Bueno, pues aquí os dejo otro capítulo más del fic que espero sea de vuestro agrado, aprovecho para dar las gracias a todos los que me dejasteis reviews en el capítulo anterior. Ahora mismo estoy en la facultad y no tengo demasiado tiempo para poner todos los nombres, así que prometo hacerlo en el próximo capítulo.
Espero que os guste, un besito para todos, nos vemos abajo!!
Capítulo 12. Perdóname, Regulus
Remus frunció el ceño sin siquiera levantar la mirada de los planos que estaba repasando. La vieja fábrica que Snape había dicho que deberían visitar aquel mismo viernes parecía una trampa para ratones; una única entrada y salida; ventanas altas, sin conductos de ventilación. ¿Cómo podía la gente trabajar en sitios así? Mejor aún ¿cómo podía el gobierno permitir que la gente trabajase en sitios así? Sacudió la cabeza mientras estiraba la mano en busca de su taza de chocolate caliente a tientas, sobre la esquina derecha de la mesa.
-Algún día la tirarás… -le aconsejó Ginny dejando la taza a la altura de la mano de él.
-Gracias –contestó Remus con una sonrisa-. ¿Ya te has cansado de regañar a tu hermano?
-Sí, y ahora es tu turno –le contestó la chica divertida-. ¿En qué estabais pensando?
Remus se permitió el mirarla un segundo ante de volver a mirar los planos.
-No pensábamos –le contestó el hombre simplemente-. Es imposible entrar y salir de aquí. Quedaremos encerrados… La fuente de Snape al menos podría haberle sugerido alguna forma de salir sin cometer suicidio, ¿no?
Ginny, que había abierto la boca para decir algo, volvió a cerrarla.
-¿Tan complicado es? –preguntó levantándose de la silla donde había estado sentada y colocándose junto a Remus mirando los planos-. Vaya… sí, sí lo es… -admitió. Frunció el ceño-. ¿Snape está seguro de que es aquí? –preguntó la chica.
Remus la miró y asintió sin dudar.
-No sabemos quién es la fuente de Severus, pero sea quién sea siempre nos da información certera. Si Severus dice que es esta fábrica, tiene que serlo –dijo.
Ginny asintió. Puede que Snape no le cayera bien. Era frío y calculador, distante y siempre tenía un comentario ácido para cualquiera que se atreviera a preguntarle qué tal estaba, una imagen y actitud que Draco había heredado. Pero pese a ese sentimiento de no saber nunca qué era lo que pasaba por la cabeza del hombre, sabía que podía confiar en él en asuntos de la Orden. Era uno de los mejores y todos lo sabían, incluido Harry, que de no ser por eso, seguramente ni siquiera lo habría aceptado en la Orden debido a las peleas y discusiones que siempre tenían lugar entre Sirius y Snape. Definitivamente, si Harry tuviera que escoger a alguien, escogería a Sirius.
Ginny miró los planos una vez más mientras se mordía la lengua al ver como Remus torcía la boca en un gesto de dolor. Su hermano también seguía haciendo aquellos gestos y también Blaise… aunque por la noche, pensó con cierta picardía, no notara ningún problema.
-Vamos, dilo –apremió Remus.
-¿Qué? –fingió indiferencia la chica.
-Di que somos unos insensatos por ir allí solos y todo eso… -Ginny le miró fingiéndose ofendida por insinuar siquiera que ella pudiera hacer algo semejante-. Tonks ya lo ha hecho, dos veces, y tu hermano y Blaise están cansados de escucharte, Harry ha tenido que soportar todos estos días a Sirius y Nott… -rodó los ojos-, Snape habló con él una vez –Ginny sonrió. Seguramente Nott era el que peor parte se había llevado-. Así que vamos, dilo.
-No pienso decir nada –dijo Ginny divertida-. Pero la próxima vez tened más cuidado –añadió. Remus sonrió.- ¿1.973? –preguntó mirando la fecha de los planos.
-Sí, ¿qué… -empezó a preguntar.
Pero Ginny ya no le estaba escuchando. Le habá apartado hacia un lado y estaba aporreando tranquilamente las teclas del ordenador de Remus buscando algo en la base de datos de edificios sin recalificar.
-En 1.998 se instauró una ley que habilitó ciertos edificios antiguos para ser reformados –explicó la pelirroja mientras utilizaba el ratón del ordenador-. Así que hubieron modificaciones…
-Tuvieron que hacer planos nuevos… -susurró Remus-. ¿Crees que esta fábrica…
-No lo sé… eso es lo que estoy intentando averiguar… Si hay planos nuevos tienen que estar ahí –dijo mirando la pantalla.
El teléfono de la oficina de Remus sonó.
-Lupin –contestó-. ¿Ahora? –gruñó-. Bien, de acuerdo. Diez minutos. ¡No lo sé Minerva, entretenle un poco! –colgó con brusquedad. La mirada de Ginny lo interrogó-. Deja eso –dijo a regañadientes mientras le daba al botón de imprimir sin siquiera haber mirado los planos digitales-. Minerva está entreteniendo a un agente del Ministerio de Defensa…Inspección en diez minutos en la sala grande –Ginny pareció perder el color de repente.
Remus comprendió inmediatamente. Por la cabeza de la pelirroja pasaba la posibilidad de que de alguna forma estuvieran allí para determinar las relaciones entre los miembros de la Orden.
-Seguramente está aquí en una rutinaria visita por la bomba –intentó quitarle importancia Remus aunque él tampoco las tenía todas consigo-. Ve a avisar a los demás, ¿de acuerdo? Todo estará bien Ginny, tranquila.
Ella le sonrió mientras salía del despacho de Remus. La forma en que se retorcía las manos y se mordía el labio de forma juguetona le indicaban a Remus que no estaba tranquila, en absoluto.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-Entiendo que estés enfadada –la mirada que ella le dirigió fue lo bastante elocuente para hacerle entender que no estaba enfadada-. De acuerdo, entiendo que estés furiosa. Pero en serio Granger, Potter tiene razón. Han estado a punto de matarles, él está más tranquilo si estás en la Orden en lugar de estar en casa y francamente, yo también –añadió suavizando la voz.
Hermione le miró pero no dijo nada.
-Vamos… ¿no piensas hablarme? –insistió Draco.
Hermione estuvo a punto de contestarle un rotundo "no" pero al ver la sonrisa de él de vencedor al verla abrir la boca, cambió de opinión, se cruzó de brazos, sentada en la silla, imitando la postura que él tenía estando de pie, apoyado en el escritorio, y en lugar de contestarle, le dirigió una sonrisa de autosuficiencia.
