Hola a todos!!! Sé que he tardado bastante en actualizar, pero algunos compromisos personales me han mantenido fuera de la ciudad y por tanto, alejada de mi PC, así que espero que sepais perdonarme :p

Ahora mismo tengo que entrar a clase de Comentario lingüístico de textos literarios españoles por lo que no dispongo de tiempo para la acostumbrada lista de agradecimientos por vuestros reviews, pero la subiré para antes de Navidad con una felicitación para todos ok?

Gracias por seguir leyendo y espero que el capítulo sea de vuestro agrado… Un besito, nos vemos abajo!!

Capítulo 14. Pasión desbordada.

Se había quedado dormida en el sofá cuando eran cerca de las dos de la mañana; llevaba una camiseta larga de mangas cortas, demasiado grande para ser de su talla, en un color azul desgastado y bajo la gran camiseta, un juego de ropa interior de sujetador y braguitas blancas; el cabello recogido en un moño mal hecho sujeto con un par de pinzas pequeñas, las gafas de lectura resbalaban por su pequeña nariz y el libro que había estado leyendo hacía ya rato que estaba en su regazo, olvidado.

Pero no le importó demasiado su aspecto cuando escuchó el timbre de la puerta. Se levantó del sofá y dejando las gafas sobre el sofá junto al libro que yació abierto, salió disparada hacia la puerta queriendo abrirla de forma tan ansiosa que tuvo que hacer varios intentos antes de conseguir girar el pomo.

Y cuando lo hizo y consiguió abrir la puerta, sintió como un gran alivio inundaba todos y cada uno de los poros de su piel y como se quitaba un peso de encima. Draco estaba allí, empapado de pies a cabeza, con la americana calada, la camiseta negra pegada a su cuerpo y los pantalones vaqueros de diseño de un color más oscuro que el habitual debido a la lluvia que había absorbido. El cabello rubio cayendo sobre sus ojos y la cabeza inclinada.

Hermione abrió la boca para decir algo. La volvió a cerrar sin encontrar las palabras que quería decirle, que podía decirle, que deseaba decirle. Al verle allí de pie, derecho, fue consciente del miedo que había pasado en su ausencia y ni siquiera ella, que solía bromear con sus amigos de conocer una cantidad de palabras exorbitante, ni siquiera ella, podía encontrar entre todas las palabras del mundo una sola que pudiera reflejar el alivio que sentía.

-Estás aquí… -murmuró simplemente.

Draco levantó la cabeza para mirarla cuando la escuchó murmurar. Sus ojos. Sus ojos color miel estaban aguados y era por él, por su culpa. No sabía si eran lágrimas de dolor, de alegría, de rabia o de alivio, pero eran lágrimas que él había causado de una manera u otra.

Cuando los ojos grises de Draco Malfoy la atravesaron, una corriente eléctrica la sacudió completamente haciendo que se sintiera extrañamente segura de lo que tenía que hacer, de lo que quería hacer, de lo que iba a hacer.

Nunca había estado más segura de algo en toda su vida. Dejó de pensar. Cómo siempre le ocurría cuando él la miraba de aquella forma. Dejó de razonarlo todo. Sólo quería abrazarle, saber que era real. Saber que estaba bien, saber que estaba allí.

Y Hermione Granger siempre había destacado por conseguir lo que quería.

Malfoy sólo atinó a sujetarla cuando ella saltó, literalmente, a sus brazos, sus labios buscando los suyos propios, incapaz de reaccionar a tal acción de la siempre racional Granger. Canela. Sabía a canela y miel y los labios de ella se movían con fuerza sobre los suyos, en un gesto de posesión y provocación más propio de él que de ella.

Las manos de él la sujetaban por la cintura mientras la alzaba, dejando que la cabeza de ella quedara unos centímetros más alta que la de él, cubriendo ambos rostros con el cabello de Hermione, ninguno de los consciente de nada más que no fueran los besos que se daban mutuamente, en un acto casi reverencial y definitivamente hermoso y perfecto.

Cuando Draco la dejó en el suelo, Hermione se apartó de él a regañadientes, sabiendo que necesitaba respirar un poco, notando como su respiración se entremezclaba con el aliento a menta de él, con la sensación de sus labios mojados aún sobre los suyos propios, con la piel electrizada por su simple presencia.

-Hola… -susurró ella sin alejarse demasiado de sus labios.

-Hola –le contestó él con una media sonrisa-. Estoy mojado –señaló.

Ella le sonrió y alzándose de puntitas, le besó suavemente una vez más, beso que fue respondido con la misma suavidad como cundo se besa el pétalo de una flor temiendo que su color se desgaste.

-Sí, estás mojado… -corroboró la mujer como si fuera necesario hacerlo.

Y como si fuera necesario comprobarlo, alzó su mano para acariciar el cabello mojado de él. Y como si todas esas horas que había estado esperando para besarle y comprobar que estaba bien se hubieran desvanecido en un simple suspiro, toda la angustia que había sentido salió a flote emergiendo desde el nudo de su estómago y la resecación de su garganta hacia sus ojos que se aguaron mientras ella luchaba por no parpadear, sabiendo que si lo hacía, terminaría llorando.

-¿Qué pasa Granger? –le preguntó burlón-. No beso tan mal, ¿verdad?

Hermione intentó sonreírle. Ni siquiera en momentos como aquel él era capaz de perder su cinismo. No, había aprendido que aquello no era cinismo ni sarcasmo, sino un mecanismo de defensa; sus comentarios mordaces acudían a los labios de Draco sin que éste siquiera los pensara cada vez que se encontraba en una situación en la que no sabía cómo actuar o como responder.

-Dios, Draco… me asusté tanto… -empezó a decir ella con voz ahogada-… vi la explosión y luego dijeron… y tú no contestabas y…

-Shhhhh… -la tranquilizó él abrazándola suavemente pero necesitando tenerla entre sus brazos y asegurarse de que estaba bien. De que ella estaba bien-… Estoy bien, pequeña… Todo está bien… Soy indestructible… ¿no te lo dije? –preguntó con tono bromista.

Hermione, a su pesar, sonrió mientras se separaba del pecho de él suavemente.

-Sí, lo dijiste. ¿Estás herido? –preguntó inmediatamente revisándolo con la mirada-. Tienes un golpe en… -empezó a decir viendo parte de la frente cubierta por el cabello mojado.

-Estoy bien –le aseguró Draco-. No estoy herido. ¿Tú estás bien?

-Ahora sí –le contestó ella sin pensarlo demasiado. Draco sonrió. Le gustaba la franqueza que salía de los labios de ella sin que se diera cuenta siquiera. Y como si de repente hubiera recordado algo importante, le miró mientras se apartaba de él-. Necesitas ducharte con agua caliente –empezó a decir ella consciente de que el hombre podía enfriarse-. No quiero que cojas una pulmonía. Iré a buscarte una toalla y…

Se había girado para ir hacia su cuarto a buscar una toalla y creía recordar que había algo de ropa de Blaise en la secadora, con un poco de suerte habrían unos pantalones deportivos y alguna camiseta, cuando la mano de él se aferró a su muñeca impidiéndole que se alejara más de él.

Se giró para mirarle sin saber qué quería el hombre.

-Estoy bien –repitió Draco tranquilizándola.

-Por favor… -pidió ella.

