nott entonces-. A ver si Granger puede mirarle –señaló a Blaise con la cabeza-, no me gusta que le cueste respirar.
-¿Dónde vais vosotros? –preguntó Draco claramente irritado mientras mantenía a su amigo aferrado con firmeza.
-Si mi hermana me ve así terminará de matarme –intentó bromear el pelirrojo-. Nott y yo vamos a la oficina, seguro que Pomfrey está en la sala de interrogatorios y puede hacer algo… -se palpó el hombro-. No estoy tan mal, pero no quiero que Ginny se preocupe demasiado.
-¿Nott? –preguntó Draco mirando a su amigo.
El moreno asintió con una media sonrisa.
-Estoy bien, un poco magullado, pero tengo buenos reflejos –añadió mirando a Draco-, aprendí de alguien bastante bueno…
Draco le sonrió mientras sujetaba a Blaise con un brazo del moreno sobre sus hombros y su propio brazo alrededor de la cintura de Blaise para sujetar mejor su peso.
-Aprendiste del mejor –rectificó Draco divertido-. Tened cuidado, ¿entendido? Si sabían que ibais allí es posible que alguien os esté siguiendo…
-Tranquilo, estaremos bien –afirmó Ron entonces.
Draco permaneció un momento allí, con Blaise, mirando como el coche se alejaba y entonces se permitió mirar a su amigo.
-Joder Blaise… -lo aferró más fuerte al darse cuenta de que parecía a punto de derrumbarse en cualquier momento-. ¿Estás bien?
-Sí… sólo me duele si respiro –bromeó él-, ayúdame a llegar a casa y estaré bien.
(fin flashback)
-Fue a la oficina con Nott –dijo Draco bastante más hábil para mentir que Blaise-. No estaba tan mal.
-Define "no estaba tan mal" –insistió Ginny.
-Estaba entre yo y Remus –comentó Blaise con lo que parecía ser una sonrisa-. Auch… duele… -se quejó entonces.
-Entonces no te rías –le contestó Draco burlón-. ¿Está muy mal? –preguntó mirando a Hermione.
-No, sólo tiene los golpes y unos hematomas que se le irán en un par de semanas –añadió cuando terminó de revisarle el abdomen –se levantó de donde había estado arrodillada y Draco maldijo que lo hiciera porque sin ser consciente de ello, había estado observando la piel desnuda de la pierna de Hermione todo aquel tiempo-. Te falta la respiración por el golpe, pero no tienes ninguna costilla rota –aseguró-. Te recomiendo un baño de agua caliente y dormir doce horas seguidas –suspiró-, mañana te encontrarás bien.
-Vamos, te ayudaré a bañarte –dijo inmediatamente la pelirroja acercándose a Blaise.
-Yo lo llevo –dijo Draco-. Pesa bastante incluso para ti –añadió mirando a Ginny.
-Preferiría que me bañara ella –le aseguró Blaise a Draco haciendo sonreír a Hermione y al rubio mientras que Ginny rodaba los ojos en una mezcla de diversión y exasperación.
-No sé en qué estás pensando Zabinni, pero será mejor que lo olvides –le recomendó Draco-. Sólo voy a llevarte hasta el baño, nada más.
Le dirigió una mirada a Hermione lo suficientemente elocuente para que ella la entendiera. Aquello había sido claramente un "espérame aquí y despierta".
-¿De verdad que está bien?
Miró a Ginny quién estaba francamente preocupada, así que le dedicó su mejor sonrisa de médico autosuficiente y disciplinaria y asintió con solemnidad y profesionalidad.
-Está bien –aseguró-, tengo la impresión que la roca con la que se ha hecho esos moretones ha quedado peor que él –añadió con sonrisa cómplice y amistosa.
Ginny sonrió aliviada.
-Será mejor que vaya antes de que Draco le ahogue y diga que fue un accidente –añadió la pelirroja.
Hermione rió divertida y se sentó en el sofá respirando profundamente sintiéndose terriblemente culpable por sentirse aliviada de que Draco Malfoy no hubiera estado en aquella excursión nocturna.
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-En dos horas salgo de aquí –dijo inmediatamente Snape.
Theo suspiró con una media sonrisa mientras que Ron reía en voz baja en la otra punta de la mesa escuchando la conversación entre Severus y Nott.