Malfoy rodó los ojos.
-El frío y distante de esta habitación soy yo, ¿recuerdas Granger? Tú eres la médica que siempre tiene respuestas lógicas para todo –intentó incitarla.
Pero ni siquiera con eso consiguió que Hermione dijera o hiciera nada al respecto. Draco suspiró.
-De acuerdo, me rindo… -rodeó el escritorio y se sentó en su silla tomando la agenda telefónica que reposaba junto al teléfono blanco de mesa-. Llamaré a Irina y le diré que lleve a los niños al centro médico, con un poco de suerte no será nada grave y los medicamentos no serán tan caros…
Hermione, que había empezado a escucharle atentamente cuando había mencionado la palabra "niños" ligada a "centro médico" y "nada grave" no pudo evitarlo.
-¿Niños? –preguntó. Draco la miró enarcando una ceja-. ¿Niños enfermos?
-Vaya ¿Ahora sí me hablas? –preguntó él burlón. Hermione no le contestó y Draco suspiró internamente-. Hagamos un trato, me dices qué te ocurre realmente y te cuento lo de los niños.
Hermione le miró enfadada. Estaba enfadada… por una estupidez, una tontería sin sentido y algo que resultaba completamente ridículo. ¿Qué eran? No sabia qué relación mantenía con Draco y eso a ella, una persona acostumbrada a tenerlo todo siempre bajo control, hasta lo incontrolable, era algo que la sacaba de quicio y la ponía, inevitablemente, de mal humor.
-No necesito ningún trato. Si hay un niño enfermo allí estaré… Sólo… estoy cansada… -le dijo ella recordándose mentalmente que no estaba mintiendo del todo-… Quiero mi vida de regreso Draco… sólo es eso… Y el que me obliguéis a venir aquí no hace que me sienta mejor que un preso… -añadió con ironía.
Cuando él la miró con aquella media sonrisa sugerente y seductora, Hermione se sintió enrojecer y no estuvo preparada cuando la voz de él llegó a sus oídos mientras su mano pulsaba los botones del teléfono.
-Te aseguro que yo te trato mejor que a un preso… -dijo en un susurro. Hermione estaba a punto de decir algo cuando él empezó a hablar-. Irina, hola, soy Draco. ¿Cómo están los chicos? –Hermione le vio fruncir el ceño en un gesto de preocupación-. Entiendo… Escucha, tengo una… -titubeó levemente mirando a Hermione, un segundo, sólo un segundo-, una amiga, pediatra –añadió como si aquello fuera de una gran relevancia-, sí, estoy seguro de que no habrá ningún problema. ¿Cuándo… -empezó a preguntar-… perfecto. Allí estaremos, hasta luego.
Hermione se mordió el labio. Draco frunció el ceño mirándola. Había aprendido bastante de ella mirándola durante tantos años para saber que había algo que le rondaba por la cabeza.
-¿Qué? –le preguntó directo como siempre lo era desde que le conocía.
-No has sabido como presentarme… -dijo ella haciendo una observación con tono inocente.
-No quería que te sintieras incómoda ante un posible error –se defendió él con tranquilidad demostrando un sentido práctico.
-Entiendo… -Hermione le miró unos segundos. Por su tono de voz, Draco supo que no lo entendía y que el lado práctico de Hermione parecía haberse dormido ante el lado femenino y romántico que la chica llevaba dentro. En el momento en que se mojó los labios con el ápice de la lengua supo que ella iba a decir algo más. No se equivocó-. Draco… tú… yo… es decir… -respiró y se armó de valor preguntándole lo que llevaba varios días intentando preguntar y sin saber cómo hacerlo-… ¿qué somos? Esto, nuestra relación… ¿qué… -empezó a titubear.
-¿Es necesario ponerle etiqueta? –preguntó Draco enarcando una ceja salvándola de su titubeo.
¿Por qué hacía eso? Se veía terriblemente guapo con ese gesto de autosuficiencia y Hermione estaba segura de que lo sabía. Y cuando la mirada así… Sacudió la cabeza. No era el mejor momento para dejar de pensar con coherencia. Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana.
-No… digo sí –se autocorrigió ignorando la risita de Draco-. Malfoy… yo no… -suspiró-. Hay cosas que no sabes y… no quiero jugar… estoy cansada de que jueguen conmigo… No quiero… no quiero jugar…
Draco frunció el ceño aprovechando que ella se había girado hacia la ventana. Su voz sonaba tan dolida y temblorosa que no evitó ni quiso evitar rodear la cintura de ella con sus brazos sintiéndose cálido por dentro al escucharla respirar profundamente.
-Lo siento… -se disculpó.
Hermione se giró para mirarle. Resultaba ciertamente extraño vera a Malfoy disculpándose, incluso sus palabras sonaban forzadas como si no estuviera acostumbrado a decirlas y ella sabía que era así.
-Supongo que deberíamos haber tenido esta conversación hace unos días ¿no? –preguntó Draco con una media sonrisa.
-Sí… -contestó ella dejándose abrazar por él.
Le gustaba esa sensación de paz y tranquilidad que los brazos de Draco a su alrededor creaba; como si pudiera hacer que todos los problemas y miedos y tonterías y dolor y lágrimas y todo lo malo del mundo, quedara fuera de aquel abrazo, creando un mundo sólo para ellos, sólo para ellos dos, un mundo donde nada malo podía ocurrirle. Y le gustaba. Por muy independiente que fuera, por muy fuerte que se mostrara, por muchos gritos en el cielo que pusiera… el lado romántico de toda mujer que siendo niña había soñado con sentirse alguna vez así de protegida, era muy superior al lado práctico que le gritaba que no necesitaba a nadie para sentirse segura.
Levantó la cabeza para mirar a Malfoy y supo que él la iba a besar. Lo sabía por el brillo de sus ojos, lo sabía por aquella sonrisa arrogante, dulce y diferente que sólo utilizaba con ella. Malfoy no pedía, robaba. Y cuando la cabeza de él se inclinó ligeramente hacia un lado para besarla, Hermione volvió a sentir el maravilloso torbellino de sensaciones que la dejaba mareada durante unos segundos después del beso, pero que, ni aún así, dejaría nunca de besarle y de dejarse besar.
Y fue precisamente así cómo los encontraron cuando alguien abrió la puerta del despacho de Malfoy.