Draco sonrió. Se había enfrentado a hombres armados, a bombas, a aviones estrellándose, a mafiosos, a torturas y a todo tipo de peligros, siempre siguiendo su propio criterio, siempre haciendo lo que quería, sin seguir las órdenes de los demás a no ser que fueran órdenes directas, y sin embargo, con esa simple sonrisa y esa voz dulce Malfoy sabía que haría cualquier cosa que Hermione le pidiera.

-De acuerdo… -concedió él a regañadientes.

Hermione le miró como si acaba de darse cuenta de algo.

-¿Dónde están Blaise y Gin? –escuchó a Draco reírse-. ¡Draco! –la carcajada de él fue más sonora- ¡Malfoy!

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Remus frunció el ceño extrañado cuando abrió la puerta y se encontró con Blaise y Ginny.

-No es que os eche de mi casa, pero ¿qué hacéis aquí?

-Draco me ha echado –se encogió de hombros Blaise.

-En realidad nos dijo que si nos quedábamos nos metería su pistola por… -empezó a decir Gin.

-¿Draco? –preguntó Remus.

-Llamó por teléfono a Gin y le dijo que desapareciera del piso esta noche –se encogió de hombros-. Supongo que lo que quiere es estar tranquilo –se encogió de hombros Blaise con un brillo pícaro que significaba otra cosa. Ginny le dio un golpe en el pecho-. Ey, cuidado, acabo de salir de una explosión.

-Que tú provocaste –le recordó la pelirroja-. Malfoy y Hermione necesitan estar un rato solos y hemos pensado que…

Remus sonrió y se hizo a un lado.

-Adelante, tengo una habitación de invitados bastante cómoda. Y por cierto, no fue Blaise quien provocó la explosión –dijo Remus divertido viendo el rostro de Blaise contraerse enfadado por esa revelación.

-¿Cómo?

-No me lo recuerdes, odio que mis explosiones no… exploten –dijo mientras hacía aspavientos con los brazos y se enfurruñaba como un niño pequeño sentándose en el sofá.

-Remus, ¿qué… -empezó a decir Tonks asomándose desde la puerta de la habitación-. Oh, vaya, hola chicos ¿qué hacéis a estas horas aquí? –preguntó mirando el reloj que colgaba de una de las paredes del pequeño salón.

-Draco nos ha echado –dijo simplemente Gin al ver que Blaise estaba demasiado ocupado farfullando cosas inteligibles-. No le hagas caso –añadió al ver que Tonks miraba a Blaise como si fuera a decir algo-. Está molesto porque sus juguetitos no funcionaron.

Tonks enarcó una ceja y Remus lanzó una carcajada mientras que Ginny se sentó en el sofá. Cuando Blaise se dio cuenta de lo que su novia había dicho la miró con cierto reproche.

-¡Eh! –protestó.

-Bueno, ya que no me habéis dejado ir con vosotros… -empezó a decir la pelirroja.

-No sigas con eso Gin, sabes que no puedes venir hasta que… -le interrumpió Blaise.

-No me interrumpas, aún sigo enfadada contigo por haberme dejado de esa forma dormida –ni siquiera le miró cuando le contestó-…. Como iba diciendo, ya que no me habéis dejado ir, ¿se puede saber qué ha pasado?

-Severus se ha vuelto loco –dijo llanamente Tonks-. ¿Os apetece un café? –preguntó.

-Sí, gracias –convino Gin-. ¿Severus se ha vuelto loco?

-A mí me gustaría algo más fuerte, si tienes –miró a Remus directamente Blaise-. Y no, no se ha vuelto loco, seguramente tenía algún motivo para hacer lo que ha hecho.

-Pues cuando Harry le ha preguntado… -Remus sirvió dos vasos de vodka con lima y le entregó uno a Blaise quedándose él con el otro en la mano-… no parecía tener un motivo en concreto.

-Ni en concreto ni en general –interrumpió Tonks sirviéndole una taza de café que traía en una bandeja a Gin.

-Gracias Tonks. ¿Alguien puede decirme qué ocurrió? Y no me sirve un simple "Severus se volvió loco" –añadió al ver que Remus volvía a abrir la boca.

-No sabemos qué pasó por su cabeza –dijo entonces Tonks-. Harry había ordenado mantener posiciones, tomar los dos maletines y capturar a los posibles. Jean-Paul estaba allí. Y pude reconocer a dos de los guardaespaldas de Tom Riddle en persona –añadió.

Ginny frunció el ceño.

-¿Jean-Paul no estaba en guerra con Voldemort?

-Por eso Harry quería esos maletines –dijo Remus-. Debe de pasar algo realmente importante para que Voldemort consienta en tratar con Jean-Paul. Pero pasó algo. No estamos seguros de qué fue. Hubo un forcejeo con una de las mujeres del bando de Voldemort. Y Snape disparó para ayudarla a escapar –se encogió de hombros-. Luego no quiso hablar del asunto.

-Blaise, estás demasiado callado. ¿Estás bien? –preguntó Tonks.

-No sé por qué lo hizo –empezó a hablar el agente-. Pero si Snape lo hizo fue porque tenía un motivo para hacerlo. No se volvió loco o quizá sí… pero loco o no, lo hizo con un motivo. Pondría mi mano en el fuego por él. Tuvo que haber algún motivo.

-Severus no dispara sin pensar las cosas dos veces. Tuve que haber visto algo… -corroboró Ginny las palabras de su novio. Blaise la miró agradecido-. Pero sigo enfadada contigo –añadió.

Blaise rió y la atrajo hacia él para besarla en la mejilla.

-¿A quién llamas? –preguntó Remus al ver como Tonks cogía el teléfono.

-A Malfoy –Blaise enarcó una ceja-. Es el único que puede hablar con Severus si que este se le tire a la yugular. Quizá así nos enteremos de lo que le pasa a Snape…

-Si aprecias tu vida… -empezó a decir Blaise.

-… no le llames.

Tonks miró a la pareja más joven y se giró hacia Remus pidiendo una explicación. El hombre se limitó a reír.

-Les ha echado de casa para estar solo con Hermione –dijo fingiendo desinterés en aquella informació.

Tonks colgó el teléfono inmediatamente antes incluso de que al otro lado de la línea se escuchara un solo timbre. Los otros tres rieron.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Salió del baño sin hacer el menor ruido. Le dolía el pecho y alguna herida de la espalda se había abierto seguramente por algún golpe; el morado de la frente era ahora más perceptible y sensible y el hecho de que su piel fuera tan blanca no ayudaba a disimularlo.

Caminó descalzo hacia la cocina donde escuchaba ruiditos de vasos, platos y demás; llevaba unos pantalones deportivos de Blaise que le quedaban extrañamente bien por lo que dedujo que en realidad esos pantalones eran suyos y su "amigo" se había apropiado de ellos en alguna ocasión y se iba secando el cabello rubio con una toalla blanca que Hermione le había proporcionado. Sonrió al recordar la voz temblorosa de ella cuando había entrado en el baño para dejar la toalla y algo de ropa sobre la tapa cerrada del inodoro. Le gustaba la dulzura y la timidez que afloraban en Hermione cuando estaba nerviosa por algo… le parecía tierno y dulce y sinceramente muy sexy.