-¿Piensas matar a todos los médicos y enfermeras para conseguir que te dejen salir del hospital? –preguntó burlón Nott.
-Sí, si así consigo que me firmen el alta.
-Severus, si les matas, ¿quién diablos va a firmarte el alta? –preguntó de nuevo con aquel tono-. Escucha, yo estoy bien, Blaise y Potter son los que se han llevado la peor parte. No te preocupes, mañana a primera hora iré a sacarte de ahí, pero hasta entonces, ten paciencia, ¿de acuerdo?
Le hizo una señal a Ron para que dejara de reírse y el pelirrojo se limitó a rodar los ojos en una expresión que dejaba claro de quién era hermano.
-Yo no soy de los que tienen paciencia –replicó Snape al otro lado del hilo telefónico.
-Pues tendrás que tenerla –le contestó Nott-. ¿Prefieres que llame a Draco para que te lo diga él?
Divertido, escuchó como Snape farfullaba algo que, seguramente, estaba diciendo con el ceño fruncido, hasta que finalmente escuchó un "está bien" sarcástico.
-¿Ha habido algún problema serio? –preguntó el mayor.
Nott negó con la cabeza un segundo antes de darse cuenta de que Severus no podía verle así que reafirmó su contestación.
-No, ¿por qué? –preguntó - ¿Ocurre algo?
-Tengo información y necesito que al menos alguno de nosotros esté bien el sábado –comentó Snape quitándole importancia.
Ron alzó la vista de la revista que estaba leyendo y frunció el ceño. Nott le imitó.
-¿Qué clase de información?
-Digamos que habría que ir a hacer una visita a cierta fábrica cerrada –sonrió con cierta malicia-. Os daré más información cuando logréis sacarme de aquí –añadió.
Nott sonrió y rodó los ojos al mismo tiempo.
-De acuerdo, y ¿cómo sabes tú…
-Tengo mis fuentes –contestó cortante Snape rodando los ojos-. Y no, no voy a desvelarte nada Nott –afirmó antes de que el otro pudiera siquiera pensar en preguntarle nada.
-Tú y tus fuentes… -se limitó a decirle Theodore Nott.
-Buenas noches –fue la contestación de Severus.
-Algún día tendrás que decirnos cómo te enteras de según qué planes… -alcanzó a decir Nott antes de que él colgara. Se encogió de hombros y se giró hacia Ron-. Está bien saber que pase lo que pase, Snape siempre será Snape –le dijo por toda respuesta-. ¿Crees que estarás bien para el sábado?
Ron enarcó una ceja.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Un fuerte estrépito se escuchó desde el pasillo. Los dos hombres que montaban guardia en la puerta se miraron entre sí y de no haber sido porque se suponía que no podían moverse de allí, a ambos les hubiera gustado poner pies en polvorosa y desaparecer de aquel pasillo.
No era para menos.
Durante las últimas dos horas, todo tipo de ruidos se escuchaban desde dentro de aquella habitación, ruidos que no presagiaban nada bueno. Ruido de cristal rompiéndose en mil pedazos, de tela siendo rasgada, de gritos y golpes contra muebles, paredes e incluso la misma puerta
Cualquiera en su sano juicio y con posibilidad de huir, lo hubiera hecho.
Dentro de la habitación, el hombre vestido con ropas caras se paseaba de un lado a otro, farfullando, maldiciendo, gritando y rompiendo todo lo que ponía a su paso.
Había escuchado la bomba estallar, había visto el humo y el fuego, había escuchado el grito de Lupin llamando a Potter. Había visto como todos salían magullados de allí y su sonrisa se había borrado cuando había visto salir de entre los escombros a Harry Potter, tosiendo y cojeando, pero vivo y respirando por sus propios medios, como si nada pudiera acabar con él, como si nada pudiera quebrarle, como si algo lo estuviese siempre protegiendo.
Por eso estaba furioso. Debía de haber muerto. Debía de haber muerto con aquella explosión, debía de haber muerto de una maldita vez. Pero Potter seguía vivo. Era como una maldición. Aquel mocoso insufrible se había escapado de él desde que era un bebé… Debía estar muerto, tenía que estar muerto y enterrado desde hacía mucho tiempo, demasiado, pero no, aquel estúpido insufrible tenía que llevarle la contraria siempre, en todo… igual que el estúpido de su padre. Aún recordaba la mirada de James Potter desafiándole, asegurándole que pasaría el resto de su vida en Azkaban. Harry Potter tenía la misma mirada de su padre, excepto que se vería en los ojos verdes de Lily Evans.