-Draco, tenemos…
Hermione se tensó bajo el beso de Draco al que no parecía importarle en absoluto que su padrino Severus acabara de entrar en el despacho ya que rompió el beso con suavidad y tranquilidad sin perder la sonrisa.
-¿Qué pasa, Severus? –preguntó sin apartar los ojos de la mujer que tenía la mirada aterrorizada.
-Tengo que hablar contigo, ahora –pidió mirando de forma significativa a Hermione.
Draco rodó los ojos aprovechando que Severus no podía verle y le sonrió a la mujer besándola en la frente mientras le soltaba la cintura.
-Espérame fuera –le pidió suavemente a Hermione pero sin dejarle la oportunidad de que pensara siquiera en replicar.
La mujer asintió intentando no mirar a Snape a los ojos y rehuyendo su propia mirada mientras tomaba su chaquetita y su bolso de la mesa baja donde los había dejado y cuando estaba ya a punto de salir de la oficina de Draco, éste la detuvo por la curva del codo haciendo que girara para mirarle. Delante de Severus, Draco Malfoy la besó en los labios de forma breve pero intensa y con un deje de pudor y vergüenza, Hermione se sonrojó al pensar en cómo sería sentir esos labios mientras hacían el amor… preguntándose si sería frío como se mostraba ante todos o dulce y tierno como era cuando estaba con ella.
-No pasa nada… -le susurró con una media sonrisa colocándole el cabello detrás de la oreja en un gesto tan íntimo que incluso Severus se dio cuenta del significado de aquello.
-Vale… -contestó Hermione.
Draco le sostuvo la puerta mientras ella salía y justo cuando ésta se cerró, pudo escuchar la voz de Severus bramando.
-¡¿En qué diablos estás pensando?!
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Era bueno ser la hermana de Bella. Nadie le discutía sus órdenes aunque en momentos como aquel le gustaría que se las negaran o que al menos le dejaran estar en otro sitio, en otro lugar, en cualquier otro maldito lugar.
Pero sabía que no podía negarse a hacer lo que le habían pedido. Fingió toser cuando uno de los médicos pasó junto a ella, ataviado con su bata blanca, sus zapatos blancos y los pantalones azules asomando por debajo de la bata dejando ver una camisa del mismo color que éstos, al llevar la bata abierta. Giró el rostro para hacerlo. No sería bueno que la vieran.
Hubiese deseado hacerlo. Después de todo, era su primo. Su primo. Aquel con quien había compartido juegos siendo niños, el que la había ayudado a subir a los árboles y el que siempre se había culpado de todas las travesuras que ella y Bella habían hecho siendo niñas alegando siempre que eran niñas y que como decía su hermano Sirius "a las niñas hay que protegerlas". Sonrió al recordarlo mientras empujaba la puerta de acceso a las escaleras.
Eso era algo que sus dos primos siempre habían cumplido desde que eran pequeños. "A las niñas hay que protegerlas", " a las mujeres hay que cuidarlas y respetarlas". Seguramente era el único pensamiento en común que los hermanos Black compartían… o quizá no…
Se detuvo mientras subía las escaleras hacia la planta superior mientras pensaba acerca de aquello. No conocía a sus primos. En realidad, dudaba que alguien pudiera llegar a conocerles alguna vez. Regulus era frío, despiadado y seco y mantenía a todo aquel que se intentaba acercar a él tras una barrera de hielo y hormigón duro que era imposible atravesar, siquiera pensar en atravesarla. Sirius mantenía esa misma barrera pero desde otra línea, siempre había sido distinto al resto de los Black, siempre con la certeza de que el orgullo, la lealtad y la justicia era el mejor fin para conseguir las cosas… ese tipo de pensamiento lo habían llevado a alejarse de su familia quien lo había repudiado y a alojarse en la Orden, manteniendo siempre una distancia con la gente y dejando que la gente conociera únicamente lo que él deseaba que conocieran, conservando siempre la calma desde una máscara de tranquilidad y burla hacia todo y hacia todos que a veces, casi siempre, sinceramente, ella envidiaba y odiaba a partes iguales.
Caminó con tranquilidad hacia la habitación de Regulus y asegurándose de que no había nadie dentro ni en los pasillos que pudiera verla entrar, pasó a la habitación inmaculada, triste, demasiado apagada y sin nada que pudiese hacer pensar que aquel paciente tuviera algún conocido.
Se arrepintió de lo que le habían ordenado hacer en el mismo instante en que lo vio allí tumbado, tapado hasta el pecho con la sábana blanca, conectado a aquella máquina que respiraba por él y con los ojos cerrados como si realmente estuviera durmiendo. Sólo durmiendo… aunque ella sabía que no era verdad. Regulus siempre había estado lleno de vida, activo y en continuo movimiento igual que Sirius… y el verle allí quieto, más muerto que vivo, hizo que Narcisa se llevase una mano a la boca para ocultar su grito de sorpresa. Jamás había imaginado que acabaría viendo de aquella manera a Regulus.
Las órdenes habían sido claras. El delator tenía que morir. Sangre por sangre, Voldemort le había encargado a ella que purgara el error de Black y eso sólo significaba una cosa… Tenía que matarle.
Se acercó a la cama mientras sacaba de su bolso de piel negro una jeringuilla. Se inclinó sobre el hombre y le acomodó el cabello negro apartándolo de los ojos, recordando que a él siempre le molestaba llevarlo largo más por el parecido que todos decían que de aquella forma tenía con Sirius con por molestia verdadera. Sonrió sin darse cuenta. Habían bromeado en varias ocasiones con quién de los dos moriría primero, entre risas, entre bromas, que si morían siendo jóvenes al menos tendrían un hermoso cadáver. Bella solía reprenderles cuando les encontraba en aquella conversación, pero siempre acababa con una sonrisa mientras les decía: "además, aunque yo sea más vieja que vosotros, siempre tendré mejor aspecto".
¿Por qué tenía que matarlo ella? Lo sabía. Sabía la respuesta incluso antes de que su cabeza la obligara a pensar. Prueba de fidelidad. Prueba de lealtad. Narcisa no lo hacía por Voldemort, lo hacía por Bella. Las dos sabían eso. Y estaba convencida de que Tom Riddle también lo sabía.
Y antes de darse a sí misma tiempo a pensar lo que estaba haciendo, antes de pararse porque sabía que si lo hacía perdería todo lo que tenía incluyendo su propia vida, introdujo la jeringuilla directamente en el brazo de Regulus Black, inyectándole el contenido de aquella sobredosis de insulina.