Se recostó contra el marco del arco que separaba la cocina del resto del salón y la miró sin borrar la sonrisa que tenía en el rostro. Era preciosa. Incluso vestida así era preciosa. La observó callado, en silencio, quieto, acariciándola con la mirada y casi devorándola en su mente. El cabello rizado recogido a medias con un par de pinzas dejaba escapar algunos bucles que caían sobre su cuello desnudo que invitaba a acariciarlo; el hombro derecho al descubierto porque la camiseta que llevaba era demasiado grande y se le resbalaba hacia un lado, cubriéndola hasta los muslos y marcando una cintura estrecha, perfecta. Y sus piernas… unas piernas elegantes, sofisticadas, largas, suaves y torneadas con unas rodillas perfectas y unos gemelos fuertes y femeninos. Sonrió al ver sus pies cubiertos por unos calcetines blancos pulcramente doblados un par de veces sobre la pierna para acortarlos. Respiró. Jazmín y rosa. Su fragancia.

Era preciosa. Sonrió. Era preciosa y se habría preocupado. Por él. Apenas había visto las noticias y había marcado su teléfono. La había escuchado respirar aliviada cuando había contestado. La había escuchado con la voz estrangulada decirle que no estaba llorando y él había sonreído fingiendo creerla aunque ambos sabían que ella era pésima mintiendo y que él era demasiado bueno en su trabajo para no saberlo.

Hermione se giró y abrió la nevera para sacar una botella de leche. Cerró la puerta de la nevera y la voz de Malfoy la sobresaltó.

-Bonitas piernas Granger, ¿te ayudo en algo?

-¡Dios Draco! –gritó llevándose una mano al pecho-. ¡No vuelvas a asustarme así! –le reprendió.

Draco se limitó a sonreírle.

-Perdona… -se disculpó aunque estaba más que claro que no se arrepentía de haberla asustado en absoluto-. ¿Qué estás haciendo?

Hermione cerró la nevera y se giró de nuevo hacia la encimera.

-¿Antes de que quisieras matarme de un susto? –preguntó con sarcasmo. Draco rió gravemente.

-Sí, antes de que saltaras como un conejito asustado…

Hermione le miró mal pero decidió que meterse con hombre que acababa de salvarse de una explosión no sería lo más indicado...

-Té –contestó ella simplemente-. Con un poco de miel hace maravillas contra el catarro.

-No estoy acatarrado –insistió Draco.

Hermione le miró fijamente y cuando se dio cuenta de la poca ropa que él llevaba encima, volvió a girarse preguntándose cómo nadie podía tener un cuerpo que invitara a la tentación cada segundo del día.

-Si sigues vestido así te acatarrarás –le contestó ella asegurando las dos tacitas sobre los platos encima de la encimera-. Siéntate –le ordenó.

Pero Draco tenía otros planes. Unos planes que no tenían nada que ver con tazas, con té, ni con azúcar… sonrió para sí mismo… quizá algo con miel… Desechó la idea de la cabeza. Demasiado pronto para eso.

No se sentó. De dos zancadas se situó detrás de ella. Hermione no protestó.

El olor a menta y canela la envolvió cuando lo sintió tras ella. Fue consciente de que sus manos temblaron cuando los brazos de él la rodearon atrapándola entre la encimera y el cuerpo masculino, las manos abrazando sus caderas.

Había aprendido muchas cosas desde que la Orden la protegía. Cosas de todos y cada uno de los miembros del equipo. Siempre había sido muy curiosa y observadora, su padre siempre le decía que la curiosidad mató al gato pero que el gato murió siendo muy sabio; ella siempre había seguido ese consejo.

Había aprendido que Harry acabaría con su propia vida antes de dejar que a ninguno de los suyos les pasara algo, que Sirius disfrazaba su preocupación por la seguridad de Harry bajo una máscara de diversión y burla constante hacia todo, que Remus era el único que podía controlar a Sirius, que Tonks era torpe pero actuaba de novia, hermana, amiga, cómplice y de lo que fuera necesario dentro de la Orde, que Ron protegería a su hermana hasta el último aliento de su vida, que la forma en que Snape demostraba cariño hacia los demás era con sus comentarios ácidos, que Blaise se ponía nervioso cuando Ginny estaba por medio, que Ginny removería cielo y tierra con su alegría y su sonrisa para conseguir la información que cualquiera de ellos necesitara, que Nott seguiría a Draco hasta el infierno si fuera necesario y ni siquiera protestaría por ello.

Y había aprendido que Draco Malfoy no era tan frío como quería hacer creer a los demás, que podía llegar a ser dulce, que sus sonrisas había que guardarlas como un tesoro porque nunca sabías cuándo iba a volver a sonreír, que bajo su mirada de acero se escondía la infancia de un niño maltratado aunque él no lo dijera nunca. Había aprendido que Draco no era un hombre dado a las palabras de cariño, pero que una mirada suya, un gesto, una caricia, podía decir mucho más de lo que la gente podía llegar a imaginar. Eso era lo que le gustaba de Draco Malfoy, todo lo que podía llegar a decir sin hablar, sin despegar sus labios, a veces incluso, sin siquiera querer decirlo.

Sitió un escalofrío cuando notó los labios fríos y delgados de él posarse con suavidad inusitada en su cuello, un escalofrío que recorrió su espina dorsal haciendo que se mordiera el labio para ahogar un gemido involuntario. Hacía demasiado tiempo que nadie la besaba ahí, demasiado tiempo, en realidad, que nadie la trataba de aquella forma.

Como si llegase desde otra habitación o peor aún, de alguna galaxia lejana, como el eco de una voz extrañamente difuso, le llegó la voz de Malfoy cerca, muy cerca de su piel, muy cerca de su oído, despertando en ella una sensación que Hermione había creído que tenía adormecida para siempre.

-¿Te puedo ayudar en algo, Granger? –le preguntó en un susurro junto al oído.

Hermione negó, sintiéndose incapaz de hablar, sabiendo que sus palabras serían incoherentes y estarían saliendo de su boca sin un orden concreto mientras temblaban.

-No… -contestó la mujer inclinando su cuello hacia un lado, pidiéndole de forma inconsciente que siguiera besándola allí.

Draco sonrió. Deslizó sus labios hacia la base del hombro y depositó otro beso suave, sintiéndola temblar, sintiéndola respirar profundamente. Podía sentir el calor de la piel de ella incluso a través de la tela de su camiseta; podía notar su olor impregnándole, podía notar sus manos moviéndose de forma nerviosa, el tacto de su piel a través de la tela, el borde de la camiseta y el tacto suave de sus piernas calientes, finas elegantes, con los muslos llenos, las nalgas redondeadas, perfectas, como ella. Toda ella era perfecta.

-¿Estás segura que no necesitas… que te ayude, Granger? –volvió a preguntar de forma insinuante mientras se acercaba más a ella si es que era posible un acercamiento más estrecho del que ya le había prodigado-. No pareces demasiado convencida…

-Draco… -murmuró ella.

Los labios de Draco empezaron a besarla de forma suave en el cuello, sembrando un camino de ardor en la piel, por allí por donde él pasaba.

De repente Hermione entró en pánico. Hacía mucho tiempo que no estaba con nadie, mucho tiempo que o sentía aquellos escalofríos y que sabía perfectamente donde y cómo terminaban. Y en realidad eso era lo que deseaba. Quería que Draco Malfoy la llevara a la cama y le hiciera el amor. Quería olvidar el miedo que había pasado, quería celebrar el alivio que había sentido al verle completamente bien y a salvo.