Pero era la misma mirada decidida, valiente, honrada y justa. Siempre protegiendo a los más débiles, siempre persiguiéndole, siempre advirtiéndole que algún día pagaría por todo lo que está haciendo… Valiente estúpido…
-¡Tendría que haber muerto! –gritó. Unos leves golpes en la puerta le hicieron girarse cuando la negra cabellera de Bella se asomó-¡¡¿Qué?!! –rugió girándose mientras lanzaba un candelabro hacia el otro extremo de la habitación.
Bella se armó de valor ante de hablarle.
-Vamos a probar la nueva dosis de droga en uno de los equipos, Señor –dijo rápidamente-, creí que quizá querría estar presente.
Los ojos de Voldemort la fulminaron y Bella estuvo tentada a preguntarse si realmente había sido una buena idea aquello. Incapaz de aguantar aquella mirada, la mujer desvió los ojos hacia el rincón del cuarto donde Nagini estaba a sus anchas, sin siquiera atemorizarse por el estado en el que su dueño de encontraba y sin importarle los destrozos, golpes, ruidos y gritos que habían a su alrededor.
-Voy en seguida –dijo secamente Voldemort.
Bella sabía cuándo tenía que retirarse, así que antes de que Voldemort se lo ordenara, ella asintió y salió de la habitación lo más rápido posible. A sus espaldas, el ruido de algo, probablemente de cristal por el sonido, golpeó la puerta.
Voldemort estaba de muy mal humor.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
El hombre permanecía de pie, recostado sobre la barandilla y con la mirada fija en el horizonte como si de algún modo mirar hacia allí pudiera darle las respuestas a las preguntas que se planteaba y a todo lo que estaba pensando y preguntándose.
Harry no le dijo nada. Era más que evidente que el enfado de Sirius podía palparse; tenía las manos alrededor de la barandilla y los nudillos estaban blancos de tanta fuerza que estaba ejerciendo; respiraba profundamente intentando calmarse y Harry le dejó un par de minutos para que lo hiciera.
Finalmente suspiró y habló.
-No soy mi padre Sirius –le dijo Harry con un tono que variaba entre la advertencia y el dolor. Sirius hizo una mueca de desagrado al escuchar aquello, pero aún así no interrumpió al joven-. No puedes estar las veinticuatro horas del día conmigo para que no me ocurra nada –añadió Harry-. Agradezco que te preocupes por mí y estoy seguro de que desde donde sea que esté, mi padre estará pensando que no se equivocó al nombrarte mi padrino; pero no puedes vivir pensando que si dejas de mirarme un minuto y en ese minuto me rompo un brazo va a ser tu culpa… ¿No lo ves, Sirius? –pero su padrino no le contestó; se limitó a mirarle suavemente antes de volver a mirar hacia el horizonte. Harry resopló y continuó hablando-. Aprendí a crecer solo, a tomar mis propias decisiones y a saber que todo lo que hago tiene consecuencias… -sonrió ladeando la cabeza para mirarle-. Cuando te conocí… por primera vez en mi vida, me sentí unido a mis padres. Pero tienes que entender que pasé mucho tiempo volando solo para que ahora te enfades por no querer volar bajo tu sombra Sirius.
-Podrías haber muerto Harry –dijo Sirius aunque visiblemente menos enfadado que antes.
-Y también puedo salir a la calle y que un coche me atropelle –le contestó él sarcástico-. Sirius, tienes que confiar en mi instinto y en que voy a estar bien.
Sirius le miró y lanzó una carcajada divertida haciendo que Harry le mirara con ambas cejas arqueadas y sin saber cómo debía tomarse ese repentino ataque de risa.
-¿Qué?-preguntó.
-Tu padre también solía darme este tipo de discursos… -contestó él aún riendo suavemente.
-¿Muy a menudo? –preguntó Harry.
-Bastante, cada vez que metía la pata… cosa que solía pasar bastantes veces a lo largo del día… -admitió con una media sonrisa nostálgica-. Luego, cuando él se equivocaba era Remus quien le daba estos discursos –añadió divertido al recordarlo.
-Les echas de menos –no era una pregunta. Sirius asintió-. ¿Por qué nunca hablas de eso?