Una única lágrima se deslizó por su mejilla y ella la apartó furiosa. Odiaba parecer débil. Odiaba ser débil. Se inclinó sobre él y le besó en la frente. Un beso sin rencor. Un beso sin maldad, sin motivos, sin sentido. Sólo un beso de amigos, un beso de primos. Un beso inocente y sin ningún otro propósito que el simple hecho de ser un beso.
-Perdóname, Regulus.
Por un segundo, sólo por un segundo, Narcisa tuvo la sensación de que el cadáver de Regulus, ya sin vida, le sonrió perdonándola.
Luego, salió de la habitación tan en silencio como había entrado, con la seguridad de que nadie la había visto y con el alma muerta. Había matado en varias ocasiones, pero jamás habría imaginado que su propio primo moriría a manos de ella. Sólo le quedaba ser perdonada si es que había alguien que pudiera hacerlo.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Ron gruñó una vez más mirando a su amigo que se limitó a apurar su taza de café bien cargado y dulce, muy dulce.
-Harry… -lo llamó.
Pero el moreno no le escuchó y si lo hizo, no dio señales de haberlo hecho.
-Harry, ¿quieres dejar eso?
Pero Potter seguía repasando los informes que había sacado Ginny del pequeño disco, revisando todas y cada una de las anotaciones, por estúpidas que pudieran parecer en un principio y por muy poca relación que tuviera con Cho. Estaba seguro de que allí tenía que haber algo, algo que le dijera donde estaba, dónde podía estar. Tenía que saberlo… Tenía que…
La mano grande de Ron le arrebató el papel en cuestión que tenía en aquellos momentos delante. Los ojos verdes de Harry parpadearon sin querer creer que su amigo acabara de hacer aquello.
-¿Qué diablos te pasa Ron? –le preguntó entonces.
-Nada –comentó sarcástico-. Sólo llevo… -miró su reloj, último regalo de cumpleaños de su hermana-… doce minutos llamándote y tú llevas doce minutos sin hacerme el menor caso, pero a parte de eso, no ocurre nada.
-Perdona Ron… -contestó Harry-… creo que necesito otro café… doble… -añadió más para sí mismo mientras reprimía a duras penas un bostezo.
-Lo que necesitas es dormir un poco Harry –habló Ron sentándose en el borde del escritorio de su amigo y compañero.
El moreno negó con la cabeza fervientemente. No quería ir a dormir. Tenía la errónea sensación, aunque para él era del todo sincera y cierta, de que si paraba un segundo, un solo segundo para dormir una simple hora, Cho se escaparía de donde fuera que estuviera metida, la investigación sobre la bomba en casa de Avery sería un total fracaso y Riddle conseguiría desaparecer escurriéndose entre sus dedos… una vez más. Y no podía permitir eso. Estaba demasiado cansado para permitirse dejarlo escapar una vez más. Estaba cansado de las muertes, los rumores, las miradas, los informes… Estaba cansado de Riddle y de la escoria que como él creía que con dinero podía comprarlo todo, la libertad, los amigos, incluso la vida y la muerte de su propia persona y de los demás. Tenía que acabar con todo aquello y pronto.
Dormir no serviría de nada. Absolutamente de nada.
-Estoy bien –aseguró Harry intentando coger otro informe.
Informe que le fue arrebatado… una vez más. Harry miró furioso a Ron.
-Puedo estar aquí todo el tiempo del mundo Potter –le advirtió-. Y no vas a hacer nada hasta que no vayas a casa, te des una ducha y duermas diez horas seguidas… Por todos los dioses, Harry… llevas días sin dormir.
-No me gusta que me llames Potter –le recordó Harry-. Me recuerdas a Snape cuando lo haces –admitió-. Y sólo lo haces para sacarme de mis casillas, lo sé –le dijo antes de que Ron pudiera rebatir nada de lo que acababa de decir.
-Harry… -el pelirrojo decidió ignorar lo que el moreno acababa de decirle-. Yo también quiero atraparlo... pero no sirve de nada que estés aquí más muerto que vivo, ¿puedes entender eso, Harry?
-Ron…
Conocía aquel tono. Estaba empezando a llegar al punto en el que pierde la paciencia, algo bastante malo si a eso se le suma la combinación de pocas horas de sueño, mal humor y ganas de encerrar a alguien, preferiblemente, a solas y sin cámaras de vigilancia. Ron se encogió de hombros mentalmente con la intención de insistir un poco más.
La puerta siendo golpeada ligeramente y la pelirroja entrando en el despacho hizo que dejara de hablar.
Ginny les miró a ambos. Les conocía lo suficiente para saber que estaba pasando algo, seguramente una conversación interesante a juzgar por el ceño fruncido de Harry y las orejas rojas de su hermano. A Ron siempre se le ponían las orejas rojas cuando estaba enfadado por algo, y también cuando acababa de decir algo que sabía que podía ponerle en alguna situación comprometida. La última vez que ella recordara que se les había puesto rojas hablando con ella, había sido dos meses atrás, después de una misión bastante peligrosa que le había llevado a ingresar en el hospital dos semanas enteras y durante las cuales, en una de las visitas de Ginny le había dicho, después de que ella le regañara durante cuatro horas y cincuenta y siete minutos exactamente, que se alegraba de que se preocupara por él. Las orejas se le habían puesto furiosamente rojas y más aún después cuando ella lo había abrazado.
-Vale, no quiero saberlo –dijo la mujer mirándoles-. Dejad vuestras conversaciones de hombres –dijo con sarcasmo- para otro momento. Tenemos problemas más graves –comunicó Ginny-. Smith está aquí –miró directamente a Harry.
Ron miró a su amigo.
Estaba seguro que había podido notar el crujir del cuello del moreno e incluso la tensión del despacho se había vuelto más densa. Aquello no iba a ser bueno.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-¿En qué diablos estás pensando?
Draco decidió ignorar el grito de su padrino y tomarlo como una simple pregunta. Enarcó una ceja y con toda la frialdad que poseía le contestó lo más sereno que pudo.
-No sé a qué te refieres, padrino.
-Es la hija de Jhon –dijo Severus esperando que Draco lo entendiese todo.
Pero desde luego que esa información no era nada que fuese a hacer que Draco dejara de lado lo que fuera que estaba pasando con Granger… si es que estaba pasando algo realmente porque aún no lo tenía del todo claro.
-Lo sé. No dejas que lo olvide, padrino –le contestó él.