Cuando le había abierto la puerta, lo había hecho con ese motivo, con esa idea, con esa propuesta en la cabeza. Y cuado se había lanzado a sus brazos y le había besado olvidando su inhibición, sabía lo que quería, lo que anhelaba, lo que deseaba.

Pero en aquellos momentos, sintió miedo. ¿Y si no estaba a la altura?. ¿Y si o era lo suficientemente guapa, atractiva o sexy y Malfoy se daba cuenta de ello?. ¿Y si ella no era lo que él buscaba? Las palabras de Mark resonaban en su cabeza desde aquella vez. ¿Y si ella sólo era un error que hacía daño a todos cuantos se acercaban a ella?

No era miedo. Era pánico. Auténtico y verdadero pánico.

-Draco… Draco espera… -jadeó ella. Malfoy detuvo su ataque de besos en el cuello y la miró aunque sus manos no se apartaron de las caderas de la mujer que tenía delante y que le volvía loco.

-¿Qué pasa? –preguntó él.

-Hace… hace mucho que yo no… -empezó a tartamudear Hermione sintiendo como se sonrojaba con violencia.

Draco sonrió y la besó en la base de la nuca notando como ella suspiraba y se estremecía con lo que parecía ser placer y lujuria.

-Es como montar en bicicleta… -le dijo él risueño-… no se olvida… -Hermione farfulló algo de forma nerviosa y Draco enarcó una ceja. La hizo girar dentro de su abrazo y dobló las rodillas ligeramente para mirarla a los ojos-. ¿Qué? –preguntó divertido ante el azoramiento de la mujer.

-No sé montar en bicicleta… -contestó ella avergonzada.

Draco rió y su risa se coló en los oídos de Hermione.

-De acuerdo… -él la besó suavemente en la comisura de los labios-… entonces tendremos que solucionar eso… más tarde… -aseguró Draco.

-¿Más tarde? –preguntó ella con una sonrisa.

-Sí… mucho más tarde… -Hermione le sonrió-. Mucho, mucho más tarde…

Hermione le entendió sin que él dijera nada más. No era preciso. Le estaba pidiendo en silencio permiso para besarla, permiso para abrazarla, permiso para sentir su piel desnuda, permiso para llevarla al más puro de los placeres terrenales que una mujer y un hombre pueden experimentar estando juntos. Le estaba pidiendo permiso para amarla mientras fijaba sus ojos grises cálidos y brillantes por el deseo sobre los de ella, sin delatar nada, sin exigir nada, y en cambio, queriendo entregarlo todo.

En aquel momento supo que quería hacerlo. Que estaba cansada de pensar, que no quería pensarlo, que no deseaba pensarlo, que no iba a pensarlo. Por una vez en su vida, sólo quería sentir y dejarse llevar…

Y lo hizo.

Se arrimó a él y poniéndose de puntitas para alcanzar la boca de él, le besó. Le besó suavemente, con delicadeza, con extrema delicia, prometiéndole y prometiéndose a sí misma que no iba a arrepentirse. Malfoy le devolvió el beso llevándolo hasta la pasión más extrema que Hermione nunca había experimentado con nadie y que él, había creído no llegar a sentir nunca.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Era la segunda botella de whiskey que Severus vaciaba él sólo. Sentado a su derecha, Nott bebía la segunda cerveza más enfrascado en que nadie se acercara a un malhumorado Severus que en otra cosa.

Seguramente aquel era el único bar que seguía abierto a aquellas horas. Las cuatro de la madrugada. Theodore suspiró y se encogió de hombros mentalmente. No había nadie que le esperara en casa ni nadie a quien tuviera que darle explicaciones y sabía perfectamente que Draco estaría mucho más tranquilo si sabía que él estaba vigilando que Severus no hiciera ninguna estupidez… otra vez.

Le miró a su lado. No entendía qué había ocurrido. Severus Snape era por lejos el hombre más disciplinado que había conocido en toda su vida. De sangre fría sabía controlar sus impulsos, pensar en frío en situaciones de emergencia era su especialidad, algo que él admiraba e intentaba seguir y algo que Draco había adoptado de él. Y aunque pareciera a veces que era demasiado frío, era precisamente esa frialdad y razonamiento lo que les había salvado la vida en bastantes ocasiones.

Pero aquella noche. No sólo había desobedecido la orden directa de Potter de mantener posiciones sin hacer nada, sino que había puesto en peligro la vida de todos por ayudar a una vasalla de Voldemort a escapar. Porque eso era lo que eran los que trabajaban para Tom Riddle, simples vasallos que Voldemort utilizaba para su antojo, manejándolos según les convenía y jugando a ser Dios decidiendo quién tenía derecho a vivir y quién tenía que morir.

Nott no llegaba a comprender qué era lo que había pasado para que Snape hubiera dejado su frialdad y capacidad innata de actuar como una máquina automática y hubiera salvado a esa mujer. No lo entendía. Y por más que le había preguntado, el hombre mayor sólo sonreía enigmáticamente como si en su poder estuviera el más preciado de los secretos y no estuviera dispuesto a compartirlo con nadie por nada del mundo.

-¿Me lo vas a contar? –preguntó finalmente Nott mirándole.

Severus le miró, enarcó una ceja y volvió a beber su último vaso. Hizo un gesto al camarero que miró a Nott pidiéndole permiso en silencio.

Nott asintió.

-Podría beber cinco más de eso y seguiría siendo capaz de caminar en una línea más recta que tú y yo –aseguró al camarero.

El hombre, tosco y acostumbrado a los hombres de pocas palabras, le sirvió una copa más.

-Vamos a cerrar en veinte minutos –informó sin dirigirse a ninguno de los dos en concreto.

-Sólo necesito diez para tomarme esto –aseguró Snape con una sonrisa torcida y sarcástica.

-De acuerdo –concedió Nott antes de que el camarero pudiera decir nada-. Hemos tenido un mal día, diez minutos y nos largamos –aseguró.

El hombre les miró. Con las ropas sucias, el rostro con algunos golpes, el cabello enmarañado y los ojos cansados estaba más que claro que el joven no mentía; parecían haber tenido un día bastante malo, así que asintió y se dirigió al otro extremo de la barra.

-Siempre tan disciplinado, ¿verdad?

Nott le sonrió.

-Lo aprendí del mejor –dijo un trago a su cerveza-. ¿Qué ha pasado, Snape? –no contestó-. Desobedeciste una orden directa, nos pusiste en peligro a todos, casi morimos… creo que me da derecho a saber qué diablos pasó para que dispararas.

No quería enfadarse pero la actitud de Severus a veces le hacía perder el gran control que siempre se jactaba de tener.

-Acabo de matarla… -susurró Snape simplemente-… Acabo de matarla…

-¿Qué… -empezó a decir Nott. Se mojó los labios con la lengua al notarlos resecos y volvió a preguntar, una vez organizada su pregunta en la cabeza-… a quién has matado, Severus? –preguntó suavemente-. ¿A quién te refieres?

Pero Severus no contestó inmediatamente. Y cuando lo hizo, no contestó lo que él esperaba escuchar.

-No estoy en condiciones de conducir… ¿Me llevas a casa, Nott?