-Te he hablado de James y Lily muchas veces Harry –le dijo Sirius.
Harry negó suavemente con la cabeza indicándole que no era eso lo que quería decir.
-Hablas de ellos, pero no me hablas de cómo te sientes Sirius –el hombre le miró-. Me refiero… he pasado noches enteras hablando con Remus acerca de cómo se sintió cuando mis padres murieron, cuando a ti te encarcelaron, cuando me alejaron de él… Contigo es imposible hablar de eso Sirius, nunca quieres hablar de cómo te sentiste tú, de cómo te sientes tú… Es bastante difícil saber cómo te sientes si no me lo dices, ¿no te parece?
-Sí, lo es… Pero a mí no me educaron así Harry. Aprendí a callar lo que siento y lo que pienso para no meterme en problemas –sonrió a medias-, no es que me sirviera de mucho pero no puedo hacer nada por cambiar eso –se encogió de hombros.
-Sirius, nunca seguiste los pasos que te enseñaron, ¿por qué en eso sí?
-Porque duele Harry, porque es muy doloroso para mí recordar todo aquello…Fue como si me quitaran una parte de mí –dijo sin mirarle. Harry le miró pero no le interrumpió-. James y yo… éramos como hermanos. Lily solía bromear diciendo que se había casado con nosotros dos –Harry sonrió-. Le quería. Quería a James como si fuera mi propio hermano y hubiera dado mi vida por la suya o por la de Lily sin dudarlo ni un solo segundo Harry, ni uno solo.
-Eso ya lo sé, Sirius –le contestó Harry sereno.
-Cuando tus padres murieron… una parte de mí también murió –confesó Sirius-. Y por muy estúpido que parezca, a veces tengo el absurdo pensamiento infantil y ridículo de que si no hablo de ello, el dolor desaparecerá y esa parte de mí volverá… es estúpido ¿no? –sonrió irónico.
-No, no lo es –le contestó Harry-. No creo que sea estúpido Sirius y cualquiera que te diga lo contrario, no sabe de lo que habla.
Sirius le dirigió una mirada agradecida pero no dijo nada más respecto a aquel tema.
-No me dejaron asistir a su funeral, ¿lo sabías? –dijo de repente Sirius; Harry negó-, dijeron que dado que yo les había traicionado, no tenía derecho a estar allí. No pude despedirme de ellos Harry y eso me atormenta cada noche cuando cierro los ojos.
-Despídete de ellos ahora –le dijo Harry. Sirius le miró y él se encogió de hombros-. No pudiste despedirte de ellos pero ahora sí puedes, ¿qué más da que hayan pasado algunos años? –el hombre mayor no le contestó, pero en sus ojos, Harry pudo ver como parecía estar pensando en esas palabras -. Sirius, no puedo ser mi padre… pero puedo dejar que tú seas mi padrino –le dijo Harry en un intento de aliviar lo que parecía ser la tormenta de ideas, sentimientos y emociones que Sirius parecía tener.
Sirius le sonrió de forma auténtica, sincera y simple.
-Vamos, tengo algunas cremas y pomadas para golpes que te irán bien –le dijo simplemente incorporándose y yendo hacia la puerta de la terraza-. Pero la próxima vez que hagas una excursión de este tipo…
Harry rió. Se alegraba de que Sirius estuviera a su lado. Siempre.
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El café humeaba en la cafetera sobre la mesa de la cocina; Hermione removió el azúcar recién puesto en el líquido oscuro mientras veía como Malfoy daba un largo trago al suyo propio, negro, solo y sin azúcar, simplemente ardiendo.
No entendía como a alguien podía gustarle el café caliente. El cacao estaba bien. De hecho le gustaba tomar una buena taza de cacao caliente en tardes de invierno después de una larga jornada en el hospital. Pero el café tenía que estar templado, más tirando a frío. No entendía cómo había gente como Malfoy que podía tomárselo de aquella forma, ¡si estaba prácticamente ardiendo!
-Te vas a quemar… -dijo suavemente la mujer mirándole mientras soplaba su propia taza de café.
Los ojos grises de él la miraron esperando una explicación.
-El café está muy caliente… -añadió ella a modo de excusa.
Draco le sonrió.
-Me gusta tomarlo así –le contestó a la médica dando otro sorbo del líquido amargo.
-Ni siquiera le has puesto azúcar –dijo ella de nuevo.