-La acusaste de tener todo aquel dinero –intentó de nuevo Severus.
-Aún recuerdo lo que hago, gracias por tu interés, padrino –contestó Draco sarcástico.
-Draco… Ten cuidado.
-¿Qué quieres…
-No juegues con ella ¿entendido?-dijo interrumpiéndole.
-¿Qué te hace pensar que lo estoy haciendo? –preguntó Draco sin mostrarse ofendido por aquello.
Cualquier otra persona que hubiera insinuado eso, cualquier otra persona que hubiera insinuado siquiera que podía meterse en su vida seguramente ya tendría un par de golpes, Severus era el único que podía hacer según qué tipos de comentario sin correr el riesgo de recibir una paliza por parte del rubio.
-Pansy –contestó el hombre llanamente.
-Severus…
-No, vas a escucharme Draco –le interrumpió el hombre mirando a su ahijado con firmeza y determinación-. Amaste a Pansy y desde entonces, todas las mujeres con las que has estado sólo han sido un juego para ti y nunca me ha importado. Jamás he criticado con quien te ibas a la cama ni a quién partías el corazón –le dijo seriamente-, pero no voy a dejar que Granger sea un juego más, ¿entendido? Se lo debo a Jhon por todas las veces que me salvó la vida… -añadió.
Draco miró a su padrino. Estaba hablando en serio.
-Nunca me contaste qué ocurrió.
Severus le miró. Lo conocía lo suficiente para saber que aquella afirmación llevaba una pregunta implícita.
-Y no voy a hacerlo. Sólo tienes que saber que Jhon me salvó en varias ocasiones y que seguramente sin su ayuda yo estaría muerto hace muchos años –añadió con una mirada nostálgica, poco frecuente en él-. Si vas a jugar con ella, Draco… -empezó a advertirle con un brillo peligroso en los ojos.
-No tienes que preocuparte por eso Severus –le contestó Draco con una firmeza absoluta.
Por la mirada que Severus le dedicó, el rubio se dio cuenta de que no era suficiente, así que suspiró y le dio una explicación un poco más larga.
-Severus, no sé lo que hay entre Granger y yo… Ni siquiera nosotros dos lo sabemos ni tampoco podríamos calificarlo de ninguna de las maneras… Sólo… nos sentimos atraídos el uno por el otro… -intentó explicarle-… y quizá algo más… -admitió-, reconozco que cuando estoy con ella siento ganas de protegerla de todo y de todos incluso del mismo aire… -sonrió irónico al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Miró a su padrino seriamente-… pero aún no sé como catalogarlo…
-Draco…
-No quiero jugar con ella, ni quiero hacerle daño, ni quiero hacerme daño –le confesó a regañadientes sabiendo que si no Severus no le iba a dejar tranquilo-. De eso puedes estar seguro…
Snape iba a contestarle cuando Sirius entró en el despacho de llamar con su habitual toque; tres golpes rápidos.
-Problemas en la sala de juntas –dijo simplemente con aburrimiento-. No entiendo por qué me han mandado a mí a buscaros…
-Black, ¿qué diablos se te ha perdido en este despacho? –preguntó irónico Snape fulminándolo con la mirada.
-Tampoco es de mi agrado venir a buscaros –aclaró Sirius-, pero dado que parece ser que sois los únicos sensatos que no fuisteis con estos locos a casa de Avery… -se encogió de hombros-. Reunión en cinco minutos. Smith está aquí –añadió con cierto deje de ironía.
Severus frunció el ceño. Su cabeza se había puesto a trabajar a gran velocidad mientras intentaba pensar qué diablos hacía Smith allí. Draco rodó los ojos.
-Continuaremos esto luego –le dijo a su padrino-. En una vida futura, quizá –añadió frío pasando junto a Severus y empujando ligeramente a Sirius al pasar por la puerta.
-¿Problemas? –se atrevió a preguntar Sirius.
-No te metas Black –le advirtió Snape.
Sirius le sonrió burlón.
-Jamás me atrevería. ¿Vienes, Snape? –el hombre le fulminó con la mirada, pero en lugar de decir nada, salió del despacho de Draco con la idea de tomar una pastilla.
Últimamente cada vez que hablaba con Draco terminaba con dolor de cabeza… Sonrió con cierto orgullo… era un maldito cabezota.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Nott enarcó una ceja al más puro estilo de Draco Malfoy pero no dijo nada cuando vio a Blaise sentarse frente a él alrededor de la gran mesa de la sala de juntas con un vaso de zumo de cereza en las manos. Blaise siempre bebía zumo de cereza cuando estaba nervioso. Recordaba perfectamente la cantidad de zumo de cerezas que había tomado durante la época en la que tuvieron que hacer las pruebas físicas para entrar en la Orden. Demasiado. Draco solía burlarse de él diciéndole que seguramente había terminado en una semana con toda la producción de cerezas de dos años… Y Nott no estaba seguro de que Draco se hubiera equivocado demasiado en su predicción.
-Draco terminará liándose con Granger –comentó Blaise como si nada.
Nott enarcó una ceja, miró a su amigo, pasó la hoja del periódico que estaba leyendo y sin apartar los ojos del artículo realmente interesante sobre el cambio climático y sus efectos durante los próximos veinte años, le contestó también de forma desinteresada.
-Y tú estás liado con Ginny y nadie ha dicho nada para que Weasley no te mate.
Blaise se atragantó con su zumo de cereza y miró a Nott que lejos de parecer culpable por aquello, le estaba sonriendo burlón.
-Theo…
-¿Cómo lo sé? Es más que obvio –contestó el moreno con un ademán impaciente.
-¿Crees que…
-Nadie va a decir nada Blaise –le tranquilizó Nott sabiendo de antemano lo que le iba a preguntar-. A ninguno de nosotros le cae lo suficientemente bien Smith para decir nada que pueda hacer que se lleve un ascenso –bromeó.
Blaise sonrió. Debajo de aquella broma había una verdad enorme… en la Orden nadie traicionaría a nadie. Era una norma no impuesta, una regla no acordada y una promesa no escrita.
-Eso espero –intervino la voz de Remus entrando por la puerta seguido de Tonks que sonreía como si no estuviese pasando nada y no hubiese una investigación que podría costarle el puesto y una sanción-. Si a alguien se le ocurre decir algo…
-¿Nos dejarás a todos sin ese delicioso chocolate que siempre traes y escondes en el fondo de la pequeña nevera? –sugirió Tonks.