El joven parpadeó ligeramente. Debía estar realmente mal. Severus nunca preguntaba, ordenada y ladraba, gruñía y protestaba, gritaba y esperaba. Pero nunca preguntaba. Asintió en silencio. Mientras sacaba su cartera para pagar las copas de los dos miró como Severus se levantaba entero de su asiento y caminaba, bajo la extrañada mirada del camarero, hacia la salida, completamente derecho. Nott sonrió a medias. No, Severus Snape nunca se emborrachaba y tampoco confesaba sus debilidades… a nadie.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Las palabras habían quedado al otro lado del muro de su habitación. Los dos lo sabían. No necesitaban hablarse para entenderse, Draco no había tenido nunca esa compenetración con nadie, Hermione no había sentido el deseo de sentirla nunca con nadie.

Las paredes del pasillo habían sido mudos testigos de la pasión que se había desatado entre los dos; una pasión distinta a la que se leía en libros y se podía plasmar en imágenes de películas o series televisivas; era una pasión que desbordaba el corazón, calentaba el fuego de la sangre y les arrastraba al mismo centro de un remolino de sensaciones donde ambos se perdían sin querer encontrar la salida si de ese modo se separaban.

Aún besándose, con tranquilidad, con lujuria, con deseo contenido, con alivio de saber que ambos estaban bien y que sin palabras se habían dicho por primera vez un "te deseo", entraron en la habitación de ella, más por suerte que por otra cosa pues Hermione, aprisionada entre la pared y el cuerpo musculoso de Draco había tanteado el primer pomo que habían encontrado sus manos.

No había sido hasta que él había cerrado la puerta dejando de besarla unos instantes, se había podido mirar alrededor y darse cuenta de que el espejo del armario era el suyo, que la chaqueta estaba olvidada en una de las perchas de la pared y que el paraguas, que se había propuesto tirar porque estaba roto por dos varillas, seguía abandonada de forma descuidada en un rincón junto al pequeño armario, al lado, su ordenador portátil estaba apagado y colocado sobre una mesa auxiliar. No le dio tiempo de mirar ni de ver nada más. Draco había vuelto a besarla y ella había vuelto a cerrar los ojos para sentir con más intensidad si era posible, lo que él despertaba en ella.

El hombre se inclinó sobre ella y la besó de forma gentil. Fresa. Sus labios sabían a fresa, no a esa fresa empalagosa de las barras de labios con que las mujeres solían maquillarse, sino un sabor a fresa silvestre, fruta prohibida, olor a miel y sabor a fresa, como si ese fuera su sabor.

Mientras cambiaba el ritmo del beso notando como ella entrelazaba sus manos detrás de su nuca y jugaba con el cabello de allí con suavidad, se encontró preguntándose si su piel también sabría a fresa, o a miel o a canela… Pudo pensar poco antes de que ella le devolviera el beso. Se sorprendió. Mentiría si dijera otra cosa.

Hermione nunca había tomado la iniciativa en un beso con él, y definitivamente nunca le había devuelto el beso de aquella forma, incitándolo a jugar, instándole a danzar con su propia lengua en busca del sabor de la otra. Nunca le había besado dejándose llevar, con las manos en los hombros acariciándole el pecho ocasionalmente; era si como si por primera vez, Hermione Granger estuviera dando rienda suelta a sus deseos e instintos, a su corazón por encima de la razón.

Ella se separó suavemente, dejándole a él con ganas de más, con ganas de seguir probando sus besos, con ganas de volver a sentir sus labios aterciopelados bajo los suyos propios. La miró interrogante.

-He dicho que hacía mucho tiempo… no que fuera virgen… -le sonrió coqueta.

Malfoy le devolvió la sonrisa. Una sonrisa depredadora, lujuriosa, tierna al mismo tiempo. Con la tranquilidad de quien toma una pluma, la cogió en volandas sujetando a Hermione por las nalgas cuando ella enredó sus piernas alrededor de la cintura de él, sujetándose a sus hombros desnudos. Con la suavidad de quien está besando una delicada figura de cristal que puede romperse en cualquier momento, la besó mientras caminaba hacia la cama. Un beso suave que empezó como simples roces de labios y que acabó convirtiéndose en algo carnal y apasionado cuando él se dio cuenta de que la lengua de ella buscaba la suya propia con insistencia.

Cuando sus piernas toparon con la cama de Hermione, Draco deshizo el beso a regañadientes y la bajó para dejarla sobre la cama. Ella se echó hacia atrás, sobre la cama, yendo más al centro, sin dejar de mirarle, sin dejar de sonreírle. Nerviosa por lo que sabía que estaba a punto de ocurrir y con un fuego dentro de ella que sabía que sólo podría apagarse de una manera, que sólo él podía apagar.

Arrodillándose frente a la cama, Draco tomó el pie derecho de Hermione y le quitó el calcetín blanco, mirándola cuando ella emitió una pequeña risita en el momento en que él acarició la planta del pie.

-Cosquillas… -dijo por toda explicación. Draco repitió el gesto-. Para, Draco…-protestó riendo suavemente.

Con cierta diversión y anotando aquel dato en su cabeza, el policía obedeció, acarició con suavidad el empeine y lo soltó con la misma suavidad para tomar el otro pie y repetir la misma operación, disfrutando con la risita de ella cuando volvió a rozar con las yemas de sus dedos la planta del pie de ella.

El ruido de protesta que ella iba a hacer quedó olvidado de su memoria en el momento en que él se levantó del suelo y clavó una de sus rodillas en la cama, estirando su cuerpo hacia delante para robarle un beso que no por eso, dejó de ser apasionado, brusco y poderoso, como ella había aprendido que sus besos eran.

Hermione gimió dentro de la boca de él y él sonrió, disfrutando del placer que suponía sentir la lengua de él dentro de su propia boca, jugando, rozando, lamiendo y danzando una batalla de amor tan antigua como la luna.

La cama gimió cuando Malfoy clavó su otra rodilla en el colchón, a un lado de ella, dejando una de las piernas encerrada entre las del hombre; olió el gel de baño, el champú y el agua aún en su cabello y en su cuerpo y tembló ligeramente sin poder evitarlo cuando una mano astuta le acarició la pierna libre.

Sin romper el beso, Hermione alzó esa pierna, invitándole en silencio a que siguiera su exploración. Draco se alejó de la boca de ella unos milímetros. Sonriendo ante la imagen que la mujer le ofrecía con las mejillas sonrosadas, los ojos cerrados, las pestañas brillantes, la frente despejada, los labios rojizos por los besos compartidos, podía percibir, ladeado como estaba junto a ella, la respiración agitada de Hermione como la suya propia.

-Tienes demasiada ropa… -le susurró Draco volviéndola a besar mientras su mano levantaba el borde de la camiseta.

Hermione no dijo nada. Por toda respuesta, le sonrió y con un movimiento rápido que estaba segura que él le había permitido hacer porque de otra forma no entendía cómo podría haberlo hecho, tumbó a Draco hasta que la espalda de él tocó el colchón, colocándose a horcajadas sobre él de forma inmediata, sin darle tiempo a protestar.

Draco no iba a hacerlo, desde luego. Tenía ahora ambas manos sobre las caderas de Hermione, la camiseta subía hasta su vientre, dejándole las dos piernas completamente libres, a merced de Malfoy que disfrutaba recorriéndolas con sus manos de forma lenta y suave.