-Me gusta solo, fuerte y amargo –se encogió de hombros el policía-, no creo que puedan detenerme porque me guste tomarlo así –añadió con diversión detrás de sus palabras.
Hermione rodó los ojos
-Claro que no pueden detenerte por eso. Pero está demostrado que las personas que toman el café… -no pudo seguir hablando porque él la estaba mirando de forma intensa-… ¿qué pasa?
Malfoy negó con la cabeza. No estaba dispuesto a decirle que con el cabello revuelto, la camiseta tres tallas más grandes de lo normal, los calcetines blancos y los ojos medio cerrados por el sueño, estaba preciosa.
-Nada –dijo el rubio bebiendo de nuevo.
Los ojos de ella le miraron y Draco se sintió en la necesidad de decirle algo.
-¿Siempre duermes así? –le preguntó.
Hermione frunció el ceño pensando que era una crítica.
-¿Tiene algo de malo mi ropa de dormir? –le preguntó.
-No, en absoluto –aseguró él divertido por la pose de ofensa que ella parecía haber adoptado repentinamente-. Sólo me sorprende que una mujer tan práctica como tú duerma con eso…
-¿Te sorprende? Creía que ya lo sabíais todo de mí –contestó Hermione mirándole a los ojos con firmeza.
Draco resopló.
-Nunca se sabe todo de todos –aseguró Draco sin dejarse intimidar por la forma en que ella lo estaba mirando.
Hermione no le contestó, simplemente frunció el ceño antes de beber un poco de su café. Estaba demasiado caliente aún. Se levantó de la silla bajo la atenta mirada de él y sin saber cómo comportarse con Malfoy después de aquel beso, llevó la taza de café hacia el fregadero donde se entretuvo demasiado tiempo fregando la taza y aclarándola.
Consciente de su brusquedad, Malfoy se levantó y se apoyó en la encimera junto al fregadero, con los brazos cruzados sobre el pecho y los pies cruzados a la altura de los tobillos. Hermione volvió a fregar la taza frotando con especial énfasis en una inexistente mancha del borde.
-No me lo dijeron –soltó Draco de repente sin mirarla. Hermione le miró sin llegar a entenderle-. Weasley me dijo que fuera a buscarte al restaurante, pero no me dijo que iban a ir a casa de Avery –explicó él al ver la mirada confusa de ella.
Hermione no contestó. Él tampoco dijo mucho más. Se quedaron en silencio y era extraño porque ninguno de los dos estaba incómodo. En algún lugar Hermione había leído que cuando dos personas comparten un silencio, el primero en hablar es el que se siente más incómodo… Y sin embargo, entre ellos dos, ese silencio era distinto… nada perturbador, sino todo lo contrario… bastante relajante y natural, como si no necesitaran hablarse durante horas para decirse nada.
-Me alegro de que no te lo dijeran –farfulló Hermione sintiéndose las mejillas sonrojar y maldiciéndose por ser tan estúpidamente infantil que aún se sonrojaba por admitir esas cosas.
Draco la miró y al ver que ella seguía fregando esta vez el platito, lo tomó entre sus manos y lo dejó en el fregadero cerrando el grifo de forma inmediata mientras la miraba pidiéndole una explicación a aquella confesión tan extraña.
-Sé que es egoísta pero… me alegro de que no fueras esta noche… -dijo sinceramente la médica-… Si te hubiera pasado algo…
Y era cierto. Se había sorprendido a sí misma al darse cuenta de que estaba hablando con total sinceridad. Era cierto que no sabía qué hubiera hecho si le hubiera pasado algo. Y era algo extraño, muy extraño porque nunca antes le había ocurrido algo similar. Bien era cierto también, que jamás había sentido lo que por aquel hombre sabía que podía llegar a sentir y en cierto modo, eso le asustaba. Le asustaba pensar que algo pudiera terminar sin siquiera saber si había empezado… y le asustaba en sobremanera que a él pudiera ocurrirle algo.
Sorprendido ante la confesión de la mujer, evaluó su rostro levemente, leyendo en los ojos de ella lo que su boca no le alcanzaba a decir porque seguramente no sabía cómo decirlo. Preocupación. Verdadera preocupación. Sólo había una persona que le hubiera mirado así; Severus Snape, después de cada misión y antes de que fuera a ningún sitio pasaba sus ojos negros sobre él para asegurarse que estaba bien, transmitiéndole con aquel simple gesto la preocupación de no saber qué podía ocurrir.