Remus sonrió mientras veía como Nott y Blaise soltaban una carcajada. Al tiempo que Nott retiraba la silla de Tonks para que esta se sentara, el hombre ladeó la cabeza como si estuviera pensando en algo, se acercó hasta su silla y se sentó tranquilamente sin apartar los ojos de Tonks ni un segundo.
-No, pero empezaré a llamar a todos por sus nombres… -miró significativamente a Nott y a Tonks que odiaban sus nombres y luego se giró hacia Blaise que sonreía burlonamente. Sonrisa que se borró cuando Remus terminó su frase-… por sus nombres completos… ¿El tuyo era Blaise Luciano? –preguntó fingiendo haberlo olvidado y pronunciando su nombre con un perfecto acento italiano.
-No vuelvas a llamarme así –le advirtió Blaise-. Y vosotros no os riáis –advirtió a Tonks y a Nott que estaban a punto de estallar en carcajadas.
-Vaya… cualquiera diría que estáis de fiesta en vez de estar esperando a Smith –argumentó Ginny entrando con una media sonrisa nerviosa seguida de su hermano.
-Es que burlarse de Smith siempre es una fiesta –apuntó Tonks con diversión contenida.
En el momento en que la puerta se cerraba, Draco volvió a abrirla con gesto hastiado y semblante serio. Comprendieron el motivo. Si bien detrás de él entró Hermione, detrás de la médica entró Smith. Blaise rodó los ojos al mirar a Draco y le dirigió una mirada a Nott que asintió. Él también se había dado cuenta del gesto del rubio. Tendrían que estar atentos si no querían que Smith acabase muerto en aquella misma habitación.
-Buenos días –saludó el hombre.
Ginny le miró nerviosamente. Zacharías Smith seguía igual que siempre. Con su porte arrogante, su traje de Armani impecable, su camisa blanca impoluta y su corbata gris que le hacían parecer más un vendedor de seguros que un agente del Gobierno, por muy secreto que fuera. El rostro endurecido por las facciones hoscas pero resultantes, ojos azules oscuros, prácticamente negros y el cabello con un corte perfectamente militar, al igual que los zapatos negros brillantes como si acaban de pasar una revisión del mismo General.
Por debajo de la mesa, Blaise le acarició la rodilla y cuando ella le miró, Blaise le sonrió infundiéndole confianza y tranquilidad. Era maravillosamente extraño lo que él conseguía hacer con una simple sonrisa.
Cuando Zackarías Smith separó una silla de la mesa, Nott carraspeó ligeramente atrayendo la atención del hombre.
-Lo siento, ese es el sitio de Black –dijo Nott con su habitual rostro de no haber roto nunca nada.
Smith le miró con los ojos entrecerrados pero en lugar de decir nada, soltó la silla que había tomado mientras miraba a su alrededor buscando otro lugar en el que hacerlo. Una simple mirada por parte de Malfoy le indicó que no era seguro para su integridad física que se sentara demasiado cerca de él, y otra mirada de Nott le retó a que se sentara en la silla que presidía la mesa, la de Potter. Smith sabía que tampoco era una buena idea.
-A veces la reputación de Snape es buena –dijo Ron en un susurro a Tonks que sonrió a medias.
-Estoy de acuerdo contigo.
Aún así, Smith alzó la mano para apartar la silla de Harry.
-Yo no lo haría… -canturreó Ginny.
-Estoy seguro de que no le importará –insistió Smith.
-De echo, sí le importará –apuntó Sirius entrando en la habitación-. La última vez que alguien intentó sentarse en su lugar… En fin –dijo divertido-, digamos que creímos que esas manchas de la alfombra –señaló unas en concreto, de color rojizo oscuro-, desaparecerían… Ya ves que no –añadió sentándose en su habitual sitio con la silla al revés, es decir, a horcajadas mientras apoyaba los brazos en el respaldo de la misma-. Bueno, ¿a qué se debe tu encantadora visita, Smith? –preguntó-. ¿Estabas aburrido y has decidido venir a tocarnos las narices?
-Sirius, sé educado –le reprendió Remus con un ligero tinte divertido en la voz indicando que estaba pensando lo mismo que su amigo-. Seguramente ya han eliminado a las células mafiosas de Rusia, las veinte que hay en Londres actualmente y ha venido para ver cómo estábamos, ¿verdad? –inquirió con voz dulce.
-¿Veinte? –Smith maldijo en voz baja. Su equipo sólo tenía constancia de diez, cuatro de las cuales aún estaban ilocalizables.
-Oh, ¿no lo sabíais? –Remus chasqueó la lengua y se giró hacia Ginny-. Luego tendrás que pasarles un informe sobre esas células, pelirroja –le dijo-. Creo que sus informáticos no son tan buenos como tú.
La chica rió complacida y su risa cristalina inundó la sala mientras un aún malhumorado Smith se sentaba en la única silla de la habitación que parecía ser bastante incómoda. Y de hecho lo era. A ninguno de los presentes pareció importarles su incomodidad.
La puerta se abrió de nuevo y un malhumorado Severus Snape entró seguido de Harry con quien parecía que había tenido alguna conversación, bastante interesante, a juzgar por sus expresiones.
-Veo que tienes a alguien nuevo –indicó a modo de saludo Smith señalando a Hermione con la cabeza-. Bastante preciosa, la verdad, mejorando lo presente –añadió mirando a Ginny y Tonks que sonrieron por cortesía más que por placer.
-No es una miembro del equipo –comunicó Draco en un acto reflejo de protección hacia Hermione.
Smith enarcó una ceja.
-¿No? Que interesante… Entonces, ¿se puede saber qué hace en esta reunión?
-Es nuestra protegida y no puede estar sola –dijo Blaise intercediendo antes de que Draco dijera algo más.
Harry carraspeó para llamar la atención de todos al ver el cruce de miradas entre Malfoy y Smith. Sinceramente, si él fuera Malfoy y Smith llevara toda la vida persiguiéndole e intentando hacerle la vida imposible, seguramente él actuaría del mismo modo. De hecho, si o lo hacía era únicamente porque seguía los consejos de Remus "se atrapan más moscas con miel que con vinagre"
-Veo que te has acomodado –le dijo a Smith que le miró mientras Severus intentaba hacerle entender a Draco que sería mejor que se calmara.
-Iba a tomar la tuya Potter –aseguró Smith-. Pero pensé que no sería muy educado por mi parte presidir la mesa de tu equipo.