-¿En serio? –preguntó ella con voz insinuante.

Llevándose las manos al borde de la camiseta, Hermione la levantó, dejando sin aliento a Draco cuando empezó a ver el vientre suave y liso de ella, la justa proporción con sus caderas algo anchas, su abdomen pecoso que invitaba a ser besado, adorado de una forma casi reverencial, y cuando sacó la camiseta por su cuello, a la vista quedaron dos perfectos pechos cubiertos por una delicada prenda blanca, que hacía que la vista fuera más apetitosa aún. Contempló embelesado casi como ella se deshizo de la camiseta lanzándola a un lado de la cama, sin demasiados miramientos y no pudo evitar sonreír al ver como en el proceso una de las pinzas que sujetaban su cabello se había desprendido.

-¿Qué? –frunció el ceño Hermione.

Se sentía insegura aunque estaba intentando no aparentarlo. Hacía demasiado tiempo que nadie la veía de aquel modo, y mucho menos que nadie la miraba como él la estaba mirando, estaba haciendo un gran esfuerzo por no meterse bajo las sábanas, apagar todas las luces y rogar en silencio que su cara no pareciese un semáforo en rojo, para que él se estuviera riendo. Demasiada inseguridad.

Draco lo supo. Se preguntaba cómo una mujer tan segura como ella que parecía capaz de controlarlo todo, podía ser tan tímida e insegura con respecto a su propio cuerpo que a su parecer, era tan perfecto como el de una diosa griega.

Sin decir nada, su mano se deslizó de la cadera de ella hacia arriba, arañando el borde de sus bragas blancas, limando la piel suave de su vientre, deleitándose en la línea suave de su abdomen, bordeando la generosa curva de su pecho y alcanzando con suavidad su clavícula, su cuello, su mejilla, su sien y su cabello. Hermione notó como él liberaba su cabello de la pinza que aún le sostenía algunos mechones y estos, inmediatamente, cayeron sobre sus hombros y su espalda.

-No deberías sentirte tan insegura, pequeña… -le dijo él divertido y lujurioso a partes iguales-. Tienes un cuerpo hecho para el pecado…

Era asombroso como el cerebro de una mujer podía ser sugestionado hasta el punto de que con una sola frase pronunciada en el momento adecuado y de los labios esperados, su autoestima subiera a los cielos y todos los temores y complejos que pudiera tener o que pudiera haber ido acumulando durante años, desaparecieran en un simple abrir y cerrar de ojos.

Hermione se inclinó hacia delante, descansando su cuerpo sobre el pecho desnudo de él y le besó. Fue un beso gentil, dulce, suave, puro…Malfoy se dio cuenta de que esa mujer era capaz de besar de forma que la miel pareciera agria y que el chocolate no fuera considerado más que un trozo de alimento en comparación con la dulzura que parecía rebosar de ella con cada beso que daba.

Los rizos de ella acariciaban el pecho de Draco, rozándole, haciéndole suaves cosquillas que no hacían sino excitar al hombre rendido ante el poder femenino de aquella mujer. Sus manos, ascendiendo por sus caderas, acariciaron gentilmente su trasero, sonriendo cuando ella detuvo el beso unos segundos para mirarle sonriente; sus dedos largos y finos, manos de pianista más que de agente secreto a opinión de Hermione, recorrieron su espalda caliente y suave, alcanzando con cierta prontitud y ansia el cierre de su sujetador.

Hermione no hizo nada, ni tampoco reaccionó cuando las manos de él se dirigieron, cada una, hacia un tirante del sujetador, bajándolo por sus hombros y deslizándolo por sus brazos hasta retirar la prenda íntima y arrojarla al montoncito de ropa del suelo. Pero cuando el aire de la habitación la golpeó en los pechos desnudos, se sintió torpe y sin poder evitarlo, en una reacción inconsciente, echó el cuerpo hacia delante, inclinándose sobre el de él para ocultar su desnudez. Malfoy rió divertido y suavemente por aquella actitud. Hermione le desconcertaba, podía ser una leona salvaje y convertirse en una tímida gatita en cuestión de segundos… Y eso era algo que le gustaba.

-No hagas eso… -la reprendió él suavemente. Hermione le miró-. Eres preciosa, Granger… simple y perfectamente preciosa.

Draco le apretó la cintura con suavidad y ella reaccionó al gesto; en respuesta, alzó su cuerpo, sentándose sobre las caderas de él, sonrojándose al notar la erección de él palpable a través de la tela del pantalón deportivo que aún llevaba puesto. Descruzó sus brazos y apoyó las manos sobre la cintura de él, mirándole, sintiendo como sus ojos grises se posaban sobre sus pechos ahora desnudos y como su mirada se oscurecía gradualmente, como si de algún modo estuviera pensando en lo que iba a hacer con el cuerpo que tenía delante de sus ojos, al alcance de sus manos.

Se sintió poderosa. Se sintió… hermosa. Había leído una vez en algún sitio, que una mujer se siente tan hermosa como el reflejo de aquel que la mira… y en aquellos momentos, Hermione supo que era cierto.

Draco no la dejó pensar demasiado tiempo, colocó una mano en su espalda y la otra en la cadera de ella y giró el peso de ambos, dejando esta vez atrapada entre el colchón y su propio cuerpo a la mujer que le miró sonriente.

-Te gusta mandar siempre, ¿verdad? –adivinó divertida.

Draco, que había bajado su cabeza para besar su cuello, resopló divertido contra su piel.

-¿A ti qué te parece, pequeña?

Por toda respuesta, ella le abrazó, llevando sus manos pequeñas hasta los hombros de él, como si de forma inconsciente intentara retenerle allí, sobre ella, tan cerca que sus alientos se mezclaban y sus olores podrían pasar por uno solo. Menta y miel. Hielo y fuego.

Draco contuvo el aliento cuando las manos de ella acariciaron sus hombros desnudos y bajaron por la espalda, rozando levemente algunas de las marcas que allí permanecerían de por vida, como recuerdo de lo que había pasado en su infancia, como recordatorio de aquella forma de vida de la que había logrado, milagrosamente o no, escapar.

-Draco… mírame… -le dijo ella sabiendo lo que ocurría.

Malfoy fue consciente entonces de que había cerrado los ojos mientras ella le había acariciado las viejas heridas. No quería ver compasión en sus ojos. No lo soportaría. Sólo dos personas le habían visto las cicatrices, Pansy le había mirado con compasión, Severus con una mezcla de compasión y culpa. Pero no en Hermione. No podría soportar ver esa mirada de "pobre Draco Malfoy" en sus ojos color chocolate, lo sabía.

-Draco… -volvió a repetir ella.

Lo hizo. La miró. Ella le sonreía con dulzura, con tranquilidad, con sinceridad… y con una compasión que no estaba destinada a él, sino compasión por el niño que había sufrido aquellos golpes lo que veía en los ojos de Hermione. Le sonrió. Ahora estaba bien. Extrañamente ahora todo estaba bien. Bajó la cabeza para besarla suavemente, deleitándose en el placer de los labios de ella bajo los suyos, consciente del cuerpo caliente y cálido que estaba bajo él moviéndose con sintonía, amoldándose a él y respondiendo a sus caricias.