-Sí, bueno –empezó a decir él-… supongo que el no ser amigo de Potter tiene sus ventajas –añadió con una media sonrisa que simulaba bastante bien su decepción por no haber ido a aquella pequeña excursión.
Hermione sonrió aliviada. No imaginaba que él fuera a contestar algo así. Había pensado que la miraría indiferente, mostrándose frío como siempre, como si nada le importara, como si el beso de aquella noche no hubiera significado nada para él. Pero no esperaba que utilizara el sarcasmo para hacerla sonreír y sentir semejante alivio al darse cuenta de que quizá no le era tan indiferente como ella pensaba.
Sin darse cuenta de lo que hacía, rodeó la cintura de él y ocultó su cara en el pecho de Malfoy, sintiendo como los músculos, tensos en un principio, se relajaban visiblemente a cada segundo que pasaba.
-Me alegro de que no le caigas bien a Harry…
Fue un murmullo. Sólo eso. Pero él, acostumbrado a escuchar hasta el más mínimo susurro ya que todo influía para salir con vida de algunas misiones, la escuchó perfectamente y sonrió a medias mientras que la abrazaba de vuelta, sabiendo que ella necesitaba ser reconfortada y dejando que al mismo tiempo, ella le reconfortara a él. Desde hacía poco tiempo, esa mujer parecía formar parte de su vida y de su propia esencia… era algo que no había sentido nunca, ni siquiera con Pansy.
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La frialdad de las mazmorras de la mansión le recibió con un halo helado cuando abrió la puerta con la llave que siempre llevaba colgada del cuello. Nadie más que él podía tener acceso a aquella parte de la casa, ni siquiera su mano derecha Bellatrix. Nadie tenía el paso permitido porque aquel rincón sólo era suyo.
Recordaba las historias que le habían contado siendo un huérfano, antes de entender que si quería gloria y fama, la gloria y la fama que siempre le habían negado por ser uno más de aquellos pobres niños mal vestidos y sucios, tenía que buscarla él mismo y eso era precisamente lo que había hecho.
Pero por mucho tiempo que hubiera pasado, por muchas personas que hubiera traicionado, engañado, mentido y asesinado con sus propias manos a veces por un simple mendrugo de pan duro, jamás olvidaría las historias que provenían desde la oscuridad de aquella casa de la que se había apropiado cundo tan sólo tenía diecisiete años tras un nombre falso y una nueva identidad. Historias que hablaban de viejas mazmorras donde la gente vivía encadenada, donde se azotaba a los esclavos y se violaban a las esclavas y criadas para que aprendieran a responder a una orden, a un nombre, a un grito. Historias de muertes, de gritos, lágrimas y sangre que hubieran puesto el vello erizado a cualquiera y que en cambio a él, no le producía ningún otro sentimiento más que placer y orgullo de saber que había sido en esas mazmorras, en las que ahora eran suyas, donde tanta gene había aprendido a obedecer y respetar nombres y apellidos tan antiguos como antiguo era el mismo diablo y el mismo Dios.
Ahora las mazmorras habían sido transformadas en salas blancas de paredes cristalizadas e insonorizadas; los pasillos aún conservaban el suelo frío de piedra caliza y la humedad había sido remitida desde la nueva instalación de luz y electricidad. Pero aunque todo aquello hubiera cambiado, el resultado final seguía siendo el mismo; celdas divididas por paredes donde entrenar y doblegar la voluntad de aquellos que aprenderían a obedecer sus órdenes sin pensar, sin titubear, sin plantearse siquiera que hubiera otra posibilidad a parte de seguir y cumplir aquella orden que él mismo daría.
Bella pasó delante de él cuando abrió la puerta y con la maestría de quién se sabe conocedor del terreno que pisa, encendió el interruptor que dio lugar a que una serie de focos alargados y pintados en plata se encendieran a lo largo de los pasillos y corredores del lugar.
-Por aquí, señor –indicó Bella empezando a andar.
Voldemort cerró la puerta a sus espaldas y volvió a hacer girar la llave. Nadie entraba ni salía de allí sin que él lo supiera. El último que lo había intentado, había muerto y su cuerpo había sido encontrado dos semanas después, en el fondo del lago, con la cara quemada y los huesos de manos, pies, brazos y piernas rotos… Los huesos habían quebrado antes que las quemaduras y las quemaduras se habían sucedido antes del disparo en la cabeza. No se jugaba con Voldemort. Y ahora, todos sus hombres lo sabían.