Ron se mordió la lengua para no preguntarle con sarcasmo desde cuándo le importaba a él los buenos modales y Harry sonrió sentándose más cómodamente en su silla.
-No deberías preocuparte por eso Smith –le sonrió socarrón-. Puedes tomar mi silla si quieres, y también mi lugar en la mesa –le concedió-. Mi equipo sabe que allá donde yo me siente, ese será el lugar presidencial de la mesa.
Blaise sonrió y Remus carraspeó ligeramente ocultando su risa mientras que Sirius lanzaba una carcajada orgulloso de su ahijado. Estaba claro que sus respuestas se hacían más mordaces cuanto más crecía el muchacho.
-De acuerdo, dejemos las tonterías –tomó las riendas del asunto Harry mirando a Smith fijamente-. ¿Qué es lo que quieres saber? Podríamos haberte enviado los informes y todos estaríamos tranquilos en nuestros lugares y puestos de trabajo, así que adelante, ¿qué ocurre?
-Siempre directo, ¿verdad?
-En eso se parece a su madre –aseguró Remus con una media sonrisa.
-Yo creo que es de James de quien ha heredado eso –replicó Tonks.
Sirius enarcó una ceja hacia Tonks. Luego miró a Remus que también tenía ambas cejas enarcadas. Ambos recordando la terquedad de James y el carácter de Lily, capaz de convencer a su marido de cualquier cosa, incluso de que la vacas podían volar.
-A su madre –dijeron al mismo tiempo los dos hombres.
Harry sonrió entre avergonzado y divertido.
-Corren rumores –dijo Zacharías.
-¿Rumores? –preguntó Harry-. ¿Has convocado una reunión por rumores? –preguntó burlón-. ¿Desde cuándo te interesan a ti los rumores?
-Desde que implican violaciones en las órdenes del cuerpo –contestó el hombre sin inmutarse siquiera ante la burla más que evidente de Harry-. Te gusta ser directo y a mí también, así que lo diré sin preámbulos, ¿existe o ha existido entre los miembros de tu equipo algún tipo de relación sentimental?
Ginny contuvo el aliento. Blaise bebió de su vaso de zumo de cereza. Nott prestó atención a la conversación. Draco y Severus permanecieron impasibles pese a que una de las manos de Draco estaba sobre el respaldo de la silla de Hermione. Hermione no entendería nada. Sirius miró a Remus ligeramente y le sonrió. Ron frunció el ceño. Remus no se movió. Tonks empezó jugar con un mechón de cabello, gesto que siempre hacía cuando estaba nerviosa. Harry sonrió con sangre fría.
-No que yo sepa –contestó Harry tranquilo.
-¿Sabes a lo que te expones si me mientes? –preguntó Zacharías.
-A una posible condena por ocultar información y violar los estatutos de la Orden de Inglaterra –recitó el moreno con voz monótona-. Pero no tengo nada de lo que preocuparme. No hay ningún tipo de relación entre mis hombres.
Zacharías frunció el ceño. Había algo. Lo sabía. Tenía un topo infiltrado en las oficinas de la Orden y sabía de primera mano que había al menos una relación seria entre dos miembros del equipo de Potter. Estaba deseando poder echar la mano al cuello de Potter y apretarle hasta que suplicara que le dejara. Se lo debía. Se lo debía desde aquella misión en Singapur en la que Potter le había hecho quedar como un idiota estúpido.
Lo más parecido a una familia que Harry Potter tenía, era la Orden del Fénix. Haciéndole daño a ella, se lo hacía al moreno y eso era lo que buscaba. Eso, y ser el dirigente de la Orden, puesto que le había sido prometido por su superior si conseguía encerrar a Harry Potter durante una buena temporada.
No. Aquel era un filete demasiado jugoso para dejarlo escapar. Miró con ojos amenazantes a Potter y abrió la boca de nuevo. Demasiado tarde. Alguien bastante más perspicaz que él se había dado cuenta de que no pensaba soltar su presa con facilidad, y ese alguien se había adelantado.
-De hecho sí hay una relación –dijo Snape con su habitual tono frío. Varios pares de ojos le miraron asustados, Draco sólo sonrió-. Bueno, Ginevra es hermana de Weasley –señaló-. Eso es una relación, ¿verdad? –añadió divertido al ver la cara de decepción del rostro de Smith.
-No me refería… -carraspeó levemente-… no me refería a ese tipo de relación.
-Oh, entonces, no –dijo Severus fingiendo estar contrariado-. ¿Eso era todo? Menuda pérdida de tiempo… Tengo cosas más importantes que hacer. Weasley –ambos pelirrojos le miraron-. Weasley chica –dijo con sorna-. A mi despacho, hay un par de informes del ordenador que no consigo…
-Os acompaño –se levantó Remus-. Así te explicamos lo de los planos de la fábrica –explicó a Severus que se limitó a asentir.
-Smith –se despidió Ginny levantándose-. Un auténtico horror el volver a verte –dijo con tranquilidad.
-¡Gin! –protestó Ron fingiendo enfado-. Eso se dice en privado, nunca a la cara de nadie –comentó levantándose detrás de ella-. Perdónala Zacharías –dijo con burla-. Es muy joven….
-Tonks, voy al hospital –se levantó Sirius.
-Cojo mis cosas y te acompaño –dijo inmediatamente la mujer que estaba deseando salir de la acusadora mirada del hombre.
Blaise terminó su vaso de zumo de cereza y se levantó.
-Necesito ir al baño.
-Sí, y yo a revisar las reservas de zumo –apuntó Nott ligeramente divertido riendo aún más cuando vio la mirada que Blaise le dirigía y que pretendía ser fulminante.
-¡Nadie va a salir de aquí hasta que me digan quién diablos tiene una relación!- gritó Smith realmente enfadado.
Draco rodó los ojos. Smith podía ser un auténtico fastidio cuando quería. Miró su reloj. Le había prometido a Irina ir pronto y además estaba el pequeño asunto de la conversación, una vez más inconclusa, con Granger.
-Yo estoy manteniendo una especie de relación –dijo entonces.
Smith sonrió victorioso.
-Pero no es con ningún miembro de la Orden –añadió el rubio al ver sonreír Smith-. Es con Granger.
Harry les miró enarcando una ceja, Severus gruñó y Nott le miró como si acabara de perder el juicio mientras que Blaise sonreía divertido, definitivamente, no había esperado ese tipo de declaración.
-¿Mantienes una relación con tu protegida? –preguntó Smith.
-Sí. ¿Algún problema? –preguntó raudo Draco.