Dejó de besarla para respirar y aprovechó ese momento para bajar su cabeza y besarla en el cuello, trazando un dulce camino hacia el nacimiento de sus pechos, un camino que a ella se le antojó torturador, ardiente, peligroso y excitante hasta que sintió el tibio aliento de la boca de él golpeando directamente sobre su pezón que se irguió desafiante ante la cercanía del hombre y cuando la lengua de él lo acarició con extremada ternura, un gemido salió desde lo más profundo de su garganta.

Un sonido primitivo, inconsciente, natural, gutural, un gemido de auténtico placer que hizo que Draco se volviera loco de deseo por aquella mujer que parecía capaz de derretirse ante sus caricias tal y como él estaba seguro que podía derretirse en las manos de ella.

Una de las manos del hombre permanecía en el costado de ella, en la suave curva de su cadera, como punto de apoyo para no desplomarse sobre ella, la otra mano, subió al pecho descubierto y lo masajeó con una gentileza inusitada en unas manos que habían sido educadas para disparar y matar y que en aquellos momentos, la agasajaba como a un huevo de codorniz.

Entre gemidos mientras arqueaba la espalda dándole más vía a Draco para que pudiera besarle en el pecho y jugar con ellos del modo en que lo hacía, recibiendo un gran placer, Hermione bajó las manos por la espalda de él, acariciando el trasero del hombre, las puntas de sus dedos se colaron entre la piel y el pantalón y empezaron a bajar la prenda dejando a un sorprendido Draco mirándola.

-¿Qué? –preguntó ella-. ¿Crees que una mujer no sabe llevar la iniciativa?

Por toda respuesta, él la besó. Rudamente. A ella no le importó. Draco podía ser suave y gentil, pero estaba en su naturaleza ser rudo y brusco, y eso era algo que no se veía únicamente en su carácter, sino también se palpaba en su forma de besar; no obstante, era una brusquedad que no la asustaba, al contrario, se sentía protegida dentro de ella.

Abandonando el cuerpo de ella un segundo, Draco ayudó a las manos de Hermione a deshacerse de su propio pantalón, sonriendo al ver la sorpresa de ella al notar que no llevaba ropa interior. Fue su turno de sonreír burlón.

-Yo no tengo ropa aquí y no me trajiste ropa interior, ¿recuerdas?

Aún azorada, Hermione le sonrió. Malfoy la besó tiernamente mientras cubría su cuerpo con el suyo propio. Sus manos buscaron el borde de sus bragas blancas y al notar aquello, la mujer alzó sus caderas, encendida de deseo y sin importarle ya que él pudiera observar todos los defectos que, a sus ojos, su cuerpo tenía.

Malfoy deslizó la prenda interior por los muslos, las rodillas, las piernas y finalmente las sacó dejándolas junto a la cama, en lo que parecía ser que habían nombrado el rincón de la ropa ya que prácticamente toda estaba allí hecha un montoncito. Entonces la miró.

Hermione estaba nerviosa, bastante en realidad. Sólo un hombre la había visto de aquel modo y no había resultado demasiado agradable para ella, tampoco resultaba agradable recordar qué había ocurrido. Pero cuando Malfoy la miró y le sonrió con suavidad, supo que estaba bien, que tenía que estar bien porque un hombre como aquel no podía engañar, no podía mentir.

Con suavidad, Draco se inclinó sobre ella mientras la ayudaba a abrir las piernas con una de sus manos. La besó. Gentiles labios sobre los de ella, alientos mezclados, gemidos ahogados en la boca del otro, sudor corriendo por el cuello, respiraciones agitadas, promesas de lo que iba a llegar.

-Última oportunidad pequeña… -le susurró él cálidamente.

Hermione le sonrió y por toda respuesta entrelazó sus manos en la nuca de él, empujándolo hacia su boca para besarlo. Draco lo entendió. No iba a pararle y se alegró de ello porque por muy egoísta que pudiera sonar en su cabeza, sabía que no iba a poder parar; en realidad, eso era algo que sabía desde que la había visto en la cocina.

Draco se posicionó sobre Hermione y lentamente, movió sus caderas, empujando su miembro hacia el interior de la mujer que lo acogió con un gemido ronco que se transformó en un grito de puro éxtasis al que él acompañó con un sonido gutural.

¡Dios! Draco Malfoy juró que si alguna vez alguien hacía daño a esa mujer que parecía un ángel y sabía ser una diablesa en la cama, tendría que esconderse en el fin del mundo porque no pararía hasta dar con su muerte. Mientras la escuchaba gemir no pudo sino pensar en que nadie más que él iba a volver a tocar a Granger, ni para bien ni para mal. Era suya. Sólo suya. Sus pensamientos se interrumpieron cuando los jadeos y gemidos de Hermione se hicieron más notorios al tiempo que él colocaba una mano sobre la cadera de ella para acompasar el vaivén de ambos cuerpos, excitándose y dándose un placer mutuo aún mayor del que ya estaban experimentando.

-Shhhh… -la calmó él-… si vuelves a gritar así… -dijo entre jadeos y risitas-… despertarás a todo el edificio.

-Será tu culpa… -contestó Hermione exhalando un suspiro de placer mientras le clavaba las uñas en la espalda.

Draco le sonrió.

-Iré al infierno por ello… -le confesó a la mujer-… Dios… pequeña… eres como una droga… infinitamente adictiva –le dio un pequeño mordisco en el cuello haciéndola gemir más fuerte.

Nada existía fuera de aquellas cuatro paredes, fuera de aquellas sábanas, fuera de la burbuja que habían creado para los dos. Nada existía más que ellos dos y el placer que se prodigaban el uno al otro en un intento de alcanzar la cima del cielo que parecía cada vez más cerca de sus manos.

-Dímelo… -susurró Hermione tan suave que Draco se preguntó cómo lo había escuchado. Ella se mojó los labios resecos y Draco los besó sin poder contenerse-… Dímelo Draco…

El rubio inclinó su cabeza, su nariz rozó la mejilla de la mujer, sus labios besaron sutilmente el lóbulo de su oído y su voz, rota por el deseo y el esfuerzo físico que estaba haciendo sonó en el oído de ella como un susurro, como una débil luz en una habitación oscura.

-Te quiero…

Dos palabras. Dos palabras que la hicieron llegar al cielo y rasgar con sus manos el firmamento arañando las estrellas y las nubes de algodón. Hermione cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación del volcán estallando dentro de ella, notando las manos de él sujetándola, y escuchando el grito que salió de su garganta, un grito, un gemido, una oleada de placer que la inundó desde los pies hasta la garganta.

Malfoy la miró mientras ella explotaba en un remolino de sensaciones que la hacían creer que estaba flotando y que rozaba el límite del cielo. Era extraño como podía conocer tanto a una persona y al mismo tiempo podía descubrir otras muchas cosas que no sabía de ella.

Como esa costumbre de morderse el labio inferior para no gemir, la suavidad de su cabello que parecía tener oro entrelazado entre los mechones cuando le daba la luz del sol, el tacto aterciopelado de su piel morena… suave, deliciosa, exquisita… La manera en que cerraba los ojos y apretaba los párpados poblados de pestañas perfectamente amoldadas creando un abanico negro, espeso, perfecto. La forma en que le miraba, con esa mezcla de ternura, timidez, lujuria y pasión, todo junto, todo mezclado en su justa medida. La manera en que podía llegar a arrancarle un gemido sólo con acariciarle, la forma en que sonreía extasiada, la forma en que había sonreído extasiada cuando él había acariciado sus pechos, tan perfectos que costaba aceptar que fueran reales.