Siguió a Bellatrix a través de uno de los pasillos ignorando a los niños y niñas que se agolpaban hacia atrás rezando y rogando para no ser ellos los elegidos. Voldemort ni siquiera les prestó atención.
Se detuvo frente a una de las celdas y miró a los dos chiquillos que habían dentro. Un niño y una niña que se abrazaban en silencio en un rincón del cuarto, temblorosos, como si supieran que algo malo iba a ocurrir y sabiendo que no podían hacer nada por evitarlo. Voldemort los evaluó. Ninguno de los dos debía superar los doce años y ninguno de los dos parecía tener nada en especial para que Bellatrix los hubiera escogido para hacer la prueba. Miró a Bella pidiendo una explicación.
-¿Por qué los has escogido a ellos? –preguntó mirando a través del cristal a los dos niños.
Bella sonrió arrogantemente.
-Son hermanos, mi señor –aclaró.
La sonrisa de Voldemort fue más que suficiente para que Bellatrix se diera cuenta de que estaba satisfecho con la elección.
-¿Ha tomado la droga? –preguntó de nuevo.
-Se la hemos inyectado hace dos horas –miró Bella su reloj-. Estamos listos para hacer la comprobación, señor –añadió.
Voldemort asintió y ante el gesto, Bella pulsó un botón de la pared haciendo que una luz roja se encendiera en el cuarto. La puerta blindada se abrió y uno de los hombres, Gorksen, apartó a los dos niños el uno del otro; a él hacia el lado izquierdo, a ella, hacia la derecha; ninguno de los dos pudo hacer nada por evitarlo pero ambos lloraron como si de alguna manera supieran de antemano lo que podría ocurrir en cualquier momento.
Voldemort se dirigió al intercomunicador y pulsó el botón.
La niña, temblorosa, notó una sacudida en su cerebro, como si algo acabara de pincharle y miró a su hermano esperando que con aquel simple gesto él pudiera explicarle qué estaba ocurriendo. Pero nada pasó. Su hermano parecía más muerto que vivo, como Martha que la noche anterior no había estado en el comedor para cenar y de la que ya todo el mundo sabía que estaba muerta. Muerta. Con diez años y ya estaba muerta. ¿Qué diablos estaba pasando allí?
Entonces ocurrió. Una orden. Sólo eso. Una voz.
-Mátale.
La niña miró su mano, más pesada que de costumbre; un arma de corto calibre. Quién se la había dado era lo que menos importaba aunque una parte de su cabeza insistía en saberlo. La misma parte que luchaba contra la otra mitad diciéndole a gritos susurrados que no hiciera nada, que no podía matar a aquel que tenía enfrente no sólo por ser un niño como ella, sino por ser su hermano.
La misma voz. Una descarga eléctrica en el cerebro, un pinchazo agudo en la sien derecha; entrecerró los ojos para aguantar el dolor y aún así, no pudo reprimir el pequeño grito que surgió de su garganta.
-Mátale ahora.
Una voz fría, siseante, arrastrando cada una de las sílabas, cada una de las letras, saboreando el sabor de la muerte en ellas.
La niña negó suavemente con la cabeza.
-¡Mátale!
Incapaz de saber por qué lo hacía, alzó la mano con la que empuñaba el arma apuntando con el cañón hacia su hermano que no se movió del lugar. Le sonreía. Su hermano había escuchado la orden tan clara como ella y sabía lo que iba a ocurrir. Y a pesar de ello, le sonreía como siempre lo había hecho, indicándole que no importaba, que estaba bien, que todo estaría bien…
Danah cerró los ojos y su mano se movió sola, sin quererlo ella. Un disparo resonó en la sala, una bala atravesó el aire y una lágrima cayó de los ojos de la pequeña que no alcanzaba a entender cómo ni por qué había sido capaz de matar a su hermano.
Voldemort sonrió. La droga estaba perfeccionada.
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Bueno, pues esto es todo por hoy!!!
Espero que haya sido de vuestro agrado y si no, ya sabéis donde van los comentarios :D
Un besito para todos, espero que seais felices!!! Y recordad, no hagais nada que yo no haría… :D
Un besito, nos leemos pronto!!!