-Ninguno… creía que después de lo de Parkinson habías aprendido a diferenciar lo profesional de lo personal.
Draco dio un par de pasos hacia Smith pero Nott fue más rápido y se interpuso en su camino mientras Hermione, por instinto, lo sujetó del brazo para impedir que siguiera avanzando.
Smith sonrió creyendo haber encontrado algo, pero una vez más Harry Potter se cruzó en su camino. Cómo siempre ocurría.
-Las relaciones entre miembros de la Orden están prohibidas como bien has dicho Smith, pero las relaciones entre protegidos y protectores está permitida –contestó Harry-. ¿Tu mujer sigue bien?
Zacharías fulminó a Harry con la mirada pero el joven agente ni siquiera se inmutó. Le sonrió con burla y hasta con cierta socarronería sin perder la paciencia, con aquel brillo malicioso en sus ojos de quien se sabe vencedor de una batalla verbal y con la seguridad de que lo sería durante mucho tiempo.
-Bien, gracias –contestó Smith.
-Me alegro –aseguró Harry. Y no mentía-. Podéis retiraros, y no os durmáis, hay trabajo que hacer –añadió mirando a Draco y al resto de los chicos. Miró rudamente a Smith-. Tú también, Smith. La próxima vez que quieras acusar a alguno de la Orden, procura que tus acusaciones sean ciertas, ¿entendido? No me gusta perder el tiempo habiendo tanto por hacer.
Smith fue el primero en salir del lugar, furioso y dado grandes zancadas. Draco se retrasó a propósito un poco más.
-Potter… -lo llamó.
El moreno le miró y se limitó a sonreírle muy levemente.
-No es necesario Malfoy. Piensa que es mi disculpa por aquel puñetazo –añadió.
Draco sonrió a medias y asintiendo salió del despacho.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-¿Quería verme, señor?
-Pasa, Narcisa. Pasa por favor…
La mujer obedeció, sintiéndose intranquila, como cada vez que entraba en los dormitorios de Voldemort. Demasiados malos recuerdos. Demasiados recuerdos de lágrimas, llantos y sangre; el sonido de las cadenas aún se escuchaban en cada rincón del lugar y aún le pesaban los grilletes de manos y pies cuando su señor tenía ganas de disfrutar de su cuerpo de la forma más cruel que conocía.
Aún así, entró en el lugar con la cabeza alta y erguida, dispuesta a no dejar que nadie se diese cuenta de lo asustada que estaba y del pavor que le provocaba entrar allí; quizá ya era una adulta pero cuado estaba en presencia de Voldemort, se sentía como una niña, la misma niña pequeña que le temía y que apenas se atrevía a dirigirle la palabra o a mirarle, la misma niña que sufrió sus constantes abusos hasta que decidió que ya era demasiado mayor para él.
-Has hecho un buen trabajo –la alabó-. La muerte de Regulus ha sido perfecta y limpia, te felicito.
Narcisa se puso en guardia. Voldemort nuca halagaba a nadie a no ser que a continuación fuese a decir algo más. No se equivocaba.
-Gracias, mi Lord…
-Trabajarás con Malfoy –sentenció entonces Voldemort.
Narcisa le miró entre sorprendida y horrorizada.
-¿Señor?
-¿Tengo que repetirte las cosas dos veces? Quiero ver a toda la Orden muerta. Tú le conseguirás toda la información y él se ocupará de que todo parezcan… accidentes –dijo con una media sonrisa.
-Malfoy y yo no podemos trabajar juntos, señor –intentó disuadirle de ello la mujer.
-No seas cría Narcisa –le espetó él-. Trabajaréis juntos y no hay nada más que hablar. Puedes retirarte. Y recuerda que quiero los informes de la nueva droga en mi mesa mañana a primera hora… -le recordó dejando una leve amenaza en el aire en el supuesto caso de que ella pensara protestar.
Narcisa no protestó. Salió de la habitación sin protestar una vez más. No tenía fuerzas para hacerlo. Si Voldemort era quien conseguía que se sitiera como una niña pequeña y asustadiza, Lucius conseguía que su capacidad intelectual se bloqueara… Debería de mantener sus defensas altas. No volvería a caer e las redes de Lucius. No otra vez.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-¡Harry!
El aludido miró hacia la puerta viendo a Tonks entrar en el despacho bastante acalorada, como si acabara de correr una gran maratón. El hombre la miró y sonrió.
-Creía que estabas en…
-¿Sirius ha venido aquí? –preguntó la mujer ignorando la pregunta de Harry.
-No, ¿no estaba contigo?
La mujer empezó a caminar de un lado a otro del despacho retorciéndose las manos y moviendo el cabello continuamente. Harry se levantó.
-¿Qué ha pasado Tonks?
Pero ella no parecía estar demasiado atenta a lo que él le estaba diciendo. Tonks no solía perder la calma, al contrario, era bastante tranquila y solía mantener la cabeza fría en situaciones de extremado peligro, una característica que parecían compartir los miembros de la familia Black salvo su padrino.
Por ese motivo, verla de un lado a otro, paseando nerviosa, diciendo palabras sin sentido e incoherencias, no le gusto demasiado, por no decir que no le gusto nada en absoluto.
-Tonks –se plantó delante de ella y la obligó a detenerse sujetándola de los hombros, obligándola a que le mirara-. ¿Qué pasa? –le preguntó- ¿Dónde está Sirius, qué ha pasado?
Los ojos de ella le miraron entre asustada y aliviada, preocupada, cansada, triste y furiosa, y no en ese orden precisamente.
-Regulus… -dijo Tonks-… Regulus ha muerto.
-¿Qué?
-Sobredosis de insulina… Alguien… -tragó con cierta dificultad-… alguien lo ha asesinado. Sirius ha salido del hospital corriendo y cuando he llegado abajo, le he visto salir del aparcamiento con el coche a toda velocidad y…
Harry resopló y antes de que nadie pudiera evitarlo, tomó las llaves de la moto que Sirius le había regalado por su vigésimo primer cumpleaños y salió del despacho como alma que lleva el diablo después de haber tomado el casco rojo y dorado de encima del mueble de la entrada.
Sabía dónde estaba su padrino. Al menos, eso esperaba.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Bueno, pues esto es todo por hoy… os adelanto algo… dentro de dos capítulos hay una escena algo subida de tono de Draco – Hermione (jejeje sí, para los que la esperabais), así que no dejeis de leer el fic ok?
Un besito para todos, nos leemos pronto!!