Siguió sujetándola hasta que notó como el cuerpo femenino se relajaba entre sus brazos y entonces siguió moviendo sus caderas, buscando su propio placer, el que había postergado hasta que ella encontrase el suyo.

-Draco… -susurró su nombre con delicia, deleitándose y recreándose en cada sílaba, en cada letra, en el significado de él.

Porque era fuego, porque era tranquilidad, porque era razón, testarudez, frialdad, hielo y calidez. Porque para ella Draco significaba perfección.

Poco después, Draco llegó al clímax dentro de Hermione, en un orgasmo fuerte y poderoso que le hizo vibrar y dejar todo su cuerpo en tensión.

Ambos suspiraron, él dejándose caer sobre ella, exhausto y enterrando su rostro en el cuello de Hermione donde le dio pequeños besos mientras recuperaban la normalidad de su respiración, ella acariciándole el cabello batallando contra el sopor que la inundaba, típico y normal después de experimentar un orgasmo como el que había experimentado y después de haber tocado el cielo con las manos.

Consciente del débil cuerpo que había bajo él, Draco salió de Hermione con un quejido frustrado por parte de la mujer y rodó hacia un lado de la cama, atrayéndola a ella de inmediato contra su cuerpo, como si de algún modo temiese que fuera a escaparse de aquel lugar que parecían haber creado entre los dos con suspiros, caricias, miradas y gemidos.

La mano de él le acarició la frente apartando un par de mechones rizados entre sí y ella abrió los ojos al notar su contacto. Ojos grises clavados en ella. Una muda pregunta en su mirada, una sonrisa por su parte a modo de respuesta.

-¿Estás bien? –le preguntó incapaz de estar más tiempo sin saber de sus propios labios si estaba bien.

-Mmmmm –gimió ella-. De maravilla…

Draco sonrió como hombre que era, su ego satisfecho de haberle proporcionado ese placer a la mujer que, en aquellos momentos estaba seguro, amaba. Hermione le miró, avergonzada por lo que había dicho sin darse apenas cuenta.

-Lo siento… -se disculpó él en un susurro entonces.

Hermione le miró sin saber bien cómo interpretar aquel "lo siento" y esperó con el estómago cerrado y el corazón en un puño a que él volviera a hablar.

-¿Qué… -carraspeó para que su voz sonara más segura-… qué es lo que sientes?

Draco la atrajo hacia su cuerpo, ambos desnudos bajo las sábanas, con la sangre caliente y las respiraciones aún agitadas. Hermione se acomodó y amoldó a su cuerpo, sonrió ante el beso que él dejó en su frente y le miró esperando, nerviosa y ansiosa a partes iguales, una respuesta a su pregunta.

-No haber hecho esto antes –contestó él riendo suavemente.

Por toda respuesta, ella le golpeó en el estómago levemente.

Draco Malfoy fingió dolor antes de volver a girarla y aplastarla con su cuerpo sobre la cama. Los ojos de los dos fijos en el otro, sus labios sonriendo y de nuevo, el deseo que los embargó y los incitó a hacer el amor como si no fuera a haber un mañana.

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-¿Por qué te ayudó? –preguntó siseante la voz de Voldemort.

Narcisa se estremeció.

-No lo sé, señor.

Era mentira. En momentos así, se alegraba de que no fuera capaz de leer la mente ajena; si entrara en su cabeza en aquellos momentos, Narcisa sabía lo que podría ver perfectamente. Los ojos de Severus mirándola, las palabras de Severus, sus llamadas, sus miradas, sus secretos… No, no podía enterarse de nada de aquello. No podía hacerlo.

-Yo le pedí a Snape que la ayudara.

Narcisa y Voldemort se giraron. La única persona capaz de atreverse a interrumpir una conversación con el mismísimo Voldemort era una mujer. Bellatrix Black.

-Es mi hermana, no podía permitir que la mataran delante de mis ojos por una vieja rencilla con el estúpido de Malfoy –dijo muy seria Bella-. Conozco a Snape desde hace tiempo. Le pedí que la ayudara. Si yo hubiera hecho algo en contra de Jean-Paul podría haber tenido problemas contigo, mi señor.

Cuando los ojos de Narcisa siguieron la mirada de Voldemort, supo que su hermana acababa de firmar su sentencia de muerte. Por ella. Bella la miró. Ella también lo sabía.

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-¿Estás bien? –ella asintió-. ¿Y por qué tengo la sensación de que estás en cualquier otro lugar que no sea aquí? –preguntó besándola en el hombro desnudo.

Hermione sonrió y se dio la vuelta para encararle. Sus ojos grises la observaron fijamente y se sintió perturbada y tranquila y nerviosa y protegida… todo al mismo tiempo.

-Estoy aquí… -susurró la mujer.

-¿Estás segura?

-A veces soy un poco ingenua para entender las preguntas de doble sentido que tanto os gustan a Snape, Theo y a ti, así que dime qué quieres decir con esa pregunta exactamente.

Lo escuchó reír gravemente, en un susurro, como el ruido de un riachuelo en verano, solitario, tintieante, grave, poco acostumbrado a ser escuchado por nada, por nadie.

-Lo que he querido preguntar es que si te arrepientes… de esto… de lo que ha pasado entre nosotros…

Hermione le miró. No bromeaba. Hablaba en serio. Muy en serio.

-No –dijo sin necesitar pensarlo-. No me arrepiento Draco. Me alegro de lo que ha pasado entre nosotros… no podría arrepentirme de sentir lo que siento cuando estoy contigo.

Por toda respuesta, él la abrazó con más fuerza, dejando que las yemas de sus dedos acariciasen la piel desnuda de su espalda, notando la respiración de ella golpearle con suavidad en el pecho descubierto, jugado con sus rizos, disfrutando del calor de su piel, de sus piernas enredadas entre las suyas, en silencio. Sólo en silencio. Siempre en silencio. Un silencio que él necesita romper de alguna forma.

-Granger… -susurró él. Hermione rió suavemente -¿Qué?

-¿Después de esto no puedes llamarme por mi nombre?-preguntó ella divertida.

Draco la besó en la frente.

-Me gusta tu apellido…-contestó él provocador y burlón. Hermione rodó los ojos.

-¿Qué querías decirme?

-Nada… Cuando quieras contarme lo que sea que te pasó para que te muestres tan distante con los hombres… te escucharé. –ella le miró entre asustada y sorprendida.

-¿Cómo sabes… -él enarcó una ceja-… déjalo, olvidaba que eres muy bueno.

Draco rió.

-Anda, duérmete… está amaneciendo… -informó como si fuera necesario advertirlo.

Hermione se acurrucó junto a él. Sintió la tibieza del cuerpo de él a su alrededor, mezclándose con la dureza de sus músculos, con la suavidad de su piel, con el frescor de su aliento, con la tranquilidad de su respiración. En aquellos momentos, Hermione se sintió más protegida que nunca.

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Continuará…

Emmm… ¿sin comentarios? Creo que es la primera vez que hago una escena de cama propiamente dicha… Definitivamente creo que no sé escribir estas escenas…Dadme vuestra opinión, ¿cómo ha quedado? Espero vuestros comentarios y reviews, ok? Un besito para todos, nos leemos pronto!!